Bogotà, Septiembre - Diciembre de 2002 -Nº 5   ISSN 01246704



O   T   R   O          M   U   N   D   O          E   S          P   O   S   I   B   L   E

DOSSIER

f o r o  s o c i a l  m u n d i a l

DOSSIER

O   T   R   O          M   U  N   D   O          E   S          P   O   S   I   B   L   E


 

Entrevista a François Houtart

El socialismo es aún la alternativa
al capitalismo 

El Profesor Houtart estuvo en nuestro país entre el 28 y 30 de mayo, invitado por la Universidad Nacional de Colombia a participar en el Seminario Internacional Mitos y realidades
de la globalización, y no obstante sus dificultades de salud, muy generosamente accedió
a concedernos una extensa y animada entrevista de la cual extractamos algunos apartes.
En futuras ediciones publicaremos el resto de la entrevista.

Por Javier Sánchez, Álvaro Moreno y Alberto Herrera

 

 

Nueva Gaceta: Una de las propuestas de Camilo Torres, quien fuera su amigo, era la de conformar un Frente Unido. ¿Conserva hoy día alguna vigencia esa propuesta?

François Houtart: Yo pienso que sí. La globalización del neoliberalismo golpea a todas las sociedades del mundo y vemos que cada vez más personas son afectadas por este proceso, lo cual hace posible que efectivamente se puedan realizar alianzas entre diversos grupos sociales para tratar de luchar contra el neoliberalismo. Por esa razón, yo veo posible muchas convergencias. Pero no a cualquier precio. La meta debe ser reunir fuerzas que luchan contra el neoliberalismo, contra la dominación del capital y en la búsqueda de alternativas a este sistema económico, político, social y cultural. Por ello, me parece absolutamente necesario crear una convergencia no solamente de partidos políticos sino principalmente de fuerzas sociales. Y en este sentido, la idea de un Frente Unido es realmente valiosa para el momento.

NG: ¿Algunas de las características de ese frente no tendrían expresión en el Foro de Porto Alegre?

FH: La idea del Foro de Porto Alegre es lograr la convergencia de todas aquellas fuerzas y organizaciones sociales que han tomado conciencia de que el neoliberalismo y la mundialización del capital son los factores que impiden el desarrollo real de la humanidad y que afecta a muchos grupos sociales, a las mujeres y a los indígenas, entre otros. Pero no se puede pretender la conformación de una quinta internacional porque ello provocaría inmediatamente el fin del proceso. Por esa razón, el Foro de Porto Alegre no ha querido hacer una declaración final en sus reuniones. Hay tantas diferencias que sería un trabajo imposible y podría, además, destruir esta acumulación de fuerzas. Solamente desde el punto de vista práctico, tomaría semanas ponerse de acuerdo sobre un texto con todas las organizaciones que llegan de todas partes del mundo y que querrían incluir, cada una, su pequeño asunto de interés. Pero al mismo tiempo el Foro es bastante consciente de que no basta con agitar para tener propuestas y poder ejercer un peso sobre la acción.

En la reunión del Consejo Internacional del Foro en Barcelona, hace un mes, se discutió el problema del futuro tomando en cuenta dos cosas: primero, que de cierta manera el Foro se debe institucionalizar pues ha tomado tal dimensión que no puede basarse solamente en organizaciones brasileñas. Pero una vez que esta iniciativa se internacionaliza, se debe llegar a cierta institucionalización para asegurar la presencia de Asia, África y Europa.

El segundo tema fueron los objetivos. Algunos sectores se oponen a su definición, pues señalan que Porto Alegre es simplemente un foro. Y hay otros, dentro de los que me encuentro, que vemos la necesidad de que el Foro Social Mundial se proponga un objetivo colectivo. Debe proponerse, por ejemplo, la discusión del tema del agua que es un problema universal para toda la humanidad. Este tema tendría muchos aspectos como la privatización, tanto la del agua de beber como la de riego. Hace poco estuve en Sri Lanka y allí están a punto de privatizar el riego, algo que nunca pasó en 3.000 años de historia de este país, y es lo mismo en otras partes; el agua también como fuente de conflicto internacional. Podríamos, entonces, despertar la conciencia de este problema y de cómo este problema está ligado con toda la estructura social local pero también mundial. Hacer conciencia de que el control del agua va a ser tal vez el problema más importante de este siglo que comienza y que las guerras del futuro no van a ser por el petróleo sino por el agua, hasta lograr una declaración de las Naciones Unidas que defina el agua como patrimonio de la humanidad. El frente se puede ir constituyendo alrededor de cosas concretas como ésta que no exigen que todo el mundo se inscriba en un solo partido.

NG:  Después de dos foros en Porto Alegre, ¿cuál es el balance preliminar?

FH: Hay dos maneras de ver el asunto. Si lo vemos en términos de un poder de decisión, de repente es muy poco lo que se ha logrado. El poder de decisión aún está en manos del gran capital y de los poderes imperialistas. Y ni uno ni dos foros de Porto Alegre, quizás ni tres ni cuatro podrían cambiar eso. No se puede comparar la fuerza del G-8, el Banco Mundial o el FMI con 60.000 personas que se reúnen en Porto Alegre. Pero hay otra manera de ver las cosas y tiene que ver con la conciencia que se ha logrado crear de que existe una gran parte de la humanidad que no está de acuerdo con la manera como se desarrolla el sistema económico y político, y que no tiene otros canales de expresión. Por primera vez hay un lugar donde se encuentran muchos sectores y movimientos sociales de todas las partes del mundo y que, a pesar de no ser representativos en el sentido matemático de la palabra, expresan un malestar, un rechazo y una búsqueda de otro camino. Eso es muy importante.

Por otra parte, el Foro ha contribuido decisivamente a deslegitimar el sistema mundial de la globalización. Hoy, todas las grandes reuniones donde se decide el curso de la economía mundial se encuentran siempre con una enorme resistencia. Los países poderosos están muy sorprendidos con lo que está pasando. Entienden que ahora hay un peligro, pues sus decisiones enfrentan una creciente resistencia y cada vez deben hacer un mayor esfuerzo para reconstruir su legitimidad aunque sin cambiar la idea fundamental sobre el futuro económico del mundo ni apartarse del dogma de la economía de mercado, sino tratando de adaptarse a la nueva situación.

Esta convergencia en contra de la mundialización del capital es un hecho cultural y político de mucha importancia porque, especialmente después de la caída del muro de Berlín, prevalecía la idea de que no había alternativa a la economía capitalista. Pero diez años después, hay gente que viene de todas las partes del mundo y que afirman con fuerza: “¡No! Otro mundo es posible”. Tal es el peso político que en Porto Alegre hemos visto un desfile de políticos socialistas y reformistas que vienen especialmente de Europa y que cuando regresan a su país dicen, “yo estuve en Porto Alegre”, tratando de recuperar así su alicaído prestigio político.

NG: ¿Está en discusión la participación de los parlamentarios y los movimientos políticos?

FH: No. Pero el Foro de Porto Alegre ha sido muy claro en no invitar a políticos que estén en funciones. Por eso no se invitó a Hugo Chávez ni a Fidel Castro. Si los políticos o los partidos quieren asistir y están de acuerdo con la Carta de Porto Alegre, pueden hacerlo pero a título individual. Ahora, la solución que los brasileños han encontrado es inteligente: Paralelamente al Foro Social Mundial hay un foro de parlamentarios y otro de alcaldes. Pero hay algunos políticos que hacen una amalgama para poder decir que estuvieron en el Foro Social de Porto Alegre.

NG: ¿Cómo han afectado la lucha contra la globalización los hechos del 11 de septiembre?

FH: Afectaron enormemente la sociedad norteamericana. Los movimientos sociales en Estados Unidos que estaban avanzando poco a poco, han visto detener este proceso. Los atentados han sido contraproducentes porque le han dado a Bush la oportunidad para hacer, con apoyo popular, todo lo que quiere, incluido aplastar movimientos que estaban desarrollándose. En Europa, por ejemplo, ya se llegó a una Europa de las Policías (risas) como resultado de la convergencia de las fuerzas policiales para luchar contra el terrorismo. Se ha dado un paso adelante en la militarización mundial del sistema. Los norteamericanos han podido restablecer sus bases en Asia Central y en Filipinas. Y eso puede tener un impacto sobre el futuro de los movimientos sociales porque es muy fácil decir que se trata de movimientos terroristas para aplicarles inmediatamente todo el aparato represivo.

NG: Con respecto al narcotráfico, ¿En Porto Alegre se discutió el significado del Plan Colombia para la región?

FH: Sí. En Porto Alegre fue uno de los temas más tratados. La interpretación general es que se trata de una alternativa de solución al problema de las drogas en la sociedad norteamericana. Pero si hay drogas es porque hay gente que las consume y en la sociedad norteamericana no se percibe una voluntad política real de resolver el problema del consumo. Se da entonces un desplazamiento del problema y un pretexto extraordinario para reconstruir la parte militar de la dominación económica y política de los Estados Unidos. En esta perspectiva, se debe interpretar como una alianza entre el poder imperial y los poderes que quieren conservar su dominación económica, política y cultural.

NG: ¿Cómo va el proceso de organización de otras versiones del Foro Social por continentes e incluso por países?

FH: La institucionalización de que hablaba tiene mucho que ver con la internacionalización del movimiento. Si realmente se quiere formar otro polo, éste no puede ser exclusivamente latinoamericano o europeo y por ello se han empezado a hacer foros continentales. El primero fue en África, en Bamako (Mali). Por otra parte, se están preparando el Foro latinoamericano en octubre en Quito, el europeo en noviembre en Florencia, el asiático en Indonesia y otro más en África el año próximo. En cada país se organiza un comité nacional o local pero siempre con la presencia de un delegado del Comité Internacional. Y para no dispersar los objetivos, el principio fundamental que los guíe debe ser la carta de Porto Alegre y, de ser posible, el mismo tipo de organización. En Colombia se está preparando un foro para unos días antes del foro latinoamericano de octubre. Me parece importante que se realice con la misma orientación fundamental de la Carta de Porto Alegre y con la idea de buscar la convergencia de la mayor parte de movimientos posibles.

NG: No obstante que el peso principal de la lucha contra la globalización parece recaer en los movimientos sociales, ¿qué papel juegan en esa lucha los intelectuales y los artistas?

FH: Es un papel fundamental. Deben acompañar el proceso, pero no desde afuera. Los intelectuales deben vincularse activamente mediante el análisis y la reflexión permanente. Pero también pueden ayudar a difundir de manera pedagógica la información que se produce. Mucha de la gente que forma los movimientos sociales no conoce los procesos mundiales. Se les debe explicar la vinculación entre los problemas cotidianos y las decisiones globales. Además, el Foro es toda una expresión cultural y simbólica. En este sentido, es muy importante que los artistas se vinculen evitando el peligro de “folclorizarlo». Pero hay que tener cuidado con los medios masivos de comunicación, cuyo único interés es mostrar si alguno de los participantes tiene el cabello verde o rojo, o si algunos de ellos se desnuda. Eso constituye un peligro porque les permite deslegitimar el movimiento.

NG: ¿Es el socialismo una alternativa a la mundialización del capital?

FH: Debemos definir el socialismo. El socialismo no es la socialdemocracia que lo que hace es gestionar el capitalismo con ciertas medidas que suavizan el proceso, que pueden ser positivas pero que no cuestionan la lógica fundamental del mercado y el capital. Esa es una desviación muy grave del socialismo. Evidentemente, no podemos pensar en el modelo soviético aunque ya habrá tiempo de analizar un poco mejor lo que fue este proceso, tanto en sus aspectos positivos como negativos. Pero es importante comprender que cambiar un modo de producción es un proceso a muy largo plazo. Ahora bien, como decía un antropólogo marxista, el drama del socialismo es que ha tenido que correr con las piernas del capitalismo. No obstante, considero que el socialismo es aún la alternativa al capitalismo, pero debemos redefinirlo teniendo en cuenta todos los aportes que se han hecho como también las experiencias acumuladas.

NG: ¿Qué mensaje final le envía al pueblo colombiano?

FH: Colombia es un país con enormes potencialidades de todo tipo. El país debe concentrar su esfuerzo en valorizar todo ese capital, tanto humano como material que posee. Para hacerlo, se debe construir una sociedad que no esté basada en la desigualdad estructural que mata las potencialidades del pueblo y que se desvía en un crecimiento artificial porque no es un crecimiento humano. Al fin de cuentas, construir una sociedad más feliz significa entender cuáles son las necesidades y aspiraciones fundamentales del pueblo. En Colombia, lo veo perfectamente posible, creo que las alternativas existen y que lo fundamental es la búsqueda de las fuerzas que puedan construir esas alternativas. Por otra parte, el conflicto colombiano tiene que resolverse lo más pronto posible pero sin una solución militar porque ello es absolutamente negativo y significa la continuación del problema a largo plazo. Si Colombia logra valorizar toda su riqueza y potencialidades podría ser realmente una inspiración no solo para el continente sino para el mundo contemporáneo.

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