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Afganistán

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«QUIEN SIEMBRA VIENTOS
COSECHA TEMPESTADES»
Estados Unidos no
es la excepción
Omar Aktouf

Desde que George Bush anunció su
cruzada para la libertad sin limites y la justicia infinita, la
guerra del mal contra el bien se ha declarado en todas las cadenas de
televisión de América del Norte. David Letterman y Dan Rather se muestran
indignados: los que han atacado a los Estados Unidos el 11 de septiembre
son unos celosos, perdedores y envidiosos. Incluso del otro lado del
Atlántico, Berlusconi ha agregado: Se está atacando a la superioridad de
la civilización occidental.
Como ciudadano canadiense e
intelectual, me he esforzado por comprender, desde hace varios años, la
complejidad de la situación económica, política y humana de nuestro
planeta. Deseo expresar y compartir con ustedes el temor y la preocupación
que causan en mí, unos propósitos con tan poco sentido. El extremismo y
los graves errores de apreciación que ha manifestado Estados Unidos desde
de la catástrofe del World Trade Center en Nueva York me dejan perplejo.
Creo sinceramente que es urgente alertar a la opinión sobre los peligros
de tal ceguera frente a los acontecimientos del 11 de septiembre y sobre
las medidas que se van a adoptar para solucionar este problema; porque si
uno se pregunta, realmente, sobre los orígenes verdaderos de este drama o
de esta catástrofe, uno podría darse cuenta que es el fruto envenenado de
un sistema generado por los norteamericanos desde hace mucho tiempo, a
través de sus prácticas económicas y de su política exterior. Me explico:
En el plan económico:
¿Dónde
está la justicia de George Bush?
Hay una palabra que se repite en
todas las declaraciones del presidente americano: La santa justicia, que
fue violada ese día del 11 de septiembre del 2001, pero que, finalmente
triunfará a pesar de las vanas tentativas de algunos terroristas
sanguinarios. Volvamos pues a esta noción de justicia. Para poder
pretender que reine la justicia, uno mismo tiene que ser justo e
irreprochable. De pronto, pueden pensar y decir que esto es elemental,
entonces, podríamos preguntarnos: ¿Por qué el comportamiento económico y
comercial de Estados Unidos, que es la causa de una injusticia sin
precedentes en el mundo entero desde hace decenas de años, debe ser el
símbolo de una justicia universal? Si soy un gran crítico de la
globalización capitalista, es porque ésta no es más que un proceso
perverso que garantiza finalmente la expansión de la dominación económica
norteamericana.
La gran cantidad de medidas y ajustes
del FMI y las prescripciones o indicaciones de la OMC, que están a favor
de una apertura inmoderada de los mercados nacionales, así como el acceso
a todas las fuentes naturales, no son sino medios deshonestos que,
finalmente, contribuyen a la baja de los costos de producción de las
firmas multinacionales. Las deslocalizaciones no son sino explotación de
los países menos favorecidos, los cuales ante los imperios financieros
americanos, tienen la obligación de no manifestar ninguna soberanía y
dejar que las multinacionales afecten completamente sus niveles de vida ya
miserables. Algunos ejemplos, entre tantos, es el juicio que se adelanta
en Colombia contra Coca - Cola por asesinatos a sindicalistas, Chiquita
paga 50 dólares por mes a los obreros agrícolas de Costa Rica, que deben
trabajar como locos en los campos de bananos y, a quienes al mismo tiempo,
les arrojan pesticidas para no disminuir el rendimiento en su trabajo.
Nike, Reebock y también Levi’s explotan la mano de obra infantil en
Pakistán, India y en África, mediante unos salarios absolutamente bajos
por hora; inclusive los salarios de la mano de obra norteamericana son
afectados por las «virtudes» del NAFTA, salarios que finalmente son
comparables a los de los países más pobres del tratado, entre otros,
México.
Más grave todavía, Estados Unidos
bajo el mandato de George Bush padre, se retiró del acuerdo sobre el café
provocando una drástica caída del valor del café y precipitó a millares de
colombianos hacia los cultivos de cocaína. Que «justicia» tenemos frente a
esta globalización llevada a cabo intensamente por los Estados Unidos, la
cual contribuye a una disminución constante del PIB de África desde hace
varios años, qui inonde et dessèche a países como Bangladesh y Sudán como
consecuencia dramática del efecto invernadero, cuando el mismo George Bush
padre dijo que se retiraba del acuerdo de Kyoto. ¿Acaso es justo que los
americanos que representan el 4% de la población mundial, sean los
responsables del 25% de las emisiones de óxido de carbono y que continúen
explotando las reservas naturales de todos los países del mundo sin
ninguna contraprestación? No puedo explicarme que Estados Unidos encabecen
un ejército para restablecer la justicia en este bajo mundo, debo entonces
preguntarme y repensar lo que significa ser justo.
En el plan político: ¿Cuál «libertad»?

La segunda palabra favorita de George
Bush es la palabra libertad, por la cual sacrificaría su vida sin vacilar,
así como, la de muchos otros pueblos inclusive el suyo. Pero, cuál es esa
libertad de la cual se enorgullece un país que no ha hecho más que negarla
desde 1945, e inclusive mucho antes. Por supuesto, los norteamericanos no
saben todo lo que la administración de su país ha hecho por todo el mundo
en su nombre. Como prueba de esto, los medios de comunicación pertenecen
en su totalidad a grupos de intereses privados, razón por la cual es
difícil que haya un solo canal de televisión criítico desde California
hasta la Florida.
Bajo el manto de la representación
del mundo libre, Estados Unidos ha acumulado un enorme capital de rechazo
en todos los continentes. Las cifras hablan por sí solas: un millón de
muertes en Japón después de la bomba atómica de 1945; tres millones de
muertes en Vietnam, además de los efectos inhumanos del famoso «agente
naranja» que también fue esparcido sobre Laos y Camboya; 200.000 muertos
en Irán por un Saddam Hussein armado por los Estados Unidos; 150.000
muertos en Afganistán con el apoyo norteamericano a los islamistas contra
la Unión Soviética. Y más recientemente no se pueden ignorar los cientos
de miles de muertos iraquíes, especialmente niños, durante y después de la
guerra del Golfo: una guerra en la cual, lo ha dicho un Clausevitz,
250.000 muertos de un lado y 3 del otro, ya no es una guerra, es un
genocidio .... Hablando de genocidio acaso se ha defendido la libertad de
800.000 personas asesinadas en Rwanda, y de otros dos millones en Congo,
mientras que se firmaban unos fructuosos contratos entre Kabila y las
multinacionales americanas ¿Qué libertad prometió instalar la CIA en Chile
«facilitando» la muerte de Allende, el primer jefe de estado
democráticamente elegido en la historia de América Latina, y protegiendo
durante varios años la dictadura sanguinaria de Pinochet? Los ciudadanos
norteamericanos acaso saben que Amnistía Internacional clasificó a los
Estados Unidos, en 1998, en el mismo rango que Cuba y China por el no
respeto de los derechos humanos. De una vez por todas, hay que decirlo: no
hay dictadura desde principios del siglo XX (a excepción de las dictaduras
comunistas) que no haya sido apoyada, financiada o armada por los
regímenes americanos.
Una vez más me hago la pregunta: ¿los
Estados Unidos deben empezar por poner orden en su casa?, o no he
entendido el significado de la palabra: «Libertad».
El integrismo islámico: Una red que
tiene
como fuente los Estados Unidos
No quiero hacer énfasis sobre los
matices, por demás más necesarios que nunca, entre árabes, musulmanes,
islamistas, fundamentalistas e integristas. En lo que concierne al
radicalismo integrista, real y muy peligroso; su ascenso se ha favorecido,
básicamente desde principios del siglo, por los siguientes factores:
La lucha organizada por los Estados
Unidos durante la guerra fría contra el bloque comunista, reforzando en
sus fronteras las resistencias musulmanes al ateísmo de las ideas
marxistas, esto culmina en la formación, el fortalecimiento de su
armamento y el financiamiento de los integristas afganos; que dieron
nacimiento a los talibanes, de Osama Ben Laden y de sus terroristas. Estos
últimos sobreviven en Argelia (200.000 muertos hasta la fecha), se dice en
este país que los sanguinarios fueron entrenados en Afganistán gracias al
dinero de los norteamericanos.
La explotación a ultranza del
petróleo del Medio Oriente: para mantener en esta región sus intereses
financieros, los Estados Unidos apoyaron dictaduras tales como el régimen
de Arabia Saudita y Kuwait, frente a las cuales ellos mismos hubieran
podido adoptar una tendencia mucho más democrática después de la Guerra
del Golfo.
La miseria creciente que sufren los
países del tercer mundo, cuyas riquezas han sido desviadas por gobiernos
corruptos apoyados por Washington, y que, finalmente terminan siempre en
las cajas fuertes de los grandes bancos de Occidente. Se podría recordar
el papel desempeñado por el Banco de Nueva York en el desvío de la ayuda a
Rusia bajo el mandato de Boris Yeltsin.
Finalmente, aunque podríamos alargar
la lista, las tres mil millones de personas que según cifras del FMI,
sobreviven con menos de dos dólares al día.
Después de esta breve descripción de
la situación, es posible entender porqué el integrismo islámico dispone no
sólo de los medios materiales y financieros para sus acciones, sino
también de la aprobación, por lo menos tácita de millones de miserables a
los cuales no les queda más que su desesperación, y todo esto a causa de
un sistema capitalista salvaje que no se preocupa sino por los intereses
del complejo militar - industrial, sistema alimentado en su mayoría, no
hay que tener miedo de decirlo otra vez, por Estados Unidos.
Del problema palestino
a los sospechosos habituales
Volvamos al caso del Medio Oriente,
ya que el mundo entero se enfoca sobre esta región del globo,
especialmente a raíz de los últimos acontecimientos. Sus gigantescas
reservas de petróleo, su posición geopolítica y la importancia que
representa con respecto a Rusia, Japón y Europa, hacen de esa región la
tierra predilecta para consolidar la potencia americana. Entonces la
lógica de la presencia militar americana y su respectivo sostenimiento en
estos lugares, garantizando ganancias continuas al looby de las armas, es
necesario mantener allí un foco de tensiones permanentes, es el papel que
le corresponde al conflicto Israel - Palestino (recuerdo en estos momentos
un artículo publicado en los años 70 en la prensa francesa, titulado:
«Israel en peligro de paz»).
Si agregamos a este panorama los dos
siglos de explotación de esclavos africanos que sirvieron para construir
esta bella nación americana, las deudas colosales jamás retornadas a favor
del viejo continente, los robos vergonzosos hacia los amerindios y las
múltiples devastaciones de la naturaleza en todos los continentes,
podríamos concluir fácilmente que no hay un país que no tenga razones para
dirigir su mirada y oponerse a los Estados Unidos. Sin embargo, y no se
puede negar, que hay poblaciones enteras que son martirizadas
cotidianamente por misiles, cohetes y bombas «made in USA»; estas mismas
poblaciones están asqueadas de ver hasta que punto la ONU no es más que un
truco, como lo decía el General de Gaulle, ante el tratamiento inhumano
que sufrió el pueblo iraquí y la indulgencia arrogante frente a los
rechazos de Israel de aplicar sus múltiples resoluciones. Y George Bush
agrava la cosa. El mensaje que está dando en estos momentos a la humanidad
es fundamentalmente: Nosotros Estados Unidos de América, gendarmes del
mundo, seremos más que nunca egoístas, explotadores e indiferentes a todo
lo que no alimente directamente nuestros propios intereses y los que no
sigan en esta línea serán eliminados. Es esto lo que había que entender de
su famosa formula del 12 de septiembre: O están con nosotros, o ustedes
son unos terroristas. Por mi parte nunca he matado a nadie, ni tengo la
intención de hacerlo, por lo tanto, es una sorpresa para mí que me
califiquen de terrorista.
Mientras estoy escribiendo estas
líneas, millones de norteamericanos no esperan sino una cosa en su alma y
conciencia: Que los perdedores, envidiosos, celosos, salvajes y
sanguinarios sean castigados. Pero, ¿a quién atacar y dónde? Ningún país
llamado civilizado, espero yo, los dejaría cometer tal cosa. Primero,
porque las presunciones acumuladas hasta ahora contra Ben Laden están muy
lejos de haber sido probadas, y segundo, porque Afganistán es un país sin
almas. Las declaraciones de George Bush, sin haber utilizado una sola
arma, provocaron una catástrofe humana que no tiene nombre: se prevé que 7
millones de afganos van a errar y a morir de hambre por miedo a los
bombardeos.
Si el viejo proverbio: «No hay mal
que por bien no venga», aún tiene sentido, se podría pensar que los
Estados Unidos están mirando sólo hacia sus propios intereses. Si no
aceptan compartir y restituir las riquezas de nuestro planeta, no van a
ser 6.000 muertos que los americanos van a llorar, sino, una vida sin
porvenir para sus hijos y los hijos de sus hijos. Entonces, si todavía
existen personas sensatas entre las que deciden, me gustaría que
comprendieran que no hay nada más devastador para la humanidad que imitar
el modelo norteamericano actual… A buen entendedor pocas palabras.
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