Nueva Gaceta  

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Bogotà, Abril - julio de 2004 -Nº 8   ISSN 01246704


 

Introducción Elemental

a la obra de Pierre Bourdieu

Por Pedro Pablo Rojas Laitón

Libro publicado por Álvaro H. Moreno Durán y José Ernesto Ramírez
Prólogo de Jesús Martín Barbero. Bogotá, 2004

Con el nombre nada pretencioso de Introducción Elemental a la obra de Pierre Bourdieu acaba de aparecer un libro de los profesores Álvaro H. Moreno Durán y José Ernesto Ramírez, jóvenes colombianos empecinados en la tarea de aportar instrumentos de pensamiento con los cuales operar sobre la realidad social de nuestro país.

Álvaro H. Moreno Durán es magíster y doctorando en Modos de vida y políticas sociales de la Universidad de París, ex alumno de Bourdieu en los Seminarios de la Escuela de Altos Estudios, especialista en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Sorbonne Nouvelle, París III, y sociólogo de la Universidad Nacional; actualmente se desempeña como profesor de la Universidad Externado de Colombia y de la Universidad Javeriana.

Por su parte, José Ernesto Ramírez es magíster en Problemas políticos, económicos y relaciones internacionales del Instituto de Altos Estudios para el Desarrollo, con pregrado y maestría en Sociología de la Industria y el Trabajo en la Universidad Nacional de Colombia, investigador y consultor de varias entidades nacionales e internacionales, entre otras la OIT, Colciencias y el IFI, y profesor de la Universidad Externado de Colombia.

Así, los autores, formados en la disciplina del maestro, emprendieron el cometido de extractar la esencia del aparato conceptual de Bourdieu, diseminado en su extensa producción, y la han puesto al alcance de neófitos e iniciados, llámense diletantes, embriones de sociólogos, estudiosos o investigadores en el área de la cultura en general, del arte, de la educación, de la política, de la estética, del derecho, etc.

Pierre Bourdieu (1º de agosto de 1930 - 23 de enero de 2002), considerado un clásico de las ciencias sociales, se constituyó en exponente notable del intelectual crítico de las estructuras de dominación de la sociedad contemporánea y el orden mundial instaurado por el neoliberalismo. De ahí que, no obstante su autoinclusión en la corriente denominada por él mismo “constructivismo estructuralista”, su prurito de distanciamiento frente al marxismo y su insistente renuencia a la militancia partidaria, adoptó una actitud política de compromiso con causas contemporáneas colectivas de contenido democrático como la lucha de los trabajadores, los estudiantes, los escritores, los gays, los inmigrantes y las mujeres, denunció al neoliberalismo como “la utopía de una explotación sin límites”, y rubricó esta postura teórica con su participación en las movilizaciones masivas y en los llamamientos y desempeños concretos por la organización y la resistencia a la globalización imperialista.

A Bourdieu se deben categorías sociológicas tales como “espacio social”, “campo”, “capital”, “hábitus”, “legitimidad”, estrategias”, “capital simbólico” o “trayectoria social”, entre otras, de inocultable estirpe weberiana, durkheimiana y hasta marxista, en su mayoría desconocidas o poco trajinadas en la academia y en el análisis político colombianos y apenas hoy en trance de apropiación, pues, como dice al comienzo del prólogo el profesor Jesús Martín Barbero, su obra en Colombia es “la de un autor más reverenciado que leído, más citado que llevado a la práctica de la investigación”.

Precisamente en la contribución a esa labor de divulgación y de apropiación, ojalá crítica, se inscribe esta Introducción Elemental. En ella encontramos, entonces, de manera didáctica, la aproximación al corazón del pensamiento de Bourdieu y la motivación para abordar el conocimiento de sus textos.

El libro contiene, en la primera parte, una reseña biográfica de Bourdieu, las fuentes de su pensamiento y las categorías esenciales de su construcción teórica; en la segunda parte, llamada “Perspectivas de la sociología de Pierre Bourdieu en la realidad colombiana”, unas muestras de aplicación de las categorías bourdieusianas al terreno concreto de la política, la cultura, el consumo cultural, la estructura social y la práctica académica en nuestro país; y en la tercera parte –más de 80 páginas-, una amplia bibliografía organizada cronológicamente y por tipo de publicación (libros, artículos, entrevistas y trabajos académicos) que cubre desde 1958 hasta nuestros días.

Iniciados en el abordaje de los presupuestos teóricos de Pierre Bourdieu, de antemano agradecemos a los autores que continúen la divulgación de la obra del brillante intelectual francés acompañándola del escrutinio científico de sus aportes, contribuyendo a afinar el arsenal teórico que nos permita ampliar el conocimiento de nuestra realidad social y a encaminar, en concordancia, la acción de los sujetos sociales.

Esta tarea se desprende como legado de quien denunció la pretensión del neoliberalismo de “rehacer el mundo haciendo tabla rasa de conquistas sociales y económicas, producto de cien años de luchas sociales, actualmente presentadas como otros tantos arcaísmos y obstáculos al nuevo orden naciente”, y que para ello se vale, entre otras cosas, de la violencia simbólica, encarnada en una “nueva vulgata planetaria” usada por “empresarios, altos funcionarios internacionales, intelectuales mediáticos y periodistas de alto vuelo” que entronizaron vocablos como “mundialización” y “flexibilidad”, “gobernabilidad” y “empleabilidad”; “underclass” y “exclusión”; “nueva economía” y “tolerancia cero”; “comunitarismo”, “multiculturalismo” y sus primos “posmodernos”…; “extraña neolengua” de la cual “están notoriamente ausentes términos como capitalismo, clase, explotación, dominación y desigualdad, perentoriamente anulados bajo pretexto de obsolescencia o de presunta impertinencia”… Legado de quien también llamó la atención a “investigadores, escritores, artistas y militantes de izquierda considerados progresistas por reproducir ese neolenguaje, haciendo sus efectos más potentes y perniciosos” y reforzando, así, la sumisión al imperialismo cultural.

 

Años Interesantes Una vida en el siglo

Eric Hobsbawm

 

Según Perry Anderson, “las cualidades de este libro son tales que es casi imposible leerlo sin relacionarlo enseguida con su obra de historiador. Nos encontramos con una especie de quinto volumen (los otro cuatro son sus ‘Eras´), escrito en un registro más personal, de un proyecto continuo que podría llamarse simplemente ‘la era EJEH´”

En efecto, en esta autobiografía, Eric John Ernest Hobsbawm nos lleva de la mano por entre paisajes y acontecimientos de que fue testigo, desde su Alejandría natal hasta el Londres donde termina su escritura, “tumbado en una cama de hospital”, en 2002, y desde los presagios trágicos de la atmósfera de entreguerras en Viena (1919 -1931) y Berlín (1931-1933), hasta las ominosas nubes negras que se cernían ya sobre los pueblos en la víspera del ataque de Bush a Irak dentro de la cruzada de terror imperial iniciada a raíz del ataque a las torres gemelas del World Trade Center y al Pentágono, el 11 de septiembre de 2001, pasando por el ascenso del fascismo, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, la “desestalinización”, el derrumbe de la Unión Soviética, el ascenso del imperio mundial estadounidense (“cuyas posibilidades a largo plazo son escasas”) y los avatares de la lucha de liberación de las naciones del Tercer Mundo.

Sin duda el título de su autobiografía, Años Interesantes, una vida en el siglo XX, hace honor al desarrollo de su rica existencia y al desenvolvimiento de la pasada centuria, supremamente “interesantes” tanto la una como el otro, sobre todo para alguien que nunca se ha cansado de confesar su pasión política (“uno de los demonios del siglo XX”, como le hizo decir Antonio Polito en Entrevista al siglo XXI) y su pasión por la historia.

La pasión política lo llevó a hacerse comunista a los quince años, al ingresar en 1932 a la juventud comunista de Berlín, y a militar en el Partido Comunista británico desde los diecinueve años (1936) hasta la disolución de ese partido (1991), manteniendo su fidelidad al marxismo y a la causa de la emancipación hasta los días que corren. La pasión por la historia lo llevó a dedicarle la totalidad de su existencia productiva a plasmar, en cerca de una veintena de libros, los hallazgos de sus investigaciones acerca de los tres últimos siglos del desenvolvimiento humano, con énfasis en el siglo XX. Es por esto que, con seguridad y a la vez con humildad, confiesa en el prólogo:

            Probablemente mi nombre aparecerá en la historia de un par de materias en concreto, como por ejemplo el marxismo y la historiografía del siglo XX, y quizá surja en algunos libros sobre la cultura intelectual británica del siglo XX. Aparte de esto, si por lo que fuese, mi nombre desapareciera completamente de la vista…no se produciría ninguna laguna en el relato de lo sucedido en la historia del siglo XX, ni en Gran Bretaña ni en ninguna otra parte.

            ... Creo que el presente volumen contiene las respuestas a las preguntas que con mayor frecuencia me han planteado los periodistas y otras personas interesadas en el caso, en cierto sentido insólito, de un comunista de toda la vida, eso sí, anómalo, y en “Hobsbawm, el historiador marxista”, aunque dar esas respuestas no haya sido mi objetivo.

            ...Mi vida se ha desarrollado prácticamente a lo largo del siglo más extraordinario y terrible a la vez de toda la historia. He vivido en varios países y he sido testigo de algunos acontecimientos ocurridos en muchos otros lugares de los tres continentes. Quizás en el curso de esta larga vida yo no haya dejado una huella tangible, aunque sí he dejado un número considerable de huellas impresas en papel, pero desde que a los dieciséis años fui consciente de ser un historiador, he pasado la mayor parte de mi existencia observando y escuchando, y he intentado comprender la historia de mi propia época.

Ya en Entrevista sobre el siglo XXI, al ser preguntado sobre “quién le enseñó a amar el oficio de historiador”, había dicho: “Leer a Karl Marx es lo que, por encima de cualquier otra cosa, despertó mi atracción por la historia. Es decir, Marx me hizo ver que la historia es una herramienta sin la cual no podemos comprender nada de lo que sucede en el mundo.”

El libro está distribuido en 23 capítulos: el primero es la introducción; del 2 al 16 recorren, cronológicamente, los hechos personales y políticos desde comienzos de los años veintes hasta inicios de los noventas; los capítulos 17 y 18 tocan su carrera de historiador; del 19 al 22 están dedicados a las relaciones con las diversas regiones y países del mundo; y en el 23, una Coda, reflexiona sobre la perspectiva dada por la edad al oficio de historiador, los intempestivos cambios geopolíticos y sociales de que fue testigo y su percepción del horizonte del naciente siglo, concluyendo con la reiteración de su confianza en los esfuerzos emancipatorios.

En el capítulo 21, sobre el Tercer Mundo, tiene una larga referencia acerca de su solidaridad y de su trabajo investigativo sobre Colombia, país que visita por primera vez en 1963. En ella dice:

            Colombia era y continúa siendo la prueba de que la reforma gradual del marco de la democracia liberal no es la única alternativa, ni siquiera la más plausible, a las revoluciones sociales y políticas, incluso a aquellas que fracasan o son abortadas. Descubrí un país en el que la evitación de una revolución social había hecho de la violencia el meollo constante, universal y omnipresente de la vida pública.

Años Interesantes es el autorretrato de una vida en muchos aspectos ejemplar para las actuales generaciones porque las invita a que, aún arreciando la tempestad, resistan indeclinables, defendiendo las posiciones de compromiso con la transformación radical de la sociedad. Hobsbawm nos muestra cómo, con tozudez contendió, desde la orilla del marxismo, en el terreno historiográfico, en el de la política y dentro de la propia corriente ideológica y partidaria en la cual ha militado.

Fue así como, superando presiones atávicas como las emanados de su ascendencia judía, llegó –en contraste con su “amigo Isaiah Berlin, con su compromiso visceral con una identidad judía no negociable”- a la convicción de no tener “ninguna obligación de observar las prácticas de una religión ancestral y mucho menos de servir a la pequeña nación-Estado, militarista, culturalmente decepcionante y políticamente agresiva, que pide mi solidaridad por una cuestión racial”.

Fue así como, en medio de tantos avatares como ofreció el siglo XX, ligó su actividad intelectual y su militancia política a las reivindicaciones coyunturales de las clases populares y a la causa revolucionaria de la liberación nacional y del socialismo. Así cuenta uno de sus recuerdos en el marco de su activismo juvenil (dieciséis años):

            Después del sexo, la actividad que combina una experiencia corporal y una emoción intensa en grado máximo es la participación en una manifestación de masas en un momento de gran exaltación ciudadana. A diferencia del sexo, que es esencialmente individual, aquella es colectiva por naturaleza y, a diferencia del orgasmo, al menos para los hombres, puede prolongarse durante horas. Por otro lado implica, como el sexo, cierta actividad física –marchar, gritar consignas, cantar- a través de la cual la fusión del individuo con las masas, que es la esencia de la experiencia colectiva, encuentra su expresión. ..Sólo me acuerdo de las infinitas horas de marcha, o mejor dicho de cómo andábamos, despacio, y nos deteníamos y esperábamos, una y mil veces,… Cantábamos –todavía conservo el maltrecho opúsculo con las letras de las canciones y una señal junto a mis favoritas– la Internacional, la canción del guerra del campesino…

Fue así como, al calor de su trabajo de historiador, tomó partido a favor de un ámbito de la historia más ampliado o democratizado, así como mucho más elaborado metodológicamente, “contra el ‘positivismo´ de creer que si se toman los ‘hechos´ correctamente, las conclusiones saldrán por sí solas…, contra la tendenciosidad tradicional de los historiadores convencionales a favor de los reyes, los ministros, las batallas y los tratados, esto es, a favor de todos aquellos que tomaban las decisiones de alto nivel en las esferas militar y política (…) y contra la moda del ‘posmodernismo´ …” Y, a manera de conclusión alerta a los historiadores: “La historia está siendo revisada o inventada hoy más que nunca por personas que no desean conocer el verdadero pasado, sino solo aquel que se acomoda a sus objetivos. La actual es la gran era de la mitología histórica. La defensa de la historia por sus profesionales es en la actualidad más urgente en la política que nunca.”

Y, también fue así como, en medio del fragor de tantos debates dentro de la izquierda y dentro de su propio partido, ha mantenido y refrendado incansablemente su filiación marxista y su militancia partidaria. Recordemos lo dicho de manera más corta en Entrevista sobre el siglo XXI:

            ¿Qué si me arrepiento? No. De ninguna manera. Sé muy bien que la causa que abracé no ha prosperado…Pero por otra parte, si los hombres no alimentan un ideal de un mundo mejor, pierden algo. Si el único ideal de los hombres fuera perseguir la felicidad personal a través de los bienes materiales, la esperanza humana se degradaría.

            ...El comunismo es parte de la tradición de la civilización moderna, que se remonta a la Ilustración, a la Revolución norteamericana y a la francesa. No me puedo arrepentir de formar parte de ella.

En los últimos renglones de su autobiografía, desde la cima de sus 87 años (nació en 1917) y apenas traspasado el umbral del siglo XXI, Eric Hobsbawm insiste en la necesidad del compromiso histórico social: “Pero no abandonemos las armas, ni siquiera en los momentos más difíciles. La injusticia social debe seguir siendo denunciada y combatida. El mundo no mejorará por sí solo”.

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