Nueva Gaceta  

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Bogotá, Abril - julio de 2004 -Nº 8   ISSN 01246704


 

De la redacción

América Latina:

Entre el hundimiento y la rebelión

En su afán por acrecentar su supremacía global, Estados Unidos ha venido desplegando todo su poderío económico y político para afianzar su control sobre América Latina, esta vez bajo la forma de un tratado comercial continental, el Área de Libre Comercio de las Américas (Alca).

Al igual que hace tres lustros cuando impulsó lo que vendría a denominarse Consenso de Washington, la superpotencia hoy presenta el Alca como la panacea a todos los problemas que aquejan al continente. Sin embargo, no se trata de un proyecto nuevo, pues su origen se remonta a la Iniciativa para las Américas del primer Bush, anunciada a comienzos de la década pasada como un proyecto tendiente a constituir una zona de libre comercio entre Alaska y la Patagonia. Ocultando el hecho de que ambas políticas tienen un denominador común –la apertura comercial de las economías subdesarrolladas-, sus defensores más fervientes insisten en que con ello se logrará revitalizar la golpeada industria de estos países, obtener recursos para pagar su deuda externa, mejorar las condiciones de vida de los latinoamericanos y hasta volver tan eficiente la agricultura que será capaz de competir, a pesar de los subsidios otorgados a los productores gringos.

Pero como es notorio, el modelo en boga desde los años 90 del siglo pasado ha dejado a las economías del Sur reducidas a escombros. De ese balance no se ocupan los propagandistas del Alca, y cuando lo hacen señalan, con una buena dosis de cinismo, que los gobiernos de estos países en quince años no han sido capaces de implementar a fondo las reformas que el Consenso indicó. Por eso, ante el desastre, se insiste en formular más de la misma medicina. No obstante, el camino hacia el Alca no parece fácil, debido a la oposición abierta o a las objeciones de los gobiernos de Venezuela, Brasil y Argentina, y por ello Estados Unidos adopta el camino de los tratados bilaterales de comercio, como el que se anunció con Colombia tras la última visita de Uribe a la Casa Blanca.

Para sustentar aún más nuestra oposición a los proyectos gringos en la región, Nueva Gaceta dedica un extenso dossier a mostrar dos facetas de la realidad latinoamericana. Una, el arrasamiento de la economía y de las condiciones sociales de estos países, y otra, la creciente resistencia de los pueblos, expresada de diversas maneras, como anuncio premonitorio de jornadas aún más intensas.

Un elemento analítico para la actual etapa de desarrollo del capitalismo financiero y del imperialismo norteamericano es la genial tesis de Carlos Marx sobre la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Consuelo Ahumada, nuestra directora, fue distinguida con la designación de miembro de número de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas, ocasión para la cual elaboró la ponencia “La teoría marxista de la plusvalía absoluta: una clave para entender las condiciones laborales en el período neoliberal”. Este estudio, cuya síntesis presentamos, contribuye al esclarecimiento de que el punto nodal del modelo vigente y de la explotación capitalista está en los bajos salarios, sin los cuales “no hay modelo que funcione”, según certera afirmación hecha por Francisco Mosquera en 1989.

Al cierre de esta edición, el mundo fue conmovido por importantísimos hechos que no alcanzamos a analizar: El acto de intervencionismo descarado de Estados Unidos en los asuntos internos, esta vez –de nuevo– en el paupérrimo Haití, para poco menos que secuestrar al presidente Aristide, a quien la Casa Blanca había impuesto después de otro cruento golpe de estado. Este caso, es ejemplo de la ruina ocasionada por décadas de saqueo y refleja la arrogancia imperial en su mejor expresión y la poca fidelidad de la potencia con quien bien le sirve.

Después de los condenables atentados del 11 de marzo, España fue sacudida nuevamente por el triunfo de Rodríguez Zapatero del PSOE, como muestra de repudio a Aznar no solo por la forma torcida como empleó los luctuosos hechos en que murieron casi dos centenares de civiles para intentar mantenerse en el poder, sino como expresión del descontento del pueblo español con la subordinación incondicional de su gobierno a los dictámenes de Washington. Esta derrota contundente de los guerreros mundiales y sus escuderos es, sin duda, un ejemplo aleccionador para Colombia, en donde también soplan los vientos reeleccionistas.

Pocos días después, en un acto propio del más siniestro terrorismo de Estado, cayó asesinado el líder de Hamas, Ahmed Yassim, por orden del nefasto primer ministro israelí Ariel Sharon, personaje que en repetidas ocasiones ha ordenado bombardear hasta indefensas aldeas, como lo recuerdan las masacres de Sabra y Chatila en 1994. El hecho se torna aún más repudiable cuando se tiene en cuenta que Estados Unidos vetó una resolución de condena contra Israel que se discutía en la ONU.

Como elemento para la comprensión de las fuerzas que se mueven en el planeta bajo la hegemonía de Estados Unidos, NG incluye un artículo del investigador inglés David Raby, en donde se analiza la trayectoria y el papel poco honroso que ha desempeñado el ministro Tony Blair, el defensor de la llamada Tercera Vía, en su sumisión incondicional a Washington.

Finalmente, destacamos en este número un documento del profesor Orlando Acosta –miembro del Consejo Editorial de NG– en el que puntualiza aspectos centrales de la educación superior en Colombia y en el mundo, que sirviera de base para su candidatura y posterior elección como representante de los profesores al Consejo Superior de la Universidad Nacional de Colombia.

Invitamos a leer además nuestra acostumbrada sección de arte y cultura, en la que incluimos esta vez un homenaje a Pablo Neruda y a Julio Cortázar, dos grandes de la literatura latinoamericana cuyos aniversarios, de nacimiento en el caso del primero, y muerte, en el del segundo, se conmemoran en este año.

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