Bogotá, Febrero - Mayo de 2002 -Nº 4   ISSN 01246704


MONJALÉS

Tres decenios de exilio en Colombia

Álvaro Moreno Durán

Han pasado treinta y tres años desde aquel día cuando abandonara la España franquista dentro del baúl de un carro, dejando atrás la sentencia de los tribunales militares que lo declarara en rebeldía y lo condenara a catorce años de prisión.

Por aquel entonces, cuenta el pintor valenciano José Soler Vidal, de nombre artístico Monjalés, el ambiente de la segunda posguerra era de tensa calma en Europa y en España de dictadura, situación que caldeó su espíritu y agitó su pulso de pintor que contribuyó a abrir la puerta para que entraran los aires renovadores a su sociedad.

Monjalés, recurriendo al arma más sutil para ese logro, el arte, empezó a mostrar en cada uno de sus trazos su inconformidad y deseo de libertad. Y con el nombre de “Informal”, una corriente que negaba el exceso de academicismo y el estatismo del arte de la época, fue como se empezó a conocer la influencia que compartió con otros artistas contemporáneos.

Tiempo más tarde, ya conocido por el Informalismo y después de rondar con algunas obras y exposiciones individuales, Monjalés ingresó a Parpalló,* grupo valenciano que se constituyó en uno de los movimientos de la época forjadores de la vanguardia española, que pregonaban la búsqueda del concepto del arte como expresión del sentimiento de una generación acuartelada en su propio territorio y amordazada por el régimen. Este grupo fue un fenómeno artístico colectivo según los críticos de hoy, que, aunque no tuvo una homogeneidad definida en sus criterios pictóricos, sí compartía la idea de romper el aislamiento con el resto del mundo y el afán de incursionar en los demás estamentos sociales con ideas nuevas, manifiestas en sus trabajos y en sus escritos recopilados en Arte Vivo, revista editada por ellos mismos.

Los integrantes de Parpalló lograron ser reconocidos en el ámbito nacional e internacional, apoyados por simpatizantes de la causa como el maestro Miró, e invitados a exponer en eventos y galerías prestigiosas como sucedió con el pintor Monjalés, quien fuera en 1958 a Bruselas y a Tokio; en 1959 a la Tercera Bienal del Mediterráneo en Alejandría; en 1961 a Londres a las galerías de Marborough y Paris Gallery; en 1962 a la galería parisina Le Soleil dans la Tête y en 1965 a las galerías de Nueva York, entre otras exposiciones importantes.

La obra de Monjalés, después de esos años mozos cuando empezó a descubrir nuevos horizontes y a saber de los mercados del arte, se hizo más enfática en su misión de denuncia, mostrando sus fracturas con la obra “utópica” o menos comprometida, hecha hasta entonces por él, según los críticos.

La nueva pintura se empeñaba en señalar al mundo la imagen de su sociedad incomunicada, impotente y amargada, como lo plasma en la Paloma de la Paz, pintura que para los entendidos es la más cruel que se haya ejecutado en la técnica informalista, o en la serie de Mapas Ibéricos que pintó posteriormente. A medida que pasaron los meses, acentuó su empeño en contra de la dictadura y su obra se tornó más realista, cruda, incorporando elementos figurativos de carácter expresionista, alejándose de los acordes estéticos del Informalismo, cuyos límites ya habían sido rebasados. Son de esa época la serie Derrota, Los hijos de España y La lucha. Durante esos años, cuando su obra y militancia revolucionaria se armonizaban en la obstinada tarea de revelar al mundo lo que en casa estaba pasando, la rebeldía del pintor compuso nuevos mensajes como la serie Oraciones comparativas, obra que la dictadura no soportó e hizo que la policía franquista obligara el destierro del pintor al otro lado de los Pirineos.

El abandono forzoso de la patria, impregnado de amargura, que había caído sobre muchos españoles como una plaga, fue afortunadamente fugaz en Europa. Después de errar por Francia y Bélgica, y de algunas vicisitudes para obtener una visa de refugiado político, el artista halló residencia en el corazón de una colombiana que le dio a conocer el calor del trópico, la variedad de los paisajes y la fauna política colombiana que, de acuerdo con su memoria, aún conservaba nombres tradicionales de algunos partidos europeos del siglo XVIII.

“Una vez estuve en Colombia, a finales de los 60, me vinculé a la escuela de Bellas Artes de la Universidad de los Andes de Bogotá en donde compartí mis conocimientos con esa generación. Intervine en los debates que sobre arte se ventilaban en aquella época, me relacioné con reconocidos artistas como Roda y Giangrandi, y asistí a varias exposiciones que por aquel entonces se hacían, como las realizadas por Coltejer. Participación, que, a propósito, fue criticada por un sector de artistas que se negaba a concurrir a eventos de esta naturaleza por considerarlos reaccionarios. Hoy todavía pienso que eran los únicos espacios para que nos vieran y nos escucharan”.

Monjalés se radicó en Colombia en donde al lado de sus hijos, de su compañera, amigos y colegas, enriqueció su obra. Ha sido testigo de los vertiginosos acontecimientos sociales que entre la violencia y la fiesta han hecho historia en el país, sobre los cuales piensa que son normales en la consolidación de una nación. Aprendió a vivir a la colombiana y a utilizar modismos nuestros que se le cuelan en su acento español. Se siente hijo de Bogotá, conoce sus vericuetos y reflexiona sobre sus días desde el taller donde habita en las afueras de la ciudad, en medio de su pintura, su escultura y de su trabajo en cerámica, fruto de las indagaciones inspiradas en la obra de su compatriota Gaudí.

Hoy, después de varios años de exilio ya voluntario, cree que su tierra le llama y con el brillo de indecisión que aparece en sus ojos cuando habla del retorno, se alista para regresar pronto a su tierra natal.

La llama de su pintura aún no cesa de alumbrar otros horizontes del arte como en los días de Parpalló. Pronto quiere dar a conocer el resultado de muchos años de trabajo silencioso en estas tierras, guiado por los pasos de su coterráneo el sabio Mutis.

Aureas Mutaceas es el nombre dado a su último proyecto que inició con la exhaustiva exploración sobre el sabio y la Expedición Botánica.

Próximamente Monjalés presentará este proyecto a Colombia como una retribución y lo compartirá con las galerías españolas que lo esperan para celebrar su definitivo retorno, la elección en su país como uno de los pintores más notables del siglo XX y la serie de cuadros sobre la Expedición, que posiblemente se conjugará con la hecha por el maestro en sus tres decenios de exilio en Colombia.

Regresar