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Conversaciones en el Foro
Social de las Américas
Redacción de NUEVA GACETA
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En la ciudad de Quito, entre el 25 y el 29
de julio pasado, sesiono por primera vez el Foro Social de las
Américas, con la participación de más de doce mil delegados de todos
los países de la región. Como consecuencia de la profunda crisis
económica y social, el Foro se centró en el debate en torno a
problemas tan significativos como el incremento de la pobreza y de
la marginalidad social, los tratados de libre comercio, la crisis de
la deuda externa, el incremento de la militarización mediante
estrategias como el plan Colombia y la iniciativa Regional
Andina y los crecientes brotes de movilización social en la región.
Destacados dirigentes políticos y sociales de Américas Latina
contribuyeron al análisis de la situación y de las perspectivas de
la lucha de nuestros pueblos en contra de las expresiones cada vez
más claras del dominio de los Estados Unidos y de la profundización
de las políticas neoliberales en la región. Especial atención
mereció la coordinación de la resistencia en contra del TLC y el
respaldo a la Revolución Bolivariana de Venezuela. Con algunos de
los dirigentes allí presentes conversó el equipo de NUEVA GACETA.
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"LA
ÚNICA FORMA DE SOBREVIVIR A TODO ESTE EMBATE DEL IMPERIO NORTEAMERICANO ES
LA UNIDAD CONTINENTAL"
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Estudió arquitectura en la Escuela
Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires y en la Universi-dad de la
Plata, en donde trabajó como profesor de arte y se dedicó a la escultura
durante veinticinco años. Pero a partir de 1971, después de un amplio
reconocimiento por su actividad artística, comenzó a involucrarse en
movimientos por la paz y la justicia y en 1973 fundó el periódico Paz y
justicia.
Desde 1976 se dedicó a la denuncia de
los crímenes de las dictaduras del Cono Sur y al diseño de programas de
desarrollo y de ayuda para las comunidades indígenas latinoamericanas, el
movimiento obrero y otros sectores. Entre 1977 y 1978 fue encarcelado por
la dictadura militar de Videla y durante ese período de prisión recibió el
Premio Memorial de Paz Juan XXIII, otorgado por la Pax Cristi
Internacional. En 1980 se le concedió el Premio Nobel de la Paz y al poco
tiempo fue designado miembro del Comité Ejecutivo de la Asamblea
Permanente de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos.
En la actualidad dedica su tiempo a
la Fundación Servicio, Paz y Justicia (Serpaj), cuya tarea central es
promover el respeto a los derechos humanos, en especial los económicos y
sociales. En términos prácticos, esto ha significado el apoyo a las luchas
de los trabajadores del campo y la ciudad por la tierra y por la defensa
de sus derechos.
Con el mismo ahínco con el que
enfrentara a las dictaduras militares, Pérez Esquivel se ha pronunciado en
los últimos tiempos, de manera pública y reiterada, en contra del
neoliberalismo, del hegemonismo de los Estados Unidos y de la invasión a
Afganistán e Irak, entre otros asuntos. Más recientemente, en respuesta a
un interrogante sobre la grave situación iraquí, Pérez Esquivel denunció
las violaciones sistemáticas de los derechos humanos e hizo un llamamiento
a «la indignación».
El premio Nobel es además uno de los
líderes del Foro Social Mundial (FSM). Ha denunciado también las
estrategias de la superpotencia en la región, representadas en proyectos
como el Plan Colombia y el Alca. Sobre todos estos últimos temas versa la
entrevista que le concedió a la redacción de Nueva Gaceta el pasado 27 de
junio en Quito.
Nueva Gaceta: Dentro de la
programación del FSM, ayer se llevó a cabo el juicio simbólico contra el
Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. ¿Cuáles son las
implicaciones de ese juicio para los pueblos de América Latina?
Adolfo Pérez Esquivel: Se trata de un
tribunal ético, un tribunal de conciencia frente al Banco Mundial y el
Banco Interamericano de Desarrollo, que imponen políticas a los países en
perjuicio de sus pueblos. Estas políticas están dañando los ecosistemas y
la vida de los pueblos. Lógicamente, tenemos que buscar los caminos y las
alternativas para llamar a la conciencia no solo de América Latina sino
del mundo entero, sobre las políticas de estos organismos que tendrían que
ser multilaterales, pero en realidad son organismos que responden a
determinados intereses para todo el continente. Entonces lo que estamos
tratando de hacer con este juicio simbólico es compartir y poner en
evidencia estas políticas nefastas.
NG: Ha habido todo un cuestionamiento
en torno a lo que viene haciendo el FMI, planteado principalmente por Stiglitz y por otras personalidades. ¿Qué posibilidades reales hay de que
las políticas de este organismo cambien? Algunos plantean la necesidad de
acabar con esta institución que ha sido tan desastrosa…
PE: En el mundo de hoy los organismos
internacionales están en un profundo descrédito. Las invasiones a
Afganistán e Irak llevaron a una fuerte crisis a la ONU. Durante los
cincuenta años después de la Segunda Guerra Mundial, la humanidad asumió
un código de conducta, los derechos humanos, unos pactos y protocolos
internacionales, pero todo eso se tiró por la borda. Estados Unidos
desconoce total y absolutamente tanto la Corte Penal Internacional como
los acuerdos de Kyoto. Entonces estas organizaciones están en un proceso
de deterioro.
El mismo FMI que debiera responder en
sus orígenes al desarrollo de los pueblos en vías desarrollo, sólo obedece
a las políticas del Departamento de Estado norteamericano. Hoy ningún país
tiene soberanía porque debe someterse al FMI y al Banco Mundial. Entonces,
¿de qué democracia estamos hablando? ¿De qué igualdad y derecho de los
pueblos? Por ello, no se trata de poner cosméticos al FMI. Debe tener una
profunda reforma de sus estructuras de funcionamiento. Y además habría que
hacerle una auditoría al uso de los recursos que utilizaron en todos estos
años. Pero sobre todo, hay que enjuiciar sus condicionamientos. Como, por
ejemplo, el FMI exige a los países las políticas de ajuste y
privatizaciones a través de la deuda externa, que es inmoral y es injusta.
Entonces, ¿qué podemos esperar del Fondo?, nada, absolutamente nada. La
ONU, por su parte, necesita una reforma profunda para que esté al servicio
de los pueblos del mundo y no de los intereses de los Estados Unidos.
NG: ¿Cómo confrontar el hegemonismo
norteamericano en todo el mundo? En contra de la intervención en Irak hubo
una movilización enorme, convocada desde el FSM y, sin embargo, vino la
guerra. ¿Qué más podría hacerse en ese sentido?
PE: El 15 de febrero del 2003 los
pueblos del mundo se pusieron de pie para decirle no a la guerra, pero es
cierto, la guerra se hizo. Hay que ver sus consecuencias. Estados Unidos
está empantanado allí como lo estuvo en Vietnam. Todos los días hay
muertes de soldados norteamericanos. Y, por supuesto, está el sufrimiento
del pueblo iraquí. Yo estuve en Irak doce días antes de la guerra y pude
ver lo que hizo durante diez años Estados Unidos. Toda una guerra basada
en la mentira.
NG: ¿Qué posibilidad ve de que el
Foro emita declaraciones y tome acciones más concretas en contra de la
intervención de los Estados Unidos?
PE: Con el FSM tratamos de construir
nuevos espacios. En todos estos años de trabajo hemos logrado varias
cosas. Primero, conocernos como pueblos, saber qué es lo que está pasando.
Segundo, la capacidad de organización, el fortalecimiento de las
organizaciones. El Foro no saca declaraciones como Foro, no es esa la
idea. Más bien brinda una posibilidad de articulación y de intercambio de
experiencias para ver mejor los caminos que debemos tomar. Creo que cada
vez más de la reflexión surgen algunos puntos de acuerdo que son muy
importantes. Uno de ellos es la necesidad de oponerse al Alca, que de
libre comercio no tiene nada. Hay una desigualdad tan grande que ningún
país está en condiciones de competir. La otra política a la cual hay que
oponerse es a la creciente militarización de América Latina y del mundo.
NG: ¿Qué implicaciones cree usted que
van a tener el Alca y los TLC para los países latinoamericanos?
PE: Hay que tener una conciencia
crítica para analizar las consecuencias del Alca sobre la vida de nuestros
pueblos: lo que significa este proyecto en cuanto a explotación,
exclusión, la pérdida de la soberanía, pues este es un plan de hegemonía
continental que Estados Unidos nos quiere imponer a través del pensamiento
único de que, al parecer, para los latinoamericanos no hay salida ni
alternativa.
Estados Unidos viene presionando a
los gobiernos de América Latina para la firma del acuerdo de libre
comercio. Quiere imponer el ingreso de los productos norteamericanos a la
región y la destrucción de la industria nacional. Son demasiados los
síntomas que permiten pensar que Estados Unidos tiene los ojos puestos en
América Latina como un próximo objetivo.
NG: Aparte del impulso al Tratado de
Libre Comercio, ¿cómo ve las otras estrategias de Estados Unidos en la
región? ¿Qué hacer frente a ellas?
PE: Si hablamos de nuestro
continente, es claro que la hegemonía norteamericana busca la implantación
de tres grandes ejes estratégicos: el primero, el Plan Puebla Panamá. El
segundo, el Plan Colombia, con la base de Manta del Ecuador, que fue
entregada a Estados Unidos. El tercer eje estratégico es la llamada triple
frontera Brasil, Uruguay y Argentina, donde estuvimos hace un mes. Allí
están difundiendo el miedo al terrorismo islámico para poder establecer
bases militares. Sin embargo, el eje central es el acuífero guaraní, las
grandes reservas de agua potable en el mundo. En efecto, hay programas del
Banco Mundial investigando estas reservas, con grandes inversiones de
millones de dólares. Están levantando el miedo contra el terrorismo
islámico para justificar la instalación de bases militares y hay empresas
multinacionales que ya están allí para apropiarse de estos recursos. A
Estados Unidos lo que le preocupa en este momento es la hegemonía
continental, porque necesita de los recursos. Y los gobiernos serviles se
han arrodillado frente a estos intereses.
El otro aspecto grave son las
maniobras militares impulsadas por los Estados Unidos. En Argentina nos
opusimos, hicimos grandes manifestaciones para impedir que se
desarrollaran, y lo logramos, porque una de las exigencias de Washington
era la inmunidad total a sus tropas. Logramos que el Congreso argentino
rechazara todo eso. Se trataba de los operativos Águila 3, que no se
hicieron en mi país pero sí se están haciendo actualmente en otros países,
como Ecuador.
Si las naciones de América Latina no
encaran políticas estructurales comunes, estamos perdidos. Todos somos
víctimas de las mismas estrategias internacionales, todos estamos bajo
este neoliberalismo que lo único que pretende es concentrar poder y
excluir a la mayoría del pueblo. Tenemos que analizar las alternativas
posibles si queremos que se produzca un cambio real.
NG: Al hablar de militarización y de
dominación económica de Estados Unidos, es inevitable referirnos a
Colombia. El gobierno de Uribe Vélez está desempeñando en este momento un
papel de aliado fundamental de los Estados Unidos en Latinoamérica. ¿Cómo
ve usted el problema de Colombia y su papel regional?
PE: El caso de Colombia lo venimos
siguiendo desde hace mucho tiempo, porque ha sido la preocupación de todo
el continente. Nosotros encontramos que la única salida es la negociación.
Es necesario poder generar un espacio y un apoyo internacional para
avanzar en la solución del conflicto. La solución no es mediante las
armas, ni los paramilitares, ni mediante el aumento de las guerrillas y de
los ejércitos.
El papel de Colombia en la región es
nefasto. Álvaro Uribe es un hombre que ha optado por generar más violencia
y por no buscar una solución real al problema. No creo que ese sea el
camino para el pueblo colombiano. No hay propuesta de entendimiento, de
paz, de diálogo, ha cerrado todas estas posibilidades. Le ha apuntado al
incremento del militarismo en la región y esto puede agravar la situación
regional y latinoamericana. No estoy de acuerdo con la política del
presidente Uribe, no es la correcta para la sana solución de los
conflictos.
Además, Uribe está pidiendo el
ingreso de tropas norteamericanas en la región. Hay entrenamiento de
tropas latinoamericanas bajo el mando unificado de Estados Unidos en la
base de Manta. Son demasiados los síntomas que hay en América Latina del
intervencionismo norteamericano.
NG: ¿Cómo ve al gobierno de Chávez en
este momento? ¿Qué representa en la región?
PE: Con las reformas que hizo, Chávez
tocó grandes intereses económicos. Y hubo una reacción muy fuerte de los
empresarios. Los medios de comunicación están en manos de los grandes
grupos económicos y del gobierno de los Estados Unidos, que ha tenido una
injerencia directa en el problema interno venezolano. Pienso que hay que
apoyar a Hugo Chávez en las reformas sociales. Es un hombre con una visión
de integración continental que no tiene el resto de los presidentes,
quienes están como maniatados a los intereses de los Estados Unidos.
Chávez tiene una visión latinoamericana. Está tratando incluso que
Venezuela se integre al Mercosur, con el objetivo de buscar una alianza
estratégica regional, con Argentina, Brasil y Uruguay. Desde ese punto de
vista, su política es correcta. A Chávez le dan un golpe de estado y
vuelve al poder con el apoyo popular. Los grandes intereses seguirán
atacándolo y tratando de debilitarlo. Entonces lo que necesita Venezuela
es el apoyo continental. Chávez puede cometer errores, pero tiene la
capacidad de corregirlos. Hay una campaña internacional muy fuerte que
quiere ahogar la revolución bolivariana. Si Chávez fracasa, van a fracasar
muchas alternativas de América Latina.
NG: Por último, ¿qué mensaje le envía
al pueblo colombiano?
PE: Al pueblo colombiano le deseo
mucha fuerza, mucha esperanza. Poder construir la paz requiere de mucho
coraje y de mucha decisión del pueblo. Quiero decirle que la violencia no
se soluciona con más violencia, aumenta la violencia. El problema de
Colombia va más allá de sus fronteras, porque puede derivar en un
conflicto regional, de consecuencias imprevisibles y eso es lo que no
queremos. A los colombianos quiero desearles lo mejor, y decirles que
cuentan siempre con un hermano solidario. Les diría que nunca permitan que
les roben la esperanza.
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Dirigente nacional de l
movimiento de los trabajadores
rurales de los sin
tierra (MST) DE
BRASIL
Nueva Gaceta:
¿Cómo ha sido el
desarrollo del Movimiento de los Sin Tierra (MST)?
Gilmar Mauro: El MST se crea en 1984
como una organización nacional y surge porque en Brasil nunca se hizo una
reforma agraria. Hay una alta concentración de tierras en el país. Existen
hoy en día 4.5 millones de familias sin tierra, según los datos, en tanto
que los propietarios poseen el 50 por ciento de las tierras. De los 850
millones de hectáreas que tiene el país, más de 300 son tierras fértiles,
pero hoy se siembra sólo en 52 millones de hectáreas y las demás se
utilizan para la ganadería o están sin producir nada, en manos de grandes
grupos económicos. El MST surge de la lucha concreta que existía ya desde
los años setenta, con el apoyo de la Iglesia Católica progresista,
expresada en la teología de la liberación y también en un contexto
político en que el pueblo brasileño se enfrentaba a la dictadura militar.
Las grandes huelgas del Partido de los Trabajadores (PT) paulista,
comandadas por Lula, crearon un contexto político que permitió el
surgimiento del MST en el campo. Han sido veinte años de lucha, de muchas
batallas, de dificultades. Hoy tenemos unas 300 o 350 mil familias
asentadas, establecidas en la tierra, y cerca de 150 mil familias en
campamentos luchando por la tierra.
NG: ¿Cuáles son las perspectivas del
MST con el actual gobierno?
GM: Déjeme decirle antes que en el
último período de Fernando Henrique Cardoso enfrentamos problemas
grandísimos. Primero, porque los medios de comunicación estigmatizaban al
MST y criminalizaban la protesta social. Después vino una represión fuerte
que aniquiló a varios movimientos sociales campesinos en Brasil. Teniendo
en cuenta esta experiencia, nosotros buscamos siempre desde un principio
entender que nuestra lucha por la tierra hace parte de una lucha por la
reforma agraria y por la transformación social. No es posible pensar en
una reforma agraria en Brasil sin que haya un cambio en la estructura de
poder, y por eso también desde un principio tuvimos la capacidad, la idea
de construir un movimiento para buscar siempre articulaciones políticas o
alianzas con otros sectores de la sociedad. Creo que esa política fue
fundamental para sostenernos por este tiempo sin que la élite hubiera
logrado derrotarnos.
Pero ahora vivimos una situación
particular, una coyuntura especial con la elección de Lula, que, no tengo
duda, ha ayudado en cierto sentido al movimiento. Quien vive el movimiento
social sabe la diferencia que hay cuando se enfrenta a un gobierno que
reprime y a uno que no reprime. Si este gobierno no reprime, pues a
nosotros nos toca la otra tarea, la de organizar a la gente, luchar, hacer
ocupaciones de tierras, seguir luchando y platicando con Lula, no tenemos
que romper con él por eso.
NG: La percepción que tenemos
nosotros desde Colombia es que el MST ha liderado de una u otra manera la
oposición a Lula, es decir, le está exigiendo que tome una posición mucho
más radical. Esta exigencia se hace también desde diversos sectores
críticos de otros países de América Latina. ¿Realmente el MST está tomando
ese liderazgo?
GM: No, creo que la prensa exagera un
poco. Hay gente mucho más radical que nosotros. Desde un principio tuvimos
la claridad de tener en cuenta que deberíamos mantener nuestra autonomía
frente al gobierno de Lula. No participamos del gobierno y decidimos que
deberíamos continuar haciendo lo que veníamos haciendo. De otra parte,
Lula llegó a la presidencia de la república, pero el contexto de la
correlación de fuerzas en Brasil es bastante complicado, porque tener la
presidencia del país es contar con una parte muy ínfima del poder
efectivo. Hay estados, como el de Sao Paulo, que tienen un gran poder
económico, y la mayoría de los gobiernos provinciales son de derecha, lo
mismo que la mayor parte del poder judicial. El poder está en las manos de
las empresas transnacionales y de los grandes grupos económicos. Los
medios de comunicación están también en manos de la derecha. El parlamento
es extremamente complicado.
De otra parte, no creímos que Lula
fuera a hacer una revolución en Brasil. Yo nunca tuve esa ilusión, pero
tampoco pensamos que fuera a desarrollar un programa tan neoliberal en lo
económico. Nuestra crítica se dirige precisamente ahí, a la conducción de
la economía y a su programa de continuidad del gobierno anterior. Incluso
ha resultado más radical y más ortodoxo cuando establece, por ejemplo, un
superávit fiscal mayor del que había pedido el FMI. Nos quedamos
asombrados con eso. Por eso, nuestra batalla es contra la política
económica, lo cual no significa que estemos en oposición al gobierno de
Lula. Nosotros entendemos que estamos viviendo un proceso y que nuestra
tarea es organizar a la gente, luchar y dialogar con el gobierno y ver en
qué se puede avanzar. Sería un error querer romper con el gobierno sin
tener la fuerza política para implementar otros proyectos.
NG: ¿Cuál es el sustento ideológico
del MST?
GM: Nosotros somos socialistas,
creemos que no hay cómo construir la reforma agraria sin esto. Por ello,
las reformas agrarias en los países tendrán necesariamente un carácter
socialista. La revolución burguesa que planteó la necesidad de reparto de
tierras para desarrollar el capitalismo en el agro, no sucedió en América
Latina. En Brasil en particular nunca hubo esa necesidad, sino que se
aprovechó la gran propiedad para desarrollar el capitalismo. Creemos que
la reforma agraria no es distribución de tierras. Tiene que ver con esto,
pero también con la educación del pueblo, con la construcción de
agroindustria y de sistemas de cooperativas, con la inversión en
tecnología. Vemos la lucha por la tierra como una importante movilización
social en torno de un objetivo concreto, pero intentamos siempre politizar
esa lucha, desarrollando un trabajo de educación y formación, para que la
lucha por la tierra se desarrolle a partir de la formación de una
conciencia política, de manera que la gente que logre conquistar la tierra
siga luchando dentro del movimiento. Así, creamos una identidad de lucha
que permite que las personas que conquisten la tierra sigan dentro del
MST.
NG: Uno de los puntos más
interesantes de su intervención en el panel sobre movimientos sociales en
el Foro Social de las Américas fue el énfasis que hizo en la necesidad de
articular los movimientos con los partidos políticos. Por qué no nos
amplía esta idea.
GM: Hay una tendencia en este sentido
en el movimiento antiglobalización que yo comparto. Somos el fruto de una
historia de gentes que lucharon, con errores y con aciertos, pero que nos
dieron un legado que nos hizo llegar hasta aquí. Nuestra tarea es
superarlos, por supuesto. El MST ve la necesidad de aglutinar, articular y
construir alianzas, porque entendemos que para hacer lo que queremos es
necesario alterar la estructura del poder. No vamos a lograr eso solos, no
hay cómo hacerlo. Creo que los movimientos sociales que no tienen la
política en la cabeza, no se sostienen, se enredan en las cuestiones
económicas, se encierran en sí mismos y no logran acumular fuerzas.
Existe una izquierda partidaria y una
izquierda social. La izquierda partidaria cumple funciones importantes
aunque esté más en los marcos electorales, pero esta es una disputa
importante que tiene que hacerse. Los movimientos sociales desarrollan
otro tipo de pelea y participan también en las elecciones, aunque su
principal táctica no es la lucha electoral sino la lucha social. Cuando
tenemos la capacidad de juntar los dos sectores, creo que se produce una
fuerza política importante. Tenemos una izquierda social relativamente
fuerte, conformada por varios movimientos sociales y estamos buscando
construir precisamente esa unidad de la izquierda social aglutinada en la
coordinación de los movimientos sociales. Hay muchas diferencias, pero por
encima de todo, estamos buscando construir a partir de la unidad. Y la
izquierda partidaria tiene también muchas diferencias, pero si sumamos, la
fuerza es mucho mayor. Parece simple, pero no creo que logremos cambiar a
Brasil si no hay un esfuerzo colectivo, no creo que un grupo de vanguardia
vaya a lograrlo. Por encima de todo, hay un proyecto que debe ser
construido. Hay que tener mucha paciencia, generosidad, amplitud, una
mente bien amplia, lo que en general es muy difícil.
NG: ¿Ustedes tienen relaciones con el
MST de Paraguay?
GM: Tenemos buenas relaciones, pero
ellos son ellos y nosotros somos nosotros. No somos una estructura
partidaria. Nuestra estructura está construida de forma bastante
horizontal. Desde la base hay coordinación interna dentro de los
asentamientos, hay grupos de familias, cada uno de ellos tiene un
coordinador o coordinadora responsable de varias actividades dentro de los
asentamientos: salud, educación, seguridad, etcétera. En la región donde
hay varios asentamientos se tiene una coordinación y una directiva
regional y en las provincias hay una coordinación y una directiva
provincial. Por último, hay una coordinación y una directiva nacional. En
fin, es una estructura bastante amplia. Para que tengan una idea del
tamaño del movimiento, la coordinación nacional tiene unas 300 personas y
la directiva nacional 25.
NG: Volviendo a la necesidad de las
alianzas que usted mencionaba, ¿qué relación mantiene el MST con la CUT y
con otras organizaciones de Brasil?
GM: Tenemos buenas relaciones con la
CUT, con el PT y con sectores de la Iglesia progresista. La autonomía a la
cual me referí antes nos permite la construcción de un marco de alianzas
mayor, porque hay sectores de centroizquierda o incluso de centro que
defienden la reforma agraria y los cambios en el campo. Con algunos grupos
tenemos una relación más fuerte, con otros no tanto, pero respetamos su
proceso, su autonomía, su forma de ser y nos articulamos en varias
actividades. La semana antes de venir hicimos un campamento nacional de
desempleados para presionar a Lula. Ahí estuvimos nosotros, estaba la CUT
y los movimientos de desempleados que están surgiendo en Brasil. Hay una
articulación buena y la CUT está junto con nosotros dentro de la
Coordinación Nacional de Movimientos Sociales. Y una de las cuestiones que
acordamos como objetivo fundamental es la lucha por el trabajo en Brasil.
Esa va a ser nuestra bandera de lucha, tanto en el campo como en la
ciudad. La lucha por el trabajo es lo que aglutina ahora a nuestros
movimientos sociales en esta coyuntura en Brasil.
NG: Y hablando del poder hegemónico
de los Estados Unidos, ¿qué ha hecho frente al MST? ¿Ha intervenido, ha
tratado de manipularlos, de comprarlos?
GM: El gobierno de Brasil ha
intentando de varias formas comprarnos. Cuando hablamos del gobierno, nos
referimos en un cierto sentido al poderío hegemónico de los Estados
Unidos. Hablo del gobierno anterior, el del presidente Fernando Henrique
Cardoso. Hubo un intento de cooptación, un intento de división. Si no
fuera por la solidaridad internacional y la solidaridad brasileña, por
cierto, habrían logrado derrotarnos. Con el apoyo de los Estados Unidos,
claro, ellos están metidos en nuestros países también, no en forma
visible, pero, sin duda, hay intervención. El gobierno de Cardoso recibió
dinero de los Estados Unidos, y la policía federal brasileña nos tenía
como la novena prioridad de combate, mientras el narcotráfico representaba
la trigésima tercera.
Nuestra tarea hoy es derrocar el
imperialismo y ello implica referirse a las transnacionales que están en
nuestros países, al FMI, al Banco Mundial, a la OMC. Es hablar de la
intervención que están haciendo en Venezuela, es luchar y defender a
Venezuela. Podemos tener las opiniones que cada quien tenga respecto al
Presidente Chávez, pero allí se produjo un conflicto con el imperialismo.
Creo que esa es nuestra tarea principal a nivel internacional, el combate
al imperio, porque vive una crisis, y cuando esto sucede, está más
nervioso y más agresivo.
NG: Por último, ¿cómo ve la posición
del gobierno de su país frente al Alca?
GM: Brasil está desarrollando una
capacidad de negociación buena en este proceso, mediante la cual no rompe
con el Alca, pero tampoco hace nada a favor de este proyecto. Ha llevado
la negociación al “baño de María”, cocinándola a fuego lento. Pero hay un
debate dentro del gobierno de Lula. Incluso los sectores nacionalistas que
piensan en el desarrollo de la industria y del mercado interno, están
cuestionando muy duramente la política económica del gobierno, porque
prioriza la exportación de materias primas y no el mercado interno ni el
desarrollo de nuestra industria y nuestra tecnología y no hay inversión.
Si no se invierte no hay desarrollo, y esa es la discusión que se está
dando incluso a nivel de los ministros del PT. Creo que Lula va a tener
que cambiar su política económica. Hay un desempleo enorme, una crisis de
la producción industrial bastante grande, hay una elevación de la
producción agrícola, eso sí. Crecieron las exportaciones, pero la
producción industrial y de servicios está parada hace bastante tiempo.
Como ya les dije, no se esperaba un gobierno revolucionario, pero sí un
gobierno democrático y popular que pudiera crear condiciones de desarrollo
interno.
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LA DEUDA
PÚBLICA DEL TERCER
MUNDO ES UN INSTRUMENTO DE
SUBORDINACIÓN
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Profesor
y dirigente sindical de Bélgica y presidente del comité por la Anulación
de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), constituido en 1990 como
organización nacional y convertida en 1998 en red internacional con
presencia en quince países. es una organización que tiene como objetivo
lucrar por la anulación de la deuda externa pública del Tercer Mundo y por
un modelo de desarrollo socialmente justo. Asimismo apoya toda la política
dirigida a la emancipación de la mujer, y ha impulsado la proclama de la
marcha de las mujeres dirigida al FMI y el BM. lucha por la
autodeterminación de los pueblos , por una reforma agraria radical y por
la reducción del tiempo de trabajo.
Es autor de varios libros,
entre ellos la bolsa de la vida, las finanzas contra los pueblos,
Cincuenta preguntas, cincuenta respuestas sobre la deuda, el FMI y el
Banco Mundial, salir de la crisis: deuda y ajuste. Miembro del consejo
internacional del Foro Social Mundial, colaborador de le monde
diplomatique, El Clarín de Argentina y La Jornada, de México. Eric
Toussaint se detuvo en Colombia por invitación de la Unión Nacional de
Empleados Bancarios, UNEB, de paso al Foro Social de las Américas. Durante
su Estadía en Bogotá, dicto una conferencia sobre la deuda externa y le
concedió una entrevista a NUEVA GACETA
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Consideraciones sobre la deuda
externa
de América Latina
Las dos tesis que voy a defender en
esta conferencia son las siguientes: la primera, la deuda externa pública
del Tercer Mundo es un instrumento de subordinación de los pueblos
respecto a los países centrales, los países imperialistas y sus clases
dominantes.
La segunda, la deuda externa pública
se convirtió en un instrumento de transferencia de riquezas del Sur hacia
el Norte, y también del trabajo hacia el capital. Empiezo con un poco de
historia. El volumen de la deuda externa pública de América Latina se
multiplicó por doce entre 1968 y 1980. El factor principal fue la voluntad
de la banca privada del Norte, que disponía de sobre liquidez de capital
financiero, de colocar ese dinero en varios mercados, priorizando los
mercados de los países del Sur, así como algunos países del bloque del
Este. Centenares de bancos privados del Norte entraron en competencia para
colocar dinero y convencer a los países de endeudarse, ofreciendo tasas de
interés muy bajas. Pero se impusieron contratos en los cuales se preveía
la indexación de la tasa de interés del mercado bancario de Londres o de
Nueva York.
Para lograr colocar esos recursos,
los banqueros jugaron un papel activo en lo que respecta a la corrupción.
Propusieron a los gobiernos del Sur que mientras endeudaban sus países se
enriquecieran personalmente, utilizando una parte de los créditos, que
depositaban en los mismos bancos acreedores, pero en su nombre personal,
beneficiándose así de manera ilegal. Por eso, una parte significativa de
los préstamos otorgados a los países nunca llegó a ellos y menos a sus
pueblos.
Otros factores, por supuesto, también
influyeron en el aumento de la deuda externa. El comportamiento de los
mismos gobiernos del Sur y también el papel activo desempeñado por el
Banco Mundial. Hay que tener en cuenta el papel jugado por los gobiernos
del Norte a partir de la explosión de la recesión mundial de los setenta,
cuando aumentaron los créditos a los países del Tercer Mundo para
prestarle el dinero necesario para la compra de mercancías y servicios
provenientes del Norte, con el objeto de combatir su recesión.
¿Por qué explotó la crisis de 1982?
Hay dos factores fundamentales. El primero es la decisión unilateral de la
Reserva Federal de los Estados Unidos de incrementar las tasas de interés,
lo que de manera automática se aplicó a los contratos de indexación del
interés que debía pagarse sobre la tasa de interés interbancaria en Nueva
York y en Londres. La crisis de la deuda estalló porque los países
endeudados tuvieron que pagar mucho más de lo previsto en términos de
reembolso de la deuda. El segundo factor fue que estos países, que habían
sido estimulados para que incrementaran sus exportaciones de materia
primas y bienes agrícolas, enfrentaron una reducción de los precios de las
materias primas a partir del año ochenta. Entonces, con unos ingresos de
divisas disminuidos, tuvieron que pagar más por el servicio de la deuda.
Así, durante la llamada década
perdida los países de América Latina reembolsaron más de lo que recibieron
como nuevos préstamos. Entre 1982 y 1990 pagaron 200 mil millones de
dólares por encima de lo que recibieron.
A partir de los comienzos de los
noventa, hubo un nuevo desembolso de créditos para la región. La mayoría
de capitales golondrina entraron pero salieron rápido, provocando varias
crisis, en Brasil, Argentina y México. Pero desde 1996 América Latina ha
vuelto a transferir mucho más hacia sus acreedores de lo que recibe de
nuevos préstamos. Entre este año y el 2003, la región transfirió más de
300.000 millones de dólares de manera negativa a sus acreedores. Entre el
80 y el 2003 reembolsó siete veces lo que debía en 1980 y se encuentra
diez veces más endeudada, es decir, que para poder cumplir con sus
obligaciones internacionales tiene que endeudarse más. Hemos entrado en un
círculo vicioso permanente de transferencias de capital desde América
Latina y el resto del Tercer Mundo hacia los acreedores del Norte.
La deuda aumentó de manera
considerable en los últimos dos años. Los gobiernos de América Latina
emitieron bonos de su deuda externa, aprovechando el auge de los precios
de las materias primas exportadas al mercado mundial. Pero eso fue una
situación coyuntural. ¿Qué ocurrirá con el aumento de la tasa de interés
que empezó ya hace varios meses? ¿Cuáles van a ser las consecuencias del
aumento del riesgo país que pagan los países deudores? Puede haber otra
vez una crisis abierta de pago de la deuda. No hay que esperar que ocurra
esa situación para emprender acciones sociales para encontrar una salida a
esa crisis.
Si se analiza la situación región por
región, hay una lección evidente. Todos los países y regiones que
aplicaron las recomendaciones del FMI y del Banco Mundial conocieron en
los últimos años un aumento de la cifra de pobres absolutos. Los dos
únicos países que han reducido el número de pobres son China y la India.
El primero porque no aplica esas recomendaciones, mantiene un control
completo sobre la movilidad de capital y sobre la reconversión de su
moneda. Y la India también se resiste a la aplicación del conjunto de las
medidas del FMI y del Banco Mundial. Pero continentes como América Latina,
Europa del Este y África, que aplicaron estas recetas, en su conjunto
tuvieron un incremento de pobres absolutos.
Los depósitos de los capitalistas del
Tercer Mundo en los bancos del Norte alcanzan 1.460 millardos (mil
millones) de dólares, mientras que los préstamos de estos bancos del Norte
al conjunto del Tercer Mundo alcanzan 700 millardos de dólares. Esto
quiere decir que los bancos del Norte prestan a los países pobres la mitad
de lo que sus capitalistas depositan en los bancos del Norte. Es una
conclusión que saca el mismo Banco Mundial. Los países del Tercer Mundo
son acreedores netos de los países más industrializados. Por su parte, los
depósitos de los capitalistas de América Latina en los bancos del Norte
alcanzan 310 millardos de dólares, mientras que los préstamos de esos
bancos a estos países llegan a 230 millardos de dólares.
Por último, hay experiencias
históricas de no pago de la deuda externa y hay lecciones que deben
sacarse de estas experiencias. La experiencia de México a comienzos del
siglo XX es la más interesante. Cuando explotó la Revolución Mexicana en
1910 y se radicalizó progresivamente, México entró en una crisis de pago
de su deuda externa. Y la dirección revolucionaria de México, encabezada
por Emiliano Zapata, decidió el no pago de la deuda externa cuando entró
en la ciudad en noviembre de 1914. El país no pagó su deuda externa entre
1914 y 1943, pasó casi treinta años sin pagar la deuda externa. Durante
esa época. Lázaro Cárdenas nacionalizó totalmente el petróleo en contra de
los intereses británicos y norteamericanos. Distribuyó 16 millones de
hectáreas a los pueblos indígenas y su sucesor logró una negociación con
los acreedores de México: la reducción en un 90 por ciento la deuda
externa del país, sin el pago de intereses atrasados.
También hay que sacar lecciones de la
experiencia reciente de Argentina. El nuevo presidente decidió el no pago
de la deuda externa pública. El gobierno le paga al FMI y al Banco
Mundial, pero no a los acreedores privados desde esa época. Se amenazó con
represalias internacionales, pero no ocurrió nada. Su tasa de crecimiento
en el 2003 alcanzó el 8 por ciento. Eso demuestra que si no se paga la
deuda externa y se dedica una parte del dinero para estimular la economía
nacional, esto puede dar resultados positivos. Kichner desarrolla una
política con algún sentido de recuperación de la dignidad nacional. Lo
triste es que su vecino Lula en Brasil sí sigue pagando totalmente la
deuda externa y se prepara a enfrentar un desastre social y electoral,
porque no está cumpliendo sus compromisos con el pueblo brasilero.
La alternativa implica lucha, coraje,
para lograr conformar el frente de países para suspender el pago de la
deuda externa e imponer una coalición de fuerza frente a los acreedores.
Desde el punto de vista jurídico
internacional, se puede utilizar el argumento del estado de necesidad, el
de cambio fundamental de circunstancias para argumentar una decisión de no
pago de la deuda externa. Es necesario romper los acuerdos con el FMI y el
BM. Los países no necesitan las recomendaciones de estas dos
instituciones. Los países endeudados tienen que tomar control sobre los
movimientos de capitales y aplicar políticas fiscales redistributivas. Es
necesario crear un mercado único de América Latina y el Caribe como
alternativa al Alca. Entonces sí hay alternativas. Los que pretenden que
no las hay tienen como única solución la subordinación de los pueblos
hacia los intereses del capital internacional y los países imperialistas.
Nueva Gaceta: La lucha contra la
globalización ha confluido en el Foro Social Mundial, que ha tenido ya
cuatro reuniones importantes. Como miembro de su Consejo Internacional,
¿cuáles considera los principales logros y limitaciones de este proceso?
Eric Toussaint: Hay varios logros.
Cuando concebimos el Foro Social Mundial, el foro económico de Davos se
afirmaba como el foco principal en donde se discutía la globalización.
Ahora el FSM aparece como el mayor y más creíble lugar en donde los
movimientos sociales, los movimientos ciudadanos y la sociedad civil en
general plantean el análisis de la globalización y el repudio al
neoliberalismo. Pienso que hemos logrado quitarle una gran parte de
legitimidad al foro económico de Davos y también a instituciones
multilaterales como el FMI y el Banco Mundial. Segundo, hemos logrado
vincular organizaciones de casi todo el mundo. Antes de la creación del
FSM no había una confluencia mundial orgánica entre movimientos sociales.
Había experiencias muy interesantes, entre ellas el Encuentro
Intergaláctico convocado por los zapatistas en julio de 1996 en Chiapas,
las grandes manifestaciones en Seattle en diciembre de 1999, y muchas
otras manifestaciones en las que yo participé. Pero no había el mismo
nivel de relación orgánica. Con el FSM se ha fortalecido la colaboración
entre redes y movimientos sociales internacionales. Otro punto positivo es
que estamos democratizando el proceso del FSM. Por ejemplo, para
determinar la agenda del próximo foro, se hizo por Internet una consulta
sobre los temas principales. A finales de agosto vamos a reunir las
comisiones de metodología y de contenidos, para mirar los resultados de la
consulta y determinar las temáticas principales.
En cuanto a las debilidades, hay
varias. Existe el peligro de tener como un gran show internacional una vez
al año, en donde los alter mundialistas del orbe se encuentran, tiene
algún eco lo que dicen, pero no hay cambios en la táctica. Creo que ya hay
formas de institucionalización del Foro, incluso desde su inicio, hay ONG
que dependen para su financiamiento de fundaciones privadas importantes,
que tienen un papel dentro del FSM. En varios países hay organizaciones
que luchan por ganarse el aval del FSM y aparecer como el foro social de
tal país. Es un aval que aparece como muy atractivo, incluso para atraer
fondos.
NG: Una pregunta que nos hacemos
varios es por qué el FSM no se pronuncia en forma más clara y decidida
frente a problemas como el hegemonismo norteamericano, la agresión al
pueblo palestino, la misma guerra de Irak…
ET: Hay discusión interna en torno a
este asunto. Vamos a ver si en la quinta edición encontramos una solución.
Estoy bastante entusiasta al respecto, pero no estoy seguro de que se
logre. La idea básica del Foro, expresada en su Carta Magna, es que el
Foro no toma posiciones, es un foro de discusión. Lo que ocurrió entonces
fue que los movimientos sociales más radicales, como Vía Campesina, han
llevado a que en cada edición se elabore una declaración final de los
movimientos sociales. Pero en ello está involucrada solamente una parte de
los participantes en el FSM. Lo que va a ocurrir con la quinta edición es
que el FSM va a favorecer la toma de posiciones por parte de sus
integrantes. Así, los movimientos en contra de la guerra y los movimientos
en contra de la deuda, los movimientos sindicales e indígenas se verán
estimulados para adoptar posiciones de manera conjunta. Ellos se van a
responsabilizar de esto.
NG: ¿No habría una posibilidad de que
en el Foro Social de las Américas de Quito se tome una posición radical y
clara de rechazo al Alca y al TLC?
ET: Para mí eso sería fundamental,
pero no creo que se tome esa decisión. Me parece que el foro de Quito
sería exitoso si su desarrollo favorece el fortalecimiento de la campaña
contra el Alca por parte de las organizaciones involucradas en el Foro.
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