Nueva Gaceta  

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Bogotà, Abril - junio de 2003 -Nº 6   ISSN 01246704


E  L     C  H  I  S  T  E

D   O   S   S   I   E   R

E  S     C  O  S  A     S  E  R  I  A

 

 

      LA RISA       BRUJAS

                          DE LAS

 

 

 


Por Augusto Bernal Jiménez


 

 

¿Qué es el arte? Yo veo una luz que
refleja sobre  el mundo una razón de existir.

Charles Spencer Chaplin

La figura de Charles Chaplin se ama y admira a la vez. Su propio deseo por ser el vagabundo del calzón apretado y el bastoncito ha dejado de existir... “nuestro guía espiritual” se ha convertido en un ser lejano “individualista, limitado en su educación formal... consentido por la adulación, arrogante y egoísta a veces, anárquico y carente de amor por ningún país, inconformista en su vida como en su arte”.(1)

Bela Balaz, el teórico húngaro, decía refiriéndose a la actitud de Chaplin: “Debe callar mientras se encuentre encerrado dentro de una máscara cómica”. Y efectivamente lo hizo. Nunca perteneció a partido político alguno, vivió casi cuarenta años en Norteamérica para no “perder su independencia personal”, al punto de no participar directamente en las giras de artistas y directores que acompañaron a las tropas norteamericanas entre 1941 y 1945. En cambio, sus hijos, Charles y Sydney, sí fueron miembros del batallón del general Patton en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

Cuando le preguntaban si solicitaría la ciudadanía norteamericana sólo se limitaba a contestar “Si alguna vez yo llegara a pedir documentos de ciudadanía lo haría en Andorra, el país más pequeño e insignificante del mundo”.

El Hollywood de los años treinta “jugaba” a ser social e innovaba a partir del descubrimiento de géneros como el de los gansters, la lucha policial, el Ku Klux Klan, la prostitución y las huelgas obreras. Tan sólo la obra de John Steimbeck, Las Uvas de la Ira (John Ford,1940) presentó sin rodeos una situación social particular. La realidad mundial para aquel Hollywood era una enorme ficción donde todo se permitía. Tan sólo a finales de 1939 el mundo y los estudios de cine se percataron de la existencia de Hitler al verlo parodiado por Chaplin en El Gran Dictador (1940).

Sin embargo, para ese entonces su protesta social en Tiempos Modernos (1936), se había matizado con declaraciones en torno al socialismo en una charla sostenida en Londres con H. G. Welles, hecho que reiteró su gran amistad con el escritor norteamericano Upton Sinclair, quien más tarde sería llamado por el Comité de Actividades Antinorteamericanas del congreso de los Estados Unidos.

La actitud política de Charles Chaplin comenzó a ser catalogada como negativa por el comité a partir de la exhibición de Tiempos Modernos: su carácter social frente al individuo y el ataque contra el proceso de “maquinización” –y por ende contra el capitalismo– servirían de base para acusarlo de comunista.

Su situación se complicó con el estreno de El Gran Dictador, cuando los derechistas interpretaron el hecho de ser antinazi como el equivalente a ser bolchevique. A su vez, los liberales lo consideraban “cómplice” de la revolución rusa por guardar silencio frente a otro dictador: José Stalin. ¿Por que? Porque este había logrado estabilizar su régimen mediante las purgas políticas de 1936-38 y porque este había firmado un pacto con Hitler en 1939.

La respuesta a lo anterior no se hizo esperar. En septiembre de 1941, los senadores Burton K. Wheeler y Gerald P. Nye, partidarios del aislacionismo americano, apoyados por el aviador Charles A. Lindbergh, formularon cargos contra Hollywood, esgrimiendo el argumento de que existían películas que servían para empujar a los Estados Unidos hacia la guerra. Una de esas películas era El gran Dictador.

En 1941 los Estados Unidos entran a la guerra y la Unión Soviética, al convertirse en su aliado “necesario”, reclama que los demás países la “defiendan” creando un segundo frente de guerra para controlar el avance alemán. Entre las voces a favor de este segundo frente se encontraba Chaplin, quien encabezó actos en San Francisco y Nueva York, que fueron transmitidos por vía telefónica desde Los Ángeles en 1942 y que le valieron el ser tildado de pro-soviético. Al ser considerado ciudadano inglés, por haberse negado a recibir la ciudadanía norteamericana, se pidió su deportación.

Una respuesta a todo lo anterior fue Monsieur Verdoux (1947), donde manifestó su inconformismo total con la sociedad y con la industria bélica. En Octubre de ese mismo año un comité del Congreso inició una investigación sobre el comunismo en Hollywood, que derivó en la famosa “Cacería de Brujas” del senador Joseph Mc Carthy, orientando todo su anticomunismo más hacia los extranjeros de Hollywood que a sus películas.

Uno de los primeros damnificados fue el compositor alemán Hanns Eisler, Chaplin lo defendió y así demostró, para la derecha norteamericana, su manifiesta simpatía por los soviéticos. De este hecho se creó una famosa lista de diez y nueve personas que debían declarar ante el congreso, pero tan sólo diez de ellos llegaron a hacerlo y se convirtieron en The Hollywood Ten.

Charles Spencer Chaplin fue citado en tres oportunidades y las tres fueron postergadas ameritando causas perjudiciales para su trabajo. De sus negativas de presentación ante el Comité queda este telegrama:

“Sin embargo, para su conveniencia les informaré lo que creo que quieren saber. No soy comunista, ni he militado en ningún partido, ni organización política en mi vida. Soy lo que ustedes llaman un pacifista. Confío en que esto no les ofenda. Así que especifiquen definitivamente cuándo debo concurrir a Washington. Atentamente, Charles Chaplin”.(2)

La exhibición de Monsieur Verdoux fue un fracaso total. Las manifestaciones continuas de la Legión Americana –de carácter americanista y anticomunista– contra la película hicieron que esta sólo durara seis semanas en cartelera. El senador John Rankin llegó a pedirle al congreso de los EU la deportación de Chaplin por su defensa a favor de Eisler. Su productora, la United Artist, quedó enfrentada a un serio problema financiero, al punto, que vendió el 90%, y Chaplin se dedico a escribir su última película americana: Candilejas (1951).

Aun abandonando Norteamérica es perseguido. El Fiscal General, James Mc Grannery anuncia la apertura de una nueva investigación contra Chaplin por su campaña a favor del segundo frente durante la segunda guerra mundial (1942); por el pleito de paternidad con la aspirante a actriz Joan Barry (1943); además por el hecho de haber mandado un telegrama al pintor Pablo Picasso solicitando que los artistas europeos se opusieran a la deportación del músico Hanns Eisler (1947); y, en ultima instancia, por colaborar con la candidatura presidencial de Henry Wallace en 1948, quien, en ese momento, contó con apoyo del partido comunista norteamericano.

De esta “cacería de brujas”, que causa risa y tristeza, tan solo quedan las palabras del viejo clown (Charles Chaplin) en “Candilejas”: “Envejeciendo tenemos un sentido más agudo de la dignidad, y eso nos impide ridiculizar al hombre”(3).

        

       Notas

1 La Disolución de la razón. Guido Aristarco. Universidad Central de Venezuela. Caracas.1965.

Theodore Uhf, citado por Homero Alsina Thevenet, Chaplin: todo sobre un mito. pag 12. Editorial Brugera .1977.

“Oggi piu di ieri ho bisogno di verita” en Cinema Nuovo, Milan, año II, N° 3, 15-1. 1953.

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