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De la redacción
Por qué no la reelección de Uribe
Vélez
Bajo el gobierno de Álvaro Uribe Vélez,
Colombia ha venido rodando hacia el absolutismo por cuenta del sofisma
de la “seguridad democrática”. Sin embargo, avanza una creciente
oposición popular a la que se le suma un grado de resistencia en las
mismas esferas del poder del Estado. Una prueba de que el mandatario no
las tiene todas a su favor es que hasta el ex presidente López Michelsen
convocó a detener la reelección con propuestas tan fuertes como que “el
Partido Liberal tumbe al grupo sin escrúpulos que pretende la reelección
manejada desde Palacio”. Estos factores demuestran, no solo el
inconformismo y la polarización desatada por Uribe, sino la posibilidad
real de derrotar al presidente-candidato.
Uribe se ha desempeñado a fondo para
intentar un control omnímodo sobre el poder. Cuando ocurre algo por
fuera de su parecer, llueven puestos y dinero para ablandar las
conciencias. Pero cuando las posiciones erguidas de los demócratas se
escuchan, caen rayos y centellas, muchas veces disparados a viva voz
desde los medios de comunicación por el propio Presidente. Si nada de
eso vale, está el expediente de acabar de un plumazo con la legalidad
que lo amarra y echar por la calle del medio, como intentó hacerlo en el
referendo, ocasión en la cual recibió una estruendosa derrota.
No hay principio democrático y legal que
Uribe no esté dispuesto a arrasar. Su ministro de Comercio se atrevió a
decir que en ciertos casos se justifica la tortura, y su primo-senador,
Mario Uribe, llamó a votar a favor de Álvaro así la Corte declare
inexequible el Acto Legislativo de la reelección. El elemental deber de
hacer cumplir la Constitución, obligaba al Presidente a rectificar
tamaños despropósitos, pero guardó silencio cómplice.
Sin hablar del desastre económico, a nadie
puede caberle duda de que el Gobierno está llevando al despeñadero lo
que queda de la democracia en Colombia. Pero lo peor está por verse. El
proyecto político de la reelección es grave en sí mismo por la violación
a la tradición legal colombiana, por la forma como se aprobó en el
Congreso, por la amenaza que hay contra la Corte Constitucional si llega
a declararlo inexequible. En fin, es grave porque implica un triunfo de
la antidemocracia. Pero, sobre todo, porque, de imponerse Uribe en la
reelección, tendría más tiempo para aplicar su cometido fascista.
El autoritarismo es el camino para intentar
acallar el rechazo popular a los atropellos del gran capital, pues el
primer derecho que se erosiona es el de réplica, el derecho de los
ciudadanos a hacer sentir su inconformidad y a exigir mejoría en sus
condiciones. Además, ese cercenamiento tiene consecuencias fatales en la
organización y la lucha política y social.
La cúpula neoliberal en el poder del Estado
encuentra en la democracia burguesa un obstáculo para la acumulación de
capital. Un par de ejemplos muestran el asunto: Al comenzar los noventa,
el gavirismo –en asocio con el entonces senador Álvaro Uribe Vélez– puso
en marcha el negociazo que constituyen las EPS, pero la Corte
Constitucional, por la vía de la tutela, ha impedido que amasen mayores
ganancias al obligarlas a prestar un servicio de salud más completo.
Otro tanto ocurrió con el fallo contra las Upac.
Si a los fallos de tutela se suma que
asuntos medulares del Acto que convocó el referendo fueran declarados
inconstitucionales por la Corte Constitucional –el encabezamiento de las
preguntas, que inducía al elector a votar por el sí, y la pregunta que
permitía votar en bloque–, sus sentencias y promotores expresan una
resistencia institucional a los excesos del Gobierno. De ahí que Uribe
pretenda recortar las atribuciones de la Corte. Para ello, no sobra
decirlo, en muchos casos la gran prensa le está ayudando, haciéndole a
esa Corporación un juicio político amarillista.
De una u otra manera, dicha resistencia
también se expresa en el Congreso. Por ejemplo, entre otros, el Gobierno
no ha logrado que pase su propuesta de desmovilización de las
autodefensas por una fuerte oposición, inclusive de quienes se han
declarado uribistas de primera línea.
Mientras que América Latina empieza a
transitar por un camino de insubordinación, gracias a una movilización
generalizada y a que en media docena de países se han establecido
gobiernos que desentonan con la secular tradición pronorteamericana y
antipopular, acá en Colombia el Gobierno va por el de la peor
derechización, siguiendo el paso marcial que Bush ha dictado en su
propio país y está exportando donde quiera que encuentra o logre imponer
áulicos dispuestos a seguirlo.
Esa política impulsada por la Casa Blanca
se hace a nombre de la lucha contra el terrorismo, pero en verdad lo que
hay de fondo es el interés de que los capos de las finanzas tengan el
camino despejado para intentar contener la caída en sus ganancias por la
vía de sobreexplotar a los trabajadores de todo el mundo. Con el objeto
de que los mal llamados tratados de «libre comercio» puedan ponerse en
marcha, se necesitan gobiernos como el de Uribe Vélez. Y cuando los
negocios entran en apuros, el Pentágono tiene lista toda su parafernalia
con el fin de intentar enderezar las cosas como hizo en Irak; pero, para
desgracia del imperio, ello tampoco es solución, como lo muestra el
empantanamiento en que se encuentra allí.
Sobre muchos países se cierne la amenaza de
gobiernos como el de Mussolini, Franco y el mismo Hitler. Pero, como
entonces, el pueblo y los sectores demócratas terminarán imponiéndose.
Por eso nos oponemos a la reelección.
El dossier de este número presenta a
nuestros lectores una selección de artículos donde se analiza la
reelección por parte de constitucionalistas y dirigentes políticos: José
Gregorio Hernández, Jaime Castro, Piedad Córdoba, Jaime Caycedo, Antonio
Navarro Wolf, Carlos Rodríguez y Marcelo Torres.
Presentamos también una entrevista
realizada por Darío Henao, decano de la Facultad de Humanidades de la
Universidad del Valle, con el dirigente indígena caucano Arquímedes
Vitonás, quien muestra porqué los pueblos del sur del país se están
constituyendo en una importante fuerza que lucha por los más preciados
valores de la nacionalidad colombiana. Ejemplo de ello fue la exitosa
consulta popular que hicieron los cabildos indígenas de cinco municipios
del Cauca en marzo pasado, cuyo resultado fue el abrumador rechazo al
TLC. Esta lucha se enmarca en el despertar de los movimientos sociales e
indígenas en contra del neoliberalismo en todo el Continente. La portada
de la Revista es un homenaje a todos ellos.
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