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Entrevista a Juan González,
Secretario General de la Central de
Trabajadores de Argentina, CTA
LA AMENAZA DEL
CÓNDOR
Y LAS PRIVATIZACIONES
Por Mady Samper
En
el Foro de Porto Alegre, en medio del avispero de gentes corriendo y
tropezándose unos con otros por alcanzar a entrar a los inmensos salones
de conferencias, estaba Juan González presentando su ponencia ante un
centenar de oyentes expectantes por conocer la realidad de la historia de
las privatizaciones en Argentina. Este aguerrido líder sindical aceptó
conversar después con Nueva Gaceta y le hizo un llamado al pueblo
colombiano para que no acepte las privatizaciones que quieren imponer los
gobiernos neoliberales y así no caer en la ruina que ha llevado a su país
a vivir tiempos de hambre y desolación.
Mady Samper: ¿Cuál fue la experiencia de su país con la
política de privatizaciones?
Juan González: En Argentina nos opusimos a los procesos
privatizadores y empezamos a defender las empresas fundamentales del
Estado, como por ejemplo, las centrales nucleares y las hidroeléctricas.
La lucha no fue solamente de los trabajadores de esas empresas sino del
conjunto del pueblo y de la comunidad que los rodeó y que rechazó toda
legislación sobre las privatizaciones.
Pero el gobierno y los medios quisieron difundir la idea de que las
organizaciones sindicales únicamente estaban liderando una lucha
corporativa, en defensa exclusiva de sus privilegios. Se quiso hacer ver
ante la opinión pública que los trabajadores sólo querían sostener su
trabajo y sus salarios en contra de los beneficios que para la sociedad
traería la privatización. La actitud de los sindicatos iba en contravía de
lo que el gobierno quería. Pero hay que tener en cuenta que toda esta
campaña de privatizaciones avanzó y en Argentina se privatizó la mayoría
de las empresas estatales.
Desde el inicio de la política de privatización en el país, el gobierno
planteó toda una campaña publicitaria que en realidad minó la voluntad
social, puesto que insistía en que con esa política se terminaría con el
déficit del Estado y se solucionaría el problema de la deuda externa y,
como fórmula mágica, con esos recursos se podrían garantizar desde el
Estado las políticas sociales.
Pero esa formula mágica de la privatización fue todo un fracaso. Se
vendieron empresas estatales por valor de 35.000 millones. El país terminó
más endeudado y más dependiente del sistema financiero. El resultado fue
la desarticulación de un Estado sin capacidad de intervenir en la
economía, no sólo en la regulación de los sistemas productivos sino
fundamentalmente de los servicios, porque perdió las empresas más
importantes de este sector. Diez años más tarde llegó la gran crisis
económica, justamente por un profundo déficit del Estado.
MS:¿Cómo puede explicarse la actual
crisis económica de Argentina?
JG: Al inicio de la dictadura, en 1976, la deuda externa del
país era de 7 mil millones de dólares, pero actualmente ésta asciende a
más de 140 mil millones. Además hay una fuga de capitales de sectores
empresariales que saquearon la riqueza argentina y hay más de 120 mil
millones de dólares en el exterior.
El
otro asunto es que, como producto del déficit y del desmantelamiento del
Estado, la situación social es más crítica. Al iniciarse la dictadura
había 22 millones de argentinos, con dos millones de pobres, mientras que
hoy en día hay 37 millones de habitantes, de los cuales quince son pobres
que demandan una respuesta social por parte de un Estado totalmente
raquítico. El funcionamiento de la política social, la salud, la
educación, las jubilaciones y la justicia es la carencia fundamental que
tiene el Estado. Aumentaron también la mortalidad infantil y las
enfermedades sociales de la pobreza.
Pero si hay un ejemplo de la perversidad del sistema en el tema de la
privatización, es lo que sucedió con el régimen pensional de los
trabajadores argentinos. Sus aportes fueron a dar a un sistema de
administración privada y el Estado se hizo cargo del pago de los
jubilados, en medio de un déficit creciente del sistema. Los grandes
grupos que manejan el sistema en definitiva son transnacionales que se
llevan la plata afuera. Ha sido un sistema de gran rentabilidad para
ellos. Es un modelo de privatizaciones y de desmantelamiento del Estado
que llevó a la profunda crisis política, económica y social de Argentina.
Vivimos hoy en el país una profunda convulsión social, y el pueblo ha
dicho ¡basta! a la política de ajuste y ha entendido que la única
alternativa es empezar a recuperar lo que se nos llevaron.
MS: ¿Cuál es el llamado que usted hace a los trabajadores
colombianos para que en Colombia no se cometan los mismos errores que han
llevado a la ruina a un país como Argentina?
JG: El llamado que quiero hacer a todos los colombianos es que hay
que rechazar las privatizaciones y la única forma es con la lucha popular
que no sea solamente de los trabajadores de las empresas. Tiene que haber
una unidad popular para emprender la defensa de los bienes estatales. Esos
bienes de la nación son la riqueza del pueblo. Es el patrimonio del pueblo
y debe ser defendido por el pueblo porque es su única alternativa de poder
para desarrollarse como pueblo. Por lo tanto, es fundamental para la
distribución de las riquezas la democratización en la construcción
colectiva del movimiento popular. Y para defender los bienes de la nación
hay que partir inclusive de la democratización popular en la discusión de
los temas y políticas de desarrollo para nuestros países.
MS: ¿Y cual sería su mensaje a los trabajadores colombianos
para evitar que el Estado privatice las empresas?
JG:
Creo que hay que rechazar las privatizaciones y la única forma es con la
lucha popular que no sea solamente de los trabajadores de las empresas
sino que tiene que haber una unidad popular para emprender la defensa de
los bienes estatales. Esos bienes de la nación son la riqueza del pueblo.
Es el patrimonio del pueblo y debe ser defendido porque es la única
alternativa de desarrollarse como pueblo. Por lo tanto, es fundamental
para la distribución de las riquezas la democratización en la construcción
colectiva del movimiento popular. Y para defender los bienes de la nación
hay que partir inclusive de la democratización popular en la discusión de
los temas y políticas de desarrollo para nuestros países.
MS: ¿Cuándo surgió la CTA y cuál ha sido su papel?
JG:
En 1989 en Argentina había una sola central obrera que es la Confederación
General del Trabajo, CGT. Todos los sindicatos estábamos en esa
organización. Aunque sus dirigentes fueron cómplices de las
privatizaciones, cuando se iniciaron nosotros las rechazamos
enfáticamente, nos salimos de la CGT y por primera vez en la historia del
país empezamos a construir una nueva central, la CTA. En este momento
existen en el país dos centrales obreras. La CGT tiene la mayor cantidad
de sindicatos afiliados y los más grandes, que incluso se han asociado a
las estructuras del Estado y de los partidos políticos. En cambio la CTA
tiene mayor afiliación en sectores no sindicalizados. Estamos construyendo
realmente una central de trabajadores de unidad de clase en la que
convivan con poder igual de decisión los trabajadores que están
organizados en un sindicato y tienen un empleo estable con los que están
en situación precaria y los desempleados.
MS: ¿Cuál fue el resultado de la
llamada Operación Cóndor adelantada por los gobiernos militares?
JG: En Argentina vivimos actualmente la reestructuración
capitalista, hoy globalizada, que fue impuesta por la dictadura. Responde
a una planificación que también se dio para la mayoría de los países de
América Latina, fundamentalmente del Cono Sur, y consistió en dos
objetivos: el primero, desarrollar esta reestructuración capitalista con
base en la apropiación de las riquezas de los recursos de la producción y
la instalación de la valoración financiera como mecanismo de dependencia.
Para lograrlo, la dictadura justamente tenía que cumplir el segundo
objetivo, que es la destrucción de las organizaciones de la resistencia
por medio de la “Operación Cóndor”, que significó la muerte y desaparición
de miles de militantes populares en Argentina. El objetivo fundamental era
instalar el terrorismo de Estado como disciplinamiento social.
MS: Al terminar la dictadura ¿qué sucedió con las
organizaciones sindicales y cuál ha sido la respuesta ante las políticas
neoliberales?
JG: Al terminar la dictadura, a las organizaciones sindicales nos
costó entender cómo las democracias recuperadas se convertían en
democracias restringidas. Los últimos dieciocho años en el país
corresponden a procesos democráticos absolutamente formales. Con el tiempo
nos dimos cuenta de que a costa de la pérdida de derechos fundamentales,
lo que había pasado era que se había institucionalizado una supuesta
“democracia” a la cual le seguía el proceso de concentración de la
riqueza. Tengamos en cuenta que en Argentina teníamos un movimiento obrero
unificado y con una fuerte identidad política. Algunos sectores de la
resistencia entendimos que la dictadura en realidad no destruyó los
sindicatos sino que lo que destruyó y fragmentó fue la clase trabajadora.
Por lo tanto, no había que insistir en fortalecer las organizaciones
sindicales absolutamente debilitadas, sino más bien en reconstruir la
unidad de clase y por eso nos lanzamos a la construcción de la nueva
central. Esto fue en el año de 1991 cuando dijimos: “Hay que reconstruir
desde las propias identidades de la clase trabajadora, incluir a todos los
sectores que resisten más allá de sus espacios laborales, hoy dispersos,
fracturados y desintegrados”. Así logramos la unidad de la resistencia.
Estábamos decididos a empezar a recuperar el concepto del sujeto social,
esa identidad colectiva destruida por la dictadura, y a que ese sujeto
social se convirtiera en sujeto político. Por eso convocamos a unificar
las fuerzas populares, entendiendo que no se trata simplemente de discutir
la recuperación del trabajo o la distribución de la rentabilidad sino de
la reconstrucción de ese sujeto político.
Hoy hay un desorden de todas las fuerzas populares y el pueblo argentino
vive un estado deliberante. Hay asambleas barriales, populares y se
sostienen las organizaciones que resistieron a esta política neoliberal.
Se dan discusiones democráticas sobre un proyecto de Estado. Este es el
desafío que tenemos. La decisión nuestra es sostener ese estado
deliberante para que desde allí empiece a construirse un nuevo proyecto,
un nuevo orden desde la identidad popular del pueblo argentino.
MS: ...Será que después del 11 de septiembre el "condor
acecha"?
JG: Nunca debemos olvidar los días negros cuando en la Argentina
sufrimos la dictadura más sangrienta de la historia. No podemos olvidar
que aún con estas políticas sangrientas, hubo resistencia del pueblo y de
los trabajadores. Hoy la política de la derecha es la que garantiza la
gobernabilidad del sistema capitalista neoliberal, puesto que se basa
fundamentalmente en la fractura del campo popular. Uno de los mecanismos
que utiliza es justamente lograr las confrontaciones sobre la base social,
a través de la instalación del terror. Es decir, que los fundamentalistas
del terrorismo de Estado son realmente estos personajes de la derecha.
Porque el mayor disciplinamiento social es el miedo que paraliza. Este es
el proceso que en la Argentina la dictadura utilizó para avanzar en la
reestructuración e implementación del neoliberalismo, sobre todo cuando se
empezaban a producir grandes movimientos populares de unidad.
En
mi país hay detenidos políticos, hay compañeros de nuestro sindicato que
están presos. Simplemente se les acusa de subversión al orden, por
supuesto al orden neoliberal. Esa imposición de la represión como nosotros
la conocimos en la década del setenta en América Latina ha sido
desarrollada y planificada por el gran imperio del norte. Ha sido
adiestrada por la CIA, y sus mecanismos son los mismos de la Doctrina de
la Seguridad Nacional. Se trata justamente de que todo aquel que se oponga
al orden impuesto sea considerado subversivo y por lo tanto terrorista.
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