Bogotá, abril-julio de 2005 -Nº 10 ISSN 01246704 |
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El TLC y la televisión Habla Dago García Por la redacción de Nueva Gaceta
NUEVA GACETA: ¿Cómo cree usted que el TLC va a afectar a la cultura colombiana? Dago García: Lo que hemos hablado con miembros de la Comisión Nacional de Televisión y con los que tienen relación con las negociaciones del TLC, es que los temas de la cultura están repartidos en muchas mesas de negociación. Derechos de autor está en propiedad intelectual, televisión en otra, presencia local en otra, es decir, no existe una mesa en que se diga: «aquí se va a discutir sobre cultura». Lo que se busca es hacer un marco legal en un contexto de negociación en muchos temas que afectan a la cultura. En el caso de la televisión, los norteamericanos diferencian entre entretenimiento y cultura: el entretenimiento es industria, y la cultura es de por sí un valor de identidad. Para ellos el entretenimiento es una industria muy importante –es el segundo generador de exportaciones, después de las armas–, por lo cual es un sector estratégico de la economía. Entonces pujan porque la televisión y el cine tengan el mismo estatus de cualquier otra actividad económica. Lo que han planteado los canales de televisión colombianos es que el tratamiento que se le dé a la televisión no sea el de una industria cualquiera, sino que tenga un tratamiento especial como tema cultural. El fondo de eso es pedir una reserva cultural. Eso quiere decir que toda la normativa que existe con respecto a la televisión no se toque en el TLC. La otra posición pretende que algunas cosas se puedan negociar. Los gremios están tratando de proteger la cuota de pantalla: según la Ley de Televisión, el 70 por ciento de la programación en el prime time, debe ser de origen nacional, mientras que los negociadores norteamericanos pretenden bajar esa cuota al 40 por ciento. Sobre la cuota de pantalla, los canales privados tienen cierta reserva sobre los términos de la negociación. Ellos están en este momento en la misma posición nuestra, lo que es muy positivo, porque una reducción de la cuota de pantalla les podría convenir, pues para producir una hora de televisión tienen que invertir más o menos 25 o 30 mil dólares, pero esa hora comprada en enlatados no alcanza a costar 5 mil dólares. Lo que ellos han expuesto es que están preocupados por el tema de lo cultural. ¿La preocupación de los canales colombianos no sería más bien por el rompimiento del monopolio que tienen? Yo creo que los canales y los noticieros seguirían siendo de ellos. En Colombia el 80 por ciento de la gente pasa su tiempo libre consumiendo televisión. Entonces, la preocupación colombiana es la cuota de pantalla y, también, la posible presencia de «canales mandados», eso es que un canal norteamericano puede «mandar» su señal. La posición de los canales es que haya igualdad de condiciones. ¿El TLC afecta no solamente a los escritores, sino a todo el que participa detrás de las cámaras? En términos de derechos de autor los gringos manejan en el mundo audiovisual el copyright: eso quiere decir que el que tiene los derechos es el productor, pero al autor le pagan algo. Allá los escritores no tienen problema para vender, porque por un libreto de media hora les pagan 250 mil dólares, por lo tanto, no les importa ganar derechos de autor por repeticiones, pues les están pagando todas las posibles repeticiones. Ni en Colombia ni en México hay ese poder de inversión de la televisión, por lo que no hay copyright. Pero los aztecas pagan unas regalías por repeticiones durante el tiempo que dure la cesión de derechos de autor. Cuando se vence la cesión, esas novelas vuelven a ser del autor, las puede volver a vender. El negocio consiste en que se los derechos de autor, durante un tiempo determinado, se pueden vender. Lo que esgrimen los canales privados, la identidad nacional, ¿cómo se afectaría? Pienso que una identidad se construye, no solamente desde lo que se vive, sino también desde lo que se sueña. La industria de las telenovelas juega con eso. Si nos cambian las cosas que anhelamos, evidentemente están cambiando una parte de la definición de la sociedad, de la pertenencia. Si ya nuestro sueño va a ser vivir en Nueva York, y el ideal es comer en McDonalds, imagínese lo que puede pasar con lo demás. Pero si nuestro sueño sigue siendo Betty la fea o Pedro el escamoso, eso reafirma la forma nacional de hablar, de vestir, de caminar. Si nos llenamos de lo extranjero, perdemos la fuente más importante de construcción de la pertenencia. Dos telenovelas suyas de mucho éxito, Pedro el escamoso y La saga, están basadas en historias colombianas y se han vendido internacionalmente. ¿Cómo explica ese éxito? El mercado más interesante para televisión de habla española es el hispano parlante de Estados Unidos, porque tiene un poder adquisitivo enorme. Representa doce veces más una venta a los Estados Unidos que a otros países. En Estados Unidos hay 37 millones de hispano parlantes, 27 millones de ellos son mexicanos, es decir, el 70 por ciento. Los mexicanos, por razones de orden histórico, tienen resistencia hacia los norteamericanos, sienten que les han robado la mitad de su país, lo que es verdad, y a pesar de vivir en Estados Unidos y algunos ya son ciudadanos de tercera generación, siguen consumiendo el entretenimiento español como parte de su definición y de su sentido de pertenencia. Ellos consumen televisión de un monopolio de 55 años, Televisa, por medio de Univisión. El resto de colonias, tratan de ver el entretenimiento en inglés, como parte de su integración en la sociedad y del aprendizaje del idioma. ¿Cómo se expresa ese fenómeno de la globalización en la televisión colombiana? En Caracol –a diferencia de RCN–, trabajaron en dos frentes: uno era tratar de entrar al mercado norteamericano haciendo un producto parecido al mexicano para competir. Muy pronto se dieron cuenta que el público elige lo mexicano, no las imitaciones. Cuando se trató de romper ese dominio con productos no mexicanos, se llegó a un umbral y no se pasó de ahí, o sea, Betty la fea y Pedro el escamoso, fueron en Estados Unidos un fenómeno de opinión y no de rating. Nunca, ni Betty ni Pedro, amenazaron a sus enfrentados de Univisión. ¿Cómo deben atender los canales el denominado mercado nacional? Se descuidó el mercado nacional: ni estábamos haciendo grandes éxitos acá, ni estábamos logrando penetrar el otro bloque. Entonces, en Caracol, se optó por ensayar dos caminos simultáneos. Uno, tratar de hacer una novela muy pensada para el mercado internacional, estilo Luna la heredera, con casting internacional; y otro, realizar una novela muy nacional. ¿En esas condiciones, cuál es el futuro de la televisión en el marco del Tratado de Libre Comercio? Todo ese tipo de estrategias que se están implementando actualmente pueden morir con una apertura total de fronteras. Si se abren las fronteras, si se quita la normativa, si no hay cuota de pantalla, si todas esas cosas se aprueban, desaparece, sencillamente, una etapa en la que más televisión se ha hecho en Colombia. Desaparecería una industria nacional... Claro, Colombia es el tercer exportador de telenovelas del mundo después de México y Brasil, por encima de Venezuela. Anteriormente, los tres primeros eran Venezuela, Argentina y Perú, pero pasamos de ser el sexto exportador y tenemos la mayor tasa de crecimiento. Existe un mercado de aproximadamente unos 200 millones de personas de habla española en los países latinoamericanos, ¿podemos hacer aquí un producto que tienda a homogeneizar la cultura de esos países? Para Estados Unidos es estratégico, porque ellos también, históricamente, en muchos casos han penetrado con su industria cultural y luego con sus ejércitos. Se puede preparar el terreno y la mentalidad de un país entero y luego entrar, sin necesidad de desgaste militar y económico, para ellos su industria de entretenimiento es una herramienta estratégica de penetración. También hay que tener en cuenta lo que representa económicamente esa industria. ¿Hay conciencia de la gravedad de la situación dentro de las personas que trabajan hoy en la televisión? En la última ronda de negociaciones tuvimos a Fernando Gaitán en el ‘Cuarto de al Lado’, pero no se alcanzó a tocar el tema porque no se tiene como prioritario. Hasta ahora se empezó a hablar, a raíz de un comercial que pasa por los tres canales, que lo realizó la Coalición por la Diversidad. Los escritores nos organizamos e hicimos como una avanzada, mandamos una carta al Presidente de la República, hablamos con la Comisión Nacional de Televisión, así empezamos a mover el tema. ¿Han hecho contactos con otros sectores de la industria cultural, como las editoriales? No. La Coalición por la Diversidad Cultural está intentando una coordinación con otros sectores, pero a pesar de ser industrias que se refieren a lo mismo, hay características diferentes, hay, de hecho, intereses diferentes, expectativas diferentes y es muy complicado tener puntos en común. Por ejemplo, en televisión los derechos de autor no existen. Está todo como desperdigado, entonces no hay muchos puntos en común. En Colombia ni siquiera existe una norma común para cine y televisión, por ejemplo, sobre cuota de pantalla. En ese sentido, la televisión está más avanzada que el cine, porque la Ley de Televisión tiene implícitas ese tipo de normativas sobre cuota, definición de televisión nacional, límites de televisión extranjera, necesidad de presencia local. La Ley del Cine no habla de eso. En lo único que podemos estar de acuerdo es en el marco teórico, es decir, «hagamos un frente común para defender lo cultural, pero cada uno tiene su radio de acción diferente». ¿Se ha visto la posibilidad de hacer acuerdos con otros países? No. Ecuador y Chile aceptaron la reducción de cuota de pantalla sin ningún problema, porque ellos no tienen producción nacional, entonces tampoco hay coincidencia de intereses para hacer un frente común. ¿La Comisión Nacional de Televisión procura que el TLC no afecte de manera negativa al país? La Comisión no ha fijado posición. Quien le da instrucciones a los negociadores en el tema de televisión es esa Comisión y el único que puede modificar una instrucción es el Presidente de la República. De una u otra manera, ha servido hacer el ruido. Aquí sí hay que hacer valer la opinión pública, hay que hacer escándalo, hay que decir y hay que señalar. Nos decía Lisandro Duque que en la televisión se organizan por sindicatos. Sí, pero es otra idea de sindicato. Yo estuve trabajando en Roma, donde viví la experiencia del sindicato de Cinecita. Lo que hace el sindicato es facilitarle las cosas al empresario: un productor que quiera hacer una película habla con el sindicato y este le dice con quién puede hacerla y negocia por todos, pero no es una negociación sindical, sino son dos socios trabajando. El empresario tiene la tranquilidad de que si contrató con el sindicato, todo le va a funcionar. El sindicato es el que le paga a los trabajadores y determina los salarios. Yo estaba haciendo una novela donde el encargado del sonido ganaba más que la protagonista, porque era una actriz que hasta ahora estaba comenzando. Eso constituye otro tipo de sindicato. Volviendo al tema del TLC, según Lisandro Duque, no basta poner una cláusula de reserva para el tema cultural, sino que habría que rechazar todo el tratado. Los tres puntos fundamentales en que hemos dicho que hay que arrancharse son: cuota de pantalla, presencia local y definición de producción nacional. En cuanto a televisión, creo que de lo que se trata es de impulsar una normativa que defienda la producción nacional. |