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Afganistán

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EMPIEZA EL «PATRIOTISMO» A
COARTAR
LOS PRINCIPIOS DEMOCRÁTICOS
Jim Cason y David Brooks
Tomado de La Jornada, septiembre de 2001
Las banderas inundan este país: las
hay pequeñas en los automóviles, grandes en astas frente a viviendas y
comercios, y gigantescas que cubren los lados de edificios, a veces hasta
cinco pisos o más. Pero estas banderas también están cubriendo un nuevo
clima donde el patriotismo empieza a amenazar los principios democráticos
de libre expresión y disidencia.
Una mujer en un suburbio de Nueva
York colocó una bandera estadounidense que tiene, en vez de las estrellas,
el símbolo de paz. Sus vecinos le pidieron que la retirara.
Barbara Lee, la única de los 435
miembros de la Cámara de Representantes que votó en contra de la
legislación que otorgaba al presidente George W. Bush autorización para
utilizar la fuerza y responder a los ataques terroristas del 11 de
septiembre, cuenta ahora con guardaespaldas adicionales después de haber
recibido muchas llamadas de patriotas estadounidenses que la amenazaron
con matarla.
Activistas que han participado en
marchas por la paz en Nueva York y otras partes del país son insultados,
se les invita a salir del país o son acusados de traidores.
El programa cómico y satírico más
exitoso de la televisión, Saturday Night Live, anunció que no tocará la
figura presidencial, su blanco constante y preferido, en los próximos
programas. «No haremos nada que intente minar la autoridad del presidente
Bush o que sea, de cualquier forma, no respetuoso», dijo Lorne Michaels,
productor ejecutivo del programa, al Daily News.
«Es un clima donde uno es obligado a
defender a Estados Unidos, bien o mal», comentó Michael Ratner, abogado
constitucionalista, quien dijo estar preocupado por cómo algunas de las
medidas de seguridad resultan en realidad en la supresión de perspectivas
disidentes.
Como señala una de las voces
literarias más importantes de Estados Unidos, la novelista, ensayista y
poeta Barbara Kingsolver, «están diciendo que en tiempos de crisis es
traición cuestionar a nuestros líderes políticos».
En un artículo publicado en el
periódico San Francisco Chronicle, Kingsolver advirtió: «Ese tipo de
pensamiento permitió que el fascismo surgiera de la depresión
internacional de los 30. En tiempos críticos, nuestros líderes necesitan
ser influenciados por la fuerza moderadora de disidencia. Esa es la base
de nuestra democracia, en enfermedad y en salud, y especialmente cuando
las opciones nacionales son difíciles y tienen consecuencias graves».
Los medios de comunicación y el mundo
artístico comercial están enfrentando la decisión, el yugo de un
patriotismo definido como subordinación a los líderes del país en momentos
de crisis.
Tal vez la mejor ilustración de lo
anterior fueron las declaraciones de Dan Rather, locutor del noticiero de
la cadena CBS, y una de las voces más influyentes del país, en el show de
David Letterman.
Pocos días después del ataque, Rather
habló sobre la emoción que le provocó ver el derrumbe de las Torres
Gemelas, y dijo que después del atentado las palabras del himno nacional
estadounidense tenían nuevo significado para él. Contó, que Bush «es mi
presidente, mi comandante en jefe. Lo que él ordene haré». Esto fue dicho
por uno de los periodistas más reconocidos del país, defensor de la
«objetividad» y la ética profesional. La prensa en esta «guerra» deberá
portarse «responsablemente» ante las autoridades y respetar ciertas
limitaciones ya que, según funcionarios y militares, las consecuencias de
«divulgar demasiado» podrían implicar la pérdida de vida de soldados
estadounidenses.
La opinión pública tiene poco respeto
por los medios, indican las encuestas, y en estos momentos esa falta de
confianza provoca lo que podría parecer paradójico: aceptar que se
autocensuren por el bien de la seguridad nacional del país. O sea, una
parte de la ciudadanía parece estar de acuerdo con el gobierno en la
necesidad de controlar la prensa. Y los directivos de los medios no están
protestando a gran volumen por este punto.
Sin embargo, tanto prensa como
gobierno parecen haberse olvidado de lo que afirmó Hugo Black, el famoso
magistrado de la Suprema Corte de Estados Unidos: una prensa libre debe
«servir a los gobernados, no al gobierno», recuerda la organización Common
Sense.
En un artículo de la profesora de
periodismo Jacqueline Sharkey, quien estudió el manejo de la prensa
estadounidense durante la Guerra del Golfo, publicado en el Media Studies
Journal, se señala que «los militares, si tienen la oportunidad, harán
todo lo posible para usar a los medios como instrumentos de propaganda
para moldear la opinión pública y generar apoyo».
El principio de que una ciudadanía
bien informada es fundamental para una democracia y que el debate público
y abierto entre diversas posiciones es la sangre de esa democracia,
podrían verse sacrificado ante los requisitos de realizar una «nueva
guerra» contra el terrorismo y la «defensa de la patria», advierte Ratner
a La Jornada.
De hecho, expertos en asuntos de
seguridad entrevistados por los medios después del 11 de septiembre –entre
ellos el ex Secretario de Estado Lawrence Eagleburger, el ex general
Wesley Clark y el analista militar Anthony Cordsman– señalaban que el
ataque fue posible en parte porque «Estados Unidos es una democracia» y
que algunos de los beneficios democráticos ahora tendrían que ser
sacrificados, recuerda el periodista Alexander Cockburn.
Al mismo tiempo, hay muy pocas voces
disidentes en los medios de comunicación, y a veces el debate es sólo
entre los que tienen posiciones diferentes sobre cómo desarrollar la
«nueva guerra», y no entre los que la apoyan o se oponen a ella.
En medio de propuestas de «tribunales
militares», de cateos y detenciones justificados por la nueva doctrina de
homeland defense, y de mayores poderes para los servicios de seguridad
pública y de inteligencia de este país, provocan preocupaciones las
operaciones realizadas en el pasado en nombre de la seguridad nacional.
Entre ellas las redadas Palmer contra
elementos radicales de Estados Unidos que se oponían a la Primera Guerra
Mundial, la experiencia terrible del macartismo, la famosa Operación
Cointelpro del FBI contra disidentes y críticos de la guerra contra
Vietnam, todo lo anterior en nombre de la bandera y el patriotismo. Estas
banderas, argumentó hoy el historiador Howard Zinn en una ponencia ante
activistas pro paz y antiglobalización empresarial, son de guerra, las
banderas de batalla, las banderas de las corporaciones.
El autor de varios libros sobre la
historia de este país agregó: «Yo sí creo en la bandera de Estados Unidos,
pero la de la Declaración de Independencia que llamaba a la rebelión
contra el gobierno injusto, el lábaro patrio de los principios de la
democracia y la justicia», pero «desafortunadamente no veo esa bandera
ondeando mucho en estos días».
El gran debate, por lo tanto, gira en
torno de cómo, en tiempos de «guerra» o de crisis, se puede «defender» a
la democracia sin violar sus principios básicos.
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DECLARACIÓN DE
LOS PARTIDOS
COMUNISTAS Y DEL TRABAJO ÁRABES
Traducción de Édgar Ortiz
Los habitantes de países y
continentes recibieron con extrema condenación los ataques suicidas
en Nueva York y Washington, por cuanto estos produjeron miedo,
horror y un estado de profunda frustración en los Estados Unidos así
como una atmósfera de odio y condenación en el exterior, debido a
los millares de personas inocentes que murieron víctimas de dicha
agresión.
Pero la condenación no
significa recusar a ver este acto terrorista en su verdadera
dimensión, como siendo un resultado amargo de la propias política
norteamericana. Por un lado es una consecuencia del tremendo
resentimiento y de la irritación que viene aumentando en todo el
mundo, contra la injusticia, la opresión, la explotación y la
negligencia con relación a los seres humanos y a los pueblos; por
otro lado como una demostración contra el crecimiento de la pobreza
y de la miseria de un extremo al otro del mundo.
La reacción del gobierno
norteamericano a estos acontecimientos y sus actos subsecuentes
vienen indicando elementos de confusión, arrogancia e
irracionalidad. Ese gobierno consideró que ocurrió el inicio de un
nuevo tipo de guerrea declarada por las fuerzas del mal contra las
del bien, y amenazo con una larga cruzada hasta alcanzar la
victoria. El gobierno de los Estados Unidos convocó a todas las
naciones del mundo a unirse en alianza contra el terror y contra
todos los países o centros que abriguen terroristas o que les
ofrezcan asistencia. Todo eso sin especificar claramente quienes
serían los responsables por lo ocurrido. El comportamiento de los
Estados Unidos entonces es el de ir al desquite por la ofensa
sufrida contra todos sus opositores, usando como pretexto el ataque
suicida para responder con las mismas políticas, o sean las de
control del mundo y las de subyugar a las naciones del globo a sus
intereses.
El gobierno de los Estados
Unidos, por tanto, esta ignorando deliberadamente los factores
reales que causaron esta catástrofe. En primer lugar, la política de
empobrecimiento de las naciones y el pillaje de sus riquezas,
obstruyendo instituciones de legitimidad internacional. En segundo
lugar, apoyando los delitos israelitas en contra de los derechos de
los palestinos, en su arrogancia de poder, y en sus tentativas de
hegemonía y exclusividad. Aquí se encuentra el mal y las fuentes de
reacciones contra él, como ejemplo de esto están los actos de
extorsión y los crímenes cometidos por el gobierno de Ariel Sharon
usando los ataques sufridos en los Estados Unidos como pretexto y
declarando que su agresión contra el pueblo palestino representa su
contribución a la lucha contra el terrorismo.
Esta compleja situación
requiere que todos los pueblos honestos del mundo trabajen con
ahínco para rechazar dichos objetivos norteamericanos y apoyen la
idea de realizar una conferencia internacional, en el ámbito de la
ONU, conforme convocatoria de Siria y que fue luego adoptada por
Egipto y otros países. Tal conferencia, con base en los recientes
acontecimientos, hará surgir una concreta definición de terrorismo
internacional para distinguir entre el terror y los actos legítimos
de resistencia. Solamente entonces podrá ser establecida una alianza
internacional contra el terrorismo, luego de llegar aun consenso
sobre su definición e instrumentos. Esta alianza estaría bajo
supervisión de la ONU y estaría bajo su exclusiva responsabilidad.
El peligro que la acción de los
Estados Unidos puede ocasionar en reacción a quienes perpetraron el
atentado, aumenta la necesidad de tener sobre extrema vigilancia al
mundo árabe en pro de la defensa de sus intereses generales y en
particular de los del pueblo palestino.
Los Estados Unidos y el mundo
continuaran expuestos al terror por tanto tiempo cuanto las
políticas provenientes de Washington permanezcan y la injusticia, la
agresión y la usurpación sigan siendo practicadas, hasta el
reverdecer de un nuevo orden mundial en el cual la justicia, la
harmonía y la igualdad prevalezcan entre los pueblos.
Partido Comunista
Jordano, Partido Comunista Sirio, Partido Comunista Iraquí, Partido
Comunista Libanés, Partido Comunista Sudanés, Partido Comunista
Egipcio, Partido del Pueblo Palestino. |
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