Nueva Gaceta  

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Bogotà, Abril - junio de 2003 -Nº 6   ISSN 01246704


E  L     C  H  I  S  T  E

D   O   S   S   I   E   R

E  S     C  O  S  A     S  E  R  I  A

 

Yo declaro la guerra a... Hollywood

Charles Chaplin

Estoy decidido, de una vez por todas, a declararle la guerra a Hollywood y a sus habitantes. No me gusta la gente que gruñe, la encuentro llena de suficiencia y de futilidad, pero, puesto que ya no tengo ninguna confianza en Hollywood en general, y en el cine norteamericano en particular, he determinado decidirlo.

¿Saben cuál fue la acogida a mi último filme, Monsieur Verdoux, en ciertos cines norteamericanos, y en particular en Nueva York? ¿Saben que algunos aullantes me trataron de comunista y antinorteamericano?

Esto simplemente porque no quieren pensar como todo el mundo; porque los capitostes de Hollywood consideran que pueden deshacerse de cualquiera. Pero pronto perderán sus ilusiones y tomarán conciencia de ciertas realidades.

Lo digo claramente: yo, Charles Chaplin, declaro que Hollywood agoniza. Hollywood no tiene ya nada que ver con el cine, que se supone es un arte: allí el trabajo consiste solamente en producir kilómetros y kilómetros de película.

Puedo agregar que en esa ciudad a cualquiera le es imposible lograr un éxito cinematográfico si se niega a conformar su conducta a la de los demás, si se presenta como un pionero que se atreve a desafiar las reglas establecidas por el big business del filme.

No piensen que quiero abogar por mi propia causa. Consideremos, por ejemplo, el caso de Orson Welles. Evidentemente, no estoy de acuerdo con él en todos los puntos de su concepto del cine. Pero se atrevió a decir no a los hombres del big business. Y ahora está terminado en Hollywood. Sobre todo, no vayan a imaginar que soy un revolucionario, un incendiario, como escribió un periodista de Boston. Pero parece que he cometido un crimen. Declaré varias veces que, desde mi punto de vista, el patriotismo ignora las fronteras. Esto es tan cierto para el cine como para la política (...).

Hollywood libra en estos momentos su última batalla, y la va a perder, a menos que deje de producir filmes en cadena, a menos que comprenda por fin que las obras de arte del cine no pueden nacer del trabajo en serie, como los tractores de una fábrica.

Pienso objetivamente que es tiempo de embar-carse en una nueva senda y de hacer que el dinero deje de ser el dios todopoderoso de una comunidad decadente.

Sin duda abandonaré los Estados Unidos antes de mucho tiempo, aunque me haya procurado tantas satisfacciones morales y materiales. Y en el país donde yo iré a terminar mi vida trataré de recordar que soy un hombre como los demás y que, en consecuencia, tengo derecho al mismo respeto que los demás hombres.

Publicado en Reynolds News, 1947. Tomado de la revista La Maga, Buenos Aires, 3 de enero de 2003, en Internet 

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