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la tortura
y el asesinato de prisioneros
El
cinismo del poder
Por Carlos Novoa, SJ
Una moral muy peculiar
Muy grave fueron las revelaciones de
torturas y asesinatos de prisioneros en Irak y otras latitudes por parte
de soldados de Washington. Asumo totalmente mis responsabilidades pero no
sus consecuencias, es la «nueva moral « que se nos quiere imponer y así lo
sostiene el secretario de Defensa estadounidense en sus declaraciones: «Yo
asumo la responsabilidad plena sobre los delitos cometidos por los
militares a mi cargo pero no voy a renunciar simplemente por calmar las
criticas de los políticos»1.
Asimismo el presidente Bush afirmó:
«He censurado al secretario de Defensa porque no me informó sobre estos
desafueros que él conocía y yo ignoraba, pero no le voy a pedir la
renuncia porque él es mi hombre de confianza»2. A este respecto Mr.
Rumsfeld dijo: «Yo fallé en reconocer lo importante que era comunicar un
asunto de tal gravedad a los mas altos niveles, incluyendo al presidente y
los miembros del Congreso»3.
Ser responsable conlleva abocar todas
las implicaciones de serlo. En caso contrario, simplemente se acaba con la
responsabilidad y con la ética que en ella se fundamenta. Este principio
es capital en la moral y sin él es imposible desarrollar una convivencia
humana digna. Esta grave tergiversación de la conducta humana justa de
cuya validez se nos quiere convencer, es todavía peor cuando el estilo del
poder estadounidense es tomado como dogma de fe a seguir en tantas
latitudes, por ejemplo, en no pocos sectores de la sociedad colombiana.
Avivemos nuestra conciencia moral y la de nuestra sociedad y empeñémonos
en el cultivo de una auténtica ética en contra de su reemplazo por los
caprichos de los más oscuros sectores del poder.
Todo esto es aun más grave si se
tiene en cuenta que en agosto del 2003 Amnistía Internacional y la Cruz
Roja Internacional tenían serias pruebas de estos desafueros, incluidos
torturas y asesinatos de prisioneros, y los habían comunicado a las altas
autoridades gubernamentales de los Estados Unidos4. Bien sabemos que este
asunto de la guerra contra Irak es una creciente montaña de mentiras y
violaciones a los más elementales principios de la ética, los derechos
humanos y la legislación internacional. Por todo esto, el Papa Juan Pablo II afirmó que «la guerra contra Irak es injusta, inmoral e ilegal» y que
«la administración Bush es una democracia imperial».
Connotados analistas subrayan la
particular sevicia de las torturas infligidas a los prisioneros iraquíes.
La cultura árabe tiene un altísimo sentido del pudor y es muy sensible a
él. Por esto, desnudar hombres, colocarlos así unos encima de otros y todo
esto delante de mujeres, es una agresión absolutamente exasperante en
dicha cultura. Insisten los analistas en que una tortura de este tipo en
semejante contexto cultural no se le puede ocurrir de forma natural a un
militar estadounidense en Irak, quien es un ciudadano del común. En
efecto, fuentes dignas de crédito atestiguan que hubo una implantación
premeditada de dichos vejámenes por conocedores de la mentalidad
islámica5.
Corrobora lo anterior con mucho la
siguiente información: «Las soldadas y soldados estadounidenses obligaron
a los prisioneros iraquíes a tener relaciones homosexuales en su
presencia. Los militares también tuvieron relaciones sexuales promiscuas
entre ellos mismos, hicieron que perros mordieran las llagas y cicatrices
de los detenidos y les introdujeron palos por el ano. De la misma manera
hubo otra clase de torturas espeluznantes. De estos hechos los agresores
tomaron fotos, al igual que posando al lado de los cadáveres de los
reclusos asesinados por ellos. No se sabe si las fotografías son solo en
la prisión de Abu Ghraib o si también corresponden a otras cárceles. Las
fotos fueron tomadas por los uniformados como ‘recuerdos turísticos’»6.
Muchos musulmanes han declarado enardecidos a la prensa que prefieren la
muerte antes que verse sometidos a tales vejámenes sexuales.
Como se puede ver, los desafueros de
las tropas invasoras en Irak son de amplio espectro. «Una investigación
del ejército de los Estados Unidos constata que miembros de esta
institución robaron dinero y pertenencias personales a civiles iraquíes en
operaciones de requisa. Ya se han comprobado 41 casos al respecto.
Certifican estos y otros hallazgos judiciales que las arbitrariedades de
los militares norteamericanos contra los civiles inermes iraquíes son
numerosas, y no se reducen a unas pocas excepciones como lo ha venido
sosteniendo el presidente Bush»7. De otra parte, se verifica que varios de
los detenidos sencillamente se hallan desaparecidos y desde que fueron
apresados ya hace varios meses, los familiares no los han vuelto a ver, ni
tienen ninguna noticia de ellos8.
Los altos mandos civiles y militares
son responsables
En la prisión de la base militar
estadounidense de Guantánamo (Cuba) su comandante tiene una lista de
«Procedimientos de interrogación de prisioneros» los cuales son torturas y
él autoriza ejecutarlas. Estos «procedimientos» fueron copiados para las
prisiones de los Estados Unidos en Irak como «Procedimientos Especiales de
interrogación» y han sido aplicados a los detenidos con la autorización
del General Sánchez, comandante de las Fuerzas Militares de la
superpotencia unipolar en Irak. El Pentágono reconoció el ejercicio de
estas prácticas en Irak9. Altos funcionarios del Departamento de Defensa
declararon que Mr. Rumsfeld autorizó desde abril de 2003 la tortura de
prisioneros en Guantánamo10.
Según expertos en el tema, torturas
del tipo de las infligidas por los militares norteamericanos en Irak
fueron practicadas por los regímenes más despóticos del siglo XX11. Muy
serios investigadores acerca de la problemática carcelaria concluyen que
los abusos se garantizan si tres componentes claves no están presentes:
Reglas claras, un equipo de administración bien entrenado en estas reglas
y una estricta gestión que incluya serias sanciones a los posibles abusos
por parte de quienes manejan la prisión.
Todo indica que nada de esto se
cumplió en la prisión de Abu Ghraib, donde el problema no so unas pocas
manzanas podridas sino que «la estructura misma está corrompida» aseveran
ellos12. «En esta prisión, oficiales de inteligencia militar ordenaron a
los soldados torturar a los reclusos»13.
El secretario de Defensa Donald
Rumsfeld dio aprobación indiscriminada para asesinar, torturar, capturar e
interrogar objetivos “valiosos” en la lucha contra el terrorismo. Esta
aprobación dada desde el año 2003, recibió la sanción de la asesora de
seguridad nacional del presidente George W. Bush. Inclusive Bush fue
informado de esto. Esta información que cita oficiales de inteligencia
actuales y pasados a los que no identifica, aparece en un documentado
informe de la revista New Yorker, uno de los más respetados y reconocidos
medios de información en los Estados Unidos14.
Este mismo informe indica que desde
el 2003 Mr. Rumsfeld organizó un grupo especial que se desplaza por todo
el mundo ejerciendo su aprobación indiscriminada señalada en el párrafo
anterior. Se trata de un comando altamente seleccionado, con el mejor
entrenamiento militar, nombres falsos, todos los recursos necesarios a su
disposición (v. gr., aviones, dinero, armas, equipos, etc.) y al margen de
cualquier control estatal. En otros términos, se trata de un grupo de
matones en el mejor estilo de la mafia siciliana, y todo esto en nombre de
las libertades democráticas.
De la misma manera, este texto de The
New Yorker constata la incapacidad del Pentágono para resolver el
creciente estado insurreccional que se viene dando en Irak. En este
sentido, el desorden, la confusión y la falta de una estrategia coherente
y con objetivos claros y precisos por parte de las fuerzas de ocupación de
la superpotencia unipolar, los ha llevado en todo su accionar militar a
implementar el siguiente principio: «dispare a la loca y espere lo mejor»,
sostiene el impreso.
Esta revista salió a la venta el 17
de mayo de 2004. Por supuesto, el Pentágono desmintió este informe, pero
ya son tantas las mentiras que nos han dicho, que como la fábula del
pastorcito mentiroso, en este momento ya no sabemos si ellos dicen la
verdad o no. Llama la atención que pasan los días y Mr. Rumsfeld no
interpone una demanda penal contra The New Yorker, que, como ya hemos
visto, lo incrimina de asesinato, tortura y conspiración para delinquir.
En cualquier Estado de derecho que se respete, en una situación similar,
tal demanda ya se habría puesto o el ministro de la Defensa implicado
habría renunciado o habría sido depuesto.
¿El poder estadounidense es un
sistema democrático, transparente y que opera sin ocultar nada?
No se compadecen todos los hechos
anteriores con las declaraciones de Mr. Rumsfeld cuando visitó la prisión
de Abu Ghraib, cerca de Bagdad, el pasado 13 de mayo: «Estados Unidos debe
castigar a cada uno de los implicados en estos abusos. El mundo verá cómo
un sistema libre, un sistema democrático, opera transparentemente sin
ocultar nada. Estos atropellos fueron cometidos por una mínima fracción de
soldados norteamericanos en Irak. Nosotros velamos para que los detenidos
sean bien tratados. Nosotros velamos para que los militares actúen de
forma correcta y tengan normas claras y justas de comportamiento y
mando»15.
Traigo un texto sobre todo este
doloroso escándalo tomado de un elocuente editorial del periódico El
Tiempo de Bogotá: «Las repercusiones de lo sucedido no se limitan, en fin,
al mundo islámico. En el campo universal de los derechos humanos, en el
que Estados Unidos ha querido erigirse como juez supremo, la pérdida de
autoridad también es incalculable. Más aun cuando se revela que la
administración Bush sólo reaccionó ante la evidencia irrefutable de las
fotografías que le dieron la vuelta al mundo, pero no atendió -es más,
despreció de manera olímpica- las denuncias que meses antes habían
formulado la Cruz Roja Internacional, Human Rights Watch y otros
organismos humanitarios, sobre la práctica de la tortura en las prisiones
de Irak. Tal vez esto tenía que suceder»16.
Continua el editorial señalando que
desde cuando el gobierno de George W. Bush, orientado por ideólogos
militaristas como el vicepresidente Dick Cheney y el secretario de
Defensa, Rumsfeld, íntimamente vinculados a las grandes corporaciones
económicas de ese país, hizo explícito su rechazo a cualquier norma del
derecho internacional, y desde que la forma como Washington libra su
guerra contra el terrorismo comenzó a violar todas las normas legales y
valores éticos por los que se supone está peleando, un escándalo como el
de la prisión de Abu Ghraib estaba destinado a estallar. También indica el
editorialista, cómo ha salido a la luz que el maltrato de prisioneros no
fue una aberración aislada en la prisión de Abu Ghraib, sino que ha sido
práctica sistemática en otras instalaciones militares en Irak, Afganistán
y Guantánamo.
Esta práctica sistemática es
confirmada por un sólido y documentado informe que The Washington Post
publica en su primera plana de mayo 11 de 2004. Este diario es uno de los
más serios, críticos e independientes de los Estados Unidos, y fue el que
destapó el escándalo Watergate que produjo la caída del presidente Nixon,
por una situación menos grave que la que estamos viviendo. The New York
Times publica también en su primera plana de mayo 11 de 2004 lo siguiente:
«En el día de ayer el presidente Bush organizó un estupendo show, una gran
rueda de prensa, para apoyar al secretario de Defensa Donald H. Rumsfeld».
Afirmó Bush en este show: «Mr. Rumsfeld, usted está guiando con gran
coraje nuestra nación en esta guerra contra el terror. Usted está haciendo
un magnifico trabajo. Usted es un excelente secretario de Defensa y
nuestra nación le debe estar agradecida».
«En su investigación sobre los abusos
en la prisión de Abu Ghraib, el Mayor General Antonio Taguba encontró que
soldados de la Policía Militar fueron ‘presionados’ por oficiales de la
Inteligencia Militar y contratistas privados a ‘establecer condiciones
físicas y mentales para favorecer la producción de testimonios por medio
de interrogatorios’ a lo detenidos. En una declaración juramentada, la
soldado Harman dijo a los investigadores: ‘El trabajo del soldado Graner y
el sargento Frederick para la Inteligencia Militar y otras agencias del
Gobierno es hacer hablar a los prisioneros’. Su propio trabajo, dijo ella,
era presionar a los reclusos, manteniéndolos despiertos»17.
Una «democracia» que no acata la
Declaración Universal de los Derechos Humanos
Hace meses, la administración Bush,
ejerciendo el terrorismo de Estado con el pretexto de combatir a los
grupos terroristas, declaró de manera unilateral que los prisioneros de
guerra que ha trasladado a la prisión de Guantánamo, son «combatientes
fuera de la ley» para quienes no se contempla la aplicación de los
Protocolos de Ginebra18. Tales Protocolos son la legislación internacional
de guerra más recientemente aprobada y que ha firmado Estados Unidos de
América, y según ellos, no puede existir ningún prisionero tomado en un
conflicto armado sin un estatus legal definido, como lo está haciendo el
gobierno Bush en Guantánamo. Desde el 2002 el mismo presidente en persona
hizo esta declaratoria19.
Apoyándose en esta declaratoria
unilateral, el poder estadounidense tiene a sus prisioneros en Cuba en una
detención indefinida, incomunicados, sin asistencia legal, sin curso de
ningún juicio, sometidos a torturas y en las peores condiciones de vida.
Esta práctica del poder imperial norteamericano viola una vez más los
principios más elementales de la ética, los derechos humanos, el Derecho
Internacional Humanitario y los Protocolos de Ginebra, principios que tal
poder alardea defender.
Un grupo de investigadores castrenses
de las Fuerzas Militares de los Estados Unidos afirma en un informe
especial que desde enero de 2002 se viene torturando prisioneros de forma
sistemática en la cárcel de Guantánamo20. Por desgracia, la práctica de la
tortura por parte de la superpotencia unipolar no es algo novedoso. «Hace
diez años fue dado a conocer un manual de entrenamiento de la CIA para
interrogar prisioneros en la guerra del Vietnam, el cual se titula ‘Kubark
interrogación de Contrainteligencia-Julio 1963’. Este texto forma en la
práctica de la tortura a los detenidos. Asimismo, este manual se refiere a
investigaciones hechas en los años cincuenta en personas voluntarias, con
el fin de hallar las formas mas eficaces de violencia para obtener
información por parte de los detenidos»21.
 
Sea este el momento de aclarar que
cuando me refiero a dicho poder imperial no estoy hablando de todo el
pueblo de los Estados Unidos de América. Por fortuna, dentro de este
pueblo se halla un considerable sector de una gran sensibilidad humana y
espiritual y que está en contra de todas estas barbaridades. Por
desgracia, también hay un representativo sector de la opinión pública
estadounidense que está de acuerdo con la administración Bush y sus
desafueros.
«Como estadounidenses de fe
expresamos nuestra profunda pena por los abusos cometidos en las prisiones
iraquíes. Somos solidarios con todos aquellos que en Irak y en todo el
mundo exigen justicia y dignidad humana. Condenamos los execrables y
sistemáticos abusos cometidos en nombre nuestro y prometemos trabajar para
corregir estos errores». Este es el mensaje que un grupo de líderes
religiosos de los Estados Unidos (musulmanes, protestantes, católicos y
judíos), está transmitiendo por las cadenas árabes de televisión y para lo
cual están haciendo una colecta vía Internet22. Como siempre, en los
momentos más críticos de la historia emergen las más oscuras tendencias
humanas pero también sus anhelos más prístinos y sublimes, como en este
caso.
El ejército de los Estados Unidos en
una investigación criminal encontró que varios miembros de esta fuerza
torturaron y mataron prisioneros en varios lugares de Afganistán e Irak
desde diciembre de 2002. Al menos 37 serían los asesinados de cuyos
cadáveres no se hizo autopsia23. El comandante militar de la prisión de
Guantánamo recomendó usar perros para interrogar a los detenidos en su
visita a Irak en agosto de 2003, con el fin de asesorar el «mejoramiento»
de la gestión de las prisiones estadounidenses en dicho país24.
¿Qué nos espera a los colombianos
cuando cada día que pasa es más evidente que las prácticas de las más
horripilantes torturas y asesinatos de prisioneros no son casuales sino
sistemáticas por parte de la superpotencia unipolar? Recordemos que no
pocos oficiales militares de nuestra patria se forman en los Estados
Unidos y que en este momento hay 500 miembros del ejército de esa nación
en Colombia. Los nuevos paradigmas apuntan a la constitución del ejercicio
de una seguridad y defensa éticas, humanas e integrales. Ubicados en este
horizonte, un «militar debe moverse como pez en el agua en medio de la
población», o sea, que debe granjearse la confianza de los civiles y
cultivar una profunda sensibilidad por los retos de la sociedad donde se
ubica, ya que su papel ante todo es servir a los miembros de la comunidad
nacional donde se halla, en la defensa y promoción de sus derechos.
Todo indica que esta no es la
perspectiva de las Fuerzas Militares de los Estados Unidos en Irak, las
cuales además carecen de una estrategia integral, teniendo como criterio
fundamental de todo su accionar: «dispare a la loca y espere lo mejor»,
según la seria documentación a la que me he referido. Aquí se abre una
página para muchos análisis y reflexiones. Según una reciente
investigación militar criminal el número de abusos del personal castrense
contra los civiles en el Medio Oriente ha venido en aumento25.
Ciertamente algo no anda bien en las
Fuerzas Militares de la superpotencia unipolar. «En el ejército
estadounidense se verifica un delicado problema de abuso sexual contra las
mujeres integrantes de esta fuerza por parte de su sector masculino. Esta
situación también acontece dentro de las tropas en Afganistán e Irak. Una
reciente investigación militar comprobó que estos vejámenes son cada vez
más frecuentes»26. También indica esta publicación que no hay control de
la situación porque los esfuerzos para prevenirla son pobres, el sistema
de denuncias es inadecuado y las investigaciones al respecto son muy
lentas. Asimismo, mujeres cadetes de la Academia de la Fuerza Aérea en
Colorado han declarado que en el 2003 sus denuncias al respecto no fueron
oídas por el Departamento de Defensa.
No podremos vivir en paz mientras
todos los hombres no sean tratados dignamente
Nunca sobra recordar que la tortura
es un crimen objeto de la más enfática condena por parte de los códigos
nacionales e internacionales: «Según los expertos la prohibición de la
tortura es una norma de ius cogens (derecho internacional imperativo y
perentorio). Así lo demuestran tres hechos: El primero, que la gran
mayoría de los Estados ha ratificado las convenciones generales y
específicas cuyas cláusulas prohíben torturar. El segundo, que ningún
Estado se atreve hoy a proclamarse sujeto de un pretendido derecho a
imponer la tortura.
El tercero, que todo Estado es competente para
investigar, enjuiciar, castigar o extraditar a los torturadores»27.
«De todos los continentes llegan
continuamente informaciones inquietantes sobre la situación de los
derechos del hombre, las cuales indican que algunas personas, hombres,
mujeres y niños, son torturadas y profundamente heridas en su dignidad, en
contra de la Declaración Universal de Derechos Humanos (cf. artículo 5).
Así, se hiere y ofende a toda la humanidad. Dado que todo hombre es
hermano nuestro, no podemos callar ante estos abusos, que son
intolerables. Corresponde a todos los hombres de buena voluntad, tanto los
que ocupen cargos de responsabilidad como los simples ciudadanos, hacer
todo lo posible para que se respete a todo ser humano».
Y continua este profundo análisis:
«Hoy, apelo a la conciencia de nuestros contemporáneos. En efecto, es
preciso formar la conciencia de los hombres, a fin de que cesen para
siempre las violencias insoportables que pesan sobre nuestros hermanos, y
todos los hombres se movilicen en favor del respeto de los derechos más
fundamentales de toda persona. No podremos vivir en paz y nuestro corazón
no podrá estar en paz mientras todos los hombres no sean tratados
dignamente. Es nuestro deber ser solidarios con todos. No podrá haber paz
si no nos movilizamos todos, especialmente vosotros los diplomáticos, para
que se respete a cada hombre del mundo. Sólo la paz permite esperar en el
futuro. Por eso, vuestra misión consiste en estar al servicio de las
relaciones fraternas entre las personas y entre los pueblos»28.
Ante las inconmensurables
proporciones de este escándalo, el senador John Kerry, candidato
presidencial demócrata de los Estados Unidos, exigió la renuncia del
secretario de Defensa, al igual que varios parlamentarios y connotados
sectores de la opinión publica norteamericana. No obstante, Mr. Rumsfeld
se afinca en su puesto, y lo que es peor, el presidente Bush lo ha
ratificado en su cargo. ¿Y qué del paso a retiro de los generales Geoffrey
D. Miller (comandante de la prisión de Guantánamo) y Ricardo S. Sánchez
(comandante militar de las tropas en Irak), quienes han autorizado la
tortura de prisioneros? Pero estos retiros no se vieron y, por el
contrario, el general Miller fue trasladado como jefe de las prisiones de
Washington en Irak «para poner la casa en orden...».
Este comportamiento en los más altos
niveles del Estado, como ya lo he señalado, sigue este principio: Asumo la
totalidad de mis responsabilidades pero no sus consecuencias, el cual se
constituye en «toda una nueva moral», totalmente inmoral, por supuesto. Se
trata del peor atentado contra el absoluto moral capital de la comunidad
internacional actual: la dignidad de la persona humana y de los pueblos;
atentado que se consuma en la más deliberada impunidad.
La Declaración Universal de los
Derechos Humanos de 1948 tiene todo su fundamento en el reconocimiento de
la mencionada dignidad (cfr. Declaración Universal de los Derechos Humanos
de 1948, www.un.org). Prescindir de esta dignidad es simplemente hacer a
un lado dicha Declaración, quintaesencia del derecho contemporáneo y de
toda posibilidad de una convivencia civilizada a nivel nacional e
internacional. Y ni más ni menos esto es lo que está haciendo la
superpotencia unipolar con su manejo de esta bochornosa situación, su
infame invasión militar contra Irak y tantos hechos más. La hegemonía del
más fuerte y la más absurda ley de la selva es lo único que se nos depara.
¡La situación no puede ser más grave!
Todo este escándalo «afecta de forma
grave la conciencia cívica y religiosa de la humanidad» (Juan Pablo II)
Los más serios estudiosos de la
Biblia y la teología cristiana concluyen que el eje de la misión de Jesús
es la construcción del Reinado de Dios, que no es otra cosa que la defensa
y promoción integral de la dignidad de la persona humana y de los pueblos,
lo cual implica el respeto a los derechos humanos, a la legislación
internacional y al derecho en general. En todos los tonos, Juan Pablo II
ha apelado al carácter profundamente evangélico de la promoción de la
mencionada dignidad y la vigencia de la legalidad. Se llenarían muchas
páginas con sus textos en este sentido. La Jornada por la paz de enero 1º
de 2004 la dedicó el Obispo de Roma a la urgencia del acatamiento del
derecho.
En consonancia con este magisterio
papal, Monseñor Edwin F. O’Brien, arzobispo castrense católico de los
Estados Unidos, ha declarado que los vejámenes que han sufrido los
prisioneros de guerra iraquíes por parte del personal militar
estadounidense «tienen que ser condenados irrevocablemente. Nosotros
debemos llevar a los tribunales a los responsables»29. Responsables no son
solamente los soldados torturadores sino también los oficiales que les
dieron las órdenes, y los autores intelectuales de todo este insuceso,
tanto civiles como militares, ubicados en las más altas jerarquías.
En este mismo horizonte se ubica un
editorial de Army Times, un semanario de los militares norteamericanos:
«Esto no fue una simple falla de liderazgo en la comandancia de un lugar.
Esto fue un fracaso que llega a los más altos niveles. Y acá el ejercicio
de la responsabilidad es esencial, así esto signifique relevar altos
comandantes de sus puestos en tiempo de guerra»30.
Toda esta tortura y asesinato de
prisioneros «afecta de forma grave la conciencia cívica y religiosa de la
humanidad y se convierte en un gran obstáculo para la superación de la
guerra y el terrorismo»31, le dijo Juan Pablo II al presidente Bush en la
audiencia realizada en el Vaticano el 4 de junio de 2004. Al día siguiente
esta noticia fue confirmada por The New York Times y The Washington Post
con grandes despliegues de primera plana. Asimismo, estos rotativos
informaron que el Papa le recordó a Mr. Bush su rechazo a la guerra contra
Irak, le exigió retornar la soberanía al pueblo iraquí de manera pronta y
empeñarse en una real solución al desgarrador problema del Medio Oriente
mediante el diálogo directo entre el gobierno de Israel y la Autoridad
Palestina. En esta audiencia, el presidente estadounidense manifestó cómo
el Papa «mediante su fe y su convicción moral ha apoyado a tantos para ‘no
tener miedo’ en vencer la injusticia, la opresión y la tiranía». Es de
lamentar que Mr. Bush no siga estos buenos ejemplos papales.
A finales de junio de 2004 la
administración Bush entregó la soberanía de Irak a un gobierno nacional
provisional. Una autonomía, como bien se sabe, con muchas cortapisas, y
donde las tropas invasoras continúan en el territorio iraquí. Ya han
pasado varias semanas luego de este evento y la inestabilidad política del
país crece, casi a diario hay atentados y confrontaciones armadas con
grupos rebeldes que con frecuencia dejan cientos de muertos. Como ya he
señalado, la falta de una estrategia militar integral y estructurada sigue
marcando la presencia castrense norteamericana en esta región del Oriente
Medio.
Mr. Bush y los suyos se consideran
enviados de Dios y del bien en la lucha contra el mal, arrogándose la más
ética y cristiana de las causas. ¿Es ético y cristiano torturar y asesinar
prisioneros? ¿Es ético y cristiano luchar contra el terror implementando
estrategias de terror? ¿Es ético y cristiano violar los más elementales
principios de la ética, los derechos humanos y la legislación
internacional? ¿Es un «magnífico trabajo» de un «excelente secretario de
Defensa» quien afirma «asumo la responsabilidad plena sobre los delitos
cometidos por los militares a mi cargo»? ¿Este escándalo es algo marginal
y aleatorio? ¿O será un síntoma más de la grave decadencia de la
«democracia imperial» estadounidense, la cual se nos quiere imponer como
el ideal de vida?
Notas
1
The New
York Times, Nueva York, mayo 8, 2004, primera plana.
2 The
Washington Post, Washington D.C., mayo 6, 2004, primera plana.
3 The New York Times, Nueva
York, mayo 8, 2004, primera plana.
4 Cfr. El Tiempo, Bogotá,
agosto 3, 2003.
5 Cfr.
The New Yorker, Nueva York, mayo 24, 2004, pág. 42.
6 The New
York Times, Nueva York, mayo 13, 2004, primera plana; cfr. Periódico The
Washington Post, Washington D.C., mayo 13, 2004, primera plana.
7 The
Washington Post, Washington D.C., junio 1º, 2004, primera plana; cfr. The
New York Times, Nueva York, mayo 31, 2004, pág. A8.
8 Cfr.
The New York Times, Nueva York, junio 1º, 2004, primera plana.
9
Cfr.
The New York Times, Nueva York, mayo 15, 2004, primera plana; The
Washington Post, Washington D.C., mayo 15, 2004; Time Magazine, New York
City, Mayo 24, 2004, pág. 47.
10 Cfr. The
Washington Post, Washington D.C., mayo 21, 2004, pág. A 16.
11 Cfr. Time Magazine, Nueva
York, mayo 17, 2004, pág. 42.
12 Cfr. Time Magazine, Nueva
York, mayo 17, 2004, pág. 42.
13 The New
York Times, Nueva York, mayo 15, 2004, primera plana; cfr. The Washington
Post, Washington D.C., mayo 15, 2004, primera plana.
14 Cfr, The
New Yorker, Nueva York, mayo 24, 2004, págs. 38 a 44.
15 The New
York Times, Nueva York, mayo 14, 2004, primera plana.
16 Editorial de El Tiempo,
Bogotá, mayo 8, 2004.
17 Time Magazine, Nueva York,
mayo 17, 2004, pág. 40.
18 The New
York Times, Nueva York, mayo 18, 2004, primera plana; cfr. Time Magazine,
New York City, Mayo 24, 2004, pág. 50.
19 Cfr. The
Washington Post, Washington D.C., mayo 21, 2004, pág. A 16.
20 Cfr. The
Washington Post, Washington D.C., junio 13, 2004, primera plana.
21 Cfr. The
Washington Post, Washington D.C., junio 13, 2004, pág. A8.
22 Cfr. The
Washington Post, Washington D.C., junio 11, 2004, pág. A18.
23 Cfr. The
New York Times, Nueva York, mayo 26, 2004, primera plana.
24 Cfr. The
Washington Post, Washington D.C., mayo 26, 2004, primera plana.
25 The
Washington Post, Washington D.C., junio 1º, 2004, primera plana.
26 The
Washington Post, Washington D.C., junio 3, 2004, primera plana.
27 El Catolicismo, Bogotá,
junio 1°, 2004, p. 8.
28 Discurso del Santo Padre
Juan Pablo II durante la presentación de las cartas credenciales de siete
nuevos embajadores, jueves 27 de mayo de 2004, www.vatican.va.
29 American Magazine, Nueva
York, mayo 24, 2004, pág. 5.
30 Cfr,The New
Yorker, Nueva York, mayo 24, 2004, pág. 32.
31 Udienza al Presidente degli
Stati Uniti d’America, S.E. il Signor George Walker Bush, 04.06.2004.
www.vatican.va.
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