Bogotá, Febrero - Mayo de 02 -Nº 4   ISSN  01246704


 

ECOPETROL:

CINCUENTA AÑOS APORTANDO

AL DESARROLLO NACIONAL

1951-2001

 

En 1903, pasada la guerra de los Mil días, el coronel José Joaquín Bohórquez, buscaba establecer una empresa de transporte fluvial en los ríos Opón, Oponcito y Carare que movilizara los cargamentos de importación y exportación del comercio de Zapatoca, El Socorro y otras poblaciones del sur de Santander y se encontró con los manaderos de petróleo que Gonzalo Jiménez de Quesada reportó en la región de Infantas en 15361, donde hoy queda Barrancabermeja y que los indios yariguíes utilizaban para «quitar el cansancio, fortalecer las piernas y brear sus bergantines»2.

Por decreto legislativo No. 34 de 1905, elevado rápidamente a ley en el mismo año, el Presidente de la República, general Rafael Reyes, (1904-1908) se invistió de facultades para «otorgar privilegios en la construcción de canales, explotación del lecho de los ríos y canteras, depósitos de asfalto y aceites minerales»3.  La concesión De Mares, núcleo de la creación, en 1951, de la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, fue autorizada el 28 de noviembre de 1905, mediante escritura No. 27, firmada entre el ministro de Obras Públicas, el señor Modesto Garcés y don Roberto De Mares4, y su objeto versaba «sobre explotación de fuentes de petróleo en terrenos de propiedad de la Nación», que debía revertir a título gratuito y en el estado en que se encuentren «todas las obras, edificios, máquinas, aparatos, cables aéreos, herramientas y en general, todos los elementos de explotación y medios de comunicación empleados por el contratista»5, al cabo de 30 años y el pago del 15 por ciento de regalías6, en un área de 532.932 hectáreas de extensión, ubicada a unos 500 kilómetros del mar, en el valle medio del río Magdalena7.

Los inicios de la concesión De Mares transcurrieron en medio de la emergencia y consolidación de los Estados Unidos como primera potencia mundial y sus antecedentes pueden encontrarse en la teoría del Destino Manifiesto, según la cual, el sino norteamericano era «extender el continente que nos fue asignado por la Providencia para el libre desenvolvimiento de nuestros millones que se multiplican cada año»8 y que llevaron a completar la bandera de las barras y las estrellas con la anexión de Texas (1845), Oregón, (1846) California y Nuevo México (1848), la compra de Alaska (1867) y Hawai, que le franqueaba el paso al Pacífico (1893). La guerra contra España que arrojó como resultado la liberación de Cuba y la anexión de Puerto Rico (1898), despojó del último reducto al imperio colonial español9. En no menos de veinte ocasiones, entre 1980 y 19, soldados de la marina y el ejército norteamericanos invadieron el territorio de los países de la zona del Caribe10. En una de esas nos tocó a nosotros.

En 1903, Teodoro Roosevelt, para quienes los colombianos éramos esas «despreciables criaturillas de Bogotá», o bandidos «sicilianos o calabreses»11 en ejecución de su política del Big Stick, como corolario de la doctrina Monroe de «América para los americanos», que proscribía la intervención europea en la región, interviene abiertamente en la separación de Panamá de Colombia, ante la abyección y el sometimiento de las autoridades de Bogotá, comandadas por José Manuel Marroquín, Presidente de Colombia, «un hombre irresoluto hasta la pusilanimidad, modesto hasta la humillación, pesimista hasta la melancolía, iluso hasta la ruina, sensible hasta la delicadeza y prudente ¡ay¡ hasta la cobardía»12. Baldomero Sanín Cano, refiriéndose al comportamiento de las elites colombianas ante los sucesos que van a cumplir una centuria en el año 03, dijo que: «En presencia de la república colosal, estas personas adoptan la postura de un pájaro pequeño a la mirada hipnótica de la boa constrictor»13.

La indemnización de 25 millones de dólares aceptada como precio por la humillación de Panamá, consignada en el tratado Urrutia-Thompson en 1914 y hecha efectiva en 1922, se utilizó por parte de las autoridades americanas para obtener una legislación petrolera favorable a los intereses norteamericanos ante la necesidad de garantizar los suministros, presionados por la inminencia de la guerra europea, el merodeo inglés en estos territorios en busca del nuevo oro mundial y el sentimiento antiyanqui generado por la desmembración de Panamá14.

La venalidad de las autoridades locales les facilitó la tarea a la que se dispusieron los norteamericanos con afán, identificando de sur a norte y de oriente a occidente toda la geografía petrolera nacional como lo señala el general Felipe S. Escobar, citado por Jorge Villegas: «Han contratado a vil precio y en enormes extensiones, yacimientos minerales de valor inmenso, han fomentado la fácil y lucrativa industria que consiste en valerse de antiquísimas y antes olvidadas Cédulas Reales para vender como propiedad particular comarcas enteras consideradas no ha mucho como baldíos o de propiedad municipal; han adquirido sobre bienes nacionales de inestimable valor falsos títulos de dominio que, amparados por la bandera estrellada, son un peligro y una amenaza para la seguridad del país; han acaparado en el 90% la mayor riqueza que tiene la República para no explotarla por años; han hecho al Estado víctima del más inaudito y valioso despojo de que se tenga noticia en nuestra historia, pues todas esas minas son de propiedad de la nación».

Para entonces, el petróleo comenzaba a evidenciar su enorme influencia en la economía mundial al reemplazar al carbón como fuente de energía que alimentaba la creciente industrialización de los países centrales, al transformar la sociedad y el hombre de nuestro tiempo, por su inocultable preponderancia, en la «sociedad de los hidrocarburos» y el «hombre de los hidrocarburos»15.

La Primera Guerra Mundial reafirmaría la importancia estratégica y militar del petróleo: «Fue una guerra que se libró entre hombres y máquinas. Y esas máquinas estaban propulsadas por petróleo». Por este motivo, en el curso de la Primera Guerra Mundial el petróleo y el motor de combustión interna cambiaron todas las dimensiones de la guerra, incluso respecto de la movilidad en tierra, mar y aire. En las décadas anteriores, la guerra terrestre había dependido de inflexibles redes de ferrocarril, como ocurrió en la guerra franco-prusiana de 1870-1871. Desde la etapa ferroviaria en adelante, el movimiento de tropas se veía limitado por la resistencia física, la capacidad muscular y las piernas de hombres y animales. La introducción del motor de combustión interna cambiaría la cantidad de cosas acarreadas, la distancia y la rapidez16.

Inglaterra y Estados Unidos se disputaban palmo a palmo el globo terráqueo en busca de las fuentes y el control de tan jugoso y estratégico recurso y negocio. La figura pionera de John D. Rockefeller, de quien colaboradores inmediatos decían que era el «hombre con menos sentimientos que he conocido o un egoísta temerario y sin escrúpulos que no tenía remordimientos de conciencia y que haría cualquier cosa que fuese necesaria para alcanzar el éxito»17 forjaba el imperio de la Standard Oil Co., a partir de los descubrimientos petrolíferos de Titusville, Texas, en 1859, por el coronel Edwin L. Drake18; que extendió sus tentáculos por el mundo, redes en las que terminó enredada la concesión De Mares.

La gran estrategia y el gran propósito del señor Roberto De Mares, conocedor del mundo petrolero, consistió siempre en venderle la concesión a los norteamericanos. Con el argumento de no tener recursos para desarrollarla y aprovechando sus relaciones de compadrazgo con el general Reyes, después de una serie de episodios de franca violación de la ley, como el incumplimiento sistemático del inicio de los trabajos y el desconocimiento de los derechos del coronel Bohórquez en el descubrimiento de los campos petrolíferos de Infantas y de la empresa conformada para su explotación19, la concesión De Mares fue traspasada a la Tropical Oil Company, una subsidiaria de la Standard Oil de New Jersey, constituida a las volandas en mayo de 1916, en Wilmington, Delaware, Estados Unidos.

La última prórroga de la concesión estaba por vencerse nuevamente y para evitarlo la Tropical, ya dueña de la Concesión, inició los trabajos de explotación que fueron avalados y refrendados por el acta de San Vicente de Chucurí, el 15 de junio de 1916. En consecuencia, la concesión debería revertir al país en 1946. Por rogativas del Gobierno de Eduardo Santos, quien le ofreció extenderla 25 años o más, a cambio de US$ 10 millones y un simulacro de devolución de una parte mínima que no había sido tocada21, de artimañas jurídicas para las que se prestó el propio gobierno, y de personajes como Esteban Jaramillo, quien ofició de abogado del gobierno y de la Tropical al mismo tiempo22, mediante sentencia judicial se determinó que la concesión revertiría al país el 25 de agosto de 1951, cuando debería hacerlo en 1946. La jugarreta le costó a la nación 63.400.000 barriles de petróleo que se ganó la Tropical, por los cinco años de su extensión espuria23.

La presencia en el país de la Standard Oil, el desarrollo de sus trabajos en El Centro y la construcción y operación de su refinería en Barrancabermeja, terminaron con los titánicos esfuerzos de hombres como Diego Martínez Camargo, Prisciliano Cabrales y el General Francisco Burgos Rubio, quienes influenciados por el verbo encendido de Jorge Isaacs, el célebre autor de La María, se habían dado a la tarea de desbrozar los linderos del petróleo en la geografía de la Costa Caribe. Sus tesoneros empeños fueron inversamente proporcionales a la terquedad de la naturaleza: ésta siempre les negó sus efluvios. Pero Diego Martínez Camargo era un hombre difícil de vencer, con una tenacidad aprendida en la guerra y, en compañía de importantes hombres de empresa de Cartagena como Rafael y Armando de Zubiría, Enrique de la Espriella, Rafael del Castillo, C. Piñeres y Lácides Segovia, fundaron y construyeron, con capital nacional, la primera refinería de petróleo del país, que alzaba orgullosa su tea a la entrada de Bocagrande, la Cartagena Oil Refining Company, que alimentaban con 400 barriles de crudos importados de los Estados Unidos24. El gobierno de entonces y los tentáculos de la Standard, que se confabularon contra estos pioneros de la industria, hicieron naufragar ese primer esfuerzo industrializador.

La historiadora cartagenera María Teresa Ripoll lo explica así en su trabajo La actividad empresarial de Diego Martínez Camargo,1890-1973: «Uno de los temores que abrigaba la refinería de Cartagena desde su creación era que las compañías extranjeras se decidieran por explotar los recursos petrolíferos de nuestro país y montaran una refinería que se convertiría sin duda en competencia mortal para los pequeños capitales de la compañía cartagenera. En 1910 habían vencido los términos del contrato de las concesiones Barco y De Mares, hechas en 1905 y 1906, por lo que desde esa fecha era de esperarse que los campos petroleros del Catatumbo y de Barrancabermeja fueran reintegrados al dominio de la nación. Aprovechando esta coyuntura, la refinería de Cartagena pidió al gobierno que se le ampliara el privilegio concedido de 50 km a 600 km hacia el interior de la Costa, extensión que habría incluido los campos de Barranca y del Catatumbo. En 1910 el gobierno colombiano negó esta petición a la Cartagena Oil Refinig Co. por considerar que, en el caso de que una compañía extranjera se decidiera a instalar una refinería en Colombia, debía contar con la aprobación del gobierno nacional, y que era tan lejana la posibilidad que no ameritaba tenerla en cuenta en la petición que hacía la refinería de Cartagena25. Tan sólo diez años más tarde se vería amenazada la existencia de la refinería cartagenera. La Cartagena Oil Refining Co. estuvo en funcionamiento durante doce años, hasta 1923, año en que comenzó a operar la refinería instalada en Barrancabermeja por la International Petroleum Ltd, subsidiaria de la Standard Oil de New Jersey, y el monopolio colombiano pasó entonces a la poderosa empresa norteamericana. Diego Martínez Camargo lo resume desde la simplicidad de lo práctico en informe a sus accionistas en septiembre de 1921: «Tan pronto como comience la producción de la Tropical debemos proceder a liquidar la compañía». Y el exministro Orlando Cabrales lo dice sin tapujos: «Sin duda, en este informe se refleja la amargura de la directiva de la refinería al ver que el entorno se desvanecía, no solo por la vergonzosa persecución de algunos funcionarios del gobierno, sino también porque la dueña y ama en ese momento de la industria del petróleo asfixiaba sin contemplación a un ejemplar y exitoso esfuerzo de empresarios nacionales, y con una conducta del gobierno tal vez igual a la de un espectador ante una corrida de toros»26.

 

La reversión de la Concesión
De Mares

El entorno internacional

La Revolución Rusa de 1917 dividió el mundo en dos sistema económicos y políticos contrapuestos insuflándole nuevos bríos a los enfrentamientos, a propósito de las relaciones entre el petróleo y la política. En 19, los bolcheviques reconquistaron Bacu, su principal región petrolera y nacionalizaron su petróleo. Las multinacionales que dominaban el escenario quedaron atónitas: «La participación de un gobierno en las empresas industriales y comerciales, como en Rusia, es algo nuevo en la historia de los negocios», dijo Heinrich Rieddeman, director de operaciones alemanas de la Standard27.

En 1917 México determinó en la Constitución de Querétaro que el subsuelo pertenecía, no a los propietarios de la superficie, sino al Estado mexicano. Esto originó un fuerte enfrentamiento con las compañías extranjeras, en especial inglesas, en el que el Estado mexicano no cedió. Una creciente ola de nacionalismo estaba cambiando el entorno del negocio petrolero a nivel mundial y colocaba en serios aprietos a las compañías acostumbradas a manejar a su antojo a gobiernos, funcionarios y países. «A lo largo y ancho de todo el continente europeo, las políticas gubernamentales se enfrentaban a la de las compañías petroleras extranjeras privadas, y el alcance de la confrontación no tenia precedentes»28 y, «existía una tendencia generalizada en todos los países extranjeros en la actualidad a forzar o fomentar la creación en sus propios territorios de compañías nacionales en lugar de permitir el establecimiento de filiales extranjeras»29.

La ola nacionalista se extendió a Latinoamérica. Bolivia expropió la filial de la Standard en 1937, alegando fraude fiscal. En México las compañías estaban acostumbradas a hacer negocios con el uso del chantaje y del soborno. Para Henry Determing, director de la Royal Dutch, México era «un gobierno colonial al que se le limita a dar órdenes»30. Para su desgracia, apareció en el firmamento mexicano Lázaro Cárdenas, presidente de la República entre 1934 y 1940, de quien el ministro británico de la época dijo que era «un hombre con la cara alargada, como una máscara, y los ojos rasgados e inescrutables del indio (...) que sus inclinaciones más izquierdistas hacen la pesadilla del capitalismo (...) pero que ojalá, después de pensar bien las cosas, es una pena que no haya más hombres de su valía en México»31. Lázaro Cárdenas se cansó del tratamiento de «territorio conquistado» que le proferían a la nación mexicana las compañías petroleras y en la noche del 18 de marzo de 1938, ordenó la expropiación de las compañías holandesas, inglesas y norteamericanas que operaban en su territorio, que «establece un precedente por todo el mundo, especialmente en Iberoamérica, que podría poner en peligro toda la estructura del comercio internacional y la seguridad de los inversores extranjeros»32. En 1943 Venezuela pactó con las compañías norteamericanas un nuevo reparto de la renta petrolera más favorable a los intereses de la nación33.

En Colombia, las circunstancias políticas se caracterizaban por la fortaleza del movimiento obrero que ya había legalizado su existencia en el gobierno de López Pumarejo, el auge del gaitanismo que en cabeza de Jorge Eliécer Gaitán, apoyó resueltamente las reivindicaciones obreras por la reversión, que ganaron un amplio respaldo nacional. La Ley 165 de 1948 autorizó la creación de una empresa con carácter privado, mixto o estatal y cuando ya era evidente para la Tropical la inevitabilidad de la reversión, sus propias acciones, como el despido de centenares de trabajadores, precipitó la huelga de 1948 que debilitaron su posición ante la opinión pública. Gaitán caería abatido el 9 de abril de 1948, truncándose la esperanza de una transformación democrática del país e inaugurando el fatídico período de la violencia, de la cual no hemos salido.

 Así pues, las circunstancias internacionales y nacionales confluyeron para colocar en serios aprietos el régimen de Ospina Pérez y hacer insostenible la situación de la Tropical en el país34. Después de un aguda y apasionante batalla que no alcanza a ser descrita en estas líneas, finalmente, el 25 de agosto de 1951 a las 12 de la noche, el rugido de las sirenas de El Centro y de la Refinería de Barrancabermeja, anunció simultáneamente el imborrable momento en que el Estado colombiano recibía de la Tropical Oil Company las instalaciones de la Concesión de Mares35, iniciándose así la zaga de trabajadores, técnicos y directivos en la construcción de la más importante empresa nacional. Mediante el decreto 030 de 1951 se constituye Ecopetrol, como entidad autónoma, con personería jurídica propia, encargada de: «la explotación, administración y manejo de los campos petroleros, oleoductos, refinerías, estaciones de abasto y, en general, de todos los bienes muebles e inmuebles que revierten al Estado»36.

Bienes revertidos

  1. Los terrenos dados en concesión, con sus mejoras y anexidades, con una extensión de 430.492 hectáreas.

  2.  Las plantas industriales y otras dependencias especiales.

  3. El hospital de El Centro, clubes, casinos, comisariatos, viviendas y centros educacionales.

  4. Los talleres de mecánica, de electricidad, de equipo automotor y pesado, de carpintería, las bodegas de materiales y el ferrocarril El Centro-Barrancabermeja y las dependencias (edificaciones) de la administración.

  5. La refinería de Barrancabermeja, con una capacidad total de procesar 2.000 barriles por día. Por acuerdo del gobierno nacional y la Tropical, sólo revirtió al país el 30 de marzo de 1961.

El valor de los bienes recibidos se estimó en unos treinta millones de pesos de la época para las instalaciones de producción, y de catorce millones de pesos para la refinería37.

Sobre las condiciones de la entrega el investigador René de la Pedraja la resume así: «Por lo menos desde 1949, el gerente de la Exxon en Barrancabermeja (explotaba los pozos de la Concesión De Mares «al máximo posible), en preparación para la entrega de los yacimientos a la recientemente creada Empresa Colombiana de Petróleos». El intento de agotar los yacimientos no era suficiente para la Exxon, que no descuidó ni siquiera el crudo extraído hasta el último momento, de manera que el día en que debía realizarse la transferencia, el 25 de agosto de 1951, los tanques estaban completamente vacíos.

La condición de las instalaciones físicas era fácil de imaginar. La Unidad Combinada de Destilación formaba el núcleo de la refinería desde 1936, pero para 1951 las bombas ya estaban desgastadas y habían sido descontinuadas por el fabricante, y los tableros de instrumentos habían llegado al término de su vida útil. La Unidad Combinada de Destilación poseía un sistema eléctrico que no sólo había sido mal instalado en 1936, sino que su tecnología era obsoleta. La vieja planta de energía producía constantes apagones y necesitaba ser reemplazada con urgencia. En lo referente al resto del equipo, cuando la maquinaria quedaba fuera del servicio, las partes que todavía podían ser útiles eran retiradas y colocadas en las otras unidades para prolongar su servicio hasta diez años después del tiempo de su vida útil.

La mayoría de los equipos ya eran viejos a su llegada al país en la década del treinta, porque la Exxon había aprovechado al máximo las deducciones tributarias norteamericanas por concepto de depreciación para incluir estos equipos y enviarlos hacia Colombia. Bien brillado y glorificado luego por las relaciones públicas, el obsoleto equipo ejercía gran fascinación sobre la clase dirigente de una sociedad agraria, para quien representaba «las maravillas» de la tecnología moderna. Toda maquinaria de buena calidad, como los cruciales equipos de perforación, había desaparecido misteriosamente antes del 25 de agosto de 195138.

Hubo bienes de inmenso valor e importancia estratégica que debieron revertir al país, pero que la desmedida ambición de la Tropical y funcionarios nacionales deshonestos lo impidieron: la llamada Flota Blanca y los carrotanques y cadenas de abasto y estaciones de servicio. La Flota Blanca la constituyó una serie de relucientes barcos movidos con fuel-oil que en su momento fueron una innovación en la navegación colombiana para comercializar el petróleo y sus derivados hacia los mercados del interior y el exterior del país, fundamentalmente hacia este último, por Cartagena. En 1922, La Troco hizo construir el Opón y el Tigre en astilleros de Barranquilla. En 1926 se agregaron a la flota cinco vapores y 14 botes de casco cerrado y cubierto.

Ecopetrol se consoló con la idea de que al menos sería el orgulloso propietario de la impresionante flota de barcos de vapor, remolcadores y planchones pertenecientes a la Exxon que surcaban el río Magdalena. Era imposible ocultar las naves, pues la compañía petrolera necesitaba de ellas hasta el último momento para distribuir los productos de la refinería. Pronto, sin embargo, surgió un obstáculo, ya que los abogados de la Exxon sostuvieron, a pesar de los términos explícitos en que estaba redactada una decisión al respecto de la Corte Suprema de Justicia de 1944, que la Flota Blanca no estaba incluida en la lista de los elementos que debían revertir al Estado en 195139. Y efectivamente, no revirtieron.

El oleoducto Barrancabermeja-Mamonal, una infraestructura de transporte de importancia estratégica para los intereses de la Tropical, cuyo propósito fundamental era sacar el petróleo del país, fue construido por otra subsidiaria de la Standard, La Andian Corporation, en 1926. Tamaña infraestructura de 538 kilómetros, diez subestaciones de bombeo, que unió la región productiva con los puertos marítimos y permitió que la Tropical sacara del país, en el tanquero T.J. Wiliams, el 3 de julio de ese mismo año, los primeros con 88.172 barriles de petróleo, no revirtió al país.

El despropósito causó tremendo impacto en la opinión nacional por las denuncias presentadas en torno al mismo por don Luis Cano40, quien acusó a Carlos Adolfo Urueta, ex embajador en Washington, de haber utilizado sus influencias y las negociaciones que aún se realizaban en torno al conflicto con Panamá para obtener mejores términos para los norteamericanos con respecto a sus intereses petroleros en Colombia. De esta embajada, Urueta pasó directamente a ejercer como abogado de la Andian. La comisión nombrada por el Congreso para investigar este negocio, a la que pertenecía José Eustasio Rivera, el celebre autor de La Vorágine, comprobó que Urueta fue un empleado encubierto de la Andian. En el gobierno de Pedro Nel Ospina, de quien el coronel J.W. Flanagan, había procurado granjearse su amistad y a quien posteriormente, ya pasados los sucesos de la entrega, el mismo coronel Flanagan calificó como «un antioqueño traficante», adquirieron los buenos oficios de Esteban Jaramillo para coronar el contrato que por sus condiciones onerosas contra la nación «no volverá a ser otorgado jamas»41. Este contrato nunca se discutió en el Congreso y fue firmado por Pedro Nel Ospina, tan solo dos días después de la llegada del coronel Flanagan desde Nueva York, por solicitud expresa del «antioqueño traficante», desde donde manejaba a todas las marionetas y la letra menuda de la negociación.

La comisión comprobó todas las atrocidades cometidas contra el país con ocasión de la firma del contrato para la construcción de la vital infraestructura. El Espectador se expresó así sobre la infamia:

El informe de la comisión investigadora revela una vasta y oscura conspiración contra los intereses y contra el honor, así como contra el porvenir de la República, organizada y dirigida con increíble sangre fría y con morbosa despreocupación, por los personajes encargados, por la ingenuidad nacional, de custodiar bajo la fe jurada, todos aquellos bienes materiales e inmateriales. Es una cruda exhibición de caracteres, un melancólico desfile de prevaricatos, de indelicadezas, de deslealtades. Es la demostración alarmante, hasta el pánico y el estupor, de que han sido muy raras las conciencias que tentadas o tocadas por el oro extranjero, hayan reaccionado decorosamente rechazando la combinación artera que se les ofrecía. El país se ve a través de estas páginas como un vasto lazareto, como un campo abierto a todas las depredaciones morales. Como una tierra propicia a la esclavitud y al deshonor, donde las únicas complicidades que no ha conseguido el financista que se cierne, hombre de presa, sobre las riquezas nacionales, son aquellas que ha olvidado o no ha querido solicitar42.

Las condiciones del contrato fueron humillantes para la nación. En él se establecía un aberrante monopolio en una ruta estratégica de un recurso vital por cincuenta años, renovables de común acuerdo, con el derecho, por parte de la Andian de levantar sus instalaciones e incluso reexportarla. Al gobierno se le otorgarían 18 horas no acumulables para transportar el crudo producto de las regalías, pero como la Tropical reportaba éstas cada seis meses, en la práctica el gobierno sólo contaba con esas 18 horas regalías, a todas luces insuficientes, teniéndole que pagar a la Andian tarifas de monopolio43. A la Andian, que era la misma Tropical, que era la misma Intercol, que terminó construyendo la refinería de Cartagena, que era la misma Standard Oil de New Jersey, es decir, tres personas distintas y un solo dios verdadero: El Tío Sam haciendo negocios, milagros y maravillas.

A pesar de constituirse en un fuerte enclave norteamericano en el país, las actividades de la Tropical, sin proponérselo, coadyuvaron a desbrozar los inicios de la actividad petrolera nacional. Barrancabermeja no puede concebirse sin el influjo de la historia petrolera. «El pito de la refinería que marca el inicio y la terminación de la jornada va creando un reflejo condicionado en el trajín y las costumbres de las personas. El ronquido del tren despierta la ciudad y alebresta los sentidos. Todos llegan con dinero, con ánimos y pasiones frescas». La construcción del oleoducto Barrancaberrmeja-Mamonal de 538 km de longitud (1926) y la construcción y puesta en funcionamiento de la refinería de Cartagena entre 1955 y 1958 por parte de Intercol, resultarían clave para definir la morfología urbana de la ciudad y el desarrollo del aglomerado industrial de Mamonal44.

Capítulo aparte en esta zaga merecen los obreros de la Tropical, sobre cuyo esfuerzo e infrahumanas condiciones de trabajo45, reseñadas por los cronistas de la época, se levantaron las riquezas de esta multinacional y el país pudo contar con una empresa y una industria petrolera nacional. La organización sindical de los trabajadores petroleros de la Tropical, que devino en la hoy conocida Unión Sindical Obrera en 1957, fue definitiva en las circunstancias que desencadenaron la reversión de la concesión De Mares y la posterior creación de Ecopetrol.

Desde sus primeros días Ecopetrol derrotó con su accionar a los agoreros del desastre que favorecieron siempre los intereses de la compañía norteamericana. Los funcionarios nacionales a cargo de la nueva empresa buscaron ampliar el campo de sus actividades en todos los aspectos de la industria: exploración, refinación y comercialización. Como resultado de esta febril actividad, a 31 de diciembre de 1961, con diez años de existencia, la nueva empresa le entregó a la nación, la suma de $243.000.000 por $728.338.725 de utilidades, lo que se compara muy favorablemente con los escasos 25 millones de pesos que la Tropical le había entregado al país entre 1918 y 1945, 23 años de explotación, en los cuales extrajo 318 millones de barriles46.

Llegados al siglo XXI, en sus primeros cincuenta fructíferos años, después de arrancar con $500.000 pesos autorizados por el gobierno de Laureano Gómez para su organización y los bienes revertidos47, Ecopetrol se ha convertido en uno de los principales activos del país, con una inmensa infraestructura: cinco refinerías, entre las cuales están la de Barrancabermeja y la de Cartagena, dos puertos, seis grandes campos de gas, 15 de petróleo, 14.510 kilómetros de oleoductos, gasoductos y poliductos, 18 cuencas sedimentarias para un potencial estimado de crudo y gas de 37.000 millones de barriles, produce en la actualidad 600.000 bpd. Desde 1974 ha irradiado a 2 municipios de 22 departamentos, regalías por US $.000 millones de dólares y en los dos últimos años se ha convertido en la salvación de las finanzas públicas, al trasladar al gobierno nacional más de cinco billones de pesos48.

Estas contundentes cifras deben producir escalofrío a la cofradía neoliberal que denigra de las empresas estatales y se desvive por privatizarlas, pues «solo piensan que los hombres rubios del norte son los únicos capaces de organizar y manejar esta industria y que en el país no hay dinero para manejarla»49, como denunciaba Diego Martínez Camargo, pionero de la industria petrolera colombiana.

 

Cambian los vientos

Sin embargo, con el regreso del péndulo hacia las opciones del libre mercado y la ortodoxia económica, la política petrolera nacional y Ecopetrol ha sido sometida a una serie de decisiones que comprometen su futuro. Los contratos de asociación y el sistema nacional de regalías se modificaron para facilitar la llegada de nuevas empresas para la búsqueda del petróleo, aduciendo falta de competitividad del contrato petrolero nacional. Expertos consultores nacionales e internacionales difieren de esa apreciación y consideran que, aun incluyendo el nivel de riesgo país, el contrato petrolero nacional sí era competitivo.50 Desde 1974 el país cambió el régimen de concesiones por el de asociación, en el que se estableció que el país recibiría el 50 por ciento en la distribución de la renta petrolera y el  por ciento de regalías, con cualquier nivel de producción. El gobierno de Pastrana cambió ese régimen, de manera que en los contratos de asociación, el 30 por ciento es para el Estado colombiano, y el 70 por ciento para la empresa asociada. En cuanto a regalías, reafirmó el factor R, que las liquida de manera variable de acuerdo al rendimiento del pozo y al nivel de producción, lo que en la práctica significa una considerable disminución en los ingresos del Estado y de las regiones que se sitúan en el nivel de 5 por ciento inferior al canon de regalías pagadas en el sistema de concesiones que era del 15 por ciento desde 190551.

A Ecopetrol se le quitó la autonomía administrativa y financiera garantizada por el decreto 3211 de 1959, que dejaba en manos de la Junta Directiva de la empresa la determinación de sus utilidades, con el fin de no perturbar el desarrollo de sus planes y proyectos futuros, habida cuenta de la necesidad de enfrentar la competencia de multinacionales en el sector52. Mediante el decreto 843 de 1990, sus utilidades, como las de todas las empresas industriales y comerciales del Estado, pertenecen a éste, lo que en la práctica le impide utilizar sus excedentes para invertir en las necesidades propias de la industria. Esto lleva a la inaudita situación de que Ecopetrol gane inmensas cantidades de dinero y no haya sido posible invertir en la refinería de Cartagena, con el fin de afrontar sus falencias tecnológicas, ambientales y de escala, que impiden el desarrollo del megaproyecto industrial de olefinas, una añeja y justa aspiración de los empresarios del sector petroquímico, que traería indiscutibles repercusiones económicas y sociales para Cartagena, el Caribe y para toda Colombia.

Los ingresos de Ecopetrol se han manejado exclusivamente como un instrumento de política monetaria, cambiaria o fiscal, dentro de las concepciones ortodoxas monetaristas de la economía predominante, induciendo una situación de inviabilidad económica de la empresa estatal, en la que ni siquiera se proveen los fondos de pensiones de sus trabajadores. Solamente en la actual administración, aprovechando la situación favorable de los precios del petróleo, se han fondeado una parte importante de los mismos. Han sido muchos los gobiernos que han transferido más del 100 por ciento de las utilidades de Ecopetrol como dividendos, impidiendo no solo el fortalecimiento de la empresa, sino también, incumpliendo el mandato constitucional, según el cual, el uso de los recursos naturales del país debe cumplir con criterios de sostenibilidad53.

Dentro de esas medidas de ortodoxia económica se explica la existencia del Fondo de Ahorro y Estabilización petrolera, FAEP (Ley 9 de 1995) que tiene en bancos de Estados Unidos más de 2 billones de pesos, producto de los ingresos petroleros a partir de Cusiana y Cupiagua, se han visto notoriamente incrementados a raíz del sobreprecio del crudo en los mercados internacionales, gracias a que el presidente venezolano Hugo Chávez revivió la OPEP, un mecanismo de intervención del mercado que tanto choca a los neoliberales. ¿Por qué no se amplía y moderniza la refinería de Cartagena existiendo los recursos? Si la excusa para cambiar el contrato petrolero nacional a favor de las compañías extranjeras es la escasez de dinero, ¿por qué no se crea entonces un fondo de exploración con esos recursos que le garantice al país y a Ecopetrol una actividad sísmica y exploratoria que le allane el futuro de abastecimiento de crudos?

Ecopetrol renunció, por mandato legal, a invertir en la petroquímica, el negocio más rentable de la industria petrolera, el llamado downtream que le agrega valor a la industria petrolera. Con el argumento pueril, pero explicable, dentro de las concepciones de la hora presente, de que el sector privado puede hacerlo mejor. Dentro de esa óptica se renunció en el gobierno de Virgilio Barco a la construcción de la refinería del Magdalena Medio, se vendieron los terpeles, se desprendió de la operación de oleoductos, se abandonó la sísmica y la explotación que hoy está, fundamentalmente, en manos de las compañías asociadas que hoy producen más de la mitad del petróleo del país. Margarita Mena de Quevedo, ex ministra de Minas, alertando sobre esta situación escribe que:

 De continuar ese proceso, Ecopetrol terminará reducida a una oficina de manejo de los contratos petroleros que celebre, finalmente el complejo industrial de Barrancabermeja y la refinería de Cartagena, la comercialización de los hidrocarburos que reciba como parte contractual y el abastecimiento de combustibles que requiera el país serán trasladados al sector privado, obviamente interesados en participar de los beneficios económicos del petróleo que percibe el Estado, en eso consistiría la privatización de Ecopetrol54.

Llegados hasta aquí, solo queda esperar que la fuerza de los acontecimientos y las conflictivas realidades del mundo y de Colombia hagan retornar el péndulo hacia una economía más pensada en los intereses de la nación y de sus mayorías. Que la historia de Ecopetrol y sus indudables aportes al desarrollo nacional en estos cincuenta años nos sirvan para reafirmar la confianza de que los colombianos sabemos y podemos emprender la construcción del país sin tutorías de nadie, sin desdeñar el conocimiento ni el capital extranjero, sin aislarnos del contexto mundial pero insertándonos de manera que favorezca el interés y el desarrollo nacional. La ampliación y modernización de la refinería de Cartagena se enmarca en ese propósito. Fortalecer la refinería de Cartagena es fortalecer a Ecopetrol, que es un patrimonio nacional invaluable. Desarrollar el Plan Maestro de la refinería de Cartagena le permitirá a la ciudad, abrir avenidas de progreso. Debemos estar atentos a ello.

 

 

Notas

1 Bendeck, Olivella Jorge. Ecopetrol: Historia de una gran empresa. Ediciones Punto Llano. Bogotá 1993. p.15. En 1867, el ciudadano de origen alemán, Geo Von Lengerke, informa al Estado de Santander, el hallazgo de estos resumideros de petróleo, durante las labores de construcción de la carretera entre Betulia y el poblado de Barrancabermeja, que buscaba establecer vínculos comerciales con la Costa Atlántica, a través del río Magdalena, según puede constatarse en la novela, La otra raya del tigre, de Pedro Gómez Valderrama. La declinación del comercio a finales del siglo XIX, hizo que la selva se devorara el camino y con ello se olvidara también la brea de Infantas.

2 Reyes, Miguel Ángel Santiago. Crónica de la concesión De Mares. Bogotá. Ecopetrol. Editorial Presencia, p. 15.

3  Villegas, Jorge. Petróleo, oligarquía e imperio. El Áncora editores, Bogotá 1982. p.16.

4 Roberto de Mares era un antiguo conocedor de la industria del petróleo. Desde antes de 1900 le había sido otorgada la concesión Armella-De Mares que comprendía alrededor de 210 millas cuadradas desde Turbaco en dirección a Repelón, Rotinet y Rosa Vieja. Ver: Rippy J. Fred. El capital norteamericano y la penetración imperialista en Colombia. El Áncora editores, Bogotá 1981, p.157.

5 Bendek, Olivella Jorge, Op. cit., p. 18.

6 Villegas, Jorge, Op. cit., p.18.

7 Rippy, J. Fred, Op. cit., p. 161.

8 Tindall, B. George y Shi, E. David, Historia de los Estados Unidos, TM editores, Bogotá 1995.

9 Ibid.

10 Wood, Bryce, La política del buen vecino. Biblioteca de historia, Unión Tipográfica editorial, México 1967, p. 2.

11 Selser, Gregorio. El rapto de Panamá. Tomado de Villegas, Jorge, op. cit., p. 42.

12 Lemaitre, Eduardo, Panamá y su separación de Colombia, Editorial Pluma, Bogotá 1980, p. 270.

13 Randall, J. Stephen, Aliados y distantes: Historia de las relaciones entre Colombia y los Estados Unidos desde la independencia hasta la guerra contra las drogas, Tercer Mundo, Bogotá 1992, p. 139.

14 Villegas, Jorge, Op. cit., p. 46 ss.

15 Yerguin, Daniel, La historia del petróleo, Vergara Editores, Buenos Aires 1992, p. 33-34.

16 Yerguin, Daniel, Op. cit., p. 219-242.

17 Yerguin Daniel, Op. cit., p.48 ss.

18 Yerguin, Daniel, Op. cit., p 30.

19 José Joaquín Bohórquez, Roberto de Mares y la firma Pineda Vargas establecieron una sociedad de palabra para la explotación del negocio petrolero. En esta sociedad le fue mal al coronel Bohórquez pues sus derechos terminaron siendo desconocidos por la Troco, viéndose obligado a establecer un juicio que le restituyera sus derechos, lo que a la postre logró.

        Bendek, Olivella Jorge, Op. cit., p.18.

21  De la Pedraja, Toman René, Petróleo, electricidad y política en Colombia, El Áncora Editores, Bogotá, 1993, p. 71.

22  Villegas, Jorge, Op. cit., p.214s.

23  Bendek, Olivella Jorge., Op. cit., p. 23.

24 Isaza, José Fernando y Salcedo, Luis Eduardo, Sucedió en la costa, El Áncora editores, Bogotá, 1991, p. 162-172.

25 De la Pedraja, Toman René, Historia de la energía en Colombia, El Áncora Editores, Bogotá, 1985, p. 176,177.

26 Cabrales, Martínez Orlando, El petróleo en Colombia, Ecopetrol. Bogotá 01, p. 57. Para tener una adecuada idea de la importancia de estos pioneros de la industria del petróleo en Colombia y en particular de Diego Martínez Camargo, ver: La actividad empresarial de Diego Martínez Camargo 1889-1973. Ripoll de Lemaitre, María Teresa. Banco de la República.

27 Yerguin, Daniel Op. cit., p. 318

28 Ibid, p. 355.

29 Ibid, p. 356. La irrupción del keynesianismo, después de la debacle de la Gran Depresión en 1929, propiciando la intervención del Estado en la economía, estimuló la creación de empresas nacionales en sectores básicos o estratégicos, para atemperar las asimetrías producidas por el “dejar hacer, dejar pasar” y estimular el desarrollo económico.

30 Ibid, p. 362.

31 Ibid, p. 361.

32 Ibid, p. 365.

33 Ibid, p. 576.

34 Almario, Gustavo, Historia de los trabajadores petroleros, Ediciones Cedetrabajo, Bogotá, 1983, p. 130.

35 Reyes, Miguel Ángel, Crónica de la concesión De Mares, Editorial Presencia, Bogotá, 1986, p. 11.

36 Bendek, Olivella Jorge, Op. cit., p. 80.

37 Bendek, Olivella Jorge. Ecopetrol. Historia de una gran empresa. Bogotá. Ediciones Punto Llano, 1993, p. 82-83.

38 Pedraja, Tomás René de la, Op. cit., p. 94-95.

39 Pedraja, Op. cit., p.96.

40  Villegas, Jorge, Op. cit., p.83-109.

41  Ibid.

42  Ibid.

43  Villegas, Op. cit., p.108-109.

44  Isaza, José Fernando y Salcedo, Eduardo Luis, Op. cit., p.172-183.

Lemaitre, Eduardo, Historia General de Cartagena. Banco de la República, Bogotá 1983, p. 565-589.

45  Vanguardia liberal y Martiniano Balbuena en su libro Memorias de Barrancabermeja, tomado de Almario Gustavo, Op. cit., p. 43.

46  Bendek, Olivella Jorge. Obra citada. Página 94.

47  Ibid., p. 86.

48  Estadísticas Ecopetrol 1999. Diarios nacionales.

49  Ripoll de Lemaitre, Maria Teresa, Op.cit., p. 63.

50 Ver: Álvarez, Carlos Guillermo, Economía y política petrolera. Uso-Ecopetrol. Bogotá 00, p. 153-186.

51 Martínez.Astrid, Petróleo, Desarrollo y paz, en: Cuadernos de Economía, No 30. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá 1999, p. 232.

52 Bendek, Olivella Jorge , Op. cit., p. 95.

53 Álvarez, Carlos Guillermo, Op.cit.. p.164.

54 Mena de Quevedo, Margarita, “La paz y el petróleo”, en: El petróleo en las conversaciones de paz. Agenda ciudadana por la paz la vida y la libertad, Bogotá, 1999.

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