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C O S A S E R
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LA
RISA BRUJAS
DE LAS
Por Augusto Bernal
Jiménez
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¿Qué es el arte? Yo veo una luz
que
refleja sobre el mundo una razón de existir.
Charles Spencer Chaplin |
La figura de Charles
Chaplin se ama y admira a la vez. Su propio deseo por ser el vagabundo del
calzón apretado y el bastoncito ha dejado de existir... “nuestro guía
espiritual” se ha convertido en un ser lejano “individualista, limitado en
su educación formal... consentido por la adulación, arrogante y egoísta a
veces, anárquico y carente de amor por ningún país, inconformista en su
vida como en su arte”.(1)
Bela Balaz, el teórico
húngaro, decía refiriéndose a la actitud de Chaplin: “Debe callar mientras
se encuentre encerrado dentro de una máscara cómica”. Y efectivamente lo
hizo. Nunca perteneció a partido político alguno, vivió casi cuarenta años
en Norteamérica para no “perder su independencia personal”, al punto de no
participar directamente en las giras de artistas y directores que
acompañaron a las tropas norteamericanas entre 1941 y 1945. En cambio, sus
hijos, Charles y Sydney, sí fueron miembros del batallón del general
Patton en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
Cuando le preguntaban
si solicitaría la ciudadanía norteamericana sólo se limitaba a contestar
“Si alguna vez yo llegara a pedir documentos de ciudadanía lo haría en
Andorra, el país más pequeño e insignificante del mundo”.
El Hollywood de los
años treinta “jugaba” a ser social e innovaba a partir del descubrimiento
de géneros como el de los gansters, la lucha policial, el Ku Klux Klan, la
prostitución y las huelgas obreras. Tan sólo la obra de John Steimbeck,
Las Uvas de la Ira (John Ford,1940) presentó sin rodeos una situación
social particular. La realidad mundial para aquel Hollywood era una enorme
ficción donde todo se permitía. Tan sólo a finales de 1939 el mundo y los
estudios de cine se percataron de la existencia de Hitler al verlo
parodiado por Chaplin en El Gran Dictador (1940).
Sin embargo, para ese
entonces su protesta social en Tiempos Modernos (1936), se había
matizado con declaraciones en torno al socialismo en una charla sostenida
en Londres con H. G. Welles, hecho que reiteró su gran amistad con el
escritor norteamericano Upton Sinclair, quien más tarde sería llamado por
el Comité de Actividades Antinorteamericanas del congreso de los Estados
Unidos.
La actitud política de
Charles Chaplin comenzó a ser catalogada como negativa por el comité a
partir de la exhibición de Tiempos Modernos: su carácter social
frente al individuo y el ataque contra el proceso de “maquinización” –y
por ende contra el capitalismo– servirían de base para acusarlo de
comunista.
Su situación se
complicó con el estreno de El Gran Dictador, cuando los derechistas
interpretaron el hecho de ser antinazi como el equivalente a ser
bolchevique. A su vez, los liberales lo consideraban “cómplice” de la
revolución rusa por guardar silencio frente a otro dictador: José Stalin.
¿Por que? Porque este había logrado estabilizar su régimen mediante las
purgas políticas de 1936-38 y porque este había firmado un pacto con
Hitler en 1939.
La respuesta a lo
anterior no se hizo esperar. En septiembre de 1941, los senadores Burton
K. Wheeler y Gerald P. Nye, partidarios del aislacionismo americano,
apoyados por el aviador Charles A. Lindbergh, formularon cargos contra
Hollywood, esgrimiendo el argumento de que existían películas que servían
para empujar a los Estados Unidos hacia la guerra. Una de esas películas
era El gran Dictador.
En 1941 los Estados
Unidos entran a la guerra y la Unión Soviética, al convertirse en su
aliado “necesario”, reclama que los demás países la “defiendan” creando un
segundo frente de guerra para controlar el avance alemán. Entre las voces
a favor de este segundo frente se encontraba Chaplin, quien encabezó actos
en San Francisco y Nueva York, que fueron transmitidos por vía telefónica
desde Los Ángeles en 1942 y que le valieron el ser tildado de
pro-soviético. Al ser considerado ciudadano inglés, por haberse negado a
recibir la ciudadanía norteamericana, se pidió su deportación.
Una respuesta a todo
lo anterior fue Monsieur Verdoux (1947), donde manifestó su
inconformismo total con la sociedad y con la industria bélica. En Octubre
de ese mismo año un comité del Congreso inició una investigación sobre el
comunismo en Hollywood, que derivó en la famosa “Cacería de Brujas” del
senador Joseph Mc Carthy, orientando todo su anticomunismo más hacia los
extranjeros de Hollywood que a sus películas.
Uno de los primeros
damnificados fue el compositor alemán Hanns Eisler, Chaplin lo defendió y
así demostró, para la derecha norteamericana, su manifiesta simpatía por
los soviéticos. De este hecho se creó una famosa lista de diez y nueve
personas que debían declarar ante el congreso, pero tan sólo diez de ellos
llegaron a hacerlo y se convirtieron en The Hollywood Ten.
Charles Spencer
Chaplin fue citado en tres oportunidades y las tres fueron postergadas
ameritando causas perjudiciales para su trabajo. De sus negativas de
presentación ante el Comité queda este telegrama:
“Sin embargo, para su
conveniencia les informaré lo que creo que quieren saber. No soy
comunista, ni he militado en ningún partido, ni organización política en
mi vida. Soy lo que ustedes llaman un pacifista. Confío en que esto no les
ofenda. Así que especifiquen definitivamente cuándo debo concurrir a
Washington. Atentamente, Charles Chaplin”.(2)
La exhibición de
Monsieur Verdoux fue un fracaso total. Las manifestaciones continuas de la
Legión Americana –de carácter americanista y anticomunista– contra la
película hicieron que esta sólo durara seis semanas en cartelera. El
senador John Rankin llegó a pedirle al congreso de los EU la deportación
de Chaplin por su defensa a favor de Eisler. Su productora, la United
Artist, quedó enfrentada a un serio problema financiero, al punto, que
vendió el 90%, y Chaplin se dedico a escribir su última película
americana: Candilejas (1951).
Aun abandonando
Norteamérica es perseguido. El Fiscal General, James Mc Grannery anuncia
la apertura de una nueva investigación contra Chaplin por su campaña a
favor del segundo frente durante la segunda guerra mundial (1942); por el
pleito de paternidad con la aspirante a actriz Joan Barry (1943); además
por el hecho de haber mandado un telegrama al pintor Pablo Picasso
solicitando que los artistas europeos se opusieran a la deportación del
músico Hanns Eisler (1947); y, en ultima instancia, por colaborar con la
candidatura presidencial de Henry Wallace en 1948, quien, en ese momento,
contó con apoyo del partido comunista norteamericano.
De esta “cacería de
brujas”, que causa risa y tristeza, tan solo quedan las palabras del viejo
clown (Charles Chaplin) en “Candilejas”: “Envejeciendo tenemos un sentido
más agudo de la dignidad, y eso nos impide ridiculizar al hombre”(3).
Notas
1 La Disolución de
la razón. Guido Aristarco. Universidad Central de Venezuela.
Caracas.1965.
2 Theodore Uhf, citado
por Homero Alsina Thevenet, Chaplin: todo sobre un mito. pag 12.
Editorial Brugera .1977.
3 “Oggi piu di ieri ho
bisogno di verita” en Cinema Nuovo, Milan, año II, N° 3, 15-1. 1953.
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