Nueva Gaceta  

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Bogotà, Abril - junio de 2003 -Nº 6   ISSN 01246704


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se prescribe

y se proscribe la academia

 

 


Los estragos de la nueva legislación en la academia y la capacitación docente


Miguel Pardo Romero

Antecedentes y efectos regresivos a corto plazo

La Ley 715, sus decretos reglamentarios y los proyectos en curso, desafortunadamente nos dan la razón a quienes advertimos que el Acto Legislativo 01 de 2001 se constituiría en uno de los mayores atentados contra nuestra soberanía en el campo de la educación al entregar una vez más al Fondo Monetario Internacional el diseño de la política educativa. Esto acarrea dos estragos irreversibles: el primero, el arrasamiento de la educación pública, a través de la supresión de la financiación estatal, y el segundo, el despojo que se le hace al país de su derecho al conocimiento necesario para su desarrollo, como es propio de los países autónomos.

No de otra manera se puede entender la destrucción de la educación formal, al establecerse que los niños en edad escolar de 3 y 4 años pasen al programa de Familia y Niñez, a cargo del DABS en Bogotá y a las madres comunitarias o modalidades similares en el resto del país; a la vez, se establece que los adolescentes mayores de 15 ó 17 años y la educación media ya no son responsabilidad del Estado y se reemplazará por la preparación en competencias laborales que solo respondan a la coyuntura del empleo y no a las necesidades de desarrollo y de conocimiento que el país requiere. A la educación especial también se le cierran las puertas de la educación formal, con la misma indiferencia con que estos gobiernos han condenado al sótano de sus prioridades a estos niños que son quienes más requieren comprensión y apoyo idóneo.

La meta gubernamental de la universalización del noveno grado es insuficiente, puesto que representa una especie de analfabetismo en el siglo XXI. Con el agravante de que se habla de una educación básica completamente degradada: sin preescolar de tres años, sin docentes especializados en todas las áreas desde primer grado, como lo establece el artículo 23 de la Ley General de Educación, con promoción automática a través del Decreto 230 de 2002 y apenas concentrada en cuatro áreas de competencias básicas (ciencias naturales, matemáticas, lengua materna y ética y valores).

La propuesta neoliberal: Una profesión
docente ajena a su esencia

Continuando con la política de su antecesor, el gobierno actual arremete contra sus docentes –uno de los pilares académicos de un país– contra su permanente actualización y el carácter profesional de su ejercicio, al vulnerar la libertad de cátedra, la autonomía escolar y la idoneidad profesional, es decir, contra la esencia de lo que significa ser docente.

De la Ley 715 se desprende que la actualización y el dominio en el proceso de enseñanza–aprendizaje no son criterios para ascender en las categorías superiores del escalafón, y un nuevo proyecto en trámite consigna que las obras escritas sólo serán consideradas hasta la séptima categoría, en contravía no sólo del criterio de la experiencia sino del sentido común.

Además de lo anterior, no aparecen por ningún lado los recursos estatales para la capacitación generalizada de los docentes pero sí la exclusión de la carrera y la destitución si se pierde la evaluación de desempeño o de competencias, pese a que el gobierno no ofrece ni financia la actualización permanente. Queda al descubierto la perversa intención de la evaluación docente al exigir a los profesores que sus estudiantes obtengan logros y resultados satisfactorios, haciendo caso omiso de factores asociados a la calidad por los cuales el gobierno no sólo no responde sino que agrava la ya deplorable situación.

En cuanto a los recursos para capacitación, Bogotá pasó de destinar $4.000 millones para financiar el Plan Territorial de Formación Docente y de Directivos para el período 2000-2001 a $600 millones en el 2001-2002, por lo que la Secretaría de Educación Distrital no financió ningún programa de formación conducente a créditos, retornando a lo que fue la constante durante la primera administración Mockus–Bromberg(1). Para el 2003 se cuenta hasta ahora con solo $2.078.400, que es la suma de recursos descongelados del año anterior más lo destinado para este año, una cantidad a todas luces insuficiente si se tiene en cuenta que son más de 27.000 docentes.

La Secretaria de Educación del Distrito ha tomado el camino de endosar la actualización de maestros y maestras a los menguados recursos de la instituciones, para lo cual le ha cambiado el carácter a los Planes Institucionales Anuales de Formación (PIAF), y ha recurrido a la “buena voluntad” del sector privado bajo el nombre de “Alianzas Estratégicas”, en razón de lo cual adelanta contactos con empresas como Gas Natural, Asobancaria y Coca Cola para que financien cursos en ciencias naturales, matemáticas y lengua materna, respectivamente.

Si no bastara con lo anterior, se pretende generalizar en todo el país la política adoptada en el Distrito Capital en los últimos años de limitar la capacitación a las áreas de competencias básicas, lo cual significa que, así como a los niños les quedan vedados los docentes especializados, a sus maestros se les condena a no poder actualizarse permanentemente en las áreas de idioma extranjero, tecnología, informática, ciencias sociales, educación física y artística con los recursos del Estado, o incluso, privados. No sobra mencionar que los contenidos y metodologías en español, ciencias naturales y matemáticas, dependerán de los resultados de las evaluaciones y estándares, sin obedecer al criterio de apropiarnos de los avances alcanzados por la humanidad en estas materias.

Dar prioridad a la enseñanza escolar y la capacitación docente en unas áreas y no en todas las que indica la Ley General de Educación significa desconocer los estudios sobre la importancia de estimular el desarrollo del pensamiento en los niños de edades tempranas y la forma como funciona el cerebro, en cuanto a la estrecha relación que existe, por ejemplo, entre la música, las matemáticas y el razonamiento complejo. O el manifiesto error de posponer de la primaria a la secundaria el aprendizaje de una segunda lengua(2).

En cuanto a Ética y Valores, han estado orientados hacia el programa de cultura ciudadana, especialmente con el objeto de interiorizar en la mente de la población el criterio según el cual la calidad de vida depende del cumplimiento de las leyes y del pago de tributos, no importa si las primeras son o no justas y si los segundos arruinan aún más a los habitantes. No es coincidencia que en los dos últimos años sea el área que ha recibido mayores recursos.

A esta área se le ha agregado un criterio inadmisible: La creencia de que la solución de los problemas de violencia generalizada que padece la sociedad depende fundamentalmente de la escuela, lo cual no es solamente un despropósito sino un argumento más para desprestigiar la educación pública al no poder resolver este flagelo. Sobre el particular, hay que señalar de manera contundente que para los educadores es inaceptable que se le cambie a la escuela la función que la distingue como institución social, el contribuir al desarrollo y al bienestar por medio del conocimiento más avanzado; como tampoco es admisible la intención de relevar las ciencias sociales y su carácter científico por la axiología neoliberal.

En resumen, se prescribe la academia y con ello se le niega al país la apropiación del conocimiento y de las metodologías más avanzadas, por la vía de excluir unas áreas de la enseñanza, negar la actualización docente, limitar los contenidos en otras y sobredimensionar la ética y la gestión educativa.

A la falta de capacitación se le suma la promoción obligatoria de los estudiantes de un grado a otro sin alcanzar los logros, de acuerdo con el Decreto 230 de 2002, como también el progresivo abandono de la infraestructura de las instituciones públicas y la destinación de los recursos a la construcción de los colegios de concesión en el Distrito.

No menos importante, es la crítica situación social de la población colombiana: La desnutrición alcanza al 30 por ciento de la población escolar y el 46 por ciento de las mujeres embarazadas, en tanto que el 23 por ciento de los niños tienen anemia(3). El 59.8 por ciento de los menores de 18 años se encuentra en el nivel de pobreza (que equivale a 10.4 millones de una población de 16.8 millones) y el 9 por ciento en la miseria, es decir, 1.512.000 niños y jóvenes(4). La violencia, que afecta al 100 por ciento de los niños y adolescentes de manera directa o indirecta(5) y una población desplazada de 1.404.000 niños y jóvenes, entre 1985 y el 2000, de los cuales el 57 por ciento no regresa a la escuela(6). Son estas las condiciones en las cuales se desenvuelve la educación en Colombia.

Bogotá se encuentra en similares circunstancias, puesto que el 53 por ciento de los estudiantes entre 10 y 14 años y el 69 por ciento, entre 15 y 20, padece desnutrición crónica y el 9 por ciento de los menores de 9 años sufre desnutrición aguda(7). A la vez que el 20 por ciento de 2 millones de menores de 18 años vive en la pobreza(8) y 32.000 menores son desplazados, de los cuales el 83 por ciento no van a la escuela(9).

Pero no sólo se prescribe sino también se proscribe a la academia. Ejemplo de ello es que, como consecuencia de todas las adversidades, los grupos o redes de actualización e innovación escolar son paulatinamente asfixiados, no sólo porque se les ha quitado el apoyo financiero sino porque se les niega el reconocimiento a su labor a través de la acreditación. Al mismo tiempo, se ejerce en Bogotá, y paulatinamente en el resto del país, un control policíaco sobre el tiempo escolar y se establece que la única actividad académica permitida es la clase en el aula, llegando al extremo de señalar en algunos casos que las jornadas pedagógicas no son posibles dentro de las 40 semanas lectivas, así se requieran. Todo esto está rodeado de una atmósfera de temor, contraria a la que el quehacer pedagógico requiere.

Entre tanto, la libertad de cátedra y la autonomía escolar, que son los elementos indispensables de la academia, son profundamente erosionadas por el Decreto 230 de 2002, el cual anula el papel que corresponde al docente en la determinación del rumbo académico de las instituciones, compeliéndolo a retornar a la colonial tarea de acatar los contenidos implícitos en los estándares, las metodologías, la forma de evaluación y promoción escolar, determinadas por organismos internacionales como el Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina y el Caribe (PREAL) y por el Ministerio de Educación Nacional.

A todo lo anterior se suma la supresión de la estabilidad laboral, asunto que no solo afecta la subsistencia, sino la condición para que los docentes expresen sus puntos de vista en el terreno académico y ejerzan sus derechos civiles.

De manera tal que la actualización del docente, una de las reivindicaciones básicas e inherentes al ejercicio profesional, se acaba, no sólo por lo ya mencionado sino porque queda sujeta a la decisión del inmediato superior, independientemente del derecho, los recursos financieros, las necesidades de la institución y los méritos del maestro.

La propuestas de la representación docente
ante el Comité de Capacitación

La representación de la ADE ante el Comité de Capacitación propone a los docentes conformar grupos de trabajo y los invita a abrir un debate alrededor de los siguientes ejes temáticos:

•          Significado e importancia de la autonomía escolar y la libertad de cátedra.

•          Reorientación de los Planes Institucionales Anuales de Formación, de acuerdo con las necesidades del PEI y de acreditación y el interés académico de los docentes.

•          Fortalecimiento de los Grupos de innovación e investigación por medio de acreditación y otro tipo de reconocimientos académicos como publicaciones, becas y pasantías, que puedan garantizar su funcionamiento mediante descarga académica y flexibilidad horaria.

•          Actualización y acreditación de docentes por medio de Programas de Formación Permanente Docente (PFPD) u otros cursos en todas las áreas.

•          Talleres y propuestas sobre habilidades de pensamiento, competencias y logros, por áreas y asignaturas y estándares curriculares.

•          Debate a fondo sobre la política educativa y su relación con las corrientes pedagógicas y del pensamiento.

•          Proyectos específicos e institucionales: Educación especial, orientación escolar, el papel de la Normal María Montessori, el Instituto de Investigación Educativa y Desarrollo Pedagógico IDEP, entre otros.

•          Tareas urgentes para la comunidad académica y educativa: El nuevo Comité Ejecutivo de Fecode, las direcciones de los sindicatos regionales, los Centros de Estudios e Investigación Docente (CEID) y las escuelas de educación sindical y política, deben fortalecer la defensa de nuestro carácter de comunidad académica nacional. Convocar con decisión a las universidades, facultades de educación, normales, institutos pedagógicos, investigadores y a no pocos funcionarios a cargo de los quehaceres académicos, a priorizar en el debate la importancia del conocimiento en el desarrollo y el bienestar de la población, la soberanía nacional en el campo de la educación, la cultura y el papel del docente. La reconquista del escalafón nacional y su relación con la actualización, la innovación e investigación docente, son parte de esta discusión.

La contienda debe poner en evidencia ante la opinión pública a quienes pretextando el derecho de los niños, los condenan a no tener oportunidad alguna y los inducen a mirar con recelo a sus maestros, mientras que le proponen al país una cruzada ajena al interés nacional, una noche oscura para el ejercicio académico y de sus libertades.

 

      Notas

1  El planteamiento sostenido por Mockus en las sesiones de la Junta Distrital de Educación (JUDI) en 1996 y 1997 para negar la capacitación docente conducente a créditos, estaba basado en el supuesto ético según el cual, el gobierno seccional no podía destinar dos veces recursos para un docente, una para actualizarlo y otra para ascenderlo en el escalafón. Se trataba de una entelequia dirigida a reducir sustancialmente el salario de los docentes y a dejar la actualización sujeta a la precaria capacidad de sus bolsillos. Desafortunadamente, Mockus fue respaldado por no pocos centros de estudio y organizaciones no gubernamentales, que mediante cuantiosos contratos se prestaron a sustituir la formación docente acreditada por charlas masivas en las localidades. El magisterio bogotano derrotó esta política en un paro distrital de 4 días en 1997,  pero al siguiente año fueron restablecidos los cursos acreditados, anuales y financiados por el Estado, conocidos como Programas de Formación Permanente Docente (PFPD).

 Shaw, G. y Rauscher, F. “La inteligencia Infantil. Investigación Universidad Konstanz. Alemania”,  Revista  Newsweek. 1995.

Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Humano y el Plan Mundial de Alimentación, año 2000.

4  Dane. Citado por el Editorial de El Tiempo, 7 de mayo de 2002.

 Defensoría y Policía Nacional, tomado de  la página electrónica del Ministerio de Educación Nacional, 2001.

 Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Humano y el Plan Mundial de Alimentación, año 2000.

Datos de la Secretaría de Salud del Distrito Capital. 2002.

8   Datos de la Contraloría Distrital. 2002.

9   Defensoría y Policía Nacional, tomado de la página electrónica del Ministerio de Educación Nacional, 2001.

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