Nueva Gaceta  

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Bogotà, Abril - julio de 2004 -Nº 8   ISSN 01246704


Entrevista con Atilio Boron

 

Una intervención en América Latina

 puede representara Estados Unidos

una pesadilla peor que la de Vietnam

 

NUEVA GACETA: Una de las conferencias que usted dictó en Bogotá se centró en la falacia de la globalización. Concretamente, ¿a qué se refería?

ATILIO BORON: La globalización es un tema que, evidentemente, ha ganado una consideración pública casi sin precedentes en el campo de las ciencias sociales y merece toda clase de elaboraciones por parte de los sociólogos y politólogos. Creo que es un tema demasiado importante como para que se lo dejemos a los economistas, que ya bastante daño nos causan con las recomendaciones que les hacen a nuestros gobiernos. ¿Por qué hablamos de falacia de la globalización? Bueno, porque en su análisis se combinan aspectos de la realidad con observaciones, comentarios e interpretaciones que tienen mucho de mitológico.

Uno de los argumentos convencionales utilizados en muchos de estos análisis es que la globalización plantea un problema novísimo, que pone en crisis prácticamente todo el saber conocido hasta ahora porque estaríamos en presencia, según esta visión de los teólogos de la globalización, de un fenómeno totalmente nuevo, que tiene pocos antecedentes en la historia de la humanidad. Y al mismo tiempo, este planteamiento viene de la mano de una observación derivada de la primacía del pensamiento único que nos dice que no es posible pensar en alternativas. Un teórico tan importante en su tiempo como Fernando Henrique Cardoso sintetizó todo este debate cuando dijo: “Fuera de la globalización no hay salvación y dentro de la globalización no hay alternativas”.

Evidentemente nadie está planteando salirse de la globalización. Se trata de un fenómeno que tiene que ver con fuerzas sociales, económicas y políticas; tiene que ver con revoluciones tecnológicas en el área del transporte y la comunicación y realmente plantear salir de ella sería como decir que regresemos a la etapa de las cavernas o a una etapa superada por el acontecer histórico, lo que ninguna persona en su sano juicio se atrevería a plantear. Sin embargo, la trampa de esto está en pensar que verdaderamente no hay alternativas.

Yo si creo que hay alternativas. Es posible y razonable pensar en un modelo distinto a la llamada globalización neoliberal. La consigna que se levantó en Porto Alegre a partir de 2001: “Otro mundo es posible”, quiere decir que no hay nada que fatalmente nos condene a tener que soportar un modelo que destruye el medio ambiente y que cuesta en términos humanos la cifra escalofriante de cien mil personas por día que mueren a causa del hambre y de enfermedades prevenibles. Conmueven los tres mil muertos de las torres gemelas pero los cien mil que mueren cada día no generan la misma reacción. Y, sin embargo, una Colombia entera desaparece de la faz de la tierra en un año, como producto de esta globalización.

NG: En ese contexto, ¿cómo ve usted el problema del medio ambiente?

AB: Es sin duda uno de los temas globales. Se manifiesta en fenómenos como el recalentamiento de la capa de ozono, el agotamiento de ciertas reservas energéticas, o la amenaza que se cierne en el futuro inmediato para algunas regiones, de la imposibilidad de acceder a agua potable. Ninguno de estos problemas globales surge de la nada. Todos obedecen a la forma como se organiza la actividad social y económica de nuestro mundo bajo el imperio del modo capitalista de producción, un modo que tiende a despilfarrar enormemente ciertos recursos. Son problemas globales en cuanto a que nos afectan a todos, pero no son globales en cuanto a que todos contribuyamos a generarlos.

Los grandes contaminadores están en el Norte, pero resulta que la gran producción de agua y de oxígeno está en el Sur. Por esas cosas de la organización económica internacional, es el primero el que se beneficia y el segundo el que paga los costos de este problema.

NG: Y en cuanto a la globalización financiera, ¿qué nos puede decir?

AB: En el período posterior a la Segunda Guerra Mundial la relación entre el torrente financiero que circulaba diariamente por la economía mundial y el comercio de bienes físicos era de cinco a uno, mientras que a finales del siglo XX era de 500 a uno, lo que muestra una relación absolutamente desproporcionada. En la actualidad se calcula que por el sistema financiero internacional circula diariamente un millón y medio de millones de dólares. De estos solo el 3 por ciento tiene que ver con operaciones de la economía real, con creación de riqueza efectiva y de empleo, mientras que el 97 por ciento restante es totalmente especulativo. Peter Drucker, gurú de las escuelas de administración de empresas de los Estados Unidos y uno de los grandes teóricos de la economía neoliberal, dice que el sistema financiero no cumple ninguna función económica ni sirve para financiar nada.

El sistema financiero está dedicado a actividades como la compra de dinero a futuro, compra de bonos del tesoro a futuro, compra de moneda de diferente tipo a futuro, especulaciones mediante arbitraje de monedas, etc. Se trata de colocaciones a un plazo de siete días, tiempo en el cual se realiza la ganancia o se asume la pérdida. Cualquiera sabe muy bien que en siete días no se puede construir una fábrica ni sembrar un campo y que esa colocación es inevitablemente de carácter especulativo, además con un efecto recesivo. Los sectores productivos tienen que competir con esta especulación financiera dentro de todo este sistema perverso. Esto explica la tendencia recesiva que prevalece en toda América Latina. Con tasas de interés del 50 por ciento, como las que predominan en los países de la región, un empresario tendría que obtener una ganancia de por lo menos el 55 por ciento, lo que es absolutamente imposible. Tiene que competir, en cambio, con productores del mundo desarrollado, que pagan tasas de interés bajas, o incluso negativas, como en el caso de Japón.

NG: La lucha contra esa globalización ha confluido en el Foro Social Mundial, que ya ha se ha reunido en cuatro ocasiones. Como miembro de su Comité Internacional, ¿cuáles considera que son sus principales logros y limitaciones?

AB: El Foro Social Mundial ha sido todo un proceso de aprendizaje. Surgió como un foro alterno al Foro Económico de Davos y al principio no se le prestó mucha atención ni se le consideró como interlocutor válido. Ahora sí. Hemos logrado convertirnos efectivamente en alternativa. Pero todavía falta una mayor presencia de movimientos sociales y el Foro sigue aún muy limitado a América Latina y Europa. Aunque a partir de su última versión, realizada este año en la India, el rostro asiático y africano tuvo una presencia muy importante.

Hemos insistido junto con otros miembros del Comité Internacional, como François Houtart y Samir Amin, en la necesidad de darle al Foro un carácter más organizativo, en que funcionen todas las instancias. También somos partidarios de un pronunciamiento claro en contra de la ocupación de Irak. Otros creen que el Foro debe ser neutral, posición que no compartimos. La próxima reunión del Comité Internacional, que se celebrará en Roma, deberá fijar posición al respecto.

No obstante, han sido más los logros que las limitaciones. Un primer logro ha sido la participación de diversos e importantes sectores del mundo entero. Allí confluyó el movimiento antiglobalización, que empezó a expresarse en Seattle en 1999. Se ha logrado también la realización de varios foros continentales y muy importantes foros temáticos.

Sin embargo, el principal logro ha sido la derrota del neoliberalismo en el plano ideológico. Los zapatistas tuvieron un papel importante en la denuncia del neoliberalismo. Pero ha sido el Foro Social el que ha puesto al neoliberalismo en verdadero retroceso en el mundo, lo cual es muy importante porque de nada valdría conquistar gobiernos si no se derrota ideológicamente al neoliberalismo. Ejemplo de ello han sido algunas experiencias en América Latina donde han llegado al poder mandatarios que se oponen al modelo imperante, que luego terminan cediendo a sus políticas. Pero, los tiempos han cambiado. Hasta hace unos años se nos calificaba de dinosaurios por denunciar el imperialismo. Hoy ya es posible volver a hablar del imperialismo.

NG: A propósito del Foro en Mumbai, India, ¿qué opinión le merece el protagonismo que tuvo allí Joseph Stiglitz?

AB: Gracias a su condición de estadounidense, premio Nobel de economía, ex economista jefe del Banco Mundial y ex asesor del gobierno de Clinton, Stiglitz ha logrado que sus denuncias sobre los efectos negativos del neoliberalismo tengan audiencia, labor que nosotros veníamos realizando desde hace tiempo, sin que se nos pusiera mucha atención. Sin embargo, debe quedar claro que él no puede ser la figura representativa del Foro. El Foro Social Mundial, por el contrario, se basa en una representación más colectiva.

NG: Abordemos ahora al tema de América Latina. En un artículo reciente, publicado en el número anterior de Nueva Gaceta, usted cuestionaba al presidente brasileño por su posición conservadora en lo económico. ¿Qué perspectivas le ve al gobierno de Lula?

AB: El gobierno de Lula ha sido un fracaso y esto es grave, pues acarrea consecuencias muy serias para toda la región. Hasta ahora ha representado la continuidad de las políticas de Cardoso y de sus antecesores. Ha prolongado la sumisión absoluta al FMI y a las agencias internacionales en un afán por quedar bien con ellos. Está renunciando a todos los principios defendidos por el Partido de los Trabajadores, que lo llevó al poder. Si Lula quiere rectificar, tiene que hacerlo pronto, pues ya tiene muy poco tiempo para demostrar que se trata de un proyecto distinto. Debe deshacerse de todos sus ministros neoliberales, empezando por el de Finanzas y el presidente del Banco Central. Un gobierno que se precie de ser alternativa no puede seguir defendiendo la autonomía de esta entidad, sin ningún tipo de regulación por parte del Estado. Brasil está pagando mil millones de dólares semanales por concepto de servicio de la deuda externa. Por otra parte, debe darle prioridad a sus políticas sociales, entre ellas, la de Hambre Cero.

NG: ¿Cuál es su balance del gobierno de Kirchner?

AB: Kirchner representa una aparición un poco insólita en el panorama político argentino. Un hombre que hace apenas un año no figuraba en las encuestas o que figuraba muy abajo terminó siendo presidente. Kirchner ha producido algunos hechos muy significativos en materia de derechos humanos, de depuración del poder judicial y de la Corte Suprema corrupta que tenía la Argentina, que tenemos que aplaudir. En la Asamblea General de las Naciones Unidas dijo: “Todos somos hijos de las Madres de la Plaza de Mayo”, que no es una afirmación menor. Ha tratado de mejorar la calidad de la administración pública, de depurarla de focos de corrupción profundamente arraigados, ha hecho una purga muy significativa en las fuerzas armadas donde ordenó el retiro de cincuenta y nueve generales y coroneles de alto rango de la noche a la mañana. Y su discurso económico es muy atrayente. Su discurso en la Cumbre de Monterrey fue realmente impresionante. Un discurso que habría podido escucharse en el Foro Social de Portoalegre y lo pronunció en la cara del presidente de los Estados Unidos. De manera que ahí hay un elemento positivo. Pero hasta ahora ello no se ha traducido en políticas concretas que nos permitan asegurar que la Argentina ha salido del neoliberalismo. En el terreno económico, Kirchner debe producir las acciones que la gente espera de él. Si las hace va a pasar a la historia como un gran presidente. Si no, su futuro puede ser muy complicado porque en caso de una nueva frustración la gente no se va a quedar de brazos cruzados. En Argentina el pueblo sabe que si sale a la calle y se moviliza, tumba cualquier gobierno.

NG: ¿Y Chávez?

AB: Chávez representa un fenómeno que debe analizarse en la especificidad histórica que tiene Venezuela en este momento. De alguna manera, Chávez es un síntoma del fenomenal fracaso del sistema bipartidista venezolano. Un país del cual se afirma que, en los últimos 25 o 30 años permitió la fuga legal de divisas por el orden de los 300.000 millones de dólares y dejó al ochenta por ciento de la población por debajo de la línea de pobreza. Esa es la herencia de la democracia bipartidista venezolana. Chávez representa una reacción a eso. Cuesta mucho entender el fenómeno del chavismo porque moviliza pasiones extremas, al igual que lo hizo Argentina con el surgimiento del peronismo en 1945. Es un fenómeno con un estilo propio de Chávez y una simbiosis muy fuerte de un movimiento popular en alianza con los sectores militares, lo cual me parece un dato importante que impregna toda la experiencia del chavismo.

Sin embargo, Chávez tiene los mejores adversarios, los mejores enemigos que cualquier gobierno decente tiene que tener en América Latina. Tiene en su contra a la embajada norteamericana, a la dirigencia sindical corrupta, a la dirigencia empresarial –más corrupta que la anterior–, al episcopado reaccionario y a las cuatro grandes cadenas de multimedios de Venezuela que son un monumento a la corrupción y a la inmoralidad. Ojalá el gobierno de Kirchner tuviera los mismos rivales. Ahí sentiría que ese gobierno está yendo por el buen rumbo. Personalmente, miro a Chávez con una dosis cautelosa de optimismo y simpatía porque, repito, representa la reacción al despilfarro y latrocinio institucionalizado de Acción Democrática y Copei durante muchos años.

NG: Con lo dicho anteriormente, ¿comparte usted la inquietud que tenemos en Colombia en torno a una eventual intervención militar abierta de Estados Unidos en Venezuela o en Colombia?

AB: Sí. Y en Cuba, yo agregaría. Tengo esa preocupación porque Estados Unidos está siendo gobernado por el peor grupo dirigente de su historia. Un gobierno que no ganó las elecciones ni surgió del mandato popular sino a través de un golpe de Estado de la Corte Suprema. Hoy en día la evidencia es abrumadora. Bush fue designado presidente por la Corte Suprema del Estado de Florida, controlada por su hermano y la nacional que había creado su padre. Bush es un hombre poseído por un celo fundamentalista que lo puede llevar a cometer las peores tropelías. Pero también creo que en Estados Unidos los militares están más cautelosos, ellos saben muy bien que meterse en Colombia, en Venezuela o en Cuba no va a ser un paseo turístico y que les puede significar una pesadilla peor que la de Vietnam. La vecindad del período electoral en los Estados Unidos agiganta el peligro. Pueden utilizar cualquier pretexto. Además, Colombia ofrece un abanico de pretextos maravillosos para los norteamericanos: narcotráfico, guerrilla, terrorismo, todo lo que quieran. Venezuela ni hablar. Y a Cuba, hace cuarenta y cinco años la tienen en la mira. Esperemos que no intervengan, pero si lo hacen, Estados Unidos va a pagar un precio muy alto.

NG: Pasemos por último a algunos de sus debates teóricos. Uno de ellos es el que ha sostenido con Michael Hardt y Toni Negri, autores del libro Imperio. ¿Qué importancia tiene este debate y cuáles son sus aspectos principales?

AB: El debate tiene que ver con la negación que Hardt y Negri hacen del imperialismo. Ellos no ven en la globalización actual la consolidación de la dominación imperialista y la profundización de la sumisión de los capitalismos periféricos. No logran comprender que las características fundamentales del imperialismo, señaladas por los autores clásicos, como Lenin, siguen vigentes. La visión que nos ofrecen Hardt y Negri del imperio es una visión parcial y unilateral, es la visión del imperio tal y como él mismo se observa desde la cumbre. A lo largo de su libro, hay un claro desconocimiento del crucial papel que juegan las corporaciones transnacionales, el FMI y el Banco Mundial en la organización de lo que ellos denominan genéricamente como imperio. Por ello, resulta indispensable reiterar, como lo afirmo en mi libro Imperio & Imperialismo, que el imperialismo no es un rasgo accesorio ni una política perseguida por algunos Estados sino una nueva etapa en el desarrollo del capitalismo. Y esta etapa se caracteriza, con mayor contundencia que en el pasado, por la concentración del capital, el abrumador predominio de los monopolios, el acrecentado papel del capital financiero, la exportación de capitales y el reparto del planeta.

El debate tiene una gran importancia. No es simplemente una discusión teórica, sino, por el contrario, tiene enormes implicaciones prácticas. Hardt y Negri son dos intelectuales identificados con una postura crítica con relación al capitalismo y a la mundialización neoliberal, que gozan de una enorme aceptación dentro de los jóvenes e intelectuales del mundo entero. Sin embargo, su análisis contiene gravísimos errores de diagnóstico e interpretación que, en caso de pasar desapercibidos y ser aceptados por los grupos y organizaciones que hoy pugnan por derrotar al imperialismo, podrían llegar a ser la causa intelectual de nuevas y más duras derrotas, y no sólo en el plano de la teoría. Para que los movimientos populares que resisten la mundialización neoliberal puedan librar con éxito dicha batalla requieren, como un instrumento insustituible para su lucha, de una teoría correcta, que sea capaz de interpretar los cambios que ha sufrido el imperialismo en los últimos años, pero que también logre explicar que a pesar de estos cambios, el imperialismo sigue desempeñando su función histórica en la lógica de la acumulación del capital.

NG: En esa medida, ¿qué importancia le asigna usted al marxismo hoy en día, en particular en la lucha contra el neoliberalismo?

AB: El marxismo sigue vigente, pero no como algo acabado sino como algo que se desarrolla permanentemente. En mi libro Tras el búho de Minerva señalo que el Manifiesto Comunista tiene más vigencia ahora que incluso cuando se escribió hace ciento cincuenta años. No se puede hacer un análisis de la realidad actual sin el marxismo. Sin embargo, éste no se puede tomar como un dogma. Como lo decían los clásicos, el marxismo debe ser una guía para la acción.

Señalo también que si hay algo que ha podido comprobarse en los turbulentos finales del siglo XX, es que ciertas realidades, tempranamente advertidas por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, fueron notablemente ratificadas con el devenir del proceso histórico, y la relevancia estratégica de las clases sociales en la sociedad capitalista, lejos de atenuarse, no hizo sino acrecentarse a lo largo del siglo XX.

NG: Y en cuanto a las experiencias del socialismo en el siglo XX, ¿qué nos puede decir?

AB: En el mismo libro recuerdo que, más allá de los avatares sufridos por lo que podría llamarse el “primer ciclo” de las revoluciones socialistas, nada autoriza a pensar que la tentativa de las masas populares de “tomar el cielo por asalto” se encuentre definitivamente cancelada. Dos razones avalan esta presunción: por un lado, porque las causas profundas que produjeron aquellas irrupciones -tal vez prematuras, seguramente fallidas- del socialismo siguen siendo hoy más vigentes que nunca. La vitalidad de los ideales y la utopía socialista se nutren a diario de las promesas incumplidas del capitalismo y de su imposibilidad estructural para asegurar el bienestar de las mayorías. Otra sería la historia si éste hubiera dado pruebas de su aptitud para transformarse en una dirección congruente con las exigencias de la justicia y la equidad. Pero, si algo enseña la historia de los últimos veinte años, la época de oro de la reestructuración neoliberal del capitalismo, es precisamente lo contrario: que éste es “irreformable” y que si se produjeron progresos sociales y políticos muy significativos durante la luminosa expansión keynesiana de la posguerra –en donde el capitalismo ofreció todo lo que puede ofrecer en términos de derechos ciudadanos y de bienestar colectivo- aquellos no nacieron de su presunta vocación reformista sino de la fortaleza del movimiento obrero, los partidos de izquierda y el campo socialista tras la derrota del fascismo.

La reestructuración neoliberal ha tenido connotaciones sociales tan regresivas que la validez del socialismo como “crítica implacable de todo lo existente” sigue siendo tanto o más contundente que antes.

La historia de las revoluciones burguesas es muy aleccionadora. Entre los primeros ensayos que tuvieron lugar en las ciudades italianas a comienzos del siglo XVI y la revolución inglesa de 1688, la primera revolución burguesa triunfante, mediaron casi dos siglos de intentos fallidos y derrotas aplastantes. Si bien el primer ciclo fue coronado por la frustración, más tarde habría de iniciarse otro caracterizado por una larga cadena de exitosas revoluciones burguesas. Ante lo cual surge la pregunta: ¿por qué suponer que las revoluciones anticapitalistas tendrían tan solo un ciclo, agotado el cual desaparecerían para siempre del escenario de la historia? No existe fundamento alguno para sostener dicha posición, salvo que se adhiera a la tesis de Fukuyama sobre el “fin de la historia” Siendo esto así, ¿por qué no pensar en un reflujo transitorio, si bien prolongado, como en el caso de las revoluciones burguesas, más que en el ocaso definitivo del socialismo?

En el mes de febrero Atilio Boron, Secretario Ejecutivo de Clacso y miembro del Comité Internacional del Foro Social Mundial, estuvo en Colombia cumpliendo una abigarrada agenda de compromisos académicos en Bogotá, Medellín y Cali. En su paso por Bogotá participó como panelista en un debate sobre Michael Hardt y Toni Negri en el Auditorio Camilo Torres de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, dictó una conferencia sobre «Las falacias de la globalización» en el Auditorio Luis Carlos Galán de la Universidad Javeriana e intervino en el pánel sobre «El futuro de la democracia en América Latina» celebrado en la sede de la Fundación Santillana, en el marco de la celebración del 17 aniversario de la revista Análisis Político. A pesar de sus innumerables compromisos, el profesor Boron tuvo la generosidad de concederle una amplia entrevista al equipo de redacción de Nueva Gaceta en la que pudo pasar revista a los principales temas que constituyen sus actuales preocupaciones intelectuales y políticas: la globalización neoliberal y su impacto mundial, el Foro Social Mundial y sus avances, la situación de América Latina, la naturaleza del imperialismo norteamericano y la vigencia del marxismo y el socialismo.  Compartimos con nuestros lectores este valioso material.

 


En el mes de febrero Atilio Boron, Secretario Ejecutivo de Clacso y miembro del Comité Internacional del Foro Social Mundial, estuvo en Colombia cumpliendo una abigarrada agenda de compromisos académicos en Bogotá, Medellín y Cali. En su paso por Bogotá participó como panelista en un debate sobre Michael Hardt y Toni Negri en el Auditorio Camilo Torres de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, dictó una conferencia sobre «Las falacias de la globalización» en el Auditorio Luis Carlos Galán de la Universidad Javeriana e intervino en el pánel sobre «El futuro de la democracia en América Latina» celebrado en la sede de la Fundación Santillana, en el marco de la celebración del 17 aniversario de la revista Análisis Político. A pesar de sus innumerables compromisos, el profesor Boron tuvo la generosidad de concederle una amplia entrevista al equipo de redacción de Nueva Gaceta en la que pudo pasar revista a los principales temas que constituyen sus actuales preocupaciones intelectuales y políticas: la globalización neoliberal y su impacto mundial, el Foro Social Mundial y sus avances, la situación de América Latina, la naturaleza del imperialismo norteamericano y la vigencia del marxismo y el socialismo.  Compartimos con nuestros lectores este valioso material.


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