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Entrevista con el dirigente boliviano Evo Morales
La actitud del pueblo boliviano
es de profundo rechazo al modelo neoliberal
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Luis Flores para Nueva Gaceta
El año pasado, el pueblo boliviano inició una
vigorosa lucha contra la entrega por el gobierno de sus importantes
reservas de gas natural a las multinacionales, a las cuales se les otorgó
ventajosos contratos para exportarlo a través de Chile. A medida que la
protesta creció, se convirtió en un rechazo multitudinario al modelo
neoliberal, cuya aplicación le ha significado a esta nación andina un
enorme retroceso económico y social, acarreando mayor pobreza y
desigualdad a uno de los países más afectados de América Latina. La
represión contra el pueblo desatada por el presidente Sánchez de Losada,
un caracterizado neoliberal, no hizo más que atizar y extender la rebeldía
popular, cuya fortaleza y persistencia terminó con su derrocamiento.

Uno de los más destacados y emblemáticos conductores
de esta lucha es el dirigente popular Evo Morales, cabeza del partido
Movimiento Al Socialismo, MAS. Con la colaboración de su compatriota Luis
Flores, estudiante de la Maestría en Estudios Latinoamericanos de la
Universidad Javeriana, Nueva Gaceta logró el pasado 12 de enero, en La
Paz, una entrevista exclusiva con el líder boliviano. Las siguientes
fueron sus apreciaciones sobre diversos aspectos de la realidad
latinoamericana.
NUEVA GACETA: ¿Cree usted que estamos ante
el comienzo del fin de las políticas del Consenso de Washington? ¿Podrá la
resistencia popular derrotar el neoliberalismo en Bolivia?
EVO MORALES: Evidentemente, la actitud del
pueblo boliviano y de otros pueblos latinoamericanos es de profundo
rechazo al modelo neoliberal, por lo tanto, a las políticas del Consenso
de Washington. El fracaso en los ámbitos políticos, económicos y sociales
de esta política ha dejado para el continente una secuela de miseria,
hambre, explotación y muerte. Y por ello podemos ver que desde la nación
Sioux en Canadá, pasando por Chiapas (México), Ecuador, Brasil, Argentina,
los aymaras y quechuas en Bolivia, hasta los mapuches en Chile, han
reivindicado su derecho a construir una sociedad basada en sus propios
valores. Si la resistencia popular podrá derrotar este modelo, ello será
obra de la dinámica de los pueblos, donde se vive una realidad no solo de
evidente inconformidad, sino un rechazo convertido en acción rebelde. Tal
cual ha sucedido en Bolivia, donde la caída de Sánchez de Losada puede
calificarse como un primer gran golpe al modelo, además de la Guerra del
Agua en Cochabamba, cuando se expulsó del país a una transnacional.
Paralelo a ello, el pueblo con sus jornadas de septiembre y octubre del
2003, ha impuesto en Bolivia el llamado a un referéndum sobre gas e
hidrocarburos y la convocatoria a una Asamblea Constituyente.
NG: El FMI jugó un papel básico en la
imposición de estas políticas y actualmente –sin importar sus resultados
desastrosos en Latinoamérica–, actúa para impedir que los países deudores
abandonen estas políticas. En su opinión, ¿pueden las naciones más
endeudadas impedir que la deuda externa se convierta en obstáculo
insalvable para un cambio real en el rumbo de la economía? ¿Qué actitud
deben asumir?
E.M: En la medida en que estas naciones sean
capaces de formar un bloque político y económico que les permita rechazar
de manera conjunta la deuda externa, por impagable y por inmoral, se podrá
fomentar el intercambio igualitario entre las naciones del continente,
dando la posibilidad de crear un nuevo orden económico internacional. No
es posible que, tan solo en el año 2001, América Latina haya pagado por el
servicio de la deuda una cantidad de 151 mil 400 millones de dólares,
recursos con los cuales se deberían construir escuelas, hospitales; en el
caso boliviano, podríamos industrializar el gas, construir viviendas
dignas, etc.
NG: En su concepto, ¿en qué medida el Foro
Social Mundial –FSM– contribuye a ampliar el movimiento de los pueblos en
contra de la globalización neoliberal y del hegemonismo norteamericano en
América Latina?
E.M: Solamente a partir de crear y fortalecer
las instancias de coordinación y articulación entre las organizaciones y
movimientos vivos de los países del continente, será posible que estos
foros profundicen y amplíen sus temáticas y demandas en beneficio de las
grandes mayorías del continente.
NG: Uno de los proyectos más importantes
de Estados Unidos a nivel hemisférico, el Alca, ha venido siendo
denunciado como una maniobra para elevar a legislación supranacional la
concepción económica del capital monopolista que favorece los intereses de
las multinacionales a expensas del bienestar de los pueblos de América
Latina y en detrimento de sus derechos. ¿Cómo ve usted la lucha boliviana
en este contexto? ¿Es posible una articulación más estrecha de la
resistencia latinoamericana a la imposición del Alca? ¿El fracaso de las
cumbres de la OMC en Cancún y la del Alca en Miami, ¿permite vislumbrar la
derrota del proyecto estadounidense?
E.M: En Bolivia el pueblo está informándose
acerca del Alca y sus funestas consecuencias para países como el nuestro.
Las diferentes organizaciones sociales, al tiempo que rechazan el Alca,
organizan y demandan talleres y seminarios sobre el contenido de este
proyecto norteamericano. En el Movimiento Al Socialismo, MAS, tenemos un
equipo técnico que hace un buen tiempo tiene la agenda copada con el fin
de llevar conciencia a toda organización, institución, o región que así lo
solicite, proveyendo capacitación e información sobre esta pretendida
agresión económica. Debo señalar la importancia que tuvo la realización
del Encuentro Nacional contra el Alca, en junio del año pasado, con una
masiva concurrencia que ha demostrado gran interés mediante una
participación activa y responsable. En la medida en que las sociedades se
involucren con el tema y tengan claridad de la amenaza real de ser
esclavos monoproductores o maquiladores de los grandes consorcios
transnacionales, indudablemente ocurrirá el fenómeno que se está dando en
Bolivia y en otros países. El fracaso de las cumbres de Cancún y Miami,
junto a lo que significa la organización de los pueblos alrededor del
rechazo al Alca, son manifestaciones de la derrota de este proyecto.
NG: Teniendo en cuenta que la
privatización de los servicios públicos domiciliarios es una de los más
lesivos mandatos del Consenso de Washington, ¿qué posibilidad ve usted de
promover la extensión del valioso ejemplo del pueblo de Cochabamba contra
la privatización del agua?
E.M: Creo que la posibilidad de expandir el
ejemplo de lucha del pueblo cochabambino dentro de nuestro país se hizo
realidad en febrero y septiembre-octubre del año pasado, cuando el pueblo
luchó y derrotó el impuestazo de Sánchez de Losada y luego derrocó a su
gobierno e impidió la venta de gas, para y por Chile. Después de muchos
años de continuas derrotas que sufrió el movimiento social en Bolivia, el
año 2000 marca, con la Guerra del Agua en Cochabamba, el inicio de un
periodo de luchas victoriosas. A escala continental también tenemos
grandes ejemplos de movilizaciones con resultados favorables para las
mayorías. Son ejemplos las movilizaciones populares de Tacna en Perú,
contra las transnacionales de la electricidad, el resultado del referéndum
en Uruguay contra la penetración de las compañías petroleras extranjeras y
la lucha de los mapuches en Chile por impedir la construcción de la
Central Hidroeléctrica de Rapel.
NG: ¿Puede hacernos algunos comentarios
sobre la experiencia boliviana en la coordinación de los partidos y
movimientos de oposición en un frente amplio de lucha de carácter
nacional? ¿Cuál ha sido el programa de esta acción común? ¿Cuáles sus
fortalezas y debilidades?
E.M: La expresión mayoritaria opositora en
Bolivia pasa por el MAS. Este, interpretando fielmente las aspiraciones de
las grandes mayorías nacionales, ha puesto en el tapete político las
reivindicaciones más sentidas del pueblo boliviano: agua, gas e
hidrocarburos, Asamblea Constituyente, coca, tierra y territorio, entre
otras. Todas estas reivindicaciones han sido asumidas por las
organizaciones sociales y civiles y han sido ellas, a través de sus entes
rectores, las que jugaron el rol fundamental de la defensa de nuestros
recursos y derechos. Lo que debemos superar es la visión sectorial con la
que se enfocan las reivindicaciones, además de la insuficiente
coordinación y articulación de los sectores populares, pero lo más grave
es la carencia de recursos y la falta de medios de comunicación y
difusión. Todo esto lo compensamos con un alto grado de conciencia del
pueblo, su alta capacidad organizativa, su espíritu de combate y rebeldía.
Asimismo, el gran interés de la sociedad en la participación política.
Junto a ello tenemos en Bolivia el profundo arraigo de nuestros valores
ancestrales de orden moral, cultural, religioso y económico; y,
finalmente, nuestra gran fortaleza es contar con un instrumento político
por la soberanía de los pueblos, el MAS.
NG: Son conocidas las discrepancias del
presidente venezolano, Hugo Chávez, con la política norteamericana para la
región. ¿Qué opinión le merecen las posiciones que ha venido asumiendo el
gobierno de Venezuela frente a Estados Unidos? ¿Cuál ha sido su influencia
en los otros países de la región? ¿Se puede considerar que hay un refuerzo
recíproco entre las actitudes independientes de Chávez y algunas de otros
gobiernos latinoamericanos como los de Brasil y Argentina? ¿Podrían
eventualmente sus posibles coincidencias originar un frente más amplio
contra el imperialismo estadounidense y la globalización neoliberal?
E.M: Me parece que el pueblo venezolano tiene
el legítimo derecho a elegir su propio camino sin aceptar injerencias
externas de ningún tipo. En la medida en que el gobierno venezolano está
implementando cambios fundamentales con el pueblo mismo, merece toda
nuestra admiración y solidaridad. Venezuela es un ejemplo de dignidad, de
real participación popular en las decisiones, que hacen a la República un
ejemplo en su búsqueda de una distribución más justa de la riqueza
nacional, así como en la solidaridad de su presidente y de su pueblo con
las reivindicaciones de las grandes mayorías en el continente, como es
nuestra justa reivindicación marítima. Todos los pueblos de América Latina
estamos enfrentados y sometidos al mismo modelo neoliberal, cuestión que
ha cansado a nuestras sociedades y, por ello, surgen desde el pueblo nuevo
liderazgos que son el reflejo de la búsqueda de la igualdad al interior de
nuestras sociedades. Brasil, Argentina y Venezuela son potencias
geográficas, económicas, humanas, en el ámbito suramericano. En esta
medida, los líderes de estas naciones se constituyen en conductores de la
unidad latinoamericana. Hay un proceso de acercamiento para la
construcción de una vía propia latinoamericana, que indudablemente pasa
por la definición de lo que quieren los pueblos. Pero no debemos descartar
que el imperio actúa según su conveniencia y, como ya sabemos, no ha
dudado en dividir pueblos, arrasarlos, invadirlos y cometer genocidios en
cualquier parte del mundo.
La guerra del agua
En abril del 2000 tuvo lugar en Cochabamba (Bolivia)
una histórica jornada cuidadosamente silenciada por la gran prensa: “La
Guerra del Agua”.
Se ha querido ocultar, pues mostró la decidida
oposición de la población de esa localidad boliviana a la privatización
del servicio de acueducto, que se tradujo en una crisis política, y en el
reversazo del gobierno de su propósito de entregar a una multinacional el
manejo del servicio.
De acuerdo con Luis Tapia, “en el origen de los
problemas que generaron la crisis se encontraba el proceso de creciente
privatización y mercantilización de los servicios públicos… (que) se ha
dado generalmente a través del traspaso de empresas públicas a empresas
trasnacionales, a través del llamado proceso de ‘capitalización’. Lo
anterior, “bajo el pretexto de reducir los costos de los servicios como
consecuencia de la mayor eficiencia e inversión que supone el capital
privado y trasnacional. La población, sin embargo, comenzó a experimentar
una paulatina alza de los precios de los mismos”(1).
Analizando las fuerzas en pugna, Vargas y Kruse
anotan: “El desenvolvimiento del proceso involucra a actores en muchos
niveles: las corporaciones transnacionales, el Banco Mundial, gobernantes
y elites nacionales y locales, dirigentes regionales, y comunitarios y
poblaciones locales. En el debate sobre quién provocó una guerra, nosotros
responsabilizamos en medidas iguales a tres grupos: las entidades
financieras internacionales, que aplican insensiblemente sus recetas e
imponen dogmáticamente sus reglas del juego; los gobernantes nacionales,
más preocupados por su imagen hacia fuera y por un ‘clima adecuado para la
inversión’ que por la situación de la gente; y las elites gobernantes
locales que hipócritamente se posicionan para cosechar jugosos beneficios
con sus ‘socios’ internacionales a expensas de los bolsillos de la
población”(2).
Además del hecho mismo de que la empresa pública
pasara a manos de una multinacional, está el agravante de que se le otorgó
en condiciones sencillamente leoninas, pues las nuevas inversiones que
haría la empresa serían financiadas no con fondos de los accionistas (como
hace suponer la lógica capitalista) sino por cuenta de los bolsillos de
los usuarios vía el aumento de las tarifas.
Cochabamba ha padecido graves problemas asociados
con la carencia del líquido, el cual debe ser transportado en carrotanques
desde lugares remotos por la falta de un sistema de tuberías que traigan
el agua desde varias decenas de kilómetros, lo que obliga a la población a
pagar altos costos y se convierte en otra forma de discriminación social,
pues los sectores más pudientes consumen agua de mejor calidad y cuentan
con grandes depósitos en sus propias casas, lo que garantiza
disponibilidad permanente.
Desde hace unos treinta años el Estado boliviano ha
hecho anuncios sobre la construcción de un sistema de transporte desde un
valle vecino (río Misicuni), pero el asunto solo ha servido para ganar
votos y enriquecer a unos cuantos consultores, ya que el gobierno no ha
hecho la obra. Con la implantación del modelo neoliberal en el país en
1985 el giro dado a este tipo de proyectos de interés social fue el de
atraer la inversión extranjera privada para realizarlos, a cambio de
garantizarles la explotación monopólica del negocio. Bajo esta modalidad,
en 1999 se otorgó al consorcio multinacional Aguas del Tunari (liderado
por la estadounidense Bechtel) la concesión del servicio de acueducto y se
aprobó la Ley de Servicio de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario.
Siguiendo el criterio consagrado por el Banco Mundial de full cost
recovery, estos actos fueron seguidos por una escalada alcista en las
tarifas del servicio, sin que se hubiera producido aún la más mínima
mejora del servicio, lo que despertó la indignación y el descontento
popular en torno a la privatización.
En noviembre de 1999 los cochabambinos constituyeron
la Coordinadora de Defensa del Agua y la Vida que centralizó la lucha de
una variada gama de organizaciones cívicas, sociales, sindicales,
campesinas y profesionales. Se realizó entonces el primer bloqueo que
paraliza la región. A partir de enero de 2002 las movilizaciones
aumentaron en frecuencia e intensidad, pese a la violenta represión
policial, y el Gobierno se vió obligado a empezar a negociar con los
voceros de la sociedad civil. Sin embargo no fue sino hasta abril, luego
de la toma de la ciudad por la población, con el saldo de un muerto y 30
heridos, cuando se consiguió la anulación del contrato con la
transnacional, la cual abandona el país anunciando millonarias demandas.
La victoria popular de la Guerra del Agua en
Cochabamba constituye un hito en la lucha de los pueblos latinoamericanos
contra la privatización de los servicios públicos. La resistencia civil
logró derrotar en forma contundente la conjura de las multinacionales y el
gobierno neoliberal para convertir las necesidades básicas de la población
con relación a los servicios domiciliarios en un lucrativo negocio para el
capital extranjero, basado en la explotación del pueblo boliviano. La
derrota lo es también para el FMI y Estados Unidos que, por medio de
“expertos” como Jeffrey Sachs, década y media atrás lograron someter a
este país a las políticas monetaristas y de libre mercado, empobreciendo
en grado sumo a la inmensa mayoría de la nación.
Notas
1.Luis Tapia, “La crisis política de
Abril”, en: Revista Observatorio Social de América Latina, publicación del
Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales-Clacso, Septiembre de 2000,
p. 3.
2. Humberto Vargas y Thomas Kruse,
“Las victorias de Abril: una historia que aún no concluye”, en: Clacso, op.
cit., p. 9.
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