Bogotá, abril-julio de 2005 -Nº 10   ISSN 01246704


De la redacción

Por qué no la reelección de Uribe Vélez

Bajo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, Colombia ha venido rodando hacia el absolutismo por cuenta del sofisma de la “seguridad democrática”. Sin embargo, avanza una creciente oposición popular a la que se le suma un grado de resistencia en las mismas esferas del poder del Estado. Una prueba de que el mandatario no las tiene todas a su favor es que hasta el ex presidente López Michelsen convocó a detener la reelección con propuestas tan fuertes como que “el Partido Liberal tumbe al grupo sin escrúpulos que pretende la reelección manejada desde Palacio”. Estos factores demuestran, no solo el inconformismo y la polarización desatada por Uribe, sino la posibilidad real de derrotar al presidente-candidato.

Uribe se ha desempeñado a fondo para intentar un control omnímodo sobre el poder. Cuando ocurre algo por fuera de su parecer, llueven puestos y dinero para ablandar las conciencias. Pero cuando las posiciones erguidas de los demócratas se escuchan, caen rayos y centellas, muchas veces disparados a viva voz desde los medios de comunicación por el propio Presidente. Si nada de eso vale, está el expediente de acabar de un plumazo con la legalidad que lo amarra y echar por la calle del medio, como intentó hacerlo en el referendo, ocasión en la cual recibió una estruendosa derrota.

No hay principio democrático y legal que Uribe no esté dispuesto a arrasar. Su ministro de Comercio se atrevió a decir que en ciertos casos se justifica la tortura, y su primo-senador, Mario Uribe, llamó a votar a favor de Álvaro así la Corte declare inexequible el Acto Legislativo de la reelección. El elemental deber de hacer cumplir la Constitución, obligaba al Presidente a rectificar tamaños despropósitos, pero guardó silencio cómplice.

Sin hablar del desastre económico, a nadie puede caberle duda de que el Gobierno está llevando al despeñadero lo que queda de la democracia en Colombia. Pero lo peor está por verse. El proyecto político de la reelección es grave en sí mismo por la violación a la tradición legal colombiana, por la forma como se aprobó en el Congreso, por la amenaza que hay contra la Corte Constitucional si llega a declararlo inexequible. En fin, es grave porque implica un triunfo de la antidemocracia. Pero, sobre todo, porque, de imponerse Uribe en la reelección, tendría más tiempo para aplicar su cometido fascista.

El autoritarismo es el camino para intentar acallar el rechazo popular a los atropellos del gran capital, pues el primer derecho que se erosiona es el de réplica, el derecho de los ciudadanos a hacer sentir su inconformidad y a exigir mejoría en sus condiciones. Además, ese cercenamiento tiene consecuencias fatales en la organización y la lucha política y social.

La cúpula neoliberal en el poder del Estado encuentra en la democracia burguesa un obstáculo para la acumulación de capital. Un par de ejemplos muestran el asunto: Al comenzar los noventa, el gavirismo –en asocio con el entonces senador Álvaro Uribe Vélez– puso en marcha el negociazo que constituyen las EPS, pero la Corte Constitucional, por la vía de la tutela, ha impedido que amasen mayores ganancias al obligarlas a prestar un servicio de salud más completo. Otro tanto ocurrió con el fallo contra las Upac.

Si a los fallos de tutela se suma que asuntos medulares del Acto que convocó el referendo fueran declarados inconstitucionales por la Corte Constitucional –el encabezamiento de las preguntas, que inducía al elector a votar por el sí, y la pregunta que permitía votar en bloque–, sus sentencias y promotores expresan una resistencia institucional a los excesos del Gobierno. De ahí que Uribe pretenda recortar las atribuciones de la Corte. Para ello, no sobra decirlo, en muchos casos la gran prensa le está ayudando, haciéndole a esa Corporación un juicio político amarillista.

De una u otra manera, dicha resistencia también se expresa en el Congreso. Por ejemplo, entre otros, el Gobierno no ha logrado que pase su propuesta de desmovilización de las autodefensas por una fuerte oposición, inclusive de quienes se han declarado uribistas de primera línea.

Mientras que América Latina empieza a transitar por un camino de insubordinación, gracias a una movilización generalizada y a que en media docena de países se han establecido gobiernos que desentonan con la secular tradición pronorteamericana y antipopular, acá en Colombia el Gobierno va por el de la peor derechización, siguiendo el paso marcial que Bush ha dictado en su propio país y está exportando donde quiera que encuentra o logre imponer áulicos dispuestos a seguirlo.

Esa política impulsada por la Casa Blanca se hace a nombre de la lucha contra el terrorismo, pero en verdad lo que hay de fondo es el interés de que los capos de las finanzas tengan el camino despejado para intentar contener la caída en sus ganancias por la vía de sobreexplotar a los trabajadores de todo el mundo. Con el objeto de que los mal llamados tratados de «libre comercio» puedan ponerse en marcha, se necesitan gobiernos como el de Uribe Vélez. Y cuando los negocios entran en apuros, el Pentágono tiene lista toda su parafernalia con el fin de intentar enderezar las cosas como hizo en Irak; pero, para desgracia del imperio, ello tampoco es solución, como lo muestra el empantanamiento en que se encuentra allí.

Sobre muchos países se cierne la amenaza de gobiernos como el de Mussolini, Franco y el mismo Hitler. Pero, como entonces, el pueblo y los sectores demócratas terminarán imponiéndose.

Por eso nos oponemos a la reelección.

El dossier de este número presenta a nuestros lectores una selección de artículos donde se analiza la reelección por parte de constitucionalistas y dirigentes políticos: José Gregorio Hernández, Jaime Castro, Piedad Córdoba, Jaime Caycedo, Antonio Navarro Wolf, Carlos Rodríguez y Marcelo Torres.

Presentamos también una entrevista realizada por Darío Henao, decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle, con el dirigente indígena caucano Arquímedes Vitonás, quien muestra porqué los pueblos del sur del país se están constituyendo en una importante fuerza que lucha por los más preciados valores de la nacionalidad colombiana. Ejemplo de ello fue la exitosa consulta popular que hicieron los cabildos indígenas de cinco municipios del Cauca en marzo pasado, cuyo resultado fue el abrumador rechazo al TLC. Esta lucha se enmarca en el despertar de los movimientos sociales e indígenas en contra del neoliberalismo en todo el Continente. La portada de la Revista es un homenaje a todos ellos.

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