Bogotá, Febrero - Mayo de 02 -Nº 4   ISSN  01246704


                                             

 

La fumigación

aspectos

bioéticos

de cultivos ilícitos

 

Jaime Escobar Triana M.D.

Los cultivos así llamados ilícitos son una creación no natural, ya que ninguna planta como ser viviente puede ser considerada como maleza o como ilícita. Sólo el uso que pueda hacerse de sus principios activos es lo ilícito. Su consideración como ilícitos surgió en 1961 cuando en la ONU se estudió la utilización de sustancias psicoactivas generadas especialmente por la marihuana, la coca y la adormidera o amapola, y la necesidad de combatir su consumo. A partir de entonces se han implementado medidas diversas para destruirlos o controlarlos con diferentes métodos químicos, biológicos o militares.

A pesar de la fumigación aérea con aspersión de productos tóxicos, el cultivo de coca en Colombia se ha triplicado desde que comenzaron las fumigaciones, lo que pone en evidencia la futilidad de dicha práctica. De otra parte, la fumigación con sustancias como el glifosato causa daños en la biodiversidad, contaminación de los suelos y las aguas, deforestación, problemas de salud y migraciones de la población. Las consecuencias a mediano y largo plazo están por verse, pues no existen estudios científicos o epidemiológicos serios sobre su impacto para la Amazonía y la biosfera.

Las situaciones creadas plantean reflexiones bioéticas sobre la vida en general y la vida humana en particular, preocupaciones relacionadas con la irrupción de agentes destructores de ecosistemas que afectan el entramado de la vida como sistema de interrelaciones necesarias para todos los vivientes, incluyendo la vida humana.

Antecedentes de los cultivos ilícitos en Colombia

Un alto porcentaje del territorio colombiano está cubierto por selvas húmedas tropicales, con ecosistemas caracterizados por su exuberancia, diversidad y complejidad; los suelos en que se sustenta esta biodiversidad son, sin embargo, pobres y frágiles; los organismos se mantienen por una vasta relación de interdependencias y asociaciones muy lábiles a cualquier alteración, por pequeña que sea, y que lleva a cambios bruscos, siguiendo la complejidad de los sistemas dinámicos autoorganizados1.

La preocupación mundial por el consumo de sustancias psicoactivas motivó la realización de La Convención Única de Estupefacientes de Naciones Unidas, firmada en 1961, que categoriza muchas plantas que contienen sustancias psicoactivas como ilegales. Es la base legal multilateral que se usa como referencia para políticas de erradicación. En la «lista 1», tanto la cocaína como la hoja de coca están prohibidas. Se dieron dos excepciones en relación con esta última: el uso de la hoja de coca es práctica antigua de los indígenas para el consumo tradicional y cultural de Perú y Bolivia. La otra excepción específica (art.No.27) para la compañía Coca Cola, que usa la coca como aromatizante2.

Posteriormente, en 1988 en Viena, La Convención de Naciones Unidas contra el tráfico de Sustancias Narcóticas y Psicotrópicas, obligó a todas las partes a «tomar medidas apropiadas para impedir el cultivo ilícito y erradicar las plantas que contienen sustancias narcóticas psicotrópicas, como la adormidera, el arbusto de coca y la planta cannabis que se cultiven en sus territorios».

La convención no especifica métodos de erradicación para los cultivos ilícitos y se refiere a la ONU como facilitador en la investigación herbicida y biológica. En el artículo 14 incluye lo siguiente: «las medidas adoptadas deberán respetar los derechos humanos fundamentales y tener en cuenta los usos tradicionales lícitos, en donde hay evidencia histórica de tal uso, así como la protección del medio ambiente»3 .

Erradicación de cultivos en Colombia

Por la década de los años setenta, Colombia tenía una larga aunque muy limitada tradición cocalera, pues era superior la de cultivos de marihuana. Sin embargo, las ganancias de la cocaína superaron gradualmente las de esta última, motivando su cultivo y producción4.

En la actualidad Colombia tiene más de 120.000 hectáreas cultivadas en coca, entre 7.000 y 8.000 hectáreas en amapola, al tiempo que se produjo la reaparición después de 1993 de una superficie de entre 6.000 y 8.000 hectáreas de cultivos de marihuana. Todo lo anterior muestra la inutilidad de los métodos de erradicación, especialmente de las fumigaciones aéreas con productos químicos5 .

Métodos de erradicación

La erradicación de cultivos se basa en la propuesta de disminuir la oferta en el mercado6. El establecimiento de cultivos obedece a la lógica del mercado, a la relación directa entre oferta y demanda. Por el hecho de ser un  «cultivo ilícito» y por la dificultad de acceder a las drogas, los precios se elevan y esto conlleva al incremento de los cultivos.

El método escogido para esa erradicación fue la fumigación aérea, a partir de 1988. Diez años después, por unanimidad, la Asamblea de Naciones Unidas, aprobó el Plan de cooperación internacional para la erradicación de «cultivos ilícitos», adicionándole el desarrollo alternativo. Con esta nueva estrategia, los Estados se comprometieron en su aplicación, fijándose metas para los años 2003 y 2008 y así reducir o eliminar el problema de las drogas en el mundo.

Fumigaciones con glifosato

Las presiones para que Colombia fumigara los cultivos de marihuana con un herbicida nuevo, el glifosato, comercialmente RoundUp (Monsanto), venían desde antes de 1981. Se mencionaba este producto como menos tóxico que el Paraquat que ya había sido usado en la Sierra Nevada de Santa Marta hasta 1984.

El herbicida glifosato pertenece al grupo de los organofosforados, considerado en Colombia con categoría toxicológica grado III, moderadamente tóxico, se promociona como herbicida «suave» porque supuestamente se descompone rápidamente. Sin embargo, en 1997 Monsanto fue obligado a retirar los términos «biodegradable» y «seguro para el medio ambiente» de los anuncios de glifosato7.

El herbicida RoundUp afecta o mata otras plantas como el banano, la yuca, el maíz, el cacao, el papayo y su ingestión con los alimentos o aguas contaminadas puede producir trastornos de salud como vómito, diarrea, náusea, y cefalea, de acuerdo con los campesinos e indígenas. Los efectos tóxicos a largo plazo se desconocen todavía.

Mezclas del glifosato y surfactantes

Para hacer más efectiva la acción del glifosato se adicionan aditivos como el Cosmo-flux 411F y Cosmo-IN-D. Un promedio de 2.5 litros/hectárea, del ingrediente activo glifosato, es suficiente para destruir cultivos de marihuana y adormidera. Pero recomiendan una solución de 10.41 litros por hectárea para la coca debido a su mayor resistencia8. Junto al glifosato el RoundUp contiene sustancias «inertes» no determinadas en la etiqueta, e incluye el surfactante Polioxietil amina (POE-polyoxi ethilamina) que aumenta en las hojas de la planta la absorción del ingrediente activo. La fórmula exacta mantiene el secreto comercial.

La N-fosfonametil glicina lleva compuestos nitrogenados al suelo y por acción bacteriana se convierten en nitratos y nitritos. Al ingerirse el agua con altos contenidos de estas sustancias puede producir metahemoglobinemia en niños. Además, cuando las aminas secundarias entran en contacto con nitritos en el estómago pueden formarse nitrosaminas cancerígenas. En poblaciones con elevado índice de cáncer gástrico se ha encontrado un alto consumo de nitratos y /o nitritos en la dieta9.

Resultados de las fumigaciones

La fumigación aérea es parte de la estrategia de «reducción de la oferta de drogas» , la cual no ha funcionado en Colombia puesto que la producción de coca aumentó tres veces en los últimos diez años. Según la Dirección Nacional de Estupefacientes y la Policía Nacional, para 1999 existían más de 103.500 hectáreas de cultivos de coca en las distintas regiones del país. De acuerdo con el Departamento de Estado norteamericano, ese mismo año ascendía a 122.500 hectáreas. Las hectáreas sembradas de amapola se calculan en 6.500 y de marihuana 2.00010.

Una de las consecuencias desastrosas de las fumigaciones aéreas ha sido para la biodiversidad11 no solo por el efecto del herbicida sino por el desplazamiento de los cultivos –o efecto bomba– a nuevas zonas y la pérdida de los suelos. El efecto sobre el medio ambiente está contribuyendo a transformar y destruir un ecosistema estratégico muy importante para la biosfera. Se presenta una triple deforestación: siembra, fumigación y nueva siembra en otro sitio. La selva no se recupera y el proceso de degradación fuerte de los suelos aleja más la posibilidad de recuperación. Al desaparecer zonas de bosques se altera la cadena trófica y disminuyen los hábitats naturales, se disminuye el germoplasma, de importancia inequívoca en los procesos de descomposición del ciclo de nutrientes, base de los diferentes ecosistemas12.

En los aspectos de la salud, las referencias de las casas productoras se dan sobre la toxicidad aguda, dosis letal (DL50) y concentración letal (CL50) pero no sobre los efectos tóxicos crónicos. Se han relacionado efectos con el cáncer13, alteraciones genéticas, desórdenes del sistema nervioso central, entre otros, pero los estudios son limitados. Si bien no existen pruebas contundentes sobre la peligrosidad del glifosato, tampoco las hay sobre su inocuidad14.

Bioética y ciencias de la vida

La bioética como ética por la vida es abarcadora de todas las éticas. Los problemas que surgen por las acciones humanas se relacionan con cuestiones morales y, muy especialmente, con el uso de las tecnologías en la sociedad contemporánea, como se da cada vez más en la era de la tecnociencia en que vivimos.

La pregunta planteada por Erwin Schrödinger ¿Qué es la vida?, título de su obra publicada en 1944, fue el inicio de una preocupación y cuestionamiento acerca de algo tan fundamental como lo es nuestra existencia y el cómo se da la vida y las relaciones entre la física (entropía) y la filosofía en la relación del orden termodinámico y la complejidad biológica. Para Schrödinger, todo acontecimiento o proceso que suceda en la naturaleza aumenta la entropía de aquella parte del mundo donde ocurre. « Por lo tanto, un organismo vivo aumentará continuamente su entropía o, como también puede decirse, produce entropía positiva y por ello tiende a aproximarse al peligroso estado de entropía máxima que es la muerte. Se mantiene vivo extrayendo continuamente entropía negativa de su medio ambiente»15.

Sistemas vivos

Los organismos son sistemas abiertos al intercambio de energía y materia con su entorno, no están separados de su medio ambiente. Por lo tanto, están sujetos a las fluctuaciones de energía que actúan sobre su equilibrio interno generando inestabilidad, de lo que resultan cambios impredecibles, no sujetos a la causalidad lineal16.

Los sistemas vivos son sistemas abiertos que operan fuera del equilibrio y este es sólo una forma dinámica que se da por procesos de regulación y autorregulación17. Fue Bertalanffy18, quien con su teoría general de sistemas, impulsó el pensamiento sistémico como un gran movimiento científico que llevó a las metodologías de ingeniería de sistemas, análisis de sistemas, etc. Los organismos vivos son sistemas abiertos que no pueden describirse por la termodinámica clásica y para mantenerse vivos requieren alimentarse de un flujo continuo de materia y energía que toman de su entorno. Según Bertalanffy, la entropía o desorden (disipación de energía en forma de calor y fricción) puede decrecer en los sistemas abiertos y, por tanto, la segunda ley de la termodinámica puede no tener aquí aplicación19.

En el cambio de un modelo antropocéntrico al modelo biocéntrico se revelan valores que no son exclusivos ni prioritariamente humanos20. Y su racionalidad son las ciencias de la vida o ciencias de la complejidad que deben incluir a los derechos humanos y a la bioética21.

La bioética con finalidad práctica, debe velar por la supervivencia del mundo viviente y relacionarla con la naturaleza biológica, con el conocimiento real del mundo de la vida; debe tratar los problemas morales que surgen por la acción humana sobre todos los seres vivientes22. En este sentido, la acción de los científicos y en general de los pueblos está comprometida con la contribución a la protección del ecosistema, como una obligación hacia las generaciones presentes y futuras, teniendo como propósito el aseguramiento de los derechos de tercera generación.

De igual manera, hay que preservar la diversidad cultural que se presenta desde hace miles de años, y en especial lo relacionado con los pueblos indígenas; estas comunidades están mejor relacionadas con el ambiente y la naturaleza y de ahí la importancia de los chamanes y de quienes conocen las propiedades de las plantas. La diversidad de religiones, lenguas, mitos, debe preservarse como diversidad cultural. El reto de la humanidad es conciliar factores como ciencia, tecnología y racionalización23. La bioética debe ser una empresa de reconocimiento, de explicitación, de elaboración y de resolución no violenta de los conflictos en el seno de una civilización en vía de mundialización, potencialmente muy conflictiva, debido a las complejidades e inequidades de las numerosas y constantes interacciones, de las contingencias y de las evoluciones que necesariamente se dan.

Bioética como ética de la vida

Si la bioética como ética de la vida se preocupa del medio ambiente, considero indispensable un pronunciamiento frente a la crisis ambiental que vive nuestro país y a la necesidad del mejoramiento humano, cultural, socioeconómico e integral, en el marco del desarrollo sostenible definido en la convención de las Naciones Unidas reunida en Río de Janeiro en 1992 como aquel que considera el medio ambiente parte integrante del proceso evolutivo y que ordena a los Estados «aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente»24.  

Además de los ya tradicionales principios de la bioética no-maleficencia, beneficencia, autonomía y justicia, existen otras nociones de la ética médica y la bioética contemporáneas, que se articulan mejor con la sociedad postmoderna, como expresiones muy fuertes del valor acordado a la vida humana y a la vida en general. Se trata de la ética del cuidado o de la preocupación por el otro, del principio de vulnerabilidad y del principio de precaución.

La ética del cuidado se inspira en la asistencia o en la ayuda al pleno desarrollo de un ser todavía frágil o vulnerable. Tiene por objetivo aportar una ayuda activa, respetuosa de la autonomía y de la alteridad y en este sentido esta ética parece apropiada para el mundo plural y complejo de la postmodernidad25.

El principio de vulnerabilidad, aplicable a la vida en general, se dirige inicialmente a la vida humana, considerada fundamentalmente frágil, y más especialmente a las personas o grupos de personas que se encuentran, permanente o transitoriamente, en una situación o un estado de dependencia o de precariedad26. Esa vulnerabilidad es multiforme: física, psicológica, económica, social, cultural, etc. Concierne a la dignidad, la integridad y la autonomía. La vulnerabilidad es evidentemente la situación dramática de personas y de poblaciones involucradas en un conflicto armado o en luchas de poder cuyas posturas les sobrepasan completamente. El imperativo ético fundamental expresado por el principio de vulnerabilidad es que entre más vulnerable sea un ser, más merece la atención y la asistencia de los que tienen poder y medios para ayudarlo27.

En cuanto al principio de precaución, cuando no hay certeza en cuanto a los conocimientos científicos y técnicos del momento, se deben posponer la opción de medidas efectivas y proporcionadas con miras a prevenir un riesgo de daños graves e irreversibles al medio ambiente. El principio de precaución busca guiar la acción en este tipo de contexto. Desde hace unos veinte años se le tiene como principio de acción pública, en derecho interno de algunos países, así como en derecho internacional y comunitario, en primer lugar en el campo del medio ambiente y de manera más reciente en el de la seguridad alimentaria y de la salud pública, notablemente en el seno de la Unión Europea28.

La bioética surgida en los campos de la biomedicina a raíz de las reflexiones éticas que suscitan las aplicaciones de las biotecnologías en su práctica, prontamente tomó la dirección hacia la sociedad global, de una parte, y hacia la naturaleza, de otra, hacia la biosfera de la cual forma parte lo humano. La mayoría de las cuestiones bioéticas superan los límites de una profesión para comprender la sociedad humana y la vida en general, con características macrobioéticas y biopolíticas, dadas la fragilidad y complejidad de la interdependencia de los múltiples componentes del mundo actual.

No hay organización, entidad, partido político o comunidad religiosa, en que no se practique la bioética, aunque puede tratarse de un medio extremadamente cerrado, o de la discusión en el medio abierto de la sociedad global. Es en este medio en donde la bioética cumple su papel, precisamente por la complejidad global y la contingencia que le han hecho surgir como un fenómeno cultural y social29.

La complejidad del mundo postmoderno tiene su expresión en la bioética por la pluridisciplinariedad, el pluralismo y las asociaciones de diversos intereses. Como dice Hottois, «si viviéramos en una sociedad culturalmente homogénea cerrada y estable, no habría bioética, solamente una biomoral dedicada a las normas simbólicas fundamentales que forman la base de dicha sociedad, esta biomoral se impondría bajo la forma de bioderecho. Su marco político podría ser un Estado teocrático o totalitario»30.

Es evidente la necesidad de realizar estudios epidemiológicos sobre los posibles daños causados a la población con las fumigaciones. Los productos usados deben ser sometidos a un riguroso método científico para descartar el daño, a corto o largo plazo, sobre los ecosistemas. Ello es indispensable si se quiere aclarar un problema de bioética con la información de una « certeza» científica y una reflexión filosófica sobre los hechos. La discusión bioética solo puede emprenderse con base en informaciones científicas confiables y completas, honestas, sin ocultar lo que se dispone en términos de datos científicos y de capacidades técnicas31

Si no se dispone de todos estos elementos, basándonos especialmente en principios de precaución, lo aconsejable es no utilizar métodos de erradicación de cultivos que ponen en grave riesgo los vivientes humanos y los vivientes en general.

 

 

 

Notas

1 Capra F., La trama de la vida una nueva perspectiva de los sistemas vivos. Anagrama, 1998, Barcelona.

2  Jelsma M., Círculo vicioso, marzo 2001.

Naciones Unidas, Convención de Naciones Unidas Contra el tráfico de Sustancias Narcóticas y  Psicotrópicas, 1988- Viena.

4 Tavera M., Cultivos ilícitos, erradicación e impacto ambiental. Cultivos ilícitos en Colombia. Universidad de los Andes. 2000. Bogotá.

5 Defensoría del Pueblo. Los Cultivos Ilícitos: Política Mundial y Realidad en Colombia. Castro J.F. Caicedo R, Maldonado L.F. Imprenta Nacional de Colombia, agosto 2000. Bogotá.

6 Tokatlian, J. Globalización, Narcotráfico y Violencia. Siete ensayos sobre Colombia. Se asume un vínculo entre la demanda y la oferta en el que implícitamente se rechaza la noción de que la demanda genera la oferta. Por lo tanto, se piensa necesario situar el acento de la represión en los polos de cultivo, producción, razonamiento, transporte y tráfico de narcóticos más que en los epicentros de consumo y en los espacios de mayor ganancia para la empresa transnacional ilegal de los narcóticos.

7 Lemoine, M. Cultures Illicites, Narcotrafic, et guerre en Colombie. Le Monde Diplomatique Janvier 2001. Le Glifosato, celle-ci le décrit comme l´herbicide le plus respetueux de l´environnement. Pas le procureur général de l´Etat de New York il a contraint la firme á retirer les termes «biodégradable» et «ecologique» de ses publicités.

8 Jelsma M. Op. Cit Rapalmira Colombia., Elsa Nivia., Las Fumigaciones Aéreas sobre cultivos Ilícitos si son peligrosas, algunas aproximaciones . Mayo 2001. El RoundUp en EEUU se aconseja que se use a una concentración del 1%, en Colombia se está usando en concentraciones al 26% pues su acción se cuadriplica por la adicción del Cosmoflux 411F.

9 Correa P., «Precursors of Gastric and esophageal cancer», Cancer 50:2 555, 1982 y Correa P., Y Cuello C. Estudio de la etiología del cáncer gástrico, Epidemiología de cáncer y lesiones precancerosas. Acta Médica, Valle, 9: 1-9, 1978.

10  Dirección Nacional de Estupefacientes. Colombia.

11 «Por diversidad biológica se entiende la variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos, entre otras cosas, los ecosistemas terrestres y marinos y otros ecosistemas acuáticos y los complejos ecológicos de que forman parte; comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y los ecosistemas». Colombia un país en construcción., P. Amaya, Director del Proyecto. U. Nacional de Colombia, 2000 Bogotá.

12 Defensoría del Pueblo. Op cit

13 Hardell L., Eriksson M. A Case-Control Study of Non-Hodking Lymphoma and Exposure to Pesticides. Cancer, Marcha 15, 1999 Vol. 85 N.6.

14  Pinillos, M., Glifosato, un herbicida entre el mito y la realidad. Rescate Ambiental, 1996.

15 Schrödinger E. ¿Qué es la Vida? Tusquets, 1997, Barcelona. Murphy M., O´Neill L. La Biología del Futuro ¿Qué es la vida? cincuenta años después. Tusquets, 1999, Barcelona, pág. 235; Tanto el gen como la biodiversidad constituyen base de datos sobre estrategias autoorganizativas que funcionan. «Esta es la conexión entre los temas del orden a partir del orden y del orden a partir del desorden de Schrödinger. La vida surge porque la termodinámica dicta la generación de orden a partir del desorden allí donde haya gradientes termodinámicos suficientes y se den las condiciones adecuadas. Pero para que la vida continúe, las mismas leyes requieren que sea capaz de regenerarse, esto es, de crear orden a partir del orden. La vida no puede existir sin ambos procesos, el orden a partir del desorden para generar vida y el orden a partir del orden para asegurar la persistencia de la vida».

16 Andrade E. Los Demonios de Darwin. Semiótica y Codificación Biológicas Unibiblos, Univ. Nal. De Colombia, 2000, Bogotá. «Las fluctuaciones de energía generarán inestabilidad resultando cambios impredecibles. Se presenta el proceso de auto-organización y las «estructuras disipativas» que generan orden a partir de la entropía del entorno.

17 Gell-Mann M. El Quark y el Jaguar, Aventuras de lo simple a la complejo. Tusquets, 1995, Barcelona, p. 134. «Las condiciones intermedias entre el orden y el desorden absolutos caracterizan el medio ambiente en que se da la vida y también la propia vida con su alta complejidad efectiva y gran profundidad».

18 Von Bertalanffy L. Teoría General de los Sistemas. Fondo de Cultura Económica. 1968-México.

19 Prigogine I. ¿Tan solo una Ilusión? Una exploración del Caos al Orden. Tusquets, 1997, Barcelona, p. 300. «El primer principio de la termodinámica postula la conservación de la energía en todos los sistemas. El aumento de energía dentro de un sistema es igual a la energía que recibe. El segundo principio afirma que un sistema aislado evoluciona espontáneamente hacia un estado de equilibrio que corresponde a la entropía máxima, es decir, al mayor desorden. Estos dos principios constituyen la base de la termodinámica clásica y permiten describir, dentro de la física, la mayor parte de los sistemas».

20 Leaky R. Lewin R. La sexta Extinción. El futuro de la vida y de la humanidad. Tusquets, 1997, Barcelona, pág. 138. «somos fruto de una evolución que nos incluye como una entre muchísimas otras especies en la complejidad global que es la biosfera».

21 Antropocentrismo y biocentrismo: «la diferencia radica en que a partir del modelo biocéntrico, siguen siendo los seres humanos quienes piensan, deciden y actúan, pero el referente o el objeto de sus decisiones y acciones no son ya única ni principalmente los mismos seres humanos, sino todas las demás formas de la vida distintas a las eminentemente humanas, toda la naturaleza en su conjunto y no ya simplemente la cultura, la historia o la civilización humana». Maldonado C. E. La Evolución del pensamiento, Universidad El Bosque, en imprenta. Bogotá, 2001.

22 Alfredo Marcos introduce un orden tentativo para considerar las cuestiones bioéticas «en las que se refieren a la vida en general, es decir las que afectan al tratado del hombre con la naturaleza, y las que se refieren específicamente a la intervención del hombre sobre la vida humana. El sujeto que actúa en ambos casos es el mismo, un ser humano, como único ser que se plantea cuestiones morales que debe por tanto enfrentar por su condición de libertad y el de conocer fines, medios y consecuencias de su acción. La buena bioética debe tener una idea adecuada de lo que son los vivientes. Alfredo Marcos, «Pensar la vida para la bioética» en: Racionalidad científica y racionalidad humana. Tendiendo puentes entre ciencia y sociedad. (M. Vega, C.E. Maldonado, A. Marcos Coordinadores) Universidad Valladolid. Universidad El Bosque. Intercambio Editorial U. De Valladolid 2001.

23 Agazzi, E. El bien, el mal y la ciencia, Tecnos Madrid, 1996. Afirma el autor que ni las ideologías cientificistas y tecnologicistas, ni las actividades anticientíficas y antiecológicas son las más adecuadas. La extensión inmoderada de lo tecnocientífico no siempre ha traído beneficios para la vida de los seres humanos, y demás vivientes pero es indudable reconocer que la humanidad en aspectos como la libertad, la justicia el orden y mejor calidad de vida ha recibido beneficios de la tecnociencia.

24 Conferencia de las Naciones Unidad sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, reunida en Río de Janeiro del 3 al 14 de junio de 1992, Principio 15.

25 Hottois Gilbert., Séptimo Seminario Internacional. Bioética y Conflicto Armado. Universidad El Bosque. 2001. Bogotá.

26 El principio de vulnerabilidad ha sido en estos últimos años promulgado en bioética por el filósofo Peter Kemp en la huella del pensamiento de Levinas y Ricoeur. G. Hottois. Seminario Internacional de Bioética y Conflicto Armado. Bogotá. Colombia, 2001, U. El Bosque.

27 El concepto de vulnerabilidad es utilizado dentro del sistema de las Naciones Unidas para caracterizar a aquellas poblaciones civiles que son más susceptibles de recibir los grandes impactos en casos de conflictos armados, catástrofes naturales, epidemias masivas y situaciones particulares. «En el caso del conflicto colombiano y en concreto con respecto a la situación de los pueblos indígenas de Colombia, esta vulnerabilidad tiene que ser definida en el contexto del conflicto armado que se vive en el país», además de las agresiones a su hábitat natural y cultural de la zona amazónica debido a los cultivos ilícitos como a sus fumigaciones que producen deforestación y desplazamientos forzados de la población. Organización de Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana OPIAC, Octubre 2000, Colombia.

28 Hottois G. Missa J-N Nouvelle Encyclopédie de Bioéthique. De Boeck Université, 2001 Bruxelles.

29 Hottois G. Essais de Philosophie, Bioetique et Biopolitique. VRIN, 1999. Paris

30 Op cit.

31 Gell-mann M. El Quark y el Jaguar. Tusquets, 1994. Barcelona «El papel de la ciencia: en la conservación de los trópicos, el objetivo de la ciencia es aumentar la comprensión descubriendo estructuras en información y mecanismos para los fenómenos. La preservación de la diversidad biológica exige un conocimiento científico mayor, tanto para tener una idea acertada de actuar como para demostrar el sentido y la importancia de lo que se hace. La ciencia proporciona guías que determinan prioridades y bases lógicas de las mismas. En esto colabora la biogeografía que es el estudio de la distribución de plantas y animales y su evaluación, teniendo en cuenta la influencia geográfica y topográfica».

 

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