|
E L
C H I S T E |
|
D O S S I
E R |
|
E S
C O S A S E R
I A |
Charles Chaplin,
perseguido por el macartismo
Homenaje a Charles
Chaplin a los cincuenta años de su salida
de Estados Unidos perseguido por el macartismo y a los 25 de su muerte
Por
Hernando Cervantes Gómez
|
Chaplin se encuentra por igual y
firmemente en el rango
de los máximos maestros de la lucha de muchos siglos
de la sátira contra el oscurantismo, al lado
de Aristófanes de Atenas, Erasmo de Rotterdam,
FranÇois Rabelais de Meudon, Jonathan Swift de Dublin,
FranÇois Marie Arouet de Voltaire de
Ferney.
S.M. Eisenstein
El arte de Charles Chaplin |
El l 2 de octubre de
1952, el ministro de Justicia de Estados Unidos, James P. McGranery,
declaró que Charles Chaplin era “un personaje indeseable”(1).
Días antes, el 19 de septiembre, “la leyenda más querida de la historia
del cine”, había recibido en su camarote del trasatlántico Queen
Elizabeth, que se alejaba de Nueva York, un telegrama del gobierno de
Washington. “Me anunciaba que las puertas de Estados Unidos estaban
cerradas para mí, y que antes de que pudiera entrar de nuevo en el país,
tendría que presentarme al Comité Investigador de Inmigración para
contestar unas preguntas de orden político y de depravación moral”,
rememoró Chaplin en su autobiografía(2).
El Queen Elizabeth
hace escala, tres días después, en Cherburgo donde Chaplin declara a los
periodistas que lo asedian: “Creo en la libertad, esa es toda mi
política”. El 23 de septiembre, en la estación Waterloo, decenas de miles
de entusiastas londinenses le gritan «¡Feliz regreso a tu país!»
«¡Contéstales duro!» Inmensas multitudes lo reciben en Francia e Italia.
En París el presidente Auriel lo nombró Oficial de la Legión de Honor, el
galardón más alto que puede conceder esa nación, y en Italia también fue
condecorado por el gobierno. En toda Europa es tratado como un héroe. En
Londres, El Manchester Guardian, escribió: “Chaplin, es quizás entre
todos, el único hombre reconocido en el mundo entero por los hombres de la
calle, el único al que todos y cada uno recuerdan con gratitud”. [Sadoul,
184].
Mientras tanto, en EU
martillaban contra él. Wesbrook Pegeler, de la cadena de prensa Hearst,
sentenciaba: “Estados Unidos debía librarse definitivamente de Chaplin,
‘que socavaba, desde hace medio siglo, con sus películas la base moral
americana’” [Sadoul, 180]. Candilejas, su última película, era prohibida o
boicoteada. ¿Por qué este ensañamiento norteamericano contra el hombre que
hizo la más extraordinaria contribución para convertir el cine en un arte?
En las
barriadas de Londres
Charles Spencer
Chaplin nació en Londres, Inglaterra, el 16 de abril de 1889. Sus padres
fueron los actores de teatro de variedades (Music Hall), Hannah Hill y
Charles Chaplin.
Pronto su padre
abandonó el hogar y la vida artística de su madre declinaba y llegaba a su
fin. Con ella y su hermano Sidney, pasarían a la pobreza y a la miseria.
“Vivíamos en un cuarto miserable. Con harta frecuencia no teníamos qué
comer... Ni Charles ni yo poseíamos zapatos. Mi madre se quitaba a veces
las botas y uno de nosotros las calzaba para ir al comedor popular y traer
nuestra única comida del día”, afirmó su hermano Sidney. “Y cuando nuestra
madre estaba en el hospital dormíamos a menudo en la calle” (Sadad 14). Su
madre tuvo entonces ataques de locura y era internada en el manicomio de
Cane Hill. Chaplin pasaría temporadas en orfanatos.
En Kennington Cross,
Chaplin conoce el mundo. Se fascina con su ritmo frenético, su bullicio de
vendedores de salchichas, predicadores, borrachos, peleas de amas de casa,
músicos callejeros con sus organillos, junto a los cuales bailó, cantó y
pasó el sombrero: “Ahí es donde he descubierto la música, donde se me ha
revelado la rara belleza, que desde aquel instante me obsesiona y me
reconforta”. “Los barrios pobres de Londres habían brindado al artista
incipiente los temas, la poesía y la realidad de su futuro Charlot. El
music-hall inglés, y más concretamente la pantomima inglesa iban a dar a
Charlot su técnica y su medio de expresión” [Sadoul, 18].
A los cinco años,
Chaplin actuaría por primera vez en un escenario, en reemplazo de su madre
que pierde la voz. Trabaja como aprendiz de vidriero, ayudante de
imprenta, limpia oficinas, se rebusca en las calles, y hace pequeños
papeles, prestidigitación y baile. Tiene muy poco acceso a la escuela. A
los 17 años, por recomendación de su hermano Sidney, es contratado, como
comediante pantomimo, por Fred Karno en la London Comedians. Durante cinco
años actúa en Londres y otras ciudades y se presenta en París. Es visto
ensimismado. Lee intensamente. Toca el violín.
En 1911 hace su
primera gira con la compañía Karno por Estados Unidos. Regresa a Londres y
viaja de nuevo a Nueva York en septiembre de 1912, donde se destaca en el
papel de borracho en la obra A nigth in a London Club. En noviembre
de 1913 la productora de películas Keystone, dirigida por Mack Sennett,
precursor del cine cómico americano, lo contrata por un año con un sueldo
de 150 dólares semanales.
Nace Charlot
Con la Keystone, en la
entonces incipiente Hollywood, actúa en 1914 en 35 películas, creando y
dirigiendo en veinte. Charlot aparece en las primeras. Pronto logra el
éxito. Distribuidores de Nueva York piden más copias de los filmes donde
es protagonista, e impiden que sea despedido por discrepancia con Sennett
y su humor simple de “slapstick” (payaso de palo) y persecuciones. Se
asoma ya su sátira social. En Su pasado prehistórico, el vagabundo
amenazado con un mazo, se despierta y siente en sus costillas la porra de
un policía que hostiga a los indigentes.
Chaplin llega al cine
en medio del auge de las pequeñas salas de proyección que, en 1913
llegaban a trece mil; de una vertiginosa expansión de la economía
estadounidense y de las intervenciones imperiales de la Casa Blanca en el
mundo. Poderosos monopolios se consolidan y son denunciados por los
“removedores de estiércol”(3).
Fulgurantes
éxitos
Chaplin es contratado
durante todo el año 1915, por la compañía Essenay, por mil doscientos
cincuenta dólares semanales, (Equivalente hoy a más de un millón de
dólares). Realiza para esta firma 14 películas. En noviembre viaja a Nueva
York en tren, cuando se sorprende con multitudes que lo esperan en las
estaciones. Su triunfo, con solo dos años en el cine y 26 años de edad, es
extraordinario. Es un ídolo y una mina de oro para las empresas. La Mutual
Film Corporation lo contrata por seiscientos setenta mil dólares al año y
entre 1916 y 1917 filma doce películas con esta empresa. De 1918 a
noviembre de 1922 trabaja con la First National Exhibition Company, y
recibe un millón doscientos mil dólares por ocho comedias.
La sátira
¿Cuál era el contenido
y las ideas de las películas que Chaplin realizó entre 1915 y 1922?
Veamos.
En El campeón de
boxeo, (1915, Essenay), Charlot es un desempleado que gana una pelea
de boxeo al colocar una herradura en el guante. “Chaplin hace resaltar la
situación social de su personaje y las dificultades en que la sociedad lo
ponía. Su desesperación explicaba así, a los ojos del público, la astucia
de la herradura”. En Charlot marinero (1915, Essenay), “los reclutadores
atontan a golpes a los marineros y los embarcan a la fuerza en unos buques
que son verdaderas cárceles flotantes” [Sadoul, 57]
En El Banco (1915,
Essenay), Charlot abre y abre cajas fuertes una dentro de otra, hasta
encontrar sólo un cubo y una escoba. “Lleva su escoba al hall del banco y
con afectada torpeza ensucia con ella la cara de los opulentos
capitalistas con chistera”. Similar burla hay en Charlot en el estudio
de cine (Mutual 1916), en el que el tramoyista, con tartas de
excremento, “embadurna los rostros de emperadores, estrellas y arzobispos”
[Sadoul, 62].
En La calle de La
Paz (Mutual 1917), Chaplin hace una bufonada de la autoridad policial
y de acuerdo con Manuel Villegas López, “desarrolla en esta película el
rasgo generoso y mal recompensado, la bondad desinteresada, el
quijotismo”, “el tácito sentimentalismo tiene un lejano sentido de crítica
social. Lo que después marcará toda una etapa en la obra de Chaplin”
[Villegas, 212]. Sadoul comenta que Chaplin “desde Easy Street, cubre muy
conscientemente de humillación sistemática a los dignatarios, damas
obesas, señores panzudos de chistera, policías, jueces, ministros
hipócritas, patrones, funcionarios, soberanos. Y simétricamente,
reivindica la dignidad de los pobres: sirvientes, hombres sin trabajo,
emigrantes, picapedreros forzados, labradores y soldados” [Sadoul, 70].
El Emigrante
(Mutual, 1917), contiene una polémica escena. “‘La llegada a la tierra de
la libertad’, dice un subtítulo. Los empleados de aduanas norteamericanos
empujan des-piadadamente a aquella masa humana de pobres gentes, los
tratan con los peores modos y pasan en torno del grupo amedrentado con una
gruesa cadena, para cerrarles el paso. Charlot dirige una expresiva mirada
a la estatua de La Libertad, que se alza a la entrada de Nueva York. Esta
escena la tendrán en cuenta muchos años después, cuando acuerden su
expulsión del país” [Villegas, 216]. En otra secuencia, en un restaurante
propinan una violenta paliza a un cliente porque le faltan unos centavos
para pagar la cuenta.
En Vida de perros
(1918, First National), un vagabundo, Charlot, duerme en un lote,
despierta por el olor de unas salchichas, va a tomar una y un policía lo
ve, se detiene. El policía lo persigue. Hace larga cola por un empleo. Lo
empujan, lo patean y cuando llega a la ventanilla colocan un letrero: No
hay empleos. “En la calle, el perro ‘Scraps’ ha conseguido un hueso, pero
una jauría se lo disputa, se lo arrebata, le acomete... Paralelismo entre
el hombre y el perro, como hará entre los obreros y el rebaño, de
Tiempos modernos” [Villegas, 221]. Esta película es hecha el mismo año
en que cientos de miles de huelguistas en Estados Unidos e Inglaterra
gritan ¡Somos hombres y no perros!
Armas al hombro
(First National, 1918), trata sobre los soldados en las trincheras de
Francia en la Primera Guerra Mundial. Producida con cinco rollos, fue
censurada por la propia First National que la editó en tres. “Este film
burlón sobre la guerra fue incorporado en la primera campaña pública
contra Chaplin” [Alsina, 40]. La película fue “un grito de cólera surgido
directamente de las trincheras”. En este momento es tal su popularidad,
que los soldados ponen letra a marchas en homenaje a Chaplin.
En El sol (1919, First
National), se “describe la vida de un labrador en Estados Unidos,
trabajando desde el alba a la noche, a las órdenes de un patrón avaro y
mojigato más nutrido de puntapiés que de pan, sucumbe, casi muerto, a la
fatiga, y vuela al mundo donde las ninfas llaman a los faunos bajo el sol
de la edad de oro” [Sadoul, 75].
El Chico (First
National, 1921), refleja la vida del autor en sus años de niño en
Kennington y es una sátira a la beneficencia pública que conoció. De la
trascendencia de este film, Manuel Villegas López nos dice: “El Chico
se estrenó en Nueva York el 6 de febrero de 1921, y obtuvo el más
grande éxito de Chaplin hasta entonces. Se comenzaba a comprender que
Chaplin era algo más que un payaso, por muy ingenioso que fuese.
Precisamente esto es lo que hace surgir las disconformidades y censuras
para su obra, ya iniciadas con Armas al hombro. Se tacha el filme
de amargo, de anarquista, de disolvente. Allí hay un drama y una crítica
que Estados Unidos de 1921, en plena euforia de prosperidad, se niega a
aceptar. Pero el éxito económico es tan arrollador como el artístico, y
eso lo impone. La pugna con los productores es superflua: la película dio
dos millones y medio de dólares” [Villegas, 84].
El peregrino (1922, First National), vetada en varios estados, en Pennsylvania se prohibió por
haber puesto en ridículo a los ministros de la iglesia. Caricaturiza a la
sociedad puritana. “Una parte de la prensa americana iba a pedir bien
pronto la cárcel para Chaplin después de que éste encarnara en El
Peregrino, a un evadido de Sing-Sing” [Sadoul, 96].
Conocida esta
filmografía, no hay duda de que en Chaplin, desde sus primeras películas,
junto a su inmenso humor, es evidente su humanismo, su sátira social y “su
adhesión a los humildes contra los poderosos y la autoridad” [Alsina, 13].
La época
Chaplin realiza estas
películas en contravía de la época. Alrededor de 1920 Estados Unidos vive
una época de histeria y alarma ante el triunfo de la revolución
bolchevique de 1917. Se producen las Redadas Rojas del fiscal general A.
Michel Palmer. Las encabeza y organiza J. Edgar Hoover, que estaría
durante 50 años al frente del FBI. Gigantescas detenciones y persecuciones
de inmigrantes, sindicalistas, izquierdistas y gentes de pensamiento
liberal. En una sola noche se detienen 10.000 personas. Se aprueban las
represivas acta de espionaje, acta de sedición y acta de extranjería. Era,
para algunos historiadores norteamericanos, “probablemente más represiva
en sus efectos sobre el ciudadano común” que la época del macartismo de
1950 [Degler, 483]. En 1919, más de cuatro millones de obreros
participaron en 3.600 huelgas de importancia. Son los tiempos del juicio a
Sacco y Vancetti, injustamente condenados a pena de muerte, del
encarcelamiento de un profesor por enseñar las teorías de Darwin, del Ku
Klux Klan asesinando o escarmentando a latigazo a los negros o a los
sindicalistas [Seltzer, 290].
En el cine, la gran
figura de la cinematografía norteamericana, D. W. Griffith, que “era
racista y tenía ideas políticas reaccionarias, creó en sus películas
imágenes odiosas de los indios, los hispanos y de los negros”... “que
convertiría la raza negra en una plaga durante décadas” [Belafonte 128].
Las primeras
contradicciones
En medio de este
oscurantismo, Chaplin, ya para 1922, ha tenido contradicciones con el
establecimiento norteamericano. Sufrió la campaña de prensa en la que
algunos lo señalaban como el emboscado por su no alistamiento en la
Primera Guerra Mundial. A pesar de que fue rechazado por los reclutadores
por su bajo peso e hizo con otros artistas una exitosa gira nacional para
promover la venta de los Bonos de la Libertad, reuniendo 70.000 personas
en Washington, 120.000 en Nueva York, millares en otra ciudades, y
realizando una pequeña película de propaganda, llamada The Bond.
Contribuyó decisivamente al éxito de esta campaña. Ya en los veinte,
Chaplin comienza a ser investigado por la inteligencia estatal
norteamericana por su amistad con algunos izquierdistas como Upton
Sinclair, Max Eastman y Einstein.
Cuenta Chaplin en su
autobiografía, que en 1920, ante “rumores de que todas las compañías
productoras se están fusionando”, se reunió públicamente en un restaurante
con grandes del cine de esa época, Mary Pickford, Douglas Fairbanks, D.W
Griffith y W. S. Hart y “declaramos que íbamos a formar una sociedad de
artistas para defender nuestra independencia y combatir la gran fusión que
se proyectaba llevar a efecto”. En los días siguientes crearían la United
Artists, para producir películas de larga duración al margen del estricto
control de los productores y financieros de la época. En menos de diez
años, ocho compañías filiales de los Morgan y de los Rockefeller
controlarían la producción y la distribución de la industria
cinematográfica [Sadoul, 124].
Ataques y
glorias
Además de los ataques
citados contra sus películas Armas al hombro, El emigrante,
El Chico, El peregrino, Chaplin fue víctima, con motivo de la separación de su primera
esposa, Mildred Harris, de una intensa campaña en su contra. Se había
casado el 2 de octubre de 1918 y divorciado el 19 de noviembre de 1920.
Intentaron confiscar los negativos de su película El Chico, por lo que
tuvo que editar los negativos en otro estado, en un hotel de Salt Lake
City. En la prensa se realizaría la primera ofensiva para mostrarlo como
un lujurioso libertino. Un divorcio de una joven actriz, que en otros
artistas era mostrado como algo glamouroso, y que era utilizado por los
departamentos de publicidad de las compañías, en Chaplin era considerado
un acto inaceptable.
En septiembre de 1921,
zarpa de Nueva York en el trasatlántico Olympic rumbo a Inglaterra. En el
barco, listo a partir, un fotógrafo le pide que pose enviando besos a la
estatua de La Libertad. Chaplin se niega. Inmediatamente lo acusan de
estar insultando sistemáticamente a Estados Unidos.
Chaplin recibe en
Londres una “acogida delirante de la multitud”. “Decenas de millares de
personas, se habían agolpado en el andén de la estación” En los tres
primeros días recibe setenta y tres mil cartas [Leprohon, 430]. Viaja
también a Berlín y París. En su ciudad natal, visita el asilo orfanato de
Lambeth y las barriadas donde vivió. Se reúne con H.G. Wells quien
recientemente había visitado Rusia y entrevistado con Lenin. Regresa en
octubre a Nueva York. Con el escritor Frank Harris visita la cárcel de
Sing-Sing, para entrevistarse con el organizador de sindicatos Jim Larkin,
condenado con acusaciones falsas. Del presidio escribe: “Qué diabólico
cerebro pudo concebir la construcción de tales horrores”. De Sing-Sing
saldría el evadido de El Peregrino.
Desafiando el
puritanismo
La primera película de
Chaplin con United Artists, fue Una mujer en París (1923). Es un desafío
al puritanismo. Comienza con un aviso en la pantalla: “La humanidad no se
divide en héroes y en traidores, sino simplemente en hombres y mujeres.
Sus pasiones, buenas o malas, les fueron dadas por la naturaleza”. Es una
defensa de la vida privada en contra de los señalamientos de La opinión
pública, que fue el nombre con que se conoció la película en Europa.
Quince estados la prohíben. “Se considera inadmisible aquel filme, donde
se defiende a una mujer ‘pecadora’ y se condena la intransigencia moral.
En Europa, el film se acepta sin reservas, y queda consagrado como una de
las obras maestras del cine” [Villegas, 98]. Rene Claire habla de “la
calidad sicológica de Una mujer en París” y Charenson escribe “Este film
fue el primer esfuerzo consciente intentado en el cine para expresar lo
humano en toda su complejidad” [Leprohon, 164]. Chaplin afirma que “fue la
primera película muda que ronda la ironía y la psicología.”
Su segunda película
para United Artists es (1925). Para algunos críticos su
película más genial, la de las escenas antológicas de la danza de los
panecillos y de la comida de cordones y zapatos. Charlot viola de nuevo
las normas. Le pagan por despejar de nieve las puertas de las casas, pero
la nieve la echa en la puerta de la casa siguiente. Goebels prohibiría en
Alemania esta película por ajena al pensamiento del Tercer Reich. La
realización de El Circo (1928) fue interrumpida su realización por la
marea alta adversa a Chaplin, por el juicio de su separación de Lita Gray.
Varias Ligas de la Decencia intentaron boicotearla infructuosamente.
Linchamiento
ante la opinión publica
Chaplin se había
casado en octubre de 1924 con Lita Gray, una jovencita a quien desde hacía
años su madre venía introduciendo en sus películas y su mundo. El
matrimonio fue un fracaso, y el 10 de enero de 1927 una importante firma
de abogados presentó una demanda de divorcio de Lita Gray contra Chaplin.
Esta fue publicada en los diarios y reproducida en mimeógrafo se vende en
la calle. En 42 páginas se acusa a Chaplin “sobre todo, de que las
relaciones sexuales con su mujer ‘han sido anormales, antinaturales...
como lo demuestran los siguientes detalles’”; a pesar de que había tenido
dos hijos con la Gray. Acusación que en las viejas leyes puritanas de
California era condenada hasta con quince años de cárcel. Los jueces
bloquean las cuentas bancarias de Chaplin, incautan sus bienes, su estudio
y embargan la película El Circo. Y se monta la farsa de clubes de mujeres
pidiendo dinero para la “desventurada esposa niña” y sus dos hijas para
que no mueran de hambre. “Un representante de la oficina Hays visita a
Chaplin para que calle y acceda a las pretensiones de su esposa”. Chaplin
debe darle un millón de dólares, y el divorcio fue concedido el 22 de
agosto de 1927 [Villegas, 103].
Chaplin termina
exhausto. Habla “de abandonar a Hollywood...se quería marchar a Inglaterra
para siempre” [Chaplin Jr, 37]. Contra estos linchamientos públicos, por
el derecho a la vida privada, se han pronunciado los intelectuales
franceses encabezados por Luis Aragón.
Luces de la
ciudad
En 1929, la gran
depresión, el crash, impresiona fuertemente a Chaplin. Miles de bancos y
empresas se quiebran. Hay millones de desempleados y millares de
vagabundos duermen en las calles. En la primera escena de Luces de la
ciudad (1931), Charlot interrumpe la inauguración de una gran estatua
sobre la que está profundamente dormido. Antes Chaplin ha mostrado en
forma burlesca a las autoridades en sus peroratas. Los desarrapados de la
gran depresión se verían interpretados por Charlot, el vagabundo que con
dignidad pero sin suerte va luchando por la vida y se burla de esas
autoridades que han roto todos sus sueños de prosperidad.
Luces de la ciudad
tuvo intentos de bloqueo de los distribuidores. En Nueva York, Chaplin
sólo logra conseguir una sala alejada, que ni siquiera era de cine. Las
ocho filiales en Hollywood de los Morgan y Rockefeller están al acecho. La
United Artist tiene graves problemas económicos y el artista debe invertir
una fuerte suma de dinero. Se arriesga a la quiebra, pero logra un éxito
artístico y comercial doblemente significativo. Luces de la ciudad es cine
mudo, a pesar de que desde 1928 se popularizaba el cine con sonido.
Tiempos
Modernos
Un antecedente de
Tiempos Modernos está en el viaje de Chaplin a Europa en 1931, más exitoso
aún que el de 1922. En París los periódicos titulan “El hombre más popular
del mundo, llega hoy.” En Viena lo reciben cien mil personas. Es agasajado
por los gobernantes y las grandes figuras. En Londres se reúne largamente
con Bernard Shaw, Winston Churchill, el primer ministro Ramnsai McDonald,
con Harold Lasky, Mahatma Gandi, a quien le expresa su apoyo a la lucha
por la independencia de la India del imperialismo inglés.
En Francia, en
Alemania, en Inglaterra y en Bélgica visita las barriadas y queda
impresionado por el desempleo. En sus reuniones con intelectuales y
políticos, expresará con firmeza opiniones sobre la economía mundial.
Chaplin, al regresar de su viaje, escribe y piensa publicar artículos
sobre el paro obrero y la situación económica general. De este momento es
su propuesta para la economía mundial: “Yo preconizaría una
nacionalización de los bancos y revisaría gran número de leyes, así como
las del Stock Exchange. Crearía una oficina gubernamental de asuntos
económicos, que controlaría los precios e intereses y ganancias...
Emitiría billetes para aligerar los gastos presupuestarios. Mi política
favorecería el internacionalismo, la cooperación económica mundial, la
abolición del patrón oro y la inflación general... Pediría también una
reducción de las horas de trabajo y un salario mínimo garantizado. Y
sostendría a las empresas privadas en la medida en que no se opusieran al
interés general” [Leprohon, 438].
Pero Chaplin abandona
sus proyectos de escritos económicos y decide hacer una película para
“burlarse de toda nuestra quebrada situación, satanizar los tiempos
modernos” [Villegas, 117].
La idea inmediata en
que se inspira Chaplin para Tiempos Modernos es la “horrible historia de
una gran industria”, que en Detroit “atraía a los mozos sanos de las
granjas quienes después de cuatro o cinco años de realizar ese sistema en
cadena acababan con los nervios desechos”. El filme es “una acerba crítica
de los métodos maquinísticos y de la despiadada organización del trabajo,
de la ‘taylorización’ y la ‘cadena’. Constituye así un ataque directo a la
gran industria. La película fue prohibida en Alemania e Italia” [Villegas,
120]. Y tachada de comunista por algunos sectores de la prensa. Chaplin
precisaba su posición política así: “Yo no soy un político, creo en la
libertad. Esta es toda mi política, (...) Estoy con los trabajadores”.
(...)“No soy comunista ni he formado parte de ningún partido u
organización política en mi vida. Soy lo que ustedes llaman un traficante
de la paz.” Él no compartía el odio de la dirigencia norteamericana contra
el comunismo. Un buen reflejo de esta actitud es su brindis con Chou En
Lai en 1954. “Brindé por el porvenir de China, y dije que aunque yo no era
comunista, me unía de todo corazón a sus esperanzas y a su deseo de una
vida mejor para el pueblo chino y para todos los pueblos”.
El Gran
Dictador
Durante 1938 Chaplin
trabaja en secreto en El Gran Dictador, una mordaz y frontal crítica a las
dictaduras, en que parodia a Adolfo Hitler y a Benito Mussolini. Concluye
definitivamente la película el 15 de octubre de 1940. Desde que se conoció
su preparación, las embajadas alemana e italiana amenazaron con boicot al
cine norteamericano. Recibió amenazas de muerte y ataques en la prensa. La
Liga Nacional de la Decencia incitó a que se prohibiera la película. Y,
vaya paradoja, le valió una investigación de la Comisión de Actividades
Antiamericanas fundada en 19384. La gran industria de Hollywood presionó a
Chaplin para que no hiciera la película, “podrá no tener donde
presentarla”. Él contestó: “La voy a proyectar ante el público, aunque
tenga que comprarme o construir un teatro para ello, y aunque yo sea el
único espectador” [Villegas, 123].
Chaplin demostró aguda
capacidad de análisis al señalar la amenaza de Hitler y el nazismo, en
instantes en que en Estados Unidos y el mundo muchas personas creían que
con Hitler se podía tratar, y había importantes sectores abiertamente
pro-nazis. En ese año, por ejemplo, la IBM era proveedora del régimen
nazi, Hitler había recientemente condecorado a Henry Ford, se había
entrevistado con William Randolph Hearst, y “En los Estados Unidos,
todavía neutrales, el documental de propaganda alemana Feldzug in Polen
(campaña en Polonia), había estado dos meses en cartelera con teatros
llenos y grandes ovaciones” [Álvarez, (4)].
Al filmar la película, contra viento y marea, en momentos en que Hitler
triunfaba arrolladoramente, Chaplin demostró gran valor.(5)
El Gran Dictador,
visto hoy día, mantiene su valor histórico “contra la guerra, contra el
odio, contra las matanzas, contra esas ciudades negras y ese cielo donde
los hombres ya no ven estrellas sino amenazas” [Villegas, 21]. El discurso
del barbero con el que concluye la película es un texto de antología.
La Segunda
Guerra Mundial
Chaplin participa en
1942 en el comité nacional que durante la Segunda Guerra Mundial busca
presionar en Washington la pronta invasión a la Europa ocupada por la
Alemania Nazi. Posición que lo enfrenta, de nuevo, a amplios sectores de
la dirigencia gringa, quienes deseando la caída o el profundo
debilitamiento de la Unión Soviética, invadida por Hitler, se oponen a
abrir ese segundo frente. Chaplin intervendrá por radio para todo el país,
en gigantescos mítines en el Madison Square en Nueva York y en San
Francisco. Allí, ante diez mil personas, dijo: “Estoy aquí en nombre de la
ayuda de guerra en el frente de la URSS... Me han dicho que los aliados
tienen dos millones de soldados languideciendo en el norte de Irlanda,
mientras los soviéticos han de enfrentarse solos con unas doscientas
divisiones nazis”. Se hizo un intenso silencio. “Los soviéticos –dije con
energía– son nuestros aliados, no sólo están luchando por su modo de vida,
sino también por el nuestro, y si conozco bien a los americanos, ellos
quieren actuar en su propia lucha... ¡pidámoslo todos! ¡Abramos ahora un
segundo frente!. Resonó un rugido salvaje (de aprobación) que duró siete
minutos. Mientras pateaban y gritaban y tiraban los sombreros al aire…”
Chaplin se comportó en la Segunda Guerra Mundial como un demócrata y un
artista consecuente con sus deberes con la humanidad. En Washington nunca
le perdonarían este activismo.
Lo pescamos
El cerco se fue
cerrando. “Me llegaron inquietantes noticias de mi amigo, el juez Murphy,
de la Corte Suprema de los Estados Unidos, quien me decía que en una cena
de políticos influyentes uno de ellos había observado que habían acabado
por ‘atrapar a Chaplin’”... “Sin embargo, pasó algún tiempo antes de que
el gobierno federal se pusiese en acción. Estuvo apoyado por una prensa
unánime, a cuyos ojos yo era el peor de los villanos”.
En 1943 Chaplin fue
acusado por el gobierno federal: “Había cuatro cargos contra mí: dos por
la Ley Mann y dos por cierta ley anticuada, de la que nadie había oído
hablar desde la Guerra Civil, con arreglo a la cual yo había interferido
los derechos de un ciudadano”. “De vez en cuando el gobierno federal
utilizaba ese medio de chantaje legal para desacreditar a un contrincante
político. La intención original de la Ley Mann era prohibir el traslado de
mujeres de un Estado a otro para el ejercicio de la prostitución. Después
de la abolición de los barrios reservados, se hacía poco uso legítimo de
esa Ley, pero se empleaba todavía para hacer víctima de ella a algunos
ciudadanos. Si un hombre pasa con su esposa divorciada la frontera entre
un Estado y otro y tiene relaciones con ella, ha infringido la Ley Mann y
está expuesto a ser condenado a cinco años de prisión. Valiéndose de ese
medio falso de oportunismo legal, el gobierno de los Estados Unidos lanzó
una acusación contra mí... Si era declarado culpable de todos los cargos,
tendría que afrontar una condena de veinte años de cárcel”.
Las acusaciones del
gobierno de Washington se trataban de sustentar en las relaciones que en
1942 había sostenido Chaplin con Joan Barry, una aspirante a actriz, amiga
del multimillonario Paul Getty. Esta, después de mantener una corta
relación con el artista, intentó, entrando violentamente en su casa,
forzarlo a continuarla. Chaplin, en presencia de la policía, le entregó
dinero para saliera de Los Angeles y viajara a Nueva York. En esta ciudad,
un año después, ella lo asedió y logró verle. Al mismo tiempo la Barry lo
demandaría por paternidad de una niña. En estos juicios la prensa lo
desolla vivo, lo desprestigiaba día a día. Chaplin fue absuelto de las
acusaciones del gobierno Federal y luego que un examen de sangre determinó
que no era padre de la niña de la Barry, fue absuelto de la demanda de
paternidad.
A pesar de lo
concluyente del dictamen médico, el abogado Joseph Scott, con una maniobra
jurídica, logró que se reabriera el juicio por paternidad. En las
deliberaciones utilizó una virulencia salvaje, le catalogó de “enano de
Bengala”, “libertino”, “perro vil y lujurioso”. Chaplin, ante la agresión,
dirigiéndose al juez Henry M. Willis replicó indignado: “’Excelencia, no
he cometido ningún crimen. Soy un ser humano, pero este hombre está
tratando de convertirme en un monstruo” [Chaplin Jr, 247]. El jurado,
contrariando la evidencia científica, al ritmo de la campaña contra
Chaplin, le declaró padre de la niña. Durante los períodos de estos
juicios la Comisión Dies echó en cara a Chaplin los discursos que
pronunció en Nueva York en 1942 por el Segundo Frente, el senador William
Langer pidió que lo deportasen por inmoral y como extranjero indeseable, y
la influyente revista Variety (1944), solicitó su expulsión de la
industria del cine. Después, pediría su expulsión del país.
Chaplin revelaría, que
durante el juicio le “llegó una carta importante de un sacerdote católico
que vivía en San Francisco en la que afirmaba que estaba informado de que
la Barry era utilizada por una organización fascista y que estaba
dispuesto a venir de San Francisco a Los Angeles para testificar sobre
ello”, pero Giesler (su abogado), descarta, inexplicablemente, el
testimonio.
Las campañas de
desprestigio lograron enemistar a amplios sectores de la opinión pública
norteamericana contra el artista.
Monsieur
Verdoux
La siguiente película
de Chaplin fue Monsieur Verdoux (1947), inspirada en el asesino en serie
francés, Landrú (Barba Azul). El personaje de la película es un ex
oficinista de banco, desempleado, que se casa con mujeres maduras y las
asesina para robarles su fortuna. Verdoux, descubierto, es condenado a
muerte.
Poco antes del
estreno, Chaplin hace al corresponsal del New York Times, T.T. Brady, las
primeras declaraciones sobre el film: “Creo que Verdoux tiene valores
morales. Von Clausewitz dijo que la guerra es la continuación lógica de la
diplomacia; Monsieur Verdoux estima que el crimen es la continuación
lógica de los negocios” [Villegas, 129].
La película tiene
diálogos escalofriantes. Ante el juez, Monsieur Verdoux declara: “Si se
mata una sola persona, se es un asesino. Si se mata a millones de hombres
se es celebrado como un héroe. Se felicita a los que inventan bombas para
asesinar a las mujeres y a los niños”. [Sadoul, 167] “el espíritu de los
asesinos de masas reina en el mundo” [Leprohon, 313]. En otros diálogos
Verdoux afirma: “La bondad es conveniente a veces”... “pero los negocios
no tienen alma”... “No se fíe, el mundo es cruel”. [Villegas, 272].
Su hijo Charles
escribió: “Para él hacer Mon-sieur Verdoux era una misión, como lo fue
hacer El Gran Dictador. Tenía que ser un grito de rebelión contra los
sufrimientos que acarreó la depresión y contra los causados por la guerra,
con sus muertes en masa, especialmente con la fuerza destructora de la
bomba atómica, que le llenó de horror cuando la dejaron caer sobre Nagasaki e Hiroshima [Chaplin Jr, 255].
Monsieur Verdoux hace una
“concatenación profunda de el crimen y los negocios y es un ataque a fondo
a la base social del mundo actual y, sobre todo, de los Estados Unidos,
donde los ‘grandes negocios’ rigen su vida y son un ideal” [Villegas,
129].
El boicot que en
Estados Unidos hacen a Monsieur Verdoux, es el primero en tener éxito
contra un filme de Chaplin. Centenares de miembros de la Legión Americana
o de la Legión Católica desfilaban por enfrente de los teatros donde se
proyectaba. Con pancartas en las que se leía: ‘Chaplin es un compañero de
viaje” (es decir, un ‘comunista’)”. ‘Echemos a patadas del país al
forastero’”. “La película fue alquilada por todos los grandes circuitos de
distribución del país. Pero después de recibir cartas amenazadoras de la
Legión Americana y de otros grupos de presión, suspendieron la proyección.
En Denver se estrenó una noche la película, que resultó en un gran
negocio, y fue retirada de cartel a la noche siguiente a causa de estas
amenazas”. Arthur Miller en su autobiografía Vueltas al tiempo, reseña
cómo estas legiones y ligas están financiadas por grandes compañías de
Estados Unidos.
El Comité de
Actividade
Antiamericanas
El año en que se
estrena Monsieur Verdoux es el de la cacería de brujas en Hollywood.
Fueron lanzados centenares de artistas al desempleo, al exilio, a escribir
ocultando su verdadera identidad, al ostracismo. Una decena fue a dar a la
cárcel (Ver recuadro). El nombre dado a esta persecución tiene un origen
en la obra de teatro Las Brujas de Salem, escrita por Arthur Miller en
1953, en alegoría con un fanático enjuiciamiento en Massachusetts, en
1692.
Chaplin se pronunció
contra esta persecución del Comité de Actividades Antiamericanas, del que
decía, “tiene, ya desde un principio, un titulo deshonesto, lo
suficientemente elástico como para colocar su garra alrededor de la
garganta y estrangular la voz de cualquier ciudadano cuya honrada opinión
sea minoritaria”. Él mismo fue llamado a declarar y se le postergó tres
veces el interrogatorio, hasta que envió su publicitado telegrama: “Sin
embargo... para su conveniencia, les diré lo que creo que desean ustedes
saber. No soy comunista ni he formado parte de ningún partido u
organización política en mi vida. Soy lo que ustedes llaman un ‘traficante
de la paz’. Espero que esto no les ofenda. Por tanto, les ruego que me
digan definitivamente cuándo tengo que presentarme en Washington. Charles
Chaplin”. Allí paró, momentáneamente, este proceso contra él. Pero la caza
de brujas no paraba. El actor Robert Taylor diría: “Charles Chaplin es un
individuo peligroso, que se cree un financiero y un militar experto,
cuando no ha sido nunca más que un emboscado” [Sadoul, 169].
En septiembre de 1947,
Chaplin publica su célebre artículo “Yo declaro la guerra a Hollywood”. En
noviembre, ante la intención de la Casa Blanca de deportar a Hans Eisler,
un músico exiliado de la Alemania nazi, acusado de comunista, Chaplin
envía un telegrama a Pablo Picasso en París, llamándolo a promover una
protesta de intelectuales frente a la embajada norteamericana contra el
exilio de Eisler. La prensa Hearst lo acusa violentamente de intromisión
en los asuntos internos de los Estados Unidos. “El senador republicano
Harry P. Cain pide que Chaplin sea expulsado de los Estados Unidos por
haber rozado la traición con su telegrama a Picasso. Y el diputado
demócrata John Rankin exige la deportación por haberse negado a la
nacionalización norteamericana y su escandalosa vida privada, que rebaja
la moral de toda América, y la necesidad de mantener sus repugnantes
películas lejos de los ojos de la juventud norteamericana” [Villegas 132].
Chaplin estuvo casado,
de 1933 a 1941, con Paulette Goddard, su actriz de Tiempos Modernos y
El
Gran Dictador. En 1943 se casó con Oona O’Neill, hija del célebre
dramaturgo Eugene O’Neill. En 1952 ya tiene seis hijos con ella y nueve
años de felicidad conyugal, que le duraría hasta el fin de su vida.
Macartismo
En 1950 se inician las
actividades de Joseph McCarthy quien desde el Comité de Actividades
Antiamericanas desarrolló en el gobierno y en diferentes esferas de la
vida nacional una cacería, profundamente antidemocrática, contra los que
calificaba como simpatizantes del comunismo. McCarthy, “pese a todos sus
ataques y pesquisas, nunca descubrió un solo comunista en el gobierno”,
pero arruinó la vida de miles de personas [Tindall, 341]. Sus métodos
fascistas fueron acogidos por amplios sectores dirigentes de Washington,
creándose en todo el país un ambiente de intimidación.(6)
Al comenzar la década
de los cincuenta, la situación es tremendamente hostil para Charles
Chaplin. Es el momento de su película Candilejas, la historia de un clown
en el ocaso de su vida. En 1952 pide permiso para regresar al país después
de anunciar al Departamento de Inmigración su salida de vacaciones. Este
departamento lo interroga tres horas. Pocos días antes de salir le
conceden el permiso. El 18 de septiembre se embarca a las cinco de la
mañana en el trasatlántico Queen Elizabeth, con su esposa y sus hijos.
Inmediatamente el barco ha salido de las aguas jurisdiccionales de Estados
Unidos, el ministro de Justicia del presidente Truman, James McGranery, le
envía el telegrama que le “cierra la puerta de los Estados Unidos”. Y
suceden los acontecimientos que narramos al iniciar este artículo: El
ensañamiento contra Chaplin por parte del gobierno de Washington y su
triunfal restablecimiento en Europa. La prensa inglesa critica con
unanimidad la expulsión de Chaplin. Candilejas, vetada en EU, es un éxito
en el viejo continente.
Un rey en
Nueva York
Chaplin se establece
en Suiza, en Corcier. Viaja expresamente a Ginebra para devolver al
consulado norteamericano la documentación relacionada con su residencia en
EU. En febrero de 1954, en las habitaciones del Hotel Savoy en Londres,
cita una rueda de prensa donde expresa: “Estoy feliz y orgulloso de
anunciarles que mi mujer ha renunciado a su ciudadanía americana para
convertirse en ciudadana británica”. Oona enseña su pasaporte británico
azul y rojo [Villegas, 139]. En esos años se reúne con personalidades del
mundo, como Jean Paul Sartre, Chou En Lai, Jrushov, Graham Green, Picasso,
Nerhu. En 1955 recibe el Premio Mundial de la Paz de manos del colombiano
Jorge Zalamea. En enero de 1957 estrena su película Un rey en Nueva York,
una directa crítica al macartismo. Este film es vetado en los Estados
Unidos y obtiene inmensos reconocimientos en Europa y el mundo. Fracasa un
intento de Hollywood de impedir la distribución de la película en
Inglaterra y otros países. El director de cine Roberto Rosellini le
expresa que es la mejor película de su carrera.
Chaplin se dedica a
escribir su autobiografía que publica en 1964. Presenta su última
película, Una Condesa en Hong Kong, en enero de 1967, en Londres. En 1962
recibe el Honoris Causa de la Universidad de Oxford, y en 1965 el premio
Erasmo, en Holanda, junto con Igmar Bergman. En 1972 recibe el Óscar en
Los Angeles. El título de Sir lo recibe de la reina de Inglaterra en 1975.
Llega en silla de ruedas a la ceremonia. Al amanecer del 25 de diciembre
de 1977, muere mientras duerme en su casa en Suiza.
Rebeldía por
la dignidad humana
Luego de atisbar en la
vida de Charles Chaplin, podemos entender el ensañamiento del gobierno y
la clase dirigente de Estados Unidos con el creador de Charlot. Nunca se
sumó a la exaltación del modo de vida norteamericano. Por el contrario,
sus películas fueron sutiles o abiertas sátiras de la organización social
estadounidense. Chaplin no creía en el “paraíso americano” y nunca se
sometió a los requerimientos de la sociedad y la prensa. Era amigo de la
auténtica libertad de los seres humanos, y fue perseguido por el fanatismo
de una sociedad que, cuando alguien se destaca por fuera del consenso
dominante, lo hostiga para anularlo. No es el único caso, abundan.
Dos aspectos
fundamentales dieron rumbo a su vida. “Su actitud desafiante y rebelde
ante una sociedad que nunca acabó de comprender, que jamás le pareció
justa. Su vida es la historia de una lucha continuada por la dignidad y la
libertad” [Matjin, 8], y su fidelidad a sus orígenes. Usted “es fiel a los
recuerdos de su infancia. No ha olvidado nada de su tristeza, de sus
privaciones; ha querido ahorrar a otros el daño que padeció, o al menos ha
querido dar a todos una razón para tener esperanza. Nunca ha traicionado
usted su triste juventud y la fama no ha podido nunca apartarle del
pasado, pues, ¡ay!, estas cosas pueden ocurrir. Esta fidelidad a sus
primeros recuerdos es quizá su mayor mérito y el más importante de sus
valores, y también la verdadera razón por la que las multitudes le
adoran”.
A medida que nos
alejamos del siglo XX y recordamos su historia, hay figuras que se
desvanecen; y otras que se levantan invictas en el horizonte. El inglés
que hizo emocionar, reír y llorar al mundo, y no se sometió al imperio
norteamericano, seguirá creciendo en la memoria de la humanidad.
|
“En las salas oscuras del cine la gente
podía reírse de sus propias frustraciones, podía por primera vez
identificarse con las peripecias de ese pequeño vagamundo, vapuleado
por la vida pero también lleno de dignidad, que sabía defender sus
razones primeras, su supervivencia y su orgullo. Su propia
individualidad”. Manuel Matji
“Papá cree que en su Pequeño Vagabundo
es un símbolo de todos los pobres diablos del mundo, que siempre
tratan de mejorar su suerte pero que por un motivo u otro nunca lo
logra, y que acaban dejando el escenario de la vida tal como
aparecieron en él, tristes y solos”. “En realidad era el otro yo de mi
padre, el niño que nunca llegó a crecer: andrajoso, aterido y
hambriento, pero que al mismo tiempo se reía insolentemente de todo”.
Charles Chaplin Junior
“Charlot resume en su alma lo más bello
y fragante del espíritu humano: el ensueño, la soledad, la ingenuidad,
la sencillez, la ternura, la generosidad inútil, la bondad sin objeto,
la libertad interior, el desprendimiento por todas las cosas” ... “El
mundo, en lugar de servirle, se le opone, es la antítesis. Y de esa
disconformidad está hecha su vida que le va dando sus demás
cualidades: su debilidad, su timidez, su ingenio, su tristeza”.
Manuel Villegas López. |
|
La Cacería de brujas en Hollywood
“El cataclismo comenzó el 18 de octubre
de 1947... Cuando J. Parnell Thomas director de The House Un-American
Activities Commitee, inicia la investigación inquisitorial sobre las
ideas y creencias políticas de la gente del cine. Dos semanas más
tarde, de las 39 personas investigadas, diez (ocho escritores, un
productor y un director) se han negado a declarar si alguna vez fueron
o son comunistas. Al mismo tiempo ...invocan la primera enmienda de la
Constitución para negarle a la HUAC el derecho a investigar la
ideología y filiación política de los ciudadanos. Pero a causa de las
infinitas argucias de la ley, los diez rebeldes son condenados por
desacato al Congreso a cumplir un año de condena en una prisión
estatal... Aquella condena suponía, además del despido y el desempleo,
a menos que se retractasen y demostrasen estar dispuestos a colaborar
en aquella purga política, denunciando nombres a la comisión. En aquel
clima de pánico e histeria que se exacerbó durante la guerra de Corea
(1950-1953), “se llegó a 'entenderse... por comunistas aquella
películas que critiquen a las personas ricas o a los miembros del
Congreso o que muestren a un soldado desmovilizado desengañado de su
experiencia bélica’” [Gubern, 102].
“Al cerrar sus sesiones en 1951 el
Comité de Actividades Antiestaudinenses pudo establecer una lista
negra que incluía 324 nombres, a los que los productores, reunidos en
cónclave secreto en el Waldorf Astoria, se comprometieron a no dar
trabajo en tanto no fueran depurados por una Clearing Office
establecida para tal efecto [Gubern, 62]. Así la cacería de brujas iba
a trasformar a la nueva generación en una ‘generación perdida’...
Algunos fueron desterrados a Europa (Dassin, Losey) otros fingieron un
repliegue táctico (Huston Rosen, Zinermann). Los últimos (Dmytryk,
Kazan) volvieron a una situación de primera fila “llamando a los
cazadores de brujas sus mejores amigos” [Sadoul, Historia del cine,
327].
Tomado del libro Cine durante la guerra
fría. Miguel Barbachano, Editorial Trillas 1ª Edición sep 1927, [p.
219-222]. |
Referencias
Alsina, Thevenet, Homero. Chaplin.
Editorial Bruguera S.A., Barcelona España, Primera Edición, 1977.
Álvarez, Luis Alberto. “Los 50 años de El gran dictador”.
Revista Credencial Historia, No. 3, marzo de 1990.
Belafonte, Harry, en: "Así de
simple". Encuentros sobre Cine. Editorial Voluntad, Bogotá 1995.
Chaplin, Charles Jr. con la colaboración de NYM Rau.
Charles Chaplin, mi padre. Editorial Seix Barral, S.A., Barcelona, 1963.
Chaplin Charles. Mi autobiografía. Editorial Debate,
Madrid, Segunda edición, marzo de 1993.
Degler Carl. M. y otros. Historia de
los Estados Unidos. Noriega Editores, México.
Eisenstein S.M. y otros. El arte de
Charles Chaplin. Losange, Buenos Aires, 1956.
Leprohon, Pierre. Charles Chaplin.
Editorial Rialp SA., Madrid 1961.
Matjin, Manuel. Charles Chaplin.
Editora 5 SA., Bogotá.
Royere, Richard H. McCarthy y el macartismo. Editorial
Palestina. Buenos Aires.1959.
Tindall, George y David E. Shi. La
historia de los Estados Unidos. T.M. Editores.
Sadoul, Georges. Vida de Chaplin.
Fondo de Cultura Económica, México, segunda reedición en español, 1967,
Tercera reimpresión.
Seltzer, Gregorio. El caso Sacco y
Vanzzeti.
Villegas López, Manuel. Charles Chaplin, el genio del cine.
Ediciones J.C., Colección Directores de Cine. No. 37, 38, Madrid.
Notas
1 Charles Chaplin Jr.
con la colaboración de NYM Rau, Charles Chaplin, mi padre. Editorial Seix
Barral, S.A., Barcelona, 1963. p. 291.
2 Charles Chaplin, Mi
autobiografía. Editorial Debate. Madrid, Segunda edición, marzo de 1993,
p. 512. De aquí en adelante, las citas entre comillas sin referencia
corresponden a apartados de este libro.
3 Removedores de
estiércol son los que atacan a los “barones salteadores”, a sus trusts y a
sus grandes negocios: Sinclair Lewis, en La Jungla, denuncia, en 1906, a
los grandes frigoríficos, “los envenenadores de Chicago”; Gustavus Meyer
pone en claro la Historia de las grandes fortunas, en 1910; Ilda M.
Tarbell expone los negocios de Rockefeller en su Historia de la Standard Oil, en 1912, etc. [Villegas, 60].
4 Dorothy Parker,
poetisa norteamericana, escribió sobre esta persecución en la revista
Directions, en abril de 1940: “Sr. Dies, el pueblo quiere democracia –una
democracia verdadera– y espera que Hollywood le de democracia porque los
periódicos ya no se la dan. Y por eso está usted aquí, Sr. Dies –porque es
necesario controlar este medio si se quiere traer el fascismo a este
país”.
5 Chaplin recibió
críticas abiertas y veladas por El Gran Dictador: "Había sido citado para
entrevistarme con el presidente Roosevelt, a cuya petición habíamos
enviado la película a la Casa Blanca. Cuando me hicieron pasar a su
despacho privado me saludó diciendo: ‘Siéntese Charlie: su película nos
está causando muchos quebraderos de cabeza en Argentina’".
6 La época del
macartismo se concreta en medio de la guerra de Corea, conflicto que entre
1950 y 1953 agudizó la Guerra Fría que desde el fin de la Segunda Guerra
Mundial libraban la Unión Soviética, entonces socialista, y Estados Unidos
al frente del mundo capitalista. Los efectos del macartismo fueron letales
contra la libertad de prensa y de pensamiento político. Vitales sectores
del movimiento laboral norteamericano fueron destruidos. Miles de
funcionarios del gobierno, de profesores, abogados, médicos, perdieron sus
trabajos por no testificar ante el comité. El desarrollo de la novela de
crítica social fue truncado.
En 1950 el crítico teatral del
New York Times, Brooks Atkinson afirmó que el macartismo, en una temporada teatral en
Broadway, había inducido al silencio o a la trivialidad a todos los buenos
dramaturgos. En mayo de 1952, en el Herald Tribune, de Nueva York, se leyó
en una noticia:
“Un vasto silencio ha descendido hoy sobre los
hombres y mujeres jóvenes de las universidades de nuestro país”.
“El macartismo torna peligrosa una discusión
seria o una disensión acerca de eventos capitales” [Rovere, 86].
Regresar |