Bogotá, abril-julio de 2005 -Nº 10 ISSN 01246704 |
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La crisis educativa de la Costa Caribe Por Ubaldo Enrique Meza Ricardo Ya es histórico que la educación en Colombia no es una política de Estado sino de gobierno. En el caso del presente cuatrienio, el presidente Uribe ha impulsado la llamada “Revolución Educativa”, insertada en el Capítulo III de su Plan de Desarrollo. Planteada como la “tabla de salvación” de los males históricos que padece la educación en Colombia, la“revolución” de Uribe pretende resolver tres problemas básicos: cobertura educativa, calidad y eficiencia, tomando como base los conceptos de “rentabilidad”, “inversión”, “racionalidad económica del gasto” y “eficiencia financiera”, que viene impulsando el modelo neoliberal impuesto por el FMI a los llamados países en vías de desarrollo. La educación presenta diagnósticos alarmantes en el país, especialmente en la Costa Caribe, tales como: la desarticulación del sistema educativo; la baja calidad manifesta en las Pruebas Saber y del Icfes, por debajo de la media nacional; poca investigación y apropiación de las TIC (Tecnologías de Información y Comunicación); baja inversión en infraestructura y educación; baja cobertura, pues estamos por debajo de la media nacional en básica, media y superior; ineficiencia y baja gestión institucional; poca inversión en la capacitación docente; divorcio educación-sector productivo, entre otros. Estos problemas, lejos de resolverse, se agravan, razón por la cual la “Revolución Educativa” de Uribe ha sufrido el cuestionamiento de los diferentes sectores de la sociedad, en especial de los educadores. Poca inversión en educación Colombia se ubica en ese grupo de países que hacen poca inversión en educación, especialmente desde la aplicación del modelo económico vigente, donde ha sobresalido la descentralización política y administrativa que privilegió el ajuste fiscal y el pago de la deuda externa para descargar paulatinamente la responsabilidad de la financiación del sector social en los entes territoriales. Ello se refleja cuando se compara con otros países. Para la década de los noventa, la inversión representó sólo el 2,54% del PIB, muy por debajo del promedio de América Latina que era del 3,6%, superando sólo a Paraguay y Bolivia1. Desde el punto de vista de la política macroeconómica, la cobertura educativa en Colombia, particularmente en la Costa Caribe, es deficiente, debido al débil crecimiento económico y a la inequidad por la distribución del ingreso, factores que repercuten en la calidad de la educación. Por ello, a pesar de que ha habido en el país unos pequeños avances en torno a la superación del analfabetismo, en la Costa Caribe ha aumentado. Durante la descentralización de la educación, realizada desde 1993 a través de la Ley 60, reformada por la Ley 715 de 2001, en la Costa Caribe ocurrieron algunos avances en cuanto a la cobertura, tanto en la zona rural como en la urbana. “Sin embargo, estos logros no se realizaron de la forma más eficiente ni tampoco resultaron en una mejor calidad de la educación”. El rezago internacional de la educación En una investigación realizada por la Universidad de Shangai2 establece que la universidad colombiana no aparece entre las 500 mejores del mundo. Además del dominio de los Estados Unidos, con la Universidad de Harvard a la cabeza, el estudio muestra el rezago europeo ya que, entre las 100 mejores, figuran solo 31. América Latina logra ubicar sólo siete universidades, siendo la primera la Unam de México en el puesto 152; hay 4 del Brasil, una de Argentina y una chilena, las cuales son universidades públicas que lograron estar entre las 500 gracias al decidido respaldo de sus Estados. La causa de esta situación radica en que el Estado colombiano ha optado por el abandono y acoso a la educación pública, implementando en los últimos 15 años políticas neoliberales que miran la educación como un negocio y consideran suntuaria toda inversión oficial en las universidades estatales. Otro tanto sucede con la educación básica. En las pruebas internacionales de matemáticas y ciencias, ocupamos el penúltimo puesto. En las dos pruebas internacionales más acreditadas, conocidas por su iniciales Pissa y Timas3 “los primeros de la lista suelen ser pueblos asiáticos, Singapur, Corea, Tailandia y Japón”. “Chile, que es el país más próspero y exitoso de América Latina en el terreno de las matemáticas, ocupa el lugar 39 y en las ciencias el 36 entre 46, más o menos como Marruecos, Egipto o Filipinas. En otras pruebas parecidas, Colombia, Brasil y Perú caen por debajo de Chile”4. En lo que respecta al Caribe colombiano, según el investigador Rodolfo Posada, estas pruebas aplicadas a sus estudiantes “alcanzaron niveles mínimos de logros en las áreas claves del aprendizaje escolar, particularmente en lenguaje y matemáticas, fundamentales para el desarrollo personal y social. Igualmente, en conocimientos, competencias, habilidades y perspectivas en ciencias naturales y matemáticas se clasifican en los últimos lugares”5. Para complementar, Fundesarrollo realizó un estudio en el cual concluye que “El Caribe colombiano es la última región en rendimiento, dentro del penúltimo país en logros académicos”6. Desde que se viene implementado el modelo neoliberal en Colombia, los gobiernos de turno han creado los mecanismos para favorecer la educación privada, al punto que ésta atiende hoy mas del 70% del mercado nacional, con matrículas muchas veces inaccesibles. Este porcentaje supera a países como España (20%), México (25%) y Bolivia (10%)7. El resultado es que, cuando en América Latina 27 de cada 100 jóvenes tienen acceso a la universidad, en Colombia apenas llegamos a un 21%. Sin embargo, de acuerdo con estudios de la Universidad Nacional y con afirmaciones del rector de la Universidad de los Andes, Carlos Angulo, “En Colombia la educación superior es privilegio. Sólo el 15% en edad escolar tiene acceso a la universidad… desafortunadamente la tasa de deserción es muy alta. Sólo se gradúa el 5%”8. Poca inversión en investigación El Estado colombiano menosprecia, además, la inversión en investigación. Mientras los países desarrollados invierten entre el 2% y 3% del PIB, aquí solo se llega a 0,45%, por debajo del 1%, promedio de Latinoamérica. En educación técnica y científica, fundamental para el desarrollo de una nación como Colombia, solo alcanza un preocupante 15% del total de la educación, según datos del MEN. La amenaza del TLC Al crítico panorama descrito se suman las pretensiones de los Estados Unidos en las negociaciones del TLC con Colombia en el campo educativo. Aspiran a que las universidades gringas puedan ofrecer sus programas y competir con las nuestras a través de servicios educativos trasnacionales. Piden la creación de líneas de crédito para acceder a las altas matrículas de sus instituciones y la adecuación de los programas académicos para homologarlos con las norteamericanas. Así, las debilitadas universidades colombianas se verán abocadas a la competencia desigual, especialmente las estatales, que se debaten entre la debacle financiera y trabas de todo orden. En el caso de la Universidad del Atlántico, ya se viene implementando, como un modelo para aplicar en el resto de las universidades públicas, con el cual se le quita autoridad y funciones a los rectores para optimizar la rentabilidad financiera, sin importar la academia. A estos problemas, que atañen fundamentalmente al Estado central, se suma el pasivo pensional que hoy llega a 5,4 billones de pesos en 14 universidades públicas9. De concretarse la firma del TLC, se puede vaticinar el posible cierre de las instituciones oficiales de educación superior y la entrega del poco desarrollo científico a la iniciativa privada de las multinacionales. La calidad de la educación se aleja Pocas esperanzas hay de superar estas calamitosas cifras en instituciones con serios problemas financieros y académicos cuyos programas de alta calidad acreditados sólo alcanzan un 5%. Y pocas esperanzas de lograr la acreditación de calidad en un país en donde sólo cuatro universidades se han acreditado institucionalmente y en el caso de la Costa Caribe, sólo la Universidad del Norte. En toda Colombia han obtenido acreditación de alta calidad 228 programas, de los cuales solo un 7% corresponde al Caribe. Aquí existen 46 instituciones de educación superior entre las cuales se hallan 15 programas acreditados de alta calidad, repartidos así: siete en la Universidad del Norte; tres en la Escuela Naval de Cartagena; dos en la Universidad Tecnológica de Bolívar; uno en la Universidad Popular del Cesar; uno en la Universidad de Córdoba y uno en la Universidad de Cartagena, según datos recientes del Consejo Nacional de Acreditación. Con relación a la educación básica y media, la tendencia a los promedios bajos e inferiores en las pruebas del Icfes, se han mantenido desde hace 20 años. Igual viene sucediendo con las recientes Pruebas Saber. Es decir, hay educación de calidad para unos pocos y deficiente para muchos. El caso de la Universidad Nacional La Universidad Nacional se rige por una norma diferente a la Ley 30 de 1992 y ha liderado su propio proceso de acreditación. Pero, en términos de calidad, en este momento en Colombia se vienen realizando unos exámenes que miden la calidad de los programas y el nivel formativo de los estudiantes que, a partir del 28 de noviembre de 2004 son obligatorios, como lo ordenó el decreto 1781 de 2003. En las últimas pruebas se presentaron cerca de 85.000 alumnos de 43 carreras y nuevamente la Universidad Nacional sobresalió entre los 13 primeros lugares. Las universidades públicas mostraron un mejor desempeño que las privadas, como es el caso de la Universidad de Antioquia, la del Valle y la UIS. En nuestra región se destacaron la Universidad de Córdoba, la de Cartagena, la de Sucre y la del Atlántico, a pesar del ahogamiento financiero a que ha sido sometida por parte del gobierno central y departamental. Es evidente que, a pesar de las dificultades a que han sido sometidas por parte de los gobiernos neoliberales, el liderazgo académico de las universidades públicas pugna por su vigencia, brindando educación a aquellos buenos estudiantes que no tienen forma de pagar las costosas matrículas de las universidades privadas. Conclusiones La “Revolución Educativa” de Uribe es demagógica porque sus compromisos con el FMI alejan la responsabilidad del Estado con la educación. ¿Qué hacer ante la crisis? Se trata es de exigirle al Estado que cumpla con su deber constitucional de dar educación a los colombianos, brindando oportunidades a los sectores más pobres. La sociedad debe movilizarse para superar los bajos indicadores que muestra el país y la región. Consecuentes con lo anterior, un grupo de académicos e intelectuales agrupados a través de la Fundación Visión sin Frontera, con sede en Barranquilla, venimos liderando una movilización académica destinada a valorar la calidad de la educación en la Región Caribe; analizar las políticas del Estado y proponer salidas, en el marco de un Congreso por una Educación de Calidad convocado para los días 2, 3, 4 y 5 de agosto en Barranquilla, a cuyo llamamiento han respondido los diferentes actores, directos e indirectos, involucrados en la educación, a través de un proceso democrático que consulta las bases, con la orientación de los expertos. El Congreso busca los siguientes objetivos: • Dar a conocer proyectos de investigación que a nivel público y privado se vienen desarrollando. • Analizar las políticas del Estado en el marco de tres ejes temáticos: Ciencia, Tecnología e Innovación, Aplicación de las TICs en la Educación y Futuro de la Educación colombiana. • Construir una red de instituciones y docentes en permanente estudio por la calidad de la educación. • Construir un currículo que consulte la realidad del Caribe. • Buscar alternativas para el desarrollo de la ciencia en el aula, como un imperativo del docente en su cotidiano qué hacer académico y pedagógico. • Hacer un balance de la Misión Ciencia y Tecnología, Educación y Desarrollo propuesta al país desde 1994 por el Estado. • Dar a conocer experiencias de grandes talentos educativos, no conocidas por falta de un escenario apropiado. Notas
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