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LA
CRISIS ARGENTINA
Hugo Fazio Rigazzi
El «contagio» de la crisis argentina
golpeó en primer término, co-mo era presumible, a Brasil, dadas las
fuertes relaciones comerciales entre los dos principales socios del
Mercosur. A ello se sumó el alto déficit brasileño en cuenta corriente, de
5% del PIB, que pone en alerta a los capitales sobre riesgos potenciales,
el sostenido crecimiento del déficit fiscal y la crisis energética. El
deterioro presupuestario crece, dada la política de su Banco Central de
alzar la tasa de interés –que la llevó en julio a un elevado 19% nominal,
con un crecimiento de 3,75 puntos porcentuales desde marzo–, en medio de
sus esfuerzos por detener el curso devaluatorio del real, expresión
concreta del «efecto contagio». La depreciación de la moneda local, a su
vez, se transforma en otro factor de incremento del déficit fiscal, al
aumentar en reales los compromisos externos.
El «efecto tango» llega a otros
países, desde luego a Chile, donde se manifiesta, al igual que en Brasil,
preferentemente en la paridad cambiaria. El peso chileno y el real han
seguido un curso devaluatorio casi simultáneo, mostrando sus componentes
comunes. El «contagio» se deja sentir independientemente del mecanismo
cambiario que se use. Argentina tiene tipo de cambio fijo, Uruguay
semifijo, Chile flotante y Brasil de «flotación sucia», con la constante
intervención de su Banco Central. Pero tiende a generar desequilibrios
mayores cuando se usan esquemas extraordinariamente rígidos, como en el
país trasandino, o se dejan al libre juego del «mercado», como acontece en
Chile, en economías abiertas. El nerviosismo internacional se explica si
se considera que el stock de bonos públicos argentinos es de
aproximadamente un 25% del total de bonos de países emergentes que se
transan en los mercados de deuda.
El séptimo ajuste fiscal desde que
asumió De la Rúa la presidencia, anunciado en julio, revela la profundidad
de la crisis, recurriéndose a medidas extremas y desesperadas, de corte
profundamente regresivo. El plan De la Rúa-Cavallo persigue llegar en los
trimestres futuros a un déficit presupuestario cero, recortándose para
ello el gasto público al nivel de los ingresos, cuando éstos se encuentran
afectados por el propio curso recesivo de más de tres años. En el tercer
trimestre, el recorte anunciado inicialmente del gasto fue de unos US$
1.500 millones, con un descenso de 13% en las remuneraciones de los
empleados públicos y de los jubilados con ingresos superiores a los $ 300
(US$ 300) mensuales. Privilegiándose en cambio el servicio de la deuda
externa.
Posteriormente se modificó la
propuesta, sin perder ni su drasticidad ni su regresividad, en busca de la
mayoría parlamentaria para su aprobación y a raíz de las protestas
sociales. La disminución de remuneraciones públicas y pensiones, en su
primer trámite parlamentario, se acordó a partir de los $500 (algo más de
$330.000 chilenos), señalándose que se aumentaría el piso, de crecer los
ingresos. La reducción del déficit fiscal fue demandada por el FMI y
precipitada al cortarse el financiamiento externo. El Grupo de los 8 le
brindó su apoyo.
Los paros masivos de los trabajadores
estatales –los directamente afectados– y de todas las centrales sindicales
tuvo como propósito evidenciar, como manifestó el dirigente de la
Asociación de Trabajadores Estatales, Juan González, «la unidad» del
sindicalismo «para revertir en serio esta política y esta lógica perversa
de ajustar a los que menos tenemos» (19/7/01).
Una vez más, el ajuste fiscal
trasandino es fuertemente contractivo. Su materialización, además de su
abultado costo social, tenderá a prolongar el curso recesivo. En el
trimestre en curso, las proyecciones oficiales son de un crecimiento de
0,2%. El desempleo en mayo, de acuerdo con las cifras del Instituto
Nacional de Estadísticas y Censos, aumentó a 16,4%, desde el 14,7% de
octubre del 2000. El desempleo y el subempleo afectan así a cuatro
millones de personas, el 30% de la población económicamente activa.
De igual modo, las medidas
antidevaluatorias del Banco Central de Brasil son también contractivas, al
aumentar las tasas de interés y sacar reales de la economía. De manera que
las dos mayores economías sudamericanas tendrán en los próximos meses un
curso recesivo o de bajo nivel de actividad, en un momento al mismo tiempo
de agudo desaceleramiento de la economía mundial. Estos hechos
necesariamente impactan negativamente en la economía chilena, en sus
exportaciones y en el movimiento de capitales.
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