Bogotá, Febrero - Mayo de 2002 -Nº 4   ISSN 01246704


 

JORGE  AMADO

«el alma del brasil»

         

          UNA BREVE MIRADA A JORGE AMADO

                  Carlos L. Torres-Gutiérrez*

A los ochenta y nueve años de edad, Jorge Amado se queda para siempre entre los hombres. Él constituye la imagen auténtica de su país, sus novelas conforman una especie de iconografía brasileña donde la alegría por la vida supera la dificultad de lo cotidiano. Es imposible no conocer a Jorge Amado, las novelas que lo hicieron un personaje popular en el mundo (pues ha sido siempre el personaje más querido de Bahía), fueron Gabriela clavo y canela y Doña Flor y sus dos maridos,  pero  fue un escritor muy prolífero, cerca de 32 libros con traducción a más de cuarenta idiomas y ventas que se cuentan por millones de ejemplares.Al preguntar por Jorge Amado a algunos de mis amigos lectores de literatura, uno de ellos simplemente me dijo que Amado era el hombre que mejor le había hecho sonreír. Lo leí en mi juventud literaria, me dijo, y con él reconocí el jugueteo del color amarillo de Bahía, la fortaleza en las resoluciones de sus mujeres (Tieta, Teresa, Gabriela), la persistencia de la esperanza a pesar de la dureza de la vida y la posibilidad de la felicidad después de la muerte, con el esposo difunto de Doña Flor, y ambos soltamos una carcajada al nombrar esta encantadora novela que ha producido versiones libres de una historia que se reinventa en cine y en teatro, por no hablar de algunas versiones televisadas que dejan otros sabores.

Jorge Amado nació en 1912 en Fazenda Auricidia, una región dedicada a la recolección de cacao, en Ferradas, Itabuna, Bahía, Brasil. Cuando tenía 19 años publica Cacao, donde aparece su preocupación por denunciar la explotación sufrida por las clases trabajadoras. El escenario son las haciendas del sur de Bahía donde se presentan los conflictos sociales entre el hombre rural y el exportador de cacao (San Jorge de Ilhéus y Tierras del sin-fin, son otras novelas sobre el tema). Fue un perfecto militante del compromiso con lo social: escritor profesional, diputado federal por el estado de Sao Paulo, miembro del Partido Comunista de Brasil, encarcelado, exiliado, pero sobre todo, un hombre auténtico de Bahía. A pesar de las dolencias de la etapa final de su vida, su cabellera blanca e hirsuta hacía juego con su buen humor y sus camisas de colorines de trópico. Él, como sus contemporáneos, Pablo Neruda y Miguel Ángel Asturias, era animado por un compromiso moral, o mejor, revolucionario y estético, pero a Amado lo hizo ser diferente un elemento intuitivo, instintivo y vital que vencía el cataclismo, lo irrecuperable, el dolor más abyecto, que le permitió destruir los esquemas racionales de la literatura socialista. Sus novelas adquirieron el humor, el placer del cuerpo y los jugueteos intelectuales. Jorge Amado desidiologizó su literatura al sumergirla en la cotidianidad de Bahía y de un pueblo mestizo, sin edad  y con futuro, con dolor pero con ironía.“Al principio mis libros trataban asuntos muy graves, muy serios. No sé bien pero tenía que hacerlos. Es cierto que a partir de  determinado momento mi obra ganó humor, porque eso es algo que no se siente tanto en la juventud, al menos en lo que se refiere a la literatura. El humor es algo que llega con la edad madura. Tener el punto de vista de la sonrisa y no el de la rabia es algo que se conquista con los años. Pero yo utilicé el humor para denunciar hechos muy graves y para defender los intereses del pueblo. Pero también está el hecho de que no soy la misma persona de hace cincuenta años, y lo que escribí antes no puede ser igual a lo que escribo ahora. Yo prefiero las cosas que escribo ahora” (Entrevista para El Clarín, Argentina, 14 de junio de 1998). Amado fue el cronista no oficial de Bahía. Describió el crecimiento de la ciudad, sus transformaciones culturales a través de los croquis urbanos. No dibujaba una línea continua, realizaba los croquis imaginarios de la vida de sus habitantes, sus sueños y anhelos. La ciudad punteada por Amado se realiza a partir de sus mujeres, la feminidad de la ciudad está en la coquetería, en el amor, en los deliciosos amores clandestinos, en el disfrute del cuerpo, de la música y el color de la piel. La ciudad de sus novelas es una mezcla delicada de dureza y alegría, de imaginarios y cotidianidad, de belleza y crueldad, de amor y de riesgo, de vida y de muerte.“La ciudad es como todas esas mujeres: bella, sensual, ardiente. Bahía es como una mujer que se quiere y se desea tener. ¿Cuál de ellas representará mejor a Bahía? No lo sé. Tiene algo de Tieta, de Teresa, de Flor. La reunión de todas ellas es la que da una visión de Bahía, no es una particular. Si yo digo Doña Flor, no digo Bahía. Si yo digo las tres, ahí usted tiene a Bahía” (Entrevista para El Clarín, Argentina, 14 de junio de 1998). Pero Amado no fue un escritor localista. La sonrisa y la fiesta, el amor y la muerte, el dolor, la explotación y el campesino que se precipita a las ciudades conforman un eslabón más de la historia de América. José Luis Romero, en su clásico libro Latinoamérica: Las ciudades y las ideas, retoma la obra de Jorge Amado y a la ciudad de Illhéus para describir un ejemplo del paso de una pequeña población a lo urbano en América Latina. Amado es muestra de verdadera literatura, de compromiso social, de deleite por la estética, de amor por la vida y de un gran deseo de trascendencia, más allá de lo personal. Hoy, después de recordar a este gran escritor brasilero, no queda más que sonreír al saber que América cuenta con un gran hombre que se lo jugó todo por la novela.