Nueva Gaceta  

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Bogotà, Abril - junio de 2003 -Nº 6   ISSN 01246704


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

٭Cinco años٭

observando nuestro Caribe

 

 

 


Entrevista a Alberto Abello Vives


El pasado diciembre se celebraron cinco años de fundación del Observatorio del Caribe Colombiano, centro de investigaciones especializado en esta región. Al mismo tiempo que se reconocían sus logros consistentes en la realización de más de treinta investigaciones en el campo de las ciencias sociales, una decena de libros de gran calidad académica, la publicación de una revista semestral con un Premio Simón Bolívar de periodismo, la realización de 120 cátedras del Caribe a lo largo y ancho de la Costa, el país recibió con preocupación la noticia sobre la posibilidad de que esta experiencia académica finalizara por la falta de apoyo financiero. Un ojo que observa, la imagen corporativa diseñada por Enrique Grau, ha estado a punto de cerrarse. Gabriel García Márquez, reconociendo la calidad y los problemas de este colectivo, ha señalado: “El Observatorio del Caribe Colombiano merece todo el apoyo posible. La verdad es que no necesita ayuda, sino dinero”. Cuatrocientos intelectuales, investigadores, artistas y gestores culturales costeños enviaron un SOS al Presidente de la República. Alberto Abello Vives es el artífice, como director del Observatorio desde su fundación de esta experiencia vital para el estudio y la búsqueda de soluciones al desarrolo de la Costa Caribe colombiana

NG: Cómo surge la idea de un observatorio para el Caribe?

AAV. La idea del Observatorio del Caribe Colombiano se remonta a los años 80 del siglo pasado. En la Universidad de Cartagena surge la idea de aportar a la región un centro de estudios que no logra materializarse satisfactoriamente. También al estructurarse en el Consejo Regional de Planificación de la Costa Atlántica –Corpes– se planteaba al comenzar los noventa la necesidad de que ese sistema contara con un centro especializado, que aportara ideas sobre el estado de la región y su desarrollo. La región, que antes llamábamos Costa Atlántica, y que hoy reivindicamos como Caribe colombiano, para ser más justos con la geografía, la historia y la cultura, es de una gran riqueza cultural pero tremendamente pobre; hasta la década de los sesenta, cuando se construyeron las carreteras que la unieron con el interior del país, fue mantenida aislada; es una región atrasada y con indicadores sociales y económicos por debajo de los promedios nacionales. Se necesitaba un organismo especializado en los estudios regionales. Se hacen varios ejercicios previos pero es hasta finales de la década cuando la creación de este centro se hace posible. Desde las altas instancias del Estado se apoya un proyecto surgido en la región, promovido por las Universidades del Atlántico y de Cartagena, las cámaras de comercio, gremios e intelectuales y artistas de la región.

Es así como en 1997 el Departamento Nacional de Planeación acoge la propuesta de crear un centro de estudios regionales en el contexto de las llamadas Estrategias para la Gente del Caribe, EsCaribe, diseñadas para crear impacto en sectores que estimularan el mercado regional y generaran ingresos y bienestar social. Cecilia López, siendo directora del DNP, entiende la necesidad de que una propuesta como el centro de estudios regionales en las condiciones que se planteaba recibiera el apoyo estatal. Gracias a un importante capital semilla otorgado por Colciencias y a los aportes conseguidos en la región y la nación, surge ese centro, bajo el nombre de Observatorio del Caribe Colombiano, que no miraría las estrellas, se encargaría de mirar la prodigiosa pero triste realidad de esa Colombia caribe.

NG: Cuéntenos del quehacer cotidiano a lo largo de esos cinco años.

El Observatorio es un organismo que no cumple con los esquemas tradicionales de los centros de estudios regionales. Desde su nacimiento se plantea heterodoxo y, por lo tanto, no se perfila como un ente dedicado con exclusividad a la economía. Su perfil es el de un centro científico y cultural, pluralista, democrático, con acciones regionales a pesar de tener su sede localizada en Cartagena de Indias. En el Observatorio se genera conocimiento, hay un equipo de investigadores que se dedican, con los recursos de la entidad, a desarrollar sus líneas de investigación; estimula la investigación regional a través de un programa de becas que convoca con el Ministerio de Cultura y que ha entregado diez estudios de alto nivel; se forman investigadores a través del programa de pasantías nacionales e internacionales con los que se vinculan jóvenes que realizan sus primeras experiencias de investigación; se promueve el conocimiento sobre la región por medio de cátedras por todo el Caribe, de su revista, de sus publicaciones, de artículos en la prensa regional. Para el Observatorio es fundamental que se logre la apropiación social del nuevo conocimiento que se produce sobre la región; el Observatorio es un centro de referencia. Se ha convertido también en punto de encuentro y de articulación entre los investigadores: coordina una red de estudiosos de nuestro mundo caribe, que permite encuentros disciplinarios y post-disciplinarios. Como ven, el Observatorio es algo distinto a lo tradicional, nunca ha querido ser una cúpula de cristal con sabihondos en su interior. Si no devolvemos el nuevo conocimiento a la sociedad quedamos a medio camino.

NG: Bueno, y ¿de qué vive una institución como ésta?

Jurídicamente el Observatorio es una corporación sin ánimo de lucro, no está adscrita, hasta el momento, a ninguna entidad. Sus recursos ope-racionales se derivan de la gestión de sus directivos. Pero imagínense las dificultades, si somos un centro cuyo campo de acción está en la ciencia y la cultura y estos son dos sectores altamente débiles, frágiles, vulnerables. Con la aplicación de las políticas neoliberales en Colombia se ha minimizado la financiación estatal hacia ellos. Por lo demás, en momentos de crisis y estancamiento económico, los recursos para financiar lo que nosotros hacemos se disminuyen a su mínima expresión. Una entidad como ésta requiere el apoyo del Estado, no se le puede dejar al mercado. Actualmente atravesamos por una profunda crisis, el Observatorio se encuentra descapitalizado.

NG: ¿Y los apoyos regionales?

Cuando se hizo pública la crisis del Observatorio, ocurrió algo particular. La sociedad se pronunció: lo hicieron los escritores encabezados por García Márquez, Germán Espinosa, Roberto Burgos Cantor y Meira Del Mar, artistas como Enrique Grau y Carlos Vives, lo hicieron los historiadores, encabezados por Eduardo Posada Carbó y Adolfo Meisel. Con esa carta que le enviaron al Presidente de la República logramos constatar que somos ya patrimonio regional y que duele la posible desaparición de una entidad como ésta, que ha sido distinta, que ha sido manejada diferente, con otros criterios, con otra estética, que ha sido muy cuidada, que nunca ha improvisado. Pero la región está cada vez más pobre. Las políticas neoliberales aplicadas desde comienzos de la década pasada han empobrecido aun más a la región que está viviendo una gran calamidad. En solo cuatro años, de 1997 a 2000, en la región hay 700.000 nuevos pobres. Tenemos una región en la que el 63 por ciento de su población se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Cerca de dos millones y medio de habitantes se encuentran en estado de miseria. Sumen la población de Barranquilla y Cartagena juntas y lo que les da es similar al número de personas en estado de miseria. El aparato productivo ha sido desmantelado. En nuestros estudios hemos confirmado la pérdida de su economía, su industria, su agro  y el empleo. En medio de ese desastre y de las inmensas dificultades del sector público que tampoco han logrado los resultados esperados con la descentralización, no es fácil encontrar apoyo económico para un organismo como el nuestro. Nuestra crisis hace parte de la del país y la salida de la misma debe contar con el apoyo del gobierno nacional. Eso lo tienen claro sus directivos.

NG: Amplíenos la información sobre el estado actual de la región.

El país conoce la región más por los destellos de su cultura que por su situación social y económica. De cuando en cuando se recurre a los estereotipos para referirse a sus gentes o a las visitas turísticas para su conocimiento. Pero la región Caribe, no Atlántica, compuesta por ocho departamentos y casi seiscientos mil kilómetros cuadrados de mar, la que le da a Colombia límites con países centroamericanos y antillanos, y no con el Atlántico como falsamente se sigue enseñando, es una de las regiones más pobres de este país pobre. Imagínense cómo es la situación. Si bien cada vez hay más colombianos que residen en su territorio, entre la cuarta y la quinta parte de los habitantes de Colombia están allá, en vez de disminuir la pobreza y la miseria, aumentan cada vez más. Ya antes de la apertura la región estaba muy rezagada y esa situación fue utilizada por los promotores de la apertura para anunciar que sería la región más favorecida de Colombia y por el contrario, ha sido fuertemente golpeada. El abandono oficial y la crítica al centralismo fueron canalizados también por la promoción oficial de la descentralización y lo que hemos podido constatar es que ésta se hizo sin tener en cuenta la capacidad de los entes territoriales, que no han podido cumplir con las costosas obligaciones que les han sido impuestas. Estos dos ejes, que hacen parte de las políticas para adecuar el país a la globalización han afectado con mucha fuerza a la región. Vale la pena señalar que la pobreza en el Caribe colombiano es una pobreza por ingresos y durante los últimos años podemos observar que departamentos que en otros momentos fueron en cierta forma líderes en cuanto al desarrollo económico y a las condiciones materiales, se han descolgado, como es el caso de Atlántico. Este departamento entre 1998 y el 2000 ha sufrido un crecimiento sustancial de la pobreza cuando había sido en el que se apreciaban menores indicadores frente al resto de la región. Encontramos una región empobrecida, donde el ingreso per cápita ha retrocedido brutalmente, golpeada con rigor por las políticas neoliberales y a eso se le suma que vive también el impacto del conflicto armado y de los desplazamientos.

NG: ¿Ustedes le hacen seguimiento a la economía e investigan sobre la cultura regional?

En efecto, además de hacerle un seguimiento al comportamiento de la economía y a los principales indicadores sociales, el Observatorio es consciente de que la mirada a la región tiene que ser desde la cultura. Así, hemos adelantado investigaciones sobre la industria manufacturera y hemos promovido investigaciones culturales. A la realidad hay que darle varias miradas, y más a una realidad tan exuberante y compleja como la del Caribe colombiano.

Los avances logrados en la misma región y en su tratamiento desde la Nación, no son, sin embargo, suficientes en el plano de la cultura. Un mal entendido folclorismo y los estereotipos campean y aún no ceden totalmente su espacio a los nuevos saberes sobre nuestro Caribe. Colombia es un país multirregional: a la vez que caribe, es andino, orinocense, amazónico y vinculado a la cuenca del Pacífico. Por eso Colombia ha avanzado en el entendimiento nacional como país de diversas culturas. Pero todavía hay mucho por hacer. Vivimos tiempos en los que sobreviven las incomprensiones entre culturas, la falta de encuentros fecundos y el trato peyorativo hacia las expresiones populares.

Hoy en día, el Caribe colombiano es una de las regiones que a la par de hacer una gran contribución a las culturas de Colombia, es considerada una de las más estudiadas y exploradas del país. El nacimiento de nuevas entidades de investigación, como nuestro Observatorio, responde a esa búsqueda de sistematización, relacionamiento y persistencia que requiere ese nuevo conocimiento que, desde múltiples disciplinas, viene haciendo su contribución al fortalecimiento de la identidad caribeña.

La redenominación de Costa Atlántica por Caribe colombiano es apenas el símbolo de lo que desde aquí se gesta: un amplio movimiento intelectual, científico, artístico y empresarial para rescatar su propia región, erradicar su atraso social y económico, fortalecer su identidad caribeña y estrechar vínculos con el Gran Caribe.

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