|

Tres decenios de exilio en Colombia
Álvaro Moreno Durán
Han pasado treinta y tres años desde
aquel día cuando abandonara la España franquista dentro del baúl de un
carro, dejando atrás la sentencia de los tribunales militares que lo
declarara en rebeldía y lo condenara a catorce años de prisión.
Por aquel entonces, cuenta el pintor
valenciano José Soler Vidal, de nombre artístico Monjalés, el ambiente de
la segunda posguerra era de tensa calma en Europa y en España de
dictadura, situación que caldeó su espíritu y agitó su pulso de pintor que
contribuyó a abrir la puerta para que entraran los aires renovadores a su
sociedad.
Monjalés, recurriendo al arma más
sutil para ese logro, el arte, empezó a mostrar en cada uno de sus trazos
su inconformidad y deseo de libertad. Y con el nombre de “Informal”, una
corriente que negaba el exceso de academicismo y el estatismo del arte de
la época, fue como se empezó a conocer la influencia que compartió con
otros artistas contemporáneos.
Tiempo más tarde, ya conocido por el
Informalismo y después de rondar con algunas obras y exposiciones
individuales, Monjalés ingresó a Parpalló,* grupo valenciano que se
constituyó en uno de los movimientos de la época forjadores de la
vanguardia española, que pregonaban la búsqueda del concepto del arte como
expresión del sentimiento de una generación acuartelada en su propio
territorio y amordazada por el régimen. Este grupo fue un fenómeno
artístico colectivo según los críticos de hoy, que, aunque no tuvo una
homogeneidad definida en sus criterios pictóricos, sí compartía la idea de
romper el aislamiento con el resto del mundo y el afán de incursionar en
los demás estamentos sociales con ideas nuevas, manifiestas en sus
trabajos y en sus escritos recopilados en Arte Vivo, revista editada por
ellos mismos.
Los integrantes de Parpalló lograron
ser reconocidos en el ámbito nacional e internacional, apoyados por
simpatizantes de la causa como el maestro Miró, e invitados a exponer en
eventos y galerías prestigiosas como sucedió con el pintor Monjalés, quien
fuera en 1958 a Bruselas y a Tokio; en 1959 a la Tercera Bienal del
Mediterráneo en Alejandría; en 1961 a Londres a las galerías de Marborough
y Paris Gallery; en 1962 a la galería parisina Le Soleil dans la Tête y en
1965 a las galerías de Nueva York, entre otras exposiciones importantes.
La obra de Monjalés, después de esos
años mozos cuando empezó a descubrir nuevos horizontes y a saber de los
mercados del arte, se hizo más enfática en su misión de denuncia,
mostrando sus fracturas con la obra “utópica” o menos comprometida, hecha
hasta entonces por él, según los críticos.
La nueva pintura se empeñaba en
señalar al mundo la imagen de su sociedad incomunicada, impotente y
amargada, como lo plasma en la Paloma de la Paz, pintura que para los
entendidos es la más cruel que se haya ejecutado en la técnica
informalista, o en la serie de Mapas Ibéricos que pintó posteriormente. A
medida que pasaron los meses, acentuó su empeño en contra de la dictadura
y su obra se tornó más realista, cruda, incorporando elementos figurativos
de carácter expresionista, alejándose de los acordes estéticos del
Informalismo, cuyos límites ya habían sido rebasados. Son de esa época la
serie Derrota, Los hijos de España y La lucha. Durante esos años, cuando
su obra y militancia revolucionaria se armonizaban en la obstinada tarea
de revelar al mundo lo que en casa estaba pasando, la rebeldía del pintor
compuso nuevos mensajes como la serie Oraciones comparativas, obra que la
dictadura no soportó e hizo que la policía franquista obligara el
destierro del pintor al otro lado de los Pirineos.
El abandono forzoso de la patria,
impregnado de amargura, que había caído sobre muchos españoles como una
plaga, fue afortunadamente fugaz en Europa. Después de errar por Francia y
Bélgica, y de algunas vicisitudes para obtener una visa de refugiado
político, el artista halló residencia en el corazón de una colombiana que
le dio a conocer el calor del trópico, la variedad de los paisajes y la
fauna política colombiana que, de acuerdo con su memoria, aún conservaba
nombres tradicionales de algunos partidos europeos del siglo XVIII.
“Una vez estuve en Colombia, a
finales de los 60, me vinculé a la escuela de Bellas Artes de la
Universidad de los Andes de Bogotá en donde compartí mis conocimientos con
esa generación. Intervine en los debates que sobre arte se ventilaban en
aquella época, me relacioné con reconocidos artistas como Roda y
Giangrandi, y asistí a varias exposiciones que por aquel entonces se
hacían, como las realizadas por Coltejer. Participación, que, a propósito,
fue criticada por un sector de artistas que se negaba a concurrir a
eventos de esta naturaleza por considerarlos reaccionarios. Hoy todavía
pienso que eran los únicos espacios para que nos vieran y nos escucharan”.
Monjalés se radicó en Colombia en
donde al lado de sus hijos, de su compañera, amigos y colegas, enriqueció
su obra. Ha sido testigo de los vertiginosos acontecimientos sociales que
entre la violencia y la fiesta han hecho historia en el país, sobre los
cuales piensa que son normales en la consolidación de una nación. Aprendió
a vivir a la colombiana y a utilizar modismos nuestros que se le cuelan en
su acento español. Se siente hijo de Bogotá, conoce sus vericuetos y
reflexiona sobre sus días desde el taller donde habita en las afueras de
la ciudad, en medio de su pintura, su escultura y de su trabajo en
cerámica, fruto de las indagaciones inspiradas en la obra de su
compatriota Gaudí.
Hoy, después de varios años de exilio
ya voluntario, cree que su tierra le llama y con el brillo de indecisión
que aparece en sus ojos cuando habla del retorno, se alista para regresar
pronto a su tierra natal.
La llama de su pintura aún no cesa de
alumbrar otros horizontes del arte como en los días de Parpalló. Pronto
quiere dar a conocer el resultado de muchos años de trabajo silencioso en
estas tierras, guiado por los pasos de su coterráneo el sabio Mutis.
Aureas Mutaceas es el nombre dado a
su último proyecto que inició con la exhaustiva exploración sobre el sabio
y la Expedición Botánica.
Próximamente Monjalés presentará este
proyecto a Colombia como una retribución y lo compartirá con las galerías
españolas que lo esperan para celebrar su definitivo retorno, la elección
en su país como uno de los pintores más notables del siglo XX y la serie
de cuadros sobre la Expedición, que posiblemente se conjugará con la hecha
por el maestro en sus tres decenios de exilio en Colombia.
Regresar
|