Bogotá, abril-julio de 2005 -Nº 10   ISSN 01246704


James Cockroft caracteriza la situación actual

'Ola expansiva antiimperialista en América Latina'

Por Claudia Romero


James Cockroft es profesor norteamericano, Ph. D. de la Universidad de Stanford, y es uno de los más importantes latinoamericanistas de Estados Unidos. Ha escrito más de 30 libros, principalmente sobre América Latina. También ha tratado otros temas y ha hecho estudios sobre el Medio Oriente. A la par con su trabajo académico, es un curtido activista antiimperialista que participa en múltiples eventos políticos y sociales. Cuando llegó a Bogotá venía de la Cumbre Mundial de Intelectuales que se celebró en Caracas, de la cual fue uno de sus organizadores. El profesor Cockroft tiene su sede en este momento en Canadá, pero trabaja en distintas universidades, viaja frecuentemente a Holanda y a otros países, dando conferencias y cursos sobre América Latina contemporánea.

James Cockroft estuvo en Bogotá durante una semana, en los primeros días de diciembre del año pasado, y cumplió una apretada agenda. Se entrevistó con dirigentes sociales y políticos, y dictó conferencias a la Gran Coalición Democrática, a obreros y estudiantes de la Capital y una en la Universidad Javeriana, invitado por el Observatorio Andino. NUEVA GACETA tuvo oportunidad de entrevistarlo durante esos días.

¿Cuál es su perspectiva sobre la situación de América Latina?

La situación en cualquier parte del mundo es tan compleja, tan específica, que es imposible hacer una generalización. Pero tenemos que hacer una síntesis de puntos fundamentales. Puedo resumir la situación en América Latina así: hay privatización de los recursos naturales y de los sectores estatales de la economía en América Latina, el famoso neoliberalismo; hay militarización del Continente para supervisar este rumbo de privatización y neoliberalismo y para criminalizar los movimientos sociales de resistencia a la globalización neoliberal; en tercer lugar, está la anexión económica de América Latina junto con los programas como el Plan Puebla-Panamá, el Plan Colombia, I y II, el Plan Patriota y la Iniciativa Regional de las Américas; además, estos tres puntos representan un golpe de muerte a la agricultura latinoamericana, a su industria manufacturera, a los precios de sus exportaciones y a su control sobre los recursos naturales, incluyendo el recurso más importante, que no es el petróleo, sino la fuerza de trabajo. Las tres cuartas partes de la fuerza de trabajo mundial, consisten en migrantes, debido al fenómeno del capitalismo moderno, el neoliberalismo.

¿Cómo pueden sostener políticamente ese modelo?

En América Latina y en particular en América del Sur se vive una situación excepcional que combina la intensidad de la crisis socioeconómica ocasionada por el modelo neoliberal con una crisis institucional de gobernabilidad y de interacción política burguesa. El proceso neoliberal de contrarreformas ha perdido toda su legitimidad política e ideológica y la amplia y radical naturaleza de las luchas populares colocan con más fuerza la necesidad de una refundación programática en el sentido antiimperialista y anticapitalista. El famoso «patio trasero» de los Estados Unidos vive un proceso de pauperización de la clase obrera y campesina y, aun, de la mayoría de las clases intermedias; hay un proceso de flexibilización laboral, precariedad del trabajo y, políticamente, una democracia de baja intensidad, restringida.

Pero usted ha señalado que hay un relativo auge de la lucha.

Sí. Hay una nueva ola expansiva antiimperialista en América Latina debido al saqueo del Continente por parte de las grandes corporaciones transnacionales y el fracaso de las nuevas coaliciones políticas elegidas en esta etapa de transición democrática de las dictaduras y las guerras sucias entre los ochenta y los noventa del siglo pasado: el fracaso de Menem en Argentina, por ejemplo, y otros entreguistas del estilo. Lo que está en juego es la soberanía de todos los países latinoamericanos y el control de sus riquezas naturales, incluyendo el petróleo, la energía y la mano de obra barata, su biodiversidad, sus fuentes de agua potable, sus escuelas, sus hospitales, viviendas, transporte, seguros sociales, jubilaciones, otras instituciones de servicio público, sus bancos e industrias y sobre todo, la sobrevivencia de sus movimientos sociales que protestan por la privatización de la naturaleza, la codificación de la vida y lo que significa la política neoliberal impuesta por el imperialismo y sus instituciones financieras internacionales como el BID, el FMI y el BM. Como lo ha dicho Evo Morales: los terroristas son los que aplican los planes de hambre. Por eso hay un nuevo ascenso popular y una agudización de la lucha de clases en América Latina. Pero la consecuencia del autoritarismo, los retrocesos democráticos, represiones masivas, desestabilización de gobiernos de izquierda, nacionalistas, y amenazas graves contra la soberanía de países como Venezuela, Cuba, Argentina y otros. Es decir, hay avances y retrocesos en los movimientos populares, pero, en conjunto, a pesar de la criminalización por parte del terrorismo de Estado, en los distintos países, estos movimientos luchan por derrotar al neoliberalismo en América Latina. Ello muestra un balance alentador.

¿Cómo se manifiesta ese aspecto positivo?

Hay una explosión social, como en Bolivia, que ya vimos hace un año y que puede ocurrir otra vez ahora, en Perú, en Ecuador, en Colombia. Hemos visto lo que yo llamo “victorias parciales” pero significativas de los movimientos sociales latinoamericanos y sus aliados en otras partes de las Américas y del mundo. Por ejemplo, Cancún contra la Organización Mundial del Comercio, y en los propios Estados Unidos, o también en el 2003 la postergación, gracias a los movimientos sociales, de la operación militar estadounidense en Argentina, Águila III, o más recientemente, en noviembre, en Quito, el voto de 16 naciones, 16 Ministros de Defensa de Estados latinoamericanos contra la iniciativa presentada por el Presidente colombiano, pero cocinada por el Departamento de Defensa estadounidense con la presencia de Rumsfeld en Quito, votaron contra todo este plan de crear una nueva fuerza militar intervencionista: un evento histórico sin precedentes; la victoria en Bolivia, hablando de historias de movimientos sociales, o en Argentina, cuando cuatro presidentes se cayeron gracias a la movilización y unificación de los movimientos sociales, algunos muy espontáneos, en el año 2001; a la vez, gracias a la presión y a veces integración parcial de esos movimientos sociales en América Latina, hemos visto una serie de victorias electorales parciales, pero significativas en América Latina, como en el caso de Uruguay, o antes, en el caso de Brasil y otros países. Claro que la victoria mayor, hasta ahora, es en Venezuela, donde hay un proceso desde abajo que se llama proceso bolivariano, orientado por el presidente Hugo Chávez, y la integración de los movimientos de masas desde abajo en Venezuela con un Presidente a quien el pueblo quiere mucho.

¿De su reciente visita a Venezuela, qué aspectos destaca?

El proceso ha producido cambios, en distintos niveles, no sólo dentro de Venezuela, sino en todo el Continente; el impacto, en otras palabras, del proceso bolivariano, se siente en toda Suramérica. Acabo de venir de Venezuela, donde 350 intelectuales y artistas de 52 naciones participamos en el Primer Encuentro Internacional en Defensa de la Humanidad. Visitamos varios barrios de Caracas y de otras partes del país, desde el extremo oriente, en el río Orinoco, hasta el occidente del país, cerca de Maracaibo, y aprendimos lo genuino de ese proceso revolucionario, con sus propias contradicciones, como cualquier proceso, pero humano, y con una energía e inspiración que nos llenó.

¿Cómo caracteriza la situación de Cuba en esta coyuntura?

Yo considero que otra victoria muy significativa es la persistencia del nacionalismo de la revolución cubana; el movimiento social mayor en América Latina es el del pueblo cubano, que resiste el fortalecido asedio de Estados Unidos. En mayo de 2004, más del 10 por ciento de la población cubana llenó las calles de La Habana para denunciar los nuevos planes contrarrevolucionarios del gobierno estadounidense para imponer un cambio de régimen en la tierra de Martí, la única liberada del imperio. Los sistemas sociales y políticos en Cuba, sean los que sean sus problemas o errores hasta ahora, constituyen la alternativa más completa lograda hasta hoy frente al orden imperialista de explotación, de depredación ecológica y despojo impuesto al mundo. Es posible que haya inmensos depósitos de petróleo en la parte cubana del Golfo de México, todo esto ha causado que el gobierno de Bush incremente la campaña de cambio de régimen contra el pueblo cubano creando un peligro bastante grave para nuestra América, no solamente en Cuba.

En su obra usted ha analizado cada uno de los sectores sociales que participan en las luchas democráticas de América Latina. ¿Podría resumir ese análisis?

Para entender los movimientos sociales de América Latina en su conjunto tan complejos y distintos en cada país, hay que destacar otros puntos:

Primero, el papel de los indígenas, notablemente en Bolivia, Perú, Ecuador, Guatemala y México, pero a un nivel sorprendente también en países donde hay pocos de ellos, por ejemplo, Argentina y Chile. Las etnias de todas las Américas, viven y reconocen el hecho de que tras el imperialismo hay más de 500 años de sujeción genocida. Los indígenas se dan cuenta de ciertas realidades, como la continuidad del imperialismo, el uso del secuestro, desaparición y torturas rutinarias, destrucción ecológica y la creación y perpetuación de una deuda externa impagable para chantajear económicamente a pueblos enteros.

Segundo, los papeles destacados de las mujeres y de la gente pobre, visto desde el surgimiento de su resistencia y liderazgo, fueron los casos, por ejemplo, de las comandantes zapatistas; las madres de la Plaza de Mayo, las piqueteras y las obreras argentinas que recuperan las fábricas abandonadas por sus patrones; las masas pauperizadas venezolanas y los círculos bolivarianos que defienden a su Presidente y el constitucionalismo; las obreras, vendedoras ambulantes y amas de casa bolivianas, de la ciudad de El Alto quienes organizan sus comités barriales y luchan cuadra por cuadra; o los miles de hambrientos nicaragüenses que realizaron su marcha de protesta hacia Managua en abril de 2004.

Tercero, el papel de la juventud en las calles, por ejemplo, durante el argentinazo del 2001, en las huelgas estudiantiles, en los movimientos contra la impunidad de los oficiales de las guerras sucias pasadas y actuales, en los movimientos en favor de los derechos de los homosexuales, o en el movimiento Otro Mundo es Posible; no se puede subestimar el papel de nuestros jóvenes en los movimientos sociales, incluyendo los grandes levantamientos de los pauperizados, como en Caracas y otras ciudades.

Cuarto, el papel de los campesinos. A pesar de las nuevas olas de represión dirigidas contra ellos en muchos países, como México, Paraguay y Brasil, por ejemplo, el campesinado es, en su mayor parte, un nuevo proletariado y funciona como fuerza de trabajo barata, flexible y migrante; aunque a la vez comienza un proceso de recampesinización cuando tienen que volver a parcelas rurales para cultivar los alimentos mínimos para la supervivencia, sean los movimientos cocaleros de los países andinos o el Movimiento de los trabajadores Sin Tierra, MST, de Brasil. Las regiones rurales latinoamericanas, por lo general, constituyen una zona de guerra de clase intensa.

Quinto, el papel de los trabajadores sindicalizados o tratando de sindicalizarse. Ellos desarrollan nuevas formas de lucha contra los patrones como la formación de cooperativas sindicales independientes, por ejemplo, el Frente Auténtico del Trabajo en México, o la Unión Nacional de Trabajadores en México y la nueva congregación del mismo nombre en Venezuela. Además, se internacionalizan las luchas obreras; caso sobresaliente lo constituyen las fábricas de Coca-Cola en Guatemala, y varias otras luchas en las maquilas de México y Centro América. Muchos sindicatos participan también en las grandes manifestaciones álter mundialistas como en Cancún o Miami 2003 y Guadalajara 2004, o en el Foro Social Mundial en Mumbai, India, 2004, y ahora en Porto Alegre 2005, que atrae más de 100.000 participantes del movimiento álter mundialista a sus encuentros internacionales anuales.

Sexto, el creciente reconocimiento entre los pueblos de América Latina de la necesidad de aliarse en sus luchas e internacionalizarlas, por ejemplo, la marcha mundial de las mujeres, el MST en Brasil, que forman una parte de la vida campesina de unos 20 movimientos de campesinos en 87 países, la campaña por la desmilitarización de América Latina iniciada en Chiapas en 2003 y en Colombia (en que año no estoy seguro), que ya tiene lazos con la campaña internacional para cerrar las 702 bases militares estadounidenses en 132 países del mundo y el internacionalismo del Foro Social Mundial.

En el aspecto internacional, al empezar la invasión a Irak, Estados Unidos violentó todos los acuerdos existentes...

Sí. En esta etapa del imperialismo, el gobierno de los Estados Unidos no reconoce ninguna ley internacional, no firma los tratados internacionales, solamente propone y firma nuevos tratados que justifiquen su doctrina de guerra preventiva y su doctrina de fundamentalismo de mercado.

¿La opinión progresista mundial debe insistir en la vigencia de los tratados que se originaron cuando se conformó a Naciones Unidas?

Aquellos viejos tratados se tienen que reformular. Quisiera mencionar que yo y muchos otros intelectuales y activistas, como Evo Morales, no estamos poniendo a un lado esos tratados progresistas, como la Declaración de Derechos Humanos, o de la Mujer, o desde luego, el artículo 169 de la OIT, que usan los pueblos indígenas para justificar sus derechos. Debemos aprovechar esos tratados progresistas para montar nuestras propias ofensivas políticas en la batalla de los movimientos sociales, y en la batalla de ideas para crear un mundo alternativo al que existe, y para lograr cambios revolucionarios en la historia humana.

¿En qué forma se expresa esa posición?

Les pongo este ejemplo: habrá un tribunal en el marco de las disposiciones internacionales vigentes que se llama Tribunal Benito Juárez, en México, en abril del 2005, integrado por la sociedad civil para juzgar a los Estados Unidos por sus actos de terrorismo de Estado y agresión contra el pueblo de Cuba y su revolución. Ese será el segundo tribunal mundial de la sociedad civil, porque el primero se realizó en Bruselas para juzgar a ese país por la invasión a Irak. Se trata de imitar al famoso Tribunal Russell contra la guerra en Vietnam. Invitaremos a representantes del gobierno estadounidense para que se defienda de los cargos que ya estamos preparando en el proceso.

En su conferencia a la Gran Coalición Democrática usted resaltó la participación de la mujer en los movimientos sociales de América Latina. ¿Podría darnos ejemplos de ello?

Yo siempre cito dos casos bien conocidos en México. El primero es lo que el comandante Marcos describió como la primera batalla por el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, fue una batalla interna, dada por las mujeres contra los hombres, contra el patriarcado y la manera de portarse los hombres en el movimiento zapatista. Según Marcos, ganaron ellas sin tirar una bala. El segundo ejemplo que me gusta citar es la famosa marcha a Ciudad de México, cuando toda la prensa se congregó en el Parlamento mexicano para escuchar la voz que representaría al EZLN, esperando que sería Marcos. No fue así, la voz que habló fue la de la comandante Ester, quién dijo: “yo soy la comandante Ester, Marcos es un subcomandante... yo soy pobre, soy indígena y sobre todo, soy mujer”. Antes de esos dos ejemplos hay todo un proceso revolucionario en Chiapas. Una de las demandas principales en la gran marcha zapatista del 2001 fue el derecho, no a la tierra, que ya fue bien conocido como demanda, sino el derecho de volver, el derecho de volver a su tierra y en todo este proceso histórico, la mujer, a pesar del patriarcado, ha jugado un papel de dignidad, un espíritu de lucha y resistencia que ha durado 500 años.

Permítame poner un tercer ejemplo, sin referencia a Chiapas: cuando comenzaba la década de los ochenta, hubo varias luchas contra la energía nuclear en México, en zonas indígenas, una de ellas la dieron las mujeres de Michoacán, las que, inicialmente, ganaron la lucha contra los hombres de su comunidad, quienes creían en la propaganda de las transnacionales y que eso sí crearía empleo y oportunidades; ellas ganaron primero allá y después contra las transnacionales. Estos ejemplos de México, que no son bien conocidos en Suramérica, me permiten resaltar el papel de la mujer en América Latina.

 

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