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٭Cinco
años٭
observando
nuestro Caribe
Entrevista a Alberto Abello
Vives
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El pasado
diciembre se celebraron cinco años de fundación del Observatorio del
Caribe Colombiano, centro de investigaciones especializado en esta
región. Al mismo tiempo que se reconocían sus logros consistentes en
la realización de más de treinta investigaciones en el campo de las
ciencias sociales, una decena de libros de gran calidad académica, la
publicación de una revista semestral con un Premio Simón Bolívar de
periodismo, la realización de 120 cátedras del Caribe a lo largo y
ancho de la Costa, el país recibió con preocupación la noticia sobre
la posibilidad de que esta experiencia académica finalizara por la
falta de apoyo financiero. Un ojo que observa, la imagen corporativa
diseñada por Enrique Grau, ha estado a punto de cerrarse. Gabriel
García Márquez, reconociendo la calidad y los problemas de este
colectivo, ha señalado: “El Observatorio del Caribe Colombiano merece
todo el apoyo posible. La verdad es que no necesita ayuda, sino
dinero”. Cuatrocientos intelectuales, investigadores, artistas y
gestores culturales costeños enviaron un SOS al Presidente de la
República. Alberto Abello Vives es el artífice, como director del
Observatorio desde su fundación de esta experiencia vital para el
estudio y la búsqueda de soluciones al desarrolo de la Costa Caribe
colombiana |
NG: Cómo surge la idea de un
observatorio para el Caribe?
AAV. La idea del
Observatorio del Caribe Colombiano se remonta a los años 80 del siglo
pasado. En la Universidad de Cartagena surge la idea de aportar a la
región un centro de estudios que no logra materializarse
satisfactoriamente. También al estructurarse en el Consejo Regional de
Planificación de la Costa Atlántica –Corpes– se planteaba al comenzar los
noventa la necesidad de que ese sistema contara con un centro
especializado, que aportara ideas sobre el estado de la región y su
desarrollo. La región, que antes llamábamos Costa Atlántica, y que hoy
reivindicamos como Caribe colombiano, para ser más justos con la
geografía, la historia y la cultura, es de una gran riqueza cultural pero
tremendamente pobre; hasta la década de los sesenta, cuando se
construyeron las carreteras que la unieron con el interior del país, fue
mantenida aislada; es una región atrasada y con indicadores sociales y
económicos por debajo de los promedios nacionales. Se necesitaba un
organismo especializado en los estudios regionales. Se hacen varios
ejercicios previos pero es hasta finales de la década cuando la creación
de este centro se hace posible. Desde las altas instancias del Estado se
apoya un proyecto surgido en la región, promovido por las Universidades
del Atlántico y de Cartagena, las cámaras de comercio, gremios e
intelectuales y artistas de la región.
Es así como en 1997 el
Departamento Nacional de Planeación acoge la propuesta de crear un centro
de estudios regionales en el contexto de las llamadas Estrategias para la
Gente del Caribe, EsCaribe, diseñadas para crear impacto en sectores que
estimularan el mercado regional y generaran ingresos y bienestar social.
Cecilia López, siendo directora del DNP, entiende la necesidad de que una
propuesta como el centro de estudios regionales en las condiciones que se
planteaba recibiera el apoyo estatal. Gracias a un importante capital
semilla otorgado por Colciencias y a los aportes conseguidos en la región
y la nación, surge ese centro, bajo el nombre de Observatorio del Caribe
Colombiano, que no miraría las estrellas, se encargaría de mirar la
prodigiosa pero triste realidad de esa Colombia caribe.
NG: Cuéntenos del
quehacer cotidiano a lo largo de esos cinco años.
El Observatorio es un
organismo que no cumple con los esquemas tradicionales de los centros de
estudios regionales. Desde su nacimiento se plantea heterodoxo y, por lo
tanto, no se perfila como un ente dedicado con exclusividad a la economía.
Su perfil es el de un centro científico y cultural, pluralista,
democrático, con acciones regionales a pesar de tener su sede localizada
en Cartagena de Indias. En el Observatorio se genera conocimiento, hay un
equipo de investigadores que se dedican, con los recursos de la entidad, a
desarrollar sus líneas de investigación; estimula la investigación
regional a través de un programa de becas que convoca con el Ministerio de
Cultura y que ha entregado diez estudios de alto nivel; se forman
investigadores a través del programa de pasantías nacionales e
internacionales con los que se vinculan jóvenes que realizan sus primeras
experiencias de investigación; se promueve el conocimiento sobre la región
por medio de cátedras por todo el Caribe, de su revista, de sus
publicaciones, de artículos en la prensa regional. Para el Observatorio es
fundamental que se logre la apropiación social del nuevo conocimiento que
se produce sobre la región; el Observatorio es un centro de referencia. Se
ha convertido también en punto de encuentro y de articulación entre los
investigadores: coordina una red de estudiosos de nuestro mundo caribe,
que permite encuentros disciplinarios y post-disciplinarios. Como ven, el
Observatorio es algo distinto a lo tradicional, nunca ha querido ser una
cúpula de cristal con sabihondos en su interior. Si no devolvemos el nuevo
conocimiento a la sociedad quedamos a medio camino.
NG: Bueno, y ¿de qué
vive una institución como ésta?
Jurídicamente el
Observatorio es una corporación sin ánimo de lucro, no está adscrita,
hasta el momento, a ninguna entidad. Sus recursos ope-racionales se
derivan de la gestión de sus directivos. Pero imagínense las dificultades,
si somos un centro cuyo campo de acción está en la ciencia y la cultura y
estos son dos sectores altamente débiles, frágiles, vulnerables. Con la
aplicación de las políticas neoliberales en Colombia se ha minimizado la
financiación estatal hacia ellos. Por lo demás, en momentos de crisis y
estancamiento económico, los recursos para financiar lo que nosotros
hacemos se disminuyen a su mínima expresión. Una entidad como ésta
requiere el apoyo del Estado, no se le puede dejar al mercado. Actualmente
atravesamos por una profunda crisis, el Observatorio se encuentra
descapitalizado.
NG: ¿Y los apoyos
regionales?
Cuando se hizo pública
la crisis del Observatorio, ocurrió algo particular. La sociedad se
pronunció: lo hicieron los escritores encabezados por García Márquez,
Germán Espinosa, Roberto Burgos Cantor y Meira Del Mar, artistas como
Enrique Grau y Carlos Vives, lo hicieron los historiadores, encabezados
por Eduardo Posada Carbó y Adolfo Meisel. Con esa carta que le enviaron al
Presidente de la República logramos constatar que somos ya patrimonio
regional y que duele la posible desaparición de una entidad como ésta, que
ha sido distinta, que ha sido manejada diferente, con otros criterios, con
otra estética, que ha sido muy cuidada, que nunca ha improvisado. Pero la
región está cada vez más pobre. Las políticas neoliberales aplicadas desde
comienzos de la década pasada han empobrecido aun más a la región que está
viviendo una gran calamidad. En solo cuatro años, de 1997 a 2000, en la
región hay 700.000 nuevos pobres. Tenemos una región en la que el 63 por
ciento de su población se encuentra por debajo de la línea de pobreza.
Cerca de dos millones y medio de habitantes se encuentran en estado de
miseria. Sumen la población de Barranquilla y Cartagena juntas y lo que
les da es similar al número de personas en estado de miseria. El aparato
productivo ha sido desmantelado. En nuestros estudios hemos confirmado la
pérdida de su economía, su industria, su agro y el empleo. En medio de
ese desastre y de las inmensas dificultades del sector público que tampoco
han logrado los resultados esperados con la descentralización, no es fácil
encontrar apoyo económico para un organismo como el nuestro. Nuestra
crisis hace parte de la del país y la salida de la misma debe contar con
el apoyo del gobierno nacional. Eso lo tienen claro sus directivos.
NG: Amplíenos la
información sobre el estado actual de la región.
El país conoce la
región más por los destellos de su cultura que por su situación social y
económica. De cuando en cuando se recurre a los estereotipos para
referirse a sus gentes o a las visitas turísticas para su conocimiento.
Pero la región Caribe, no Atlántica, compuesta por ocho departamentos y
casi seiscientos mil kilómetros cuadrados de mar, la que le da a Colombia
límites con países centroamericanos y antillanos, y no con el Atlántico
como falsamente se sigue enseñando, es una de las regiones más pobres de
este país pobre. Imagínense cómo es la situación. Si bien cada vez hay más
colombianos que residen en su territorio, entre la cuarta y la quinta
parte de los habitantes de Colombia están allá, en vez de disminuir la
pobreza y la miseria, aumentan cada vez más. Ya antes de la apertura la
región estaba muy rezagada y esa situación fue utilizada por los
promotores de la apertura para anunciar que sería la región más favorecida
de Colombia y por el contrario, ha sido fuertemente golpeada. El abandono
oficial y la crítica al centralismo fueron canalizados también por la
promoción oficial de la descentralización y lo que hemos podido constatar
es que ésta se hizo sin tener en cuenta la capacidad de los entes
territoriales, que no han podido cumplir con las costosas obligaciones que
les han sido impuestas. Estos dos ejes, que hacen parte de las políticas
para adecuar el país a la globalización han afectado con mucha fuerza a la
región. Vale la pena señalar que la pobreza en el Caribe colombiano es una
pobreza por ingresos y durante los últimos años podemos observar que
departamentos que en otros momentos fueron en cierta forma líderes en
cuanto al desarrollo económico y a las condiciones materiales, se han
descolgado, como es el caso de Atlántico. Este departamento entre 1998 y
el 2000 ha sufrido un crecimiento sustancial de la pobreza cuando había
sido en el que se apreciaban menores indicadores frente al resto de la
región. Encontramos una región empobrecida, donde el ingreso per cápita ha
retrocedido brutalmente, golpeada con rigor por las políticas neoliberales
y a eso se le suma que vive también el impacto del conflicto armado y de
los desplazamientos.
NG: ¿Ustedes le
hacen seguimiento a la economía e investigan sobre la cultura regional?
En efecto, además de
hacerle un seguimiento al comportamiento de la economía y a los
principales indicadores sociales, el Observatorio es consciente de que la
mirada a la región tiene que ser desde la cultura. Así, hemos adelantado
investigaciones sobre la industria manufacturera y hemos promovido
investigaciones culturales. A la realidad hay que darle varias miradas, y
más a una realidad tan exuberante y compleja como la del Caribe
colombiano.
Los avances logrados
en la misma región y en su tratamiento desde la Nación, no son, sin
embargo, suficientes en el plano de la cultura. Un mal entendido
folclorismo y los estereotipos campean y aún no ceden totalmente su
espacio a los nuevos saberes sobre nuestro Caribe. Colombia es un país
multirregional: a la vez que caribe, es andino, orinocense, amazónico y
vinculado a la cuenca del Pacífico. Por eso Colombia ha avanzado en el
entendimiento nacional como país de diversas culturas. Pero todavía hay
mucho por hacer. Vivimos tiempos en los que sobreviven las incomprensiones
entre culturas, la falta de encuentros fecundos y el trato peyorativo
hacia las expresiones populares.
Hoy en día, el Caribe
colombiano es una de las regiones que a la par de hacer una gran
contribución a las culturas de Colombia, es considerada una de las más
estudiadas y exploradas del país. El nacimiento de nuevas entidades de
investigación, como nuestro Observatorio, responde a esa búsqueda de
sistematización, relacionamiento y persistencia que requiere ese nuevo
conocimiento que, desde múltiples disciplinas, viene haciendo su
contribución al fortalecimiento de la identidad caribeña.
La redenominación de
Costa Atlántica por Caribe colombiano es apenas el símbolo de lo que desde
aquí se gesta: un amplio movimiento intelectual, científico, artístico y
empresarial para rescatar su propia región, erradicar su atraso social y
económico, fortalecer su identidad caribeña y estrechar vínculos con el
Gran Caribe.
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