Bogotá, Septiembre de 2001 -Nº 3   ISSN  01246704


 

la tortura

y el asesinato de prisioneros

El cinismo del poder

Por Carlos Novoa, SJ

 

Una moral muy peculiar

Muy grave fueron las revelaciones de torturas y asesinatos de prisioneros en Irak y otras latitudes por parte de soldados de Washington. Asumo totalmente mis responsabilidades pero no sus consecuencias, es la «nueva moral « que se nos quiere imponer y así lo sostiene el secretario de Defensa estadounidense en sus declaraciones: «Yo asumo la responsabilidad plena sobre los delitos cometidos por los militares a mi cargo pero no voy a renunciar simplemente por calmar las criticas de los políticos»1.

Asimismo el presidente Bush afirmó: «He censurado al secretario de Defensa porque no me informó sobre estos desafueros que él conocía y yo ignoraba, pero no le voy a pedir la renuncia porque él es mi hombre de confianza»2. A este respecto Mr. Rumsfeld dijo: «Yo fallé en reconocer lo importante que era comunicar un asunto de tal gravedad a los mas altos niveles, incluyendo al presidente y los miembros del Congreso»3.

Ser responsable conlleva abocar todas las implicaciones de serlo. En caso contrario, simplemente se acaba con la responsabilidad y con la ética que en ella se fundamenta. Este principio es capital en la moral y sin él es imposible desarrollar una convivencia humana digna. Esta grave tergiversación de la conducta humana justa de cuya validez se nos quiere convencer, es todavía peor cuando el estilo del poder estadounidense es tomado como dogma de fe a seguir en tantas latitudes, por ejemplo, en no pocos sectores de la sociedad colombiana. Avivemos nuestra conciencia moral y la de nuestra sociedad y empeñémonos en el cultivo de una auténtica ética en contra de su reemplazo por los caprichos de los más oscuros sectores del poder.

Todo esto es aun más grave si se tiene en cuenta que en agosto del 2003 Amnistía Internacional y la Cruz Roja Internacional tenían serias pruebas de estos desafueros, incluidos torturas y asesinatos de prisioneros, y los habían comunicado a las altas autoridades gubernamentales de los Estados Unidos4. Bien sabemos que este asunto de la guerra contra Irak es una creciente montaña de mentiras y violaciones a los más elementales principios de la ética, los derechos humanos y la legislación internacional. Por todo esto, el Papa Juan Pablo II afirmó que «la guerra contra Irak es injusta, inmoral e ilegal» y que «la administración Bush es una democracia imperial».

Connotados analistas subrayan la particular sevicia de las torturas infligidas a los prisioneros iraquíes. La cultura árabe tiene un altísimo sentido del pudor y es muy sensible a él. Por esto, desnudar hombres, colocarlos así unos encima de otros y todo esto delante de mujeres, es una agresión absolutamente exasperante en dicha cultura. Insisten los analistas en que una tortura de este tipo en semejante contexto cultural no se le puede ocurrir de forma natural a un militar estadounidense en Irak, quien es un ciudadano del común. En efecto, fuentes dignas de crédito atestiguan que hubo una implantación premeditada de dichos vejámenes por conocedores de la mentalidad islámica5.

Corrobora lo anterior con mucho la siguiente información: «Las soldadas y soldados estadounidenses obligaron a los prisioneros iraquíes a tener relaciones homosexuales en su presencia. Los militares también tuvieron relaciones sexuales promiscuas entre ellos mismos, hicieron que perros mordieran las llagas y cicatrices de los detenidos y les introdujeron palos por el ano. De la misma manera hubo otra clase de torturas espeluznantes. De estos hechos los agresores tomaron fotos, al igual que posando al lado de los cadáveres de los reclusos asesinados por ellos. No se sabe si las fotografías son solo en la prisión de Abu Ghraib o si también corresponden a otras cárceles. Las fotos fueron tomadas por los uniformados como ‘recuerdos turísticos’»6. Muchos musulmanes han declarado enardecidos a la prensa que prefieren la muerte antes que verse sometidos a tales vejámenes sexuales.

Como se puede ver, los desafueros de las tropas invasoras en Irak son de amplio espectro. «Una investigación del ejército de los Estados Unidos constata que miembros de esta institución robaron dinero y pertenencias personales a civiles iraquíes en operaciones de requisa. Ya se han comprobado 41 casos al respecto. Certifican estos y otros hallazgos judiciales que las arbitrariedades de los militares norteamericanos contra los civiles inermes iraquíes son numerosas, y no se reducen a unas pocas excepciones como lo ha venido sosteniendo el presidente Bush»7. De otra parte, se verifica que varios de los detenidos sencillamente se hallan desaparecidos y desde que fueron apresados ya hace varios meses, los familiares no los han vuelto a ver, ni tienen ninguna noticia de ellos8.

Los altos mandos civiles y militares
son responsables

En la prisión de la base militar estadounidense de Guantánamo (Cuba) su comandante tiene una lista de «Procedimientos de interrogación de prisioneros» los cuales son torturas y él autoriza ejecutarlas. Estos «procedimientos» fueron copiados para las prisiones de los Estados Unidos en Irak como «Procedimientos Especiales de interrogación» y han sido aplicados a los detenidos con la autorización del General Sánchez, comandante de las Fuerzas Militares de la superpotencia unipolar en Irak. El Pentágono reconoció el ejercicio de estas prácticas en Irak9. Altos funcionarios del Departamento de Defensa declararon que Mr. Rumsfeld autorizó desde abril de 2003 la tortura de prisioneros en Guantánamo10.

Según expertos en el tema, torturas del tipo de las infligidas por los militares norteamericanos en Irak fueron practicadas por los regímenes más despóticos del siglo XX11. Muy serios investigadores acerca de la problemática carcelaria concluyen que los abusos se garantizan si tres componentes claves no están presentes: Reglas claras, un equipo de administración bien entrenado en estas reglas y una estricta gestión que incluya serias sanciones a los posibles abusos por parte de quienes manejan la prisión.

Todo indica que nada de esto se cumplió en la prisión de Abu Ghraib, donde el problema no so unas pocas manzanas podridas sino que «la estructura misma está corrompida» aseveran ellos12. «En esta prisión, oficiales de inteligencia militar ordenaron a los soldados torturar a los reclusos»13.

El secretario de Defensa Donald Rumsfeld dio aprobación indiscriminada para asesinar, torturar, capturar e interrogar objetivos “valiosos” en la lucha contra el terrorismo. Esta aprobación dada desde el año 2003, recibió la sanción de la asesora de seguridad nacional del presidente George W. Bush. Inclusive Bush fue informado de esto. Esta información que cita oficiales de inteligencia actuales y pasados a los que no identifica, aparece en un documentado informe de la revista New Yorker, uno de los más respetados y reconocidos medios de información en los Estados Unidos14.

Este mismo informe indica que  desde el 2003 Mr. Rumsfeld organizó un grupo especial que se desplaza por todo el mundo ejerciendo su aprobación indiscriminada señalada en el párrafo anterior. Se trata de un comando altamente seleccionado, con el mejor entrenamiento militar, nombres falsos, todos los recursos necesarios a su disposición (v. gr., aviones, dinero, armas, equipos, etc.) y al margen de cualquier control estatal. En otros términos, se trata de un grupo de matones en el mejor estilo de la mafia siciliana, y todo esto en nombre de las libertades democráticas.

De la misma manera, este texto de The New Yorker constata la incapacidad del Pentágono para resolver el creciente estado insurreccional que se viene dando en Irak. En este sentido, el desorden, la confusión y la falta de una estrategia coherente y con objetivos claros y precisos por parte de las fuerzas de ocupación de la superpotencia unipolar, los ha llevado en todo su accionar militar a implementar el siguiente principio: «dispare a la loca y espere lo mejor», sostiene el impreso.

Esta revista salió a la venta el 17 de mayo de 2004. Por supuesto, el Pentágono desmintió este informe, pero ya son tantas las mentiras que nos han dicho, que como la fábula del pastorcito mentiroso, en este momento ya no sabemos si ellos dicen la verdad o no. Llama la atención que pasan los días y Mr. Rumsfeld no interpone una demanda penal contra The New Yorker, que, como ya hemos visto, lo incrimina de asesinato, tortura y conspiración para delinquir. En cualquier Estado de derecho que se respete, en una situación similar, tal demanda ya se habría puesto o el ministro de la Defensa implicado habría renunciado o habría sido depuesto.

¿El poder estadounidense es un sistema democrático, transparente y que opera sin ocultar nada?

No se compadecen todos los hechos anteriores con las declaraciones de Mr. Rumsfeld cuando visitó la prisión de Abu Ghraib, cerca de Bagdad, el pasado 13 de mayo: «Estados Unidos debe castigar a cada uno de los implicados en estos abusos. El mundo verá cómo un sistema libre, un sistema democrático, opera transparentemente sin ocultar nada. Estos atropellos fueron cometidos por una mínima fracción de soldados norteamericanos en Irak. Nosotros velamos para que los detenidos sean bien tratados. Nosotros velamos para que los militares actúen de forma correcta y tengan normas claras y justas de comportamiento y mando»15.

Traigo un texto sobre todo este doloroso escándalo tomado de un elocuente editorial del periódico El Tiempo de Bogotá: «Las repercusiones de lo sucedido no se limitan, en fin, al mundo islámico. En el campo universal de los derechos humanos, en el que Estados Unidos ha querido erigirse como juez supremo, la pérdida de autoridad también es incalculable. Más aun cuando se revela que la administración Bush sólo reaccionó ante la evidencia irrefutable de las fotografías que le dieron la vuelta al mundo, pero no atendió -es más, despreció de manera olímpica- las denuncias que meses antes habían formulado la Cruz Roja Internacional, Human Rights Watch y otros organismos humanitarios, sobre la práctica de la tortura en las prisiones de Irak. Tal vez esto tenía que suceder»16.

Continua el editorial señalando que desde cuando el gobierno de George W. Bush, orientado por ideólogos militaristas como el vicepresidente Dick Cheney y el secretario de Defensa, Rumsfeld, íntimamente vinculados a las grandes corporaciones económicas de ese país, hizo explícito su rechazo a cualquier norma del derecho internacional, y desde que la forma como Washington libra su guerra contra el terrorismo comenzó a violar todas las normas legales y valores éticos por los que se supone está peleando, un escándalo como el de la prisión de Abu Ghraib estaba destinado a estallar. También indica el editorialista, cómo ha salido a la luz que el maltrato de prisioneros no fue una aberración aislada en la prisión de Abu Ghraib, sino que ha sido práctica sistemática en otras instalaciones militares en Irak, Afganistán y Guantánamo.

Esta práctica sistemática es confirmada por un sólido y documentado informe que The Washington Post publica en su primera plana de mayo 11 de 2004. Este diario es uno de los más serios, críticos e independientes de los Estados Unidos, y fue el que destapó el escándalo Watergate que produjo la caída del presidente Nixon, por una situación menos grave que la que estamos viviendo. The New York Times publica también en su primera plana de mayo 11 de 2004 lo siguiente: «En el día de ayer el presidente Bush organizó un estupendo show, una gran rueda de prensa, para apoyar al secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld». Afirmó Bush en este show: «Mr. Rumsfeld, usted está guiando con gran coraje nuestra nación en esta guerra contra el terror. Usted está haciendo un magnifico trabajo. Usted es un excelente secretario de Defensa y nuestra nación le debe estar agradecida».

«En su investigación sobre los abusos en la prisión de Abu Ghraib, el Mayor General Antonio Taguba encontró que soldados de la Policía Militar fueron ‘presionados’ por oficiales de la Inteligencia Militar y contratistas privados a ‘establecer condiciones físicas y mentales para favorecer la producción de testimonios por medio de interrogatorios’ a lo detenidos. En una declaración juramentada, la soldado Harman dijo a los investigadores: ‘El trabajo del soldado Graner y el sargento Frederick para la Inteligencia Militar y otras agencias del Gobierno es hacer hablar a los prisioneros’. Su propio trabajo, dijo ella, era presionar a los reclusos, manteniéndolos despiertos»17.

Una «democracia» que no acata la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Hace meses, la administración Bush, ejerciendo el terrorismo de Estado con el pretexto de combatir a los grupos terroristas, declaró de manera unilateral que los prisioneros de guerra que ha trasladado a la prisión de Guantánamo, son «combatientes fuera de la ley» para quienes no se contempla la aplicación de los Protocolos de Ginebra18. Tales Protocolos son la legislación internacional de guerra más recientemente aprobada y que ha firmado Estados Unidos de América, y según ellos, no puede existir ningún prisionero tomado en un conflicto armado sin un estatus legal definido, como lo está haciendo el gobierno Bush en Guantánamo. Desde el 2002 el mismo presidente en persona hizo esta declaratoria19.

Apoyándose en esta declaratoria unilateral, el poder estadounidense tiene a sus prisioneros en Cuba en una detención indefinida, incomunicados, sin asistencia legal, sin curso de ningún juicio, sometidos a torturas y en las peores condiciones de vida. Esta práctica del poder imperial norteamericano viola una vez más los principios más elementales de la ética, los derechos humanos, el Derecho Internacional Humanitario y los Protocolos de Ginebra, principios que tal poder alardea defender.

Un grupo de investigadores castrenses de las Fuerzas Militares de los Estados Unidos afirma en un informe especial que desde enero de 2002 se viene torturando prisioneros de forma sistemática en la cárcel de Guantánamo20. Por desgracia, la práctica de la tortura por parte de la superpotencia unipolar no es algo novedoso. «Hace diez años fue dado a conocer un manual de entrenamiento de la CIA para interrogar prisioneros en la guerra del Vietnam, el cual se titula ‘Kubark interrogación de Contrainteligencia-Julio 1963’. Este texto forma en la práctica de la tortura a los detenidos. Asimismo, este manual se refiere a investigaciones hechas en los años cincuenta en personas voluntarias, con el fin de hallar las formas mas eficaces de violencia para obtener información por parte de los detenidos»21.

Sea este el momento de aclarar que cuando me refiero a dicho poder imperial no estoy hablando de todo el pueblo de los Estados Unidos de América. Por fortuna, dentro de este pueblo se halla un considerable sector de una gran sensibilidad humana y espiritual y que está en contra de todas estas barbaridades. Por desgracia, también hay un representativo sector de la opinión pública estadounidense que está de acuerdo con la administración Bush y sus desafueros.

«Como estadounidenses de fe expresamos nuestra profunda pena por los abusos cometidos en las prisiones iraquíes. Somos solidarios con todos aquellos que en Irak y en todo el mundo exigen justicia y dignidad humana. Condenamos los execrables y sistemáticos abusos cometidos en nombre nuestro y prometemos trabajar para corregir estos errores». Este es el mensaje que un grupo de líderes religiosos de los Estados Unidos (musulmanes, protestantes, católicos y judíos), está transmitiendo por las cadenas árabes de televisión y para lo cual están haciendo una colecta vía Internet22. Como siempre, en los momentos más críticos de la historia emergen las más oscuras tendencias humanas pero también sus anhelos más prístinos y sublimes, como en este caso.

El ejército de los Estados Unidos en una investigación criminal encontró que varios miembros de esta fuerza torturaron y mataron prisioneros en varios lugares de Afganistán e Irak desde diciembre de 2002. Al menos 37 serían los asesinados de cuyos cadáveres no se hizo autopsia23. El comandante militar de la prisión de Guantánamo recomendó usar perros para interrogar a los detenidos en su visita a Irak en agosto de 2003, con el fin de asesorar el «mejoramiento» de la gestión de las prisiones estadounidenses en dicho país24.

¿Qué nos espera a los colombianos cuando cada día que pasa es más evidente que las prácticas de las más horripilantes torturas y asesinatos de prisioneros no son casuales sino sistemáticas por parte de la superpotencia unipolar? Recordemos que no pocos oficiales militares de nuestra patria se forman en los Estados Unidos y que en este momento hay 500 miembros del ejército de esa nación en Colombia. Los nuevos paradigmas apuntan a la constitución del ejercicio de una seguridad y defensa éticas, humanas e integrales. Ubicados en este horizonte, un «militar debe moverse como pez en el agua en medio de la población», o sea, que debe granjearse la confianza de los civiles y cultivar una profunda sensibilidad por los retos de la sociedad donde se ubica, ya que su papel ante todo es servir a los miembros de la comunidad nacional donde se halla, en la defensa y promoción de sus derechos.

Todo indica que esta no es la perspectiva de las Fuerzas Militares de los Estados Unidos en Irak, las cuales además carecen de una estrategia integral, teniendo como criterio fundamental de todo su accionar: «dispare a la loca y espere lo mejor», según la seria documentación a la que me he referido. Aquí se abre una página para muchos análisis y reflexiones. Según una reciente investigación militar criminal el número de abusos del personal castrense contra los civiles en el Medio Oriente ha venido en aumento25.

Ciertamente algo no anda bien en las Fuerzas Militares de la superpotencia unipolar. «En el ejército estadounidense se verifica un delicado problema de abuso sexual contra las mujeres integrantes de esta fuerza por parte de su sector masculino. Esta situación también acontece dentro de las tropas en Afganistán e Irak. Una reciente investigación militar comprobó que estos vejámenes son cada vez más frecuentes»26. También indica esta publicación que no hay control de la situación porque los esfuerzos para prevenirla son pobres, el sistema de denuncias es inadecuado y las investigaciones al respecto son muy lentas. Asimismo, mujeres cadetes de la Academia de la Fuerza Aérea en Colorado han declarado que en el 2003 sus denuncias al respecto no fueron oídas por el Departamento de Defensa.

 

No podremos vivir en paz mientras todos los hombres no sean tratados dignamente

Nunca sobra recordar que la tortura es un crimen objeto de la más enfática condena por parte de los códigos nacionales e internacionales: «Según los expertos la prohibición de la tortura es una norma de ius cogens (derecho internacional imperativo y perentorio). Así lo demuestran tres hechos: El primero, que la gran mayoría de los Estados ha ratificado las convenciones generales y específicas cuyas cláusulas prohíben torturar. El segundo, que ningún Estado se atreve hoy a proclamarse sujeto de un pretendido derecho a imponer la tortura. El tercero, que todo Estado es competente para investigar, enjuiciar, castigar o extraditar a los torturadores»27.

«De todos los continentes llegan continuamente informaciones inquietantes sobre la situación de los derechos del hombre, las cuales indican que algunas personas, hombres, mujeres y niños, son torturadas y profundamente heridas en su dignidad, en contra de la Declaración Universal de Derechos Humanos (cf. artículo 5). Así, se hiere y ofende a toda la humanidad. Dado que todo hombre es hermano nuestro, no podemos callar ante estos abusos, que son intolerables. Corresponde a todos los hombres de buena voluntad, tanto los que ocupen cargos de responsabilidad como los simples ciudadanos, hacer todo lo posible para que se respete a todo ser humano».

Y continua este profundo análisis: «Hoy, apelo a la conciencia de nuestros contemporáneos. En efecto, es preciso formar la conciencia de los hombres, a fin de que cesen para siempre las violencias insoportables que pesan sobre nuestros hermanos, y todos los hombres se movilicen en favor del respeto de los derechos más fundamentales de toda persona. No podremos vivir en paz y nuestro corazón no podrá estar en paz mientras todos los hombres no sean tratados dignamente. Es nuestro deber ser solidarios con todos. No podrá haber paz si no nos movilizamos todos, especialmente vosotros los diplomáticos, para que se respete a cada hombre del mundo. Sólo la paz permite esperar en el futuro. Por eso, vuestra misión consiste en estar al servicio de las relaciones fraternas entre las personas y entre los pueblos»28.

 

Ante las inconmensurables proporciones de este escándalo, el senador John Kerry, candidato presidencial demócrata de los Estados Unidos, exigió la renuncia del secretario de Defensa, al igual que varios parlamentarios y connotados sectores de la opinión publica norteamericana. No obstante, Mr. Rumsfeld se afinca en su puesto, y lo que es peor, el presidente Bush lo ha ratificado en su cargo. ¿Y qué del paso a retiro de los generales Geoffrey D. Miller (comandante de la prisión de Guantánamo) y Ricardo S. Sánchez (comandante militar de las tropas en Irak), quienes han autorizado la tortura de prisioneros? Pero estos retiros no se vieron y, por el contrario, el general Miller fue trasladado como jefe de las prisiones de Washington en Irak «para poner la casa en orden...».

Este comportamiento en los más altos niveles del Estado, como ya lo he señalado, sigue este principio: Asumo la totalidad de mis responsabilidades pero no sus consecuencias, el cual se constituye en «toda una nueva moral», totalmente inmoral, por supuesto. Se trata del peor atentado contra el absoluto moral capital de la comunidad internacional actual: la dignidad de la persona humana y de los pueblos; atentado que se consuma en la más deliberada impunidad.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 tiene todo su fundamento en el reconocimiento de la mencionada dignidad (cfr. Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, www.un.org). Prescindir de esta dignidad es simplemente hacer a un lado dicha Declaración, quintaesencia del derecho contemporáneo y de toda posibilidad de una convivencia civilizada a nivel nacional e internacional. Y ni más ni menos esto es lo que está haciendo la superpotencia unipolar con su manejo de esta bochornosa situación, su infame invasión militar contra Irak y tantos hechos más. La hegemonía del más fuerte y la más absurda ley de la selva es lo único que se nos depara. ¡La situación no puede ser más grave!

Todo este escándalo «afecta de forma grave la conciencia cívica y religiosa de la humanidad» (Juan Pablo II)

Los más serios estudiosos de la Biblia y la teología cristiana concluyen que el eje de la misión de Jesús es la construcción del Reinado de Dios, que no es otra cosa que la defensa y promoción integral de la dignidad de la persona humana y de los pueblos, lo cual implica el respeto a los derechos humanos, a la legislación internacional y al derecho en general. En todos los tonos, Juan Pablo II ha apelado al carácter profundamente evangélico de la promoción de la mencionada dignidad y la vigencia de la legalidad. Se llenarían muchas páginas con sus textos en este sentido. La Jornada por la paz de enero 1º de 2004 la dedicó el Obispo de Roma a la urgencia del acatamiento del derecho.

En consonancia con este magisterio papal, Monseñor Edwin F. O’Brien, arzobispo castrense católico de los Estados Unidos, ha declarado que los vejámenes que han sufrido los prisioneros de guerra iraquíes por parte del personal militar estadounidense «tienen que ser condenados irrevocablemente. Nosotros debemos llevar a los tribunales a los responsables»29. Responsables no son solamente los soldados torturadores sino también los oficiales que les dieron las órdenes, y los autores intelectuales de todo este insuceso, tanto civiles como militares, ubicados en las más altas jerarquías.

En este mismo horizonte se ubica un editorial de Army Times, un semanario de los militares norteamericanos: «Esto no fue una simple falla de liderazgo en la comandancia de un lugar. Esto fue un fracaso que llega a los más altos niveles. Y acá el ejercicio de la responsabilidad es esencial, así esto signifique relevar altos comandantes de sus puestos en tiempo de guerra»30.

Toda esta tortura y asesinato de prisioneros «afecta de forma grave la conciencia cívica y religiosa de la humanidad y se convierte en un gran obstáculo para la superación de la guerra y el terrorismo»31, le dijo Juan Pablo II al presidente Bush en la audiencia realizada en el Vaticano el 4 de junio de 2004. Al día siguiente esta noticia fue confirmada por The New York Times y The Washington Post con grandes despliegues de primera plana. Asimismo, estos rotativos informaron que el Papa le recordó a Mr. Bush su rechazo a la guerra contra Irak, le exigió retornar la soberanía al pueblo iraquí de manera pronta y empeñarse en una real solución al desgarrador problema del Medio Oriente mediante el diálogo directo entre el gobierno de Israel y la Autoridad Palestina. En esta audiencia, el presidente estadounidense manifestó cómo el Papa «mediante su fe y su convicción moral ha apoyado a tantos para ‘no tener miedo’ en vencer la injusticia, la opresión y la tiranía». Es de lamentar que Mr. Bush no siga estos buenos ejemplos papales.

A finales de junio de 2004 la administración Bush entregó la soberanía de Irak a un gobierno nacional provisional. Una autonomía, como bien se sabe, con muchas cortapisas, y donde las tropas invasoras continúan en el territorio iraquí. Ya han pasado varias semanas luego de este evento y la inestabilidad política del país crece, casi a diario hay atentados y confrontaciones armadas con grupos rebeldes que con frecuencia dejan cientos de muertos. Como ya he señalado, la falta de una estrategia militar integral y estructurada sigue marcando la presencia castrense norteamericana en esta región del Oriente Medio.

Mr. Bush y los suyos se consideran enviados de Dios y del bien en la lucha contra el mal, arrogándose la más ética y cristiana de las causas. ¿Es ético y cristiano torturar y asesinar prisioneros? ¿Es ético y cristiano luchar contra el terror implementando estrategias de terror? ¿Es ético y cristiano violar los más elementales principios de la ética, los derechos humanos y la legislación internacional? ¿Es un «magnífico trabajo» de un «excelente secretario de Defensa» quien afirma «asumo la responsabilidad plena sobre los delitos cometidos por los militares a mi cargo»? ¿Este escándalo es algo marginal y aleatorio? ¿O será un síntoma más de la grave decadencia de la «democracia imperial» estadounidense, la cual se nos quiere imponer como el ideal de vida?

 

Notas

1 The New York Times, Nueva York, mayo 8, 2004, primera plana.

2 The Washington Post, Washington D.C., mayo 6, 2004, primera plana.

3 The New York Times, Nueva York, mayo 8, 2004, primera plana.

4 Cfr. El Tiempo, Bogotá, agosto 3, 2003.

5 Cfr. The New Yorker, Nueva York, mayo 24, 2004, pág. 42.

6 The New York Times, Nueva York, mayo 13, 2004, primera plana; cfr. Periódico The Washington Post, Washington D.C., mayo 13, 2004, primera plana.

7 The Washington Post, Washington D.C., junio 1º, 2004, primera plana; cfr. The New York Times, Nueva York, mayo 31, 2004, pág. A8.

8 Cfr. The New York Times, Nueva York, junio 1º, 2004, primera plana.

9 Cfr. The New York Times, Nueva York, mayo 15, 2004, primera plana; The Washington Post, Washington D.C., mayo 15, 2004; Time Magazine, New York City, Mayo 24, 2004, pág. 47.

10 Cfr. The Washington Post, Washington D.C., mayo 21, 2004, pág. A 16.

11 Cfr. Time Magazine, Nueva York, mayo 17, 2004, pág. 42.

12 Cfr. Time Magazine, Nueva York, mayo 17, 2004, pág. 42.

13 The New York Times, Nueva York, mayo 15, 2004, primera plana; cfr. The Washington Post, Washington D.C., mayo 15, 2004, primera plana.

14 Cfr, The New Yorker, Nueva York, mayo 24, 2004, págs. 38 a 44.

15 The New York Times, Nueva York, mayo 14, 2004, primera plana.

16 Editorial de El Tiempo, Bogotá, mayo 8, 2004.

17        Time Magazine, Nueva York, mayo 17, 2004, pág. 40.

18        The New York Times, Nueva York, mayo 18, 2004, primera plana; cfr. Time Magazine, New York City, Mayo 24, 2004, pág. 50.

19 Cfr. The Washington Post, Washington D.C., mayo 21, 2004, pág. A 16.

20 Cfr. The Washington Post, Washington D.C., junio 13, 2004, primera plana.

21 Cfr. The Washington Post, Washington D.C., junio 13, 2004, pág. A8.

22 Cfr. The Washington Post, Washington D.C., junio 11, 2004, pág. A18.

23 Cfr. The New York Times, Nueva York, mayo 26, 2004, primera plana.

24 Cfr. The Washington Post, Washington D.C., mayo 26, 2004, primera plana.

25 The Washington Post, Washington D.C., junio 1º, 2004, primera plana.

26 The Washington Post, Washington D.C., junio 3, 2004, primera plana.

27 El Catolicismo, Bogotá, junio 1°, 2004, p. 8.

28 Discurso del Santo Padre Juan Pablo II durante la presentación de las cartas credenciales de siete nuevos embajadores, jueves 27 de mayo de 2004, www.vatican.va.

29 American Magazine, Nueva York, mayo 24, 2004, pág. 5.

30 Cfr,The New Yorker, Nueva York, mayo 24, 2004, pág. 32.

31 Udienza al Presidente degli Stati Uniti d’America, S.E. il Signor George Walker Bush, 04.06.2004. www.vatican.va.

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