Nueva Gaceta  

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Bogotà, Abril - julio de 2004 -Nº 8   ISSN 01246704


Entrevista con el dirigente boliviano Evo Morales

La actitud del pueblo boliviano
es de profundo rechazo al modelo neoliberal

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Luis Flores para Nueva Gaceta

El año pasado, el pueblo boliviano inició una vigorosa lucha contra la entrega por el gobierno de sus importantes reservas de gas natural a las multinacionales, a las cuales se les otorgó ventajosos contratos para exportarlo a través de Chile. A medida que la protesta creció, se convirtió en un rechazo multitudinario al modelo neoliberal, cuya aplicación le ha significado a esta nación andina un enorme retroceso económico y social, acarreando mayor pobreza y desigualdad a uno de los países más afectados de América Latina. La represión contra el pueblo desatada por el presidente Sánchez de Losada, un caracterizado neoliberal, no hizo más que atizar y extender la rebeldía popular, cuya fortaleza y persistencia terminó con su derrocamiento.

Uno de los más destacados y emblemáticos conductores de esta lucha es el dirigente popular Evo Morales, cabeza del partido Movimiento Al Socialismo, MAS. Con la colaboración de su compatriota Luis Flores, estudiante de la Maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Javeriana, Nueva Gaceta logró el pasado 12 de enero, en La Paz, una entrevista exclusiva con el líder boliviano. Las siguientes fueron sus apreciaciones sobre diversos aspectos de la realidad latinoamericana.

NUEVA GACETA: ¿Cree usted que estamos ante el comienzo del fin de las políticas del Consenso de Washington? ¿Podrá la resistencia popular derrotar el neoliberalismo en Bolivia?

EVO MORALES: Evidentemente, la actitud del pueblo boliviano y de otros pueblos latinoamericanos es de profundo rechazo al modelo neoliberal, por lo tanto, a las políticas del Consenso de Washington. El fracaso en los ámbitos políticos, económicos y sociales de esta política ha dejado para el continente una secuela de miseria, hambre, explotación y muerte. Y por ello podemos ver que desde la nación Sioux en Canadá, pasando por Chiapas (México), Ecuador, Brasil, Argentina, los aymaras y quechuas en Bolivia, hasta los mapuches en Chile, han reivindicado su derecho a construir una sociedad basada en sus propios valores. Si la resistencia popular podrá derrotar este modelo, ello será obra de la dinámica de los pueblos, donde se vive una realidad no solo de evidente inconformidad, sino un rechazo convertido en acción rebelde. Tal cual ha sucedido en Bolivia, donde la caída de Sánchez de Losada puede calificarse como un primer gran golpe al modelo, además de la Guerra del Agua en Cochabamba, cuando se expulsó del país a una transnacional. Paralelo a ello, el pueblo con sus jornadas de septiembre y octubre del 2003, ha impuesto en Bolivia el llamado a un referéndum sobre gas e hidrocarburos y la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

NG: El FMI jugó un papel básico en la imposición de estas políticas y actualmente –sin importar sus resultados desastrosos en Latinoamérica–, actúa para impedir que los países deudores abandonen estas políticas. En su opinión, ¿pueden las naciones más endeudadas impedir que la deuda externa se convierta en obstáculo insalvable para un cambio real en el rumbo de la economía? ¿Qué actitud deben asumir?

E.M: En la medida en que estas naciones sean capaces de formar un bloque político y económico que les permita rechazar de manera conjunta la deuda externa, por impagable y por inmoral, se podrá fomentar el intercambio igualitario entre las naciones del continente, dando la posibilidad de crear un nuevo orden económico internacional. No es posible que, tan solo en el año 2001, América Latina haya pagado por el servicio de la deuda una cantidad de 151 mil 400 millones de dólares, recursos con los cuales se deberían construir escuelas, hospitales; en el caso boliviano, podríamos industrializar el gas, construir viviendas dignas, etc.

NG: En su concepto, ¿en qué medida el Foro Social Mundial –FSM– contribuye a ampliar el movimiento de los pueblos en contra de la globalización neoliberal y del hegemonismo norteamericano en América Latina?

E.M: Solamente a partir de crear y fortalecer las instancias de coordinación y articulación entre las organizaciones y movimientos vivos de los países del continente, será posible que estos foros profundicen y amplíen sus temáticas y demandas en beneficio de las grandes mayorías del continente.

NG: Uno de los proyectos más importantes de Estados Unidos a nivel hemisférico, el Alca, ha venido siendo denunciado como una maniobra para elevar a legislación supranacional la concepción económica del capital monopolista que favorece los intereses de las multinacionales a expensas del bienestar de los pueblos de América Latina y en detrimento de sus derechos. ¿Cómo ve usted la lucha boliviana en este contexto? ¿Es posible una articulación más estrecha de la resistencia latinoamericana a la imposición del Alca? ¿El fracaso de las cumbres de la OMC en Cancún y la del Alca en Miami, ¿permite vislumbrar la derrota del proyecto estadounidense?

E.M: En Bolivia el pueblo está informándose acerca del Alca y sus funestas consecuencias para países como el nuestro. Las diferentes organizaciones sociales, al tiempo que rechazan el Alca, organizan y demandan talleres y seminarios sobre el contenido de este proyecto norteamericano. En el Movimiento Al Socialismo, MAS, tenemos un equipo técnico que hace un buen tiempo tiene la agenda copada con el fin de llevar conciencia a toda organización, institución, o región que así lo solicite, proveyendo capacitación e información sobre esta pretendida agresión económica. Debo señalar la importancia que tuvo la realización del Encuentro Nacional contra el Alca, en junio del año pasado, con una masiva concurrencia que ha demostrado gran interés mediante una participación activa y responsable. En la medida en que las sociedades se involucren con el tema y tengan claridad de la amenaza real de ser esclavos monoproductores o maquiladores de los grandes consorcios transnacionales, indudablemente ocurrirá el fenómeno que se está dando en Bolivia y en otros países. El fracaso de las cumbres de Cancún y Miami, junto a lo que significa la organización de los pueblos alrededor del rechazo al Alca, son manifestaciones de la derrota de este proyecto.

NG: Teniendo en cuenta que la privatización de los servicios públicos domiciliarios es una de los más lesivos mandatos del Consenso de Washington, ¿qué posibilidad ve usted de promover la extensión del valioso ejemplo del pueblo de Cochabamba contra la privatización del agua?

E.M: Creo que la posibilidad de expandir el ejemplo de lucha del pueblo cochabambino dentro de nuestro país se hizo realidad en febrero y septiembre-octubre del año pasado, cuando el pueblo luchó y derrotó el impuestazo de Sánchez de Losada y luego derrocó a su gobierno e impidió la venta de gas, para y por Chile. Después de muchos años de continuas derrotas que sufrió el movimiento social en Bolivia, el año 2000 marca, con la Guerra del Agua en Cochabamba, el inicio de un periodo de luchas victoriosas. A escala continental también tenemos grandes ejemplos de movilizaciones con resultados favorables para las mayorías. Son ejemplos las movilizaciones populares de Tacna en Perú, contra las transnacionales de la electricidad, el resultado del referéndum en Uruguay contra la penetración de las compañías petroleras extranjeras y la lucha de los mapuches en Chile por impedir la construcción de la Central Hidroeléctrica de Rapel.

NG: ¿Puede hacernos algunos comentarios sobre la experiencia boliviana en la coordinación de los partidos y movimientos de oposición en un frente amplio de lucha de carácter nacional? ¿Cuál ha sido el programa de esta acción común? ¿Cuáles sus fortalezas y debilidades?

E.M: La expresión mayoritaria opositora en Bolivia pasa por el MAS. Este, interpretando fielmente las aspiraciones de las grandes mayorías nacionales, ha puesto en el tapete político las reivindicaciones más sentidas del pueblo boliviano: agua, gas e hidrocarburos, Asamblea Constituyente, coca, tierra y territorio, entre otras. Todas estas reivindicaciones han sido asumidas por las organizaciones sociales y civiles y han sido ellas, a través de sus entes rectores, las que jugaron el rol fundamental de la defensa de nuestros recursos y derechos. Lo que debemos superar es la visión sectorial con la que se enfocan las reivindicaciones, además de la insuficiente coordinación y articulación de los sectores populares, pero lo más grave es la carencia de recursos y la falta de medios de comunicación y difusión. Todo esto lo compensamos con un alto grado de conciencia del pueblo, su alta capacidad organizativa, su espíritu de combate y rebeldía. Asimismo, el gran interés de la sociedad en la participación política. Junto a ello tenemos en Bolivia el profundo arraigo de nuestros valores ancestrales de orden moral, cultural, religioso y económico; y, finalmente, nuestra gran fortaleza es contar con un instrumento político por la soberanía de los pueblos, el MAS.

NG: Son conocidas las discrepancias del presidente venezolano, Hugo Chávez, con la política norteamericana para la región. ¿Qué opinión le merecen las posiciones que ha venido asumiendo el gobierno de Venezuela frente a Estados Unidos? ¿Cuál ha sido su influencia en los otros países de la región? ¿Se puede considerar que hay un refuerzo recíproco entre las actitudes independientes de Chávez y algunas de otros gobiernos latinoamericanos como los de Brasil y Argentina? ¿Podrían eventualmente sus posibles coincidencias originar un frente más amplio contra el imperialismo estadounidense y la globalización neoliberal?

E.M: Me parece que el pueblo venezolano tiene el legítimo derecho a elegir su propio camino sin aceptar injerencias externas de ningún tipo. En la medida en que el gobierno venezolano está implementando cambios fundamentales con el pueblo mismo, merece toda nuestra admiración y solidaridad. Venezuela es un ejemplo de dignidad, de real participación popular en las decisiones, que hacen a la República un ejemplo en su búsqueda de una distribución más justa de la riqueza nacional, así como en la solidaridad de su presidente y de su pueblo con las reivindicaciones de las grandes mayorías en el continente, como es nuestra justa reivindicación marítima. Todos los pueblos de América Latina estamos enfrentados y sometidos al mismo modelo neoliberal, cuestión que ha cansado a nuestras sociedades y, por ello, surgen desde el pueblo nuevo liderazgos que son el reflejo de la búsqueda de la igualdad al interior de nuestras sociedades. Brasil, Argentina y Venezuela son potencias geográficas, económicas, humanas, en el ámbito suramericano. En esta medida, los líderes de estas naciones se constituyen en conductores de la unidad latinoamericana. Hay un proceso de acercamiento para la construcción de una vía propia latinoamericana, que indudablemente pasa por la definición de lo que quieren los pueblos. Pero no debemos descartar que el imperio actúa según su conveniencia y, como ya sabemos, no ha dudado en dividir pueblos, arrasarlos, invadirlos y cometer genocidios en cualquier parte del mundo.

La guerra del agua

En abril del 2000 tuvo lugar en Cochabamba (Bolivia) una histórica jornada cuidadosamente silenciada por la gran prensa: “La Guerra del Agua”.

Se ha querido ocultar, pues mostró la decidida oposición de la población de esa localidad boliviana a la privatización del servicio de acueducto, que se tradujo en una crisis política, y en el reversazo del gobierno de su propósito de entregar a una multinacional el manejo del servicio.

De acuerdo con Luis Tapia, “en el origen de los problemas que generaron la crisis se encontraba el proceso de creciente privatización y mercantilización de los servicios públicos… (que) se ha dado generalmente a través del traspaso de empresas públicas a empresas trasnacionales, a través del llamado proceso de ‘capitalización’. Lo anterior, “bajo el pretexto de reducir los costos de los servicios como consecuencia de la mayor eficiencia e inversión que supone el capital privado y trasnacional. La población, sin embargo, comenzó a experimentar una paulatina alza de los precios de los mismos”(1).

Analizando las fuerzas en pugna, Vargas y Kruse anotan: “El desenvolvimiento del proceso involucra a actores en muchos niveles: las corporaciones transnacionales, el Banco Mundial, gobernantes y elites nacionales y locales, dirigentes regionales, y comunitarios y poblaciones locales. En el debate sobre quién provocó una guerra, nosotros responsabilizamos en medidas iguales a tres grupos: las entidades financieras internacionales, que aplican insensiblemente sus recetas e imponen dogmáticamente sus reglas del juego; los gobernantes nacionales, más preocupados por su imagen hacia fuera y por un ‘clima adecuado para la inversión’ que por la situación de la gente; y las elites gobernantes locales que hipócritamente se posicionan para cosechar jugosos beneficios con sus ‘socios’ internacionales a expensas de los bolsillos de la población”(2).

Además del hecho mismo de que la empresa pública pasara a manos de una multinacional, está el agravante de que se le otorgó en condiciones sencillamente leoninas, pues las nuevas inversiones que haría la empresa serían financiadas no con fondos de los accionistas (como hace suponer la lógica capitalista) sino por cuenta de los bolsillos de los usuarios vía el aumento de las tarifas.

Cochabamba ha padecido graves problemas asociados con la carencia del líquido, el cual debe ser transportado en carrotanques desde lugares remotos por la falta de un sistema de tuberías que traigan el agua desde varias decenas de kilómetros, lo que obliga a la población a pagar altos costos y se convierte en otra forma de discriminación social, pues los sectores más pudientes consumen agua de mejor calidad y cuentan con grandes depósitos en sus propias casas, lo que garantiza disponibilidad permanente.

Desde hace unos treinta años el Estado boliviano ha hecho anuncios sobre la construcción de un sistema de transporte desde un valle vecino (río Misicuni), pero el asunto solo ha servido para ganar votos y enriquecer a unos cuantos consultores, ya que el gobierno no ha hecho la obra. Con la implantación del modelo neoliberal en el país en 1985 el giro dado a este tipo de proyectos de interés social fue el de atraer la inversión extranjera privada para realizarlos, a cambio de garantizarles la explotación monopólica del negocio. Bajo esta modalidad, en 1999 se otorgó al consorcio multinacional Aguas del Tunari (liderado por la estadounidense Bechtel) la concesión del servicio de acueducto y se aprobó la Ley de Servicio de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario. Siguiendo el criterio consagrado por el Banco Mundial de full cost recovery, estos actos fueron seguidos por una escalada alcista en las tarifas del servicio, sin que se hubiera producido aún la más mínima mejora del servicio, lo que despertó la indignación y el descontento popular en torno a la privatización.

En noviembre de 1999 los cochabambinos constituyeron la Coordinadora de Defensa del Agua y la Vida que centralizó la lucha de una variada gama de organizaciones cívicas, sociales, sindicales, campesinas y profesionales. Se realizó entonces el primer bloqueo que paraliza la región. A partir de enero de 2002 las movilizaciones aumentaron en frecuencia e intensidad, pese a la violenta represión policial, y el Gobierno se vió obligado a empezar a negociar con los voceros de la sociedad civil. Sin embargo no fue sino hasta abril, luego de la toma de la ciudad por la población, con el saldo de un muerto y 30 heridos, cuando se consiguió la anulación del contrato con la transnacional, la cual abandona el país anunciando millonarias demandas.

La victoria popular de la Guerra del Agua en Cochabamba constituye un hito en la lucha de los pueblos latinoamericanos contra la privatización de los servicios públicos. La resistencia civil logró derrotar en forma contundente la conjura de las multinacionales y el gobierno neoliberal para convertir las necesidades básicas de la población con relación a los servicios domiciliarios en un lucrativo negocio para el capital extranjero, basado en la explotación del pueblo boliviano. La derrota lo es también para el FMI y Estados Unidos que, por medio de “expertos” como Jeffrey Sachs, década y media atrás lograron someter a este país a las políticas monetaristas y de libre mercado, empobreciendo en grado sumo a la inmensa mayoría de la nación.

Notas

1.Luis Tapia, “La crisis política de Abril”, en: Revista Observatorio Social de América Latina, publicación del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales-Clacso, Septiembre de 2000, p. 3.

2. Humberto Vargas y Thomas Kruse, “Las victorias de Abril: una historia que aún no concluye”, en: Clacso, op. cit., p. 9.

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