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Lo normal es defender
Los intereses
nacionales
Entrevista con Marco Aurelio García
Asesor especial del presidente Luiz
Inácio 'Lula' da Silva. Exclusiva para
Nueva Gaceta
El nuevo gobierno de
Brasil viene desplegando una intensa actividad dirigida a cohesionar a los
países de América del Sur para afrontar las negociaciones con Estados
Unidos. En compañía de Argentina, ha reactivado el Mercosur y las
conversaciones con los países andinos, y acaban de jugar un papel de
primera línea en la oposición a la estrategia comercial de Estados Unidos
y Europa en el marco de la reunión de la Organización Mundial de Comercio
en Cancún, que –como se sabe– culminó sin los nuevos acuerdos que se
proponían lograr las potencias industriales, sin modificar su
proteccionismo agrícola. Por otra parte, la orientación económica del
gobierno de Lula ha despertado todo tipo de expectativas y comentarios, en
especial, en lo relacionado con las políticas del FMI.
En los primeros días
de septiembre, Nueva Gaceta tuvo la oportunidad de entrevistar al profesor
Marco Aurelio García, asesor especial y uno de los hombres más cercanos al
presidente Lula, quien amablemente nos concedió la siguiente entrevista
para responder varias de tales inquietudes.
Nueva Gaceta.
Se acaba de producir el ingreso de Perú al Mercosur como
miembro asociado, una condición que ya tienen Chile y Bolivia y a la que
aspira Venezuela. ¿Cómo ve Brasil la posibilidad de reafirmar su
iniciativa de integración suramericana, el llamado Alcsa, como alternativa
al Alca?
Marco Aurelio García. Nosotros pensamos que en
realidad son dos proyectos de naturaleza distinta, el de Mercosur, y el de
Mercosur ampliado que no sólo busca establecer una Unión Aduanera en la
región, sino encontrar niveles de complementariedad e integración
económica más fuertes, en el cual tiene lugar muy importante, por ejemplo,
la construcción de infraestructura. Es más, pudiéramos pensar, más
adelante, en una compatibilidad macroeconómica para tener una moneda
única; también estamos planteando unas instituciones más sólidas, un
secretariado con capacidad operativa, un parlamento, la posibilidad de
libre circulación de gentes en la región. Lo del Alca tenemos que
discutirlo aparte y lo estamos haciendo. No queremos establecer un
conflicto entre la Ocde y el Mercosur; para nosotros este es prioritario,
obviamente.
NG.
Uno de los elementos importantes de la coalición con que el
presidente Da Silva ganó las elecciones es el Movimiento de los Sin Tierra
–MST– ¿En su opinión la reforma agraria sigue vigente como solución al
problema de la propiedad rural y condición para el desarrollo económico de
los países de América Latina?
MAG.
Yo creo que sí. No me gustaría generalizar mucho, porque creo que cada
país tiene una problemática agraria distinta. Es más, casi todos los
países de América Latina hicieron, de alguna manera, su reforma agraria.
Brasil es un caso excepcional, es uno de los pocos países donde la
cuestión agraria no ha sido enfrentada firmemente. El gobierno pasado
manifestaba que había hecho la más ambiciosa reforma agraria, pero en
realidad, si uno ve el estado en que se encuentran los campesinos, fue
todo lo contrario. Y eso es lo que estamos tratando de resolver, una
reforma agraria que no sea sólo amplia sino más activa, lo cual nos parece
fundamental para el caso brasileño. Si en corto plazo no se resuelve la
cuestión agraria, no habrá una transformación muy grande, incluso desde el
punto de vista del crecimiento capitalista. Fíjese que todos los ejemplos
exitosos han sido de países donde la reforma agraria se dio en distintas
formas, unas desde abajo otras desde arriba, pero la hicieron.
NG.
Las reformas neoliberales y los programas de ajuste fiscal
del Fondo Monetario Internacional, son señalados como culpables del
estancamiento y crisis de las economías latinoamericanas. Los hechos
muestran que Brasil no se ha sustraído de las imposiciones del FMI con
medidas como la reforma de las pensiones, ¿significa esto que la
conducción económica de América Latina deberá seguirse subordinando a las
condiciones impuestas por organismos financieros internacionales, aún en
contra de posibilidades de progreso y de bienestar de nuestros países?
MAG.
Puede ser que al Fondo le guste la reforma de las pensiones de Brasil,
pero nosotros la hicimos más allá de que le gustara o no. Era simplemente
problema de justicia social porque había distorsiones enormes: 900
funcionarios públicos consumían más del cincuenta por ciento del
presupuesto de las pensiones. La distorsión era enorme. Entonces, la
reforma de pensiones fue, en primer lugar, un instrumento de justicia
social; en segundo lugar, tuvo una incidencia muy grande en la resolución
de la crisis fiscal, no tanto de la Unión sino de muchos estados. No
solamente es necesario que existan pensiones, sino que estas puedan ser
pagadas. Eso es lo que ha motivado fundamentalmente la reforma.
En cuanto a la
cuestión más general del Fondo, hoy día está en discusión. No sé cuándo
estará resuelta o no la cuestión de la negociación del nuevo acuerdo.
Nosotros a lo mejor no tendríamos necesidad de hacerlo, porque con las
medidas que fueron tomadas en los ocho primeros meses del año se corrigió
en lo fundamental la grave situación que teníamos cuando el gobierno Lula
comenzó. Si lo hacemos será mucho más por precaución que por cualquier
otra razón. Pero lo haremos con cambios sustantivos en las funciones.
Hemos heredado algunas que trataremos de cambiar. Por ejemplo, el criterio
de contabilidad; entiendo que es insostenible: considerar las inversiones
como gastos y prohibirlas. Muchas veces el gobierno tiene dinero para
hacer inversiones sociales y para infraestructura y no puede gastarlo
porque eso rompería, supuestamente, las normas que el Fondo establece.
La cuestión
fundamental de la economía brasileña es su vulnerabilidad externa. Lo que
queremos es justamente producir un desplazamiento de la problemática,
tratar efectivamente de crear una situación interna suficientemente fuerte
para que se produzca una nueva estabilidad que está muy vinculada a la
incorporación de 45 millones de personas, por una parte, y a la
integración sudamericana, por otra.
NG.
Escuchándolo, parece inevitable seguir con el acuerdo con
el Fondo Monetario y aceptar sus condiciones.
MAG.
Estas son condiciones que tendríamos que ver, pero se sabe que los
acuerdos con el Fondo están pactados en documentos de doscientas páginas.
El nuestro, si lo hay, sería de otra naturaleza...
NG.
Pero de todas maneras, las medidas existen en los acuerdos,
como el ajuste fiscal, por ejemplo...
MAG. Pero mire, el problema del equilibrio
fiscal para nosotros no es un problema porque el Fondo esté planteándolo.
La gran verdad es que no podríamos continuar con una situación de
desequilibrio que nos ha producido, entre otras cosas, un desbarajuste
total de nuestras cuentas internas. Cuando Cardoso subió a la presidencia
había una deuda de 70.000 millones de reales y hoy en día está en 740.000
millones de reales. Esa situación no puede mantenerse, porque es un
desestímulo, no solo a la actividad productiva, sino que provoca una
distorsión muy grande en la actividad financiera. Hoy en día los bancos ni
siquiera prestan dinero, o lo prestan a tasas altísimas porque es mejor
negocio comprar títulos del gobierno. La economía no puede vivir de esa
manera, no puede llegar a estados absurdos. Ahora, no puede ser un
crecimiento artificial. El modelo desarrollista en Brasil tuvo éxito en un
aspecto extraordinario: entre los años treinta y ochenta nosotros crecimos
a una tasa anual del 6,7%, mucho más que China; sin embargo,
periódicamente tuvimos grandes crisis, las de saber cómo financiar la
deuda externa. Muchas veces tratamos de financiarla a través de la
inflación y ya se sabe lo que resultó, o financiarla mediante la deuda
externa, como ocurrió durante el periodo militar, lo cual nos dejó una
herencia terrible. Es posible constituir una economía que sea fiscalmente
sana y que garantice un crecimiento estable. Va a ser un trabajo duro
porque perdimos prácticamente dos décadas.
NG.
¿Cómo responde a los críticos en Brasil y América Latina
que tenían una esperanza puesta en el triunfo del presidente Lula? ¿Qué
dice el gobierno frente a eso?, lleva seis o siete meses y ¿cuál es la
respuesta a esas criticas que se hacen en todas partes de América Latina?
MAG. Hay que ver qué críticas son...
NG.
Las criticas frente al modelo, frente al manejo fiscal...
MAG. Nosotros estamos cambiando el modelo,
estamos haciendo el ajuste. Me imagino qué críticas habría si tuviéramos
una inflación de más del 10%, porque era una posibilidad muy real.
Estábamos al final del año con una expectativa inflacionaria del 40%
mensual. ¿Qué hicimos? Estamos produciendo una reducción importante en la
tasa de interés. Para reducirla más, estamos liberando los recursos
presupuestales.
Los problemas que
teníamos de incapacidad de inversión son problemas históricos, hoy son muy
graves. Brasil tiene una capacidad de inversión muy pequeña y sin ella no
hay posibilidades de prosperidad, a menos que uno comience a imprimir
dinero lo que se sabe cómo comienza y cómo termina. Tiene que cambiar
completamente el modelo, lo cual no es una cosa sencilla. El modelo
liberal-conservador deja una herencia muy pesada. A la vez, lanzamos el
programa «Hambre Cero», que muchos de los críticos califican como
asistencialista; no lo es, tiene una dimensión asistencialista pero tiene
a su vez una dimensión estructural, pues está permitiendo en mil ciudades
que lo están acogiendo, una dinamización indudable de la economía de esas
regiones, concretamente en la situación sanitaria y educativa. El que
recibe, por ejemplo, el beneficio de la ayuda, está activando el
mejoramiento de la pequeña ciudad que antes no tenía siquiera comercio
activo. En segundo lugar, está a la vez obligado a una serie de
compromisos: tiene que mantener a sus hijos en la escuela o al día en
ciertos cuidados de salud, si no, pierde la beca. Si la mujer está
embarazada, tiene que hacerse todos los exámenes necesarios. Si son
analfabetos, están obligados a entrar en programas de alfabetización. Hay
un conjunto de acciones que pueden considerarse asistenciales, dirigidas a
gente que está en el abandono.
En otras partes
estamos tratando de impulsar una política industrial. Si fuéramos
conservadores, no la estaríamos impulsando. Los neoliberales del gobierno
pasado decían que la mejor política industrial es no tener política
industrial, es dejar en libertad a las empresas y a las fuerzas del
mercado. Nosotros estamos protegiendo la industria nacional, la estamos
incentivando, y eso no se puede hacer de un momento para otro. El ajuste
fiscal fue muy corto, prácticamente seis meses, y cambiamos la
tendencia, creamos condiciones para que incluso el golpe en la producción
no se convierta en recesión, porque dinamizamos mucho las exportaciones.
Este año Brasil va a tener un excedente de 20.000 millones de dólares, en
un momento en que el comercio mundial va a aumentar en un 3%, y esperamos
un crecimiento en el comercio exterior superior al 15%. Yo creo que hay
elementos que nos permiten ser muy optimistas con relación al futuro
inmediato del país.
NG.
Estados Unidos ha dicho que no negociará en el Alca la
eliminación de sus subsidios agrícolas y otros aspectos de su legislación
proteccionista, sino que lo hará en el marco de la OMC…
MAG.
Me llama la atención que el presidente Bush llamó a Lula para discutir la
situación de la reunión de la OMC y tratar de llegar a un acuerdo. Me
parece que por lo menos está planteando su disposición a la negociación.
Creo que hay que entender que Estados Unidos tiene subsidios agrícolas
porque está defendiendo sus intereses nacionales. Y además, quien define
la política comercial es el Congreso y este representa un fraccionamiento
de intereses regionales del país y es normal que hagan eso. Lo que no es
normal es que nosotros no hagamos lo mismo, que no defendamos nuestros
intereses nacionales con la misma fuerza y decisión con que Estados Unidos
lo hace. Yo creo que si esto último ocurre, en la reunión de la OMC vamos
a tener resultados.
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