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¿La
salvación neoliberal?
A PROPÓSITO
DEL NOBEL DE
ECONOMÍA DEL
2001
Higinio Pérez Negrete
En cuatro de
los últimos once años el premio Nobel de economía ha sido otorgado al
neoinstitucionalismo1:
Ronald Coase (1991), Gary Becker (1992), Douglass North y Robert Fogel
(1993), George Akerlof, Michael Spence y Joseph Stiglitz (2001). Esta
teoría ocupa un lugar destacado en la academia y orienta al Banco Mundial
y al Fondo Monetario Internacional (FMI) porque aparece como la salvación
del neoliberalismo y del modelo neoliberal. En efecto, los premios Nobel
de economía neoinstitucionalistas, aunque señalaron los nefastos
resultados de las privatizaciones en Rusia y de la apertura de capitales
en el Este Asiático, no reconocen el fracaso de la globalización, por el
contrario hacen un llamado a la reformulación del concepto de mercado y a
la implementación de cambios institucionales («reglas del juego») que
garanticen el eficiente funcionamiento del mercado («beneficio para toda
la sociedad»). Tratan de oxigenar el neoliberalismo dándole un carácter no
ortodoxo, esto es, reconociendo que se requiere intervención estatal en la
forma de estricta regulación y supervisión del sistema financiero porque,
según ellos, de otra manera se seguirán presentando resultados adversos
como los de Rusia y el Este Asiático, y lo único que prosperará será la
especulación y la corrupción.
Stiglitz y
North, dos de los grandes de esta teoría, crearon una corriente en el
Banco Mundial2
para tratar de salvar el neoliberalismo y el modelo de globalización de la
crisis en que se encuentran, criticaron en 1999 al FMI por imponer
políticas de mercado en forma indiscriminada sin tener en cuenta que la
desregulación financiera constituye una traba y no un incentivo al
mercado, y propusieron acelerar la implementación de las llamadas reformas
de «segunda generación», las cuales incluyen, además de la estricta
regulación y supervisión del sistema financiero, leyes para lograr, entre
otros aspectos, el autofinanciamiento de departamentos y municipios, para
desmontar regímenes especiales de pensiones, aumentar la edad de
jubilación y disminuir el ingreso mensual de los pensionados. Pero los
resultados de países que han sido ejemplo de avance de las reformas de
«segunda generación», como Chile, son desalentadores3,
lo que indica que la explicación de la crisis del neoliberalismo y el
modelo de globalización por parte de la teoría neoinstitucional no es
satisfactoria.
En Colombia los
tecnócratas al servicio de los organismos multilaterales, antes
orgullosamente neoliberales ortodoxos, hoy tratan de escudarse en la
teoría neoinstitucional y hasta se despojan de la etiqueta neoliberal
argumentando que existe una diferencia fundamental entre las dos teorías:
«A diferencia de la posición neoliberal de reducir el Estado, esta
variante de pensamiento (el neoinstitucionalismo) considera la necesidad
de un Estado fuerte, que acelere el desarrollo económico»4.
Sin embargo, los «neoinstitucionalistas» criollos5
no admiten la estricta regulación y supervisión del sistema financiero,
identificándose más con la ortodoxia neoliberal que con el neoliberalismo
de la teoría neoinstitucional.
Crítica
al FMI y crisis de la ortodoxia neoliberal
Douglass North
y Ronald Coase consideraron que la política de privatizaciones impuesta
por el FMI en Rusia entre 1992 y 1995, constituyó un rotundo error y sus
consecuencias económicas y sociales han sido desastrosas, porque no se
tuvieron en cuenta los códigos de conducta (corrupción) y las reglas del
juego del sistema financiero (falta de regulación y supervisión)
imperantes en el país. North lo manifestó así en una conferencia en la
Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, el 26 de mayo de 1998, invitado
por la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes y la Junta
Directiva del Banco de la República. El decano de la mencionada facultad y
los directivos del Banco de la República quedaron desconcertados cuando el
premio Nobel afirmó, además, que en casos como el de Colombia, debían
estudiarse con mucho cuidado las características institucionales del país
antes de continuar la política de privatizaciones. Sobre este tema el
premio Nobel había advertido: «La imposición común de un conjunto de
reglas desembocará en resultados muy divergentes en sociedades con
dispositivos institucionales diferentes»6.
Respondiendo a
la pregunta de si es más conveniente para el crecimiento económico,
privatizar toda la industria como lo hizo Rusia o mantener la propiedad
estatal y atraer capital privado para la creación de nuevas industrias
como en China, el premio Nobel Ronald Coase afirmó: «Al respecto mi
sensación es que las cosas van mejor encaminadas en la China que en Rusia,
simplemente porque han construido sobre la base de instituciones
existentes»7.
Según Coase el mercado funciona (garantiza eficiencia social) en la
agricultura china privatizada, pero no ocurriría lo mismo en el caso de
que se privatizara este sector en Rusia: «Tienen contratos de
responsabilidad por hogares, los cuales han podido desarrollar porque fue
muy fácil reemplazar un sistema de comunas por uno de familias, por la
organización social de la familia en China. Fue posible convertirla en una
unidad económica. Eso permitió el desarrollo de contratos, con el
resultado de que la producción en el sector agrícola se ha duplicado.
Mientras en Rusia, aun si se pudiera deshacer de una granja colectiva, el
resultado sería un montón de burócratas y agricultores desempleados»8.
En síntesis, según Coase en China las características institucionales eran
favorables para la privatización en la agricultura pero no en la
industria, mientras que en Rusia las características institucionales no
favorecían la privatización en ninguno de estos sectores.
El premio Nobel
de economía del 2001, el neoinstitucionalista Joseph Stiglitz, fue más
allá en sus apreciaciones, ya que denunció la forma como el gobierno de
Estados Unidos a través del FMI en acción directa y el Banco Mundial en
acción indirecta, apoyó y se benefició de la corrupción que acompañó al
proceso de privatizaciones en Rusia: «Lo que más enferma a Stiglitz es que
los oligarcas apoyados por los Estados Unidos desmantelaron las posesiones
industriales rusas, lo que tuvo el efecto de cortar la producción nacional
casi por la mitad»9.
Por su crítica al Banco Mundial que, pese a sus sugerencias como
Economista Jefe, mantuvo un silencio cómplice frente a las privatizaciones
impuestas por el FMI a Rusia sin haberse respaldado en un estudio
cuidadoso de las instituciones existentes en dicho país, Stiglitz se
sintió presionado a presentar renuncia de su cargo en el mencionado
organismo multilateral en noviembre de 1999.
Después de su
retiro del Banco Mundial, radicalizó su crítica al FMI y al Departamento
del Tesoro (equivalente al Ministerio de Hacienda en Colombia) de Estados
Unidos, por las privatizaciones en Rusia: «Prestando insuficiente atención
a la infraestructura institucional que haría posible el florecimiento de
la economía de mercado –y facilitando los flujos de capital hacia dentro y
fuera de Rusia– el FMI y el Tesoro pusieron las bases para el pillaje de
los oligarcas. Mientras que el gobierno carecía de dinero para pagar a los
pensionados, los oligarcas enviaban el dinero que obtenían con la
apropiación de los activos y la venta de los preciosos recursos nacionales
del país a sus cuentas bancarias de Chipre y Suiza»10.
Stiglitz
destacó la importancia de la teoría neoinstitucional para comprender que
el mercado es mucho más que libre juego de oferta y demanda y dominio de
la propiedad privada, y denunció las decisiones apresuradas del FMI:
Después de
la caída del muro de Berlín, aparecieron dos escuelas de pensamiento sobre
la transición de Rusia a una economía de mercado. Una de ellas, a la que
yo pertenecía, estaba conformada por un conjunto de expertos en la región,
y de ganadores del premio Nobel como Kenneth Arrow y otros. Este grupo
subrayaba la importancia de la infraestructura institucional de la
economía de mercado: desde las estructuras legales que hacen cumplir los
contratos, hasta las estructuras de regulación que hacen funcionar el
sistema financiero. El segundo grupo estaba conformado ante todo por
macroeconomistas cuya fe en el mercado no iba acompañada del conocimiento
de las sutilezas de sus fundamentos, es decir, de las condiciones
necesarias para que opere eficientemente. En general, estos economistas
tenían pocos conocimientos de la historia o de los detalles de la economía
rusa y no creían que les fueran necesarios. La gran fortaleza, y la
debilidad última, de las doctrinas económicas en las que creían era que
esas doctrinas son o se supone que son universales. Las instituciones, la
historia y aún la distribución del ingreso, simplemente no importan.
Desgraciadamente para Rusia, esta última escuela ganó el debate en el
Departamento del Tesoro y en el FMI. Para ser más preciso, el Departamento
del Tesoro y el FMI se aseguraron de que no hubiera un debate abierto y
procedieron ciegamente por la segunda vía11.
También criticó
al FMI y al gobierno norteamericano por la imposición de la apertura de la
cuenta de capitales en el Este Asiático, con nefastos resultados debido,
según él, al predominio en la región de instituciones o reglas del juego
ineficientes, como la corrupción, los negocios especulativos, la falta de
regulación y supervisión en el sistema financiero: «A comienzos de los
años noventa, los países del Este Asiático liberalizaron sus mercados
financieros y de capitales, no porque necesitaban atraer fondos (las tasas
de ahorro ya eran del 30 por ciento o más) sino debido a presiones
internacionales, incluida la del Departamento del Tesoro de los Estados
Unidos»12.
Igualmente criticó al FMI por la restricción del gasto público que impuso
a dicha región durante la crisis de 1998. De acuerdo con su análisis, esta
crisis fue generada por el excesivo endeudamiento externo del sector
financiero (consecuencia de la apertura de la cuenta de capitales) y la
orientación de dichos recursos con criterio especulativo.
Según Stiglitz,
con el pretexto de encontrar solución a la crisis, el FMI impuso la misma
receta que aplicó a los países latinoamericanos en los años ochenta
(reducción del gasto público), siendo que a diferencia de estas economías
las del Este Asiático presentaban superávit fiscal:
Temía que,
en tales circunstancias, las medidas de austeridad no reactivaran las
economías del Este Asiático sino que las hundieran en la recesión o aun en
la depresión. Las altas tasas de interés podían arrasar con las empresas
muy endeudadas, y causar más quiebras e incumplimientos. La reducción de
los gastos del gobierno solo contraería aún más la economía. Todo lo que
hizo el FMI llevó a que las recesiones del Este Asiático fueran más
profundas, más prolongadas y más dolorosas. De hecho, Tailandia, que
siguió más literalmente las prescripciones del FMI, ha tenido un peor
desempeño que Malasia y Corea del Sur, que adoptaron caminos más
independientes13.
Becker, el
Nobel de Economía de 1992, también calificó como desacertadas las
políticas del FMI: «Creo que se equivocaron en Brasil y en Asia. El FMI es
una organización muy política y es muy difícil para ellos hacer las cosas
que uno espera que hagan. No tengo mucha confianza en que el FMI pueda
hacer las cosas bien»14.
Igualmente el
Nobel de economía del 2001 denunció la doble moral del FMI: «En teoría, el
Fondo respalda las instituciones democráticas de los países que reciben su
ayuda. En la práctica, socava el proceso democrático imponiendo sus
políticas»15. No
hay duda de que las críticas de Stiglitz al FMI, y sus esfuerzos por
salvar el neoliberalismo y el modelo de globalización, constituyeron una
razón de peso para que fuera galardonado con el Nobel de economía en el
2001.
Los
«neoinstitucionalistas» criollos
Para los
«neoinstitucionalistas» criollos la ortodoxia neoliberal no está en
crisis, y por el contrario lo que ha faltado en Colombia es profundización
de las políticas de mercado existentes e implementación de las de «segunda
generación». No han acogido las críticas de los premios Nobel al FMI, ni
sus observaciones sobre la regulación y supervisión del sistema
financiero. Según ellos, el hecho de que no se hayan producido los
beneficios que se esperaban de las políticas de apertura comercial y de
capitales, privatizaciones y banca central independiente, se explica por
el excesivo gasto del gobierno central, ordenado por la Constitución del
91, sobre todo en la forma de transferencias a las entidades
territoriales. El aumento de las transferencias destinadas a financiar
gastos en educación y salud principalmente, y de otros gastos sociales
ordenados por la Constitución, fue interpretado como un exagerado
compromiso impuesto al gobierno central por los grupos populistas que
participaron en la Constituyente del 91: «Colombia adoptó en los noventa
el populismo que tan estruendosamente había fracasado en América Latina»16.
También fue considerado como la expresión de que «la Constitución es una
Constitución Socialdemócrata»17.
Alberto Alesina, el profesor de Harvard, que vino a orientar a los
«neoinstitucionalistas» de Fedesarrollo, al respecto opinó que «la
Constitución promete demasiado a muchos ciudadanos como si pudiera crear
el Estado de Bienestar de un país industrial avanzado»18.
Por su parte, Kalmanovitz refiriéndose a las transferencias afirmó: «La
descentralización ha sido adoptada en forma paternalista, nuevamente sin
permitir que las regiones alcancen su mayoría de edad y se responsabilicen
tanto de sus tributos como de sus gastos»19.
La política de descentralización fiscal ordenada por los organismos
multilaterales consiste en el autofinanciamiento de las regiones, y de esa
forma la entiende y la exige Kalmanovitz.
Los
«neoinstitucionalistas» criollos coincidieron en que como consecuencia del
desproporcionado aumento de las transferencias y otros gastos sociales del
gobierno central ordenados por la Constitución, no podía esperarse nada
distinto al deterioro del sector externo y del crecimiento económico. Para
Echavarría, director ejecutivo de Fedesarrollo: «El país incrementó en 9
puntos del PIB el gasto del gobierno central durante los noventa, y pasó
de tener un Estado pequeño en América Latina a uno grande en el mundo. Se
violó así la única regla de oro importante al abrir una economía,
produciendo una revaluación aguda de la tasa de cambio, con un crecimiento
muy marcado en las importaciones y una pérdida relativa de las
exportaciones. La ‘apertura hacia dentro’ castigó excesivamente al sector
productivo colombiano»20.
González opinó que: «El programa de apertura no puede iniciarse
simultáneamente con un disparo del gasto: abrir la economía en materia
financiera y comercial debe ir par y paso con una fuerte restricción del
gasto»21. Y
Kalmanovitz afirmó: «Los gobiernos de turno no entendieron que la apertura
de capital hacía indispensable que se obtuvieran superávit fiscales para
poder esterilizar de alguna manera las entradas de capital préstamo e
inversión extranjera»22.
La aprobación en el Congreso de la República del Proyecto de Acto
Legislativo 012 (hecho ocurrido en el 2001) que ordenó un importante
recorte de las transferencias, fue sustentada con este análisis.
Sus inconsistencias
Es fácil
demostrar que los planteamientos del «neoinstitucionalismo» criollo sobre
las transferencias son inconsistentes frente a la información oficial.
Basta leer las cifras presentadas por el Contralor General de la
República, para entender que las transferencias tuvieron muy poca
incidencia en el aumento del gasto del gobierno central: «Entre 1990 y
2000 los gastos efectivos del Gobierno se incrementaron 9,6% del PIB y,
dentro de ellos, las transferencias territoriales establecidas por la
Constitución se incrementaron solamente 1,5% del PIB»23.
El rubro que más incidió en el aumento del gasto del gobierno central fue
el de los intereses de la deuda, que de un valor de $271.500 millones en
1990 pasó a $7 billones en el 2000, o sea, se multiplicó por 26, mientras
que las transferencias pasaron de $933.000 millones a $8,8 billones en el
mismo período, esto es, se multiplicaron por 9,4. Los intereses de la
deuda se incrementaron 4,1% del PIB, lo que significa que explican el 43%
del aumento del gasto del gobierno central, mientras que las
transferencias sólo explican el 15,6%. El 41,4% restante del aumento es
explicado por la amortización de la deuda, gasto en defensa, seguridad,
administración de justicia y otros.
También es
fácil demostrar que sus planteamientos sobre la política fiscal son
inconsistentes. Contrario al argumento de que la política fiscal ha creado
obstáculos a las políticas monetaria, financiera y cambiaria, o lo que es
lo mismo, que el gobierno dificulta la acción de la Junta Directiva del
Banco de la República (banca central independiente), lo que ha ocurrido es
que la creación de una banca central independiente24
y la apertura de la cuenta de capitales, políticas de mercado impuestas
por el FMI y el Banco Mundial, han significado un alto costo para la
política fiscal (y para la economía) y altas rentas al capital financiero
nacional e internacional. Basta mostrar algunos ejemplos para poner en
evidencia esta situación.
Para
contrarrestar la desbordada emisión monetaria que ocasionó la entrada
masiva de capitales en la primera mitad de los noventa, el Banco de la
República emitió Títulos de Participación, reconociendo una tasa de
interés varios puntos por encima de la DTF. El gran comprador de estos
papeles fue el sector financiero. Por orden de la Ley 31 de 1992, que le
dio a la Junta Directiva del Banco de la República las funciones de banca
central independiente, el presupuesto nacional debió asumir el costo
financiero de la contracción monetaria que el Banco de la República no
podía costear. Por esta razón, la política monetaria generó un alto costo
fiscal y jugosas utilidades a los grupos financieros. Más aún, las tasas
de interés presionadas hacia arriba por la política monetaria restrictiva,
obligaron al gobierno a elevar la rentabilidad de sus Títulos de Tesorería
(TES), convirtiéndose en los papeles más codiciados del mercado (alta
rentabilidad y cero riesgo).
El sector
financiero que ha sido el mayor comprador de los TES, encontró un
lucrativo negocio por punta y punta, ya que al tiempo que invierte en los
títulos del gobierno, ha contado con el favor del Banco de la República
quien emite con el fin de darle la liquidez que requiere y a bajo costo
para realizar tales operaciones. Para dar liquidez al sector financiero el
Banco de la República concede un crédito a bancos y demás entidades del
sector, y como garantía retiene los TES (las llamadas por los técnicos
operaciones REPOS). La tasa de interés que cobra el banco emisor al sector
financiero es varios puntos porcentuales inferior a la que reconoce el
gobierno por los TES. Por esta vía, mientras el gobierno asume un elevado
costo de financiamiento del gasto, los grupos financieros extraen un
notable margen en la intermediación de los recursos prestados por el Banco
de la República. ¿Por qué el Banco de la República no le presta
directamente al gobierno?
Después de una
revaluación del peso durante la primera mitad de los noventa, el precio
del dólar casi se ha triplicado en los últimos años, pasando de $912 en
1995 a $2.300 en el 2001, lo que significa que el costo de la deuda
externa del gobierno se ha elevado excesivamente por esta razón, al tiempo
que los especuladores del sector financiero han extraído altas utilidades
del negocio de compra y venta de divisas. Por sólo devaluación el gobierno
central debió asumir un costo de $4,8 billones en el 2000, lo que
representa un 2,8% del PIB y un poco más de la mitad del déficit fiscal
(Información de la Contraloría General de la República – Dirección de
Economía y Finanzas, noviembre del 2001). La pérdida de soberanía en el
manejo cambiario ha dejado la fijación del precio del dólar a las libres
fuerzas del mercado, abonando el terreno a los especuladores. Lo que
caracteriza a los grupos financieros que operan en el país son sus
habilidades para la especulación, como se desprende de los casos reseñados
y del impresionante aumento que ha registrado el margen de intermediación
(diferencia entre la tasa de colocación y la tasa de captación), el cual,
de 7% en los años ochenta, pasó a 13% en los noventa y en el 2001 superó
el 16% (Información de la Superintendencia Bancaria-División de
Estadísticas, noviembre del 2001).
Con el pretexto
de evitar los problemas cambiarios y monetarios que podía generar la
bonanza petrolera de Cusiana y Cupiagua, el FMI (a través de la Junta
Directiva del Banco de la República) presionó al gobierno colombiano para
que presentara un proyecto de ley que ordenaba la congelación en el
exterior de las divisas por exportaciones de Ecopetrol. Dicho proyecto se
convirtió en la Ley 209 de 1995, «mediante la cual se crea y reglamenta el
Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera». Como consecuencia, Ecopetrol
se ha visto obligada a invertir en títulos emitidos por la banca
internacional a la tasa de interés que reconoce dicha banca a sus
ahorradores (tasa de captación), al tiempo que la empresa y el gobierno
nacional continúan endeudándose con esa misma banca, pagándole una tasa de
interés mucho más alta (tasa de colocación). A diciembre del 2000
Ecopetrol tenía invertidos en el exterior US$1.100 millones, pero su deuda
externa sumaba US$440,7 millones, y la deuda externa del gobierno con la
banca comercial era de US$7.300 millones. La banca internacional nos
presta con nuestros propios recursos, haciendo el más jugoso negocio
especulativo.
Otra
inconsistencia de los «neoinstitucionalistas» criollos se encuentra en el
hecho de que en sus análisis omiten la importancia de la política
antinarcóticos impuesta por el gobierno de Estados Unidos como factor que
contribuye a aumentar el déficit fiscal. El impacto negativo de esta
política se ha visto reflejado en la alta evasión de impuestos. Los altos
costos que tienen que asumir los empresarios para realizar sus
transacciones en medio de la guerra, los ha llevado a evadir el pago de
tributos al Estado. Esto se suma al deterioro de sus ingresos ocasionado
por las políticas de mercado impuestas por el FMI y el Banco Mundial, que
los induce también a evadir impuestos. Después de 7 reformas tributarias
en los últimos 10 años, que aumentaron tarifas y la base de impuestos, y
que ubican al país como uno de los de más altas tarifas tributarias en
Latinoamérica, el gobierno escasamente ha podido aumentar en 4 puntos del
PIB el recaudo tributario, ya que la evasión se ha incrementado
ampliamente.
A manera de
ejemplo, en el 2000 el gobierno central sólo recaudó $16 billones, cuando
el recaudo potencial era de $23 billones, lo que quiere decir que la
evasión de impuestos fue de aproximadamente $7 billones, cifra que
representa mucho más de la mitad del déficit fiscal de dicho año
(Información de la DIAN retransmitida por la prensa nacional a comienzos
del 2001). Los «neoinstitucionalistas» criollos interpretan la evasión de
impuestos como la respuesta de los contribuyentes a unos administradores
del Estado corruptos que depredan los recursos recaudados. Tampoco tienen
en cuenta que el importante aumento del gasto público en defensa y
seguridad, se explica como una necesidad de fortalecimiento del ejército
para adelantar la política antinarcóticos.
No hay duda de
que el alto nivel alcanzado por la evasión de impuestos y los gastos para
fortalecer las fuerzas militares han contribuido notablemente a agrandar
el déficit del gobierno central. Esto demuestra que igual que las
políticas de mercado (apertura, creación de una banca central
independiente, etc.), impuestas por el FMI y el Banco Mundial, la política
antinarcóticos impuesta por el gobierno de Estados Unidos, constituye un
factor de deterioro de la política fiscal. Pero «nuestros teóricos
neoinstitucionalistas» consideran que si las imposiciones provienen de la
gran potencia capitalista, y no de países u organizaciones de poco
desarrollo, están concebidas para sacarnos del atraso.
Debate sobre el neoliberalismo
Kalmanovitz ha
hecho un llamado a que el debate sobre el neoliberalismo sea trasladado de
la plaza pública y los medios masivos de comunicación a la academia: «Se
trata de un debate que ha recurrido a muchos insultos y denuncias y me
parece que es conveniente academizarlo»25.
Convencido de su respetabilidad académica ha creído que todo lo que salga
de su pluma debe ser considerado incuestionable. Sin embargo, sus
«demostraciones» académicas, lo único que han logrado dejar en claro son
sus inconsistencias. Respecto al neoliberalismo ha creído salir airoso
cuando afirma que una demostración de que en Colombia éste ha brillado por
su ausencia, está en el espectacular aumento del gasto del gobierno
central que pasó de 11% al 19% del PIB entre 1990 y 1998: «Por el solo
hecho de prácticamente duplicar el tamaño del gobierno central en esta
década, Colombia va en contravía del neoliberalismo cuyo lema fundamental,
como se recuerda, es la reducción de los impuestos y del tamaño del
Estado»26.
Por ser fiel al
precepto de la ortodoxia neoliberal, Kalmanovitz se exime de investigar
sobre el origen de tan abultado aumento del gasto del gobierno central en
Colombia en los años noventa. Si hubiera hecho este esfuerzo encontraría
que los principales determinantes han sido las políticas de apertura
simultánea de las cuentas comercial y de capitales, la creación de la
banca central independiente, las políticas monetaria, financiera y
cambiaria de la Junta Directiva del Banco de la República y la política
antinarcóticos, como se ha demostrado acá. O sea, que el origen de dicho
incremento, igual que del aumento de las tarifas de impuestos, ha sido la
aplicación de la receta ordenada por la ortodoxia neoliberal. En síntesis,
Kalmanovitz ha faltado al rigor que tanto recomienda.
Conclusión
Con la crisis
de la ortodoxia neoliberal el neoinstitucionalismo ha recobrado
importancia en la academia internacional, y después de ocho años volvió a
obtener el premio Nobel de economía. Sus críticas al FMI, su énfasis en la
estricta regulación y supervisión del sistema financiero y en la
implementación de las llamadas reformas de «segunda generación»,
constituyen una peligrosa mezcla de políticas no ortodoxas y
profundización de las políticas de mercado. Los difíciles momentos por los
que atraviesa América Latina indican que la profundización de las
políticas de mercado hará explotar nuestras economías. Los
«neoinstitucionalistas» criollos ni siquiera admiten la estricta
regulación y supervisión del sistema financiero, lo que refleja su
fidelidad a la ortodoxia neoliberal.
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Eduardo Jara Buitrago
Arley Barandica Editor. 2001
Por Camilo Jiménez
«Este
libro es un pequeño homenaje a los miles de trabajadores colombianos
que perdieron sus puestos de trabajo; a los millones de ahorradores de
cooperativas financieras, bancos, compañías de financiamiento
comercial y otras entidades financieras que vieron comprometidos sus
ahorros; a los empresarios y constructores que no pudieron permanecer
en las nuevas condiciones y quebraron; a los campesinos que no
pudieron enfrentar la desventajosa situación de competencia y
violencia y debieron dejar de sembrar y a los estudiantes que tuvieron
que abandonar las escuelas, los colegios y las universidades y a las
familias de todos ellos».
Este un
elocuente aparte del Epílogo de la obra del doctor Jara Buitrago,
magíster en Ciencias Económicas de la Universidad Nacional, quien a lo
largo de cinco densas y documentadas partes asume el análisis de las
principales reformas en política económica que se pusieron en marcha
durante la última década del siglo pasado.
A medida
que va desentrañando los principales componentes teóricos de las
diversas reformas, el autor va sintetizando sus efectos nefastos en
los sectores productivos y sociales del país. Su amplia experiencia
docente le permite en dos centenares de páginas abordar los
fundamentos teóricos del modelo de desarrollo –de ajuste
macroeconómico y cambio estructural–, la política económica de la
década, las erráticas medidas para alcanzar la nunca lograda
estabilidad macroeconómica y las fallas del modelo.
Por la
forma tan aguda en que describe el modelo económico, aunque no ahonda
en sus efectos sociales la simple enumeración de ellos le permite
concluir que «los sacrificios... fueron excesivos».
Lástima
que llegue a la conclusión –a pesar de que los argumentos del libro
permitirían colegir todo lo contrario– de que ya están dadas las bases
para adelantar una política de austeridad fiscal y a la vez de
crecimiento y de cumplimiento del papel social del Estado de derecho. |
Notas
1. De
acuerdo con Ronald Coase, la vieja economía institucional solo describió
las instituciones, pero no las analizó. La nueva economía institucional
(teoría neoinstitucional) analiza las instituciones. Éstas son reglas del
juego de la sociedad: formales (La Constitución Política, Leyes, Decretos,
etc., sistema judicial, sistema educativo, sistema de salud, sistema
financiero, sistema militar, etc.); informales (las costumbres, cultura,
códigos de conducta, etc.). Revista Administración y Desarrollo. No 36.
Noviembre de 1999. ESAP. Entrevista.
2.
Producto del trabajo de esa corriente dirigida por Stiglitz y North, es el
Informe sobre el Desarrollo Mundial de 1997. El Estado en un Mundo en
Transformación.
3 En
Chile aumentó la concentración del ingreso y la pobreza, y se dio un
proceso de desindustrialización y reprimarización de las exportaciones.
CEPAL. Una Década de Luces y de Sombras: América Latina y el Caribe en los
años Noventa. Alfa Omega, marzo de 2001.
4
Kalmanovitz, Salomón. Las instituciones y el desarrollo económico en
Colombia. Grupo Editorial Norma. 2001, p. 259.
5
Los más notables «neoinstitucionalistas» criollos se encuentran en la
Junta Directiva del Banco de la República, encabezados por Salomón
Kalmanovitz, en Fedesarrollo y en la facultad de economía de la
Universidad de los Andes. La administración Pastrana ha estado compuesta
en todos sus frentes por estos tecnócratas al servicio de los organismos
multilaterales.
6.
North, Douglass. Instituciones, cambio institucional y desempeño
económico, Fondo de Cultura Económica, 1995, p. 132.
7.
Coase. Entrevista citada.
8.
Coase. Entrevista citada.
9.
Palast, Gregory. «Los cuatro pasos del Fondo Monetario Internacional:
hacia la condenación». Revista Nueva Gaceta. No 3. Septiembre del 2001, p.
68.
10.
Stiglitz, Joseph. «Lo que aprendí de la crisis económica mundial». Revista
Cuadernos de Economía. No 32. Primer semestre del 2000, Universidad
Nacional de Colombia.
11.
Stiglitz, Joseph. Op. cit.
12.
Stiglitz, Joseph. Op. cit.
13.
Stiglitz, Joseph. Op. cit.
14.
Becker, Gary. Revista ¿Qué pasa? Copesa SA. 12 de abril de 1999.
Entrevista.
15.
Stiglitz, Joseph. Op. cit.
16.
Echavarría Juan José. «Colombia en la década de los noventa:
neoliberalismo y reformas estructurales en el trópico». Revista Cuadernos
de Economía. No 34. Primer semestre del 2001. Universidad Nacional de
Colombia. p. 98.
17.
González César. «Comentarios a la ponencia de Luis Bernardo Flórez».
Revista Cuadernos de Economía. No 34, Primer semestre del 2001, p. 107.
18.
Alesina Alberto. Reformas institucionales en Colombia. Fedesarrollo.
Febrero de 2001, p. 2.
19.
Kalmanovitz. Op. cit., p. 221.
20.
Echavarría. Op. cit., p. 98.
21.
González. Op. cit., p. 109.
22.
Kalmanovitz. Op. cit., p. 297.
23. Ossa
Escobar Carlos. «Transferencias y descentralización». El Espectador.
Febrero 25 del 2001, p. 3B.
24.
Banca Central Independiente significa que no hay emisión a favor del
gobierno, y que las tasas de interés, los créditos y la tasa de cambio se
rigen por las condiciones de mercado y no por decisiones del gobierno.
25.
Kalmanovitz. Op. cit., p. 177.
26.
Kalmanovitz. Op. cit., p. 190.
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