Nueva Gaceta  

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Bogotà, Abril - junio de 2003 -Nº 6   ISSN 01246704



La pretensión

 de Estados Unidos con el Alca

es lograr todas las ventajas posibles

 


Entrevista a Germán Holguín Zamorano


 

El pasado 6 de marzo Nueva Gaceta entrevistó al director de la fundación Misión Salud, organización no gubernamental creada por la Conferencia Episcopal Colombiana, el Arzobispado de Bogotá y  otras instituciones dedicadas al cuidado de enfermos muy pobres, cuyo objeto principal es promover y defender el derechos a la salud y al acceso a los medicamentos de la población colombiana.

 

Se trata de Germán Holguín Zamorano, abogado, economista y magíster en Administración de Empresas, quien está al frente de Misión Salud desde hace tres años y participa actualmente como representante de las ONG de la salud en la discusiones con el Gobierno sobre las negociaciones del ALCA. Sobre su amplia y valiosa experiencia en el sector de los medicamentos  y con respecto a los diversos aspectos del controvertido proyecto hemisférico, respondió así nuestras preguntas.

NG: ¿Cómo ve usted el ingreso de Colombia al ALCA o la suscripción de un tratado bilateral de comercio con Estados Unidos?

GH: Los tratados comerciales no son buenos o malos por sí mismos, eso depende de cómo se negocian. El ALCA y el tratado bilateral con Estados Unidos, tal como están planteados hoy, podrían beneficiar a unos pocos sectores productivos, particularmente a aquellos que tengan vocación exportadora en condiciones competitivas, pero también causarían grave daño a otros sectores productivos, al extremo de poner en juego su supervivencia, con las consecuencias sociales inherentes cuando un sector productivo se va a la crisis: más desempleo, inseguridad, pobreza y problemas de toda índole. Esto no puede hacerse a cambio de recibir unas ventajas comerciales en favor de unos pocos, sean estas reales o simples expectativas.

Colombia no puede sacrificar derechos fundamentales de la población como la salud, educación, empleo, desarrollo o seguridad alimentaria, pues se infligen daños inconmensurables e irreparables a la sociedad como un todo. Es por eso que tanto el ALCA como un tratado de libre comercio deben negociarse con seriedad y sentido de patria, no pensando en favorecer a unos pocos y muchísimo menos a las grandes empresas multinacionales que son las que están detrás de estos procesos; hay que beneficiar a toda la comunidad, honrando el bien común como corresponde al gobierno como responsable primario en un Estado Social de Derecho y defendiendo a los sectores que resulten más afectados.

Negociar con seriedad y sentido de patria significa actuar de manera transparente con la participación activa y permanente de los trabajadores, empresarios y consumidores que son los que al fin de cuentas sufren los efectos económicos y sociales de un mal tratado, y con base en estudios objetivos y profundos sobre la naturaleza y el alcance de tales efectos. Lo contrario sería negociar a puerta cerrada, a espaldas de la comunidad.

NG: ¿El proceso de negociación del ALCA no se ha manejado de manera transparente?

No, por dos razones. La primera, no hay participación de los trabajadores, los empresarios ni de organizaciones de otros sectores de la sociedad civil en las mesas de negociación. Por el contrario, es permanente la presencia en esas mesas de los abogados de las transnacionales. Y la segunda es la participación de estas empresas en la fijación de las posiciones del país, lo que es absurdo e inaceptable, no solo porque sus intereses son con frecuencia contrarios a los nacionales, sino también porque llevan al gobierno información acomodaticia, encaminada a hacer aparecer como beneficios lo que en realidad son riesgos y perjuicios.

Le hemos pedido al Ministerio de Comercio que ponga fin a este exabrupto pero argumentan que su deber es trabajar con todos los sectores productivos, incluido el de las transnacionales. A mi me gustaría ver si en las mesas de negociación de Brasil hay norteamericanos o si en las de Estados Unidos hay colombianos. Por lo demás, las llamadas mesas de negociación más parecen buzones de sugerencias que otra cosa, porque en ellas los poquitos integrantes hablan, expresan sus puntos de vista, en ocasiones los sustentan con datos y documentos pero no participan en las decisiones.

NG: ¿Eso lo dice como parte de su experiencia al participar en esas mesas de negociación?

Sí. Yo he participado y por eso puedo decir que por un lado va el gobierno, el Ministerio de Comercio, que hace lo que le viene en gana, así sea totalmente contrario al sentir y al deseo de la comunidad. El otro día yo pregunté en la mesa sobre propiedad intelectual, cuál era el destino de nuestras opiniones y de los documentos que aportamos para sustentarlas y se me contestó, textualmente, ¡quién lo creyera!, que son testimonios “históricos”, constancias para la historia. El proceso carece de transparencia, se procede no con base en estudios serios sino en conjeturas. La base fundamental de las negociaciones debe ser la defensa de los derechos inalienables de la salud, la educación, el empleo, el desarrollo, la seguridad alimentaria, en general la defensa de los derechos económicos, sociales y culturales.

NG: Pero el gobierno afirma que las negociaciones están respaldadas por estudios serios...

La verdad es que el gobierno no ha realizado estudios serios sobre la capacidad de producción del país, las posibilidades reales de exportación, los empleos que se pueden ganar o perder, los sectores que pueden resultar afectados e incluso desaparecer, el daño que las aspiraciones de EU en materia de propiedad intelectual pueden ocasionar a la salud pública y al bienestar de la población. Por lo tanto, el proceso se desenvuelve no con base en información objetiva y confiable, como corresponde a la gravedad de la temática, sino máximo con encuestas, especulaciones y expectativas, con frecuencia alejadas de la realidad.

Y esto es muy peligroso porque se corre el riesgo de hacer concesiones que afectan derechos inalienables, con la esperanza de obtener a cambio unas determinadas ventajas comerciales o laborales que después nunca llegan.

Cuando en el gobierno anterior se empezó a discutir el tema de la renovación y ampliación de las preferencias arancelarias del ATPA, las cuales estaban condicionadas a la adopción por parte de nuestro gobierno de una normativa restrictiva de la producción de medicamentos competidores de bajo precio, con el consiguiente daño a la salud pública, recuerdo haberle oído decir a la ministra de Comercio Exterior de entonces, hoy ministra de Defensa, que el sacrificio se justificaba porque el ATPA significaba un incremento de 1.500 millones de dólares en las exportaciones de textiles y confecciones y la creación de 800.000 nuevos empleos.

Se le dijo a la ministra que no era ni ética ni constitucionalmente permisible el canje de simples expectativas comerciales por salud y además se le demostró que las cifras eran ilusorias, porque desde luego que es imposible generar un empleo por cada 1.875 dólares anuales de exportación. Sin embargo, la negociación del ATPA siguió adelante, el nuevo gobierno dictó el decreto restrictivo de la producción de medicamentos de bajo precio y EU aprobó el ATPA. El tiempo demostrará que la realidad en materia de exportaciones y empleo es bien distinta. Pero el daño a la salud ya está hecho.

Y si es preciso posponer el ingreso al ALCA y la negociación del tratado de libre comercio mientras se hacen los estudios necesarios para negociar responsablemente y evitar el caos, pues que se pospongan. La posición de que hay que negociar con EU “a cualquier costo”, sin siquiera medirlo previamente, no es responsable.

NG: En el campo de la salud y los medicamentos, ¿cuál debería ser el criterio de Colombia en las mesas de negociación?

El fin debería ser la defensa de la salud y el acceso a medicamentos de buena calidad y bajo precio. Pero no, no les importa acabar con lo poquito que tenemos de avances en salud y acceso a medicamentos, lo que quieren es acabar con los medicamentos genéricos, y demás  competidores, para imponer sus precios de monopolio.

El problema que tenemos es de acceso a medicamentos, la gente sufre y muere por eso, normalmente se cree que es un problema del África, pero no, aquí también ocurre.

Existe una lucha por el mercado entre la industria multinacional de medicamentos y la industria nacional. Las multinacionales tratan de quedarse con todo el pastel y los industriales nacionales de defender su pedacito y en esa lucha los nacionales han ido creciendo poco a poco. La pelea existe pero en medio hay una víctima que es el consumidor: Cada vez que una multinacional gana una batalla en favor del monopolio, la víctima es el consumidor porque se traduce en mayores precios y consecuencialmente en pérdida de acceso de la población a los medicamentos.

Hay una diferencia muy grande entre los precios de los medicamentos de las multinacionales, principalmente, los innovadores y los medicamentos competidores, particularmente los genéricos. La diferencia llega a ser hasta de 10 a 1. Cada vez que las multinacionales sacan del mercado un genérico, condenan a la población a consumir los medicamentos de alto costo y como no hay con qué comprarlos, la gente sufre y muere por esa victoria de la transnacional. Cuando Suráfrica y Brasil decidieron combatir el sida mediante la producción doméstica o la importación de versiones genéricas de medicamentos patentados, los precios cayeron hasta en un 70 por ciento.

NG: ¿Qué es lo que pretende Estados Unidos en materia de propiedad intelectual de medicamentos y cuáles son los efectos económicos y sociales de esa pretensión?

En esta materia Estados Unidos, presionado por sus multinacionales, pretende establecer en las normativas de esos tratados nuevas barreras para los medicamentos competidores, es decir, consolidar su posición monopólica en perjuicio de la población, para mal de la salud pública. Lo que está en juego aquí no son solamente los aranceles para abrir unos mercados, lo que también causará un problema –porque el país no está preparado para esa liberación arancelaria indiscriminada y precipitada– pero, por encima, lo que está en juego al sacar del mercado los medicamentos competidores son los derechos fundamentales de la población, la vida y la salud del pueblo colombiano. En el mundo mueren treinta mil personas al día por falta de acceso a medicamentos existentes y el 90 por ciento de esas muertes ocurren en el mundo en desarrollo y Colombia tiene una cuota infortunadamente importante dentro de ese porcentaje.

Estados Unidos puede forzar a Colombia a aceptar unas barreras que se traducen en pérdida de salud y bienestar de su población a cambio de que pueda exportar a Estados Unidos flores, confecciones, textiles. ¿Qué relación hay de lo uno con lo otro? Es simple chantaje, como el chantaje ATPA que acaba de dividir al país y que condujo, por presión de Estados Unidos, a sacar un decreto en materia de protección de la información de los registros sanitarios por encima de los mandatos de la OMC. Le dijeron a Colombia: o expide ese decreto o no hay ATPA y el gobierno colombiano, engañado por las falsas expectativas de lo que significa el ATPA en incremento de exportaciones y generación de empleo, cedió a la presión y sacó el decreto 2085 de 2002. Pero ahora ese decreto no tiene contentos a los gringos, que quieren uno todavía más dañino, bien a través del ALCA o de un acuerdo bilateral.

NG: ¿Por qué está usted en estas mesas de negociación?

Mi experiencia en esta materia no es como empresario, es a raíz de mi vinculación en el tema de la propiedad intelectual de medicamentos, de la defensa del derecho de acceso a medicamentos que me llevó a promover la Fundación Misión Salud que hoy dirijo.

Estamos trabajando hace tres años en estos temas y en dos campos, uno es el normativo, donde se da la lucha contra el establecimiento de nuevas barreras a los medicamentos competidores mediante normas nacionales e internacionales, por ejemplo en la Comunidad Andina, donde las multinacionales ejercen a diario su presión para que se cambien normas y se establezcan barreras. En este campo nuestro trabajo está ligado al proceso del ALCA y en un eventual acuerdo bilateral con Estados Unidos. Esos son los escenarios que va a aprovechar Estados Unidos para conseguir todo lo que pretende. Más allá de la liberación arancelaria hay temas delicadísimos de propiedad intelectual, de competencia, de compras de gobierno, de inversión extranjera.

Un proceso como el ALCA o un tratado de libre comercio bilateral toca todos los derechos esenciales de la población y los afecta en mayor o menor grado, dependiendo de cómo se negocie. La pretensión de Estados Unidos es lograr todas las ventajas posibles. Por ejemplo, en materia agraria dice, yo subsidio a quien me provoque, productor o exportador, pero no acepto que lo discutamos en el ALCA. Los países latinoamericanos tenían algunos subsidios, ínfimos comparados con los de Estados Unidos; entonces les dijo: tienen que eliminar subsidios y convertirlos en aranceles, y estos países salieron corriendo como ovejitas a eliminarlos, pero Estados Unidos no. Los subsidios se eliminaron y se elevaron los aranceles y luego Estados Unidos dijo: ahora tenemos que bajar los aranceles. El juego es muy inteligente, todos bajamos aranceles, pero los subsidios no los tocamos. Como ustedes no subsidian y nosotros sí, no los tocamos, eso no lo discutimos en ALCA, lo discutimos en la OMC, con Europa, Japón, mis socios desarrollados.

Ese es el juego, con cara gano yo y con sello pierde usted. Todo es para beneficio de Estados Unidos, nada para el beneficio comercial y tecnológico de estos países. Ustedes han leído a los patriarcas de la apertura, aquí en nuestro propio país, diciendo que el mejor negocio que puede hacer Colombia es no producir alimentos sino comprarlos baratos en Estados Unidos, una tesis bellísima. ¿Qué nos pasa el día en que acabemos con la producción nacional y quedemos en manos del alimento barato de Estados Unidos? ¿Cuánto tiempo subsiste barato? Obviamente, al día siguiente se vuelve caro.

NG: Cuando usted comenta la posibilidad de hacer una apertura o de llegar a negociaciones bajo unas condiciones competitivas en el sector de los medicamentos, ¿a qué condiciones se refiere?

Está demostrado internacionalmente que los precios de los medicamentos dependen, no de decretos ni medidas o controles administrativos del gobierno sino del incremento de la competencia, es decir, de la oferta y la demanda. Entre más oferentes haya de un producto, menores serán los precios y de allí es que viene esa gran diferencia que mencionaba entre un medicamento innovador y uno competidor.

Por cada competidor que entra al mercado, el precio baja por lo menos un 10 por ciento. Por ejemplo, si en un determinado medicamento hay un solo competidor, el precio es muy cercano al del innovador, si son dos los precios ya se van alejando. Un estudio de Fedesarrollo, que nosotros encargamos, muestra cómo hay una relación directa entre el número de competidores y el bajo precio.

¿Qué es lo que nosotros queremos en esta materia? Que nos dejen competir y producir, no es más, que no nos dejemos establecer barreras y la barrera por excelencia en materia de medicamentos es la patente. Mientras el producto está protegido por patentes, durante veinte años nadie puede producir un genérico.

En esta materia lo que pedimos es que exista competencia, que no se establezcan barreras más allá de la patente. No estamos pidiendo medidas proteccionistas ni pidiendo aranceles. Estoy hablando desde el punto de vista de Misión Salud, una ONG sin ánimo de lucro dedicada a promover el acceso a medicamentos baratos, que es lo que le conviene a la población.

NG: ¿En qué consiste la actual discusión sobre las patentes?

Se está diciendo que no deben durar veinte años sino más tiempo y que si un gobierno se demora en dar una patente, digamos tres años, entonces que se corran los veinte años a veintitrés. También se está insistiendo en el tema del establecimiento de las patentes de uso o de segundos usos. Es decir, que cuando existe un producto y el innovador descubre un segundo uso, ejemplo, el viagra que era para el tratamiento de algún asunto del corazón y por casualidad encontraron que tenía un efecto eréctil, ese segundo uso se utiliza para patentar la sustancia. Un proceso de producción es patentable, y el producto mismo también cuando es nuevo, pero cuando simplemente se le descubre un segundo uso, este no es patentable, por carecer de nivel inventivo.

Estados Unidos pretende establecer en el ALCA la patente de segundo uso para proteger incluso la aspirina, ácido acetilsalicílico, que como tiene cien años en el mercado, ya no está cobijada por patente. Pero como cada día le encuentran un nuevo uso, por ejemplo descubren que es buena para la gota, entonces la patentan en forma prácticamente vitalicia.

NG: En relación con las patentes , se habla también de la posibilidad de patentar cambios menores de las sustancias conocidas.

Si señor, Estados Unidos pretende el reconocimiento de patentes a descubrimientos simples y a desarrollos menores sobre sustancias conocidas. Para poder patentar un invento se necesita que sea nuevo y que tenga lo que llaman un nivel inventivo, es decir, que no sea un desarrollo obvio. Porque si a una molécula le hacen un pequeño cambio, le agregan un elemento que no la afecta, no se está generando un nuevo medicamento y con este cambio ligero, secundario, que no tiene novedad, pretenden proteger una molécula que ya no está patentada porque venció la patente y eso lo hacen con polimorfos, formas farmacéuticas, es decir, si se tiene bajo la forma de una pastilla y pasa a cápsula, se pide la patente. Son habilidosos para patentar lo no patentable. En 1999 la oficina de patentes de Estados Unidos concedió 160.000 patentes, el doble de lo que otorgaba un año atrás, porque allá patentan todo, el polimorfo, la nueva forma farmacéutica, etc. Se que quieren trasladar esa flexibilidad a estos países para bloquear los productos competidores.

NG: ¿Los productos genéricos son producidos por multinacionales o por laboratorios nacionales?

Hay multinacionales que producen genéricos, es cierto, pero yo creo que en Colombia cada vez son menos. Hace diez años, cuando empezó todo este tema de apertura comercial y el cuento de la globalización, en Colombia teníamos 32 plantas productoras de medicamentos de multinacionales y hoy quedan sólo siete.

NG: ¿Por qué?

Porque les conviene centralizar la producción en otros países para aprovechar la ventajas de la producción a gran escala y porque están protegidas por una norma que nos impusieron antes de irse, que la estableció la OMC y que después reprodujo la Comunidad Andina, según la cual para explotar una patente legítimamente no es necesario producir en el país, sino que se puede importar.

NG: ¿Cuál ha sido la posición de los laboratorios nacionales?

La posición de Asinfar que agrupa a los laboratorios nacionales coincide con lo que les estoy diciendo: Piden que los dejen producir y competir, y afirman que no están pidiendo protección especial ni subsidios, sino que los dejen trabajar y producir. La industria nacional no tiene capacidad para inventar medicamentos pues eso requiere inversiones y alta tecnología y aquí no hay ni la plata ni el conocimiento. Entonces ¿qué es lo que nosotros podemos producir? Una vez que las patentes vencen, producimos los medicamentos sustitutivos de esos medicamentos innovadores, a bajo precio, para bien de la población.

NG: Brasil decidió producir sus propios genéricos contra el Sida, pese a la oposición de las multinacionales farmacéuticas. ¿Hasta qué punto en Colombia se subordinan estas patentes a las necesidades de la salud pública?

En la normativa de la OMC, en el acuerdo ADPIC y también en la Comunidad Andina, hay dos mecanismos para el control de los abusos del monopolio y para hacer posible la solución de problemas de salud nacionales: las licencias obligatorias y las licencias paralelas.

Las primeras consisten en que cuando, por razones de calamidad nacional, un grave problema de salud, una epidemia o cualquier otro motivo, en el país no hay suficiente suministro de un medicamento o lo hay pero a unos costos exorbitantes, entonces prima el interés nacional sobre el derecho que ostenta una empresa sobre el producto. Es decir, prima el bien común sobre la propiedad intelectual. En este caso, la normativa autoriza al gobierno para darle licencia a otro u otros laboratorios para producirlo. Por ejemplo, después del 11 de septiembre en Estados Unidos surgió el terror al ántrax y los norteamericanos se volcaron a comprar el antídoto que se agotó en tres días. Entonces el gobierno dijo: la necesidad de suplirle a la población el antídoto, atender un pánico, un riesgo nacional de ataque está por encima de la patente de los productores; en consecuencia, si no suministran la cantidad suficiente de inmediato y no bajan el precio, sacaré una licitación para dar licencia de producción de medicamentos que sean copia de esos medicamentos patentados. Y así lo hizo.

Estados Unidos, el padre de la propiedad intelectual, el gran promotor, el que nos cierra aquí todas las puertas, cuando tiene un problema ahí si aplica la norma, y Canadá, que también promociona la propiedad intelectual, lo hizo sin anunciarlo.

¿Qué es lo que hizo Brasil? Tenían un problema gigantesco con el sida: según la OMS en el año 2002 iban a tener un millón de infectados, luego necesitaba atacar este problema y para ello autorizó mediante licencia obligatoria la producción de genéricos contra el Sida. Cuando tomaron la medida, el gobierno norteamericano –no fueron las multinacionales directamente– demandó a Brasil ante el panel respectivo de la OMC por violar las patentes de medicamentos. Pero vino el rechazo de la comunidad internacional, las ONG y una presión gigantesca que obligó a Estados Unidos a desistir de la demanda.

De la misma manera, si nosotros tuviéramos un grave problema de tuberculosis, deberíamos poder autorizar mediante licencia obligatoria la producción del medicamento, de buena calidad y bajo precio. Pero no lo hacemos porque las multinacionales no dejan, porque el día en que el gobierno colombiano se atreva a medio insinuar que va a dar ese paso, entonces vienen el garrotazo y las amenazas: si ustedes hacen eso, les quito el ATPA, les quito los helicópteros del Plan Colombia, o los créditos internacionales. Entonces el gobierno colombiano ante esas presiones cede y dice bueno, no me pegue, yo mejor dejo que la gente se siga muriendo. Pero podríamos hacerlo.

NG: En cuanto a las importaciones paralelas...¿en qué consisten?

Las importaciones paralelas están basadas en lo que se conoce como el agotamiento internacional del derecho: Esto significa que cuando el dueño de un medicamento lo ofrece en un país, pierde el derecho a impedir que otros países lo importen de ese mercado. Así, por ejemplo, cuando el innovador ofrece en el mercado de Alemania un producto, entonces yo puedo importarlo libremente de Alemania sin permiso de ese innovador. El derecho de controlar este medicamento que está en una farmacia de Alemania, lo perdió el innovador en el momento en que lo entregó a la farmacia. La aspiración de EU en el ALCA es que se elimine esta figura. Que se prohíban las importaciones sin el permiso del titular de la patente.

NG: ¿En qué beneficia la figura de las importaciones paralelas a un país como el nuestro o Brasil?

Si un medicamento está puesto en el mercado colombiano a diez mil pesos, pero yo encuentro que en Sudáfrica está a cinco mil, entonces lo puedo traer de allá. Obviamente Estados Unidos está luchando para que se elimine la figura de la importación paralela, porque a ellos les interesa que el colombiano siga pagando diez mil, en vez de traerlo de Suráfrica.

NG: Cuéntenos en qué consistió el conflicto que tuvo Sudáfrica con las multinacionales.

El problema de Sudáfrica es mucho más grave que el del Brasil, porque son millones de afectados por el Sida. Por eso optó por las importaciones paralelas, por la importación de los medicamentos genéricos para el tratamiento de la enfermedad a quien se los entregara a mejor precio, y se encontraron con ofertas maravillosas de los laboratorios de India, de magnífica calidad y por solo un 10 por ciento de su precio. Las multinacionales montaron en cólera, demandaron a Suráfrica por violación de las patentes y empezó la batalla jurídica que culminó, debido a la presión de la comunidad internacional, las ONG y demás, con que desistieran de la demanda.

En Brasil, gracias a la medida que tomaron, el Sida, que según los cálculos de la OMS avizoraba un millón de infectados, en el 2002 registró apenas 500.000. En Sudáfrica la proporción de infectados es gigantesca pero la de salvamentos también, y aunque han reducido el costo a un 10 por ciento, aún faltan recursos. El programa ha beneficiado a millones de personas y no estamos hablando del estado de Pérdidad y Ganancias de una empresa, sino de la vida y la salud de la población. Por eso no entiendo cómo el gobierno colombiano puede, a cambio de una cuota de exportación de flores y textiles, entregar la vida de su pueblo. No encuentro argumento que valide esta actitud.

NG: Por lo general se insiste en que los genéricos no son de la misma calidad de los medicamentos de marca, ¿qué le garantiza al consumidor la calidad?

Lo que determina la calidad de un medicamento es, primero, que sea eficaz y seguro. Eficaz significa que sirva para aquello para lo que se ofrece. La seguridad se refiere a que no produzca efectos colaterales o, por lo menos, que no los produzca en extremo y de manera sorpresiva. Los efectos colaterales se dan en muchísimos medicamentos pero están previstos, son conocidos y no son graves. Si son graves, el medicamento no puede salir al mercado. Lo segundo que determina la calidad es que el fabricante cumpla lo que se denomina buenas prácticas de manufactura (BPM): el cumplimiento de un código internacional que determina las condiciones para una producción adecuada. Por ejemplo, hay medicamentos que tienen que producirse en recintos herméticamente cerrados, con temperaturas especiales, para lo cual las fábricas deben realizar grandes inversiones.

Si un medicamento cumple con estos requisitos, la calidad es idéntica a la del innovador. En Colombia los laboratorios tienen que cumplir con BPM, pues el Invima puso como meta en el país que todos cumplan o se cierren. Tuvieron plazos, invirtieron inmensas cantidades de dinero. Conozco uno que invirtió unos 15.000 millones de pesos en BPM. Las multinacionales presionaron para que se le exigiera a los nacionales BPM, porque así los sacaban del mercado.

NG: En un nuevo proyecto de ley en trámite se aumentan las exigencias…

Esas son las nuevas barreras que tenemos que enfrentar. En resumen, sí puede haber genéricos de mala calidad porque hay errores humanos u otras circunstancias, pero el grueso de la oferta de los genéricos en Colombia es de buena calidad. Si es un laboratorio de renombre, por ejemplo MK, Lafrancol, Genfar, Bussie, La Sante, Procaps, Tecnoquímica y otros, se puede comprar tranquilo, porque es de buena calidad. ¿Cuál es la diferencia? Que uno vale 10.000 y el genérico 1.000.

Tenemos que luchar porque no nos establezcan nuevas barreras a los competidores, porque no se fortalezca el monopolio de los medicamentos. Y el ALCA apunta a acabar con los medicamentos competidores.

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