Nueva Gaceta  

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Bogotà, novienbre 2003 - febrero 2004 -Nº 7 ISSN 01246704


                 

 

 

             Globalización,

      comercio y salud

 

Entrevista con Ronald Labonte

Por Helena Restrepo, para Nueva Gaceta

 

El profesor canadiense Ronald Labonte es uno de los más prestigiosos sociólogos expertos en salud pública y promoción de la salud, con amplia experiencia en participación social y desarrollo comunitario. En la actualidad dirige la Unidad de Salud de la Población y de Investigación Evaluativa de Saskatchewan, Canadá (Saskatchewan Population Health and Evaluation Research Unit). En los últimos años ha estado dedicado a estudiar y analizar el tema de la globalización, el comercio y la salud y es autor de numerosos artículos y documentos sobre este tema.

Aprovechando su presencia en la III Conferencia Regional para América Latina de Promoción y Educación para la Salud en Sao Pablo, Brasil, (noviembre 10-13 de 2002) se hizo la entrevista que se resume a continuación y que versó sobre la conferencia que dictó en dicho certamen.

Helena Restrepo: Su expresión de que en lugar de tener hoy una «aldea global» tenemos un «mercado global» es muy pertinente, qué puede comentarnos al respecto?

Ronald Labonte: Una aldea global era con lo que soñábamos cuando se empezó a hablar de globalización. Desafortunadamente, para frustración de todos se ha convertido en un mercado global, donde los dictados del capital y del interés económico han convertido nuestros discursos de dignidad y justicia en algo obsceno o arcaico. No obstante, no debemos oponernos a la globalización como proceso provechoso para la humanidad, inclusive porque eso lo aprovecharían especialmente los medios para atacar al movimiento en contra de los aspectos perniciosos de la globalización; lo que hay que hacer es prestar atención especial a los tratados de comercio y a su efecto potencial sobre la capacidad regulatoria de las naciones para crear condiciones de vida, de trabajo y ambientales saludables. Por eso hablo de «desempacar» los vínculos que tiene la globalización con los riesgos altos para la salud.

HR: ¿Desde su Informe sobre Globalización, Comercio y Salud preparado para la Unión Internacional de Promoción de la Salud en 1999, qué cambios observa?

RL: Creo que el cambio más dramático es la elección de Bush en Estados Unidos. Es cada día más claro que la administración Bush peleará para que los demás países no logren ningún beneficio frente a las políticas neoliberales y para que Estados Unidos unilateralmente haga lo que quiera; pero no hará lo que las reglas digan si no lo que le conviene con respecto a los mercados. La intención en Davos fue eliminar el tiempo extra de los trabajadores y subsidiar los productos agrícolas de exportación de los países ricos como Estados Unidos, Canadá y Japón. Lo que se vio es que inmediatamente después de las negociaciones en Davos, supuestamente para favorecer a los países pobres, Estados Unidos dio enormes subsidios a sus productos domésticos. La Unión Europea es igual a Estados Unidos en cuanto a los subsidios a sus productos, pero por lo menos está intentando reducirlos. Recientemente Chirac y Blair han tenido diferencias serias al respecto porque el Reino Unido está más dispuesto a reducir subsidios que Francia.

HR: ¿Se vislumbra algún punto favorable para los países pobres?

RL: Una cosa buena es que los países en desarrollo se están fortaleciendo en el uso de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para parar las posiciones no saludables de los países ricos. Desde Davos hay una tremenda argumentación entre pobres y ricos en lo que se llama el «tratamiento especial diferencial» para que los primeros sean capaces de obtener exenciones en algunos de los tratados de comercio. En Davos plantearon la discusión de cómo debe seguir la liberalización y globalización en los menos desarrollados. Pero a esta posición se oponen Estados Unidos, Canadá y Japón que alegan que las mismas reglas deben aplicarse igualmente a todos. Por ejemplo, China, Corea y Asia en general subsidiaban a sus agricultores y ahora no podrán hacerlo. Los países pobres se ven abrumados por la ola de importaciones baratas, a menudo procedente de países ricos que subsidian sus productos domésticos y sus productos de exportación.

HR: ¿Qué hay de nuevo en el tema de la salud?

RL: Las economías débiles con escasa protección doméstica porque ha sido removida a través de las políticas de préstamos del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI), se han vuelto más pobres bajo la liberalización, en forma notable en África y América Latina. En estos países aumenta la pobreza y, por supuesto, se empobrece la salud también. La pobreza es el mayor determinante de la salud. Esto debería ser una preocupación muy importante para las políticas de salud, puesto que el grado de desigualdad en América Latina es de los más altos del mundo. La brecha entre pobres y ricos es muy grande por ejemplo en Brasil. Por lo tanto, las implicaciones para la salud son tema fundamental; los acuerdos y tratados no son justos para los países en desarrollo; las oportunidades que se les dan no son equitativas, lo cual debe revertirse, pero esto no es un asunto que inquiete a la OMC. Yo tengo la impresión, sin embargo, de que los países menos desarrollados están siendo más exitosos en presentar sus problemas.

Con relación a la protección de patentes, hay algunos cambios. Antes Estados Unidos podía tomar patentes de cualquier país, europeo u otro, y las podía copiar y desarrollar; esto mismo podían hacer los países asiáticos en los 70 y 80, pero ahora no; y ello es un mal acuerdo para los países pobres. Solo con relación a los medicamentos contra el Sida y Vih ha habido mejoría y aunque es importante lo que logró Brasil para producirlos, es todavía algo muy pequeño en el tema de patentes en el que el proteccionismo continúa. Los acuerdos Trips (Trade-Related Intellectual Property Rights, Acuerdos sobre Comercio Relacionado con Derechos de Propiedad Intelectual) cierran las fronteras y lo que se necesita es que se abran para otros productos y no solo para medicamentos. En Davos se aprobó que los países pobres podían producir drogas genéricas en el caso de declarar emergencias por enfermedades graves, pero los países que pueden hacerlo son muy pocos: Brasil, Tailandia, Cuba; la gran mayoría no tiene forma de producir genéricos. La Unión Europea es más progresista en este aspecto, pues deja usar las patentes siempre y cuando los productos no ingresen a los países del norte sino a los pobres. Un efecto muy claro es que los Trips han hecho aumentar agudamente los costos de las drogas en la mayoría de los países. Esto tiene un costo directo sobre los fondos públicos disponibles para atención primaria o cualquier otro programa de salud pública, incluyendo protección del ambiente. Y es peor en los países más pobres porque al fin y al cabo, en los ricos los seguros médicos cubren el 75% de las prescripciones de medicamentos. En resumen, continúa la angustia en este asunto para los menos desarrollados. Se necesita una renegociación total, no parcial.

Otro aspecto relacionado con la salud es el de la liberalización y el ambiente: Los efectos del creciente agotamiento de recursos naturales y la polución por el aumento de emisiones de gasolina fósil. Esto es muy raramente considerado en los modelos económicos. Si todos los países se desarrollaran con los mismos patrones de consumo de Estados Unidos, necesitaríamos cuatro planetas más para explotar. Existen muchos ejemplos del impacto negativo asociado a la liberalización. Uno de ellos es Argentina donde la liberalización del comercio y la promoción de las exportaciones de pescado condujeron a un crecimiento de cinco veces la cantidad de pesca. Las compañías pesqueras ganaron un estimado de 1.6 billones de dólares, pero el agotamiento de las fuentes de peces y la degradación ambiental tuvo un costo neto de 500 millones de dólares.

La globalización y los acuerdos comerciales tienen efectos identificables en los servicios de promoción de la salud. Hay una ruta clara. Por ejemplo, veamos el problema de la privatización del agua que es impulsada por las políticas de ajuste, aún cuando los costos no puedan ser alcanzados por la mayoría de las familias. Tales programas en Mauritania, por ejemplo, condujeron al consumo de más de un quinto del presupuesto promedio de familias de bajos ingresos, según un informe del Banco Mundial del 2001. Así mismo afecta los servicios de atención médica.

HR: Quisiera que comentara un poco sobre la privatización de la atención médica en el contexto de la globalización y del mercado entre países del norte y del sur.

RL: Es necesario reconocer que la privatización de los cuidados médicos no es propiamente producida por la globalización. Las razones para ello son dos: la primera son los programas de ajuste estructural que se utilizan como excusa para las privatizaciones y, obviamente, no son necesarias; la segunda es que muchos gobiernos están dominados por el modelo neoliberal sin que en ello influyan los tratados de comercio internacional. Lo peligroso de la apertura del mercado y la privatización en salud es que pueden cubrir muchas cosas y llegar a la comercialización de servicios, desde profesionales, laboratorios, tecnologías diagnósticas, telemedicina, etc. Puede suceder que vayan de un país a otro, consuman servicios de salud y perjudiquen los servicios propios. De hecho, ya hay países que están sufriendo esta modalidad.

Hay que distinguir entre el financiamiento público con provisión de servicios por parte de la empresa privada (lo cual muchos países tienen en mayor o menor grado y puede hacerse progresivo dependiendo de las regulaciones existentes para proveedores privados) y el financiamiento privado con provisión privada; eso sí es regresivo y excluyente para todos, menos para los ricos. Este último tipo es el que favorecen tanto el BM como el BID. Hay un atractivo muy grande hacia el mercado de servicios de salud latinoamericano; al respecto, en la revista The Economist, citaron las palabras del presidente de la Asociación Americana de Planes de Salud: «450 millones de latinoamericanos constituyen un mercado de cuidados de salud de 120 billones de dólares al año, de los cuales sólo el 15% se gasta en seguros privados».

HR: Hablemos de Cuba ¿qué diferencias hay en su modelo de intercambio de servicios de salud con el del mercado descrito arriba?

RL: Cuba no hace mercadeo; en primer lugar, ellos producen más médicos de los que necesitan y otros países pobres no lo pueden hacer; entonces el envío de profesionales es más una ayuda; no lo hacen con fines comerciales. También puede decirse lo mismo de los programas de turismo de salud de Cuba; en realidad los fines son diferentes, además los servicios de Cuba son públicos no son servicios privados. Cuba es un país extraplanetario.

HR: Pasemos ahora al tema del Gatt, (General Agreements on Tariff and Trade, Acuerdos Generales de Tarifas y Comercio) ¿cómo afecta ese acuerdo a los países pobres?

RL: El problema con el Gatt es que una vez un país hace un compromiso, por ejemplo en relación con los servicios de salud, si las condiciones cambian en el país pobre, digamos que cambia el sistema privado por uno público, no puede salirse del compromiso sin pagar una compensación monetaria al otro país. Las compañías del país dominante pueden solicitar a su país que presente una queja de violación al Gatt, lo cual conlleva una penalidad para el país que rompió el acuerdo, generalmente, por un monto muy grande de dinero. Esto hará muy difícil para los países pobres establecer programas propios en los diversos campos, sea educación, salud, etc. Lo que hay que hacer es alianzas, acuerdos de intercambios pero nunca acuerdos comerciales. No hay que caer en la idea de los que argumentan que los acuerdos comerciales son benéficos y que no ofrecen peligros. Se puede establecer intercambios para mejorar la tecnología de un país pero nunca negociarlos en forma comercial.

Lo que está pasando en la globalización y el Gatt es que el 60% de la inversión extranjera se está yendo para la compra de corporaciones y servicios que antes eran públicos y no para inversión de actividades de desarrollo económico. Los tratados de comercio, cuyas intenciones son promover intereses privados, no negocian regulaciones internacionales para salud, atención médica y otros bienes comunes esenciales.

HR: En su conferencia en Sao Paulo, usted se refirió al tema de cómo hacer una globalización saludable. Me gustaría que resumiera un poco su posición al respecto.

RL: Creo que estamos viviendo quizás el momento histórico más importante de nuestra especie. Hay una excesiva afluencia y excesiva pobreza; los conflictos y las enfermedades están afectando la salud y la seguridad globales, lo cual está demandando con angustia algún sistema de gobierno global orientado al bien común.

Yo creo que hay que luchar por las exenciones en los tratados comerciales para los países en desarrollo. Si nuestra meta es movernos hacia la igualdad de resultados, la norma justa debe ser más consistente con la promoción de la salud pública, y para ello debe ser menos igualitaria entre países ricos con el fin de superar las inequidades históricas de poder de los más débiles. La protección de patentes en forma indefinida debe cuestionarse por los países en desarrollo y menos desarrollados, como lo están haciendo algunos de ellos y por algunas organizaciones no-gubernamentales y agencias de Naciones Unidas. Hay que establecer multas ligadas a la producción doméstica en lugar de sanciones tipo penalidades a su comercio, que invariablemente afectan a los países pobres más que a los ricos, y parte de estas multas deben ir a un fondo global para la educación, la salud y el desarrollo social en aquellos países que van muy atrás en alcanzar las metas de desarrollo establecidas internacionalmente con relación a la infancia, salud de las madres, empoderamiento de género y educación universal. En la misma línea estaría la de imponer un impuesto Tobin para el intercambio de moneda, lo cual golpearía duramente la especulación y que, con base en datos de 1995, podría acumular cerca de 150 billones de dolares al año. Este puede dividirse de tal manera que un tercio vaya a cada gobierno nacional cuyas monedas han sido cambiadas y el resto a un fondo internacional para el desarrollo.

Asimismo, es necesario permitir que los países más pobres sean eximidos de los requerimientos de liberalización en agricultura, fortalecer su capacidad de imponer tarifas de importación y restringir la inversión extranjera para proteger los mercados domésticos y la seguridad alimentaria. Finalmente, negociar e impulsar una regla que tenga efecto cuando haya conflictos para que los acuerdos multilaterales en el campo del ambiente y de los derechos humanos, incluyendo el derecho a la salud, puedan triunfar sobre los acuerdos comerciales.

Pienso que estamos viviendo una situación similar a la que tuvo lugar en el siglo XIX cuando las primeras leyes del sistema de regulación sirvieron a la clase capitalista para su propio beneficio a expensas de los trabajadores, las mujeres, los pobres y el ambiente, pero tales leyes fueron la plataforma para que la lucha social progresista creara responsabilidades recíprocas para los Estados y para el mercado, lo cual desencadenó la creación de un Estado de bienestar en el siglo XX. Algo similar debe pasar ahora: los tratados para el mercado y comercio deben volverse el foco para los movimientos globales sociales progresistas que demanden derechos humanos y una mejor distribución de los bienes. Digamos como Gramsci «dejemos que el optimismo de la voluntad triunfe sobre el pesimismo del intelecto».

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