Nueva Gaceta  

Regresar al inicio


 

Bogotá, Abril - julio de 2004 -Nº 8   ISSN 01246704


De la música nacional

Vicisitudes del bambuco

Por Germán Patiño

El bambuco autóctono, el bambuco tradicional colombiano es una especie casi extinta. Este género musical, originado en la Nueva Granada y conformado con base en los llamados conjuntos de chirimía1, adquirió su forma definitiva en el siglo XVIII y se difundió por diferentes regiones del país en la primera mitad del siglo XIX. Como sucedió con la música tradicional colombiana –con la notable excepción de los Llanos Orientales– no estuvo asociado a instrumentos de cuerda, sino que su timbre característico se lo otorgó la combinación de instrumentos de viento, tambores y voces. Desde principios del siglo XVII existe documentación de archivo que muestra esta relación.

El bambuco era música de plaza, de fiesta callejera o de recintos amplios. Incluso se lo utilizó en bandas militares para acompañar a las huestes guerreras. No tenía un carácter intimista y estaba asociado a las actividades del pueblo que lo produjo. En su formación y desarrollo nada tuvieron que ver las élites neogranadinas, en principio, o las élites colombianas, después. “Tesoro de pobres es”, dijo de él Rafael Pombo.

Hoy es casi imposible escucharlo. Para ello será necesario viajar a las cabeceras del río Napi, en el sur del departamento del Cauca, con ocasión de las fiestas patronales en los poblados de Calle Larga y San Agustín. Allí se podrá contemplar a la “Chirimía del río Napi”, una agrupación que parece salida de las páginas de la novela “María”, integrada por flautas hechas con tubos de PVC, tambores de uno y dos parches, idiófonos tipo maraca, triángulo de hierro y voces. Tocan el bambuco autóctono, el torbellino, el bunde, la rumba criolla y otras variantes de la música tradicional colombiana. También debe viajarse al Chocó, para escuchar las chirimías del delta del San Juan, en Nóvita, Itsmina y Condoto, integradas por uno o dos clarinetes, bombardino, redoblante y tambora, platillos y, en ocasiones, voces. Tocarán pasillos, aguabajos, abozaos, polkas, mazurkas, contradanzas y otros géneros tradicionales. También en los pueblos de indios de los altiplanos caucano y nariñense, se oirán chirimías con quenas, zampoñas, charango, tambores de dos parches, idiófonos y voces. Tocarán “La Guaneña” y otros bambucos fiesteros. Y, si todavía existe la chirimía de Girardota, allí será uno de los pocos sitios del país que no quede en la región del antiguo Gran Cauca –Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño–, donde puedan escucharse las notas del bambuco tradicional y otros géneros a él asociados.

Una variante del bambuco autóctono se produjo durante la Colonia en la región costera de Tumaco y Barbacoas, cuando se reemplazó a los instrumentos de viento por la marimba de chonta con resonadores de guadua, tal vez por influencia de las poblaciones ecuatorianas de San Lorenzo y Esmeraldas. Se configuró el llamado conjunto de marimba, alma de la vida musical de los pueblos negros del Pacífico Sur colombiano, que interpretaron el bambuco, el torbellino, el bunde, la juga y otros aires, cada vez que organizaban un currulao. Para evitar confusiones es necesario comprender que la voz currulao, al igual que las expresiones fandango y bunde, fueron comunes en diferentes regiones de la Nueva Granada para designar a la reunión festiva, no a un género musical, como sucedió también en Cuba con la expresión rumba, o en Brasil con la palabra pagode. Por el hecho de que el bambuco fue el aire más interpretado en los currulaos, terminó asimilándose una expresión a la otra, y hoy –salvo sutiles diferencias– entendemos por currulao lo que en el pasado se denominaba bambuco2.

Debido al auge de la variante no tradicional del bambuco, desarrollada principalmente por Pedro Morales Pino –aunque éste dedicó la mayor parte de sus esfuerzos al pasillo– y Jorge Añez a finales del siglo XIX, los músicos del Pacífico denominaron como bambuco viejo al suyo, diferenciándolo, y dando a entender que se trata de una música que precedió al bambuco andino de cuerdas. Aún lo denominan así, y lo distinguen del currulao –ya como género musical– por ligeras pero significativas variantes en la interpretación de la marimba. Para el oído no experto bambuco viejo y currulao vienen a ser lo mismo.

En términos generales la música autóctona posee las siguientes características:

  1. Los músicos no viven separados de su audiencia; no hay diferencia entre el intérprete y el espectador;

  2. Los músicos no son profesionales de la música; desempeñan otros oficios al lado de sus comunidades;

  3.  No existe la separación entre el compositor y el intérprete;

  4. La música tiene una finalidad asociada a eventos comunitarios: velorios, fiestas patronales, matrimonios, celebración de buenas cosechas, acompañamiento de trabajo, ceremonial religioso, etc.;

  5. Es un vehículo para el intercambio de relaciones sociales;

  6. 6Tiene carácter colectivo;

  7. Su interpretación es empírica;

  8. Su transmisión es oral, no escrita; y,

  9. Posee un margen para la improvisación, dentro de marcos impuestos por la tradición.

A lo anterior debe agregarse que no es “limpia” en su formato instrumental. Aunque existe un patrón organológico, este se adapta a las posibilidades existentes. Así, aunque llamemos conjunto de chirimía a un tipo de formato, en realidad no usan siempre la chirimía como instrumento (de hecho ya no se usa), sino que la reemplazan por otros instrumentos de viento, casi siempre los que estén más a su alcance. Tampoco es “limpia” en el sentido de que no utiliza familias de instrumentos sino que arman secciones mixtas, bien de percusión, bien de vientos. Incluso prescinden de una sección completa si no hay quien interprete o si no tienen la posibilidad de acceder a determinado tipo de instrumentos (por ejemplo en conjuntos de marimba, sin marimba, donde solo la percusión y las voces interpretan los mismos géneros musicales; o en los grupos de bullerengue, que resultan de la eliminación de los vientos propios del conjunto de gaitas, que son la forma que adopta el grupo de chirimía en la Costa Atlántica, etc.). Los formatos instrumentales rígidos son asunto de folclorólogos, que pueden tener un sentido didáctico pero que poco tienen que ver con la realidad. La verdad es que la música tradicional nada sabe de cánones y en ello estriba, precisamente, su riqueza y perfección. Bela Bártok, en sus Escritos sobre música popular, lo resumió diciendo que ¨la música campesina en sentido estricto no es, en el fondo, otra cosa que el producto de una elaboración cumplida por un instinto que actúa inconscientemente en los individuos no influidos por la cultura ciudadana. Por ello estas melodías alcanzan la más alta perfección artística, porque son verdaderos ejemplos de la posibilidad de expresar una idea musical con la mayor perfección, en la forma más sintética y por los medios más modernos ¨ (aquí moderno se refiere a la libertad en la combinación de elementos musicales).

Durante el siglo XIX el bambuco sufrió dos variaciones importantes, que a veces se nos presentan como similares, pero que se diferenciaban en un aspecto central: mientras la una continuaba siendo música tradicional, la otra se realizó con el propósito de trascender a la sala de concierto adoptando patrones europeos modernos3. La primera se la debemos a músicos campesinos del altiplano cundiboyacense y del Valle del Patía, y la segunda a diversas personalidades entre las que se destacan Manuel M. Párraga y Pedro Morales Pino. En ambos casos se trató de la sustitución de los instrumentos de viento por instrumentos de cuerda, aunque la versión tradicional continuó, durante buen tiempo en la región andina, haciendo uso de tambores e idiófonos. En el Valle del Patía este bambuco subsiste hoy combinando cuerdas con percusión. Se asemejaban, también, en la importancia que se le dio al tiple en la sección de cuerdas, aunque en el Patía el violín se sumó con relevancia. Pero en la región andina la forma tradicional del bambuco de cuerdas se vio avasallada por la acogida y la difusión que la élite criolla le otorgó al bambuco no tradicional, escrito, transmitido académicamente y pensado para la sala de concierto. Aún así, el espíritu tradicional subsistió durante el siglo XX en cierto tipo de dúos que, aunque ya muy alejados del bambuco autóctono, estaban más cerca de la vida popular que de los salones aristocráticos. Grupos como Garzón y Collazos, y Ríos y Macías son prueba de ello. En la actualidad superviven como dúos y tríos de serenateros, repitiendo sin desmayo las mismas canciones, una y otra vez.

El bambuco no tradicional de Párraga, Morales Pino y Añez fue la respuesta estética de las clases altas colombianas en materia de música nacional. Como sucedió en los diferentes campos artísticos se quiso presentar al mundo cultural una cara europea, negando la tradición y, en especial, los aportes pluriétnicos que le son propios. Por eso se eliminaron los vientos, que sonaban demasiado a fanfarria medioeval española, los tambores, desde luego, pues según cita Carlos Miñana “no está bien el ruido de la tambora en un salón” y, sobre todo, el canto responsorial que revelaba las raíces de africanía del bambuco. Los rostros del negro y del indio no debían ser visibles. Así fue, además, en todos los campos. Un agudo observador de la vida republicana en la década de 1850, el norteamericano Isaac Holton, lo notó incluso en el vestuario. Al encontrarse en Choachí con un grupo de bogotanos de la élite, observó: “...parece inverosímil que todos los seis personajes, vestidos con ropa exclusivamente importada, se hayan encontrado el mismo día en Choachí. Es tanto el cuidado que han puesto para eliminar cualquier detalle autóctono en el vestido, que no es difícil pensar que también los importaron a ellos empacados en aserrín.”. Marta Traba, a su vez, evaluando lo sucedido en las artes plásticas, había anotado que “Nada menos autosuficiente, en cambio, que la burguesía colombiana de fin de siglo [XIX], trepadora y vacilante, repartida entre chismes presidenciales de la legitimidad o no de Soledad Román y el afán de aparentar un falso internacionalismo apoyado en el viaje a Europa... En Europa los artistas, manoseados por la burguesía que afianza su poder, se convierten en elementos de subversión. En Colombia la burguesía sigue el mismo camino de su modelo europeo, acepta solo a los artistas que desertan de su obligación de ‘ilustradores’ para pasar a la categoría de aduladores... El caso colombiano de fin de siglo plantea, desde el momento en que los artistas abandonan el papel de ilustradores para ceñirse al de académicos, el grave problema de la falta de autenticidad”.

En realidad la variante semi-culta del bambuco es relativamente tardía. Se configuró a finales del siglo XIX y tuvo a su favor el ya mencionado apoyo de las clases altas con su gusto de máscara francesa –o italiana en el caso de la música- y, además, una circunstancia decisiva: el surgimiento de los medios de reproducción fonográficos, lo que le permitió una difusión sin precedentes. A ello debe sumársele una labor intelectual, realizada por personajes interesados en mitificar los aportes de las élites colombianas del siglo XIX, la mayoría de ellos miembros de las diversas Academias, dedicados a una especie de historia oficial cuyo propósito pareciera ser el de negar las raíces mestizas y populares de nuestra nacionalidad. Así, por razones ideológicas, se le otorgó al bambuco andino no tradicional el status de música nacional e incluso, quien lo creyera, se “probó” que este era el bambuco autóctono que el pueblo había creado, además alrededor del tiple, desde ¡comienzos del siglo XVII!

No se trata de valorar calidades musicales. Aunque sean músicas que expresan valores diferentes, existen bambucos no tradicionales tan bellos como los que hay en la música autóctona. De lo que se trata es de comprender el proceso que ha llevado a conformar un complejo de cultura musical colombiana alrededor del bambuco. Se podría decir, si no se adopta una perspectiva ideologizante, que allí caben el bambuco autóctono de las chirimías; el bambuco viejo de los conjuntos de marimba; el currulao en sus variantes de pango, corona y caramba, lo mismo que la juga, el torbellino y el rajaleña (aquí debe incluirse al Tolima Grande); el aguabajo y el abozao de la cultura musical chocoana; el bambuco negro del Patía; las supervivencias del bambuco tradicional de cuerdas; y, también las versiones semi-cultas, no autóctonas, del bambuco andino de cuerdas. Así tendremos una imagen más completa y más enriquecedora de nuestra propia identidad cultural.

Rafael Pombo no solo escribió que el bambuco era música de pobres. A ello agregó “y ay, nadie se los quita”. El propósito de estas notas es que, de veras, nadie se los quite4.

          Notas

  1. La chirimía es un instrumento de viento, de origen árabe, que se difundió en Europa a partir de la dominación islámica en la Península Ibérica. Los conquistadores españoles la trajeron a la Nueva Granada desde el siglo XVI y fue instrumento predilecto tanto en la Iglesia como en calles y plazas. La expresión chirimía adquirió un carácter polisémico, pues alude al instrumento, a un tipo de conjunto que ya no lo utiliza y también a determinado tipo de música. Para mayor información sobre su importancia en la conformación de la música tradicional colombiana, ver Patiño, Germán, “Vientos y tambores, Anaconda N° 2, Bogotá, agosto del 2003.

  2. Currulao es también voz polisémica. Aparte de significar reunión festiva y género musical, también se la utiliza para designar uno de los tambores que integran los grupos de tambora en la costa Atlántica colombiana. Aunque requiere mayor discusión, parece voz hispánica, procedente de corraleo, derivación a su vez de corral (reunión de gente alrededor de músicos, cómicos y saltimbanquis en la Edad Media), con raíz latina en la expresión currus. Para su uso designando un tipo de tambor, ver Carbó R., Guillermo en “Tambora, baile cantado en Colombia”, www. tambora.music.com

  3. Egberto Bermúdez sugiere que ni siquiera debe denominarse como bambuco, al señalar que ¨no se trató de poner en notación musical un tipo de música tradicional ¨ y que “el bambuco de que se habla es una creación urbana que poco tenía que ver con antecedentes tradicionales”, en “Material de primera mano”, Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República, vol. 28, No. 27, pp. 75-76, Bogotá 1991.

  4. El origen negro y popular del bambuco está hoy probado sin que exista mayor controversia, aunque la confusión que causó Jorge Añez con su libro Canciones y recuerdos ha influido incluso entre profesores de musicología (ver, por ejemplo, Portes, Heliana, “La génesis del bambuco”, Revista de la Universidad del Valle, no. 14, Cali agosto de 1996 ). Para mayor información sobre esta discusión: Miñana, Carlos, “Los caminos del bambuco”, A Contratiempo, No 9, Bogotá 1997 y Ochoa, Ana María, “Tradición, género y nación en el bambuco”, ibidem. También, con más detalle, Patiño, Germán, “Raíces de africanía en el bambuco”, Pacífico Sur, Universidad del Valle, Cali 2004.

Regresar