Bogotá, Febrero - Mayo de 02 -Nº 4   ISSN  01246704


 

Afganistán

DOSSIERLAS CARAS DE UNA MONEDA

 

 

«QUIEN SIEMBRA VIENTOS
COSECHA TEMPESTADES»

 Estados Unidos no es la excepción

 

Omar Aktouf

 

 

Desde que George Bush anunció su cruzada para la libertad sin limites y la justicia infinita, la guerra del mal contra el bien se ha declarado en todas las cadenas de televisión de América del Norte. David Letterman y Dan Rather se muestran indignados: los que han atacado a los Estados Unidos el 11 de septiembre son unos celosos, perdedores y envidiosos. Incluso del otro lado del Atlántico, Berlusconi ha agregado: Se está atacando a la superioridad de la civilización occidental.

Como ciudadano canadiense e intelectual, me he esforzado por comprender, desde hace varios años, la complejidad de la situación económica, política y humana de nuestro planeta. Deseo expresar y compartir con ustedes el temor y la preocupación que causan en mí, unos propósitos con tan poco sentido. El extremismo y los graves errores de apreciación que ha manifestado  Estados Unidos desde de la catástrofe del World Trade Center en Nueva York me dejan perplejo. Creo sinceramente que es urgente alertar a la opinión sobre los peligros de tal ceguera frente a los acontecimientos del 11 de septiembre y sobre las medidas que se van a adoptar para solucionar este problema; porque si uno se pregunta, realmente, sobre los orígenes verdaderos de este drama o de esta catástrofe, uno podría darse cuenta que es el fruto envenenado de un sistema generado por los norteamericanos desde hace mucho tiempo, a través de sus prácticas económicas y de su política exterior. Me explico:

En el plan económico:
¿Dónde está la justicia de George Bush?

Hay una palabra que se repite en todas las declaraciones del presidente americano: La santa justicia, que fue violada ese día del 11 de septiembre del 2001, pero que, finalmente triunfará a pesar de las vanas tentativas de algunos terroristas sanguinarios. Volvamos pues a esta noción de justicia. Para poder pretender que reine la justicia, uno mismo tiene que ser justo e irreprochable. De pronto, pueden pensar y decir que esto es elemental, entonces, podríamos preguntarnos: ¿Por qué el comportamiento económico y comercial de Estados Unidos, que es la causa de una injusticia sin precedentes en el mundo entero desde hace decenas de años, debe ser el símbolo de una justicia universal? Si soy un gran crítico de la globalización capitalista, es porque ésta no es más que un proceso perverso que garantiza finalmente la expansión de la dominación económica norteamericana.

La gran cantidad de medidas y ajustes del FMI y las prescripciones o indicaciones de la OMC, que están a favor de una apertura inmoderada de los mercados nacionales, así como el acceso a todas las fuentes naturales, no son sino medios deshonestos que, finalmente, contribuyen a la baja de los costos de producción de las firmas multinacionales. Las deslocalizaciones no son sino explotación de los países menos favorecidos, los cuales ante los imperios financieros americanos, tienen la obligación de no manifestar ninguna soberanía y dejar que las multinacionales afecten completamente sus niveles de vida ya miserables. Algunos ejemplos, entre tantos, es el juicio que se adelanta en Colombia contra Coca - Cola por asesinatos a sindicalistas, Chiquita paga 50 dólares por mes a los obreros agrícolas de Costa Rica, que deben trabajar como locos en los campos de bananos y, a quienes al mismo tiempo, les arrojan pesticidas para no disminuir el rendimiento en su trabajo. Nike, Reebock y también Levi’s explotan la mano de obra infantil en Pakistán, India y en África, mediante unos salarios absolutamente bajos por hora; inclusive los salarios de la mano de obra norteamericana son afectados por las «virtudes» del NAFTA, salarios que finalmente son comparables a los de los países más pobres del tratado, entre otros, México.

Más grave todavía, Estados Unidos bajo el mandato de George Bush padre, se retiró del acuerdo sobre el café provocando una drástica caída del valor del café y precipitó a millares de colombianos hacia los cultivos de cocaína. Que «justicia» tenemos frente a esta globalización llevada a cabo intensamente por los Estados Unidos, la cual contribuye a una disminución constante del PIB de África desde hace varios años, qui inonde et dessèche a países como Bangladesh y Sudán como consecuencia dramática del efecto invernadero, cuando el mismo George Bush padre dijo que se retiraba del acuerdo de Kyoto. ¿Acaso es justo que los americanos que representan el 4% de la población mundial, sean los responsables del 25% de las emisiones de óxido de carbono y que continúen explotando las reservas naturales de todos los países del mundo sin ninguna contraprestación? No puedo explicarme que Estados Unidos encabecen un ejército para restablecer la justicia en este bajo mundo, debo entonces preguntarme y repensar lo que significa ser justo.

 

En el plan político: ¿Cuál «libertad»?

La segunda palabra favorita de George Bush es la palabra libertad, por la cual sacrificaría su vida sin vacilar, así como, la de muchos otros pueblos inclusive el suyo. Pero, cuál es esa libertad de la cual se enorgullece un país que no ha hecho más que negarla desde 1945, e inclusive mucho antes. Por supuesto, los norteamericanos no saben todo lo que la administración de su país ha hecho por todo el mundo en su nombre. Como prueba de esto, los medios de comunicación pertenecen en su totalidad a grupos de intereses privados, razón por la cual es difícil que haya un solo canal de televisión criítico desde California hasta la Florida.

Bajo el manto de la representación del mundo libre, Estados Unidos ha acumulado un enorme capital de rechazo en todos los continentes. Las cifras hablan por sí solas: un millón de muertes en Japón después de la bomba atómica de 1945; tres millones de muertes en Vietnam, además de los efectos inhumanos del famoso «agente naranja» que también fue esparcido sobre Laos y Camboya; 200.000 muertos en Irán por un Saddam Hussein armado por los Estados Unidos; 150.000 muertos en Afganistán con el apoyo norteamericano a los islamistas contra la Unión Soviética. Y más recientemente no se pueden ignorar los cientos de miles de muertos iraquíes, especialmente niños, durante y después de la guerra del Golfo: una guerra en la cual, lo ha dicho un Clausevitz, 250.000 muertos de un lado y 3 del otro, ya no es una guerra, es un genocidio .... Hablando de genocidio acaso se ha defendido la libertad de 800.000 personas asesinadas en Rwanda, y de otros dos millones en Congo, mientras que se firmaban unos fructuosos contratos entre Kabila y las multinacionales americanas ¿Qué libertad prometió instalar la CIA en Chile «facilitando» la muerte de Allende, el primer jefe de estado democráticamente elegido en la historia de América Latina, y protegiendo durante varios años la dictadura sanguinaria de Pinochet? Los ciudadanos norteamericanos acaso saben que Amnistía Internacional clasificó a los Estados Unidos, en 1998, en el mismo rango que Cuba y  China por el no respeto de los derechos humanos. De una vez por todas, hay que decirlo: no hay dictadura desde principios del siglo XX (a excepción de las dictaduras comunistas) que no haya sido apoyada, financiada o armada por los regímenes americanos.

Una vez más me hago la pregunta: ¿los Estados Unidos deben empezar por poner orden en su casa?, o no he entendido el significado de la palabra: «Libertad».

El integrismo islámico: Una red que tiene
como fuente los Estados Unidos

No quiero hacer énfasis sobre los matices, por demás más necesarios que nunca, entre árabes, musulmanes, islamistas, fundamentalistas e integristas. En lo que concierne al radicalismo integrista, real y muy peligroso; su ascenso se ha favorecido, básicamente desde principios del siglo, por los siguientes factores:

La lucha organizada por los Estados Unidos  durante la guerra fría contra el bloque comunista, reforzando en sus fronteras las resistencias musulmanes al ateísmo de las ideas marxistas, esto culmina en la formación, el fortalecimiento de su armamento y el financiamiento de los integristas afganos; que dieron nacimiento a los talibanes, de Osama Ben Laden y de sus terroristas. Estos últimos sobreviven en Argelia (200.000 muertos hasta la fecha), se dice en este país que los sanguinarios fueron entrenados en Afganistán gracias al dinero de los norteamericanos.

La explotación a ultranza del petróleo del Medio Oriente: para mantener en esta región sus intereses financieros, los Estados Unidos apoyaron dictaduras tales como el régimen de Arabia Saudita y Kuwait, frente a las cuales ellos mismos hubieran podido adoptar una tendencia mucho más democrática después de la Guerra del Golfo.

La miseria creciente que sufren los países del tercer mundo, cuyas riquezas han sido desviadas por gobiernos corruptos apoyados por Washington, y que, finalmente terminan siempre en las cajas fuertes de los grandes bancos de Occidente. Se podría recordar el papel desempeñado por el Banco de Nueva York en el desvío de la ayuda a Rusia bajo el mandato de Boris Yeltsin.

Finalmente, aunque podríamos alargar la lista, las tres mil millones de personas que según cifras del FMI, sobreviven con menos de dos dólares al día.

Después de esta breve descripción de la situación, es posible entender porqué el integrismo islámico dispone no sólo de los medios materiales y financieros para sus acciones, sino también de la aprobación, por lo menos tácita de millones de miserables a los cuales no les queda más que su desesperación, y todo esto a causa de un sistema capitalista salvaje que no se preocupa sino por los intereses del complejo militar - industrial, sistema alimentado en su mayoría, no hay que tener miedo de decirlo otra vez, por Estados Unidos.

Del problema palestino
a los sospechosos habituales

Volvamos al caso del Medio Oriente, ya que el mundo entero se enfoca sobre esta región del globo, especialmente a raíz de los últimos acontecimientos. Sus gigantescas reservas de petróleo, su posición geopolítica y la importancia que representa con respecto a Rusia, Japón y Europa, hacen de esa región la tierra predilecta para consolidar la potencia americana. Entonces la lógica de la presencia militar americana y su respectivo sostenimiento en estos lugares, garantizando ganancias continuas al looby de las armas, es necesario mantener allí un foco de tensiones permanentes, es el papel que le corresponde al conflicto Israel - Palestino (recuerdo en estos momentos un artículo publicado en los años 70 en la prensa francesa, titulado: «Israel en peligro de paz»).

Si agregamos a este panorama los dos siglos de explotación de esclavos africanos que sirvieron para construir esta bella nación americana, las deudas colosales jamás retornadas a favor del viejo continente, los robos vergonzosos hacia los amerindios y las múltiples devastaciones de la naturaleza en todos los continentes, podríamos concluir fácilmente que no hay un país que no tenga razones para dirigir su mirada y oponerse a los Estados Unidos. Sin embargo, y no se puede negar, que hay poblaciones enteras que son martirizadas cotidianamente por misiles, cohetes y bombas «made in USA»; estas mismas poblaciones están asqueadas de ver hasta que punto la ONU no es más que un truco, como lo decía el General de Gaulle, ante el tratamiento inhumano que sufrió el pueblo iraquí y la indulgencia arrogante frente a los rechazos de Israel de aplicar sus múltiples resoluciones. Y George Bush agrava la cosa. El mensaje que está dando en estos momentos a la humanidad es fundamentalmente: Nosotros Estados Unidos de América, gendarmes del mundo, seremos más que nunca egoístas, explotadores e indiferentes a todo lo que no alimente directamente nuestros propios intereses y los que no sigan en esta línea serán eliminados. Es esto lo que había que entender de su famosa formula del 12 de septiembre: O están con nosotros, o ustedes son unos terroristas. Por mi parte nunca he matado a nadie, ni tengo la intención de hacerlo, por lo tanto, es una sorpresa para mí que me califiquen de terrorista.

Mientras estoy escribiendo estas líneas, millones de norteamericanos no esperan sino una cosa en su alma y conciencia: Que los perdedores, envidiosos, celosos, salvajes y sanguinarios sean castigados. Pero, ¿a quién atacar y dónde? Ningún país llamado civilizado, espero yo, los dejaría cometer tal cosa. Primero, porque las presunciones acumuladas hasta ahora contra Ben Laden están muy lejos de haber sido probadas, y segundo, porque Afganistán es un país sin almas. Las declaraciones de George Bush, sin haber utilizado una sola arma, provocaron una catástrofe humana que no tiene nombre: se prevé que 7 millones de afganos van a errar y a morir de hambre por miedo a los bombardeos.

Si el viejo proverbio: «No hay mal que por bien no venga», aún tiene sentido, se podría pensar que los Estados Unidos están mirando sólo hacia sus propios intereses. Si no aceptan compartir y restituir las riquezas de nuestro planeta, no van a ser 6.000 muertos que los americanos van a llorar, sino, una vida sin porvenir para sus hijos y los hijos de sus hijos. Entonces, si todavía existen personas sensatas entre las que deciden, me gustaría que comprendieran que no hay nada más devastador para la humanidad que imitar el modelo norteamericano actual… A buen entendedor pocas palabras.

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