Nueva Gaceta  

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Bogotà, Abril - julio de 2004 -Nº 8   ISSN 01246704


.En la Universidad Nacional

Fundamentos de la representación profesoral
al Consejo Superior

Orlando Acosta

El presente documento es una síntesis del programa con el cual fue elegido Orlando Acosta como representante de los profesores al Consejo Superior de la Universidad Nacional  de Colombia, en el segundo semestre del 2003

1. Financiación pública de la educación superior

Los actuales desafíos que afronta la educación superior en el mundo no tienen antecedentes. Desde hace más de una década se están experimentando profundos cambios, entre los cuales uno de los más relevantes hace referencia al surgimiento de un modelo de competencia de mercado, apoyado en el argumento de que la falta de eficiencia y productividad de las instituciones del sector público requiere de manera urgente la intervención de las fuerzas del mercado. La educación y el mercado son contradictorios en materia de métodos, fines y parámetros de calidad y excelencia.

Las mayores impugnaciones a las soluciones de mercado en la educación superior provienen de los países de alto desarrollo donde tradicionalmente ésta ha sido esencialmente pública en su provisión. La razón para el aseguramiento de los beneficios colectivos de la educación pública superior reside en que el interés central no es el lucro ni la ganancia sino la producción de beneficios económicos y sociales, tanto públicos como privados. La educación es un bien público, cuya tasa de desarrollo no es inferior al crecimiento económico que posibilita. En la sociedad del conocimiento, la educación superior pública es una inversión en crecimiento económico, pero también es un derecho constitucional y un factor de cohesión social y política.

Sin embargo, en nuestro país más del 68 por ciento de la matrícula en la educación superior se encuentra en instituciones privadas. La Universidad Nacional de Colombia solo da cuenta del 4 por ciento de la matrícula total. Solamente el 30.2 por ciento de las 311 instituciones de educación superior son de carácter estatal y esa participación es decreciente.

No aumentar el gasto público en educación superior significa su privatización. La ausencia de políticas de Estado y de recursos de inversión adicionales compromete cada vez más su impacto en la vida material y espiritual de la nación colombiana. La retención de hasta un 12 por ciento del presupuesto de las universidades públicas, supeditada a unos muy discutibles indicadores de gestión y desempeño, anticipa la reducción de su presupuesto.

Quienes defienden el mercado como la forma suprema de organizar todas las actividades humanas, aseguran que el modelo de gestión pública es ineficiente, que es necesario reformarlo para que adopte características y parámetros propios de la gestión empresarial o, alternativamente, reemplazarlo por un modelo de gestión privada. La iniciativa de convertir las universidades públicas en servicios educativos gerenciados con ánimo de lucro, la financiación a la demanda en vez de a la oferta, la adjudicación de becas y préstamos reembolsables a los estudiantes para que opten por ingresar a las universidades privadas acreditadas de mayor prestigio, la competencia de las universidades por clientes-estudiantes como medio de acceder a fondos públicos o a aranceles educativos sufragados por los padres de familia, la intensificación de la venta de servicios y la competencia por recursos adicionales, son, entre otras, parte del catálogo de las recomendaciones de organismos y agencias internacionales.

Mientras que el Fondo Monetario Internacional (FMI) prescribe las políticas más debilitantes del Estado para los países en desarrollo, los Estados de los países desarrollados continúan con fuertes participaciones en su producto interno bruto (PIB), que significan un elevado gasto público en educación superior.

2. Transnacionales de la provisión de servicios educativos

En forma creciente, la educación se está convirtiendo en una especie de industria de servicios mundiales, aun en el caso de sistemas educativos financiados con recursos públicos. Como parte de esta tendencia, dos aspectos centrales de la educación superior, como lo son el currículum y la docencia, han empezado a recibir en forma significativa el impacto sistemático de corporaciones transnacionales de provisión de servicios educativos a través de la red, las universidades virtuales, corporativas o de franquicia, entre otras modalidades.

La modalidad tradicional del contacto profesor-estudiante a través de la clase presencial se está viendo desafiada por las tecnologías digitales y la competencia externa de proveedores apoyados en los sistemas de computador y de redes. Esos servicios educativos entrañan dos conceptos que merecen un examen particular: la desintermediación y la educación (instrucción, aprendizaje) distribuida (desagregada). El profesor tradicional de la hora de clase es asumido como un intermediario entre el conocimiento y el estudiante. Dentro de una lógica de mercado, preparar y dictar clase en un horario se considera una actividad intensiva en personal, y por lo tanto muy costosa para las instituciones.

En esta educación se considera que los profesores no se deben dedicar a la preparación y aplicación de pruebas de evaluación, las cuales deben ser realizadas de manera independiente con exámenes o pruebas de Estado administradas por agencias especializadas.

Las multinacionales de la provisión de servicios educativos cuentan actualmente con más de 3 millones de usuarios, la mayoría de ellos ubicados en los países en desarrollo. Aparte de la utilización transnacional con ánimo de lucro y la amenaza a la autonomía cultural de los países atrasados, los computadores, las redes, la virtualidad, la simulación, el «learningwear» en su concepto tecnológico, se están convirtiendo en herramientas muy útiles en la educación superior.

En resumen, la educación se está convirtiendo en una mercancía que se transa a través de las fronteras nacionales. La mejor ilustración de esta tendencia se encuentra en las discusiones relacionadas con el Tratado General de Libre Comercio en Servicios (Gats), las cuales suceden en el escenario de la Organización Mundial del Comercio y tienden a incorporar la educación superior a la estructura normativa de esta organización. El Alca y los Tratados de Libre Comercio involucran los servicios educativos transnacionales, los cuales competirían en un marco normativo de igualdad con las instituciones de educación superior nacionales. Algunos gobiernos ven en estos proveedores transnacionales la oportunidad de acentuar la tendencia hacia el «outsourcing» de servicios públicos como la educación.

3. La dignidad del quehacer académico

El capital intelectual, la inteligencia colectiva, el capital de conocimiento representado en el cuerpo profesoral, se encuentra despilfarrado, subutilizado y maltratado en su capacidad creativa, carece de incentivos, es víctima de la incertidumbre y la intranquilidad, vive en condiciones de vida relativamente deplorables. Los salarios de los profesores son congelados y reducidos en términos reales, sus montos no reflejan el haber intelectual. Tal retribución salarial compele a muchos profesores a trashumar por otras instituciones donde son aun más explotados, dedicando poca atención a la investigación, la actualización y el mejoramiento como docentes; prácticamente no toman parte en la vida plena de las instituciones que los emplean.

De persistir aún más el deterioro de las condiciones de vida de los profesores, como se anticipa en la «revolución educativa» y en la implementación de las prescripciones neoliberales de las instituciones financieras internacionales, una parte muy importante del capital intelectual de la nación degenerará en la más lamentable indigencia intelectual. A los profesores universitarios les asiste el derecho de traducir sus capacidades, habilidades y conocimientos en salarios dignos, acordes con la contribución que están realizando para bien de la humanidad, la sociedad y la nación.

4. Conocimiento, economía y sociedad

La producción y la difusión del conocimiento dejaron de ser monopolio de la universidad. Corporaciones del sector privado y agencias gubernamentales producen, distribuyen y utilizan conocimiento. No obstante, las universidades, especialmente aquellas de los países desarrollados, en su gran mayoría públicas y sin ánimo de lucro, continúan con una alta participación en la producción de conocimiento, particularmente en el campo de la ciencia básica.

La protección legal a la propiedad intelectual, bajo la forma de leyes de patentes, marcas registradas, secretos comerciales y derechos de autor, privatiza el conocimiento con aplicación práctica comercializable. Instituciones como la OECD y el Banco Mundial, las cuales diseñan políticas de alcance mundial, reconocen que en una economía global del conocimiento, la educación superior es una inversión en capital humano y, en consecuencia, en la producción de investigación y nuevo conocimiento.

Estamos asistiendo a la transformación de un mundo dominado por los recursos físicos en un mundo dominado por el conocimiento. Que una sociedad se base en el conocimiento significa que se fundamenta en su sistema de educación superior y en sus institutos y laboratorios de investigación públicos y privados. El conocimiento y el talento humano provienen de la educación superior y de otras instituciones que producen conocimiento. A los Estados y gobiernos que no inviertan en conocimiento no les quedará más que presenciar la acumulación de riqueza, poder y capital en los países desarrollados, mientras en los suyos solo se acumula pobreza, dependencia y deuda.

 

5. Universidad crítica al servicio del desarrollo económico,

social y cultural de la nación

Las universidades de los países desarrollados se han constituido en un pilar fundamental del desarrollo económico, del denominado capitalismo del conocimiento. De esta manera, a los profesores se les ha señalado como los responsables de dotar a los estudiantes con habilidades, destrezas, competencias, conocimientos, actitudes, valores y éticos que pueden ser puestos a disposición para el consumo en el proceso laboral del sistema económico.

La academia es intrínsecamente contestataria ante el autoritarismo y el poder en general. Casi a riesgo de comprometer la tolerancia y el pluralismo, el discurso político abierto y desembozado de derecha se encuentra prácticamente proscrito del campus universitario. El pensamiento crítico de muchos académicos nutre intelectualmente las organizaciones sociales que cuestionan el poder de los propietarios del capital y del Estado a su servicio. El cultivo del conocimiento y la reflexión profunda llevan en muchas ocasiones a que profesores y estudiantes cuestionen las creencias establecidas acerca del orden y la justicia sociales.

Como lo señalan algunos economistas, es muy desigual y asimétrica la competencia entre la uchuva, el borojó y la narrativa, de una parte, y de otra, los GMO (organismos genéticamente modificados), el viagra, y la investigación científica; entre la sabiduría popular y milenaria y el conocimiento científico y tecnológico reciente; entre los frutos de la biodiversidad y los productos intensivos en conocimiento, de alto valor agregado. Hoy más que en el pasado, en la actual economía del conocimiento, la financiación pública directa, plena y suficiente de la educación superior debe constituirse en uno de los elementos más revolucionarios de las sociedades atrasadas económica y socialmente.

6. Mercantilización de la educación y el conocimiento

Las políticas de Estado de los países del Norte, sobre la base de la supremacía militar y económica, se orientan a fundamentar en el conocimiento su competitividad y hegemonía en el concierto internacional. Aunque la financiación de la educación superior de estos países permanece esencialmente pública y existe una importante participación de los recursos públicos en la financiación de la investigación y el desarrollo, también es cierto que existe una creciente presión para que las universidades incrementen la captación de recursos provenientes de la relación universidad-industria, mediante contratos, asesorías, consultorías, proyectos cooperativos de investigación, «joint ventures» y otras actividades empresariales.

La discusión, entonces, se plantea en términos de la definición del conocimiento como una mercancía, y como tal, con un valor de uso, un valor de cambio, un precio; es una mercancía que debe apropiase privadamente con fines de lucro, que se protege legalmente con derechos de monopolio. Sin embargo, el conocimiento, en el sentido de capital intelectual, difiere de otras mercancías, es decir, del capital material. Su condición de bien público lo haría no exclusivo, de libre acceso, difusión e incorporación en los individuos.

En muchas universidades de países desarrollados, el conocimiento se está evaluando formalmente más por su significado económico que por su significado social o cultural. Esto no significa, obviamente, que el conocimiento con utilidad práctica, económica, además de ser generado socialmente, no pueda poseer un valor o significado social y cultural. De igual manera, existe conocimiento de reconocido significado social y cultural y, aparentemente, con poco significado económico. Es precisamente la concepción neoliberal la que desconoce los amplios parámetros sociales y culturales inherentes al conocimiento. El neoliberalismo no reconoce lo social, pretende abordar lo económico como una unidad analítica separada de los factores y determinantes sociales, culturales y políticos; trata en forma arbitraria de someter la generación de conocimiento académico solamente a las fuerzas autoregulatorias de los mercados libres en competencia.

Mientras en los países desarrollados se critica la exacerbada mercantilización del conocimiento que la universidad realiza en su estrecha relación con la industria, las universidades de los países en desarrollo, tanto públicas como privadas, no son abarcadas por esta crítica, dado que ni los gobiernos de estos países ni su sector productivo privado han estado interesados en invertir en la educación superior con el ánimo de obtener conocimiento académico mercantilizable en la innovación tecnológica local o nacional.

Los gobiernos y el sector productivo de estos países parecen haber escogido la senda de la dependencia tecnológica, el modelo de una universidad dedicada esencialmente a la docencia profesionalizante en el ámbito de programas académicos de pregrado, a la promoción de profesionales requeridos por el mercado doméstico, más para accionar, utilizar y administrar tecnología enteramente importada, que para innovar y crear nuevas alternativas tecnológicas propias.

7. Neoliberalismo y educación superior

Desde finales de la década de 1980, mundialmente el crecimiento económico promedio anual ha venido experimentando descensos, al igual que la tasa de ganancia. La concepción ética neoliberal ha sido, con el propósito de recuperar las ganancias de las corporaciones privadas, la de construir un mundo en el que no solo los bienes y servicios sean el producto del acatamiento de las fuerzas del mercado, sino toda actividad humana. Un mundo en el que la intensificación y la frecuencia de las transacciones de mercado no conocen fin. Se transan o mercantilizan servicios públicos tan tradicionales como la educación y la salud.

En los países en desarrollo, las prescripciones o imposiciones neoliberales, especialmente aquellas provenientes del FMI, responden todas ellas al argumento del pago de la deuda externa: privatizaciones de las empresas del Estado, reducción del gasto público, flexibilización laboral, recorte de las pensiones, altas tasas de interés, reducción de la inflación, abandono de las responsabilidades sociales como la educación y la salud. El FMI, el gobierno, el sector privado, ninguno de ellos está demandando de la universidad pública o privada de estos países la preparación de fuerza de trabajo más habilidosa, eficiente, productiva, con mayor capacidad para la generación de conocimiento innovador y para el autoaprendizaje.

No se conoce que el sector productivo privado de nuestro país, por ejemplo, esté solicitando de manera desesperada reformas curriculares urgentes en los programas académicos de pregrado o el fortalecimiento o expansión de los programas nacionales de doctorado, como requisito inaplazable en la transformación de la tradicional industria.

La paradoja neoliberal surge, entonces, cuando en la provisión privada de la educación superior, dentro de un modelo de mercado competitivo, el sector privado solo invierte en aquello cuyo retorno en el corto plazo se encuentra garantizado, excepto cuando se trate excepcionalmente de un monopolio verdadero. De esta manera, la provisión privada con ánimo de lucro de la educación superior interfiere con la crucial generación del conocimiento básico, es atentatoria contra la economía del conocimiento, contra el capitalismo del conocimiento.

8. La investigación y la educación superior

Las instituciones de educación superior son el espacio por excelencia para la producción del nuevo conocimiento que posibilita el entendimiento del mundo natural y social, como también albergan ese rico territorio de la creación y la recreación artística. Permiten, además, una estrecha relación entre la investigación y la docencia y el surgimiento de sinergias propias de las varias disciplinas presentes. El interés público en la educación superior encuentra una de sus mayores justificaciones en el valor que representa para una nación poseer un sólido sistema de investigación como garantía para la producción de nuevo conocimiento transformador de la sociedad.

La tecnología está reconfigurando el mundo a una velocidad nunca antes presenciada. La forma en que se vive, se aprende, se labora y se piensa está experimentando cambios tan drásticos que su reversibilidad se da por excluida. En ese campo de batalla, bajo la fisonomía de un mercado global, el éxito o el fracaso lo está determinando el nivel tecnológico de los contendientes. El progreso tecnológico es el factor más determinante del crecimiento económico sostenible.

La infraestructura en ciencia y tecnología ha sido considerada como el fundamento de la fortaleza económica, la contextura política y la grandeza cultural de un Estado nacional. En el caso de EU, por ejemplo, el 50% de los científicos e ingenieros con título de PhD se encuentran en la industria, lo que da una idea de la capacidad de absorción del sector productivo en materia de innovación tecnológica. Los países industrializados poseen alrededor de 20 veces más computadores per cápita que los países de mediano ingreso, y de igual manera, el número de usuarios de internet es del orden de 100 veces más. Latinoamérica contribuye al conocimiento mundial solo con menos del 3%, y Colombia ocupa el quinto lugar después de Brasil, México, Argentina y Chile, muy cerca de Perú.

Los países desarrollados invierten entre el 2 y el 3% de su PIB en investigación y desarrollo, mientras que los países en desarrollo difícilmente llegan al 1%. Lastimosamente, Colombia tan solo invierte solo el 0.45 por ciento de su PIB en este rubro. Más del 80% de la producción mundial de conocimiento, en el sentido cienciométrico y bibliométrico, es atribuida a los países del mundo desarrollado, cuya población representa solo el 20% de la población mundial. Solamente el 2.5% del cuerpo profesoral universitario de Colombia posee formación académica en doctorado.

9. Formar y retener capital humano
para el cumplimiento de metas nacionales

En la actual economía mundial no solo fluyen los capitales financieros a través de las fronteras nacionales, sino otro factor no menos importante: el capital humano. Recientemente se ha comenzado a evaluar sistemáticamente el impacto que esta migración tiene sobre la suerte de los países en desarrollo. Es muy común que numerosos estudiantes de países en desarrollo adelanten estudios en países desarrollados. No obstante, un estudiante que se forma en el exterior, particularmente en doctorado, deja su producción intelectual allá.

La pérdida de talento humano de los países en desarrollo no solo atenta contra el desarrollo económico de estas naciones, sino contra la construcción de su conciencia crítica y su identidad cultural, contra la acumulación de su patrimonio intelectual. En el caso de México, los expertos consideran deprimente que solo se produzcan anualmente 300 doctores en un país con alrededor de 100 millones de habitantes. En Colombia, país con más de 40 millones de habitantes, difícilmente se produce 15 doctores por año.

10. Poder, jerarquía y democracia en la educación superior

La universidad es una institución jerárquica dotada de organismos o cuerpos de poder o de gobierno con capacidad para ejercer control. Comúnmente, el poder de los funcionarios instalados en la estructura piramidal reside en el control que ejercen en la asignación de recursos y en la provisión de cargos o posiciones académico-administrativas. Aun el cuerpo profesoral ubicado en la base de la pirámide, por encima de los estudiantes, ejerce poder en los departamentos, institutos y centros. Los profesores mismos se encuentran estratificados por categorías, títulos académicos, tipos de vinculación y dedicación, desigualdades legitimadas en un estatuto o en un decreto.

Internacionalmente existe consenso acerca del merecimiento y la necesidad de la participación plena de los profesores en la vida universitaria, como parte de la autonomía y dentro del marco de los derechos humanos y la democracia. El principio de colegiabilidad y autogobierno incorpora la libertad académica, la libertad de expresión, de asociación, el pensamiento crítico, la responsabilidad compartida, la política de participación de todos los interesados en las estructuras donde se toman las decisiones internas, el pleno desarrollo y ejercicio de los mecanismos de consulta. La universidad debe ser un espacio privilegiado para el ejercicio pleno de la democracia, el respeto al disenso, el pensamiento heterogéneo, la libre expresión sin ningún tipo de censuras o restricciones.

11. ¿Universidad para la docencia y la investigación o para la extensión?

De cuando en vez se revive con intensidad variable la discusión acerca de si la universidad debe ser para la investigación, la docencia o la extensión. Algunos advierten que si el eje central estuviera constituido por la investigación se correría el riesgo de la extinción de la docencia, de los programas de pregrado, de la formación, que no se distinguiría de un instituto, que se estarían acatando los dictámenes del Banco Mundial, que el conocimiento producido propiciaría la inversión extranjera.

El sistema norteamericano de educación superior, en la opinión de unos y de otros, el más exitoso del mundo, atribuye su éxito a dos factores: la investigación y la docencia (educación) que concurren en el espacio, en el tiempo y en los profesores, y su financiación es esencialmente pública. Las más prestigiosas universidades del mundo, cuyo prestigio se deriva básicamente de la calidad de la investigación que realizan en sus programas de postgrado, no han abandonado ni abolido sus programas de pregrado.

No existe evidencia empírica ni científica acerca de que un profesor por el hecho de investigar y producir nuevo conocimiento, quede neuronalmente inhabilitado para realizar docencia, como tampoco, de forma recíproca, que el ejercicio de la docencia produzca una severa y discapacitante tara que impida realizar investigación.

En resumen, todas las actividades realizadas por los profesores dentro del marco de la misión institucional, son igualmente valiosas en términos sociales, académicos e intelectuales y, en consecuencia, deben tener igual reconocimiento, no solo en la retórica, sino en su participación efectiva en las decisiones que se tomen acerca del rumbo y el destino de la institución.

    12. Autonomía, rendimiento de cuentas y acreditación

La autonomía o libertad académica, tradicionalmente se ha considerado como un valor inalienable de las instituciones de educación superior. La constitución y la ley han delegado en la universidad la responsabilidad en el ejercicio del poder, aquel necesario para darse su propio régimen reglamentario dentro del marco del cumplimiento de su misión institucional. El derecho a la educación, la enseñanza, el aprendizaje y la investigación solo puede ser disfrutado a plenitud dentro del contexto de la libertad académica y la autonomía institucional.

Los recursos públicos son apropiados como parte de una acción política, en competencia con otras prioridades, compromisos o mandatos, en muchas ocasiones supranacionales, para el caso de los países en desarrollo. Lo que realmente se mide en términos cienciométricos y bibliométricos es la manifestación o expresión del conocimiento, el número de artículos, libros, conferencias y patentes. Dada la complejidad del conocimiento, ninguna métrica por sísola es válida como medida del conocimiento. Existe dificultad en cuantificar la calidad de la enseñanza, el aprendizaje y en general la productividad de los profesores. El apoyo a la financiación pública de la educación superior se ha visto justificado por los beneficios sociales públicos producidos. Sin embargo, con los recientes modelos de rendimiento de cuentas, la financiación pública se está fundamentando en el concepto de inversión estratégica y, como tal, quien tiene la responsabilidad de la toma de decisiones políticas espera tasas de retorno a la inversión, verificables y medibles.

En general, se define que la acreditación es un proceso externo de revisión de la calidad académica de una institución y de sus programas educativos, no solo con el fin de asegurar esta calidad sino de mejorarla. La razón de ser de la acreditación es entonces el aseguramiento de la calidad académica.

13. Eficiencia y reforma curricular

El concepto de eficiencia de la educación superior utilizado por muchos gobiernos de los países del mundo en desarrollo, incluyendo el colombiano, se extiende a la correlación entre el insumo presupuestal y el producto representado en publicaciones internacionales derivadas de la investigación original, en las patentes, en los «joint ventures» con la industria, en las innovaciones tecnológicas fundamentadas en el conocimiento académico y, en general, en el impacto de este conocimiento en la competitividad económica y comercial del respectivo país.

La ineficiencia atribuida la educación superior pública, especialmente aquella relacionada con la larga duración de los estudios de pregrado y el número de estudiantes que se gradúa comparado con aquel que ingresa, merece una consideración especial. La deficiente preparación con que los estudiantes ingresan a la universidad, es decir el pobre punto de partida, explica en una gran medida la repetición de algunas de las etapas de la carrera y en muchas ocasiones el fracaso definitivo. Los problemas económicos y sociales que afectan a muchos estudiantes los obligan a suspender temporalmente los estudios, a tener bajos rendimientos y al retiro total de la universidad. A esto se añade en algunos casos el desestímulo del mercado laboral.

En el Plan Nacional de Desarrollo del actual gobierno, se indica que el gasto público en educación ha venido experimentando incrementos en los últimos años, pero no así la equidad social en el acceso de los ciudadanos a la educación. Cualquier reforma del currículum, de sus contenidos, de su duración, de sus modalidades pedagógicas, se debe inscribir dentro de la crítica más desprejuiciada de la realidad concreta, dentro de nuestra historia, de nuestras especificidades nacionales e institucionales, como también dentro de las particularidades propias de las diferentes áreas del conocimiento, de las disciplinas y las profesiones.

Es la comunidad académica, representada en profesores y estudiantes, factor primario y decisivo en la materialización de cualquier iniciativa de renovación académica; en la consulta a todos los actores del sistema de educación superior, en el sistema nacional de ciencia y tecnología, en el Estado y el sector productivo, en los empleadores en general, pero siempre reivindicando la autonomía universitaria, depositamos el llamado a que nos respalden. Cualquier injerencia externa que restrinja la autonomía universitaria y que amenace la libertad académica interfiere cualquier propósito de cambio.

Las reformas académicas deben responder, ante todo, al interés nacional de vincular la universidad pública más estrechamente con el desarrollo del país y al propósito de posicionarla en una forma cada vez más legítima ante el conjunto de la sociedad.

El presente documento es una síntesis del programa con el cual fue elegido Orlando Acosta como representante de los profesores al Consejo Superior de la Universidad Nacional  de Colombia, en el segundo semestre del 2003.

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