Nueva Gaceta  

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Bogotà, Abril - junio de 2003 -Nº 7   ISSN 01246704


 

 


De la redacción


 

El nuevo orden imperial y la Política de Seguridad Democrática

Estoy muy impresionado con la estrategia colombiana de seguridad nacional. El mundo podría ser un mejor lugar si tuviéramos más líderes de este tipo y con su determinación», expresó Donald Rumsfeld, con su talante de halcón petrolero, durante su visita a Colombia en agosto pasado. Pocos días antes, también a su paso por el país, otros dos visires del imperio manifestaban igual sentimiento. Richard Myers, Jefe del Estado Mayor Conjunto, destacaba a Colombia como el aliado más recio de Estados Unidos, en tanto que Robert B. Zoellick, Secretario de Comercio, se concentraba en imponer las condiciones para un acuerdo bilateral.

En estos tiempos de oprobio, en los que se arrasan hasta límites sin precedentes los derechos básicos de los pueblos y las personas a nombre de la democracia y la libertad, pocos mandatarios de la región acogen con tanto esmero el mandato de la Casa Blanca como Uribe Vélez. A finales del 2002 Bush anunció su Doctrina de Seguridad Nacional, mediante la cual justifica el ataque preventivo y, amparado en ella, no sólo destruye a Irak sino también los pilares de la legalidad internacional. Quienes fraguaron esta guerra se encuentran ahora en una sin salida, en medio de un creciente descrédito en sus propios países y del repudio del mundo entero «¿Liberación nacional o liberalización económica?», pregunta Rasnia Masri en el artículo que incluimos sobre el orden que ha tratado de imponer infructuosamente la tropa invasora en el país petrolero.

El episodio de Irak y su desenlace traen a la memoria el robo de Panamá, con el que el presidente Theodoro Roosevelt proclamara con arrogancia el designio imperial de su país hace un siglo. A este asunto dedicamos una sección, ilustrada con el pensamiento y los poemas de autores de la época.

Entre tanto, continúa la pesadilla de los detenidos en Irak y en Guantánamo. Curt Goering, director delegado de Amnistía Internacional, se refirió recientemente a la condición de más de tres mil prisioneros en el campo de concentración estadounidense de Camp Crooper, en las afueras de Bagdad, señalando que, «a la imposibilidad de dormir y al abuso físico se suman las condiciones altamente degradantes, asimilables a torturas». Al igual que los detenidos en Guantánamo, no tienen cargos reales en su contra sino que han sido confinados por sospecha y se les ha negado el derecho a someterse a un tribunal de justicia.

La política de Defensa y Seguridad Democrática de Uribe Vélez se inscribe dentro de la estrategia antiterrorista de Bush y parte de principios similares. La violación permanente del Estado de derecho, el recorte sistemático de las garantías democráticas, la persecución a las organizaciones políticas y sociales, han sido la más clara expresión de ello. Por fortuna, la preocupación democrática de organismos internacionales, gobiernos extranjeros, entidades diversas y de la prensa internacional, se viene expresando cada vez con mayor ahínco.

Pero el gobierno colombiano insiste en cumplir con su papel de avanzadilla del imperio en la región. Como un cruzado solitario, ha defendido la creación de herramientas para que los países cumplan con su papel en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico: Respalda el establecimiento de una especie de lista negra interamericana. Insiste en reformar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, de manera que se pueda aplicar ante conflictos internos que amenacen la estabilidad de la región, como los de Colombia y Venezuela. Busca, sin éxito, respaldo entre los países americanos para abrir la puerta a una fuerza multinacional que permita enfrentar el conflicto interno... En fin, ha insistido una y otra vez en la necesidad de la intervención extranjera, poniendo en peligro la integridad nacional de Colombia y de sus vecinos.

Quizás la manifestación más importante de esta tendencia autoritaria y antinacional fue el experimento del Referendo, pactado con el Fondo Monetario Internacional dentro del último acuerdo suscrito por el gobierno, un nuevo peldaño para políticas de largo alcance: Restringir la democracia representativa mediante la reducción del tamaño de las corporaciones públicas y la supresión de algunos de los organismos de control, mantener congelado el gasto público y los salarios, convirtiéndolo de hecho en un plebiscito para imponer su reelección como presidente o la prolongación del mandato.

En medio del afianzamiento de la postura autoritaria, Uribe Vélez promovió el mayor despojo de que se tenga noticia en los anales del país al debilitar de manera notoria o liquidar empresas estratégicas del Estado. Al análisis del despojo consagramos en esta ocasión el dossier.

Mientras tanto, el pueblo boliviano protagonizó un amplio levantamiento nacional contra el saqueo del gas natural por el capital extranjero y contra las políticas neoliberales. La protesta llevó a la caída de Sánchez de Lozada, «El Gringo» como lo llaman por su notorio acento inglés. He ahí una referencia obligada para los pueblos latinoamericanos.

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