Nueva Gaceta  

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Bogotà, novienbre 2003 - febrero 2004 -Nº 7 ISSN 01246704


 

 


ALCA


 

 

 

 

 

ALCA

Incidencia en Colombia

 

 

 

 

 

 

Por Eduardo Sarmiento Palacio*

 

Hace 13 años la apertura económica se presentó como la gran panacea. Se decía que el desmonte de los aranceles, el libre juego de las multinacionales y la entrada sin restricciones del endeudamiento externo conducirían a la inserción de las exportaciones en el mercado internacional, a un elevado crecimiento, a la reducción del desempleo y a la mejoría de los salarios. Luego de más de una década de ilustración estamos ante un monumental fiasco. Todo lo que se anticipó sucedió al revés.

La liberación comercial realizada en 1990 y la enorme devaluación de los últimos años no lograron movilizar las exportaciones. En los últimos trece años, el valor agregado de las exportaciones creció por debajo del PIB. La pérdida del mercado interno por las importaciones no tuvo mayor compensación por el lado de las exportaciones. Se perdió la tercera parte del área agrícola y la cuarta parte del empleo industrial, el país quedó expuesto a un déficit en cuenta corriente que llevó a un endeudamiento insostenible, y el PIB dejó de crecer.

El error se originó al creer que el mundo está regido por el principio de las ventajas comparativas, según el cual, el intercambio favorece a todos los países que logran ampliar las exportaciones y la producción de bienes de menor costo relativo y adquirir los restantes a menor precio en el planeta. La realidad es muy distinta. En un mundo con limitaciones de demanda efectiva, las relaciones comerciales están determinadas más por las ventajas absolutas. La elaboración de productos a menor costo no garantiza su colocación en el mercado mundial. Las mayores posibilidades de exportación están en los productos de mayor complejidad, pues tiene mayor demanda. Así, Colombia tiene ventaja comparativa en la agricultura tropical, y en la industria con el ensamble, pero ambos tienen grandes limitaciones en el mercado externo. Por eso, cuando se dejan libres los mercados se presenta la importación masiva de bienes complejos que no tiene contraprestación en las exportaciones de ventaja comparativa. La constante de todas las aperturas en los países en estado intermedio de desarrollo es la conformación de un exceso de importaciones sobre exportaciones, financiado con crédito externo a tasas muy altas. Tal es el caso de América Latina y la antigua Cortina de Hierro, abocadas a déficit estructural de la balanza de pagos que redunda en deficiencias de demanda efectiva.

La verdad es que el principio de ventaja comparativa, que representa la primera lección en las universidades más importantes del continente americano, no es válido en la economía colombiana ni en la mayoría de los países de América Latina. Donde aparece más claro el incumplimiento del principio es en la agricultura. El desmonte arancelario ocasionó la entrada masiva de cereales, subsidiados en los países desarrollados. El área de estos cultivos disminuyó en 800 mil hectáreas y no tuvo mayor compensación por las actividades de ventaja comparativa. El resultado fue una contracción del área agrícola del 20% y una reducción del PIB agrícola a la mitad.

Esta historia es igual en todas partes, y los artífices del neoliberalismo sostienen que la apertura no tuvo que ver nada con la destrucción de la agricultura. El caso de México es alarmante. No obstante que goza de defensas especiales, por su vecindad con EU, el tamaño de mercado y su capacidad de negociación internacional, le ocurrió lo mismo que a Colombia. Después de ocho años de haber firmado el TLC, el volumen descendió 10%, los precios relativos bajaron 20% y, como consecuencia, la participación del sector en términos nominales en el PIB se redujo a la mitad. Como la población rural es del 25%, es fácil concluir que el experimento además provocó un aumento monumental de la pobreza. Los ingresos de los campesinos, que ya representaban el grupo más atrasado, se desplomaron respecto al resto de la población. A la luz de esta información incontrastable, ha surgido una fuerte presión sobre el gobierno para renegociar el tratado en materia agrícola y, en particular, con respecto a los subsidios.

En un mundo que tiene estos problemas de demanda efectiva, los aranceles son milagrosos. Gracias a ellos es posible mantener el mercado interno y compensar las deformaciones del mercado externo. Sin embargo, los aranceles han sido satanizados, al señalar que causan distorsiones y enriquecen a los productores. Falso. Son una forma de ampliar la demanda, y su desmonte en América Latina destruyó la agricultura, la industria y el empleo. Simplemente, se perdió la demanda de los productos agrícolas e industriales.

EL ALCA

El Alca es la magnificación de todo lo que ha ocurrido en la apertura. Así lo anticipa la experiencia de los últimos diez años. Los ganadores en expansión del comercio fueron los países del TLC (Estados Unidos, Canadá y México). Ahora, entre los diferentes bloques, los mejor librados fueron los países de mayor desarrollo relativo, como EU en el TLC, Colombia en la CAN y Brasil en Mercosur.

No es un comportamiento extraño. Por eso, los países más desarrollados propician la liberación comercial y los que van atrás tratan de detenerla, excepto en América Latina, convertida en adalid de la liberación comercial.

Si se elimina la protección que quedó después de las aperturas y los acuerdos de libre comercio, EU incrementaría sus ventajas en relación con la región y las defensas que tenía Colombia a través del Pacto Andino se perderían.

Para corroborar lo anterior, a continuación se examina en más detalle, los efectos de un acuerdo bilateral con EU o del ingreso al Alca. En el primer caso, Colombia tendría que retirarse del grupo y renunciar al arancel externo común. Por su parte, el Alca significaría el debilitamiento de la CAN. Las negociaciones arrancarían del arancel externo común y los países se comprometerían a reducirlo hasta llegar a cero. La protección solo quedaría para el caso de productos que vengan de terceros países, lo que no representa el 15% del comercio de Colombia.

En ambos casos, Colombia lograría una reducción de los aranceles en EU que estimularía las exportaciones a ese país. Al mismo tiempo, se presentaría una baja de aranceles del Pacto Andino y de Colombia que reducirían las exportaciones a los socios colombianos y aumentarían nuestras importaciones.

El resultado neto será negativo. Las exportaciones colombianas a EU están dominadas por los productos tradicionales, como confecciones, cuero y alimentos, que se producen en el país en condiciones relativamente competitivas y actualmente entran a EU con aranceles del 5%. En contraste, las exportaciones a los socios del Pacto Andino, en particular a Venezuela, y las importaciones colombianas están representadas en productos metalmecánicos y químicos que han logrado evolucionar gracias a una protección que varía entre el 10% y el 20% y en casos como los automotores hasta en el 35%.

Así las cosas, el Alca y el acuerdo bilateral significarían un aumento de la protección del 5% de las exportaciones que son altamente competitivas y una reducción de la protección a otros productos de mayor complejidad tecnológica de más del 15% en promedio. En realidad, los beneficios no irían más allá de los que se lograron por la vía del Atpa, de desgravar la mayoría de las exportaciones colombianas sin mayor contraprestación.

Colombia sería una perdedora neta. A cambio de mejorar los precios de los productos tradicionales cuya demanda está agotada, el país entregaría el mercado andino y lo que le queda del mercado interno, que ofrecen las mayores posibilidades de demanda para la producción industrial de mediana tecnología. Las exportaciones industriales quedarían sin mercado y la dependencia de productos tradicionales de baja demanda se acentuaría.

Las peores secuelas se darían en la agricultura. A la luz de la experiencia de Chile, no hay ninguna posibilidad de que el Alca se firme con aranceles que compensen los subsidios a los cereales. Tal como en México, significaría el desplazamiento masivo de los cultivos transitorios por los cultivos tropicales.

Curiosamente, el acuerdo de libre mercado se justifica sobre la base de que Chile ya lo culminó y Centroamérica inició negociaciones. De ninguna manera son economías representativas de América Latina; se trata de economías minúsculas que no enfrentan mayores limitaciones en el mercado mundial y su mercado interno carece de importancia. Bien puede ocurrir que el comercio le signifique un aumento mayor en las exportaciones que en las importaciones. Las condiciones son casi antagónicas a las de los países intermedios que enfrentan limitaciones en sus exportaciones con ventaja comparativa y requieren de amplios mercados internos y regionales para avanzar en la industrialización.

El Alca está basado en el mismo principio de ventaja comparativa que fracasó. La mayoría de los países no están en capacidad de especializase en un número reducido de productos y por esa vía generar volúmenes de exportación que les permita sustentar las importaciones requeridas para la modernización. En todas partes, la prioridad exportadora fundamentada en alta tasa de cambio fracasó.

Esto lo han entendido Brasil y Argentina. Luego de las crisis han advertido que no pueden continuar con un modelo que finca todas las esperanzas en el intercambio comercial de un número reducido de productos. Encuentran que es necesario acudir a un modelo de industrialización que permita absorber la mano de obra y avanzar en actividades de mayor complejidad tecnológica. Por eso se entiende que la integración latinoamericana no puede ser un simple mecanismo de desgravación que le da un tratamiento similar a todos los países. Más bien, la perciben como parte de un modelo orientado a ampliar el mercado interno y regional y propiciar la industrialización.

En mi libro El modelo propio se muestra que los acuerdos de libre comercio solo se justifican entre países con modelos y características similares; de otra manera, la nación más avanzada se lleva todas las ganancias. El acuerdo de libre comercio sería tan desacertado con Brasil como con EU. Lo que se plantea es una integración por bloques formados por países con características similares y donde se tengan en cuenta las diferencias regionales.

Un Alca para la industrialización

Ante todo, es necesario reconocer que el país no va a progresar especializándose en productos tropicales y en la maquila e intercambiándolos en el mercado mundial por bienes complejos. Hay que entrar en razón y aceptar que el desarrollo lo tenemos que realizar con nuestras propias empresas y trabajadores. No se trata de volver a la vieja industrialización fundamentada exclusivamente en la protección, que se torna insostenible. Se plantea, más bien, una industrialización basada en grandes inversiones en áreas críticas, la copia tecnológica y la calificación de la mano de obra. El desarrollo, en lugar de provenir del intercambio de bienes dictado por la dotación de los factores, resulta de la provisión de capital físico y humano. En virtud de las complementariedades entre la industria, la inversión se inicia en actividades elementales, y posteriormente, a través del aprendizaje en el oficio, pasa a otras más complejas, cubriendo así la totalidad de la cadena industrial.

Basta una mirada para advertir que, luego de los 200 años de Revolución Industrial, el modelo liderado por la industria constituye el mejor camino de progreso. En América Latina y Colombia el desarrollo industrial inducido por la sustitución de importaciones y las exportaciones de manufacturas significó, entre 1950-1980 un progreso, en términos del ingreso per cápita, similar al de dos siglos. La rápida industrialización de los Tigres Asiáticos les permitió avanzar en 40 años lo mismo que Europa en 200. Por el mismo camino, China registra una tasa de crecimiento del ingreso per capita de 7%, que le permitirá duplicar el nivel de bienestar cada 10 años.

El modelo de desarrollo liderado por la industria requiere integración apoyada en la ampliación de los mercados y no en el comercio. Nada de esto es nuevo. La Unión Europea es una integración para ampliar el mercado dentro de un marco de compensaciones que tiene en cuenta a los países de menor desarrollo. En la actualidad el comercio dentro de la Unión esta representado por productos elaborados por los socios en un porcentaje que duplica su participación en el producto nacional.

Mi planteamiento está orientado a fortalecer la unión entre países similares como serían el Pacto Andino, el Mercosur y si es el caso el TLC, y luego a realizar convenios entre bloques teniendo en cuenta las características especiales. Este esquema de integración sacaría a la región del marasmo neoliberal y del estancamiento, y daría las bases para entrar a una industrialización.

Conclusiones

El Alca o el acuerdo del libre comercio, como está planteado por EU, sería un paso más en la liberación comercial. Se acentuaría la pérdida del mercado interno con relación a las exportaciones. El proceso de desmantelamiento de la industria, la agricultura y el empleo se amplificaría, el déficit en cuenta corriente aumentaría y la dependencia en el endeudamiento externo se magnificaría. Lo más grave es que el país perdería toda posibilidad de avanzar en un desarrollo industrial fundamentado en actividades de mayor complejidad y en el uso de la mano de obra. Seguiríamos en la espera de que la especialización en productos tropicales y maquila se transforme en modernización, estabilidad de la balanza de pagos y desarrollo en virtud del intercambio comercial.

La alternativa no es renunciar a las uniones comerciales. Lo que se plantea es un modelo de desarrollo liderado por la industria y complementado por la integración por bloques. Las prioridades tendrían que orientarse a formular una política industrial fundamentada en altas inversiones en los sectores líderes y en la imitación tecnológica, fortalecer el Pacto Andino e iniciar la negociación en bloque con Mercosor y otras áreas, dentro de un marco que tenga en cuenta las diferencias relativas de los países.

Ponencia presentada en el foro ALCLy TLC. el espejismo del libre comercio". Bogotá DC, 13 y 14 de juni de 2003. cedida a NUEVA GACETA por el autor  

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