Bogotá, Febrero - Mayo de 2002 -Nº 4   ISSN 01246704


LA CRISIS ARGENTINA

Hugo Fazio Rigazzi

El «contagio» de la crisis argentina golpeó en primer término, co-mo era presumible, a Brasil, dadas las fuertes relaciones comerciales entre los dos principales socios del Mercosur. A ello se sumó el alto déficit brasileño en cuenta corriente, de 5% del PIB, que pone en alerta a los capitales sobre riesgos potenciales, el sostenido crecimiento del déficit fiscal y la crisis energética. El deterioro presupuestario crece, dada la política de su Banco Central de alzar la tasa de interés –que la llevó en julio a un elevado 19% nominal, con un crecimiento de 3,75 puntos porcentuales desde marzo–, en medio de sus esfuerzos por detener el curso devaluatorio del real, expresión concreta del «efecto contagio». La depreciación de la moneda local, a su vez, se transforma en otro factor de incremento del déficit fiscal, al aumentar en reales los compromisos externos.

El «efecto tango» llega a otros países, desde luego a Chile, donde se manifiesta, al igual que en Brasil, preferentemente en la paridad cambiaria. El peso chileno y el real han seguido un curso devaluatorio casi simultáneo, mostrando sus componentes comunes. El «contagio» se deja sentir independientemente del mecanismo cambiario que se use. Argentina tiene tipo de cambio fijo, Uruguay semifijo, Chile flotante y Brasil de «flotación sucia», con la constante intervención de su Banco Central. Pero tiende a generar desequilibrios mayores cuando se usan esquemas extraordinariamente rígidos, como en el país trasandino, o se dejan al libre juego del «mercado», como acontece en Chile, en economías abiertas. El nerviosismo internacional se explica si se considera que el stock de bonos públicos argentinos es de aproximadamente un 25% del total de bonos de países emergentes que se transan en los mercados de deuda.

El séptimo ajuste fiscal desde que asumió De la Rúa la presidencia, anunciado en julio, revela la profundidad de la crisis, recurriéndose a medidas extremas y desesperadas, de corte profundamente regresivo. El plan De la Rúa-Cavallo persigue llegar en los trimestres futuros a un déficit presupuestario cero, recortándose para ello el gasto público al nivel de los ingresos, cuando éstos se encuentran afectados por el propio curso recesivo de más de tres años. En el tercer trimestre, el recorte anunciado inicialmente del gasto fue de unos US$ 1.500 millones, con un descenso de 13% en las remuneraciones de los empleados públicos y de los jubilados con ingresos superiores a los $ 300 (US$ 300) mensuales. Privilegiándose en cambio el servicio de la deuda externa.

Posteriormente se modificó la propuesta, sin perder ni su drasticidad ni su regresividad, en busca de la mayoría parlamentaria para su aprobación y a raíz de las protestas sociales. La disminución de remuneraciones públicas y pensiones, en su primer trámite parlamentario, se acordó a partir de los $500 (algo más de $330.000 chilenos), señalándose que se aumentaría el piso, de crecer los ingresos. La reducción del déficit fiscal fue demandada por el FMI y precipitada al cortarse el financiamiento externo. El Grupo de los 8 le brindó su apoyo.

Los paros masivos de los trabajadores estatales –los directamente afectados– y de todas las centrales sindicales tuvo como propósito evidenciar, como manifestó el dirigente de la Asociación de Trabajadores Estatales, Juan González, «la unidad» del sindicalismo «para revertir en serio esta política y esta lógica perversa de ajustar a los que menos tenemos» (19/7/01).

Una vez más, el ajuste fiscal trasandino es fuertemente contractivo. Su materialización, además de su abultado costo social, tenderá a prolongar el curso recesivo. En el trimestre en curso, las proyecciones oficiales son de un crecimiento de 0,2%. El desempleo en mayo, de acuerdo con las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, aumentó a 16,4%, desde el 14,7% de octubre del 2000. El desempleo y el subempleo afectan así a cuatro millones de personas, el 30% de la población económicamente activa.

De igual modo, las medidas antidevaluatorias del Banco Central de Brasil son también contractivas, al aumentar las tasas de interés y sacar reales de la economía. De manera que las dos mayores economías sudamericanas tendrán en los próximos meses un curso recesivo o de bajo nivel de actividad, en un momento al mismo tiempo de agudo desaceleramiento de la economía mundial. Estos hechos necesariamente impactan negativamente en la economía chilena, en sus exportaciones y en el movimiento de capitales.

Regresar