Bogotà, Septiembre - Diciembre de 2002 -Nº 5   ISSN 01246704


 

La construcción

de una Colombia posible

 

Palabras de Enrique Santos Molano (Juan Amarillo)
en el acto de lanzamiento del libro de Mady Samper, Una Colombia Posible,
publicado por Editorial Norma, 2002

 

Hace unos días, el célebre escritor neoliberal, Mario Vargas Llosa, escribió en El País de Madrid un comentario sobre la actitud de los habitantes de una ciudad del Perú, la misma que tuvo el altísimo privilegio de verlo venir al mundo, que se amotinaron contra la privatización de la empresa de energía y la frustraron. Según Vargas Llosa, sus coterráneos son hatajo de insensatos, que arruinaron la reforma, es decir, la privatización, por la cual todos habrían podido salvarse, pues la privatización significa más empleo, más progreso, más riqueza, y más de todo.

Como decía el poeta Bartolomé Leonardo de Argensola, algunos siglos antes que Vargas Llosa, “Porque ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo, ni es azul... lástima grande que no sea verdad tanta belleza”.

Para Vargas Llosa, como para el poeta, el cielo no existe. No es más que una manifestación de populismo. Como el diablo, Vargas Llosa promueve con su innegable talento literario, el infierno neoliberal como la única opción que los pueblos tienen de salvarse. Hay que privatizarlo todo y el hecho de que los peruanos se hubieran opuesto a la privatización de la energía significa que se condenaron por culpa del populismo.

Según el diablo, el infierno es un exclusivo hotel de cinco estrellas al que no pueden entrar los populistas.

Claro que el infierno es un cielo para quienes, como Vargas Llosa, son consentidos del neoliberalismo, ganan en dólares, y en muy buenos dólares, viven en un suntuoso apartamento en Madrid o en París, se codean con el jet set, y creen que las quejas de los desempleados no son sino mañas de los populistas para fastidiarlos.

Ignoran estas buenas gentes opulentas la realidad de la miseria provocada por la políticas neoliberales, que no son otra cosa que la globalización de la usura bajo el dominio de los Shylock modernos.

Pero esa realidad está ahí, y a ella pertenecen también las gentes que se esfuerzan por construir otro mundo diferente, otra Colombia distinta, como las describe en su estupendo libro, La Colombia Posible, Mady Samper, cuyo ojo de cinematógrafa ha capturado, detalle por detalle, la realidad de nuestra vida cotidiana, la que no ven los neoliberales, porque no les conviene verla. Para atraer almas al infierno, el diablo no les dice que se van a arder, sino que van a sentir un calorcito muy agradable, y al que trate de mostrarles el peligro de las llamas infernales, lo califican de populista.

Quizá no tarden en decir que el libro de Mady Samper es un libro populista. Todavía no sabemos qué quiera decir semejante calificativo. Si por populista se entiende mostrar la verdad, impulsar la búsqueda de la Colombia posible para todos, buena para todos, amable para todos, y no para unos poquísimos privilegiados, entonces sí, el libro de Mady Samper es populista, yo soy populista, tu eres populista, nosotros somos populistas, pero ni Mario Vargas Llosa, ni el Fondo Monetario Internacional, ni el Banco de la República son populistas.

Mady Samper no enfoca su libro sobre estos calificativos de neoliberales, ni de populistas. Nos muestra cómo un grupo de gentes del pueblo trabajan en la construcción de una Colombia Posible, muchas veces bajo sórdidas amenazas contra la vida de los líderes, siempre contra obstáculos que provienen de quienes deberían apoyar esas iniciativas que quieren transformar el país por las vías pacíficas, por los bienaventurados caminos democráticos.

A diferencia de Mario Vargas Llosa, no escribió Mady Samper su libro al calor de una agradable chimenea, en una habitación confortable, llena de libros y de obras de arte, con música ambiental y todo lo demás que hace la vida tan sabrosa. Mady estuvo allí, en todos los lugares que describe; conversó con todas las personas que cita, en las circunstancias más difíciles, en medio de peligros nada desdeñables, caminando horas y horas por terrenos a veces imposibles, metiéndose hasta el cuello entre el lodo, y por ello su libro tiene un valor inestimable y un aroma de veracidad inconfundible.

Lo cual nos ha traído aquí esta noche para expresarle a Mady Samper nuestra admiración y nuestra gratitud en nombre de la Colombia Posible que ella nos muestra y que todos esperamos ver algún día como una Colombia real, gracias  a esos héroes de carne y hueso, a esos colombianos verdaderos, que desfilan por el libro de Mady, y para quienes no encuentro ahora palabras ni alabanza suficientes.


KABÁIï

Kabái, palabra extraída del lenguaje katío que significa aprender, saber, estudiar, conocer, sirve de título para una revista escrita y dirigida por los estudiantes de Economía de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín pero que está al servicio de toda la comunidad académica y universitaria.

Kabái, que cuenta con la colaboración de estudiantes de otras facultades y el apoyo de los profesores de la universidad, completa ya 10 números a lo largo de los cuales ha estimulado en los estudiantes el ejercicio de la investigación, el análisis y la crítica. Buen viento y buena mar para Kabái, ejemplo de perseverancia y del aporte de las generaciones de jóvenes que irrumpen con fuerza en nuestro país.


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