Bogotà, Septiembre - Diciembre de 2002 -Nº 5   ISSN 01246704



O   T   R   O          M   U   N   D   O          E   S          P   O   S   I   B   L   E

DOSSIER

f o r o  s o c i a l  m u n d i a l

DOSSIER

O   T   R   O          M   U  N   D   O          E   S          P   O   S   I   B   L   E


 

Entrevista a Juan González,

Secretario General de la Central de Trabajadores de Argentina, CTA

LA AMENAZA DEL CÓNDOR
Y LAS PRIVATIZACIONES

Por Mady Samper

En el Foro de Porto Alegre, en medio del avispero de gentes corriendo y tropezándose unos con otros por alcanzar a entrar a los inmensos salones de conferencias, estaba Juan González presentando su ponencia ante un centenar de oyentes expectantes por conocer la realidad de la historia de las privatizaciones en Argentina. Este aguerrido líder sindical aceptó conversar después con Nueva Gaceta y le hizo un llamado al pueblo colombiano para que no acepte las privatizaciones que quieren imponer los gobiernos neoliberales y así no caer en la ruina que ha llevado a su país a vivir tiempos de hambre y desolación.

Mady Samper: ¿Cuál fue la experiencia de su país con la política de privatizaciones?

Juan González: En Argentina nos opusimos a los procesos privatizadores y empezamos a defender las empresas fundamentales del Estado, como por ejemplo, las centrales nucleares y las hidroeléctricas. La lucha no fue solamente de los trabajadores de esas empresas sino del conjunto del pueblo y de la comunidad que los rodeó y que rechazó toda legislación sobre las privatizaciones.

Pero el gobierno y los medios quisieron difundir la idea de que las organizaciones sindicales únicamente estaban liderando una lucha corporativa, en defensa exclusiva de sus privilegios. Se quiso hacer ver ante la opinión pública que los trabajadores sólo querían sostener su trabajo y sus salarios en contra de los beneficios que para la sociedad traería la privatización. La actitud de los sindicatos iba en contravía de lo que el gobierno quería. Pero hay que tener en cuenta que toda esta campaña de privatizaciones avanzó y en Argentina se privatizó la mayoría de las empresas estatales.

Desde el inicio de la política de privatización en el país, el gobierno planteó toda una campaña publicitaria que en realidad minó la voluntad social, puesto que insistía en que con esa política se terminaría con el déficit del Estado y se solucionaría el problema de la deuda externa y, como fórmula mágica, con esos recursos se podrían garantizar desde el Estado las políticas sociales.

Pero esa formula mágica de la privatización fue todo un fracaso. Se vendieron empresas estatales por valor de 35.000 millones. El país terminó más endeudado y más dependiente del sistema financiero. El resultado fue la desarticulación de un Estado sin capacidad de intervenir en la economía, no sólo en la regulación de los sistemas productivos sino fundamentalmente de los servicios, porque perdió las empresas más importantes de este sector. Diez años más tarde llegó la gran crisis económica, justamente por un profundo déficit del Estado.

MS:¿Cómo puede explicarse la actual crisis económica de Argentina?

JG: Al inicio de la dictadura, en 1976, la deuda externa del país era de 7 mil millones de dólares, pero actualmente ésta asciende a más de 140 mil millones. Además hay una fuga de capitales de sectores empresariales que saquearon la riqueza argentina y hay más de 120 mil millones de dólares en el exterior.

El otro asunto es que, como producto del déficit y del desmantelamiento del Estado, la situación social es más crítica. Al iniciarse la dictadura había 22 millones de argentinos, con dos millones de pobres, mientras que hoy en día hay 37 millones de habitantes, de los cuales quince son pobres que demandan una respuesta social por parte de un Estado totalmente raquítico. El funcionamiento de la política social, la salud, la educación, las jubilaciones y la justicia es la carencia fundamental que tiene el Estado. Aumentaron también la mortalidad infantil y las enfermedades sociales de la pobreza.

Pero si hay un ejemplo de la perversidad del sistema en el tema de la privatización, es lo que sucedió con el régimen pensional de los trabajadores argentinos. Sus aportes fueron a dar a un sistema de administración privada y el Estado se hizo cargo del pago de los jubilados, en medio de un déficit creciente del sistema. Los grandes grupos que manejan el sistema en definitiva son transnacionales que se llevan la plata afuera. Ha sido un sistema de gran rentabilidad para ellos. Es un modelo de privatizaciones y de desmantelamiento del Estado que llevó a la profunda crisis política, económica y social de Argentina. Vivimos hoy en el país una profunda convulsión social, y el pueblo ha dicho ¡basta! a la política de ajuste y ha entendido que la única alternativa es empezar a recuperar lo que se nos llevaron.

MS: ¿Cuál es el llamado que usted hace a los trabajadores colombianos para que en Colombia no se cometan los mismos errores que han llevado a la ruina a un país como Argentina?

JG: El llamado que quiero hacer a todos los colombianos es que hay que rechazar las privatizaciones y la única forma es con la lucha popular que no sea solamente de los trabajadores de las empresas. Tiene que haber una unidad popular para emprender la defensa de los bienes estatales. Esos bienes de la nación son la riqueza del pueblo. Es el patrimonio del pueblo y debe ser defendido por el pueblo porque es su única alternativa de poder para desarrollarse como pueblo. Por lo tanto, es fundamental para la distribución de las riquezas la democratización en la construcción colectiva del movimiento popular. Y para defender los bienes de la nación hay que partir inclusive de la democratización popular en la discusión de los temas y políticas de desarrollo para nuestros países.

MS: ¿Y cual sería su mensaje a los trabajadores colombianos para evitar que el Estado privatice las empresas?

JG: Creo que hay que rechazar las privatizaciones y la única forma es con la lucha popular que no sea solamente de los trabajadores de las empresas sino que tiene que haber una unidad popular para emprender la defensa de los bienes estatales. Esos bienes de la nación son la riqueza del pueblo. Es el patrimonio del pueblo y debe ser defendido porque es la única alternativa de desarrollarse como pueblo. Por lo tanto, es fundamental para la distribución de las riquezas la democratización en la construcción colectiva del movimiento popular. Y para defender los bienes de la nación hay que partir inclusive de la democratización popular en la discusión de los temas y políticas de desarrollo para nuestros países.

MS: ¿Cuándo surgió la CTA y cuál ha sido su papel?

JG: En 1989 en Argentina había una sola central obrera que es la Confederación General del Trabajo, CGT. Todos los sindicatos estábamos en esa organización. Aunque sus dirigentes fueron cómplices de las privatizaciones, cuando se iniciaron nosotros las rechazamos enfáticamente, nos salimos de la CGT y por primera vez en la historia del país empezamos a construir una nueva central, la CTA. En este momento existen en el país dos centrales obreras. La CGT tiene la mayor cantidad de sindicatos afiliados y los más grandes, que incluso se han asociado a las estructuras del Estado y de los partidos políticos. En cambio la CTA tiene mayor afiliación en sectores no sindicalizados. Estamos construyendo realmente una central de trabajadores de unidad de clase en la que convivan con poder igual de decisión los trabajadores que están organizados en un sindicato y tienen un empleo estable con los que están en situación precaria y los desempleados.

MS: ¿Cuál fue el resultado de la llamada Operación Cóndor adelantada por los gobiernos militares?

JG: En Argentina vivimos actualmente la reestructuración capitalista, hoy globalizada, que fue impuesta por la dictadura. Responde a una planificación que también se dio para la mayoría de los países de América Latina, fundamentalmente del Cono Sur, y consistió en dos objetivos: el primero, desarrollar esta reestructuración capitalista con base en la apropiación de las riquezas de los recursos de la producción y la instalación de la valoración financiera como mecanismo de dependencia. Para lograrlo, la dictadura justamente tenía que cumplir el segundo objetivo, que es la destrucción de las organizaciones de la resistencia por medio de la “Operación Cóndor”, que significó la muerte y desaparición de miles de militantes populares en Argentina. El objetivo fundamental era instalar el terrorismo de Estado como disciplinamiento social.

MS: Al terminar la dictadura ¿qué sucedió con las organizaciones sindicales y cuál ha sido la respuesta ante las políticas neoliberales?

JG: Al terminar la dictadura, a las organizaciones sindicales nos costó entender cómo las democracias recuperadas se convertían en democracias restringidas. Los últimos dieciocho años en el país corresponden a procesos democráticos absolutamente formales. Con el tiempo nos dimos cuenta de que a costa de la pérdida de derechos fundamentales, lo que había pasado era que se había institucionalizado una supuesta “democracia” a la cual le seguía el proceso de concentración de la riqueza. Tengamos en cuenta que en Argentina teníamos un movimiento obrero unificado y con una fuerte identidad política. Algunos sectores de la resistencia entendimos que la dictadura en realidad no destruyó los sindicatos sino que lo que destruyó y fragmentó fue la clase trabajadora.

Por lo tanto, no había que insistir en fortalecer las organizaciones sindicales absolutamente debilitadas, sino más bien en reconstruir la unidad de clase y por eso nos lanzamos a la construcción de la nueva central. Esto fue en el año de 1991 cuando dijimos: “Hay que reconstruir desde las propias identidades de la clase trabajadora, incluir a todos los sectores que resisten más allá de sus espacios laborales, hoy dispersos, fracturados y desintegrados”. Así logramos la unidad de la resistencia. Estábamos decididos a empezar a recuperar el concepto del sujeto social, esa identidad colectiva destruida por la dictadura, y a que ese sujeto social se convirtiera en sujeto político. Por eso convocamos a unificar las fuerzas populares, entendiendo que no se trata simplemente de discutir la recuperación del trabajo o la distribución de la rentabilidad sino de la reconstrucción de ese sujeto político.

Hoy hay un desorden de todas las fuerzas populares y el pueblo argentino vive un estado deliberante. Hay asambleas barriales, populares y se sostienen las organizaciones que resistieron a esta política neoliberal. Se dan discusiones democráticas sobre un proyecto de Estado. Este es el desafío que tenemos. La decisión nuestra es sostener ese estado deliberante para que desde allí empiece a construirse un nuevo proyecto, un nuevo orden desde la identidad popular del pueblo argentino.

MS: ...Será que después del 11 de septiembre el "condor acecha"?

JG: Nunca debemos olvidar los días negros cuando en la Argentina sufrimos la dictadura más sangrienta de la historia. No podemos olvidar que aún con estas políticas sangrientas, hubo resistencia del pueblo y de los trabajadores. Hoy la política de la derecha es la que garantiza la gobernabilidad del sistema capitalista neoliberal, puesto que se basa fundamentalmente en la fractura del campo popular. Uno de los mecanismos que utiliza es justamente lograr las confrontaciones sobre la base social, a través de la instalación del terror. Es decir, que los fundamentalistas del terrorismo de Estado son realmente estos personajes de la derecha. Porque el mayor disciplinamiento social es el miedo que paraliza. Este es el proceso que en la Argentina la dictadura utilizó para avanzar en la reestructuración e implementación del neoliberalismo, sobre todo cuando se empezaban a producir grandes movimientos populares de unidad.

En mi país hay detenidos políticos, hay compañeros de nuestro sindicato que están presos. Simplemente se les acusa de subversión al orden, por supuesto al orden neoliberal. Esa imposición de la represión como nosotros la conocimos en la década del setenta en América Latina ha sido desarrollada y planificada por el gran imperio del norte. Ha sido adiestrada por la CIA, y sus mecanismos son los mismos de la Doctrina de la Seguridad Nacional. Se trata justamente de que todo aquel que se oponga al orden impuesto sea considerado subversivo y por lo tanto terrorista.

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