Nueva Gaceta  

Regresar al inicio


 

Bogotà, novienbre 2003 - febrero 2004 -Nº 7 ISSN 01246704


 

los puntos

DOSSIER

sobre las Ìes

§ Las empresas del Estado. ¿Carga para el fisco?      

§ El déficit fiscal: un barril sin fondo

§ Ecopetrol. La enajenación de la riqueza petrolera

§ La mutilación del ISS

§ Auge y caída de una gran empresa

   Heberto López, Gloria Helena Quiceno
    y Fernando Gil. Documento publicado

    en Le Monde Diplomatique y cedido

    por los autores a Nueva Gaceta

 

 

Los puntos sobre las íes.

Análisis  de un despojo

Pascual Amézquita Zárate
Arturo Cancino Cadena

En los últimos meses, el país ha asistido a la discusión en torno al problema del déficit fiscal y las arteras medidas del gobierno para reducirlo, entre las que se cuentan la liquidación de Telecom, la división del ISS, el descuartizamiento de Ecopetrol, los puntos económicos del referendo y la amenaza de una nueva reforma tributaria, amén del uso de decretos para alcanzar las metas fijadas por el FMI.

El presente dossier se dedica a develar los asuntos expuestos, gracias a un informe de avance de la investigación que realizan los autores sobre el tema de las finanzas públicas colombianas, con el auspicio del Centro de Estudios Nueva Gaceta.

En el primer artículo se analiza el papel del capitalismo de Estado en Colombia y la contramarcha neoliberal, cuyo fin último es entregar al capital privado las altas rentas que antes eran del Estado.

A continuación un aparte del mismo estudio sobre el problema del déficit fiscal, para demostrar que la situación se agravará con el manejo dado a las tres entidades. De este tema dejamos pendiente el capítulo en el que se discute si el déficit fiscal debe considerarse a ultranza un mal para las finanzas públicas.

En las páginas siguientes se analiza la situación de las tres entidades para confirmar la forma como en estos casos específicos, el gobierno ferió el patrimonio nacional arduamente construido durante dos generaciones.

 

los puntos

LAS EMPRESAS DEL ESTADO

sobre las Ìes

 ¿Carga para el fisco?

Cuando se inició la apertura neoliberal en Colombia con Gaviria, una de sus principales metas era acabar con el patrimonio público, entregándolo al sector privado para que éste recogiera las grandes rentas que hasta entonces pertenecían al Estado.

Dentro de las varias joyas codiciadas están tres instituciones, Ecopetrol, Telecom y el ISS, que finalmente el gobierno de Uribe Vélez logró conducir al despeñadero de la privatización, luego de diez años de resistencia de la nación contra quienes actuaron a lo largo de la década como agentes del capital privado.

En cada una de esas entidades se intentó impedir el desenlace neoliberal; el hito fue la titánica lucha de los trabajadores de Telecom en 1992(1). Debe subrayarse que, cuando se inició este proceso en América Latina, fue en Colombia donde más resistencia hubo, pero ahora, en medio de lo que ha dado en llamarse las «reformas de segunda generación» –algo así como terminar las tareas impuestas por el FMI desde la época del Consenso de Washington– la clase obrera colombiana fue puesta contra las cuerdas.

Son varias las razones que explican la embestida uribista en el cumplimiento de la tarea. Aunque su análisis escapa a los propósitos de este dossier, conviene al menos enumerar las condiciones: Ante todo el fuerte apoyo dado por Estados Unidos a Uribe, como se deduce de las continuas visitas de los máximos jerarcas estadounidenses al país y la aprobación por la Casa Blanca de medidas para fortalecer a Uribe. A ello se le suma la fidelidad de este presidente a las políticas de Washington tales como el respaldo a la invasión a Irak, la aceptación de todas las condiciones en las negociaciones del ALCA o el retiro de Colombia del G-21 luego de Cancún. Colateralmente ayudó el respaldo dado por la agobiada población –víctima de una escalada de terror sin precedentes– a la política de «mano dura» que el gobierno transformó en cheque en blanco para todas sus ejecutorias. Finalmente, los medios de comunicación se convirtieron en difusores de cuanta mentira se quiso decir sobre la situación de las entidades para justificar el desenlace, mientras ocultan al agravamiento de la situación del país en los meses de gobierno de Uribe.

La privatización o el marchitamiento de las empresas del Estado fue argumentada con tres razones básicas: Su supuesta ineficiencia, cuando no la bancarrota; el alto costo que representarían para las finanzas públicas hoy encaminadas a la búsqueda del equilibrio presupuestal; por último la culpabilidad que habrían tenido los trabajadores por cuenta de sus conquistas laborales materializadas en las convenciones colectivas. En las páginas siguientes se presentará un análisis, entidad por entidad, desvirtuando estos cargos, pero conviene dar una mirada panorámica al problema.

El origen de las empresas del Estado

Ante todo, la discusión planteada por el gobierno evita referirse a dos puntos importantes: La función de esas entidades y el papel del Estado en los problemas actuales de las mismas.

Bajo el modelo cepalino fue común y necesaria la existencia de entidades y empresas públicas, las cuales cumplían diversas funciones. Ante todo, crearon las condiciones materiales de desarrollo para que la empresa privada pudiera surgir, pues el Estado garantizó telecomunicaciones, aerolíneas, ferrocarriles, refinerías, etc. De otra parte se buscaba asegurarle recursos al Estado para que subsidiara a productores y consumidores. Es decir, las empresas públicas se convirtieron en importante fuente de recursos estatales que luego eran utilizados para aumentar el ingreso de la sociedad.

No menos importante es el papel social de esas entidades. Desde la época de Bismarck en Alemania, por allá en 1880, fue evidente para la burguesía que una de las condiciones para garantizar su estabilidad en el poder, era dar a los obreros un entorno mínimo de vida, traducido en salud, educación, pensiones y otras garantías similares a cargo del Estado. Con ello se atajaría el avance del movimiento socialista alemán.

En Colombia, la seguridad social nació en medio de las luchas de los obreros y del reformismo de varios gobiernos del siglo XX, a través de la Ley 6 de 1945. De esta manera muchos colombianos pudieron acceder a un sistema en el que el modelo económico le otorgaba control al Estado y no al sector privado.

En el caso de Ecopetrol debe agregarse otro aspecto. Dada la altísima renta que produce el petróleo, los gobernantes colombianos siempre cayeron ante los halagos del capital norteamericano a la hora de su explotación, y entregaron grandes campos en concesión. Así, como se sabe, el pago de la indemnización por Panamá se ató a la entrega de concesiones como la Barco. Pero la valerosa lucha liderada por la Unión Sindical Obrera (USO), a mediados del siglo pasado, obligó al Estado a crear, a regañadientes, la empresa nacional que se encargara del asunto.

Constituidas así las empresas –y otras cuantas ya privatizadas o en vías de serlo, como las del sector eléctrico–, sirvieron para los fines señalados hasta finales de la década del 80 cuando el neoliberalismo se instaló en las altas esferas gubernamentales de Colombia y del mundo, y dio paso a la política de privatizaciones. Fue la negación del papel progresista del capitalismo de estado y de toda la teoría keynesiana que durante más de cincuenta años había regido los destinos del capitalismo en el mundo.

Pero la tendencia privatizadora no es exclusivamente local, tiene un origen común e iguales promotores en el continente.

Un modelo común para América Latina

Las privatizaciones son parte del «Consenso de Washington» (1989), a través de la cual se ha producido la absorción por el capital extranjero de los negocios estatales que presentan una combinación de ventajas, como alta rentabilidad asegurada, ubicación en sectores de bienes y servicios no-transables o de escasa exposición a la competencia internacional, economías de escala y, en muchos casos, mercados cautivos por tratarse de monopolios naturales.

Como resultado de la presión de Estados Unidos y las imposiciones del FMI, se presentó un auge de privatizaciones desde principios de los años 90 en América Latina. A lo largo de esa década se vendieron a menosprecio 4.000 activos públicos y la inversión extranjera directa en la región se decuplicó, para luego decaer rápidamente cuando se hubo vendido todo. Es decir, la inversión estuvo casi exclusivamente asociada a la compra de las empresas privatizadas.

En Colombia, la resistencia de los trabajadores obligó al Estado –en particular en las empresas públicas con importante fuerza sindical– a cambiar la ofensiva frontal por una estrategia en dos fases, primero debilitar las empresas y luego sí privatizarlas o liquidarlas. Algunos de los mecanismos utilizados para marchitar las empresas estatales fueron:

•          Eliminación de la exclusividad e introducción de la competencia privada

•         Condiciones preferenciales a los inversionistas privados; por ejemplo, el régimen más favorable para los Fondos Privados de Pensiones y, posteriormente, la prohibición al ISS durante cuatro años de recibir nuevos afiliados en salud.

•          Obligar a las empresas estatales a compartir infraestructura con la competencia privada, a fin de evitarle cuantiosas inversiones a esta última. Casos de Telecom con la larga distancia y Ecopetrol con los poliductos y oleoductos.

•          Desventajosos contratos de asociación con multinacionales, como los ruinosos «joint venture» de Telecom, suscritos por la empresa y con aval del gobierno.

•          Exclusión de las empresas del Estado de nuevos negocios y oportunidades de crecimiento y diversificación. Es el caso de la exclusión de Telecom en la telefonía celular, o de EPM en la frustrada venta de ISA, con el rebuscado argumento de evitar la «posición dominante» de las empresas estatales.

•          Desangre acelerado de sus ingresos por parte del Gobierno e inversiones forzosas en activos improductivos –por ejemplo la compra del BCH por el ISS durante el gobierno de Gaviria– y papeles de deuda pública.

•          Obligar a las empresas estatales a seguir cumpliendo, sin contraprestación económica, funciones sociales y atendiendo sectores no rentables, pero al mismo tiempo, exigirles competir en rentabilidad con las empresas privadas. Es lo que sucedió con el programa de telefonía rural de Telecom, o la atención de las enfermedades de alto costo por el ISS.

El resultado de esta estrategia perversa no podía ser otro que la pérdida de mercado, disminución de la facturación bruta y caída de las utilidades. Esto conduce a las empresas del Estado, tarde o temprano, a una operación por debajo del punto de equilibrio. Y sirve de justificación para el siguiente paso, su liquidación o venta, con el pretexto de su «improductividad» o costo excesivo de los pagos laborales.

En los casos de Telecom y el ISS, este proceso se cumplió en los últimos diez años y ha terminado con la liquidación de la primera y una especie de descuartizamiento del segundo que asegura su futura disolución.

¿Son una carga para el fisco?

Quizá sea este el asunto más candente. Ha de tenerse en cuenta, ante todo, que hasta la fecha ninguna de las tres entidades analizadas ha sido carga para el Estado, sino que, por el contrario, han servido para su financiación. El caso del ISS es el más significativo pues el Estado, desde hace más de cuarenta años, se comprometió a dar un aporte que nunca cumplió y cuyo monto se estima en 62 billones de pesos– y, por el contrario sus cuantiosos excedentes –valorados al día de hoy en unos seis billones de pesos– se usan para financiar al mismo Estado.

La tabla 1 muestra que buena parte de la deuda del Estado es con empresas estatales, y que el ISS es la entidad que ha comprado más papeles de deuda pública. Así, no menos del 45% de los bonos internos emitidos han sido comprados –generalmente en «operaciones forzosas»– por las entidades públicas, y el ISS es de lejos el mayor comprador con el 18,8%, más de lo que tiene en su conjunto todo el sector privado no financiero.

Pero además, estas empresas históricamente le han hecho cuantiosos aportes al fisco nacional. De acuerdo con la ley orgánica del presupuesto, los excedentes de las empresas industriales y comerciales del Estado deben trasladarse al presupuesto nacional en porcentaje que determina el Conpes. La tabla 2 habla por sí sola.

Como se observa en el cuadro, mientras el sector central de la administración presenta sistemáticamente saldo en rojo, las empresas arrojan cuantiosas ganancias. Subrayemos además que pagan impuestos, distribuyen regalías y hacen otros aportes al presupuesto, recursos que no contabiliza el cuadro. La gráfica No. 1 muestra los resultados opuestos del sector descentralizado y el gobierno central.

No debe pasarse por alto que al entregar buena parte de sus excedentes, las empresas públicas ven limitada su capacidad para invertir. De hecho, el gobierno nacional utiliza este mecanismo como medio para agotar a las mismas empresas.

Otra forma de ver la importancia de esas entidades es comparando las fuentes de ingresos del Estado colombiano con las provenientes de las empresas públicas, como se muestra en la tabla 3. A esta información hay que agregarle que a lo largo de la década han ocurrido importantes privatizaciones –por ejemplo en el sector eléctrico–, que incidieron en la caída de los ingresos del sector descentralizado.

Sobre el balance general de las privatizaciones –que tampoco hace parte del presente dossier– bien podemos acoger para el caso colombiano, la siguiente comprobación hecha para Perú:

            La privatización de las empresas públicas se planteó, en el caso peruano, como uno de los elementos centrales de la reforma del Estado y fue concebida como una herramienta a través de la cual el Estado trasladaría al sector privado la iniciativa productiva y empresarial con el fin de fortalecerse y tornarse eficiente en aquellas áreas en las que había perdido presencia en las últimas décadas: educación, salud, justicia y seguridad. Sin embargo, la crisis profunda que padecen estas áreas constituye una muestra clara del incumplimiento de un aspecto fundamental de las promesas justificatorias de la privatización. La combinación Estado-mercado en la década de los noventa no ha podido tampoco reducir la pobreza ni disminuir las desigualdades, hecho que incide en un debilitamiento de la gobernabilidad democrática(2).

De manera que no solo es una total falsedad afirmar que las entidades descentralizadas son una carga para el fisco sino que por el contrario, los problemas reales en relación con el déficit fiscal están por venir con la pérdida de tan importantes rentas para el Estado, entregadas a cambio de nada a los particulares.

Notas

1 Como se recuerda, el gobierno de Gaviria tenía prácticamente vendida a Telecom cuando los trabajadores adelantaron, a escala nacional, una vigorosa resistencia que frustró la privatización de la empresa y logró preservar –durante una década– el patrimonio público representado por ésta en el estratégico sector de las comunicaciones.

2 Ruiz Caro, Ariela. El proceso de privatizaciones en el Perú durante el período 1991-2002.  Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social - Ilpes, Santiago de Chile, julio de 2002, pág. 10.

 

los puntos

Opiniones y nuevas cifras sobre el déficit fiscal para el 2004

sobre las Ìes

 

El déficit fiscal:

¿un barril sin fondo?

El DNP ha informado que además del déficit fiscal acordado para el 2004 con el FMI del 2.1% del PIB, habrá otro que el Ministerio de Hacienda estima cercano a $3 billones. El subdirector de Planeación Nacional, Alejandro Gaviria, dice que el desequilibrio fiscal no está resuelto, pese a las reformas aprobadas y aún contando con la aprobación del Referendo, ya que se requieren ingresos adicionales de 1% del PIB para cubrir el aumento en los gastos militares, es necesario cubrir el aumento del servicio de la deuda (no lo cuantifica, pero el incremento proyectado en sólo intereses es de $1.5 billones) y finalmente, hay que cubrir el aumento en las transferencias (no especifica en qué rubros).

En suma, faltan entre 2.7% y 3% del PIB para cumplir el ajuste fiscal (Portafolio. Bogotá, 14-07 de 2003).

El Contralor se declaró «perplejo» frente a estas noticias y varios periódicos como El Tiempo y Portafolio, en sus páginas editoriales criticaron la falta de seriedad oficial en esta materia que se consideraba resuelta con las reformas aprobadas el año pasado.

Sin embargo, es claro que la prioridad del gobierno es cumplir con las metas fiscales del FMI para garantizar la sostenibilidad de la deuda, como subraya el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla (Portafolio. Bogotá, 28-07 de 2003).

Luego de haber manifestado la intención de imponer nuevos gravámenes y tras la unánime reacción negativa provocada por el anuncio, el gobierno decidió dar reversa y minimizar el problema. Pero resulta evidente que se trata más de un aplazamiento motivado por consideraciones políticas de corto plazo (el apoyo al referendo), que de una rectificación de su política económica o una depuración de las cifras.

Elementos principales del déficit fiscal

Las principales causas que se reconocen como explicaciones del déficit fiscal y su eventual aumento en relación con las metas trazadas y anuncios previos, son la deuda pública, los gastos militares, la «bomba» pensional y el peso del sector descentralizado del Estado en las finanzas. A continuación se presenta un análisis de los tres primeros.

Deuda pública

Es innegable el creciente peso de los intereses y amortizaciones de la deuda en el rubro de gastos. De $25.5 billones en el 2003, se pasará a $27.8 billones en 2004. Peor aún, el endeudamiento obedece a la necesidad de asegurar el pago de la deuda ya adquirida. Según Carlos Rodado, en medio de esta bola de nieve se ha producido «un acortamiento de los plazos de amortización, un incremento de las tasas de interés y un crecimiento peligroso del saldo de la deuda» (Portafolio. Bogotá, 25-04 de 2003). En el 2004 los intereses valdrán $1.5 billones más que en el 2003 y $3.7 billones más que en el 2002.

El Contralor Antonio Hernández, advirtió que los intereses, que costarán $9.8 billones en el 2003, en el 2004 subirían a $11.5 billones y, comentando el ajuste fiscal promovido por el Gobierno en el Referendo, agregó: «si no enfrentamos el verdadero problema, que es el crecimiento acelerado de la deuda pública, dentro de 2 o 3 años podríamos estar con un déficit fiscal inmanejable» (Portafolio. Bogotá, 27-11 de 2002).

Señala Rodado Noriega que «para que el saldo de la deuda no crezca, se requiere que el gobierno nacional, sin incluir el pago de intereses, genere un superávit fiscal igual al monto de dichos intereses» y una condición para que este sea alcanzable es «que la tasa de interés que se paga a los prestamistas no sea muy alta, comparada con el crecimiento de la producción nacional». Pero observa que las tasas de interés de los bonos externos subieron desde un 7% en las primeras emisiones a más de un 11%, e incluso un préstamo reciente de emergencia del BID se obtuvo al 12%. Concluye por lo anterior que es inevitable la reestructuración de la deuda (Portafolio. Bogotá, 11-04 de 2003).

De hecho, la tendencia básica de las tasas en dólares se mantiene: El gobierno actual colocó en noviembre de 2002 un paquete de bonos por US$500 millones a más del 11% de interés, pagadero semestralmente. El servicio de la deuda pasó a absorber en su conjunto el 78% de los ingresos del país, como advierte Abdón Espinosa (El Tiempo. Bogotá, 1-10 de 2002).

Sobre esta alarma hay que afirmar que los datos ya eran conocidos desde antes por el mismo gobierno. En la página web del Banco de la República se encuentra el perfil de vencimiento de la deuda pública año por año hasta el 2033. En la tabla 1 se presenta parte de esa información y en la tabla 2 se la discrimina por los acreedores. Obsérvese que los mayores pagos han de hacerse en los próximos diez años.

Según la Contraloría, en un año la deuda del Gobierno Central se incrementó en $20.5 billones, al pasar de $86.7 billones en 2001 a $108.7 billones en 2002, de los cuales $11.4 billones fueron originados por la devaluación y $9.2 billones corresponden a mayor venta de TES, papeles de deuda pública interna (Portafolio. Bogotá, 26-03-2003).

En cuanto a la devaluación, el alza en la tasa de cambio tiene que ver con un aumento en la fuga de capital (US$314 billones a febrero de 2003, comparados con US$178 millones en el mismo período de 2002 y US$206 millones en 2001), lo cual generó una mayor demanda de dólares. Para Eduardo Sarmiento, lo grave es que el fenómeno está relacionado con el déficit estructural de la balanza de pagos y no resulta controlable en el marco del actual modelo económico (La República. Bogotá, 22-03-2003).

Por otra parte, los intereses totales de la deuda externa son onerosos por la composición de las fuentes: 51% bonos, 32% banca multilateral, 16% banca comercial, siendo más costosos los primeros. En conjunto, el servicio de la deuda externa pasó de US$4.200 millones en 1995 a US$8.400 millones en el 2002, según la Contraloría.

Respecto a los bonos, desde el año pasado, Abdón Espinosa indicó que «el 53.3% de su saldo deberá cancelarse entre el 2002 y el 2005... (y) de ahí se deduce el requerimiento de nuevos recursos en ese período por cerca de US$11.000 millones», lo cual implica flujos anuales de US$2.700 millones (El Tiempo. Bogotá, 1-10-2002). Esto explica que los flujos de crédito externo fueran negativos en el 2002 en US$2.800 millones (desembolsos de US$4.200 millones y amortizaciones por US$7.000 millones) y aunque el gobierno no ha recurrido a utilizar las reservas internacionales para pagar la deuda más costosa, como lo vienen recomendando diversas voces (por ejemplo, el editorial de Portafolio del 24-04-2003), en la nueva financiación del presupuesto se viene operando una lenta sustitución de deuda externa por interna. No obstante, para el 2003 los desembolsos con cargo al presupuesto por concepto del servicio de la deuda externa serán US$3.900 millones. En la tabla 3 se puede observar una proyección de las amortizaciones.

En lo relativo a la deuda interna, el valor de los TES pasó de $26.7 billones en el 2000 a $45.8 billones en el 2003 y hoy constituyen el 41% de la deuda pública (deuda total: $112 billones, $67 billones deuda externa y $45 billones deuda interna). Mientras los ingresos tributarios crecieron 11%, los TES lo hicieron al 29% anual. Según el Director de Crédito Público, Carlos A. Rodríguez, para el 2003 se proyectaron $12.4 billones en TES, $7.5 billones para amortizar deuda interna, lo cual da un crecimiento neto de $5 billones. De los $14 billones de amortizaciones de la deuda pública, $6.5 billones corresponde a la deuda externa y el resto a la interna (La República. Bogotá, 17-01-2003).

El renovado apetito de los inversionistas por los TES está asociado a las expectativas respecto al alza en las tasas de interés que maneja el Banco de la República. En efecto, observa Javier Fernández que un punto más sobre $50 billones en TES le representa al Estado el pago de $500.000 millones adicionales en intereses con cargo al fisco (El Espectador. Bogotá, 20-04-2003). Tanto Asobancaria como la ANDI se manifestaron contra tal alza del Banco de la República, medida inocua contra la inflación ya que se reconoce que el repunte de ésta no proviene de un aumento en la demanda agregada, pero el Emisor procedió a subir las tasas en 1% cumpliendo instrucciones del FMI (El Espectador. Bogotá, 20-04-2003). (Ver tabla 3).

Gastos militares

Otro factor señalado es el aumento del gasto militar. Según el Ministerio de Hacienda, se requieren $1.5 billones adicionales por año para las Fuerzas Militares entre el 2004 y el 2006, lo que significa un total de $10 billones por año en gasto militar (El Espectador. Bogotá, 6-07-2003). Para 2003, el gasto asciende a $9.4 billones. En este rubro el país ha pasado de un promedio del 2.4% del PIB en los años 90 al 3.7% hoy, y para el ex codirector del Banco de la República, Caballero Argáez, deberíamos alcanzar el 4.5% porque se generaría un mayor crecimiento y aumento en la productividad (¿!) (Vanguardia Liberal. Bogotá, 19-07-2003). Los recursos del impuesto de patrimonio con esta destinación ($2.4 billones) fueron temporales y se usaron, según el entonces ministro Roberto Junguito, en pagar gastos causados no financiados y sólo $800.000 millones en nuevos programas de fortalecimiento de las FF.AA. (El Espectador. Bogotá, 2-03-2003).

Sin embargo, de acuerdo con el Contralor, $1 billón de los bonos de paz del gobierno de Pastrana y $1.2 billones del impuesto de patrimonio del de Uribe habían sido invertidos en TES, es decir en el cubrimiento del déficit fiscal. Para la Contraloría, esto no sería problema si se tratara de una inversión transitoria, pero «si es permanente, estaríamos ante una desviación de recursos» (El Espectador, Bogotá, 16-03- 2003). La última cifra conocida es que hay $1.59 billones de estos recursos de destinación específica invertidos en Operaciones Repos y $19 mil 800 millones en TES. De acuerdo con el Contralor, de los $2.5 billones recaudados se han apropiado $2.1 billones, pero solo se han ejecutado $1.4 billones y desembolsado $600.000 millones (Portafolio. Bogotá, 29-07-2003)

La «bomba» pensional

Las pensiones son un tercer factor al que se le atribuye el problema. Para el ministro Alberto Carrasquilla, «las cotizaciones valen $3 billones mientras que las mesadas de todo el sistema pensional están por encima de los $12 billones. Por lo tanto, existe un hueco de $9 billones» (El Espectador. Bogotá, 13-07-2003). Al respecto, en concepto de Eduardo Sarmiento «el déficit se creó en el momento en que se privatizó la seguridad social y tiene como contraparte un superávit de los Fondos Privados de Pensiones que no aparece en las cuentas públicas... el faltante del ISS significa un aumento en el déficit consolidado de la nación... cubierto con títulos provenientes de la captación de los excedentes de los Fondos Privados de Pensiones» (El Espectador. Bogotá, 13-07-2003).

Precisa el analista Gustavo A. García que el gobierno reconoció a las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), entre 1994 y 2001, bonos por valor de $7 billones, que sumados al rendimiento que se ofrece (DTF más 2 o 3%), totalizan hoy $11 billones. Todo el valor reconocido por el gobierno a los fondos ha ido a engrosar la deuda pública y, según Planeación, en los próximos 10 años deben reconocerse $35 billones. Sumando el capital, los rendimientos y la deuda causada, llegamos a $59 billones de deuda en el 2010, que originaría a las actuales tasas de interés un déficit fiscal de $8 billones, equivalente al 4% del PIB del 2002 (Portafolio. Bogotá, 16-12-2002).

En constraste, las arcas de los Fondos de Pensiones y Cesantías había en junio del 2003 $24.2 billones (Portafolio. Bogotá, 1-08-2003). La colocación de los recursos de las AFP en diciembre de 2001 era, 48.7% invertidos en papeles de deuda, 33.6% en el sector financiero y sólo 18.7% en el sector real, proporción que en términos generales, se mantiene. Mientras tanto, el hueco pensional vale casi $10 billones al año y las mesadas están subsidiadas por el gobierno entre un 42% y un 72% (El Espectador. Bogotá, 20-07-2003). La reforma pensional es consecuencia de las dificultades financieras que ha sufrido el sistema de pensiones a partir de la Ley 100 de 1993. En cuanto al ISS, los fondos privados le quitaron parte importante de las cuotas para pensión pagadas por los trabajadores en actividad, a lo cual contribuyó decisivamente la suspensión de afiliaciones que se le impuso durante cuatro años. A esto se suma que según el presidente del ISS, Héctor J. Cadena, la Nación le adeuda al Instituto la descomunal suma de $55.6 billones (Portafolio. Bogotá, 5-12-2002).

Dice la ex ministra Cecilia López que «en 1992 la Contraloría General de la República publicó un libro titulado La reforma a la seguridad colombiana, ¿una aventura económica? Allí se pronosticó el alto costo fiscal de los bonos pensionales, de los subsidios para alcanzar pensiones mínimas y su incapacidad para aumentar cobertura». Pero este análisis no se tuvo en cuenta, ya que «la verdadera razón de la reforma... era fortalecer el mercado de capitales, para no mencionar los beneficios que recibirían los dueños de los nuevos fondos de capitalización individual que podían llegar a manejar un monto equivalente al 45% del PIB» (Portafolio. Bogotá, 7-07-2003). Otros comparten este punto de vista. En opinión de Eduardo Sarmiento, «la Ley 100 provocó la quiebra del ISS que tarde o temprano tendría que recaer en el presupuesto» (El Espectador. Bogotá, 13-07-2003). Según el gobierno, el pasivo pensional del ISS en el 2003 alcanzó los $4.8 billones, mientras la convención valía $43.000 millones anuales y las pensiones como patrono exigen desembolsos de $331.000 al año. Pero no hay acuerdo en las cifras. Para el 2004, mientras el gobierno calcula un déficit de $1.5 billones en las mesadas de pensiones, el ISS asegura que no llega a los $500.000 millones, ya que no se están restando más de $900.000 millones de menores pagos por cruces con los AFP relacionadas con la duplicidad en las cotizaciones ni $100.000 millones por rendimientos marginales de las reservas. Además, el presidente del ISS afirma que las reservas del ISS no están agotadas, como se ha querido hacer creer (Portafolio. Bogotá, 9-06-2003).

Trayectoria del déficit fiscal,
el crecimiento económico y la deuda

En 1999, durante el gobierno de Pastrana, el país se sometió a la tutela del FMI a través de un programa de ajuste que estipulaba metas en distintos campos. En casi todos ellos, los resultados han sido opuestos a las metas. Ejemplos: en la deuda se proyectaba pasar de un 41.3% del PIB en el año 99 al 44.3% en el 2002, mientras en realidad se pasó del 42.2% al 55%. El déficit fiscal se suponía bajaría del 5.9% del PIB en el 99 al 1.3% en el 2002, pero pasó del 5.5% al 3.6% El crecimiento del PIB se planeaba que pasaría del –3.5% en el 99 al 4.8% en el 2002 y en realidad pasó del –4.2% al insignificante 1.6%. El país, en lugar de crecer 11.6% entre el 2000 y el 2002, creció sólo el 5.7%, aproximadamente la mitad de lo esperado.

Lo anterior bastaría para calificar cualquier programa de un absoluto fracaso y descartar a sus autores. Sin embargo, el gobierno actual ha comprometido al país con otro programa similar con el FMI.

En cuanto a la Reforma tributaria, hay varios antecedentes de su inoperancia para producir un aumento sostenido de los ingresos del Estado. En el 2000, tras la Reforma Tributaria del 1998, el Confis reconoció que, «frente a la proyección al iniciar el año anterior (99), el gobierno obtuvo menores recaudos por $3.4 billones (2.3% del PIB)», declaración que volvió a repetirse a comienzos del 2002 luego de la reforma del 2000. Más tarde el autor de esta Reforma, el ex ministro Santos al intervenir en un foro económico en Brasil, calificó los programas del FMI como «trampa diabólica» y reconoció: «aplicamos al pie de la letra lo que recibimos, hicimos todo y al final de cuentas no estamos mucho mejor que cuando empezamos» (Portafolio. Bogotá, 3-12- 2002).

El Contralor, Antonio Hernández, observa que «ni las reformas tributarias han logrado detener la ampliación del déficit». La explicación de Eduardo Sarmiento es que «el efecto de los nuevos tributos sobre los recaudos es compensado por la caída de la actividad económica o por el aumento de la inversión pública para evitarla». Al mismo tiempo que advierte que, el aparente crecimiento de 3.8% en el primer trimestre del 2003 «está sobreestimado por factores metodológicos y estacionales y de ninguna manera es sostenible» (El Espectador. Bogotá,13-07-2003).

Lo sorprendente es que, contrario a la política dictada para Colombia, el FMI está recomendando a Europa que flexibilice el rígido pacto de estabilidad fiscal que impide a los países tener un déficit superior al 3% del PIB. Al respecto, comenta The Economist: «en tiempos tan frágiles... sería una política muy equivocada mantener ciegamente objetivos fiscales rígidos si ello implica aumentar impuestos o recortar gasto público».

En Colombia, mientras la economía permanece estancada y el ingreso de la población retrocede, el servicio de la deuda crece a tasas del 14%. Según Eduardo Sarmiento, «el déficit del gobierno central se explica principalmente por los elevados intereses de la deuda... y por el debilitamiento de los ingresos tributarios ocasionados por el estancamiento de la economía» (El Espectador. Bogotá, 13-07-2003).

 

los puntos

El decreto 1760 de reforma de Ecopetrol

sobre las Íes

La enajenación
de la riqueza petrolera

 A pocos días de haberse expedido el decreto 1760 que escinde a la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, en 3 entidades, el ministro de Minas y Energía, Luis E. Mejía, refiriéndose a los contratos de asociación petrolera, declaró: «Habrá una configuración de nuevos contratos» (Portafolio. Bogotá, julio 25 de 2003). De este modo puso al descubierto uno de los motivos principales de la creación de la Agencia Nacional de Hidrocarburos –ANH– , que asumirá las más importantes funciones desempeñadas por la petrolera estatal en cuanto a política sectorial. Entre ellas, la asignación de los recursos que posee Colombia en hidrocarburos.

Una consecuencia inmediata es que el país renuncia a tener una empresa estatal que ejerza la posesión de los hidrocarburos nacionales y constituya una presencia determinante del Estado colombiano en el escenario de explotación petrolera. Se relega la ahora llamada Ecopetrol S.A. a la condición de una petrolera más de tamaño menor, sin ninguna ventaja en comparación con las empresas extranjeras que tienen presencia local y con todas las restricciones que conlleva su dependencia del gobierno, en especial su falta de autonomía administrativa y financiera.

A cambio de ello, la cartera de Minas tendrá una oficina adscrita (la ANH), dedicada a la administración de los «nuevos contratos» a los que alude el ministro Mejía. Bajo su control estará además el conocimiento geológico y de sismología acumulado por Ecopetrol en más de 50 años a través del Instituto Colombiano del Petróleo, ICP. Una vez marginada la empresa estatal de las determinaciones estratégicas, no es difícil anticipar que en adelante a ésta información accederán con mínimo esfuerzo las multinacionales.

El ambiente para la reforma empezó a prepararse desde el 2001 en medio del debate sobre la disminución de la producción y las reservas del país (Tabla 1). Puesto que la geología nacional está en una alta proporción por explorar, la causa evidente de este fenómeno es la disminución en el ritmo de exploración. Las proyecciones sobre la pérdida de la autosuficiencia petrolera hacia el 2005 o el 2008, atizaron la discusión sobre las causas de la aparente falta de interés de los asociados de Ecopetrol. A los estímulos como la reforma en los contratos de asociación, que disminuyeron la participación de la empresa estatal a un 30%, se sumó la reforma del régimen de regalías a las regiones, para bajar sus beneficios.

Dentro de la concepción del Estado como simple creador de condiciones para la actividad de inversionistas privados, el gobierno descartó de entrada la posibilidad que Ecopetrol, empresa que le transfiere más de $5 billones al año, destinará una parte de sus ganancias para liderar la inversión en exploración, solución lógica para un problema de interés nacional. En su lugar, en reuniones con las multinacionales se elaboró una detallada lista de obstáculos al aumento de la inversión extranjera, una especie de «pliego de peticiones» de las transnacionales petroleras. En esta consulta, además de dificultades como las relacionadas con los permisos ambientales y el orden público, no podía faltar el cuestionamiento de las funciones de Ecopetrol e, implícitamente, de su existencia. No sorprende, por tanto, que en el Plan de Desarrollo elaborado posteriormente por el gobierno haya escasamente una mención marginal de la empresa en el articulado referente a políticas de hidrocarburos y sí figuren como verdaderos protagonistas los inversionistas privados.

En realidad, no es un secreto que hoy la presencia estatal en cualquier rama de la economía es considerada por el capital extranjero y sus apologistas neoliberales como inconveniente. Y las prerrogativas que le otorga a una empresa del Estado representar los intereses del país se catalogan como «competencia desleal» y «posición dominante» o monopólica, que viola la sacrosanta lógica del mercado. El predominio político logrado por esta concepción alimenta la tendencia al desmantelamiento de las empresas del Estado, con variados argumentos que usualmente llevan al lugar común –sin evidencia concluyente alguna– de la ineficiencia per se de la administración pública comparada con la gestión privada1.

A escala continental, los principios de la política privatizadora tienen expresión en el Consenso de Washington y desde la decada pasada han sido utilizados como soporte del traslado de numerosas empresas estrategicas del sector publico al sector privado, fundamentalmente al capital extranjero.

Tras la presa mayor

Al igual que Telecom y el ISS, Ecopetrol sufrió también varios golpes en desarrollo de esta política. En 1995, el entonces senador Jorge Santos Núñez, advertía que, «toda la política planteada, como la entrega de los oleoductos al capital privado, la venta de varios yacimientos y la falta de inversión para la perforación exploratoria, está dirigida a privatizar Ecopetrol»2. En efecto, fueron muchas las medidas que siguieron contra la empresa estatal, entre las cuales se pueden citar las siguientes:

•          Exclusión del negocio de la distribución de combustibles y fabricación de lubricantes, con la venta de su participación en Terpel. La distribución mayorista en Colombia constituye hoy un oligopolio de las multinacionales Esso-Mobil, Texaco y Shell.

•          Privatización del gas natural, el 90% del cual quedó en manos de las multinacionales BP y Texaco.

•          Prórroga de los contratos que revierten a la nación, cuya explotación correspondería 100% a Ecopetrol. Por ejemplo, en el caso del gas de la Guajira –plataforma «Chuchupa» B, proyecto «Catalina»– con Chevron-Texaco. El yacimiento revertía en el 2004, pero el contrato fue prorrogado hasta el 2016 mediante uno nuevo de «producción incremental» que reduce la participación de Ecopetrol del 50% al 30%. Con esta decisión la nación pierde US$900 millones. La disculpa es que no hay US$40 millones adicionales para invertir, luego de haber invertido US$337 millones como asociado en la primera etapa3. El Consejo de Estado ha recomendado al gobierno no perfeccionar el contrato.

•          Desangre económico de la empresa por el gobierno central que le succiona casi 60% de sus ingresos. Al mismo tiempo, Ecopetrol ha sido sometido a una severa reducción del gasto en mantenimiento y cero actualización de las refinerías de B/bermeja y Cartagena. Con el invariable argumento de la falta de recursos, se suspendió el Plan Maestro de ampliación y modernización de esta última planta, que le permitiría al país ahorrar divisas (las mismas que se gastan en importaciones de gasolina en lugar de invertirse en el mejoramiento de las refinerías). Mientras tanto, el Estado tiene US$1.200 millones en el Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera –FAEP- en Nueva York invertidos a menos del 4% anual, es decir, prestados al Tesoro de EU a tasas de interés insignificantes si se la compara con el 11 o 12% que paga el país por los préstamos internacionales.

•          Suspensión de la exploración propia. En los últimos cinco años a Ecopetrol sólo se le ha permitido explorar dos pozos contra 200 presupuestados en el Plan Quinquenal 1998-2003.

•          Entrega de un alto porcentaje del negocio de los oleoductos a las multinacionales y exclusión de la empresa estatal en los gasoductos. Ecopetrol fue obligado a vender su participación en Promigás a la norteamericana Enron.

•          Parálisis de los estratégicos proyectos petroquímicos

•          Disminución de la participación en los contratos de asociación de 70% a sólo 30% en la actualidad, por cambios en la legislación a favor de las multinacionales.

•          Adopción de nueva estructura de precio de la gasolina orientada a subsidiar la importación del combustible o el montaje de refinerías privadas, negocio diseñado para favorecer a las transnacionales. Se trata en el fondo de un subsidio que no paga el gobierno sino la población. La estructura del precio incluye valor FOB, fletes, seguros, arancel e impuestos. Con este precio simulado de importación se anulan, en un eventual mercado «abierto», las ventajas comparativas de Ecopetrol consistentes en la posesión de crudos propios y la ubicación estratégica de las refinerías cerca de los centros de consumo. Al mismo tiempo, se aumentan las utilidades de los distribuidores al elevar el precio base de los combustibles. Se calcula que el aumento del 100% ocurrido en el precio final ha incrementado en un 70% el margen de contribución de ese negocio privado, cuyas utilidades pagamos todos los colombianos.

Un balance de la política petrolera aplicada por los últimos gobiernos muestra que no se ha conseguido otra cosa que el aumento de las ganancias de las multinacionales vinculadas a actividades distintas a la exploración, la parálisis de ésta última y la caída de las reservas probadas a menos de 1.700 millones de barriles. Pero, a pesar de los desaciertos de dicha política, hasta su desmembramiento por el decreto 1760, Ecopetrol se destaca como la mayor y más rentable empresa nacional (gráfico 1), con ingresos al año por $10 billones, transferencias al Estado por $5.5 billones, $24 billones en activos contra pasivos de $17 billones (todas las empresas privadas en Colombia suman $34 billones en activos), balanza comercial positiva de US$1.600 millones anuales y contribución del 35% a las exportaciones del país. Además, contra la versión propagada por el gobierno y la presidencia de la Empresa, los costos de nómina sólo abarcan entre 4.5 y 5% de los ingresos, las reservas en el Fondo de Pensiones ascienden a casi $4 billones, y el pasivo pensional tiene una proyección de cobertura del 70% para el 2007. A todo esto se agrega su positiva y paradójicamente estigmatizada contribución al empleo (en un país que compite por el record de desempleo), consistente en 7.000 trabajadores directos y 100.000 empleos indirectos4.

A partir de la reforma, con la división en 3 empresas (Ecopetrol S.A. Agencia Nacional de Hidrocarburos –ANH- y Sociedad Promotora de Energía Colombia SA), Ecopetrol entra en la ruta en que fue colocada Telecom luego de la apertura de la larga distancia y los contratos «joint venture». A la petrolera estatal se la priva de:

•          Toda participación en la definición de la política petrolera

•          El manejo de las reservas futuras de crudo y gas y la reversión de los contratos después de enero 1 del 2004. (¿Quién operará los pozos que revierten a la nación?)

•          El manejo de la contratación con las multinacionales y el de las regalías para las regiones.

•          La posesión y manejo de la información geológica acopiada por el ICP y la Litoteca, elementos claves para los análisis y cálculos estadísticos de exploración, que pasan a la ANH.

•          La participación actual y futura en negocios distintos a la exploración-explotación de crudo, refinación y transporte.

Como señala uno de los colombianos que más sabe de petróleo, el senador Hugo Serrano Gómez, el gobierno debilita a Ecopetrol «porque le quita unos muy importantes ingresos y la descapitaliza teniendo en cuenta todas las inversiones que la empresa ha hecho en los campos asociados: Guajira, Cravo Norte y Santiago de las Atalayas (Cusiana y Cupiagua). Estas inversiones representan para Ecopetrol S.A. una pérdida de US$315 millones», debido a que «los tres yacimientos revertirán a la Agencia Nacional de Hidrocarburos» entre el 2004 y el 2010. Pero en cambio no se contempla «qué va a pasar con los pasivos adquiridos por Ecopetrol para el desarrollo de los actuales campos de asociación» que revierten a la ANH ni con «los pasivos ambientales, que ascienden a muchos millones de dólares».

La pregunta entonces es, ¿los activos que se le dejan a la empresa estatal le permiten sobrevivir y crecer?. Ecopetrol SA queda con 325 millones de barriles de reservas (cerca del 20% de las reservas actuales) que se agotarán en un período de entre 3 y 5 años. En la actualidad, el 95% del presupuesto de exploración de la empresa está vinculado al desarrollo de campos de las multinacionales asociadas. De los 554.000 barriles diarios que se producen, sólo 110.000 son de Ecopetrol. «A la nueva Ecopetrol SA le dejaron los viejos yacimientos agotados, cuyos costos de producción son muy altos, algo así como US$9 por barril»5, señala el senador Serrano, costo excesivo si se lo compara con el promedio nacional de alrededor de US$3 por barril.

Además, le quedarán unas refinerías obsoletas, trabajando a un bajísimo nivel de eficiencia6 debido al recorte sistemático en el gasto de mantenimiento de los últimos años, particularmente desde que se le quitó a la Empresa la autonomía sobre el manejo presupuestal. Es un hecho que su actual monopolio en la refinación, que le representa el 55% de los ingresos, desaparecerá tan pronto alguna multinacional monte su propia refinería operando a niveles estándares de productividad.

Dada las condiciones en las que se deja a la petrolera estatal, como indica el ex ministro y ex presidente de Ecopetrol, Carlos Rodado Noriega, «le resultará muy difícil competir con las multinacionales de la industria», ya que «quedará con campos bastante agotados y una refinerías obsoletas cuya modernización requiere sumas considerables de dinero. Pero como el Ministerio de Hacienda, su nuevo dueño, continuará succionándole anualmente sumas voluminosas para enjugar el déficit fiscal de la nación, no quedarán excedentes para financiar las inversiones de capital requeridas»7. O sea que para rematar, sus finanzas seguirán siendo desangradas por el gobierno central.

«En estas condiciones le va resultar muy difícil a la nueva Ecopetrol SA cumplir con sus funciones de empresa petrolera y competir con las empresas multinacionales. La competencia será muy desigual y terminará con el marchitamiento total de Ecopetrol SA por falta de nuevas reservas, exceso de costos y carencia de nuevos ingresos»8, considera el senador Serrano Gómez. Si a esto se le suma el no poder hacer inversiones para exploración y modernización de sus equipos, su quiebra y liquidación es cuestión de tiempo. Su cierre parece en todo caso estar asegurado cuando deje de ser dueña de los crudos y de producir a menores costos por este concepto. O alternativamente, su privatización, facilitada por su nueva condición jurídica de sociedad por acciones.

Por otro lado, bajo un gobierno que invoca para todo el lema de la lucha contra la corrupción y la politiquería, ¿las nuevas instituciones significarán al menos una mejoría en esa dirección?. Al contrario. El otro problema para el país será la conformación de la ANH, organismo que, en concepto del senador Serrano, «se convertirá... en una entidad sometida al vaivén de la politiquería del Presidente y de su ministro de Minas», y tanto ésta como la nueva Ecopetrol «serán operadas y manejadas por personas sin calidades, que ocuparán el cargo por el simple hecho de pertenecer al círculo del Gobierno». No se trata de una apreciación infundada. El mismo senador refiere cómo «el Ministerio de Minas y la presidencia de Ecopetrol de este gobierno le fueron entregados a los mayores aportantes a la campaña del presidente Uribe Vélez, haciendo caso omiso de que liderar la industria del petróleo requiere de experiencia, capacidad y conocimiento profundo del tema petrolero»9.

Quienes comparan la actual «reorganización» de la estructura petrolera colombiana con la configuración de la empresa brasileña Petrobras, olvidan que el rasgo dominante de esta última es su cohesión empresarial y amplias atribuciones para incursionar en todos los campos rentables que le han sido vedados a Ecopetrol, como la explotación y comercialización del gas, la distribución de combustibles, la exploración directa, la petroquímica, el transporte marítimo, etc. Detrás del notable éxito de la petrolera brasileña está una política coherente del Estado, que privilegia el interés nacional sobre el de las multinacionales y hace prevalecer el carácter estratégico y especializado de la actividad petrolera por encima de las intrigas y las presiones del capital extranjero y sus intermediarios. Es decir, sobre quienes en Colombia deciden cada vez más la política petrolera.

Impacto en las finanzas públicas

Las atribuciones para reestructuración del Estado, con base en las cuales se expidió el Decreto 1760 y que se usaron también para liquidar a Telecom y desintegrar el ISS, fueron presentadas al país como parte de los planes de ajuste fiscal. La ironía es que Ecopetrol ha sido la «vaca lechera» de las finanzas públicas, sin cuya contribución el descuadre fiscal sería sustancialmente mayor. Todas las multinacionales sumadas, que manejan el 83% de la producción petrolera, más el 100% del mercado mayorista y cerca del 50% de los oleoductos, no le aportan al Estado lo que le entrega Ecopetrol. No hay entonces razones fiscales para dividirla y debilitarla; por el contrario, el hueco será inmenso en las finanzas del Estado.

¿Cuál es entonces la explicación de la reforma? El problema real consiste en que Ecopetrol capta para el país una porción importante de sus rentas petroleras que las multinacionales aspiran a absorber. Por eso, representa un obstáculo para la política impulsada por EU de ejercer un control creciente y explotación plena sobre las fuentes de hidrocarburos a nivel mundial. Además, al margen de su decreciente participación porcentual en las utilidades de los contratos de asociación, la empresa estatal representa hoy un control técnico efectivo sobre la explotación petrolera de las multinacionales. Con un agravante para los intereses imperiales: el núcleo obrero organizado en la USO ha frenado significativamente la aplicación de la política oficial mediante la defensa de la empresa estatal, la exigencia de que se cumplan las reversiones de los yacimientos, las luchas por la explotación directa del recurso petrolero, la oposición al uso contrario a los intereses del país de la infraestructura de transporte, etc.

Todo indica que el gobierno de Uribe, no obstante su reconocido sesgo autoritario, no es sino el simple ejecutor de una política petrolera dictada por EU que perjudica las propias finanzas estatales y hasta los compromisos gubernamentales con el FMI. A manera de ilustración de lo que pierde la Nación, considérese que la renta petrolera bruta de Colombia en el año 2000 fue US$6.400 millones, equivalente al 65% de las reservas de divisas y otro tanto de las importaciones del país. ¿Producirá alguna vez una dependencia burocrática como la ANH esos rendimientos económicos?

Petróleo e imperio

Desde principios del siglo XX el petróleo dio origen a inmensas fortunas. A su alrededor se crearon «trusts» como el Standar Oil de Rockefeller y originó pugnas internacionales entre los monopolios que se tradujeron en antagonismos entre las potencias. Después de la I Guerra Mundial el petróleo se convirtió en la materia prima más importante en el mundo capitalista, por encima del carbón y el acero. Y luego de la II Guerra mundial, norteamericanos e ingleses se hicieron al control de las principales fuentes de hidrocarburos en el Medio Oriente y monopolizaron más del 90% de la producción.

El saqueo abierto duró hasta la década del 70 cuando los países nacionalizaron sus riquezas petroleras y se creó la OPEP, que llegó a controlar casi el 80% de la producción mundial, lo que le permitió multiplicar por cuatro los precios. Por un tiempo el flujo de la riqueza petrolera cambió de dirección a favor de los productores. Y las multinacionales petroleras, convertidas ya en las empresas más ricas del planeta (el precio de venta del crudo era varias veces su costo de producción), perdieron participación en el negocio de explotación, más no en los restantes pasos (downstream): transporte, refinación, distribución, petroquímica, etc.

Con las políticas neoliberales muchas actividades del sector público empezaron a pasar al sector privado, entre ellos los servicios energéticos. Al lado de los tradicionales gigantes petroleros (Exxon, Shell, Texaco, etc.) aparecieron en la escena internacional compañías como Enron, Bechtel, Haliburton, Chevron, El Paso, incursionando en toda clase de negocios relacionados con el sector energético como transporte, gas natural, generación, conducción y distribución eléctrica. De acuerdo con estudios especializados (TXV Europe-Finance), es un hecho que la combinación de combustibles y electricidad eleva entre un 50 y 75% las utilidades de las empresas, optimizando su desempeño económico10.

En América Latina las privatizaciones abrieron el mercado energético. El Banco Mundial ha venido financiando a las multinacionales, como Enron, en la compra de las empresas estatales puestas en subasta por los gobiernos neoliberales. Y el FMI impone estas ventas como parte de sus programas de ajuste estructural. La estrategia montada es la de privatización y desnacionalización de las empresas públicas, en especial las del sector energético. Este proceso incluye inversiones en áreas nuevas, exploración y explotación del gas, participación en proyectos petro-eléctricos, venta de servicios, «asociación» con las empresas estatales, participación en los negocios de transporte y distribución, etc. En México, por ejemplo, el Departamento. de Energía de EU promueve abiertamente la privatización del sector eléctrico y últimamente la Cámara de Representantes estadounidense se atrevió a condicionar los programas de legalización de inmigrantes a la privatización de la petrolera estatal mexicana Pemex (a la que sindican de obstaculizar con su «ineficiencia» el abastecimiento petrolero de su vecino), provocando un rechazo unánime de los mexicanos.

Todo lo anterior se ve reforzado con la política gubernamental de Estados Unidos sobre seguridad energética, que obedece al agotamiento acelerado de las fuentes propias de hidrocarburos y el aumento de la demanda y las importaciones, hasta llegar a representar hoy cerca del 60% del total consumido por su economía. Se configura así en el país del norte un enorme y creciente déficit petrolero que actualmente asciende a cerca de 12 millones de barriles diarios. El consumo estadounidense crece al 15% mientras las reservas sólo lo hacen al 3.4%. Debido a ello, advertía el actual presidente Bush a principios de su mandato, Estados Unidos está «ante la peor crisis de suministro de energía desde la década de 1970».

En consecuencia la política oficial estadounidense estipula impulsar la diversificación de fuentes de energía en lo interno (desarrollo de nuevas tecnologías) y aumentar la producción y suministro a ese país de petróleo por parte de los países productores. El Plan Energético anunciado por Bush desde el 2001 implicaba un incremento del 50% en las importaciones de petróleo, lo cual, según analistas como Michael T. Klare11, representa un «aumento de las presiones» a los países productores «para la eliminación de los controles» así como «eliminar las resistencias a la participación (de EU) y la extracción de crudos». Al voluminoso déficit estadounidense se suman los altos costos de producción, ya que extraer un barril en norteamérica o en el mar del norte puede costar más de 4 veces lo que vale extraerlo en Irak, Arabia Saudita o Venezuela.

En el 2003 la política estadounidense toma abiertamente la forma de control directo sobre las fuentes de petróleo de Oriente Medio, con el doble propósito de asegurarse el abastecimiento propio y controlar la ventas hacia sus rivales comerciales, Europa y Asia, regiones que presentan un déficit igual o mayor que el de EU. Se trata así mismo de garantizar las inmensas utilidades del negocio para fortalecer su economía en declive. Como lo muestra la invasión militar y ocupación de Irak, Estados Unidos ve en el petróleo un arma eficaz en su objetivo de asegurar la supremacía económica mundial sobre la Unión Europea, Japón, China, Rusia, Corea y cualquier otro posible adversario comercial.

Dentro de este contexto, América Latina reviste una importancia estratégica por ser la región que tiene actualmente las segundas reservas probadas del planeta y el origen del 35% de las importaciones estadounidenses, amén de su cercanía geográfica. Pero en especial las empresas estatales de Venezuela, México y Colombia –Pdvsa, Pemex y Ecopetrol–, sus tres primeros proveedores en América Latina (3º., 4º y 7º mundiales), representan importantes reservas bajo control estatal y barreras para la participación del capital extranjero; así mismo, constituyen formidables competidoras locales en los negocios energéticos y canalizadoras hacia sus países de una parte importante de la renta petrolera (véase tabla 2). En síntesis, las petroleras estatales se han convertido en obstáculos al libre acceso al crudo, al incremento de su extracción y a las ganancias de las multinacionales petroleras. Por esta razón, los halcones petroleros de Washington sueñan con regresar al sistema neocolonial de «concesión», que en la práctica implica la eliminación de las empresas estatales.

De ahí se deriva la necesidad de marchitar y liquidar a Ecopetrol. La condiciones para esto las han venido creando las multinacionales, paralizando las exploraciones, acelerando el ritmo de explotación de los pozos en producción y haciendo caer las reservas probadas. Nadie ignora que la exportación de crudo es la principal fuente de divisas de Colombia y, como tal, requisito para los prestamistas internacionales y sus instituciones financieras como el FMI, el Banco Mundial, el BID, etc. en lo que hace al sostenimiento de la deuda. El decreto 1760 del gobierno de Uribe responde así a los intereses de Estados Unidos que se expresan a través de las agencias internacionales y gremios locales a su servicio, sin excluir los acuciosos asesores contratados o «ad hoc» del Presidente (los Hommes, Montenegro, Caballero Argáez, etc.)

Conclusiones

El desmembramiento de Ecopetrol es un paso inocultable dado por el Gobierno hacia su liquidación o venta y la renuncia del país a la explotación directa de sus recursos petroleros. Esta decisión esta enmarcada dentro del interés norteamericano de conseguir un control mucho más directo de las fuentes de petróleo para alimentar su economía sin sobresaltos. Están igualmente en juego las inmensas utilidades que arroja la explotación de hidrocarburos, objetivo central de las grandes multinacionales petroleras.

Nada de esto garantiza que estas empresas no sigan jerarquizando sus inversiones y reservando el subsuelo colombiano para opciones futuras de exploración, en función de sus prioridades mundiales y análisis financiero de costo-beneficio. Frente a la perspectiva de la pérdida de autosuficiencia petrolera del país, no hay que olvidar que mientras las reservas probadas en Colombia llegan en la actualidad a menos de 1.700 millones de barriles, las reservas probables están entre 35.000 y 45.000 millones de barriles. Además, sólo se ha explorado 1/5 de la geología, es decir, el 80% del país está sin explorar.

¿Cuáles han sido las reacciones de los privilegiados interlocutores del gobierno de Uribe ante la reforma? Como era de esperar, el desmembramiento de Ecopetrol ha sido muy bien recibido por las multinacionales, quienes a través de sus voceros le han notificado al Gobierno que la instalación de la nueva ANH no se puede demorar. Adicional al hecho de que el ministro Mejía ya se comprometió a la revisión del régimen de contratación, abiertamente se está hablando de regresar al antiguo régimen de «concesión» (entre sus promotores figura el ex presidente López), posición reforzada con los argumentos repetidos y amplificados por el actual presidente de Ecopetrol, Isaac Yanovich, de que Colombia no es un país petrolero sino un país con petróleo donde es difícil extraerlo 12.

Pero, como observa Hugo Serrano, «nuestra economía se basa en el petróleo, lo que hará que entremos en crisis si no tomamos medidas que beneficien el interés nacional». Efectivamente, parte sustancial de las finanzas públicas descansa hoy en la producción y exportaciones de petróleo. Se trata de una renta usada para atender la impagable deuda pública, pero que con otro enfoque hacia la industrialización y modernización, se convertiría en potente palanca de desarrollo económico. Sin embargo, bajo este gobierno el país ni siquiera tendrá derecho a explotar en su exclusivo beneficio los yacimientos que revierten a la Nación, ya que se tiene decidido prorrogar indefinidamente los contratos vigentes13.

Hay un punto que nadie discute: el país pagaría un alto costo si tiene que importar petróleo. Sin duda el petróleo es un recurso estratégico que exige una verdadera política de Estado. Esta es la razón básica por la que se requiere contar con una empresa estatal sólida que asuma, sola o en asociación con terceros, la inaplazable tarea de la exploración. Precisamente porque el negocio petrolero en Colombia no es tan fácil como en Arabia Saudita, el grado de interés de la nación en extraer petróleo no es el del capital extranjero. La ruta trazada por el Gobierno de sacrificar el patrimonio nacional representado por Ecopetrol, no sólo constituye la entrega de las herramientas del Estado y hace más probable la crisis, sino significa retroceder a los enclaves coloniales petroleros que en el pasado percibieron enormes ganancias de la explotación de la riqueza nacional, dejándole al país sólo migajas.

     Notas

1  En el mundo son muchos los casos de empresas públicas exitosas y bien administradas, y bastantes los escándalos de empresas privadas quebradas y corroídas por la corrupción, especialmente en Estados Unidos (ejemplo notable, Enron y sus auditores, Arthur Andersen). En el caso colombiano, ¿cómo explicar que la estatal EPM está catalogada como la empresa de servicios públicos más eficiente en América Latina?

2 Mensaje del senador Jorge Santos al presidente de Ecopetrol, Juan María Rendón, «Samper toma medidas lesivas para el país en hidrocarburos», marzo 21 de 1995, en La resistencia civil en el Senado, Ediciones Folleto Rojo, diciembre del 2000.

3 «Senadores denuncian regalo a la Chevron-Texaco», comunicado a la opinión pública suscrito por los senadores Jorge E. Robledo, Hugo Serrano y Alba E. Ramírez. Bogotá, febrero 18 de 2003

4 «La defensa de Ecopetrol, un deber nacional», Unión Sindical Obrera de la Industria del Petróleo, USO, abril 10 de 2003

5 Serrano Gómez, Hugo. «Cuidado con el petróleo». Portafolio. Bogotá, julio 28 de 2003.

6 Según la USO, el rendimiento actual en la refinación es de US$1.8 por barril cargado; uno de los más bajos del mundo. «Uribe da golpe de gracia a Ecopetrol». Unión Sindical Obrera, junio 28 de 2003.

7  Rodado Noriega, Carlos. «La reestructuración de Ecopetrol». Portafolio. Bogotá, julio 4 de 2003.

8  Serrano Gómez, Hugo. Op. Cit.

9  Ibídem.

10 Saxe-Fernández, John. «El Complejo petroeléctrico en la mira de EEUU». La Jornada. México, septiembre 5 de 2002.

11 Klare, Michael T., «Petropolítica global», Brecha. Montevideo junio de 2002. http://www.lainsignia.org

12 «Cambios en contratos petroleros». Portafolio, Bogotá, julio 25 de 2003.

13 «Prorrogarán contratos petroleros». Portafolio, Bogotá,agosto 7 de 2003.

 

 

los puntos

Mutilación del ISS

sobre las Íes

 

Mutilación del ISS

 

Marco jurídico del atropello

Con el decreto 1750 de junio pasado el gobierno de Álvaro Uribe Vélez se acercó a la meta de acabar con el Instituto de los Seguros Sociales. A través de esa disposición se tomaron medidas que en muy corto plazo conducirán a la desaparición de lo que quedó de la entidad. Ante todo el ISS fue dividido en dos grandes partes. El ISS como tal, que se encargará de manejar el sistema de pensiones y riesgos profesionales y actuará como Empresa Promotora de Salud (EPS). Otra parte, las clínicas y demás centros de atención de salud que antes estaban adscritas a la Vicepresidencia de Prestación de Servicios de Salud, se configuran en siete Empresas Sociales del Estado (ESE), cada una con autonomía total frente al resto de ESE y del mismo ISS. ESE es un rimbombante nombre para referirse a los hospitales, que cuando son clínicas privadas, se les llama Institución Prestadora de Servicios (IPS).

En cuanto a la planta de personal, ante todo debe tenerse en cuenta que su costo total era de 800.000 millones de pesos según el documento Compes 3221. En general, todos los funcionarios que laboraban en la parte central de la administración de(l) ISS quedan allí mismo con el régimen laboral y convencional que tenían antes de la escisión, es decir, unos 2.100.

Quienes estaban vinculados al área asistencial (la vieja vicepresidencia) pasan a ser empleados públicos, con todas las desventajas y limitaciones de estos servidores, ante todo en relación con la prohibición de negociar convención colectiva. Con ello quedó derogada de plano la convención para cerca de 13.000 empleados ahora adscritos a las ESE, en la más evidente violación del principio de que la convención colectiva es una ley entre las partes que solo puede modificarse a través de un acuerdo entre los firmantes.

Uno de los muchísimos aspectos que se desconocen de un plumazo es el relativo a las condiciones de pensiones, las cuales ahora se obtienen de acuerdo con lo establecido en el código del trabajo. Respecto a las pensiones, el ISS asumirá –en su calidad de patrono, no de AFP– las ya causadas, de donde se desprende que los trabajadores de las ESE que se pensionen a partir de la expedición del decreto lo harán a cargo de las ESE. El artículo 18 del decreto trae una definición muy restringida del significado de «derechos adquiridos» en el sentido de que no tiene como tal las expectativas laborales del empleado, sino solo «las situaciones jurídicas consolidadas». Otro punto importante es que esos empleados «tendrán derecho a acceder a la carrera administrativa», es decir, en realidad quedan en total interinidad.

Cuando se trate de empleados de mantenimiento y servicios generales, se adscriben a la planta de la ESE y ellos sí continúan siendo trabajadores oficiales.

En cuanto al régimen patrimonial, las nuevas ESE recibirán como activo las clínicas y demás centros de atención (37 y 204 respectivamente) de su zona de influencia y como pasivo, las cuentas por pagar. Por supuesto, en la lógica del decreto neoliberal las ESE no van a recibir ningún tipo de recursos por transferencias del ISS o del presupuesto nacional. Los únicos recursos con los que contarán serán los provenientes de la venta de servicios al ISS, pero el artículo 24 establece que dicha contratación será «por un término máximo de treinta y seis meses», plazo después del cual, debe entenderse, el ISS no está obligado a contratar con las ESE. Una de las cargas más importantes que recibirán las ESE son, como quedó anotado atrás, las ocasionadas por los trabajadores que se pensionen después de la expedición del decreto.

Las razones de la crisis

El Estado colombiano venía orquestando desde hace varios años la necesidad de introducir una profunda reforma en el ISS con el argumento de una supuesta crisis que se reflejaría en varios indicadores.

En cuanto al negocio de pensiones, la situación es compleja. De una parte, las reservas acumuladas por el ISS se encuentran en una cifra que se extiende, según la fuente usada, desde algo menos de cuatro billones (millones de millones) hasta seis y medio billones, buena parte de los cuales se encuentran invertidos en TES, con lo cual se puede sacar una conclusión de inmediato: el ISS es la entidad que mayores recursos suministra al Estado cuando este se endeuda a través de la colocación de papeles. Su privatización implicaría que los rendimientos de los títulos pasarán a ser un ingreso más del sector privado.

De otra parte, se afirma que hay déficit operacional (anual), es decir, que debido a que hay cada vez menos afiliados aportantes, su cotización ya no alcanza para cubrir las mesadas de los ya pensionados, para lo cual se estaría echando mano de las reservas.

Según este argumento, dentro de unos años (plazo que va desde dos o tres hasta veinticinco según el modelo que se utilice) el régimen del ISS, llamado de prima media, ya no sería viable.

La causa central de la crisis por la que atraviesa esta empresa –y las demás del Estado– ha sido la misma política de los gobiernos neoliberales. De manera que se ha llegado a una especie de profecía inducida: Por acción y por omisión el Estado ha venido marchitando al ISS y ahora que se encuentra al borde del abismo utiliza sus propios errores para argumentar la desaparición de la entidad.

Área de salud

En cuanto al manejo de la salud, las diferentes administraciones de la entidad se han convertido en los mejores promotores de la desafiliación de la población usuaria, a través de la desorganización inducida en la atención de pacientes. Además, durante cuatro años al ISS se le prohibió atraer nuevos afiliados y se adujo que tenía una gran cartera morosa con clínicas privadas, afán nunca mostrado por el gobierno frente a las docenas de EPS que de la noche a la mañana desaparecen alzándose con dineros del Estado y de cotizantes. A la larga lista de atropellos contra la entidad debe sumarse la corrupción rampante en las altas esferas –varios ex presidentes están enjuiciados– con funcionarios nombrados por el gobierno, no por los trabajadores. Con todo ello, la entidad entró en un círculo vicioso: Para reducir gastos recortaba el personal médico y asistencial, lo cual inducía a los afiliados a entablar tutelas costosas para la entidad o a retirarse; así se agravaron las finanzas.

Después el Compes exhibe sin ruborizarse la cifra escueta: el número de clientes de esa unidad de negocios se ha venido reduciendo a una tasa de 16,8% anual. Mientras en 1997 contaba con 8’107.000 afiliados, al cierre del 2002 contabilizaba solo 3’162.000, con la obvia consecuencia financiera: A partir de 1999 la entidad ha padecido un estancamiento financiero que ha disminuido en más de 50% sus ingresos por venta de servicios de salud, de manera que al finalizar 2002 el Seguro había obtenido $1,3 billones menos de los ingresos proyectados para ese año.

Sin pasar por alto que el sindicato del ISS maneja otras cifras que demuestran que el número de afiliados no ha caído en la proporción dada por el gobierno y que en el último corte, más bien, había aumentado, hay que tener en cuenta un dato de bulto: A partir de la Ley 100 de 1993 el ISS perdió la mitad del mercado en manos de las EPS privadas. Antes de la ley el ISS manejaba el 78% del mercado y ahora el 25%, subutilizándo la capacidad instalada.

Además hay que tener en cuenta ciertas especificidades del negocio de salud. Ante todo, ha habido un tipo de selección adversa contra el ISS consistente en que una alta proporción de sus afiliados son mayores de 60 años, con el costo que ello implica (tabla 1).

De igual manera, del total de afiliados al régimen contributivo de salud con sida o insuficiencia renal, el 52,5 por ciento y el 68,8 por ciento respectivamente, son afiliados del ISS.

Protuberante es el problema de la deuda del Estado para con el área de salud del ISS, la cual está valorada en unos 3,2 billones (El Tiempo. Bogotá, 6 de abril de 2003), por el no pago de su compromiso en relación con la atención de enfermedades de alto costo y el pago de salud a los pensionados.

Para agravar el problema, el gobierno por presión de las EPS derogó el Acuerdo 217 del Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud, que las obligaba a hacer giros al ISS por cuanto este atiende el 94% de enfermedades de alto costo, lo cual significó a aquellas un ahorro de 85 mil millones de pesos en el año 2002, denunció el sindicato.

El área de pensiones

En Nueva Gaceta No. 3 de septiembre de 2001 presentamos un detallado análisis de los problemas reales y ficticios de esta actividad del ISS. A continuación se presenta una síntesis de lo allí expuesto, más algunos datos y consideraciones nuevos:

Para el trabajador el régimen de prima media es más beneficioso que el de ahorro individual

Se afirma erróneamente que para los trabajadores el régimen más benéfico no es el de Sistema de Prima Media1, sino el Sistema de Ahorro Individual(2). Por su naturaleza, el régimen de ahorro individual requiere mayor rentabilidad de las cotizaciones, y no existe solidaridad ni intra-generacional ni intergeneracional como sí ocurre en el régimen de prima media. Por eso, un cotizante en una AFP debe cumplir con condiciones más exigentes que el del régimen de prima media para lograr la pensión y su monto dependerá de lo que ahorre, menos las utilidades para la AFP.

Por ejemplo, quien gana un millón de pesos al mes y se pasa al ahorro individual, al cabo de 1.150 semanas obtendrá un salario mínimo, si la rentabilidad es del 4%. En el ISS al cotizar 1.000 semanas obtendrá 650.000 pesos y recibirá 14 mesadas cada año; si cotiza 1.400 semanas, la pensión llegará a 850.000 pesos.

El Tiempo reporta que un cotizante de 58 años de edad se trasladó a un fondo privado para lo cual un bono pensional de $50 millones, pero la AFP le informó que esa suma –más los aportes que continuó haciendo– no le alcanzan ni para una pensión mínima, por lo cual deberá seguir cotizando –a pesar de estar desempleado– hasta alcanzar la cifra requerida. El artículo cita al afectado: «Si yo tuviera 50 millones de pesos en mi bolsillo estaría viviendo como un rey... Con esa plata vivo 100 años» (El Tiempo. Bogotá, 27-05-2001, pág. 1-15).

El régimen de prima media es autosostenible

Los problemas que hoy presenta el régimen de prima media no se deben a imperfecciones del mismo régimen sino a que el Estado sistemáticamente ha incumplido su compromiso con el ISS. Nunca pagó los aportes que por ley le corresponde hacer. En 1990 el gobierno reconoció que su deuda acumulada con el Seguro era de $20 billones desde cuando se dispuso en 1966 que el Estado contribuiría con una parte de su financiación.

Para el 2001 la deuda de la nación con la entidad ascendía a 42 billones de pesos. Al respecto un informe actuarial estableció: «Si la Nación le paga al ISS lo que le debe, este tendrá los recursos suficientes para cumplir durante 30 años con los 650.000 jubilados que tendrá a partir del 2006» El Tiempo. Bogotá, 1-06-2001, pág. 1-1). A pesar del incumplimiento del Estado, el instituto hoy tiene reservas por más de 5,5 billones de pesos.

El régimen de ahorro individual golpeará
las finanzas públicas

Se suele afirmar que el pasivo pensional asciende al 55.2% del PIB. Pero el pasivo pensional no es un valor actualmente exigible, sino que a los pensionados se les va pagando mes a mes durante muchos años, en buena medida con los aportes de los nuevos cotizantes. Así, un sólido sistema de prima media no se convierte en carga para las finanzas públicas y en cambio sí fortalece al ISS. En contraste, el sistema de ahorro individual se logró a costa de aumentar significativamente el déficit fiscal actual, por el pago de los bonos pensionales, pues del ISS se han ido 1,8 millones de personas hacia los fondos privados, y el ISS ha tenido que dar unos bonos pensionales sin los cuales tales fondos no hubieran sido viables.

Cuando se afirma que el régimen de prima media afectará crecientemente las finanzas, se oculta que hoy está ocurriendo exactamente lo contrario: Como queda dicho, el fisco se apoya en las reservas del ISS para realizar cuantiosas emisiones de TES.

Mientras tanto, respecto a las AFP, a mediano plazo
–cuando empiecen a pensionarse masivamente sus afiliados–, dada la baja rentabilidad de las cuentas de ahorro, el fisco tendrá que hacer transferencias para garantizar la pensión mínima, en particular para quienes hoy ganan menos de dos salarios mínimos y que constituyen una alta proporción de afiliados, por lo cual el Estado deberá subsidiar a las AFP. De acuerdo con Espitia y Betancourt, «los bonos y la garantía de pensión mínima (a favor de las AFP) cuestan cerca de $22.1 billones de 1999»(3). Pero entre tanto las AFP seguirán obteniendo pingües ganancias, al tiempo que ocultan el grave problema a largo plazo.

En la medida en que los cotizantes permanezcan en el ISS (o en fondos especiales) no significan ningún gasto para el fisco, pues cuando llega el momento de la pensión, los pagos se hacen por mesadas a cargo del aporte de los cotizantes de ese momento más las reservas, no en un solo giro como ocurre con los bonos pensionales. En cambio, si se liquida el ISS o se insiste en sonsacarle afiliados, será necesario cargar a sus reservas –y, cuando estas se agoten, al tesoro público– el valor de las cotizaciones acumuladas y hacerlo efectivo de inmediato.

La causa del problema del sistema
de prima media es el bajo salario
de los actuales cotizantes

La causa central de las dificultades del régimen pensional no es el envejecimiento de la población sino el desempleo, el subempleo y los bajos salarios.

Se dice que un problema del régimen de prima media es que la pirámide poblacional colombiana está cambiando. Pero Colombia aún es un país joven en los promedios planetarios y buena parte de los 3,5 millones de compatriotas que han debido salir del país por la crítica situación económica son jóvenes. Javier Fernández Rivas anota: «Por rápido que en las próximas décadas crezca el número de pensionados, y por mucho que suba su esperanza de vida, en Colombia la baja relación de pensionados a cotizantes potenciales otorga una capacidad de maniobra que ya quisieran para sí muchos países del mundo»(4).

En el cálculo del impacto demográfico no se tiene en cuenta el aumento de la productividad de los trabajadores. Cada nueva generación tiene una productividad varias veces superior a la anterior. En un régimen de prima media, aunque haya menos cotizantes su aporte es mayor a condición de que su mayor productividad se refleje en mayor salario. Es decir, los aumentos de productividad de la mano de obra deberían traducirse en aumento de los salarios, del PIB, de los impuestos y por ende, de las cotizaciones y de la capacidad de aporte del fisco nacional. Pero los salarios cada vez se rezagan más frente a la productividad.

Otro lastre del sistema de prima media es que cada vez hay menos vinculados por causa del desempleo, el subempleo y la informalidad que agobian al 60% de la población económicamente activa.

En los países desarrollados el gasto de pensiones en relación con el PIB supera con creces los guarismos que tienen tan escandalizados a los actuales gobernantes colombianos: El gasto en pensiones como porcentaje del PIB fue 4,2% en Israel (1992); 12,0% en Letonia (1994); 4,1% en Argentina (1994); 14,2% en Bélgica (1995); 5,7% en Canadá (1993); 6,8% en Estados Unidos (1994-1995) y en los países de la OCDE en pensiones se gasta 8,2% del PIB, o sea 23% del gasto público(5).

El futuro

Nada bueno le espera a los colombianos con la situación creada para el ISS y las nuevas ESE. Ante todo está la situación de los varios centenares de personas con enfermedades de alto costo que hoy, a duras penas, son atendidos por la entidad estatal ante la negativa rotunda de las EPS a vincularlos. A medida que se vayan marchitando las ESE y el mismo ISS su salud quedará a la deriva.

Para el grueso de la población hay que tener en cuenta un principio de la cartilla neoliberal: La presencia de una entidad estatal hace que los prestadores privados tengan algún tipo de freno a sus desafueros, pero sumergidos en la «libre competencia» con la desaparición del ISS podrán actuar a sus anchas en cuanto al cobro de sus servicios, pues es apenas obvio suponer que los incrementos en las cuotas y las llamadas cuotas moderadoras no se impusieron para mejorar la situación del ISS sino la rentabilidad de las EPS e IPS.

Otro tanto puede decirse de la calidad del servicio. Es sabido que los médicos en las IPS tienen fuertes restricciones a la hora de formular exámenes o medicamentos de cierto costo, pues cuando lo hacen, su dictamen es revisado por una junta –nombrada por los dueños del negocio– que juzga si era necesario o no. En caso de fallar en contra, el médico deberá pagar de su bolsillo, desenlace que es muy frecuente. Por ello es tan común el uso de la tutela para obligar a las EPS a asumir ciertos medicamentos o tratamientos, mecanismo que el gobierno de Uribe también ha anunciado que acabará.

El mismo factor «libre competencia» ha de tenerse en cuenta para los trabajadores del sector: La tendencia de las EPS e IPS privadas será a reducir aún más los salarios en el mercado negro que se ha desatado en ese sector, como viene ocurriendo hace más tiempo entre los docentes.

Conclusión

A manera de conclusión deben tenerse en cuenta los siguientes puntos:

•          El grado de crisis en que se encuentra el ISS, tanto en pensiones como en salud, depende de la política estatal de conducir a la entidad a la quiebra, no a ninguna ineficiencia propia del sistema.

•          Ello significa que en particular no es cierto que los problemas de la entidad estén asociados al costo salarial o a la convención colectiva.

•          La liquidación o la privatización del ISS no resolverá ningún problema fiscal, antes bien, se agravará la situación de las finanzas públicas por los significativos aportes del ISS en la adquisición de TES –que hoy actúan como colchón– y por el costo que acarrearía el pago de bonos pensionales a los trabajadores que se trasladen a una AFP.

 

  Notas

1 Sistema de prima media: Todos los cotizantes aportan a un fondo común. Las mesadas pensionales se pagan con las reservas constituidas por la entidad más los ingresos por cotización de los trabajadores actuales. Las reglas del sistema se establecen con base en cálculos sobre la evolución probable de las variables demográficas y macroeconómicas. El monto de la pensión depende del promedio cotizado en la última parte de la vida laboral, no de la cantidad aportada individualmente.

2 Sistema de ahorro individual: Cada cotizante tiene su propia cuenta en la cual se acumulan sus cotizaciones. Llegado el momento de pensionarse, se hacen pagos de acuerdo con el monto acumulado y la rentabilidad obtenida. El número de semanas por cotizar, el porcentaje salarial, la edad de jubilación y demás reglas se establecen calculando el rendimiento de la cuenta individual durante el tiempo de cotización y su relación con el tiempo probable de supervivencia del pensionado y el monto mínimo de pensión. Su manejo corre a cargo de las Administradoras de Fondos de Pensiones, AFP.

3 Espitia, Jorge y Betancourt, Carlos. « No sólo de largo plazo se compone el problema pensional». Economía Colombiana y Coyuntura Política. Contraloría General de la República,. Bogotá, abril de 2001, pág. 24.

4 Fernández Rivas, Javier. «Problema Relativo». Dinero. Bogotá, N .136, 6-08-2001.

5  Revista Internacional del Trabajo, Vol. 119 No. 2, 2000.

 

 

los puntos

Telecom: una liquidación antinacional

sobre las Íes

 

Auge y caída de una gran empresa

 Por Heberto López M., Gloria Helena Quiceno y Fernando Gil

 

Tomado de Le Monde Diplomatique del año II No. 16,

septiembre de 2003, con la autorización de los autores.

En Colombia, las comunicaciones del país nacen disgregadas, en manos de compañías privadas que, a la luz de la verdad, prestaban un pésimo servici o. Así, una de las primeras empresa es la norteamericana United Fruti Company, que en 1911 monta los primeros circuitos para radiotelegrafía en Santa Marta, Cartagena y San Andrés, en conexión con Estados Unidos y América Central, de carácter exclusivo para sus negocios bananeros.

De la interconexión a la nacionalización

En 1921, el gobierno colombiano crea la Empresa de Radio Nacional (telegrafía), en un afán por interconectar el país en una sola entidad. Posteriormente, ante el caos y la escaso desarrollo de las comunicaciones en el territorio –ya que los operadores privados sólo tiene el propósito de atender las necesidades de sus compañías y no se interesan en un efectivo enlace de las comunidades–, el 27 de febrero de 1943 se nacionalizan las telecomunicaciones mediante la Ley 6ª 1.

Luego, con base en la compra de la Compañía Telefónica Central a un costo de US$ 2’791.0942, el 23 de mayo de 1947 se funda la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (Telecom) por medio del Decreto 1648, con el objeto de unificar la prestación de los servicios telefónicos, radiotelefónicos y radiotelegráficos. En ese marco de propósitos, Telecom asume la propiedad y el control de 10 plantas locales e inicia sus servicios con 108 oficinas de larga distancia. El 28 de diciembre de 1948, la Empresa da un gran salto al automatizar las 20.000 líneas de su propiedad.

El 13 de abril de 1950 se expide el Decreto 1223, por medio del cual y bajo la ya establecida Telecom se fusionan esta y la Empresa Nacional de Radiocomunicaciones, sin compensación alguna por parte del Estado. En 1961, como base para el creciente desarrollo de la entidad, se crea el Instituto Tecnológico de Electrónica y Comunicaciones (Itec), encargado desde esa época de la formación de los técnicos que contribuirán a la centralización y racionalización. Luego, 17 años después, en 1960 termina la nacionalización de las telecomunicaciones al decidirse el fin de las operaciones de la All Amercican Cables en Colombia.

Tecnología, al servicio de lo público

En 1961 se inicia el montaje de la red de microondas, y en 1963, por decisión del gobierno nacional, Telecom incorpora a su estructura la extensa malla de los telégrafos nacionales3, dependientes del Ministerio de Comunicaciones, creados el primero de noviembre de 1865, es decir, un siglo atrás. Ya en 1965, la red de conmutación telegráfica alcanza el número de 39 centrales, con 1.750 abonados y 150 localidades con servicios, que completa alrededor de 4.000 teleimpresores en el territorio nacional. En el mismo año, Telecom entra a formar parte del Consorcio Internacional de Comunicaciones por Satélite (Inteelsat).

Ante la prestación ilegal de servicios (contrabando) por parte de empresas privadas, el director de Telecom, Ramón Martínez Vallejo, solicita que el gobierno central dicte una legislación más estricta para que definitivamente la Empresa centralice la operación telefónica y telegráfica. El 25 de marzo de 1970 se inaugura la Estación Terrestre de Chocontá (Cundinamarca), que constituye un hito nacional e internacional en las comunicaciones, incorporando el país al auge tecnológico que experimenta el mundo, como resultado de los avances alcanzados en materia satelital.

A partir de 1972 y en un esfuerzo sin precedentes en la historia nacional, el gobierno y la administración de Telecom definen que el desarrollo de la empresa deberá basarse en tres aspectos: 1) automatización de los servicios, 2) expansión de los mismos para cubrir toda la geografía nacional, incluyendo los planes de telefonía rural, y 3) modernización de la red de transmisión. Con fundamento en estos criterios, en la década de los 70 se instalan en Colombia la primera central electromecánica de telefonía internacional y la primea central del mismo tipo para el servicio de telex, así como se emprende el montaje de seis pequeñas estaciones terrestres satelitales, para llevar el servicio a las regiones más apartadas del país.

En ese mismo esfuerzo de modernización, Telecom monta una completa red de repetidoras en todas las capitales de departamento, para el manejo de tráfico de larga distancia, lo cual, articulado a la estación satelital de Chocontá, garantiza una interconexión nacional e internacional. A partir de los años 80 y dentro de los mismos principios definidos anteriormente, la empresa avanza hacia las centrales computarizadas, y se dota al país de una moderna central internacional como soporte para todo el tráfico del país y de este con el exterior. Se instalan nodos alternos (centrales duplicadas) en las ciudades de Bogotá, Cali, Pereira, Bucaramanga, Medellín y Barranquilla. Además se inicia en esta década la digitalización de la red de microondas, que finaliza con la modernización de Chocontá y la instalación y la puesta en servicio del cable transoceánico de fibra óptica. Así se proyecta Telecom como la primera empresa de telecomunicaciones de América Latina.

Mordisco del gran capital

Desde 1989, al final del gobierno de Virgilio Barco, con la expedición de la Ley 72 se inicia en el país lo que se denomina apertura de las telecomunicaciones como un servicio público que permite su prestación por particulares a través de los sistemas de concesión, contratos, licencias, y pago de derechos, tasas o tarifas. Se abre la competencia en servicios.

En el gobierno de César Gaviria, con la expedición de los Decretos 1900 y 1901 de 1990, que otorgan al Estado el ordenamiento, planeación, regulación y control de las comunicaciones, a la vez que definen como operador a toda persona natural o jurídica –pública o privada–, se suprime la exigencia de nacionalidad colombiana para los operadores y asimismo se posibilita que los servicios de telecomunicación se presten por particulares mediante libre competencia. Se establece la potencial duplicidad de las redes, que inicia realmente el proceso de apertura y abre además, la privatización de Telecom con la presentación ante el Congreso de la República del Proyecto de Ley 033. En 1992, entre tanto, ignorando a la rama legislativa, la opinión pública y los trabajadores, se escoge como escenario la bolsa de de Nueva York para ofrecer la empresa en subasta, ante lo cual el Sindicato Nacional de Trabajadores de Telecom (Sittelecom), que se encuentra entonces discutiendo con el gobierno las inconveniencias para el país del citado proyecto de ley, al enterarse del engaño, declara un paro nacional indefinido. En esta forma se detiene la venta de la empresa, y se evita que ésta se c