Bogotá, Febrero - Mayo de 2002 -Nº 4   ISSN 01246704


 

 

Neoinstitucionalismo

¿La salvación neoliberal?

A PROPÓSITO DEL NOBEL DE ECONOMÍA DEL 2001

Higinio Pérez Negrete

En cuatro de los últimos once años el premio Nobel de economía ha sido otorgado al neoinstitucionalismo1: Ronald Coase (1991), Gary Becker (1992), Douglass North y Robert Fogel (1993), George Akerlof, Michael Spence y Joseph Stiglitz (2001). Esta teoría ocupa un lugar destacado en la academia y orienta al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional (FMI) porque aparece como la salvación del neoliberalismo y del modelo neoliberal. En efecto, los premios Nobel de economía neoinstitucionalistas, aunque señalaron los nefastos resultados de las privatizaciones en Rusia y de la apertura de capitales en el Este Asiático, no reconocen el fracaso de la globalización, por el contrario hacen un llamado a la reformulación del concepto de mercado y a la implementación de cambios institucionales («reglas del juego») que garanticen el eficiente funcionamiento del mercado («beneficio para toda la sociedad»). Tratan de oxigenar el neoliberalismo dándole un carácter no ortodoxo, esto es, reconociendo que se requiere intervención estatal en la forma de estricta regulación y supervisión del sistema financiero porque, según ellos, de otra manera se seguirán presentando resultados adversos como los de Rusia y el Este Asiático, y lo único que prosperará será la especulación y la corrupción.

Stiglitz y North, dos de los grandes de esta teoría, crearon una corriente en el Banco Mundial2 para tratar de salvar el neoliberalismo y el modelo de globalización de la crisis en que se encuentran, criticaron en 1999 al FMI por imponer políticas de mercado en forma indiscriminada sin tener en cuenta que la desregulación financiera constituye una traba y no un incentivo al mercado, y propusieron acelerar la implementación de las llamadas reformas de «segunda generación», las cuales incluyen, además de la estricta regulación y supervisión del sistema financiero, leyes para lograr, entre otros aspectos, el autofinanciamiento de departamentos y municipios, para desmontar regímenes especiales de pensiones, aumentar la edad de jubilación y disminuir el ingreso mensual de los pensionados. Pero los resultados de países que han sido ejemplo de avance de las reformas de «segunda generación», como Chile, son desalentadores3, lo que indica que la explicación de la crisis del neoliberalismo y el modelo de globalización por parte de la teoría neoinstitucional no es satisfactoria.

En Colombia los tecnócratas al servicio de los organismos multilaterales, antes orgullosamente neoliberales ortodoxos, hoy tratan de escudarse en la teoría neoinstitucional y hasta se despojan de la etiqueta neoliberal argumentando que existe una diferencia fundamental entre las dos teorías: «A diferencia de la posición neoliberal de reducir el Estado, esta variante de pensamiento (el neoinstitucionalismo) considera la necesidad de un Estado fuerte, que acelere el desarrollo económico»4. Sin embargo, los «neoinstitucionalistas» criollos5 no admiten la estricta regulación y supervisión del sistema financiero, identificándose más con la ortodoxia neoliberal que con el neoliberalismo de la teoría neoinstitucional.

Crítica al FMI y crisis de la ortodoxia neoliberal

Douglass North y Ronald Coase consideraron que la política de privatizaciones impuesta por el FMI en Rusia entre 1992 y 1995, constituyó un rotundo error y sus consecuencias económicas y sociales han sido desastrosas, porque no se tuvieron en cuenta los códigos de conducta (corrupción) y las reglas del juego del sistema financiero (falta de regulación y supervisión) imperantes en el país. North lo manifestó así en una conferencia en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, el 26 de mayo de 1998, invitado por la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes y la Junta Directiva del Banco de la República. El decano de la mencionada facultad y los directivos del Banco de la República quedaron desconcertados cuando el premio Nobel afirmó, además, que en casos como el de Colombia, debían estudiarse con mucho cuidado las características institucionales del país antes de continuar la política de privatizaciones. Sobre este tema el premio Nobel había advertido: «La imposición común de un conjunto de reglas desembocará en resultados muy divergentes en sociedades con dispositivos institucionales diferentes»6.

Respondiendo a la pregunta de si es más conveniente para el crecimiento económico, privatizar toda la industria como lo hizo Rusia o mantener la propiedad estatal y atraer capital privado para la creación de nuevas industrias como en China, el premio Nobel Ronald Coase afirmó: «Al respecto mi sensación es que las cosas van mejor encaminadas en la China que en Rusia, simplemente porque han construido sobre la base de instituciones existentes»7. Según Coase el mercado funciona (garantiza eficiencia social) en la agricultura china privatizada, pero no ocurriría lo mismo en el caso de que se privatizara este sector en Rusia: «Tienen contratos de responsabilidad por hogares, los cuales han podido desarrollar porque fue muy fácil reemplazar un sistema de comunas por uno de familias, por la organización social de la familia en China. Fue posible convertirla en una unidad económica. Eso permitió el desarrollo de contratos, con el resultado de que la producción en el sector agrícola se ha duplicado. Mientras en Rusia, aun si se pudiera deshacer de una granja colectiva, el resultado sería un montón de burócratas y agricultores desempleados»8. En síntesis, según Coase en China las características institucionales eran favorables para la privatización en la agricultura pero no en la industria, mientras que en Rusia las características institucionales no favorecían la privatización en ninguno de estos sectores.

El premio Nobel de economía del 2001, el neoinstitucionalista Joseph Stiglitz, fue más allá en sus apreciaciones, ya que denunció la forma como el gobierno de Estados Unidos a través del FMI en acción directa y el Banco Mundial en acción indirecta, apoyó y se benefició de la corrupción que acompañó al proceso de privatizaciones en Rusia: «Lo que más enferma a Stiglitz es que los oligarcas apoyados por los Estados Unidos desmantelaron las posesiones industriales rusas, lo que tuvo el efecto de cortar la producción nacional casi por la mitad»9. Por su crítica al Banco Mundial que, pese a sus sugerencias como Economista Jefe, mantuvo un silencio cómplice frente a las privatizaciones impuestas por el FMI a Rusia sin haberse respaldado en un estudio cuidadoso de las instituciones existentes en dicho país, Stiglitz se sintió presionado a presentar renuncia de su cargo en el mencionado organismo multilateral en noviembre de 1999.

Después de su retiro del Banco Mundial, radicalizó su crítica al FMI y al Departamento del Tesoro (equivalente al Ministerio de Hacienda en Colombia) de Estados Unidos, por las privatizaciones en Rusia: «Prestando insuficiente atención a la infraestructura institucional que haría posible el florecimiento de la economía de mercado –y facilitando los flujos de capital hacia dentro y fuera de Rusia– el FMI y el Tesoro pusieron las bases para el pillaje de los oligarcas. Mientras que el gobierno carecía de dinero para pagar a los pensionados, los oligarcas enviaban el dinero que obtenían con la apropiación de los activos y la venta de los preciosos recursos nacionales del país a sus cuentas bancarias de Chipre y Suiza»10.

Stiglitz destacó la importancia de la teoría neoinstitucional para comprender que el mercado es mucho más que libre juego de oferta y demanda y dominio de la propiedad privada, y denunció las decisiones apresuradas del FMI:

Después de la caída del muro de Berlín, aparecieron dos escuelas de pensamiento sobre la transición de Rusia a una economía de mercado. Una de ellas, a la que yo pertenecía, estaba conformada por un conjunto de expertos en la región, y de ganadores del premio Nobel como Kenneth Arrow y otros. Este grupo subrayaba la importancia de la infraestructura institucional de la economía de mercado: desde las estructuras legales que hacen cumplir los contratos, hasta las estructuras de regulación que hacen funcionar el sistema financiero. El segundo grupo estaba conformado ante todo por macroeconomistas cuya fe en el mercado no iba acompañada del conocimiento de las sutilezas de sus fundamentos, es decir, de las condiciones necesarias para que opere eficientemente. En general, estos economistas tenían pocos conocimientos de la historia o de los detalles de la economía rusa y no creían que les fueran necesarios. La gran fortaleza, y la debilidad última, de las doctrinas económicas en las que creían era que esas doctrinas son o se supone que son universales. Las instituciones, la historia y aún la distribución del ingreso, simplemente no importan. Desgraciadamente para Rusia, esta última escuela ganó el debate en el Departamento del Tesoro y en el FMI. Para ser más preciso, el Departamento del Tesoro y el FMI se aseguraron de que no hubiera un debate abierto y procedieron ciegamente por la segunda vía11.

También criticó al FMI y al gobierno norteamericano por la imposición de la apertura de la cuenta de capitales en el Este Asiático, con nefastos resultados debido, según él, al predominio en la región de instituciones o reglas del juego ineficientes, como la corrupción, los negocios especulativos, la falta de regulación y supervisión en el sistema financiero: «A comienzos de los años noventa, los países del Este Asiático liberalizaron sus mercados financieros y de capitales, no porque necesitaban atraer fondos (las tasas de ahorro ya eran del 30 por ciento o más) sino debido a presiones internacionales, incluida la del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos»12. Igualmente criticó al FMI por la restricción del gasto público que impuso a dicha región durante la crisis de 1998. De acuerdo con su análisis, esta crisis fue generada por el excesivo endeudamiento externo del sector financiero (consecuencia de la apertura de la cuenta de capitales) y la orientación de dichos recursos con criterio especulativo.

Según Stiglitz, con el pretexto de encontrar solución a la crisis, el FMI impuso la misma receta que aplicó a los países latinoamericanos en los años ochenta (reducción del gasto público), siendo que a diferencia de estas economías las del Este Asiático presentaban superávit fiscal:

Temía que, en tales circunstancias, las medidas de austeridad no reactivaran las economías del Este Asiático sino que las hundieran en la recesión o aun en la depresión. Las altas tasas de interés podían arrasar con las empresas muy endeudadas, y causar más quiebras e incumplimientos. La reducción de los gastos del gobierno solo contraería aún más la economía. Todo lo que hizo el FMI llevó a que las recesiones del Este Asiático fueran más profundas, más prolongadas y más dolorosas. De hecho, Tailandia, que siguió más literalmente las prescripciones del FMI, ha tenido un peor desempeño que Malasia y Corea del Sur, que adoptaron caminos más independientes13.

Becker, el Nobel de Economía de 1992, también calificó como desacertadas las políticas del FMI: «Creo que se equivocaron en Brasil y en Asia. El FMI es una organización muy política y es muy difícil para ellos hacer las cosas que uno espera que hagan. No tengo mucha confianza en que el FMI pueda hacer las cosas bien»14.

Igualmente el Nobel de economía del 2001 denunció la doble moral del FMI: «En teoría, el Fondo respalda las instituciones democráticas de los países que reciben su ayuda. En la práctica, socava el proceso democrático imponiendo sus políticas»15. No hay duda de que las críticas de Stiglitz al FMI, y sus esfuerzos por salvar el neoliberalismo y el modelo de globalización, constituyeron una razón de peso para que fuera galardonado con el Nobel de economía en el 2001.

Los «neoinstitucionalistas» criollos

Para los «neoinstitucionalistas» criollos la ortodoxia neoliberal no está en crisis, y por el contrario lo que ha faltado en Colombia es profundización de las políticas de mercado existentes e implementación de las de «segunda generación». No han acogido las críticas de los premios Nobel al FMI, ni sus observaciones sobre la regulación y supervisión del sistema financiero. Según ellos, el hecho de que no se hayan producido los beneficios que se esperaban de las políticas de apertura comercial y de capitales, privatizaciones y banca central independiente, se explica por el excesivo gasto del gobierno central, ordenado por la Constitución del 91, sobre todo en la forma de transferencias a las entidades territoriales. El aumento de las transferencias destinadas a financiar gastos en educación y salud principalmente, y de otros gastos sociales ordenados por la Constitución, fue interpretado como un exagerado compromiso impuesto al gobierno central por los grupos populistas que participaron en la Constituyente del 91: «Colombia adoptó en los noventa el populismo que tan estruendosamente había fracasado en América Latina»16. También fue considerado como la expresión de que «la Constitución es una Constitución Socialdemócrata»17. Alberto Alesina, el profesor de Harvard, que vino a orientar a los «neoinstitucionalistas» de Fedesarrollo, al respecto opinó que «la Constitución promete demasiado a muchos ciudadanos como si pudiera crear el Estado de Bienestar de un país industrial avanzado»18. Por su parte, Kalmanovitz refiriéndose a las transferencias afirmó: «La descentralización ha sido adoptada en forma paternalista, nuevamente sin permitir que las regiones alcancen su mayoría de edad y se responsabilicen tanto de sus tributos como de sus gastos»19. La política de descentralización fiscal ordenada por los organismos multilaterales consiste en el autofinanciamiento de las regiones, y de esa forma la entiende y la exige Kalmanovitz.

Los «neoinstitucionalistas» criollos coincidieron en que como consecuencia del desproporcionado aumento de las transferencias y otros gastos sociales del gobierno central ordenados por la Constitución, no podía esperarse nada distinto al deterioro del sector externo y del crecimiento económico. Para Echavarría, director ejecutivo de Fedesarrollo: «El país incrementó en 9 puntos del PIB el gasto del gobierno central durante los noventa, y pasó de tener un Estado pequeño en América Latina a uno grande en el mundo. Se violó así la única regla de oro importante al abrir una economía, produciendo una revaluación aguda de la tasa de cambio, con un crecimiento muy marcado en las importaciones y una pérdida relativa de las exportaciones. La ‘apertura hacia dentro’ castigó excesivamente al sector productivo colombiano»20. González opinó que: «El programa de apertura no puede iniciarse simultáneamente con un disparo del gasto: abrir la economía en materia financiera y comercial debe ir par y paso con una fuerte restricción del gasto»21. Y Kalmanovitz afirmó: «Los gobiernos de turno no entendieron que la apertura de capital hacía indispensable que se obtuvieran superávit fiscales para poder esterilizar de alguna manera las entradas de capital préstamo e inversión extranjera»22. La aprobación en el Congreso de la República del Proyecto de Acto Legislativo 012 (hecho ocurrido en el 2001) que ordenó un importante recorte de las transferencias, fue sustentada con este análisis.

Sus inconsistencias

Es fácil demostrar que los planteamientos del «neoinstitucionalismo» criollo sobre las transferencias son inconsistentes frente a la información oficial. Basta leer las cifras presentadas por el Contralor General de la República, para entender que las transferencias tuvieron muy poca incidencia en el aumento del gasto del gobierno central: «Entre 1990 y 2000 los gastos efectivos del Gobierno se incrementaron 9,6% del PIB y, dentro de ellos, las transferencias territoriales establecidas por la Constitución se incrementaron solamente 1,5% del PIB»23. El rubro que más incidió en el aumento del gasto del gobierno central fue el de los intereses de la deuda, que de un valor de $271.500 millones en 1990 pasó a $7 billones en el 2000, o sea, se multiplicó por 26, mientras que las transferencias pasaron de $933.000 millones a $8,8 billones en el mismo período, esto es, se multiplicaron por 9,4. Los intereses de la deuda se incrementaron 4,1% del PIB, lo que significa que explican el 43% del aumento del gasto del gobierno central, mientras que las transferencias sólo explican el 15,6%. El 41,4% restante del aumento es explicado por la amortización de la deuda, gasto en defensa, seguridad, administración de justicia y otros.

También es fácil demostrar que sus planteamientos sobre la política fiscal son inconsistentes. Contrario al argumento de que la política fiscal ha creado obstáculos a las políticas monetaria, financiera y cambiaria, o lo que es lo mismo, que el gobierno dificulta la acción de la Junta Directiva del Banco de la República (banca central independiente), lo que ha ocurrido es que la creación de una banca central independiente24 y la apertura de la cuenta de capitales, políticas de mercado impuestas por el FMI y el Banco Mundial, han significado un alto costo para la política fiscal (y para la economía) y altas rentas al capital financiero nacional e internacional. Basta mostrar algunos ejemplos para poner en evidencia esta situación.

Para contrarrestar la desbordada emisión monetaria que ocasionó la entrada masiva de capitales en la primera mitad de los noventa, el Banco de la República emitió Títulos de Participación, reconociendo una tasa de interés varios puntos por encima de la DTF. El gran comprador de estos papeles fue el sector financiero. Por orden de la Ley 31 de 1992, que le dio a la Junta Directiva del Banco de la República las funciones de banca central independiente, el presupuesto nacional debió asumir el costo financiero de la contracción monetaria que el Banco de la República no podía costear. Por esta razón, la política monetaria generó un alto costo fiscal y jugosas utilidades a los grupos financieros. Más aún, las tasas de interés presionadas hacia arriba por la política monetaria restrictiva, obligaron al gobierno a elevar la rentabilidad de sus Títulos de Tesorería (TES), convirtiéndose en los papeles más codiciados del mercado (alta rentabilidad y cero riesgo).

El sector financiero que ha sido el mayor comprador de los TES, encontró un lucrativo negocio por punta y punta, ya que al tiempo que invierte en los títulos del gobierno, ha contado con el favor del Banco de la República quien emite con el fin de darle la liquidez que requiere y a bajo costo para realizar tales operaciones. Para dar liquidez al sector financiero el Banco de la República concede un crédito a bancos y demás entidades del sector, y como garantía retiene los TES (las llamadas por los técnicos operaciones REPOS). La tasa de interés que cobra el banco emisor al sector financiero es varios puntos porcentuales inferior a la que reconoce el gobierno por los TES. Por esta vía, mientras el gobierno asume un elevado costo de financiamiento del gasto, los grupos financieros extraen un notable margen en la intermediación de los recursos prestados por el Banco de la República. ¿Por qué el Banco de la República no le presta directamente al gobierno?

Después de una revaluación del peso durante la primera mitad de los noventa, el precio del dólar casi se ha triplicado en los últimos años, pasando de $912 en 1995 a $2.300 en el 2001, lo que significa que el costo de la deuda externa del gobierno se ha elevado excesivamente por esta razón, al tiempo que los especuladores del sector financiero han extraído altas utilidades del negocio de compra y venta de divisas. Por sólo devaluación el gobierno central debió asumir un costo de $4,8 billones en el 2000, lo que representa un 2,8% del PIB y un poco más de la mitad del déficit fiscal (Información de la Contraloría General de la República – Dirección de Economía y Finanzas, noviembre del 2001). La pérdida de soberanía en el manejo cambiario ha dejado la fijación del precio del dólar a las libres fuerzas del mercado, abonando el terreno a los especuladores. Lo que caracteriza a los grupos financieros que operan en el país son sus habilidades para la especulación, como se desprende de los casos reseñados y del impresionante aumento que ha registrado el margen de intermediación (diferencia entre la tasa de colocación y la tasa de captación), el cual, de 7% en los años ochenta, pasó a 13% en los noventa y en el 2001 superó el 16% (Información de la Superintendencia Bancaria-División de Estadísticas, noviembre del 2001).

Con el pretexto de evitar los problemas cambiarios y monetarios que podía generar la bonanza petrolera de Cusiana y Cupiagua, el FMI (a través de la Junta Directiva del Banco de la República) presionó al gobierno colombiano para que presentara un proyecto de ley que ordenaba la congelación en el exterior de las divisas por exportaciones de Ecopetrol. Dicho proyecto se convirtió en la Ley 209 de 1995, «mediante la cual se crea y reglamenta el Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera». Como consecuencia, Ecopetrol se ha visto obligada a invertir en títulos emitidos por la banca internacional a la tasa de interés que reconoce dicha banca a sus ahorradores (tasa de captación), al tiempo que la empresa y el gobierno nacional continúan endeudándose con esa misma banca, pagándole una tasa de interés mucho más alta (tasa de colocación). A diciembre del 2000 Ecopetrol tenía invertidos en el exterior US$1.100 millones, pero su deuda externa sumaba US$440,7 millones, y la deuda externa del gobierno con la banca comercial era de US$7.300 millones. La banca internacional nos presta con nuestros propios recursos, haciendo el más jugoso negocio especulativo.

Otra inconsistencia de los «neoinstitucionalistas» criollos se encuentra en el hecho de que en sus análisis omiten la importancia de la política antinarcóticos impuesta por el gobierno de Estados Unidos como factor que contribuye a aumentar el déficit fiscal. El impacto negativo de esta política se ha visto reflejado en la alta evasión de impuestos. Los altos costos que tienen que asumir los empresarios para realizar sus transacciones en medio de la guerra, los ha llevado a evadir el pago de tributos al Estado. Esto se suma al deterioro de sus ingresos ocasionado por las políticas de mercado impuestas por el FMI y el Banco Mundial, que los induce también a evadir impuestos. Después de 7 reformas tributarias en los últimos 10 años, que aumentaron tarifas y la base de impuestos, y que ubican al país como uno de los de más altas tarifas tributarias en Latinoamérica, el gobierno escasamente ha podido aumentar en 4 puntos del PIB el recaudo tributario, ya que la evasión se ha incrementado ampliamente.

A manera de ejemplo, en el 2000 el gobierno central sólo recaudó $16 billones, cuando el recaudo potencial era de $23 billones, lo que quiere decir que la evasión de impuestos fue de aproximadamente $7 billones, cifra que representa mucho más de la mitad del déficit fiscal de dicho año (Información de la DIAN retransmitida por la prensa nacional a comienzos del 2001). Los «neoinstitucionalistas» criollos interpretan la evasión de impuestos como la respuesta de los contribuyentes a unos administradores del Estado corruptos que depredan los recursos recaudados. Tampoco tienen en cuenta que el importante aumento del gasto público en defensa y seguridad, se explica como una necesidad de fortalecimiento del ejército para adelantar la política antinarcóticos.

No hay duda de que el alto nivel alcanzado por la evasión de impuestos y los gastos para fortalecer las fuerzas militares han contribuido notablemente a agrandar el déficit del gobierno central. Esto demuestra que igual que las políticas de mercado (apertura, creación de una banca central independiente, etc.), impuestas por el FMI y el Banco Mundial, la política antinarcóticos impuesta por el gobierno de Estados Unidos, constituye un factor de deterioro de la política fiscal. Pero «nuestros teóricos neoinstitucionalistas» consideran que si las imposiciones provienen de la gran potencia capitalista, y no de países u organizaciones de poco desarrollo, están concebidas para sacarnos del atraso.

Debate sobre el neoliberalismo

Kalmanovitz ha hecho un llamado a que el debate sobre el neoliberalismo sea trasladado de la plaza pública y los medios masivos de comunicación a la academia: «Se trata de un debate que ha recurrido a muchos insultos y denuncias y me parece que es conveniente academizarlo»25. Convencido de su respetabilidad académica ha creído que todo lo que salga de su pluma debe ser considerado incuestionable. Sin embargo, sus «demostraciones» académicas, lo único que han logrado dejar en claro son sus inconsistencias. Respecto al neoliberalismo ha creído salir airoso cuando afirma que una demostración de que en Colombia éste ha brillado por su ausencia, está en el espectacular aumento del gasto del gobierno central que pasó de 11% al 19% del PIB entre 1990 y 1998: «Por el solo hecho de prácticamente duplicar el tamaño del gobierno central en esta década, Colombia va en contravía del neoliberalismo cuyo lema fundamental, como se recuerda, es la reducción de los impuestos y del tamaño del Estado»26.

Por ser fiel al precepto de la ortodoxia neoliberal, Kalmanovitz se exime de investigar sobre el origen de tan abultado aumento del gasto del gobierno central en Colombia en los años noventa. Si hubiera hecho este esfuerzo encontraría que los principales determinantes han sido las políticas de apertura simultánea de las cuentas comercial y de capitales, la creación de la banca central independiente, las políticas monetaria, financiera y cambiaria de la Junta Directiva del Banco de la República y la política antinarcóticos, como se ha demostrado acá. O sea, que el origen de dicho incremento, igual que del aumento de las tarifas de impuestos, ha sido la aplicación de la receta ordenada por la ortodoxia neoliberal. En síntesis, Kalmanovitz ha faltado al rigor que tanto recomienda.

Conclusión

Con la crisis de la ortodoxia neoliberal el neoinstitucionalismo ha recobrado importancia en la academia internacional, y después de ocho años volvió a obtener el premio Nobel de economía. Sus críticas al FMI, su énfasis en la estricta regulación y supervisión del sistema financiero y en la implementación de las llamadas reformas de «segunda generación», constituyen una peligrosa mezcla de políticas no ortodoxas y profundización de las políticas de mercado. Los difíciles momentos por los que atraviesa América Latina indican que la profundización de las políticas de mercado hará explotar nuestras economías. Los «neoinstitucionalistas» criollos ni siquiera admiten la estricta regulación y supervisión del sistema financiero, lo que refleja su fidelidad a la ortodoxia neoliberal.

 

Eduardo Jara Buitrago
Arley Barandica Editor. 2001

Por Camilo Jiménez

«Este libro es un pequeño homenaje a los miles de trabajadores colombianos que perdieron sus puestos de trabajo; a los millones de ahorradores de cooperativas financieras, bancos, compañías de financiamiento comercial y otras entidades financieras que vieron comprometidos sus ahorros; a los empresarios y constructores que no pudieron permanecer en las nuevas condiciones y quebraron; a los campesinos que no pudieron enfrentar la desventajosa situación de competencia y violencia y debieron dejar de sembrar y a los estudiantes que tuvieron que abandonar las escuelas, los colegios y las universidades y a las familias de todos ellos».

Este un elocuente aparte del Epílogo de la obra del doctor Jara Buitrago, magíster en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional, quien a lo largo de cinco densas y documentadas partes asume el análisis de las principales reformas en política económica que se pusieron en marcha durante la última década del siglo pasado.

A medida que va desentrañando los principales componentes teóricos de las diversas reformas, el autor va sintetizando sus efectos nefastos en los sectores productivos y sociales del país. Su amplia experiencia docente le permite en dos centenares de páginas abordar los fundamentos teóricos del modelo de desarrollo –de ajuste macroeconómico y cambio estructural–, la política económica de la década, las erráticas medidas para alcanzar la nunca lograda estabilidad macroeconómica y las fallas del modelo.

Por la forma tan aguda en que describe el modelo económico, aunque no ahonda en sus efectos sociales la simple enumeración de ellos le permite concluir que «los sacrificios... fueron excesivos».

Lástima que llegue a la conclusión –a pesar de que los argumentos del libro permitirían colegir todo lo contrario– de que ya están dadas las bases para adelantar una política de austeridad fiscal y a la vez de crecimiento y de cumplimiento del papel social del Estado de derecho.

 

Notas

1. De acuerdo con Ronald Coase, la vieja economía institucional solo describió las instituciones, pero no las analizó. La nueva economía institucional (teoría neoinstitucional) analiza las instituciones. Éstas son reglas del juego de la sociedad: formales (La Constitución Política, Leyes, Decretos, etc., sistema judicial, sistema educativo, sistema de salud, sistema financiero, sistema militar, etc.); informales (las costumbres, cultura, códigos de conducta, etc.). Revista Administración y Desarrollo. No 36. Noviembre de 1999. ESAP. Entrevista.

2. Producto del trabajo de esa corriente dirigida por Stiglitz y North, es el Informe sobre el Desarrollo Mundial de 1997. El Estado en un Mundo en Transformación.

3 En Chile aumentó la concentración del ingreso y la pobreza, y se dio un proceso de desindustrialización y reprimarización de las exportaciones. CEPAL. Una Década de Luces y de Sombras: América Latina y el Caribe en los años Noventa. Alfa Omega, marzo de 2001.

4  Kalmanovitz, Salomón. Las instituciones y el desarrollo económico en Colombia. Grupo Editorial Norma. 2001, p. 259.

5  Los más notables «neoinstitucionalistas» criollos se encuentran en la Junta Directiva del Banco de la República, encabezados por Salomón Kalmanovitz, en Fedesarrollo y en la facultad de economía de la Universidad de los Andes. La administración Pastrana ha estado compuesta en todos sus frentes por estos tecnócratas al servicio de los organismos multilaterales.

6. North, Douglass. Instituciones, cambio institucional y desempeño económico, Fondo de Cultura Económica, 1995, p. 132.

7.  Coase. Entrevista citada.

8.  Coase. Entrevista citada.

9. Palast, Gregory. «Los cuatro pasos del Fondo Monetario Internacional: hacia la condenación». Revista Nueva Gaceta. No 3. Septiembre del 2001, p. 68.

10. Stiglitz, Joseph. «Lo que aprendí de la crisis económica mundial». Revista Cuadernos de Economía. No 32. Primer semestre del 2000, Universidad Nacional de Colombia.

11.  Stiglitz, Joseph. Op. cit.

12.  Stiglitz, Joseph. Op. cit.

13.  Stiglitz, Joseph. Op. cit.

14.  Becker, Gary. Revista ¿Qué pasa? Copesa SA. 12 de abril de 1999. Entrevista.

15.  Stiglitz, Joseph. Op. cit.

16. Echavarría Juan José. «Colombia en la década de los noventa: neoliberalismo y reformas estructurales en el trópico». Revista Cuadernos de Economía. No 34. Primer semestre del 2001. Universidad Nacional de Colombia. p. 98.

17. González César. «Comentarios a la ponencia de Luis Bernardo Flórez». Revista Cuadernos de Economía. No 34, Primer semestre del 2001, p. 107.

18.  Alesina Alberto. Reformas institucionales en Colombia. Fedesarrollo. Febrero de 2001, p. 2.

19.  Kalmanovitz. Op. cit., p. 221.

20.  Echavarría. Op. cit., p. 98.

21.  González. Op. cit., p. 109.

22.  Kalmanovitz. Op. cit., p. 297.

23.  Ossa Escobar Carlos. «Transferencias y descentralización». El Espectador. Febrero 25 del 2001, p. 3B.

24.  Banca Central Independiente significa que no hay emisión a favor del gobierno, y que las tasas de interés, los créditos y la tasa de cambio se rigen por las condiciones de mercado y no por decisiones del gobierno.

25.  Kalmanovitz. Op. cit., p. 177.

26.  Kalmanovitz. Op. cit., p. 190.

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