Nueva Gaceta  

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Bogotá, Abril - julio de 2004 -Nº 8   ISSN 01246704


Eddie Palmieri

 

el rumbero del piano, magistral
y perfecto

 

Ricardo Barrios Orozco

 

Cuando el amor, la preparación y la habilidad se

     encuentren trabajando juntos, el resultado
esperado es una obra maestra.

Eddie Palmieri

Una obra artística transcurre y trae consigo efectos socioculturales cuando, con el correr del tiempo, se forman las bases de la filosofía y el pensamiento de su autor. De esta manera el artista –en este caso el músico– permanece perenne en la memoria del público, esto de acuerdo con su aporte y con las implicaciones que le imprima a su producción, en pro de la expresión a la que ha entregado y dedicado su vida y su categoría. Es aquí donde existe una interesante comunicación, por cuanto la obra trasciende y traspasa los límites de la emotividad, y estimula la fibra sensible de su seguidor musical. Este es el caso de Eduardo

 Palmieri.

Palmieri, líder y director de orquesta, arreglista, compositor, pianista y productor, vigoroso, vibrante y vital, quien durante más de cuatro décadas ha puesto a gozar, bailar y pensar a varias generaciones, nació en Nueva York en 1936, y a los 14 años ya se vislumbraba lo que traía entre dedos y manos el dinámico Eddie Palmieri, como lo bautizó el gran Frank Grillo, pues a esa edad organizó su primera orquesta.

La Perfecta llegó

Palmieri pertenece a la generación de músicos y artistas latinos que nacieron en Nueva York, generación que ha sido el soporte y el puente de la música que se realizó antes de los sesenta y después del decenio de los setenta. Su hermano Charlie Palmieri y Johnny Pacheco fueron reconocidos como los precursores y colosos del nuevo sonido de la música latina conocida como la salsa.

La proyección de Eddie se dio desde Nueva York, por excelencia ciudad generadora y receptora de tendencias y corrientes musicales afrolatinas, afrocaribes y afrojazz que ha influenciado todas las músicas que hoy por hoy invaden los centros culturales, de baile y de diversión en el mundo entero.

En los años cincuenta, en los espacios urbanos latinos de Nueva York, era muy normal encontrar la continua formación de agrupaciones musicales. En esta época se organizaron, entre otros, Machito y sus afrocubanos, con Mario Bauza a la cabeza, e igualmente las orquestas de Tito Rodríguez y Tito Puente, quienes agitaron a los bailadores del momento en el “Palladium”, salón de baile, la meca de la rumba. Además, surgieron grupos como el de Vicentico Valdés, famoso cantante de temas románticos como “Tus Ojos”, “Lo Añoro” y “Una Aventura”, entre otros. A ese colectivo musical se incorporó Eddie Palmieri, aunque su plataforma musical sería la orquesta de Tito Rodríguez.

Después de su etapa de aprendizaje, organizó el conjunto que luego paso a ser orquesta, llamado “La Perfecta”, y que lo acompañaría por más de ocho años. Un concepto amplio en el tratamiento musical y textual de la música latina del momento, sustentada en los géneros afrocubanos, incluido el bolero, el mambo, la posterior pachanga y la bomba afrorriqueña. Su base musical la montó desde los trombones y en la interesante ensamblada percusión, dentro de un estilo que incorpora lo tradicional de manera magistral.

De este período de transición, con la voz cantante y líder de Ismael Quintana, y con un contenido de letras social y amoroso, son los ejemplos contundentes de “Ajiaco Caliente”, “Café”, “Bomba del Corazón”, “Justicia”, “Así es la humanidad” y “Mi corazón te llama” que son piezas imprescindibles entre los coleccionistas.

Oye lo que te conviene

Sus dos primeros aportes en materia auditiva los compartió con Manny Oquendo, músico latino, quien le facilitó material en discos de 78 rpm. del arte sonoro cubano de Benny Moré, Orquesta Aragón, Arsenio Rodríguez, Orquesta Riverside, Conjunto Casino y Félix Chapottín. Todo este pentagrama cubanísimo le permitió ampliar el panorama y hacerse a una audición clara y estricta de los patrones rítmicos, armónicos y melódicos, que con el correr del tiempo se afianzaron en su mente. Además, la influencia pianística tradicional la asumió escuchando los acordes de los montunos y los mambos del cubano Luis “Lili” Martínez Griñan. De esta manera comenzó a ensayar lo que más le convenía, lo cual dio como resultado su estilo artístico.

Realizó largas jornadas de enriquecedoras audiciones escuchando el jazz moderno de gran influencia como el de los pianistas Bud Powel y McCoy Tyner, del cuarteto de Jonh Coltrane, Cecil Taylor, Cal Tjader. Todos ellos contribuyeron con su lenguaje musical a la fuerza, densidad y acento en la inspiración, y a la implacable intensidad del piano. Igualmente, los clásicos modernos Shellinger, Bártok y Debussy generaron en él un ímpetu sonoro y de gran emoción musical, el cual abarcó, con el correr de los años, la vanguardia que lo caracterizó desde principios de los setenta.

Colombia te canto

El título de la producción “El sol de la música latina”, que incluye temas como “Un día bonito” “Nada de ti” y “Mi cumbia”, es fabuloso. En cuanto a la cumbia moderna, es el primer saludo musical que Eddie Palmieri realizó a Colombia; en ella hace referencia a Ibagué, ciudad musical por excelencia, y a Barranquilla centro musical y cadencioso del país. Este primer mensaje fue grabado en 1974, cuando tuvo conocimiento pleno del aprecio que en Colombia se tenía por su música, además, por el contacto que realizó con artistas colombianos de la talla de Eddie Martínez, Justo Almario, Joe Madrid y Francisco Zumaqué. Tres años después fue invitado por algunos empresarios, músicos y propietarios de night club y discotecas de salsa del país. Los recorrió de norte a sur, visitando ciudad por ciudad. Conoció el ambiente que se vivía con la salsa y, con la memoria fresca, se inspiró y escribió el tema “Colombia te canto”, una amalgama extraordinaria de ritmo y melodía, con preludio de danzón y rumba pianística exquisita. En ese número menciona a Bogotá, Medellín, Cartagena y a los lugares y sitios más alegres de la rumba y la salsa brava de Cali.

A la vanguardia musical afrolatina

Las tempestades de la existencia están marcadas en la obra palmeriana. De ahí que su ego y la condición social y económica de los pueblos latinos, a partir de la capital del mundo, hayan sido inquietud permanente en su memoria y en su sentir; por ello no tardó en avanzar y articular con fogosidad todo el producto de su ser.

Su conocimiento del entorno le ha permitido analizar y comprender las cosas de la vida, como hombre trascendental y dinámico. Lo superficial no lo acoge, no así lo sencillo, puesto que su vocación es servir perfectamente al arte y a quienes gustan de su música. Profundo, directo y sagaz, el conocimiento de ciencias sociales –que estudio en el Henry George Schooll– y su lucha permanente le dieron el título de músico-sociólogo, titulo que ganó con las enseñanzas de Bob Bianca, al que llamó su gurú, por todo lo que le aportó en materia filosófica, económica y política.

A diferencia de otros artistas, respalda todo su material con vibración sonora. Su habilidad para fomentar conciencias libres se torna natural, cuando los mensajes son directos y sociales; todo lo anterior es materia prima para el avance dinámico que constantemente elabora, formando un eslabón cadencioso y auténtico.

A él todo le fluye, hay empatía, está vivo y en movimiento en los diferentes espacios donde se mueve. En temas como “Muñeca”, “Adoración”, “Páginas de mujer” y “Mi Jeva”–que quiere decir mujer en el Caribe–, hace reverencia al ser que apasiona; esto lo logró en un momento clave de su carrera, cuando la alegría y el sufrimiento formaron parte de la dualidad del sentimiento.

Personalidad instrumental y acompañamiento

Una característica de Eddie Palmieri es saberse rodear de buenos músicos con personalidad y temperamento como instrumentistas, arreglistas y productores. Caso concreto fue lo realizado con René Hernández, personalidad de la música cubana, y Víctor Paz (ambos fallecidos), uno de ellos arreglista y el otro trompetista de primer orden. También lo acompañaron en diferentes etapas, el trombonista Barry Rogers, cuyo sonido y aporte fue clave en la identificación del estilo Palmieri; además, el saxofonista Mario Rivera y el trompetista Alfredo “Chocolate” Armenteros.       

De la misma manera, se propuso siempre, y lo consiguió, acompañarse de una buena percusión. En las distintas épocas, contó con el valiosísimo aporte instrumental de Manuel “Manny” Oquendo, Tomás “Tommy” López y Miguel “Mike” Collazo, a quienes se les recuerda con “La Perfecta”. En los setenta surgieron otros percusionistas como Nicolás “Nicky” Marrero, Eladio Pérez y el niño “Chuckie” López. Este trío percutivo al que llamó “Los diablitos” en el timbal, la conga y el bongó, se recuerda mucho por su juventud y por su extraordinaria ejecución, que desbordada lo electrizante. Cuando Chucky López, el hijo de Tommy López, contaba apenas con trece años, su padre lo estimulo diciéndole: “Tú tienes madera suficiente para acompañar en la percusión a Eddie”. Y, ante la propuesta y la confianza de su padre, el “Niño” subió a la tarima, grabó y triunfó con Palmieri.

Luego, los percusionistas Charlie Santiago, Giovanny Hidalgo y Charlie Cotto, acoplaron su talento y su categoría con la orquesta de Palmieri; más adelante, Richie Flórez, Antonio Carrillo y Paoli Mejías, hicieron lo suyo en la producción de latin jazz, donde el oído y el alma del los amantes de la música, refrescan sus sentidos y su espíritu gratificante.

Latin jazz

Dos piezas y letras, el tango “El día que me quieras”, de Carlos Gardel, y el danzón “Ritmo alegre”, de Antonio Arcaño y Bobby Collazo, ambos arreglos a cargo de René Hernández, fueron producidos por Bárbaro Records a mediados de los años setenta, pero solamente fueron dados a conocer hasta principios de los ochenta, como un aporte a estos temas con un novedoso arreglo musical.

Luego de “La Perfecta” la connotación en contenido de textos y letras fue más de denuncia e inconformismo, porque ya había tenido la oportunidad de presentar “Vamonos pa’l monte”, “La libertad lógico”, “Justicia” y “La calle del juez”.

En Eddie se encuentra la sabrosura musical afrocubana, siempre presente en los temas de latin jazz o jazz latino. Se reconoce entonces su importante aporte, supremamente válido en sus solos del piano, que penetra en los ámbitos de la rumba brava mientras los vientos anuncian el furor y la campana avisa que hay guaguancó para rato.

En una ocasión Rubén Blades dijo: “Estar nominado a un premio Grammy es de por si un estímulo, todos los que competimos estamos para ganar, puesto que a nadie le gusta perder, sin embargo, cuando unos ganamos, hay unos muy buenos que pierden”. Hago esta aseveración porque ha implicado el reconocimiento a la expresión de la música latina, a través Eddie Palmieri, quien ha ganado los grammys en varias oportunidades en la categoría latina y en el grammy general.

Palmieri y la gente

El teatro de la Universidad de Puerto Rico, situado en su capital, San Juan, fue escenario musical de una de las concentraciones universitarias más recordadas en su vida artística. Hace treinta años su encuentro con la juventud universitaria generó un primer contacto de valor y de interacción. Como se sabe, Eddie concentró en su ser toda la problemática que el latino maneja en su diario vivir: sus angustias, sus esperanzas, sus sufrimientos y las desigualdades de la raza latina.

El contexto cultural y social es rebasado a través de sus interpretaciones libres, espontáneas y emotivas. Sus números para esa ocasión pertenecen a la colección “Clásica Palmeriana“ porque fue una audición presencial abierta y recordó la gesta que realizó con el movimiento Young Lords, grupo de muchachos rebeldes afrolatinos, que buscaron su expresión a través de la salsa.

Otra de las concentraciones musicales en vivo fue la que protagonizó Eddie Palmieri, conocido también como el “Duke Ellington de la salsa”, realizada en la cárcel de Sing Sing. Las canciones y las emociones se compenetraron perfectamente con el espacio y la participación del escritor y poeta Felipe Luciano, quien se encargó de animar al público con sus poemas profundos de identidad y de pensamiento boricua.

Obra maestra en la vida de Palmieri

El decenio de los noventa fue importante en la realización del mundo palmeriano, con las producciones “Palmas”, “Arete” y “Volter”, que han sido catalogados como tres logros discográficos, que ubican al teclista en el lugar que le corresponde.

Don’t stop the train, que en español significa “Que no paren el tren”, es una analogía del transcurrir de la vida y sus hechos. Al iniciar la pieza, primero se nota un experimento de vientos que llevan la voz cantante y luego el piano abre el camino a recorrer, cambios naturales y un cierre frenético de goce y al final una coda fabulosa.

No es nuevo que Palmieri realice latin jazz, pero sí son novedosos la forma como trasciende y el manejo que le imprime a estas posibilidades musicales, cuando lo presenta sin cantante, logrando colocar estos temas dentro del mundo musical sabroso. Porque definitivamente, Eddie nunca abandona la tradición bailable de nuestra música.

Referencias bibliográficas

 

Anza, César, Gómez, Gustavo y Rodríguez, Jaime. “Eddie Palmieri”. Revista 91.9, 1997

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Barrios Orozco, Ricardo. Conversaciones sobre el lenguaje musical y el tratamiento de estilo, con el escritor y periodista Juan José Hoyos, el filósofo Juan Carlos Rodas y el estudiante de comunicaciones Carlos Mario Amaya. Además, las sugerencias en la elaboración de textos, de la amiga del autor de este ensayo, escritora y poeta, Adriana Moreno Martínez

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González, Eric. “La obra maestra de Eddie Palmieri”. Entrevista. Marzo de 2002.

 

Pagano, César. “Los Palmieri, hermanos sonoros”. Magazín Dominical, El Espectador, septiembre de 1982.

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