Nueva Gaceta  

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Bogotà, Abril - junio de 2003 -Nº 6   ISSN 01246704


E  L     C  H  I  S  T  E

D   O   S   S   I   E   R

E  S     C  O  S  A     S  E  R  I  A

 

Charles Chaplin,

perseguido por el macartismo

 

 


Homenaje a Charles Chaplin a los cincuenta años de su salida
de Estados Unidos perseguido por el macartismo y a los 25 de su muerte


Por Hernando Cervantes Gómez

Chaplin se encuentra por igual y firmemente en el rango
de los máximos maestros de la lucha de muchos siglos
de la sátira contra el oscurantismo, al lado
de Aristófanes de Atenas, Erasmo de Rotterdam,
FranÇois Rabelais de Meudon, Jonathan Swift de Dublin,

FranÇois Marie Arouet de Voltaire de Ferney.

S.M. Eisenstein
El arte de Charles Chaplin

El l 2 de octubre de 1952, el ministro de Justicia de Estados Unidos, James P. McGranery, declaró que Charles Chaplin era “un personaje indeseable”(1). Días antes, el 19 de septiembre, “la leyenda más querida de la historia del cine”, había recibido en su camarote del trasatlántico Queen Elizabeth, que se alejaba de Nueva York, un telegrama del gobierno de Washington. “Me anunciaba que las puertas de Estados Unidos estaban cerradas para mí, y que antes de que pudiera entrar de nuevo en el país, tendría que presentarme al Comité Investigador de Inmigración para contestar unas preguntas de orden político y de depravación moral”, rememoró Chaplin en su autobiografía(2).

El Queen Elizabeth hace escala, tres días después, en Cherburgo donde Chaplin declara a los periodistas que lo asedian: “Creo en la libertad, esa es toda mi política”. El 23 de septiembre, en la estación Waterloo, decenas de miles de entusiastas londinenses le gritan «¡Feliz regreso a tu país!» «¡Contéstales duro!» Inmensas multitudes lo reciben en Francia e Italia. En París el presidente Auriel lo nombró Oficial de la Legión de Honor, el galardón más alto que puede conceder esa nación, y en Italia también fue condecorado por el gobierno. En toda Europa es tratado como un héroe. En Londres, El Manchester Guardian, escribió: “Chaplin, es quizás entre todos, el único hombre reconocido en el mundo entero por los hombres de la calle, el único al que todos y cada uno recuerdan con gratitud”. [Sadoul, 184].

Mientras tanto, en EU martillaban contra él. Wesbrook Pegeler, de la cadena de prensa Hearst, sentenciaba: “Estados Unidos debía librarse definitivamente de Chaplin, ‘que socavaba, desde hace medio siglo, con sus películas la base moral americana’” [Sadoul, 180]. Candilejas, su última película, era prohibida o boicoteada. ¿Por qué este ensañamiento norteamericano contra el hombre que hizo la más extraordinaria contribución para convertir el cine en un arte?

En las barriadas de Londres

Charles Spencer Chaplin nació en Londres, Inglaterra, el 16 de abril de 1889. Sus padres fueron los actores de teatro de variedades (Music Hall), Hannah Hill y Charles Chaplin.

Pronto su padre abandonó el hogar y la vida artística de su madre declinaba y llegaba a su fin. Con ella y su hermano Sidney, pasarían a la pobreza y a la miseria. “Vivíamos en un cuarto miserable. Con harta frecuencia no teníamos qué comer... Ni Charles ni yo poseíamos zapatos. Mi madre se quitaba a veces las botas y uno de nosotros las calzaba para ir al comedor popular y traer nuestra única comida del día”, afirmó su hermano Sidney. “Y cuando nuestra madre estaba en el hospital dormíamos a menudo en la calle” (Sadad 14). Su madre tuvo entonces ataques de locura y era internada en el manicomio de Cane Hill. Chaplin pasaría temporadas en orfanatos.

En Kennington Cross, Chaplin conoce el mundo. Se fascina con su ritmo frenético, su bullicio de vendedores de salchichas, predicadores, borrachos, peleas de amas de casa, músicos callejeros con sus organillos, junto a los cuales bailó, cantó y pasó el sombrero: “Ahí es donde he descubierto la música, donde se me ha revelado la rara belleza, que desde aquel instante me obsesiona y me reconforta”. “Los barrios pobres de Londres habían brindado al artista incipiente los temas, la poesía y la realidad de su futuro Charlot. El music-hall inglés, y más concretamente la pantomima inglesa iban a dar a Charlot su técnica y su medio de expresión” [Sadoul, 18].

A los cinco años, Chaplin actuaría por primera vez en un escenario, en reemplazo de su madre que pierde la voz. Trabaja como aprendiz de vidriero, ayudante de imprenta, limpia oficinas, se rebusca en las calles, y hace pequeños papeles, prestidigitación y baile. Tiene muy poco acceso a la escuela. A los 17 años, por recomendación de su hermano Sidney, es contratado, como comediante pantomimo, por Fred Karno en la London Comedians. Durante cinco años actúa en Londres y otras ciudades y se presenta en París. Es visto ensimismado. Lee intensamente. Toca el violín.

En 1911 hace su primera gira con la compañía Karno por Estados Unidos. Regresa a Londres y viaja de nuevo a Nueva York en septiembre de 1912, donde se destaca en el papel de borracho en la obra A nigth in a London Club. En noviembre de 1913 la productora de películas Keystone, dirigida por Mack Sennett, precursor del cine cómico americano, lo contrata por un año con un sueldo de 150 dólares semanales.

Nace Charlot

Con la Keystone, en la entonces incipiente Hollywood, actúa en 1914 en 35 películas, creando y dirigiendo en veinte. Charlot aparece en las primeras. Pronto logra el éxito. Distribuidores de Nueva York piden más copias de los filmes donde es protagonista, e impiden que sea despedido por discrepancia con Sennett y su humor simple de “slapstick” (payaso de palo) y persecuciones. Se asoma ya su sátira social. En Su pasado prehistórico, el vagabundo amenazado con un mazo, se despierta y siente en sus costillas la porra de un policía que hostiga a los indigentes.

Chaplin llega al cine en medio del auge de las pequeñas salas de proyección que, en 1913 llegaban a trece mil; de una vertiginosa expansión de la economía estadounidense y de las intervenciones imperiales de la Casa Blanca en el mundo. Poderosos monopolios se consolidan y son denunciados por los “removedores de estiércol”(3).

Fulgurantes éxitos

Chaplin es contratado durante todo el año 1915, por la compañía Essenay, por mil doscientos cincuenta dólares semanales, (Equivalente hoy a más de un millón de dólares). Realiza para esta firma 14 películas. En noviembre viaja a Nueva York en tren, cuando se sorprende con multitudes que lo esperan en las estaciones. Su triunfo, con solo dos años en el cine y 26 años de edad, es extraordinario. Es un ídolo y una mina de oro para las empresas. La Mutual Film Corporation lo contrata por seiscientos setenta mil dólares al año y entre 1916 y 1917 filma doce películas con esta empresa. De 1918 a noviembre de 1922 trabaja con la First National Exhibition Company, y recibe un millón doscientos mil dólares por ocho comedias.

La sátira

¿Cuál era el contenido y las ideas de las películas que Chaplin realizó entre 1915 y 1922? Veamos.

En El campeón de boxeo, (1915, Essenay), Charlot es un desempleado que gana una pelea de boxeo al colocar una herradura en el guante. “Chaplin hace resaltar la situación social de su personaje y las dificultades en que la sociedad lo ponía. Su desesperación explicaba así, a los ojos del público, la astucia de la herradura”. En Charlot marinero (1915, Essenay), “los reclutadores atontan a golpes a los marineros y los embarcan a la fuerza en unos buques que son verdaderas cárceles flotantes” [Sadoul, 57]

En El Banco (1915, Essenay), Charlot abre y abre cajas fuertes una dentro de otra, hasta encontrar sólo un cubo y una escoba. “Lleva su escoba al hall del banco y con afectada torpeza ensucia con ella la cara de los opulentos capitalistas con chistera”. Similar burla hay en Charlot en el estudio de cine (Mutual 1916), en el que el tramoyista, con tartas de excremento, “embadurna los rostros de emperadores, estrellas y arzobispos” [Sadoul, 62].

En La calle de La Paz (Mutual 1917), Chaplin hace una bufonada de la autoridad policial y de acuerdo con Manuel Villegas López, “desarrolla en esta película el rasgo generoso y mal recompensado, la bondad desinteresada, el quijotismo”, “el tácito sentimentalismo tiene un lejano sentido de crítica social. Lo que después marcará toda una etapa en la obra de Chaplin” [Villegas, 212]. Sadoul comenta que Chaplin “desde Easy Street, cubre muy conscientemente de humillación sistemática a los dignatarios, damas obesas, señores panzudos de chistera, policías, jueces, ministros hipócritas, patrones, funcionarios, soberanos. Y simétricamente, reivindica la dignidad de los pobres: sirvientes, hombres sin trabajo, emigrantes, picapedreros forzados, labradores y soldados” [Sadoul, 70].

El Emigrante (Mutual, 1917), contiene una polémica escena. “‘La llegada a la tierra de la libertad’, dice un subtítulo. Los empleados de aduanas norteamericanos empujan des-piadadamente a aquella masa humana de pobres gentes, los tratan con los peores modos y pasan en torno del grupo amedrentado con una gruesa cadena, para cerrarles el paso. Charlot dirige una expresiva mirada a la estatua de La Libertad, que se alza a la entrada de Nueva York. Esta escena la tendrán en cuenta muchos años después, cuando acuerden su expulsión del país” [Villegas, 216]. En otra secuencia, en un restaurante propinan una violenta paliza a un cliente porque le faltan unos centavos para pagar la cuenta.

En Vida de perros (1918, First National), un vagabundo, Charlot, duerme en un lote, despierta por el olor de unas salchichas, va a tomar una y un policía lo ve, se detiene. El policía lo persigue. Hace larga cola por un empleo. Lo empujan, lo patean y cuando llega a la ventanilla colocan un letrero: No hay empleos. “En la calle, el perro ‘Scraps’ ha conseguido un hueso, pero una jauría se lo disputa, se lo arrebata, le acomete... Paralelismo entre el hombre y el perro, como hará entre los obreros y el rebaño, de Tiempos modernos” [Villegas, 221]. Esta película es hecha el mismo año en que cientos de miles de huelguistas en Estados Unidos e Inglaterra gritan ¡Somos hombres y no perros!

Armas al hombro (First National, 1918), trata sobre los soldados en las trincheras de Francia en la Primera Guerra Mundial. Producida con cinco rollos, fue censurada por la propia First National que la editó en tres. “Este film burlón sobre la guerra fue incorporado en la primera campaña pública contra Chaplin” [Alsina, 40]. La película fue “un grito de cólera surgido directamente de las trincheras”. En este momento es tal su popularidad, que los soldados ponen letra a marchas en homenaje a Chaplin.

En El sol (1919, First National), se “describe la vida de un labrador en Estados Unidos, trabajando desde el alba a la noche, a las órdenes de un patrón avaro y mojigato más nutrido de puntapiés que de pan, sucumbe, casi muerto, a la fatiga, y vuela al mundo donde las ninfas llaman a los faunos bajo el sol de la edad de oro” [Sadoul, 75].

El Chico (First National, 1921), refleja la vida del autor en sus años de niño en Kennington y es una sátira a la beneficencia pública que conoció. De la trascendencia de este film, Manuel Villegas López nos dice: “El Chico se estrenó en Nueva York el 6 de febrero de 1921, y obtuvo el más grande éxito de Chaplin hasta entonces. Se comenzaba a comprender que Chaplin era algo más que un payaso, por muy ingenioso que fuese. Precisamente esto es lo que hace surgir las disconformidades y censuras para su obra, ya iniciadas con Armas al hombro. Se tacha el filme de amargo, de anarquista, de disolvente. Allí hay un drama y una crítica que Estados Unidos de 1921, en plena euforia de prosperidad, se niega a aceptar. Pero el éxito económico es tan arrollador como el artístico, y eso lo impone. La pugna con los productores es superflua: la película dio dos millones y medio de dólares” [Villegas, 84].

El peregrino (1922, First National), vetada en varios estados, en Pennsylvania se prohibió por haber puesto en ridículo a los ministros de la iglesia. Caricaturiza a la sociedad puritana. “Una parte de la prensa americana iba a pedir bien pronto la cárcel para Chaplin después de que éste encarnara en El Peregrino, a un evadido de Sing-Sing” [Sadoul, 96].

Conocida esta filmografía, no hay duda de que en Chaplin, desde sus primeras películas, junto a su inmenso humor, es evidente su humanismo, su sátira social y “su adhesión a los humildes contra los poderosos y la autoridad” [Alsina, 13].

La época

Chaplin realiza estas películas en contravía de la época. Alrededor de 1920 Estados Unidos vive una época de histeria y alarma ante el triunfo de la revolución bolchevique de 1917. Se producen las Redadas Rojas del fiscal general A. Michel Palmer. Las encabeza y organiza J. Edgar Hoover, que estaría durante 50 años al frente del FBI. Gigantescas detenciones y persecuciones de inmigrantes, sindicalistas, izquierdistas y gentes de pensamiento liberal. En una sola noche se detienen 10.000 personas. Se aprueban las represivas acta de espionaje, acta de sedición y acta de extranjería. Era, para algunos historiadores norteamericanos, “probablemente más represiva en sus efectos sobre el ciudadano común” que la época del macartismo de 1950 [Degler, 483]. En 1919, más de cuatro millones de obreros participaron en 3.600 huelgas de importancia. Son los tiempos del juicio a Sacco y Vancetti, injustamente condenados a pena de muerte, del encarcelamiento de un profesor por enseñar las teorías de Darwin, del Ku Klux Klan asesinando o escarmentando a latigazo a los negros o a los sindicalistas [Seltzer, 290].

En el cine, la gran figura de la cinematografía norteamericana, D. W. Griffith, que “era racista y tenía ideas políticas reaccionarias, creó en sus películas imágenes odiosas de los indios, los hispanos y de los negros”... “que convertiría la raza negra en una plaga durante décadas” [Belafonte 128].

Las primeras contradicciones

En medio de este oscurantismo, Chaplin, ya para 1922, ha tenido contradicciones con el establecimiento norteamericano. Sufrió la campaña de prensa en la que algunos lo señalaban como el emboscado por su no alistamiento en la Primera Guerra Mundial. A pesar de que fue rechazado por los reclutadores por su bajo peso e hizo con otros artistas una exitosa gira nacional para promover la venta de los Bonos de la Libertad, reuniendo 70.000 personas en Washington, 120.000 en Nueva York, millares en otra ciudades, y realizando una pequeña película de propaganda, llamada The Bond. Contribuyó decisivamente al éxito de esta campaña. Ya en los veinte, Chaplin comienza a ser investigado por la inteligencia estatal norteamericana por su amistad con algunos izquierdistas como Upton Sinclair, Max Eastman y Einstein.

Cuenta Chaplin en su autobiografía, que en 1920, ante “rumores de que todas las compañías productoras se están fusionando”, se reunió públicamente en un restaurante con grandes del cine de esa época, Mary Pickford, Douglas Fairbanks, D.W Griffith y W. S. Hart y “declaramos que íbamos a formar una sociedad de artistas para defender nuestra independencia y combatir la gran fusión que se proyectaba llevar a efecto”. En los días siguientes crearían la United Artists, para producir películas de larga duración al margen del estricto control de los productores y financieros de la época. En menos de diez años, ocho compañías filiales de los Morgan y de los Rockefeller controlarían la producción y la distribución de la industria cinematográfica [Sadoul, 124].

Ataques y glorias

Además de los ataques citados contra sus películas Armas al hombro, El emigrante, El Chico, El peregrino, Chaplin fue víctima, con motivo de la separación de su primera esposa, Mildred Harris, de una intensa campaña en su contra. Se había casado el 2 de octubre de 1918 y divorciado el 19 de noviembre de 1920. Intentaron confiscar los negativos de su película El Chico, por lo que tuvo que editar los negativos en otro estado, en un hotel de Salt Lake City. En la prensa se realizaría la primera ofensiva para mostrarlo como un lujurioso libertino. Un divorcio de una joven actriz, que en otros artistas era mostrado como algo glamouroso, y que era utilizado por los departamentos de publicidad de las compañías, en Chaplin era considerado un acto inaceptable.

En septiembre de 1921, zarpa de Nueva York en el trasatlántico Olympic rumbo a Inglaterra. En el barco, listo a partir, un fotógrafo le pide que pose enviando besos a la estatua de La Libertad. Chaplin se niega. Inmediatamente lo acusan de estar insultando sistemáticamente a Estados Unidos.

Chaplin recibe en Londres una “acogida delirante de la multitud”. “Decenas de millares de personas, se habían agolpado en el andén de la estación” En los tres primeros días recibe setenta y tres mil cartas [Leprohon, 430]. Viaja también a Berlín y París. En su ciudad natal, visita el asilo orfanato de Lambeth y las barriadas donde vivió. Se reúne con H.G. Wells quien recientemente había visitado Rusia y entrevistado con Lenin. Regresa en octubre a Nueva York. Con el escritor Frank Harris visita la cárcel de Sing-Sing, para entrevistarse con el organizador de sindicatos Jim Larkin, condenado con acusaciones falsas. Del presidio escribe: “Qué diabólico cerebro pudo concebir la construcción de tales horrores”. De Sing-Sing saldría el evadido de El Peregrino.

Desafiando el puritanismo

La primera película de Chaplin con United Artists, fue Una mujer en París (1923). Es un desafío al puritanismo. Comienza con un aviso en la pantalla: “La humanidad no se divide en héroes y en traidores, sino simplemente en hombres y mujeres. Sus pasiones, buenas o malas, les fueron dadas por la naturaleza”. Es una defensa de la vida privada en contra de los señalamientos de La opinión pública, que fue el nombre con que se conoció la película en Europa. Quince estados la prohíben. “Se considera inadmisible aquel filme, donde se defiende a una mujer ‘pecadora’ y se condena la intransigencia moral. En Europa, el film se acepta sin reservas, y queda consagrado como una de las obras maestras del cine” [Villegas, 98]. Rene Claire habla de “la calidad sicológica de Una mujer en París” y Charenson escribe “Este film fue el primer esfuerzo consciente intentado en el cine para expresar lo humano en toda su complejidad” [Leprohon, 164]. Chaplin afirma que “fue la primera película muda que ronda la ironía y la psicología.”

Su segunda película para United Artists es (1925). Para algunos críticos su película más genial, la de las escenas antológicas de la danza de los panecillos y de la comida de cordones y zapatos. Charlot viola de nuevo las normas. Le pagan por despejar de nieve las puertas de las casas, pero la nieve la echa en la puerta de la casa siguiente. Goebels prohibiría en Alemania esta película por ajena al pensamiento del Tercer Reich. La realización de El Circo (1928) fue interrumpida su realización por la marea alta adversa a Chaplin, por el juicio de su separación de Lita Gray. Varias Ligas de la Decencia intentaron boicotearla infructuosamente.

Linchamiento ante la opinión publica

Chaplin se había casado en octubre de 1924 con Lita Gray, una jovencita a quien desde hacía años su madre venía introduciendo en sus películas y su mundo. El matrimonio fue un fracaso, y el 10 de enero de 1927 una importante firma de abogados presentó una demanda de divorcio de Lita Gray contra Chaplin. Esta fue publicada en los diarios y reproducida en mimeógrafo se vende en la calle. En 42 páginas se acusa a Chaplin “sobre todo, de que las relaciones sexuales con su mujer ‘han sido anormales, antinaturales... como lo demuestran los siguientes detalles’”; a pesar de que había tenido dos hijos con la Gray. Acusación que en las viejas leyes puritanas de California era condenada hasta con quince años de cárcel. Los jueces bloquean las cuentas bancarias de Chaplin, incautan sus bienes, su estudio y embargan la película El Circo. Y se monta la farsa de clubes de mujeres pidiendo dinero para la “desventurada esposa niña” y sus dos hijas para que no mueran de hambre. “Un representante de la oficina Hays visita a Chaplin para que calle y acceda a las pretensiones de su esposa”. Chaplin debe darle un millón de dólares, y el divorcio fue concedido el 22 de agosto de 1927 [Villegas, 103].

Chaplin termina exhausto. Habla “de abandonar a Hollywood...se quería marchar a Inglaterra para siempre” [Chaplin Jr, 37]. Contra estos linchamientos públicos, por el derecho a la vida privada, se han pronunciado los intelectuales franceses encabezados por Luis Aragón.

Luces de la ciudad

En 1929, la gran depresión, el crash, impresiona fuertemente a Chaplin. Miles de bancos y empresas se quiebran. Hay millones de desempleados y millares de vagabundos duermen en las calles. En la primera escena de Luces de la ciudad (1931), Charlot interrumpe la inauguración de una gran estatua sobre la que está profundamente dormido. Antes Chaplin ha mostrado en forma burlesca a las autoridades en sus peroratas. Los desarrapados de la gran depresión se verían interpretados por Charlot, el vagabundo que con dignidad pero sin suerte va luchando por la vida y se burla de esas autoridades que han roto todos sus sueños de prosperidad.

Luces de la ciudad tuvo intentos de bloqueo de los distribuidores. En Nueva York, Chaplin sólo logra conseguir una sala alejada, que ni siquiera era de cine. Las ocho filiales en Hollywood de los Morgan y Rockefeller están al acecho. La United Artist tiene graves problemas económicos y el artista debe invertir una fuerte suma de dinero. Se arriesga a la quiebra, pero logra un éxito artístico y comercial doblemente significativo. Luces de la ciudad es cine mudo, a pesar de que desde 1928 se popularizaba el cine con sonido.

Tiempos Modernos

Un antecedente de Tiempos Modernos está en el viaje de Chaplin a Europa en 1931, más exitoso aún que el de 1922. En París los periódicos titulan “El hombre más popular del mundo, llega hoy.” En Viena lo reciben cien mil personas. Es agasajado por los gobernantes y las grandes figuras. En Londres se reúne largamente con Bernard Shaw, Winston Churchill, el primer ministro Ramnsai McDonald, con Harold Lasky, Mahatma Gandi, a quien le expresa su apoyo a la lucha por la independencia de la India del imperialismo inglés.

En Francia, en Alemania, en Inglaterra y en Bélgica visita las barriadas y queda impresionado por el desempleo. En sus reuniones con intelectuales y políticos, expresará con firmeza opiniones sobre la economía mundial. Chaplin, al regresar de su viaje, escribe y piensa publicar artículos sobre el paro obrero y la situación económica general. De este momento es su propuesta para la economía mundial: “Yo preconizaría una nacionalización de los bancos y revisaría gran número de leyes, así como las del Stock Exchange. Crearía una oficina gubernamental de asuntos económicos, que controlaría los precios e intereses y ganancias... Emitiría billetes para aligerar los gastos presupuestarios. Mi política favorecería el internacionalismo, la cooperación económica mundial, la abolición del patrón oro y la inflación general... Pediría también una reducción de las horas de trabajo y un salario mínimo garantizado. Y sostendría a las empresas privadas en la medida en que no se opusieran al interés general” [Leprohon, 438].

Pero Chaplin abandona sus proyectos de escritos económicos y decide hacer una película para “burlarse de toda nuestra quebrada situación, satanizar los tiempos modernos” [Villegas, 117].

La idea inmediata en que se inspira Chaplin para Tiempos Modernos es la “horrible historia de una gran industria”, que en Detroit “atraía a los mozos sanos de las granjas quienes después de cuatro o cinco años de realizar ese sistema en cadena acababan con los nervios desechos”. El filme es “una acerba crítica de los métodos maquinísticos y de la despiadada organización del trabajo, de la ‘taylorización’ y la ‘cadena’. Constituye así un ataque directo a la gran industria. La película fue prohibida en Alemania e Italia” [Villegas, 120]. Y tachada de comunista por algunos sectores de la prensa. Chaplin precisaba su posición política así: “Yo no soy un político, creo en la libertad. Esta es toda mi política, (...) Estoy con los trabajadores”. (...)“No soy comunista ni he formado parte de ningún partido u organización política en mi vida. Soy lo que ustedes llaman un traficante de la paz.” Él no compartía el odio de la dirigencia norteamericana contra el comunismo. Un buen reflejo de esta actitud es su brindis con Chou En Lai en 1954. “Brindé por el porvenir de China, y dije que aunque yo no era comunista, me unía de todo corazón a sus esperanzas y a su deseo de una vida mejor para el pueblo chino y para todos los pueblos”.

El Gran Dictador

Durante 1938 Chaplin trabaja en secreto en El Gran Dictador, una mordaz y frontal crítica a las dictaduras, en que parodia a Adolfo Hitler y a Benito Mussolini. Concluye definitivamente la película el 15 de octubre de 1940. Desde que se conoció su preparación, las embajadas alemana e italiana amenazaron con boicot al cine norteamericano. Recibió amenazas de muerte y ataques en la prensa. La Liga Nacional de la Decencia incitó a que se prohibiera la película. Y, vaya paradoja, le valió una investigación de la Comisión de Actividades Antiamericanas fundada en 19384. La gran industria de Hollywood presionó a Chaplin para que no hiciera la película, “podrá no tener donde presentarla”. Él contestó: “La voy a proyectar ante el público, aunque tenga que comprarme o construir un teatro para ello, y aunque yo sea el único espectador” [Villegas, 123].

Chaplin demostró aguda capacidad de análisis al señalar la amenaza de Hitler y el nazismo, en instantes en que en Estados Unidos y el mundo muchas personas creían que con Hitler se podía tratar, y había importantes sectores abiertamente pro-nazis. En ese año, por ejemplo, la IBM era proveedora del régimen nazi, Hitler había recientemente condecorado a Henry Ford, se había entrevistado con William Randolph Hearst, y “En los Estados Unidos, todavía neutrales, el documental de propaganda alemana Feldzug in Polen (campaña en Polonia), había estado dos meses en cartelera con teatros llenos y grandes ovaciones” [Álvarez, (4)]. Al filmar la película, contra viento y marea, en momentos en que Hitler triunfaba arrolladoramente, Chaplin demostró gran valor.(5)

El Gran Dictador, visto hoy día, mantiene su valor histórico “contra la guerra, contra el odio, contra las matanzas, contra esas ciudades negras y ese cielo donde los hombres ya no ven estrellas sino amenazas” [Villegas, 21]. El discurso del barbero con el que concluye la película es un texto de antología.

La Segunda Guerra Mundial

Chaplin participa en 1942 en el comité nacional que durante la Segunda Guerra Mundial busca presionar en Washington la pronta invasión a la Europa ocupada por la Alemania Nazi. Posición que lo enfrenta, de nuevo, a amplios sectores de la dirigencia gringa, quienes deseando la caída o el profundo debilitamiento de la Unión Soviética, invadida por Hitler, se oponen a abrir ese segundo frente. Chaplin intervendrá por radio para todo el país, en gigantescos mítines en el Madison Square en Nueva York y en San Francisco. Allí, ante diez mil personas, dijo: “Estoy aquí en nombre de la ayuda de guerra en el frente de la URSS... Me han dicho que los aliados tienen dos millones de soldados languideciendo en el norte de Irlanda, mientras los soviéticos han de enfrentarse solos con unas doscientas divisiones nazis”. Se hizo un intenso silencio. “Los soviéticos –dije con energía– son nuestros aliados, no sólo están luchando por su modo de vida, sino también por el nuestro, y si conozco bien a los americanos, ellos quieren actuar en su propia lucha... ¡pidámoslo todos! ¡Abramos ahora un segundo frente!. Resonó un rugido salvaje (de aprobación) que duró siete minutos. Mientras pateaban y gritaban y tiraban los sombreros al aire…” Chaplin se comportó en la Segunda Guerra Mundial como un demócrata y un artista consecuente con sus deberes con la humanidad. En Washington nunca le perdonarían este activismo.

Lo pescamos

El cerco se fue cerrando. “Me llegaron inquietantes noticias de mi amigo, el juez Murphy, de la Corte Suprema de los Estados Unidos, quien me decía que en una cena de políticos influyentes uno de ellos había observado que habían acabado por ‘atrapar a Chaplin’”... “Sin embargo, pasó algún tiempo antes de que el gobierno federal se pusiese en acción. Estuvo apoyado por una prensa unánime, a cuyos ojos yo era el peor de los villanos”.

En 1943 Chaplin fue acusado por el gobierno federal: “Había cuatro cargos contra mí: dos por la Ley Mann y dos por cierta ley anticuada, de la que nadie había oído hablar desde la Guerra Civil, con arreglo a la cual yo había interferido los derechos de un ciudadano”. “De vez en cuando el gobierno federal utilizaba ese medio de chantaje legal para desacreditar a un contrincante político. La intención original de la Ley Mann era prohibir el traslado de mujeres de un Estado a otro para el ejercicio de la prostitución. Después de la abolición de los barrios reservados, se hacía poco uso legítimo de esa Ley, pero se empleaba todavía para hacer víctima de ella a algunos ciudadanos. Si un hombre pasa con su esposa divorciada la frontera entre un Estado y otro y tiene relaciones con ella, ha infringido la Ley Mann y está expuesto a ser condenado a cinco años de prisión. Valiéndose de ese medio falso de oportunismo legal, el gobierno de los Estados Unidos lanzó una acusación contra mí... Si era declarado culpable de todos los cargos, tendría que afrontar una condena de veinte años de cárcel”.

Las acusaciones del gobierno de Washington se trataban de sustentar en las relaciones que en 1942 había sostenido Chaplin con Joan Barry, una aspirante a actriz, amiga del multimillonario Paul Getty. Esta, después de mantener una corta relación con el artista, intentó, entrando violentamente en su casa, forzarlo a continuarla. Chaplin, en presencia de la policía, le entregó dinero para saliera de Los Angeles y viajara a Nueva York. En esta ciudad, un año después, ella lo asedió y logró verle. Al mismo tiempo la Barry lo demandaría por paternidad de una niña. En estos juicios la prensa lo desolla vivo, lo desprestigiaba día a día. Chaplin fue absuelto de las acusaciones del gobierno Federal y luego que un examen de sangre determinó que no era padre de la niña de la Barry, fue absuelto de la demanda de paternidad.

A pesar de lo concluyente del dictamen médico, el abogado Joseph Scott, con una maniobra jurídica, logró que se reabriera el juicio por paternidad. En las deliberaciones utilizó una virulencia salvaje, le catalogó de “enano de Bengala”, “libertino”, “perro vil y lujurioso”. Chaplin, ante la agresión, dirigiéndose al juez Henry M. Willis replicó indignado: “’Excelencia, no he cometido ningún crimen. Soy un ser humano, pero este hombre está tratando de convertirme en un monstruo” [Chaplin Jr, 247]. El jurado, contrariando la evidencia científica, al ritmo de la campaña contra Chaplin, le declaró padre de la niña. Durante los períodos de estos juicios la Comisión Dies echó en cara a Chaplin los discursos que pronunció en Nueva York en 1942 por el Segundo Frente, el senador William Langer pidió que lo deportasen por inmoral y como extranjero indeseable, y la influyente revista Variety (1944), solicitó su expulsión de la industria del cine. Después, pediría su expulsión del país.

Chaplin revelaría, que durante el juicio le “llegó una carta importante de un sacerdote católico que vivía en San Francisco en la que afirmaba que estaba informado de que la Barry era utilizada por una organización fascista y que estaba dispuesto a venir de San Francisco a Los Angeles para testificar sobre ello”, pero Giesler (su abogado), descarta, inexplicablemente, el testimonio.

Las campañas de desprestigio lograron enemistar a amplios sectores de la opinión pública norteamericana contra el artista.

Monsieur Verdoux

La siguiente película de Chaplin fue Monsieur Verdoux (1947), inspirada en el asesino en serie francés, Landrú (Barba Azul). El personaje de la película es un ex oficinista de banco, desempleado, que se casa con mujeres maduras y las asesina para robarles su fortuna. Verdoux, descubierto, es condenado a muerte.

Poco antes del estreno, Chaplin hace al corresponsal del New York Times, T.T. Brady, las primeras declaraciones sobre el film: “Creo que Verdoux tiene valores morales. Von Clausewitz dijo que la guerra es la continuación lógica de la diplomacia; Monsieur Verdoux estima que el crimen es la continuación lógica de los negocios” [Villegas, 129].

La película tiene diálogos escalofriantes. Ante el juez, Monsieur Verdoux declara: “Si se mata una sola persona, se es un asesino. Si se mata a millones de hombres se es celebrado como un héroe. Se felicita a los que inventan bombas para asesinar a las mujeres y a los niños”. [Sadoul, 167] “el espíritu de los asesinos de masas reina en el mundo” [Leprohon, 313]. En otros diálogos Verdoux afirma: “La bondad es conveniente a veces”... “pero los negocios no tienen alma”... “No se fíe, el mundo es cruel”. [Villegas, 272].

Su hijo Charles escribió: “Para él hacer Mon-sieur Verdoux era una misión, como lo fue hacer El Gran Dictador. Tenía que ser un grito de rebelión contra los sufrimientos que acarreó la depresión y contra los causados por la guerra, con sus muertes en masa, especialmente con la fuerza destructora de la bomba atómica, que le llenó de horror cuando la dejaron caer sobre Nagasaki e Hiroshima [Chaplin Jr, 255]. Monsieur Verdoux hace una “concatenación profunda de el crimen y los negocios y es un ataque a fondo a la base social del mundo actual y, sobre todo, de los Estados Unidos, donde los ‘grandes negocios’ rigen su vida y son un ideal” [Villegas, 129].

El boicot que en Estados Unidos hacen a Monsieur Verdoux, es el primero en tener éxito contra un filme de Chaplin. Centenares de miembros de la Legión Americana o de la Legión Católica desfilaban por enfrente de los teatros donde se proyectaba. Con pancartas en las que se leía: ‘Chaplin es un compañero de viaje” (es decir, un ‘comunista’)”. ‘Echemos a patadas del país al forastero’”. “La película fue alquilada por todos los grandes circuitos de distribución del país. Pero después de recibir cartas amenazadoras de la Legión Americana y de otros grupos de presión, suspendieron la proyección. En Denver se estrenó una noche la película, que resultó en un gran negocio, y fue retirada de cartel a la noche siguiente a causa de estas amenazas”. Arthur Miller en su autobiografía Vueltas al tiempo, reseña cómo estas legiones y ligas están financiadas por grandes compañías de Estados Unidos.

El Comité de Actividade
Antiamericanas

El año en que se estrena Monsieur Verdoux es el de la cacería de brujas en Hollywood. Fueron lanzados centenares de artistas al desempleo, al exilio, a escribir ocultando su verdadera identidad, al ostracismo. Una decena fue a dar a la cárcel (Ver recuadro). El nombre dado a esta persecución tiene un origen en la obra de teatro Las Brujas de Salem, escrita por Arthur Miller en 1953, en alegoría con un fanático enjuiciamiento en Massachusetts, en 1692.

Chaplin se pronunció contra esta persecución del Comité de Actividades Antiamericanas, del que decía, “tiene, ya desde un principio, un titulo deshonesto, lo suficientemente elástico como para colocar su garra alrededor de la garganta y estrangular la voz de cualquier ciudadano cuya honrada opinión sea minoritaria”. Él mismo fue llamado a declarar y se le postergó tres veces el interrogatorio, hasta que envió su publicitado telegrama: “Sin embargo... para su conveniencia, les diré lo que creo que desean ustedes saber. No soy comunista ni he formado parte de ningún partido u organización política en mi vida. Soy lo que ustedes llaman un ‘traficante de la paz’. Espero que esto no les ofenda. Por tanto, les ruego que me digan definitivamente cuándo tengo que presentarme en Washington. Charles Chaplin”. Allí paró, momentáneamente, este proceso contra él. Pero la caza de brujas no paraba. El actor Robert Taylor diría: “Charles Chaplin es un individuo peligroso, que se cree un financiero y un militar experto, cuando no ha sido nunca más que un emboscado” [Sadoul, 169].

En septiembre de 1947, Chaplin publica su célebre artículo “Yo declaro la guerra a Hollywood”. En noviembre, ante la intención de la Casa Blanca de deportar a Hans Eisler, un músico exiliado de la Alemania nazi, acusado de comunista, Chaplin envía un telegrama a Pablo Picasso en París, llamándolo a promover una protesta de intelectuales frente a la embajada norteamericana contra el exilio de Eisler. La prensa Hearst lo acusa violentamente de intromisión en los asuntos internos de los Estados Unidos. “El senador republicano Harry P. Cain pide que Chaplin sea expulsado de los Estados Unidos por haber rozado la traición con su telegrama a Picasso. Y el diputado demócrata John Rankin exige la deportación por haberse negado a la nacionalización norteamericana y su escandalosa vida privada, que rebaja la moral de toda América, y la necesidad de mantener sus repugnantes películas lejos de los ojos de la juventud norteamericana” [Villegas 132].

Chaplin estuvo casado, de 1933 a 1941, con Paulette Goddard, su actriz de Tiempos Modernos y El Gran Dictador. En 1943 se casó con Oona O’Neill, hija del célebre dramaturgo Eugene O’Neill. En 1952 ya tiene seis hijos con ella y nueve años de felicidad conyugal, que le duraría hasta el fin de su vida.

Macartismo

En 1950 se inician las actividades de Joseph McCarthy quien desde el Comité de Actividades Antiamericanas desarrolló en el gobierno y en diferentes esferas de la vida nacional una cacería, profundamente antidemocrática, contra los que calificaba como simpatizantes del comunismo. McCarthy, “pese a todos sus ataques y pesquisas, nunca descubrió un solo comunista en el gobierno”, pero arruinó la vida de miles de personas [Tindall, 341]. Sus métodos fascistas fueron acogidos por amplios sectores dirigentes de Washington, creándose en todo el país un ambiente de intimidación.(6)

Al comenzar la década de los cincuenta, la situación es tremendamente hostil para Charles Chaplin. Es el momento de su película Candilejas, la historia de un clown en el ocaso de su vida. En 1952 pide permiso para regresar al país después de anunciar al Departamento de Inmigración su salida de vacaciones. Este departamento lo interroga tres horas. Pocos días antes de salir le conceden el permiso. El 18 de septiembre se embarca a las cinco de la mañana en el trasatlántico Queen Elizabeth, con su esposa y sus hijos. Inmediatamente el barco ha salido de las aguas jurisdiccionales de Estados Unidos, el ministro de Justicia del presidente Truman, James McGranery, le envía el telegrama que le “cierra la puerta de los Estados Unidos”. Y suceden los acontecimientos que narramos al iniciar este artículo: El ensañamiento contra Chaplin por parte del gobierno de Washington y su triunfal restablecimiento en Europa. La prensa inglesa critica con unanimidad la expulsión de Chaplin. Candilejas, vetada en EU, es un éxito en el viejo continente.

Un rey en Nueva York

Chaplin se establece en Suiza, en Corcier. Viaja expresamente a Ginebra para devolver al consulado norteamericano la documentación relacionada con su residencia en EU. En febrero de 1954, en las habitaciones del Hotel Savoy en Londres, cita una rueda de prensa donde expresa: “Estoy feliz y orgulloso de anunciarles que mi mujer ha renunciado a su ciudadanía americana para convertirse en ciudadana británica”. Oona enseña su pasaporte británico azul y rojo [Villegas, 139]. En esos años se reúne con personalidades del mundo, como Jean Paul Sartre, Chou En Lai, Jrushov, Graham Green, Picasso, Nerhu. En 1955 recibe el Premio Mundial de la Paz de manos del colombiano Jorge Zalamea. En enero de 1957 estrena su película Un rey en Nueva York, una directa crítica al macartismo. Este film es vetado en los Estados Unidos y obtiene inmensos reconocimientos en Europa y el mundo. Fracasa un intento de Hollywood de impedir la distribución de la película en Inglaterra y otros países. El director de cine Roberto Rosellini le expresa que es la mejor película de su carrera.

Chaplin se dedica a escribir su autobiografía que publica en 1964. Presenta su última película, Una Condesa en Hong Kong, en enero de 1967, en Londres. En 1962 recibe el Honoris Causa de la Universidad de Oxford, y en 1965 el premio Erasmo, en Holanda, junto con Igmar Bergman. En 1972 recibe el Óscar en Los Angeles. El título de Sir lo recibe de la reina de Inglaterra en 1975. Llega en silla de ruedas a la ceremonia. Al amanecer del 25 de diciembre de 1977, muere mientras duerme en su casa en Suiza.

Rebeldía por la dignidad humana

Luego de atisbar en la vida de Charles Chaplin, podemos entender el ensañamiento del gobierno y la clase dirigente de Estados Unidos con el creador de Charlot. Nunca se sumó a la exaltación del modo de vida norteamericano. Por el contrario, sus películas fueron sutiles o abiertas sátiras de la organización social estadounidense. Chaplin no creía en el “paraíso americano” y nunca se sometió a los requerimientos de la sociedad y la prensa. Era amigo de la auténtica libertad de los seres humanos, y fue perseguido por el fanatismo de una sociedad que, cuando alguien se destaca por fuera del consenso dominante, lo hostiga para anularlo. No es el único caso, abundan.

Dos aspectos fundamentales dieron rumbo a su vida. “Su actitud desafiante y rebelde ante una sociedad que nunca acabó de comprender, que jamás le pareció justa. Su vida es la historia de una lucha continuada por la dignidad y la libertad” [Matjin, 8], y su fidelidad a sus orígenes. Usted “es fiel a los recuerdos de su infancia. No ha olvidado nada de su tristeza, de sus privaciones; ha querido ahorrar a otros el daño que padeció, o al menos ha querido dar a todos una razón para tener esperanza. Nunca ha traicionado usted su triste juventud y la fama no ha podido nunca apartarle del pasado, pues, ¡ay!, estas cosas pueden ocurrir. Esta fidelidad a sus primeros recuerdos es quizá su mayor mérito y el más importante de sus valores, y también la verdadera razón por la que las multitudes le adoran”.

A medida que nos alejamos del siglo XX y recordamos su historia, hay figuras que se desvanecen; y otras que se levantan invictas en el horizonte. El inglés que hizo emocionar, reír y llorar al mundo, y no se sometió al imperio norteamericano, seguirá creciendo en la memoria de la humanidad.

“En las salas oscuras del cine la gente podía reírse de sus propias frustraciones, podía por primera vez identificarse con las peripecias de ese pequeño vagamundo, vapuleado por la vida pero también lleno de dignidad, que sabía defender sus razones primeras, su supervivencia y su orgullo. Su propia individualidad”. Manuel Matji

“Papá cree que en su Pequeño Vagabundo es un símbolo de todos los pobres diablos del mundo, que siempre tratan de mejorar su suerte pero que por un motivo u otro nunca lo logra, y que acaban dejando el escenario de la vida tal como aparecieron en él, tristes y solos”. “En realidad era el otro yo de mi padre, el niño que nunca llegó a crecer: andrajoso, aterido y hambriento, pero que al mismo tiempo se reía insolentemente de todo”. Charles Chaplin Junior

“Charlot resume en su alma lo más bello y fragante del espíritu humano: el ensueño, la soledad, la ingenuidad, la sencillez, la ternura, la generosidad inútil, la bondad sin objeto, la libertad interior, el desprendimiento por todas las cosas” ... “El mundo, en lugar de servirle, se le opone, es la antítesis. Y de esa disconformidad está hecha su vida que le va dando sus demás cualidades: su debilidad, su timidez, su ingenio, su tristeza”. Manuel Villegas López.

 

La Cacería de brujas en Hollywood


“El cataclismo comenzó el 18 de octubre de 1947... Cuando J. Parnell Thomas director de The House Un-American Activities Commitee, inicia la investigación inquisitorial sobre las ideas y creencias políticas de la gente del cine. Dos semanas más tarde, de las 39 personas investigadas, diez (ocho escritores, un productor y un director) se han negado a declarar si alguna vez fueron o son comunistas. Al mismo tiempo ...invocan la primera enmienda de la Constitución para negarle a la HUAC el derecho a investigar la ideología y filiación política de los ciudadanos. Pero a causa de las infinitas argucias de la ley, los diez rebeldes son condenados por desacato al Congreso a cumplir un año de condena en una prisión estatal... Aquella condena suponía, además del despido y el desempleo, a menos que se retractasen y demostrasen estar dispuestos a colaborar en aquella purga política, denunciando nombres a la comisión. En aquel clima de pánico e histeria que se exacerbó durante la guerra de Corea (1950-1953), “se llegó a 'entenderse... por comunistas aquella películas que critiquen a las personas ricas o a los miembros del Congreso o que muestren a un soldado desmovilizado desengañado de su experiencia bélica’” [Gubern, 102].

“Al cerrar sus sesiones en 1951 el Comité de Actividades Antiestaudinenses pudo establecer una lista negra que incluía 324 nombres, a los que los productores, reunidos en cónclave secreto en el Waldorf Astoria, se comprometieron a no dar trabajo en tanto no fueran depurados por una Clearing Office establecida para tal efecto [Gubern, 62]. Así la cacería de brujas iba a trasformar a la nueva generación en una ‘generación perdida’... Algunos fueron desterrados a Europa (Dassin, Losey) otros fingieron un repliegue táctico (Huston Rosen, Zinermann). Los últimos (Dmytryk, Kazan) volvieron a una situación de primera fila “llamando a los cazadores de brujas sus mejores amigos” [Sadoul, Historia del cine, 327].

Tomado del libro Cine durante la guerra fría. Miguel Barbachano, Editorial Trillas 1ª Edición sep 1927, [p. 219-222].

Referencias

Alsina, Thevenet, Homero. Chaplin. Editorial Bruguera S.A., Barcelona España, Primera Edición, 1977.

Álvarez, Luis Alberto. “Los 50 años de El gran dictador”. Revista Credencial Historia, No. 3, marzo de 1990.

Belafonte, Harry, en: "Así de simple". Encuentros sobre Cine. Editorial Voluntad, Bogotá 1995.

Chaplin, Charles Jr. con la colaboración de NYM Rau. Charles Chaplin, mi padre. Editorial Seix Barral, S.A., Barcelona, 1963.

Chaplin Charles. Mi autobiografía. Editorial Debate, Madrid, Segunda edición, marzo de 1993.

Degler Carl. M. y otros. Historia de los Estados Unidos. Noriega Editores, México.

Eisenstein S.M. y otros. El arte de Charles Chaplin. Losange, Buenos Aires, 1956.

Leprohon, Pierre. Charles Chaplin. Editorial Rialp SA., Madrid 1961.

Matjin, Manuel. Charles Chaplin. Editora 5  SA., Bogotá.

Royere, Richard H. McCarthy y el macartismo. Editorial Palestina. Buenos Aires.1959.

Tindall, George y David E. Shi. La historia de los Estados Unidos. T.M. Editores.

Sadoul, Georges. Vida de Chaplin. Fondo de Cultura Económica, México, segunda reedición en español, 1967, Tercera reimpresión.

Seltzer, Gregorio. El caso Sacco y Vanzzeti.

Villegas López, Manuel. Charles Chaplin, el genio del cine. Ediciones J.C., Colección Directores de Cine. No. 37, 38, Madrid.

 

 

 

           Notas

 

 Charles Chaplin Jr. con la colaboración de NYM Rau, Charles Chaplin, mi padre. Editorial Seix Barral, S.A., Barcelona, 1963. p. 291.

 Charles Chaplin, Mi autobiografía. Editorial Debate. Madrid, Segunda edición, marzo de 1993, p. 512. De aquí en adelante, las citas entre comillas sin referencia corresponden a apartados de este libro.

3  Removedores de estiércol son los que atacan a los “barones salteadores”, a sus trusts y a sus grandes negocios: Sinclair Lewis, en La Jungla, denuncia, en 1906, a los grandes frigoríficos, “los envenenadores de Chicago”; Gustavus Meyer pone en claro la Historia de las grandes fortunas, en 1910; Ilda M. Tarbell expone los negocios de Rockefeller en su Historia de la Standard Oil, en 1912, etc. [Villegas, 60].

4  Dorothy Parker, poetisa norteamericana, escribió sobre esta persecución en la revista Directions, en abril de 1940: “Sr. Dies, el pueblo quiere democracia –una democracia verdadera– y espera que Hollywood le de democracia porque los periódicos ya no se la dan. Y por eso está usted aquí, Sr. Dies –porque es necesario controlar este medio si se quiere traer el fascismo a este país”.

 Chaplin recibió críticas abiertas y veladas por El Gran Dictador: "Había sido citado para entrevistarme con el presidente Roosevelt, a cuya petición habíamos enviado la película a la Casa Blanca. Cuando me hicieron pasar a su despacho privado me saludó diciendo: ‘Siéntese Charlie: su película nos está causando muchos quebraderos de cabeza en Argentina’".

La época del macartismo se concreta en medio de la guerra de Corea, conflicto que entre 1950 y 1953 agudizó la Guerra Fría que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial libraban la Unión Soviética, entonces socialista, y Estados Unidos al frente del mundo capitalista. Los efectos del macartismo fueron letales contra la libertad de prensa y de pensamiento político. Vitales sectores del movimiento laboral norteamericano fueron destruidos. Miles de funcionarios del gobierno, de profesores, abogados, médicos, perdieron sus trabajos por no testificar ante el comité. El desarrollo de la novela de crítica social fue truncado.

            En 1950 el crítico teatral del New York Times, Brooks Atkinson afirmó que el macartismo, en una temporada teatral en Broadway, había inducido al silencio o a la trivialidad a todos los buenos dramaturgos. En mayo de 1952, en el Herald Tribune, de Nueva York, se leyó en una noticia:

            “Un vasto silencio ha descendido hoy sobre los hombres y mujeres jóvenes de las universidades de nuestro país”.

            “El macartismo torna peligrosa una discusión seria o una disensión acerca de eventos capitales” [Rovere, 86].

 

 

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