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La construcción
de una Colombia posible
Palabras
de Enrique Santos Molano (Juan Amarillo)
en el acto de lanzamiento del libro de Mady Samper, Una Colombia
Posible,
publicado por Editorial Norma, 2002
Hace unos días, el célebre escritor neoliberal, Mario
Vargas Llosa, escribió en El País de Madrid un comentario sobre la actitud
de los habitantes de una ciudad del Perú, la misma que tuvo el altísimo
privilegio de verlo venir al mundo, que se amotinaron contra la
privatización de la empresa de energía y la frustraron. Según Vargas
Llosa, sus coterráneos son hatajo de insensatos, que arruinaron la
reforma, es decir, la privatización, por la cual todos habrían podido
salvarse, pues la privatización significa más empleo, más progreso, más
riqueza, y más de todo.
Como decía el poeta Bartolomé Leonardo de Argensola,
algunos siglos antes que Vargas Llosa, “Porque ese cielo azul que todos
vemos, ni es cielo, ni es azul... lástima grande que no sea verdad tanta
belleza”.
Para Vargas Llosa, como para el poeta, el cielo no existe.
No es más que una manifestación de populismo. Como el diablo, Vargas Llosa
promueve con su innegable talento literario, el infierno neoliberal como
la única opción que los pueblos tienen de salvarse. Hay que privatizarlo
todo y el hecho de que los peruanos se hubieran opuesto a la privatización
de la energía significa que se condenaron por culpa del populismo.
Según el diablo, el infierno es un exclusivo hotel de cinco
estrellas al que no pueden entrar los populistas.
Claro que el infierno es un cielo para quienes, como Vargas
Llosa, son consentidos del neoliberalismo, ganan en dólares, y en muy
buenos dólares, viven en un suntuoso apartamento en Madrid o en París, se
codean con el jet set, y creen que las quejas de los desempleados no son
sino mañas de los populistas para fastidiarlos.
Ignoran estas buenas gentes opulentas la realidad de la
miseria provocada por la políticas neoliberales, que no son otra cosa que
la globalización de la usura bajo el dominio de los Shylock modernos.
Pero esa realidad está ahí, y a ella pertenecen también las
gentes que se esfuerzan por construir otro mundo diferente, otra Colombia
distinta, como las describe en su estupendo libro, La Colombia Posible,
Mady Samper, cuyo ojo de cinematógrafa ha capturado, detalle por detalle,
la realidad de nuestra vida cotidiana, la que no ven los neoliberales,
porque no les conviene verla. Para atraer almas al infierno, el diablo no
les dice que se van a arder, sino que van a sentir un calorcito muy
agradable, y al que trate de mostrarles el peligro de las llamas
infernales, lo califican de populista.
Quizá no tarden en decir que el libro de Mady Samper es un
libro populista. Todavía no sabemos qué quiera decir semejante
calificativo. Si por populista se entiende mostrar la verdad, impulsar la
búsqueda de la Colombia posible para todos, buena para todos, amable para
todos, y no para unos poquísimos privilegiados, entonces sí, el libro de
Mady Samper es populista, yo soy populista, tu eres populista, nosotros
somos populistas, pero ni Mario Vargas Llosa, ni el Fondo Monetario
Internacional, ni el Banco de la República son populistas.
Mady Samper no enfoca su libro sobre estos calificativos de
neoliberales, ni de populistas. Nos muestra cómo un grupo de gentes del
pueblo trabajan en la construcción de una Colombia Posible, muchas veces
bajo sórdidas amenazas contra la vida de los líderes, siempre contra
obstáculos que provienen de quienes deberían apoyar esas iniciativas que
quieren transformar el país por las vías pacíficas, por los
bienaventurados caminos democráticos.
A diferencia de Mario Vargas Llosa, no escribió Mady Samper
su libro al calor de una agradable chimenea, en una habitación
confortable, llena de libros y de obras de arte, con música ambiental y
todo lo demás que hace la vida tan sabrosa. Mady estuvo allí, en todos los
lugares que describe; conversó con todas las personas que cita, en las
circunstancias más difíciles, en medio de peligros nada desdeñables,
caminando horas y horas por terrenos a veces imposibles, metiéndose hasta
el cuello entre el lodo, y por ello su libro tiene un valor inestimable y
un aroma de veracidad inconfundible.
Lo cual nos ha traído aquí esta noche para expresarle a
Mady Samper nuestra admiración y nuestra gratitud en nombre de la Colombia
Posible que ella nos muestra y que todos esperamos ver algún día como una
Colombia real, gracias a esos héroes de carne y hueso, a esos colombianos
verdaderos, que desfilan por el libro de Mady, y para quienes no encuentro
ahora palabras ni alabanza suficientes.
KABÁIï
Kabái,
palabra extraída del lenguaje katío que significa aprender, saber,
estudiar, conocer, sirve de título para una revista escrita y dirigida por
los estudiantes de Economía de la Facultad de Ciencias Humanas y
Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín pero que
está al servicio de toda la comunidad académica y universitaria.
Kabái,
que cuenta con la colaboración de estudiantes de otras facultades y el
apoyo de los profesores de la universidad, completa ya 10 números a lo
largo de los cuales ha estimulado en los estudiantes el ejercicio de la
investigación, el análisis y la crítica. Buen viento y buena mar para
Kabái, ejemplo de perseverancia y del aporte de las generaciones de
jóvenes que irrumpen con fuerza en nuestro país.
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