|
Una
mirada retrospectiva
sobre Camilo
Entrevista
a François Houtart
por Javier Sánchez, de la redacción de
Nueva Gaceta
En el último año,
François Houtart ha visitado en dos oportunidades nuestro país para
debatir en distintos escenarios los problemas políticos, económicos y
sociales que aquejan a Colombia, América Latina y el mundo en general.
Houtart, sacerdote y sociólogo belga, es miembro del Consejo Directivo del
Foro Social Mundial, director del Centro Tricontinental (Cetri) en la
Universidad Católica de Lovaina y uno de los más destacados representantes
del movimiento antiglobalización. Cuatro décadas atrás, Houtart fue
profesor y amigo personal de Camilo Torres. Nadie más autorizado que él
para hacer un repaso al ambiente y las ideas que bullían en la mente de
Camilo y para analizar las posibilidades de transformación social en la
región. Por ello, aprovechando la participación del profesor Houtart en el
Seminario Internacional Mitos y Realidades de la globalización, organizado
por la Universidad Nacional de Colombia, Nueva Gaceta quiso conocer su
opinión sobre algunos aspectos del ideario de Camilo. A continuación
ofrecemos los apartes más importantes de la entrevista que él nos
concediera.
Nueva Gaceta: ¿Cómo fue su relación con Camilo Torres?
François Houtart: El primer contacto con
Camilo fue en 1954. Camilo había organizado un círculo social con los
seminaristas que más se interesaban en los problemas sociales y una noche
me invitó a sostener una discusión con ellos. Naturalmente, en ese tiempo
la perspectiva dominante era la de la Doctrina Social de la Iglesia,
consistente en ver y analizar las situaciones sociales con una idea
relativamente contestataria, en la línea de la Juventud Obrera Católica,
JOC. Era una perspectiva cristiana relativamente clásica, pero que en el
contexto de la Iglesia en Colombia aparecía como una perspectiva bastante
progresista. En esa ocasión yo invité a Camilo a estudiar ciencias
sociales en Lovaina. Él obtuvo el permiso de su obispo y algunos meses
después llegó a Lovaina donde permaneció por cuatro años.
NG: ¿Cómo era el tipo de enseñanza que
había en Lovaina?
FH: Era una enseñanza bastante abierta,
pero también bastante clásica. Abierta en el sentido de aceptar la
existencia de problemas. Pero el discurso era un poco como el de la
democracia cristiana que veía la sociedad como un conjunto de individuos
estratificados, pero no veía estructuras de clases sociales con toda la
lógica de la contradicción que existe entre intereses de clase social. Por
esa razón, la acción social de los cristianos y de la iglesia en
particular tendía a orientarse a agrupar a todo el mundo para construir en
conjunto el bien común, sin tocar para nada la estructura económica. Era
una visión de la realidad basada en el convencimiento de que era posible
transformar la sociedad a partir de la buena voluntad de todas las
personas.
NG: ¿De qué manera pudo influir dicho
ambiente en la formación de Camilo?
FH: Lo que más pudo Camilo aprender y
desarrollar en Lovaina fue el rigor metodológico. Allí estábamos en un
periodo de transición entre la sociología europea clásica de Durkheim y
otros, y la introducción paulatina de una tradición sociológica
norteamericana más empírica, que insistía en una metodología cuantitativa.
Se dio una especie de mezcla de las dos orientaciones, aunque todavía con
predominio de la sociología europea. Dentro de estos cursos, había uno
sobre las grandes ideologías del mundo moderno como el fascismo, y otro
sobre marxismo impartido por un canónigo, que sin ser marxista, era muy
conocedor del pensamiento de Marx y muy honesto en la transmisión del
conocimiento.
Pero más allá del
ámbito académico, lo interesante en Camilo fue su deseo de unir a los
colombianos radicados en Lovaina y en Europa para tratar de analizar la
situación colombiana con los instrumentos conceptuales que se aprendían en
París, Londres o Lovaina, con la idea de que al regreso, estos estudiantes
pudieran ser los actores de la transformación de la sociedad colombiana.
Por mi parte, yo me
interesaba mucho en la sociología urbana porque me preocupaban los
problemas religiosos en las grandes ciudades y había hecho estudios
comparativos entre las ciudades europeas, norteamericanas y
latinoamericanas, pero también estudios complementarios en urbanismo.
Camilo se entusiasmó con los problemas urbanos y por eso eligió hacer su
tesis de licenciatura sobre Bogotá, tratando de encontrar las diferencias
entre la situación social de los países del norte y del sur. Cuando él
regresó a Colombia, traía, desde el punto de vista sociológico, dos
orientaciones fundamentales: la necesidad de la investigación sociológica
para la transformación de la sociedad y la importancia de un conocimiento
empírico sobre la base del análisis social. Poco a poco, él había
descubierto la necesidad de analizar las sociedades de manera distinta a
como lo hacía la doctrina social de la Iglesia y se daba cuenta igualmente
de que era necesario ayudarse de un instrumento más elaborado desde el
punto de vista sociológico. A su regreso, Camilo tenía ya una visión más
desarrollada de una sociedad de clases, aunque todavía pensaba que era
posible, esa es mi lectura, cambiar la sociedad mediante la
concientización de las bases y también de las élites.
NG: ¿Cómo se expresaba esa mezcla de
orientaciones en el pensamiento de Camilo?
FH: Una manifestación de esta concepción
se encuentra en su trabajo con la Acción Comunal. Él creía que la Acción
Comunal podía ser un instrumento para una transformación más profunda y
que existía la posibilidad de transformar las mentalidades en las clases
sociales más altas o los grupos dominantes de la economía y política
colombianas sobre bases éticas. Pensaba que si estas clases tenían un
mejor conocimiento de la realidad campesina, era posible hacerlos
reaccionar de manera moral y ética para que aceptaran temas como la
reforma agraria.
Sin embargo, poco a
poco se dio cuenta de que la Acción Comunal estaba muy ligada a los
poderes centrales y que los estudiantes podrían ser una fuerza importante,
pero en ningún caso el grupo social llamado a cambiar la sociedad.
En 1960 volví a
Colombia para hacer la síntesis de un trabajo sobre la situación
socio-religiosa de América Latina. Yo le había pedido a Camilo hacer el
estudio sociológico de evaluación de las escuelas radiofónicas de Radio
Sutatenza, que al principio veíamos como una iniciativa muy progresista de
alfabetización en las zonas rurales, pero que luego descubrimos que era
una manera de controlar la ideología del campesino. Camilo hizo un pequeño
documento en el que incluía un análisis empírico y una cierta reflexión
sociológica sobre lo que significaba este tipo de acción.
Con el tiempo, el
pensamiento crítico de Camilo empezó a ir mucho más allá de las enseñanzas
de Lovaina. Poco a poco fue adoptando el análisis marxista, pues su
acción y su experiencia le mostraron que el análisis implícito que traía,
impregnado de la doctrina social de la Iglesia, no correspondía a la
realidad colombiana y que ésta era mucho más compleja, que había una
estructura social de clases construida sobre intereses divergentes y
antagónicos y que la posibilidad de transformar el conjunto de la sociedad
no dependía de la buena o mala voluntad de los actores sociales. En su
deseo de encontrarse con la realidad, finalmente descubrió que el análisis
más adecuado para entender los procesos de la sociedad colombiana era un
enfoque metodológico de tipo marxista. Como se ve, hubo toda una
evolución en el pensamiento de Camilo.
NG: Pareciera entonces que esta
contrastación de las ideas con la realidad colombiana fue determinante en
la posterior etapa de la vida de Camilo.
FH: Sí. Me parece que a partir de este
tipo de análisis, él llegó a la convicción de que la única manera de
forzar eficazmente la transformación de la sociedad existente, era
mediante la construcción de otra relación de fuerza, empezando por el
campo político. Como la colombiana era una sociedad extremadamamente
diversificada y segmentada y no había, en su opinión, ninguna organización
política que pudiera representar esta perspectiva, la única forma era
tratar de unir varias fuerzas en un frente que pudiera, poco a poco, ser
suficiente para imponer pasos de transformación.
No obstante, él era
muy ingenuo desde el punto de vista político. No tenía experiencia
política y tenía un corazón tan grande que creía en la bondad de la gente
y en la posibilidad de poder unir a todo el mundo, desde el Partido
Comunista hasta la Democracia Cristiana y hasta los sindicatos, para un
fin común. El trabajo le permitió descubrir que la realidad era más
compleja y que algunas de las fuerzas políticas eran muy ambiguas. Me
parece que eso explica un poco sus últimos escritos sobre la situación
colombiana y sus últimos pasos desde un punto de vista político.
En ese momento yo le
propuse que regresara a Lovaina para hacer su doctorado y para que tomara
cierta distancia que le ayudara a reflexionar y reconstruir después otra
propuesta. Camilo siempre rechazó esta idea porque consideraba que salir
del país significaría abandonar al pueblo, a la gente que confiaba en él.
Por ello, él no vio otra solución distinta a la lucha armada, que en ese
tiempo era una opción creíble. Sin embargo, como sabemos, a pesar de su
generosa entrega, fracasó en su intento.
NG: Después de este fracasado intento,
¿cómo aprecia la viabilidad de la lucha armada hoy en América Latina?
FH: Yo no creo que en la coyuntura
actual, la lucha armada pueda ser la solución. Por varias razones. El
adversario tiene hoy muchas más fuerzas y más sofisticadas que hace unos
años, pero especialmente por el peligro de enfocar todo en el aspecto
armado y terminar institucionalizando una lógica militar que es
exactamente la misma del adversario. No excluyo que en ciertas coyunturas
la lucha armada sea legítima. De hecho, yo participé en la resistencia
armada en Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial y nadie jamás podrá
discutir la legitimidad de nuestra lucha. No se puede caer en una acción
puramente pacifista, pero tampoco en un fundamentalismo de la lucha
armada.
Desde esta
perspectiva, no creo que en la situación actual de Colombia la lucha
armada en sí misma pueda representar la solución. La única solución es la
organización del pueblo, poco a poco, y la construcción de fuerzas
sociales. Y finalmente, porque el aspecto armado vela el carácter
fundamental de la lucha social en cualquier tipo de sociedad, que es un
problema de estructura social y Colombia no es la excepción.
NG: Una de las ideas de Camilo era la
de conformar un frente unido. ¿Conserva hoy día alguna vigencia esa
propuesta?
FH: Yo pienso que sí. La globalización
del neoliberalismo golpea a todas las sociedades del mundo y vemos que
cada vez más personas son afectadas por este proceso, lo cual hace posible
que efectivamente se puedan realizar alianzas entre diversos grupos
sociales para tratar de luchar contra el neoliberalismo. Por esa razón,
yo veo muchas convergencias. Pero no a cualquier precio. La meta debe ser
reunir fuerzas que luchan contra el neoliberalismo, contra la dominación
del capital y en la búsqueda de alternativas a este sistema económico,
político, social y cultural. Por ello, me parece absolutamente necesario
crear una convergencia no solamente de partidos políticos, sino
principalmente de fuerzas sociales. Y en este sentido, la idea de un
Frente Unido es realmente valiosa para el momento.
Regresar |