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Eddie Palmieri
el rumbero del piano, magistral
y perfecto
Ricardo Barrios Orozco
Cuando el amor, la preparación y la habilidad se
encuentren trabajando juntos,
el resultado
esperado es una obra maestra.
Eddie Palmieri
Una obra artística transcurre y trae consigo efectos socioculturales
cuando, con el correr del tiempo, se forman las bases de la filosofía y el
pensamiento de su autor. De esta manera el artista –en este caso el
músico– permanece perenne en la memoria del público, esto de acuerdo con
su aporte y con las implicaciones que le imprima a su producción, en pro
de la expresión a la que ha entregado y dedicado su vida y su categoría.
Es aquí donde existe una interesante comunicación, por cuanto la obra
trasciende y traspasa los límites de la emotividad, y estimula la fibra
sensible de su seguidor musical. Este es el caso de Eduardo
Palmieri.
Palmieri, líder y director de
orquesta, arreglista, compositor, pianista y productor, vigoroso, vibrante
y vital, quien durante más de cuatro décadas ha puesto a gozar, bailar y
pensar a varias generaciones, nació en Nueva York en 1936, y a los 14 años
ya se vislumbraba lo que traía entre dedos y manos el dinámico Eddie
Palmieri, como lo bautizó el gran Frank Grillo, pues a esa edad organizó
su primera orquesta.
La Perfecta llegó
Palmieri pertenece a la generación de
músicos y artistas latinos que nacieron en Nueva York, generación que ha
sido el soporte y el puente de la música que se realizó antes de los
sesenta y después del decenio de los setenta. Su hermano Charlie Palmieri
y Johnny Pacheco fueron reconocidos como los precursores y colosos del
nuevo sonido de la música latina conocida como la salsa.
La proyección de Eddie se dio desde
Nueva York, por excelencia ciudad generadora y receptora de tendencias y
corrientes musicales afrolatinas, afrocaribes y afrojazz que ha
influenciado todas las músicas que hoy por hoy invaden los centros
culturales, de baile y de diversión en el mundo entero.
En los años cincuenta, en los
espacios urbanos latinos de Nueva York, era muy normal encontrar la
continua formación de agrupaciones musicales. En esta época se
organizaron, entre otros, Machito y sus afrocubanos, con Mario Bauza a la
cabeza, e igualmente las orquestas de Tito Rodríguez y Tito Puente,
quienes agitaron a los bailadores del momento en el “Palladium”, salón de
baile, la meca de la rumba. Además, surgieron grupos como el de Vicentico
Valdés, famoso cantante de temas románticos como “Tus Ojos”, “Lo Añoro” y
“Una Aventura”, entre otros. A ese colectivo musical se incorporó Eddie
Palmieri, aunque su plataforma musical sería la orquesta de Tito
Rodríguez.
Después de su etapa de aprendizaje,
organizó el conjunto que luego paso a ser orquesta, llamado “La Perfecta”,
y que lo acompañaría por más de ocho años. Un concepto amplio en el
tratamiento musical y textual de la música latina del momento, sustentada
en los géneros afrocubanos, incluido el bolero, el mambo, la posterior
pachanga y la bomba afrorriqueña. Su base musical la montó desde los
trombones y en la interesante ensamblada percusión, dentro de un estilo
que incorpora lo tradicional de manera magistral.
De este período de transición, con la
voz cantante y líder de Ismael Quintana, y con un contenido de letras
social y amoroso, son los ejemplos contundentes de “Ajiaco Caliente”,
“Café”, “Bomba del Corazón”, “Justicia”, “Así es la humanidad” y “Mi
corazón te llama” que son piezas imprescindibles entre los coleccionistas.
Oye lo que te conviene
Sus dos primeros aportes en materia
auditiva los compartió con Manny Oquendo, músico latino, quien le facilitó
material en discos de 78 rpm. del arte sonoro cubano de Benny Moré,
Orquesta Aragón, Arsenio Rodríguez, Orquesta Riverside, Conjunto Casino y
Félix Chapottín. Todo este pentagrama cubanísimo le permitió ampliar el
panorama y hacerse a una audición clara y estricta de los patrones
rítmicos, armónicos y melódicos, que con el correr del tiempo se
afianzaron en su mente. Además, la influencia pianística tradicional la
asumió escuchando los acordes de los montunos y los mambos del cubano Luis
“Lili” Martínez Griñan. De esta manera comenzó a ensayar lo que más le
convenía, lo cual dio como resultado su estilo artístico.
Realizó largas jornadas de
enriquecedoras audiciones escuchando el jazz moderno de gran influencia
como el de los pianistas Bud Powel y McCoy Tyner, del cuarteto de Jonh
Coltrane, Cecil Taylor, Cal Tjader. Todos ellos contribuyeron con su
lenguaje musical a la fuerza, densidad y acento en la inspiración, y a la
implacable intensidad del piano. Igualmente, los clásicos modernos
Shellinger, Bártok y Debussy generaron en él un ímpetu sonoro y de gran
emoción musical, el cual abarcó, con el correr de los años, la vanguardia
que lo caracterizó desde principios de los setenta.
Colombia te canto
El título de la producción “El sol de
la música latina”, que incluye temas como “Un día bonito” “Nada de ti” y
“Mi cumbia”, es fabuloso. En cuanto a la cumbia moderna, es el primer
saludo musical que Eddie Palmieri realizó a Colombia; en ella hace
referencia a Ibagué, ciudad musical por excelencia, y a Barranquilla
centro musical y cadencioso del país. Este primer mensaje fue grabado en
1974, cuando tuvo conocimiento pleno del aprecio que en Colombia se tenía
por su música, además, por el contacto que realizó con artistas
colombianos de la talla de Eddie Martínez, Justo Almario, Joe Madrid y
Francisco Zumaqué. Tres años después fue invitado por algunos empresarios,
músicos y propietarios de night club y discotecas de salsa del país. Los
recorrió de norte a sur, visitando ciudad por ciudad. Conoció el ambiente
que se vivía con la salsa y, con la memoria fresca, se inspiró y escribió
el tema “Colombia te canto”, una amalgama extraordinaria de ritmo y
melodía, con preludio de danzón y rumba pianística exquisita. En ese
número menciona a Bogotá, Medellín, Cartagena y a los lugares y sitios más
alegres de la rumba y la salsa brava de Cali.
A la vanguardia musical afrolatina
Las tempestades de la existencia
están marcadas en la obra palmeriana. De ahí que su ego y la condición
social y económica de los pueblos latinos, a partir de la capital del
mundo, hayan sido inquietud permanente en su memoria y en su sentir; por
ello no tardó en avanzar y articular con fogosidad todo el producto de su
ser.
Su conocimiento del entorno le ha
permitido analizar y comprender las cosas de la vida, como hombre
trascendental y dinámico. Lo superficial no lo acoge, no así lo sencillo,
puesto que su vocación es servir perfectamente al arte y a quienes gustan
de su música. Profundo, directo y sagaz, el conocimiento de ciencias
sociales –que estudio en el Henry George Schooll– y su lucha permanente le
dieron el título de músico-sociólogo, titulo que ganó con las enseñanzas
de Bob Bianca, al que llamó su gurú, por todo lo que le aportó en materia
filosófica, económica y política.
A diferencia de otros artistas,
respalda todo su material con vibración sonora. Su habilidad para fomentar
conciencias libres se torna natural, cuando los mensajes son directos y
sociales; todo lo anterior es materia prima para el avance dinámico que
constantemente elabora, formando un eslabón cadencioso y auténtico.
A él todo le fluye, hay empatía, está
vivo y en movimiento en los diferentes espacios donde se mueve. En temas
como “Muñeca”, “Adoración”, “Páginas de mujer” y “Mi Jeva”–que quiere
decir mujer en el Caribe–, hace reverencia al ser que apasiona; esto lo
logró en un momento clave de su carrera, cuando la alegría y el
sufrimiento formaron parte de la dualidad del sentimiento.
Personalidad instrumental y
acompañamiento
Una característica de Eddie Palmieri
es saberse rodear de buenos músicos con personalidad y temperamento como
instrumentistas, arreglistas y productores. Caso concreto fue lo realizado
con René Hernández, personalidad de la música cubana, y Víctor Paz (ambos
fallecidos), uno de ellos arreglista y el otro trompetista de primer
orden. También lo acompañaron en diferentes etapas, el trombonista Barry
Rogers, cuyo sonido y aporte fue clave en la identificación del estilo
Palmieri; además, el saxofonista Mario Rivera y el trompetista Alfredo
“Chocolate” Armenteros.
De la misma manera, se propuso
siempre, y lo consiguió, acompañarse de una buena percusión. En las
distintas épocas, contó con el valiosísimo aporte instrumental de Manuel
“Manny” Oquendo, Tomás “Tommy” López y Miguel “Mike” Collazo, a quienes se
les recuerda con “La Perfecta”. En los setenta surgieron otros
percusionistas como Nicolás “Nicky” Marrero, Eladio Pérez y el niño
“Chuckie” López. Este trío percutivo al que llamó “Los diablitos” en el
timbal, la conga y el bongó, se recuerda mucho por su juventud y por su
extraordinaria ejecución, que desbordada lo electrizante. Cuando Chucky
López, el hijo de Tommy López, contaba apenas con trece años, su padre lo
estimulo diciéndole: “Tú tienes madera suficiente para acompañar en la
percusión a Eddie”. Y, ante la propuesta y la confianza de su padre, el
“Niño” subió a la tarima, grabó y triunfó con Palmieri.
Luego, los percusionistas Charlie
Santiago, Giovanny Hidalgo y Charlie Cotto, acoplaron su talento y su
categoría con la orquesta de Palmieri; más adelante, Richie Flórez,
Antonio Carrillo y Paoli Mejías, hicieron lo suyo en la producción de
latin jazz, donde el oído y el alma del los amantes de la música,
refrescan sus sentidos y su espíritu gratificante.
Latin jazz
Dos piezas y letras, el tango “El día
que me quieras”, de Carlos Gardel, y el danzón “Ritmo alegre”, de Antonio
Arcaño y Bobby Collazo, ambos arreglos a cargo de René Hernández, fueron
producidos por Bárbaro Records a mediados de los años setenta, pero
solamente fueron dados a conocer hasta principios de los ochenta, como un
aporte a estos temas con un novedoso arreglo musical.
Luego de “La Perfecta” la connotación
en contenido de textos y letras fue más de denuncia e inconformismo,
porque ya había tenido la oportunidad de presentar “Vamonos pa’l monte”,
“La libertad lógico”, “Justicia” y “La calle del juez”.
En Eddie se encuentra la sabrosura
musical afrocubana, siempre presente en los temas de latin jazz o jazz
latino. Se reconoce entonces su importante aporte, supremamente válido en
sus solos del piano, que penetra en los ámbitos de la rumba brava mientras
los vientos anuncian el furor y la campana avisa que hay guaguancó para
rato.
En una ocasión Rubén Blades dijo:
“Estar nominado a un premio Grammy es de por si un estímulo, todos los que
competimos estamos para ganar, puesto que a nadie le gusta perder, sin
embargo, cuando unos ganamos, hay unos muy buenos que pierden”. Hago esta
aseveración porque ha implicado el reconocimiento a la expresión de la
música latina, a través Eddie Palmieri, quien ha ganado los grammys en
varias oportunidades en la categoría latina y en el grammy general.
Palmieri y la gente
El teatro de la Universidad de Puerto
Rico, situado en su capital, San Juan, fue escenario musical de una de las
concentraciones universitarias más recordadas en su vida artística. Hace
treinta años su encuentro con la juventud universitaria generó un primer
contacto de valor y de interacción. Como se sabe, Eddie concentró en su
ser toda la problemática que el latino maneja en su diario vivir: sus
angustias, sus esperanzas, sus sufrimientos y las desigualdades de la raza
latina.
El contexto cultural y social es
rebasado a través de sus interpretaciones libres, espontáneas y emotivas.
Sus números para esa ocasión pertenecen a la colección “Clásica Palmeriana“
porque fue una audición presencial abierta y recordó la gesta que realizó
con el movimiento Young Lords, grupo de muchachos rebeldes afrolatinos,
que buscaron su expresión a través de la salsa.
Otra de las concentraciones musicales
en vivo fue la que protagonizó Eddie Palmieri, conocido también como el
“Duke Ellington de la salsa”, realizada en la cárcel de Sing Sing. Las
canciones y las emociones se compenetraron perfectamente con el espacio y
la participación del escritor y poeta Felipe Luciano, quien se encargó de
animar al público con sus poemas profundos de identidad y de pensamiento
boricua.
Obra maestra en la vida de Palmieri
El decenio de los noventa fue
importante en la realización del mundo palmeriano, con las producciones
“Palmas”, “Arete” y “Volter”, que han sido catalogados como tres logros
discográficos, que ubican al teclista en el lugar que le corresponde.
Don’t stop the train, que en español
significa “Que no paren el tren”, es una analogía del transcurrir de la
vida y sus hechos. Al iniciar la pieza, primero se nota un experimento de
vientos que llevan la voz cantante y luego el piano abre el camino a
recorrer, cambios naturales y un cierre frenético de goce y al final una
coda fabulosa.
No es nuevo que Palmieri realice
latin jazz, pero sí son novedosos la forma como trasciende y el manejo que
le imprime a estas posibilidades musicales, cuando lo presenta sin
cantante, logrando colocar estos temas dentro del mundo musical sabroso.
Porque definitivamente, Eddie nunca abandona la tradición bailable de
nuestra música.
Referencias bibliográficas
Anza, César, Gómez, Gustavo y Rodríguez, Jaime. “Eddie
Palmieri”. Revista 91.9, 1997
.
Barrios Orozco, Ricardo. Conversaciones sobre el lenguaje
musical y el tratamiento de estilo, con el escritor y periodista Juan José
Hoyos, el filósofo Juan Carlos Rodas y el estudiante de comunicaciones
Carlos Mario Amaya. Además, las sugerencias en la elaboración de textos,
de la amiga del autor de este ensayo, escritora y poeta, Adriana Moreno
Martínez
.
González, Eric. “La obra maestra de Eddie Palmieri”.
Entrevista. Marzo de 2002.
Pagano, César. “Los Palmieri, hermanos sonoros”. Magazín
Dominical, El Espectador, septiembre de 1982.
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